Cristian (sin hache, ni al principio ni al final: él no sabe que yo soy de Historia Antigua y eso me produce urticaria, pero da igual). Cristian, digo, me ha permitido el bolígrafo. Porque estoy chapado a la antigua. Y escribo todo en papel. Luego, si procede, lo paso a mi MacBook. Gracias, Cristian.
Escuchen. O, mejor dicho, lean. Sagrados Corazones. Sagrados Corazones es temblor. Temblor de madridismo. Porque temblor no significa miedo. Significa emoción. Donde a los madridistas nos tiembla el pecho, las ingles, las piernas. Y el alma.
Esta vez no podré estar. Solo (RAE) teclearlo, me duele todo. Pese a mi carnet, no ha habido manera. La última vez que he estado en Sagrados Corazones fue hace nada, el día del Inter. Palabras mayores. El club de Luis Suárez (el bueno) y, luego, el de las dos UEFAS de don Isidoro San José, Santillana, Juanito, Stielike, y tantos otros. Las remontadas.
He estado muchas veces en Sagrados Corazones. La primera vez, os lo confieso, me sorprendió el bocata de tortilla. Porque, no lo neguemos, la tortilla la bordamos en La Rioja. Pero esa tortilla de la esquina de Castellana, no doy nombres de cafeterías, me dobló. La primera vez. Y luego, todas las demás.
Porque Sagrados Corazones es creer. Creer en ese bus. En esos compañeros de fatigas, y lo he vivido decenas de veces, a quienes no conoces. Pero que te miran. Te ven con tu bufanda. Y tú a ellos. Y nos entregamos. Y creemos en ese escudo. Y en don Santiago. Porque creemos en don Santiago. Y en Puskas. Y en Gento. Y en Santamaría. Y en Amancio. Y en el Buitre. Y en esa figura de la Historia, en don Alfredo. Y se nos pone la carne de gallina.
Miren ustedes. La última vez en Sagrados Corazones, en mi caso, fue el día del Inter. A las nuevas generaciones les da igual. A la nuestra, no. Porque el Inter es el de Luis Suárez, y el de nuestras UEFAS.
El Miedo empieza por la M de Madrid. Y de madridista. Por eso no tenemos miedo. Porque sabemos que es lo nuestro. Ganar. El Miedo es para ellos. No es casual. Cuando ves que llega el bus del equipo, te derrites. En mi última vez, llamé a mi padre. Y no podía hablar. Jope, me ha tocado hablar en Londres, en Nueva York, en Chicago, yo qué sé. Das la conferencia como puedes.
Pero con el bus del Club se me quiebra la voz.
Ves el escudo. El bus blanco. ¡Ay, ese escudo!
Y mi papá me decía: “Santiago, ¿estás bien?”.
Pues eso.
Que se nos quiebre la voz.
En Sagrados Corazones.
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Buenos días. Si hoy no os podéis concentrar en nada, no os culpéis. Si albergáis la poderosa sensación de que el día no cuenta hasta que lleguen las nueve de la noche, no os avergoncéis. Si cada momento hasta esa hora está envuelto en un aura de futilidad, sabed que de ese modo diseñó Dios, o el Destino para quien no crea, la geografía de una jornada de Champions en la cual el Madrid se juega su ser o no ser en la competición.
Se la juega, además, ante el gran enemigo europeo actual. El PSG representa todo aquello que el Madrid no es, a saber, el paracaidismo petrolero, la impunidad multimillonaria del oro negro irrumpiendo en la escena de los grandes de siempre aspirando a comprar su grandeza, el tejemaneje turbio en las aguas ceferinescas. El Madrid no es eso. El Madrid es, como sentenció el inmortal Van Palomaain, un escudo redondo y un montón de Copas de Europa como la que se dirime en esta edición del torneo.
En atinado juego de palabras, la estupenda portada blanca de Marca repara en que en el centro de las palabras Real Madrid laten dos sílabas que conforman su esencia: ALMA. Es un hallazgo que abrazamos. El Madrid es ALMA, que es precisamente aquello de lo que carece un PSG artificial, como uno de esos paraísos del golfo pérsico donde hay playas sin haberlas y brotan cada día nuevos rascacielos en el desierto. Nosotros al alma añadiríamos el corazón y la vida para completar la canción de los Panchos. Alma para conquistarte (aunque el Madrid nos tiene conquistados desde 1902), corazón para quererte (cómo no te voy a querer) y vida para vivirla junto a ti, Real Madrid.
El PSG, por contra, no tiene alma ni corazón, y posee por única vida la que otorgan las abundantes reservas petrolíferas cataríes. Tiene también en sus filas algunos de los mejores jugadores del mundo. Hace tiempo que Messi ya no es Messi, pero es capaz de resolver el partido con el brillo retrospectivo de una acción aislada de las de antes. Neymar se mantiene en un segundo plano de la élite, en parte por sus lesiones, pero hay pocos técnicamente más dotados que él. Mbappé... qué decir de Mbappé...
As centra en Mbappé (pronúnciese Bappé) el argumento de su portada. La presunta llegada en verano del esperadísimo nuevo fichaje brinda al partido un morbo especial pero, a pesar del excesivo subrayado de la prensa sobre este particular, lo cierto es que Kylian hoy es un adversario más, uno al que no tiene sentido aplaudir pensando en lo que presuntamente está por venir cuando vista de blanco. Sobre Mbappé hay que ejercer esta noche toda la presión de jugar en el Bernabéu una noche especial, exactamente igual que para cualquiera de sus compañeros. El pisotón sufrido en el entrenamiento de ayer no le va a afectar y será de la partida. Pobrecillo. El ambiente será el de las grandes noches, y toda esa verticalidad ardiente no es cosa fácil de soportar para quien visita el templo blanco en las ocasiones europeamente memorables. El famoso miedo escénico o los famosos “90 minuti” que cita As.
Aventura As que Kroos “apunta a titular”. Sin embargo, Ancelotti advirtió en rueda de prensa que no lo sería si no se encontraba al 100%, especificando que si estaba al 95% no jugaría. El partido demanda una condición física de matrícula de honor para enfrentar sus retos, y tanto un valor al alza como Camavinga como el propio Valverde se antojan no solamente buenos recambios para Kroos para este partido, sino piezas especialmente idóneas para un choque de estas características. El bloque medio no sirve —no al menos de entrada—, hay que presionar arriba, y la elección de elementos de la plantilla por parte de Ancelotti es decisión transcendente para optimizar el once de cara a ejecutar esa estrategia. Dios ilumine a Carlo.
La prensa cataculé, por su parte, se contradice a sí misma respecto a las posibilidades de que Erling Haaland aterrice en Can Barça. Uno de los rotativos afirma que es posible, con gran fanfarria de exclamaciones, mientras el otro reconoce que el City es el destino más probable para el astro noruego. A nosotros nos parece altísimamente improbable el fichaje de Erling por los azulgrana, incluso en caso de que se ejecute lo que la prensa afín ya da por casi hecho, es decir, la traición de Laporta a Florentino firmando con CVC en condiciones (encima) de privilegio inaceptable en relación al resto de los firmantes. Laporta sabrá lo que hace.
Nosotros a lo nuestro. A vivir en el Bernabéu otra noche de las que jamás se olvidan.
Pasad un buen día, coronado como Dios manda.
Florentino Pérez cumple hoy 75 años. No vamos a descubrir ahora la importancia del presidente del Real Madrid en la historia del club; él y Bernabéu son los dos mejores mandatarios del Madrid en sus recién cumplidos 120 años de vida.
Florentino aterrizó con el golpe de Figo y desde ese punto de apoyo enderezó la trayectoria del Real Madrid. El resto lo conocemos todos. 49 títulos en las secciones de fútbol y baloncesto, incluidas 7 Copas de Europa y 5 Mundiales de Clubes de ambas disciplinas. Todo ello manteniendo el periodo de estabilidad económica más largo en la historia del club.
Pero no he venido aquí para hablar de lo obvio ni a lisonjar a Florentino, sino para contarles su fiesta de cumpleaños, celebrada en un lugar poco usual con el objeto de pasar desapercibida y mantener la intimidad de los asistentes.
—Luka, ¿seguro que el presi va a celebrar su cumpleaños en Parla, que tenemos que ir en chándal de tactel y en un Seat León TDI FR 150 CV amarillo? —inquirió Toni Kroos a Modric, uno de sus compañeros de vehículo.
—Sí, Toni, lo dice bien claro en la invitación. Te la leo de nuevo: Si usted posee esta tarjeta está invitado a mi fiesta de cumpleaños. En aras de una mayor discreción que nos permita celebrar el evento con la tranquilidad que merece, he decidido llevar a cabo el ágape en un lugar poco esperado como es la sala de usos múltiples del Instituto de Enseñanza Secundaria Nicolás Copérnico de Parla. Ruego que asistan con un atuendo y en un transporte que no llamen la atención del entorno. Una vez en la fiesta, pueden volver a vestirse como personas normales y a comportarse de manera habitual. Gracias.
—Está bien, Lukita —aceptó Kroos—, tiene su lógica. Pero Case, no corras tanto, que cada vez que metes un acelerón soltamos una zorrera de humo negro que parecemos un calamar expulsando tinta. Y quita la cinta esa de flamenquito del radiocassette. Pon a Wagner o al menos a Julito Iglesias.
—Pero no seas sieso y métete en el papel, Antonio —contestó Casemiro con guasa mientras guiñaba un ojo a Kroos a través del retrovisor del Seat León.
Los tres centrocampistas llegaron al aparcamiento del centro educativo y descendieron del León. Nada más bajarse, se sobresaltaron porque entró derrapando un Xsara HDI dorado del cual escapaba pseudomúsica chunda-chunda. Del Citroën descendió la Quinta del Buitre al completo —Butragueño iba a los mandos del bólido— ataviada con prendas bakalas y unas gafas de sol Oakley cada uno a pesar de estar nublado.
Las ocho leyendas del Madrid se saludaron de manera aparatosa, como si se hubiesen encontrado en el aparcamiento de la Puzzle, y entraron a la fiesta. Una vez dentro, se vistieron de persona. Ni los futbolistas más jóvenes del primer equipo ni Guti tuvieron que disfrazarse para mimetizarse con el entorno.
Tras las felicitaciones pertinentes a Florentino Pérez se sirvió un ágape en el que no faltaron exquisiteces como sándwiches de chorizo pamplonica, patatas fritas, cortezas, pajitas, Fanta, Trinaranjus y Coca-Cola. Veteranos y noveles disfrutaron como enanos y comieron a dos carrillos, hartos de celebraciones snob en las que tenían que conformarse con aperitivos consistentes en cucharitas de cerámica con unas pocas hojas de rúcula aderezadas con vinagre balsámico.
Algunos padres de familia numerosa, como Raúl, se acercaron al presi para preguntarle:
—Al precio actual del KWh, la gasolina y el aceite de girasol, ¿cómo has podido permitirte una fiesta así?
—Muy sencillo, aplico a la economía doméstica los mismos principios de austeridad y contención del gasto que rigen la gestión del club —respondió el presidente.
—Ya, pero este mes, por ejemplo, a mí me ha venido el seguro del coche y no veas cómo come la prole —insistió Raúl.
—Para el seguro del coche yo uso Rastreator —dijo Florentino guiándole un ojo—.
Después del festín se apagaron las luces y un chico moreno y otro más alto rubio, ambos vestidos del Madrid, aparecieron en la penumbra portando una tarta de galletas y natillas de chocolate con 75 velas encendidas. Todos cantaron el cumpleaños feliz a Florentino, le tiraron de las orejas y le entregaron sus regalos, aunque todos coincidieron en dejarse la piel contra el PSG para poder regalarle una remontada el miércoles por la noche.
Florentino se vino arriba.
—¡Es hora de las copas! —exclamó el presidente mientras descorría unas cortinas y dejaba ver una réplica de la sala de trofeos del Bernabéu repleta de bebidas.
Champions con tónica, Intercontinentales con Coca-Cola y Ligas con Limón fueron los cócteles más solicitados. Los futbolistas del primer equipo, debido a la inmediatez del choque frente al PSG del día siguiente, solo tomaron unas mirindas de naranja. Sin hielo. Otros como Butragueño y Gallego, empero, terminaron cantando a voz en grito Vivir así es morir de amor de Camilo Sesto con la corbata en la cabeza a modo de diadema.
—Presi —preguntó Courtois— ¿cómo ha conseguido evitar, ya que las invitaciones no eran nominativas, que no se haya presentado nadie indeseado, como Fonsi Lolaiza o algún periodista con malas intenciones, por ejemplo, en caso de haber caído en sus manos una de estas tarjetas?
—Muy fácil, Thibaut —sonrió Florentino—simplemente tuve que redactar el texto correctamente y sin faltas de ortografía para que en caso de leerlo no fuesen capaces de comprenderlo.
La fiesta terminó. Todos se marcharon felices. En ese momento las luces se encendieron y el chico moreno y el rubio se miraron y dijeron al unísono: vamos a pasarlo bien aquí el año que viene.
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“Hoy Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde fui a nadar”
Franz Kafka. Diarios. 2 de agosto de 1914
No hace falta compartir el entusiasmo que servidor profesa por la escritura de los diaristas para sentir una mínima sacudida con una anotación así. Aunque no está del todo claro si, con este provocador apunte, Kafka pretendía elevarse de manera pretendidamente coqueta por encima de todos aquellos asuntos ajenos a la literatura o más bien, detrás de su aparente displicencia, se escondía una irónica denuncia de la apatía que otros autores mostraban hacia su realidad social y política. De cualquier modo, difícilmente puede reflejarse mejor la enorme distancia existente entre los acontecimientos que asolan el mundo y la rutina cotidiana del individuo. Una desproporción cuya desmesura provoca reacciones diversas, desde la desazonadora sensación de irrealidad hasta ese escepticismo garbancero que habitualmente desemboca en indiferencia, al menos mientras se pueda conservar el lujo de situarse lejos de los obuses.
Conviene, por otro lado, alejarse de posturas maximalistas. Hay ocasiones en que uno verdaderamente solo puede informarse y esperar, sin que se trate de ninguna coartada egoísta; obligado a vivir su vida mientras simultáneamente, en otro plano, los hechos se encadenan. La frase de Kafka, al margen de su intención original, subraya la condición expectante y limitada de nuestra biografía. Precisamente, es la facultad de sobrepasarnos que poseen los sucesos globales lo que convierte en fundamental el papel de los refugios para sobrellevar la cruda existencia. De ahí que uno pueda compaginar el mayor o menor grado de preocupación acerca de la posibilidad real de una catástrofe nuclear con la preparación de unas vacaciones, la ilusión de un noviazgo, el ajetreo de un proyecto o los nervios por el encuentro decisivo de su equipo, sin concluir que se halla preso de un delirio. La cotidianeidad no tiene por qué resultar pura alienación ignara, sino que puede constituir un dique racional y ponderado contra el nihilismo al que suele empujarnos la conciencia de nuestra vulnerabilidad.
Es la facultad de sobrepasarnos que poseen los sucesos globales lo que convierte en fundamental el papel de los refugios para sobrellevar la cruda existencia
Llegados a este punto, alguien podría argumentar que hay refugios y refugios, en todo caso. Una lectura superficial nos diría que quizá el tremendismo asociado al Real Madrid no suponga, a priori, la mejor de las guaridas para los espíritus que en estos momentos requieran tranquilidad, especialmente en vísperas del partido de la temporada contra un rival inequívocamente más poderoso. Sin embargo, tampoco hay que engañarse: sarna con gusto no pica, y el hincha blanco, por más que el miedo —¿se puede hablar en puridad de miedo, o se trata de otro de esos abusos que el cronista debiera evitar por una cuestión de decencia, como esa locución tan socorrida y hoy un punto bochornosa de Madrid de entreguerras?— atenace su estómago, encuentra cobijo, y hasta su lugar en el mundo, en las contundentes horas que rodean al punto de inflexión.
Cada cual lo vive como sabe. Hay quien devora cada quince minutos todos los avances informativos y hace fútiles cábalas acerca de si el pisotón de Gueye a Mbappé puede ocasionar su baja y conceder así cierto alivio a las filas merengues; singularmente a Carvajal, últimamente un hombre a un penalti pegado. Otros prefieren desplegar el mapa con maneras de general y usar un puñado de chapas para esparcir su sabiduría en forma de prefijos telefónicos: da igual 4-4-2 que 4-3-3, lo importante es matar los nervios mandando. La diversidad de los hijos de Dios. Personalmente, prefiero la solitaria abstracción que proporciona la elección de un libro o una canción y el ejercicio de su repetición, un punto obsesivo, durante los días previos. A menudo recurro al innegable parentesco del Madrid con los Stones —ya mencionado brevemente alguna vez, y desarrollable en algún otro artículo futuro, dado que esta pieza está quedando un poco larga—, pero en esta ocasión me he inclinado por el American Pie de Don McLean, probablemente por el carácter estetizante de su letra. Al fin y al cabo, si el poso pesimista que la situación global deja en mi ánimo me hace, a mi pesar, aventurar el ominoso escenario de una dolorosa derrota frente al PSG, al menos me permitirá encararla entonando con dignidad This will be the day that I die. Bello epitafio para una generación de jerarcas que pueden encontrar en esta eliminatoria su definitivo canto del cisne, aunque intenten retrasar con un último esfuerzo la fecha en que la música muera. Ojalá contra todo pronóstico lo consigan y continúen ofreciendo, siquiera un ratito más, la épica como ayuda alternativa para sobrellevar la realidad terrible de estos días. Especialmente a aquellos que no puedan costearse el abono de la piscina.
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El sábado pasado, en el ABC, Rubén Cañizares hizo un repaso de los grandes presidentes del Real Madrid desde Santiago Bernabéu, a cuenta del 120 aniversario del club. El texto es una serie de semblanzas indirectas de don Santiago, Luis de Carlos, Mendoza, Lorenzo Sanz y Florentino; está basado fundamentalmente en anécdotas y en recuerdos de los nietos y de otros familiares o allegados directos de los próceres blancos. Hablando sobre don Santiago y su afán por erigir en los suburbios de una capital en expansión el Nuevo Chamartín al final de la postguerra, me llamó la atención un párrafo maravilloso: “Contra la opinión de la gran mayoría de medios, en especial los catalanes, que le acusaron de idear una quimera impracticable, propia de un loco y megalómano, Bernabéu levantó un estadio que multiplicaba por seis su capacidad. Lo hizo gracias a la ayuda de Rafael Salgado, director del Banco Mercantil, que le ofreció financiar la obra con la emisión de bonos para los socios, a 20 años, respondiendo con su propio patrimonio. Era un visionario. Él tenía claro que, cuanto más grande fuera el estadio, más dinero ganaría por la venta de entradas, la principal fuente de ingresos de entonces, y mejores jugadores ficharía. Todo esto hoy parece muy básico, pero hay que irse a los años cincuenta, explica a ABC Íñigo de Carlos, nieto de Luis de Carlos, que, antes que presidente blanco, fue el tesorero de Bernabéu desde 1962 a 1978.”
Las palabras clave son quimera, impracticable, loco y megalómano. El Madrid es una empresa de orates maravillosos, en todas las dimensiones imaginables: desde el puritito césped hasta los despachos con moqueta, el Madrid “se hace” a golpe de audacia, aunque casi nunca está clara la raya que separa lo genial de lo grotesco. Por eso el riesgo es tan grande, pero también ha sido casi siempre tan grande el rédito. No suele haber término medio, por tanto, en el Madrid. Las catástrofes están a la altura de las proezas y también se recuerdan toda la vida. Se festeja el cumpleaños de una institución única y desde hace veinte años también el Centenariazo, porque sólo un príncipe hacedor de mundos es capaz de organizarse un banquete en el techo del mundo para mayor gloria de sí mismo y morir atragantado en medio de la cena con el hueso de una aceituna.
El Madrid es una empresa de orates maravillosos. Por eso el riesgo es tan grande, pero también ha sido casi siempre tan grande el rédito
El Madrid ha sido esculpido sobre la piedra en el tiempo por gente que no estaba en el presente. Me refiero a que ya la misma idea de fundar un equipo en Madrid que se limitase a llevar el nombre de la ciudad y apellidarse austera, minimalistamente, Foot-Ball Club, revela la naturaleza de aquel grupo de gente avanzada que pensaba por delante: no le pusieron los colores ni de España ni de la señera catalana de la que procedían sus dos más nerviosos impulsores, sino los de un trapo blanco, si acaso cruzado por la banda lila del club más cosmopolita del mundo en aquel entonces, el Corinthians de Londres, que jugaba siempre por amor al arte y que fue el primero en girar por el mundo como una banda de rock.
El Madrid ha sido esculpido sobre la piedra en el tiempo por gente que no estaba en el presente, que pensaba por delante
La gente que está por delante ve cosas que para el resto permanecen ocultas. Da igual que estén tomando decisiones con un excel abierto o corriendo por el terreno de juego vestidos de corto. Líneas de pase indescifrables para los futbolistas del montón, tendencias en el ocio urbano de las masas que el cambio de la economía lanzó a la clase media tras la guerra mundial o expansiones planetarias en brazos de la globalización pujante a las puertas del cambio de siglo: todas son decisiones difíciles, apuestas elevadas en la ruleta de la fortuna que pueden hundir el futuro de la entidad o transportarlo a un escenario desconocido que lo cambie todo y que con ello cree una nueva realidad hasta entonces impensada. Quimeras impracticables. Cuando Florentino se llevó a China a los galácticos, primero fue vestido de limpio y luego emulado hasta por los equipos de la zona baja de la tabla. Giras asiáticas ha hecho hasta el Sevilla.
Pero es que el Madrid es un empeño de locos y megalómanos que se replican a sí mismos a través de los años y de las generaciones, como los “imperios generadores” de los que se habla por ahí desde hace un tiempo. En eso consiste el cultivo del pasado, crear un legado o respetarse a sí mismo. Bernabéu se lo jugó todo a su nuevo estadio porque había visto en primera fila cómo Paragés se opuso a la Corona cuando Alfonso XIII apadrinó, con guita de su bolsillo naturalmente, el consorcio del primer Metropolitano al que se sumó el Atlético de Madrid con una alegría que lamentaría menos de una década después. Por eso el Madrid nunca tuvo que ser rescatado por el ejército del aire de ningún régimen triunfante de una guerra civil, ni tampoco amparado por créditos vaporosos de bancas afines a sistemas políticos regionales, o despiezados en bufonesca almoneda por iluminados salvapatrias noventeros.
Cuando Florentino se llevó a China a los galácticos, primero fue vestido de limpio y luego emulado hasta por los equipos de la zona baja de la tabla. Giras asiáticas ha hecho hasta el Sevilla
Todo este espíritu, este ethos colectivo, se sustancia en el césped de alguna manera. Es inevitable. El Madrid se forja con futbolistas talentosos, pero con talentosos que están locos. Zidane era un místico sufí de genio terrible. Cristiano Ronaldo era un verdadero obseso, un monomaníaco cuya idea fija era ser más grande que todo lo creado, más grande que el propio Real Madrid. Di Stéfano era un gaucho de acero filoso y cortante como los de los cuentos argentinos de Borges y Mourinho fue el Joker metiéndole fuego al Universo por los cuatro costados con tal de salvar lo más puro del Real de la perdición absoluta. Bernabéu se independizó del Pardo constituyendo al Madrid en república autónoma de patricios, Mendoza se sabía más importante que un presidente del Gobierno y Lorenzo Sanz heredó esa patriarcalidad chula y visionaria, hipotecándolo todo para conseguir un Madrid hollywoodiense que recuperase la Copa de Europa. En España, la existencia misma del club es un misterio, un milagro y un desafío diario a ese país cañí, cutre y envidioso que aún no sabe cómo le ha surgido en las entrañas una acumulación de grandeza sin igual en el mundo, y eso que han pasado ya ciento veinte años. La Quimera era un monstruo aberrante con dos cabezas, una de león y otra de cabra, que tenía una cola de serpiente y una naturaleza de mujer. Por eso a las ensoñaciones imposibles se les llama quimera, porque son fruto de “imaginaciones termocefálicas”. O sea, de cabezas calientes, recalentadas o calenturientas, rasgo que el joven Victor Hugo anotó la primera vez que asistió asombrado a una corrida de toros, en Madrid, mientras acompañaba a su padre, general de Napoleón, durante la invasión francesa.
En biología existe una acepción de quimerismo que alude a los seres que cuentan con dos líneas celulares diferentes, con diferente dotación cromosómica o mutaciones particulares. En eso el Madrid también es una quimera impracticable que sólo puede entenderse a través de la fe, de la inmersión en un sistema simbólico que no tiene comparación posible con ningún otro en el universo del fútbol o de los deportes: es un ser mitológico que casi siempre gana de blanco, aunque a veces puede vencer de negro, parido con la capacidad de ser majestuoso y también de resultar tétrico, como un torero que espera al bicho a porta gayola. La gloria y la enfermería siempre están, para el Madrid, a la misma distancia.
Ahora el mundo está en guerra y vuelve a ser pertinente una de las frases de Valdano, la de que el fútbol es la más importante de las cosas menos importantes de la vida
Sólo una imaginación termocefálica es capaz de llegar el miércoles a las 9 de la noche con la tensión por las nubes y la convicción total de que el PSG, un bulldozer de primera, va a salir destrozado del Bernabéu. Esa imaginación es la que hace al Madrid ser lo que es, el “ir para arriba, al ataque”, que Hughes califica también en ABC como santo y seña de los defensas-atacantes más queridos por la afición blanca a lo largo de su historia. El ir hacia adelante como una marejada impetuosa e incansable, sin pensar en absoluto en lo que diga el marcador, sin pensar en la eliminatoria ni en nada que no sea la victoria en sí misma, embriaga al estadio: está en la base, en el núcleo de la leyenda de las remontadas, en el mito de Chamartín como lugar poseído por la superstición, cementerio de apaches, lugar donde “pasan cosas”. No importa lo que digan la realidad, la estadística, los antecedentes o las sensaciones previas al partido. Ahora el mundo está en guerra y vuelve a ser pertinente una de las frases de Valdano, la de que el fútbol es la más importante de las cosas menos importantes de la vida. Esa frase es verdad en la medida en que el fútbol deja de ser una ciencia (en la que lo quieren convertir, a la que lo quieren reducir, me permito añadir) medible, tangible, “algorítmica”, y se transforma en una emoción: en la medida en que somos capaces de acudir frente al televisor, a la tribuna del estadio, al bar, frente a la tableta, el ordenador con el link pirata o lo que sea, y vivir por unas horas una vida que no es la nuestra, pero sin la cual la vida en la tierra sería insoportable.
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Buenos días. Martes 8 de marzo. Día de la Mujer. Cumpleaños de Florentino Pérez. Felicidades, presidente, que pase usted una jornada espléndida. Por cierto, galernautas, ¿qué le regalamos al presi?, tendrá de todo ya el hombre, hasta un montón de Champions. Al final se nos ha echado el día encima y no le hemos comprado nada. Luego lo pensamos, no es fácil.
Despertamos con el runrún del PSG en la cabeza, el partido ya es mañana. ¿Se recuperará Mbappé? ¿Tiene realmente algo de lo que recuperarse Mbappé? ¿Están jugando los parisinos la baza del despiste con la recuperación o no a tiempo de Kylian para el encuentro? Veremos. Mientras tanto, preparamos un café para sacudirnos el sueño de encima. Entre trago y trago accedemos a las portadas deportivas patrias y… ¡puf!, se nos sale el café por la nariz al ver la portada del diario Sport.
“Laporta se moja”, titulan. La excitación (futbolística) que al bueno de Jan le produce el jardinero Xavi es tan grande que el mandatario ha llegado a dicho extremo. Laporta afirma que Hernández ha cambiado la mentalidad del equipo, hay entrenador para años y les dará alegrías (futbolísticas también).
Nueve semanas y media narraba la relación entre un yuppie dominante (Mickey Rourke) y una galerista de arte masoquista (Kim Basinger). Esto nos recuerda a algo. Bien podría rodarse un remake en tono futbolístico llamado Nueve Laportas y media, con Jan en el papel de Mickey y Xavi en el de Kim. Laporta, además, comparte con Rourke ese aspecto canalla de listo de calle y cierto abotargamiento facial, como de boxeador veterano medio grogui a causa de los golpes de la vida.
Narraría una tórrida historia de posesión futbolística entre un presidente y un entrenador. Abundarían las escenas de alto voltaje. Sonaría You can leave your hat on por la megafonía del Camp Nou una calurosa noche de Trofeo Gamper. Jan y Xavi tendidos sobre el césped acariciarían con un cubito de hielo las delicadas briznas verdes de la pradera culé para evitar que la canícula veraniega mustiase el perfecto felpudo blaugrana que Xavi depilaría con su cortacésped día sí, día no. Menos los puntos de penalti, a los cuales les aplicaría la depilación láser, y las línea de gol, a las que practicaría la depilación brasileña.
Finalmente, esta película parodia terminaría siendo igual de ridícula que la original y años después los protagonistas se arrepentirían en los platós de las decisiones erróneas tomadas. Como hace el propio Laporta en la primera plana de Mundo Deportivo
“Debí traer a Xavi antes”, afirma Jan solo (no confundir con Han Solo) frente a las cámaras sentado en una sillita junto a una mesa-puff de Ikea con el escudo monocromo del Barça serigrafiado. “No hice caso a mi intuición —continúa Laporta—, ha cambiado la mentalidad del equipo y ha recuperado la esencia”.
Laporta se lamenta por no haber contratado antes a Xavi del mismo modo que lo hace un hombre (un poco golfo) abandonado por no haber enderezado el rumbo a tiempo.
Pero Laporta también tiene cuerpo para el humor: “¿Haaland? Si hablo, sube el precio”.
Suenan clarines y timbales en este Portanálisis para indicar el cambio de tercio. Tiempo ahora para la prensa madrileña.
Tanto Marca como As se centran en el percance sufrido por Mbappé durante el entrenamiento de ayer. Su compañero Gueye pisó —sin mala intención— el pie de Kylian en un lance de la práctica haciendo sonar las alarmas parisinas. ¡Hecatombe!
No podemos evitar imaginarnos a un Bilardo madridista gritando desde el banquillo con el cuello como un cantaor flamenco: ¡Pisalo, pisalo!
Afortunadamente, la fractura está descartada, pero hay medios que informan que Mbappé es duda para el encuentro. Creemos que forma parte del juego de los de Pochettino y nos inclinamos por que Kylian va a jugar. Aunque la salud es lo más importante, y ante la más mínima molestia le recomendamos que no fuerce. Pero por su bien, no por otro motivo.
Quienes más se han asustado por la posible baja de Mbappé han sido los culés, podéis rebobinar el Portanálisis hasta la portada de Sport para comprobar cómo ponían el grito en el cielo en el faldón: “¡Peligra Mbappé!”. Están acongojados. ADN Barça.
Pasad un buen día.
P.D.: Resuelto el tema del regalo de Florentino. Ya no da tiempo a pedir nada por Amazon, así que le regalaremos la remontada frente al PSG.
El lead por delante nos enseñaron los maestros. Lead, lid: párrafo que aparece después del titular y explica brevemente lo más relevante de la pieza a desarrollar. Pues eso: la poli no encuentra al agresor de Vinícius, allá en el Camp Nou, y el Atlético de Madrid decidió ignorar los insultos que gente de su Frente Atlético dedicó a Peter Federico en el último derbi juvenil.
Lo de Vinícius. Sí, la poli no encuentra al individuo que le vejó en el Camp Nou, episodio de octubre pasado. Las cámaras mostraron que se trataba de un adulto acompañado de un niño. Si es hijo suyo sería magnífico que el chico sea hijo único ahora y siempre.
La LFP me ha hecho llegar que cumplió denunciando la barbaridad y que poco más puede hacer. Es cierto. Denunciando están diligentes en todos los casos. ¿Pero por qué va para cinco meses y no sabemos nada del infractor?
Agárrense: la policía catalana, los mossos, no da con él. Descartaron que fuera socio del Barça pues la entrada había sido liberada y el propietario de la localidad no era el insultador. Hay que pensar que lo acabarán identificando. La policía no es tonta e imagino que siguen buscándolo, ¿verdad? Seguiremos preguntando.
La poli no encuentra al agresor de Vinícius, allá en el Camp Nou, y el Atlético de Madrid decidió ignorar los insultos que gente de su Frente Atlético dedicó a Peter Federico
El asunto arrancó mal. No tuvo aquella vejación el mismo tratamiento de episodios similares. En la cosa pública, digo. En los medios de Barcelona lo sucedido apenas existió y a nivel nacional la cobertura no fue la de otras ocasiones. Iñaki Williams, Diakhaby y Akapo recibieron el clamor solidario que merecían. Portadas, editoriales, minutos de radio e imágenes de televisión con la generosidad que requería su situación. Lo de Vinícius fue distinto por menos, luego para peor. Del Madrid y vejado en el Camp Nou, toma cóctel…
En estas llegó Peter Federico y el Atlético de Madrid ha optado por ignorar los insultos recibidos por este joven jugador madridista la semana pasada. El Frente, que también recordó a Juan Gómez, Juanito. La vejación pues no distingue entre negros y blancos, vivos o muertos. El Atlético calló y sigue. Claro que si consideramos que uno de los responsables de la cosa social del club es un ex de esa tropa, tampoco le vamos a pedir peras a este olmo.
Peter no merece un guiño, un cariño, del Atlético. Como Vinícius, juega en el Madrid. ¿De hacerlo en otro club el trato recibido hubiera sido distinto? Conformémonos con algo que no es poco: la culpa no es del Madrid. De momento, vamos. Pero por ahora, es esto: un negro del Madrid es menos negro. De segunda. Deseo no ver cómo uno de ellos asciende a primera, claro.
El día que el Madrid cumplió 120 años, o sea ayer 6 de marzo, el Barça lo celebró ganando con un gol digamos que extraño. De penalti. En toda la Liga no le han pitado uno en contra, por cierto. Uno. ¡Qué arte!
Se dejaron el alma por la final de Copa y perdieron sin remisión días después en Liga. Fueron dos equipos cansados, superados por el rival y por su propia falta de fuerza. El horror del calendario es tal que si tratas de cumplirlo te acaba hundiendo.
Un estudio de no sé quién dice que nuestra Segunda es un horror. Discrepo. Fíjense sólo en la clasificación. Tres equipos separados por un punto en pos de las dos plazas de ascenso directo, Eibar, Almería y Valladolid. Y al play off aspira hasta el colista. Bueno, casi. Es apasionante.
Jovencito en esta portada. Cuando le calificaban de El Sucesor de Messi y Cristiano. Vuelve al Bernabéu. Y dicen que si es titular será bueno para el Madrid pues habrá dos jugadores y medio por lo menos que no correrán para atrás. No sé. ¿A ustedes qué les parece?
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Buenos días, amigos. ¿Cómo van las pulsaciones? Se aproxima el miércoles de forma inexorable, y si Dios y la bomba lo permiten se seguirá aproximando tanto que en algún momento llegará. El gran juego y espíritu indomable mostrado el sábado ante la Real Sociedad por los hombres de Ancelotti ha incrementado sustancialmente la sensación de que se puede remontar la eliminatoria ante el PSG. ¿Vosotros qué pensáis? ¿Se puede?
¿Cómo no va a poderse? Somos el recontraputísimo Real Madrid C. de F. Además, como indica la portada de As, ambos equipos llegan al gran choque de vuelta con trayectorias opuestas, el Madrid viene creciendo y el PSG menguando. También es cierto que el PSG manifiesta ya tal hastío ante cualquier competición que no sea la Champions que es difícil juzgarles con esa falta de motivación. Lo que motiva al PSG es precisamente lo del miércoles. Uno no se gasta el petróleo de Catar para ganar la Copa o la Liga de Francia. Uno no se ocupa bajo cuerda de tener a Ceferin comiendo de la propia mano, y así burlarse de cualquier concepto remotamente parecido al Fair Play Financiero, para hacerse con cualquier competición. No. Uno no es jeque para eso. Uno no es emir para eso. Uno es jeque y emir para ganar la Orejona a mayor gloria de un régimen despótico que organiza mundiales en la construcción de cuyos estadios mueren como ratas seres humanos como tú y como yo. Y de eso va también el partido del miércoles, inevitablemente. De la colisión entre dos mundos, uno más libre y justo que el otro. Del choque entre dos clubes que deben su fortuna, respectivamente, a su propia Historia y al oro negro.
La prevalencia de un modelo u otro es lo que está en juego el miércoles. No es solo Real Madrid frente a PSG. Es un universo frente a su némesis. Veremos si el gran fútbol de siempre, el de rancio abolengo, es capaz de seguir imponiéndose a los nuevos ricos que campan a sus anchas por el territorio del balompié moderno, enchufando el tubo del petróleo a las nóminas de sus plantillas. Conseguirlo será un milagro, y la posibilidad de llevarlo a cabo supone un aliciente de primer orden.
Nos gusta mucho la portada de Marca. Los cinco jugadores que aparecen en ella representan en efecto la irrupción de una nueva generación madridista, los Vini boys, siendo Vinícius el jugador bandera de esta política de juventud restallante. La Quinta de Salpiquinho. Nos gusta la foto de cada uno y nos gusta la composición, los cinco en semicírculo, casi formando un cefalópodo mostrenco al que Mbappé, Messi o Neymar solo podrán enfrentarse sin mirar a la cara, como Perseo con Medusa. Mbappé, el deseado, tendrá que internarse por la banda de espaldas, mirando la imagen del Madrid reflejada en el reverso de su escudo, si quiere cortarnos la cabeza, porque de tanto como refulge no es humanamente soportable el mirar al Madrid a los ojos. Queda uno convertido en estatua de piedra, o en Hernández Hernández, o en estatua de piedra de Hernández Hernández.
Ejem. “¡Imparables!”, dice Sport, con dos signos de exclamación y dos huevos del tamaño de su falta de decoro. Pero atención porque si uno lee la letra pequeña encuentra la mayor confesión de culpa que nos ha ofrecido la prensa cataculé desde que tenemos uso de razón. “Torres empató el partido y Memphis lo sentenció CON UN PENALTI DISCUTIDO”.
Sí, amigos, habéis leído bien. “CON UN PENALTI DISCUTIDO”. Cómo habrá sido el penalti para que hasta el mismísimo Sport (¡Sport!) en portada (¡en portada!) se atreva con ese sintagma aparentemente discreto, pero que para ellos supone una concesión a la realidad absolutamente inusual. Ese “CON UN PENALTI DISCUTIDO” puesto en portada, para ellos, aunque parezca poca cosa, es un mea culpa del tamaño de la Basílica de Santa María de Elche. Sport no hace ese tipo de acotaciones, que quieras que no ponen en tela de juicio el valor del triunfo culé, jamás de los jamases. Cómo será la mala conciencia que llevan acumulada que hoy ya no han podido más y, en obediencia a un último resto de ecuanimidad, han permitido que se les cuele un apunte de esas características.
CON UN PENALTI DISCUTIDO. Estamos acostumbrados a que As o Marca digan cosas así para ensombrecer los triunfos del Madrid, pero no a que Sport o Mundo Deportivo hagan lo propio con las victorias azulgranas. No queremos ni pensar en cómo deben supurar esas conciencias, de tanto remordimiento como llevan acumulado.
Lo más juicioso sería que, en su organigrama, El Barça fusionara el área técnica con el área arbitral, y pusiera al frente de este nuevo y moderno departamento a Xavi Hernández Hernández
Sí, amigos, sí. Se acrecienta la sensación, vistos los arbitrajes disfrutados por el Barça, de que el sistema no puede tolerar que los de Laporta no se clasifiquen para Champions. Otro año más jugando el trofeo de consolación de la Europalí puede ser demasiado para el club que representa los padecimientos del subyugado pueblo catalán. Lo más cómodo, a fin de evitar sustos innecesarios para el sistema, es que Hernández Hernández arbitre todos los partido del Barcelona. Mejor aún: lo más juicioso sería que, en su organigrama, la entidad blaugrana fusionara el área técnica con el área arbitral, y pusiera al frente de este nuevo y moderno departamento a Xavi Hernández Hernández, monstruo híbrido que a buen seguro ofrecerá inmejorables resultados deportivos.
Dado que el cuarto clasificado de la tabla tiene nada menos que dos periódicos a su servicio, algo inusual en el fútbol europeo, os dejamos con la portada de Mundo Deportivo porque querréis verla.
Pasad un buen día.
Para un niño urbanita de un barrio de Valladolid, Guarnizo* era lo más parecido a la selva de Tarzán. Abundante vegetación, árboles colosales y animales cuasi salvajes, o así me lo parecían aquellas imponentes vacas lecheras, los équidos que tiraban de los carros y los extraños renacuajos —allí llamados zapateros—. Gorriones, mariposas, algún jilguero por el día y lechuzas en la noche daban forma a un universo infantil en el que no existía nada comparable a las mañanas de playa con el tío Paco. ¿Qué más se puede pedir a los seis años?
Aquellos veranos interminables rodeado de tíos futbolistas, tías protectoras que cocinaban con mano precisa y unos abuelos acogedores fueron una bendición de la vida. Las comidas terminaban con largas y apasionadas conversaciones acerca de lo que se terciara, aunque con frecuencia convergieran en el fútbol. Los mejores por puestos; Di Stéfano o Pelé, o si el nuevo Madrid Yé-yé sería capaz de ganar la Copa de Europa. Y siempre se acordó que nadie golpeó el balón como Puskas. Mientras, seguro de sus argumentos, mi abuelo Antonio Gento aseguraba con vehemencia que los futbolistas del presente no tenían la raza que ellos exhibieron a principios del siglo XX.
Para Paco nunca hubo nadie como Alfredo, y adornaba su afirmación con el tono de voz —entre suficiente y divertido— que usaba cuando las cosas no ofrecían discusión en su cabeza
Por supuesto, para Paco nunca hubo nadie como Alfredo, y adornaba su afirmación con el tono de voz —entre suficiente y divertido— que usaba cuando las cosas no ofrecían discusión en su cabeza. Uno, observaba y callaba, admirado con las palabras de todos, absorbiéndolas con esmero, con la conciencia de mi privilegio. Convivía con un tío admirado en muchos puntos del planeta, al que profesaba respeto y cariño, el mismo que nos devolvió siempre que estuvo con nosotros.
Aún y con ser la charla rica y animada, la fiesta mayor consistía en ir con Paco a la playa. Madrugador a diario, en seguida nos embarcaba en su cochazo deportivo —no diré marcas hasta ser patrocinado—, apenas el sol subía su pendiente diaria. Cantando por el camino y saludando a los conocidos del pueblo y de los colindantes, el mejor tío del mundo —¡en ese momento!— decidía si dirigirnos hacia la capital o visitar alguna de las playas que se encaraban con la Bahía de Santander.
Entonces, todavía la ciudad cántabra era muy tranquila en el mes de julio, si exceptuamos a los estudiantes de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Ellas, jóvenes rubias y estilizadas, procedentes del centro y del norte de Europa, trajeron con su posar bajo el sol con una prenda de dos piezas el escándalo para algunos y el regocijo para otros. La contienda no se quedó en polémica, pues como propuso Heráclito, los contrarios no inducen parálisis sino actividad**. De forma inevitable, como reacción a los reaccionarios, el pequeño arenal del Palacio de la Magdalena quedó bautizado como la Playa de los bikinis, nombre que permanece aún hoy, por más que en aquellos días estuviera vetado a las españolas por opresión social y la fuerza de la costumbre.
Aquel no era nuestro sitio, de forma que nos dirigimos al comienzo de la Segunda Playa del Sardinero, hacia el lugar donde la familia Yurrita —amigos queridos, cuya profunda amistad se trasmitió a las proles respectivas— se acomodó por muchos años. Como no podía ser de otra forma, siempre llevábamos un balón de goma dura para darle unas pataditas, pues las normas y la cantidad de arena fina libre lo permitían.
Sin embargo, ese día no fue como los demás. La energía del sol, la buena compañía, el efecto del café tempranero o que pisó un pez escorpión —vaya usted a saber la o las causas de la breve galerna que se desató— impactaron en el ánimo de Paco, que comenzó a acelerar y frenar, a devolverme el balón de tacón, con una rabona, a pararlo sobre la marcha y dar toques sin que cayera al suelo, para terminar su festival imprimiendo en la arena las huellas profundas de un esprín largo. Las huellas de la fuerza que impulsaba su galopar en la banda del Bernabéu.
De forma paulatina, todas las miradas, tumbadas o en pie, se volvieron hacia él, inmóviles de admiración, sorprendidas con cada movimiento célere y exacto. Estaban en primera fila de un espectáculo que asombró a Europa. Siempre recatado, discípulo de Gracián, se paró al comenzar a sudar más de la cuenta, tras una exhibición portentosa de diez minutos. Despacio, recogimos el balón, sonrió, me pasó la mano por encima del hombro tras una carantoña y comenzamos a caminar hacia nuestras toallas. Uno esperaba, para acompañar a la galerna en retirada, la ovación de trueno de aquellas personas con rostros sonrientes, complacidos, que aún conservaban algún rastro de estupefacción. No sabía entonces que el carácter cántabro es aguerrido y afectuoso, pero siempre reservado.
*Guarnizo: pueblo cántabro en el que nació Paco Gento
**Palabras casi literales extraídas del magnífico libro Hitos del sentido de la firma más insigne que tuvimos y que jamás tendremos en La Galerna: Antonio Escohotado.
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Índice:
Querétaro: difícil me ha resultado encontrar una ciudad empezando con la letra Q. Pero al repasar la geografía de medio mundo, he encontrado la población mexicana que acogió un 5-1 de España a Dinamarca en el Mundial 86, con 4 goles marcados por Butragueño. La importancia para el madridismo es que aquella noche miles de aficionados invadieron la estatua de Cibeles por primera vez, y desde entonces, desde el verano de 1986, Cibeles se ha convertido en un lugar imprescindible de encuentro para todas las celebraciones y jolgorios de nuestro amado club.
Riad: la capital de Arabia Saudita acogió hace menos de dos meses la Supercopa de España 2022, en la que los nuestros se deshicieron del Barcelona de Xavi (con golazo decisivo de Valverde, héroe habitual en el país saudí) y en la final, del Athletic, con Courtois parando un penalti a Raúl García y un Modric imperial que conquistó el MVP del torneo.
Río de Janeiro: la bellísima ciudad carioca es la sede, entre otros clubs, del Vasco de Gama, equipo al que el Madrid derrotó en 1998 para lograr la 2ª Copa Intercontinental. Fue la cuna de dos importantísimos jugadores del equipo de fútbol, el gran Ronaldo Nazario, Balón de Oro 2002, y de Marcelo Vieira, enorme jugador todavía en activo (además de capitán), con un palmarés excepcional coronado con 4 Copas de Europa. Cerca de Río, en Sao Gonçalo, vio la luz por primera vez Vinícius Jr. Atención a este jugador que puede marcar una época gloriosa en el club
Rochester: en esta población neoyorquina nació en 1965 Joe Arlauckas, imprescindible y decisivo, junto a Sabonis, en el logro de la 8ª Copa de Europa de baloncesto. Todavía a día de hoy mantiene el récord de anotación en un partido de Euroliga, los 63 puntos con los que machacó una y otra vez el aro de la Buckler (antigua Virtus) de Bolonia en 1996.
Rotterdam: en la segunda ciudad más poblada de los Países Bajos nació Leo Beenhakker, exitoso entrenador en su primera etapa en el Real Madrid, con 3 ligas consecutivas dirigiendo a las dos quintas: la del Buitre y la de los Machos.
Salamanca: la ciudad de las dos catedrales a orillas del Tormes vio nacer a Vicente del Bosque, jugador y sobre todo entrenador muy importante en la historia del Madrid, ya que consiguió 2 Copas de Europa con los nuestros: la Octava y la Novena. También en esa ciudad castellana ganaron los baloncestistas una Copa de España al ganar al Náutico de Tenerife en 1965 por 102-82. En la provincia de Salamanca (concretamente en Ciudad Rodrigo) nació uno de los mejores bases de nuestra historia, el gran Vicente Ramos, que además es amigo personal.
Saint-Denis: la Octava no se ganó en París, como tantas veces se ha escrito, sino en una población de la periferia en la que se encuentra “El Escorial francés”, la catedral donde reposan los restos de los reyes franceses. Los asistentes vieron cómo un Madrid desahuciado en la liga doméstica aplastó sin piedad al favorito Valencia con un 3-0 inapelable, con 3 centrales (Campo, Helguera y Karanka) supliendo a los lesionados Sanchís y Hierro, y con 2 goles de jugadores españoles (Morientes y Raúl), hecho que no sucedía desde la final de 1966. Y vestidos de negro. Inolvidable.
San Canzian d’Isonzo: en la provincia de Gorizia, cerca de Trieste, vio la luz Fabio Capello, un entrenador que tiene el insólito récord de haber entrenado dos veces al Real Madrid, una temporada cada vez, y de haber conquistado ambos campeonatos de liga, la de 1996-97, antecesora de la conquista de la gloriosa Séptima, y la del Clavo Ardiendo, la más emocionante posiblemente de toda la historia de nuestro club.
San Isidro de El General: Keylor Navas nació en esta localidad costarricense. Keylor es, junto con Juanito Alonso, el único portero madridista ganador de 3 Champions consecutivas. Gran arquero, con muy buenos reflejos, su mejor actuación fue en la vuelta de semifinales de 2018, ante el Bayern, donde hizo no menos de seis paradones inconmensurables.
Santa Cruz de Tenerife: aunque muchos recordamos las pesadillas de 1992 y 1993, la capital tinerfeña es la patria chica de uno de nuestros más grandes, el inolvidable “el Mangas”, don Luis Molowny, jugador de gran talento, entrenador de la Quinta y con una gran mano izquierda a la hora de dirigir la orquesta. Su fichaje por el Madrid, arrebatándolo al Barça, es todo un relato épico. También es hijo de esta ciudad el alero Cristóbal Rodríguez, otro mítico con un palmarés de lujo. Y de Tenerife vino uno de los mejores centrocampistas de nuestra historia, Fernando Redondo.
Santa Pola: pequeña localidad costera del litoral alicantino, lugar favorito de descanso de Don Santiago Bernabéu para disfrutar con su esposa, doña María Valenciano. Cuantas grandes decisiones de Bernabéu se habrán cocinado contemplando el horizonte del mar o en sus largas horas pescando en su modesta barca. Pueblecito emblemático del madridismo.
Santander: la capital cántabra vio nacer al jugador que rompió el empate a 3 en la final de 1956 en el Parque de los Príncipes, Marcos Alonso Imaz, conocido por todos como “Marquitos”. Ese fue el gol que creó el mito del Real Madrid en Europa, y la primera piedra para una trayectoria impecable que provoca la admiración tanto de los aficionados como de los antis. En la provincia cántabra nacieron varios ilustres (además de Gento), entre los que destacaremos sobre todo al gran Carlos Alonso, “Santillana”, el mejor cabeceador de toda la historia del fútbol mundial, y a Iván Helguera, con 2 Copas de Europa en su palmarés.
Santiago: capital de Chile. Y patria chica de “Bam Bam” Zamorano, gran artillero chileno que destacó en la célebre liga ganada con Valdano en 1994-95. Su hat trick en el 5-0 al Barcelona a principios de 1995 ya es un pasaporte suficiente para estar en un lugar destacado de la historia madridista.
Sao Paulo: cuna del mejor lateral izquierdo de toda la historia, Roberto Carlos, tricampeón de Europa y cañonero implacable desde fuera del área. No lejos de allí, a unos 40 kilómetros, en Sao José dos Campos, nació Carlos Enrique Casemiro, uno de los tres fabulosos integrantes de la célebre CMK, la mejor combinación posible de centrocampistas. En Sao Paulo, el Madrid de baloncesto ha sido capaz a lo largo de su historia de ganar nada menos que 2 Copas Intercontinentales, en 1981, ante el Sirio brasileño y en 2015, a doble partido jugado en la capital paulista, ante el Bauru local.
Sarajevo: en la capital de Bosnia, cuando aún formaba parte de Yugoslavia, vio la luz por primera vez Mirza Delibasic, un auténtico malabarista del balón, playmaker y gran tirador. Todos los que compartieron vestuario con él dicen que, como persona, era todavía más excepcional, si cabe.
Skopje: la capital de Macedonia del Norte fue la sede de la Supercopa de Europa de 2017, en la que el Real Madrid conquistó su 4º galardón en un buen partido ante el Manchester United de José Mourinho, por 2-1, con goles de Casemiro y de Isco Alarcón.
Sibenik: esta pequeña localidad costera de Croacia, muy turística, vio nacer al gran talento por entonces yugoslavo, Drazen Petrovic. El Real Madrid pudo disfrutarlo solo una temporada, la 1988-89, en la que le vimos brillar ante los Celtics de Boston en el Open Mc Donald’s en Madrid, ganar una Copa del Rey ante el Barcelona en La Coruña, y ganar el duelo de pistoleros a Óscar Schmidt en la final de la Recopa 1989: 62 puntos del croata (por 44 del brasileño) en un fabuloso partido que acabó, tras prórroga, en un 117-113 contra el Caserta italiano.
Siracusa: situada en el norte del estado de Nueva York, es el lugar de nacimiento del jugador más laureado de la historia del Real Madrid de baloncesto. Clifford Luyk. 14 ligas, 10 copas, 6 copas de Europa, 3 copas Intercontinentales. 33 trofeos. 16 años como jugador. Y también entrenó al primer equipo, ganando 2 ligas, por ejemplo. Enorme pívot. E inolvidable su genuino gancho.
Stuttgart: sede de la victoria de la 4ª Copa de Europa, quizás la menos conocida porque es de la que menos se habla. Se dice que fue una victoria fácil, 2 a 0 ante el Stade de Reims (que volvía a caer en una final ante los nuestros), con goles del Fifirichi Enrique Mateos, que anotó en el minuto 1, y el segundo de Di Stéfano, en el minuto 2 de la segunda parte, que acabó por desmoralizar por completo a los galos. Todo ello ante 80.000 espectadores que abarrotaron el Neckarstadion.
Szekesfehevar: en esta población tan difícil de escribir (suponemos que también de pronunciar), logró el Madrid en 1985 un 0-3 ante el Videoton local, resultado que encauzó la final, a doble partido, de la Copa de la UEFA. Supuso el primero de los dos entorchados de este torneo. Míchel, Santillana y Valdano ejecutaron al conjunto húngaro.
Tarrasa: no sale esta localidad barcelonesa por ser ahí donde nació el jardinero Hernández, sino porque fue testigo de una victoria en la Copa de España de baloncesto en el ya lejano 1966, ante el Joventut de Badalona por el ajustado tanteo de 62-61.
Tolosa: otra localidad guipuzcoana más que vio nacer a uno de los nuestros. En este caso, Xabi Alonso, objeto de deseo desde su explosión en la Real Sociedad en 2003, llegó en 2009 en el año del retorno de Florentino. 5 temporadas de magisterio en el centro de campo con liderazgo y un dominio de los pases de más de 30 metros que lo hicieron único.
Totana: esta pequeña localidad murciana es la cuna del gran Miguel Porlán, Chendo, gran lateral derecho y muy cercano amigo personal. Además de ello, Chendo es toda una institución en el club, donde trabaja desde hace más de 40 años, tras 16 temporadas como jugador del primer equipo (19 títulos, entre ellos 7 ligas y 1 copa de Europa) y 23 como delegado, en los que ha vivido en primera fila, entre otros títulos, 6 copas de Europa, todas desde la Octava hasta la Decimotercera.
Trondheim: esta ciudad noruega, en el centro del país y ya cercana al Círculo Polar, fue sede de la Supercopa de Europa de 2016 que empezó con el gol de Marco Asensio apenas unos minutos después de haber debutado en partido oficial. Finalmente se consiguió el título ante el Sevilla, tras remontar un 1-2 con un gol decisivo de Ramos que nos llevó a la prórroga, en la que Dani Carvajal logró la diana de la victoria (3-2) cuando parecía que todo se decantaba hacia una tanda de penaltis.
Utah/Salt Lake City: casi imposible encontrar con la letra U una población muy relacionada con el Real Madrid. Aparece pues el estado de Utah, en Estados Unidos, y en cuya capital, Salt Lake City, se fundó en 2004 el club Real Salt Lake. Lo curioso de la palabra “Real” dentro de la denominación es fruto del enorme madridismo de su entonces presidente, Dave Cheketts. Ambos clubs tienen acuerdos de colaboración para crear escuelas de fútbol en el estado de Utah.
Utrecht: en la ciudad holandesa del famoso tratado, nació Wesley Sneijder, un futbolista total, de gran talento, que nos obsequió una gran temporada 2007-08 bajo las órdenes de Schuster. Luego, su rendimiento bajó y fue traspasado al Inter. Pero sin duda que dejó buen sabor de boca, aparte de haber sido merecedor al Balón de Oro en 2010, con triplete en el Inter y subcampeonato del Mundial con Países Bajos.
Valencia: la capital de la Comunidad Valenciana es posiblemente el mejor amuleto para el Real Madrid en las finales de copa de fútbol. 4 triunfos, desde la célebre final de 1936, con el mítico paradón de Ricardo Zamora al disparo del culé Escolá; pasando por la de 1993, 2-0 al Zaragoza con goles de Butragueño y Lasa; hasta las dos más recientes, el 1-0 de 2011 con el que el Madrid de Mourinho ponía fin a una mala racha ante el Barcelona de Guardiola; o el 2-1 de 2014, con goles de Di María y uno prodigioso de Bale para doblegar al Barça del Tata Martino. En 1973, Valencia alojó una final de copa de baloncesto, en la que el Madrid trituró al Estudiantes por 44 puntos de diferencia: 123-79.
Valladolid: la capital castellanoleonesa vio el triunfo madridista en la final de la Copa del Rey de 1982, un 2-1 ante el Sporting de Gijón, con goles de Jiménez en propia meta y del onubense Ángel de los Santos, entrenado el equipo por Luis Molowny. Cabe destacar que un ilustre madridista, campeón de ligas y de la Copa de Europa de 1980, compañero en La Galerna y amigo personal, Joe Llorente, nació en Valladolid.
Vélez-Málaga: esta localidad cercana a Málaga es la patria chica de otro buen amigo, que es una de las grandes leyendas del Real Madrid de todos los tiempos, Fernando Ruiz Hierro. Primero gran centrocampista goleador, acabó siendo uno de los mejores centrales de siempre. Capitán de la Novena Copa de Europa, con un palmarés envidiable, con 18 títulos, entre ellos 3 Copas de Europa.
Viena: capital de Austria y origen de nuestro flamante defensa central, David Alaba. Este hecho compensa —en parte— que en Viena perdió el Madrid la final de 1964 ante el Inter (3-1), lo que supuso precipitar el final de Di Stéfano como jugador del club.
Vigo: la ciudad gallega aparece por haber presenciado la victoria madridista en la Copa de España de baloncesto de 1957, ante un equipo que ya desapareció, el Aismalíbar catalán, por un resultado corto: 54-50.
Vitoria: la capital vasca es la ciudad natal del gran Pablo Laso, entrenador del primer equipo de baloncesto desde hace 10 años y ya con 21 títulos logrados, además de haber tenido el mérito de “resucitar” a la afición madridista y que se vuelva a entusiasmar como en los años 60, 70 y 80 del pasado siglo. Vitoria también asistió al milagro más grande que ha visto quien les escribe, al remontar el Madrid 8 puntos en un minuto y ganar la liga de 2005 con el célebre triple de Alberto Herreros. También en la capital alavesa se ganó la copa de 2017 ante el Valencia, con un Llull demoledor que fue elegido MVP de la final (97-95).
Washington DC: la capital estadounidense vio nacer a “Sweet Lou”, el gran Louis Bullock, un jugador por el que valía la pena pagar la entrada en una época no particularmente brillante para nuestros colores. Aun así, logró dos ligas ACB y un recuerdo imborrable de magnífico triplista, logró ganar 3 concursos de triples en la ACB.
Wolfsburgo: la ciudad sede de la Volkswagen, pese a que vio una dura derrota de los nuestros (2-0 en ida de cuartos de Champions), supuso finalmente un acicate para que Zidane lograse, tres meses después de hacerse cargo del equipo, una remontada histórica (3-0 con hat trick de Cristiano) que encauzó el camino hacia la Undécima que se consiguió ganar en Milán.
Yidda o Yeda: la segunda ciudad más importante de Arabia Saudita, tras la capital Riyad, fue sede de una exótica Supercopa de España en 2020, semanas antes de la llegada del temible COVID-19. El Madrid se proclamó campeón tras deshacerse del Valencia en semifinales (inolvidable gol olímpico de Toni Kroos), e imponerse al Atlético de Madrid, una vez más en una final, tras una tanda de penaltis (4-1). Inolvidable para la historia fue la jugada en la que Valverde, faltando pocos minutos, fue expulsado por zancadillear a Morata, que se lanzaba como un cohete hacia la portería de Courtois.
Yokohama: la ciudad nipona, vecina a la capital de Japón, asistió al estreno mundial de una maravilla creada por Raúl González, el regate del “aguanís”, que sirvió para que el Madrid anotara el 2-1 ante el Vasco de Gama carioca, y lograse su 2º entorchado de Copa Intercontinental 38 años después del primero ante Peñarol de Montevideo. Repitió título y sede en 2002, con exhibición de Ronaldo Nazario ante el Olipmia de Asunción paraguayo (2-0). Y hubo un tercer título, ya con la denominación de Copa Mundial de Clubes de la FIFA, en 2016, ante el Kashima Antlers local, tras una complicada prórroga, por 4-2, con triplete de Cristiano, tras haber eliminado en semifinales al América mexicano.
Zadar: todo madridista debería saber que en esta ciudad croata nació, en septiembre de 1985, el gran Luka Modric. Único jugador capaz de hacer frente a la dictadura Messi-Cristiano, cuando en 2018 ganó merecidísimamente el Balón de Oro y el The Best de FIFA, tras una temporada en la que ganó su 4ª Copa de Europa en Kiev y llevó a su selección a la final del Mundial de Rusia. No se entiende la historia del Madrid sin Modric, muchos ya le ponemos de titular indiscutible en un XI histórico de nuestro club. La mitad del milagro de Lisboa no olvidemos que salió de sus pies. O el tercer gol del Madrid en Cardiff 2017. Y tantos y tantos momentos más…
Zaragoza: la capital de Aragón es de inolvidable recuerdo por la Copa de Europa de baloncesto de 1995, la Octava, en la que Sabonis y Arlauckas, con buenos escuderos como Antúnez, Isma Santos y Cargol, dieron buena cuenta del Olympiakos griego. Habían pasado 15 años desde la Séptima en Berlín. La mayor victoria del Madrid fuera de casa en liga tuvo lugar en la capital maña, un 1-7, en 1987, guarismo que fue superado por un 2-8 en La Coruña 27 años después, en 2014.
Zurich: en esta ciudad suiza tiene su sede la Fédération Internationale de Football Association, es decir, la FIFA. Aparece aquí esta ciudad ya que nadie debe de olvidar que dicha organización tuvo como miembros fundadores distintas federaciones nacionales de fútbol (Francia, Bélgica, Dinamarca, Suiza, Países Bajos y Suecia) y un solo club de fútbol, el Real Madrid. Hay que recordar que en aquel lejano 1904 todavía no existía la Federación Española de Fútbol (fundada en 1909) y que Carlos Padrós, como visionario de su época, tuvo la habilidad suficiente para que el Madrid estuviera en la mesa de negociación y de creación de un organismo mundial que pretendía poner orden en los orígenes del balompié.
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