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Ramón Mendoza, madridista por un balonazo

Ramón Mendoza, madridista por un balonazo

Escrito por: Alberto Cosín10 octubre, 2020
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Ramón Mendoza alcanzó la presidencia del Real Madrid en 1985. Anteriormente había estado presente en la junta directiva de Santiago Bernabéu como vocal y en la de Luis de Carlos como vicepresidente segundo, dimitiendo más tarde de ambos cargos. Su madridismo se remontaba a cuatro décadas más atrás, poco después de concluir la guerra civil española. Y fue un hecho curioso el que le hizo abrazar el sentimiento blanco.

El pequeño Ramón creció sin madre al fallecer esta durante la operación de cesárea de su parto. Mientras que su padre Luis, un administrativo del Banco de Vizcaya, se libró de luchar en la guerra civil por un problema cardiaco. Hasta entonces, los Mendoza vivían en el barrio de Chamberí de Madrid, donde el niño, tanto en su casa como en la calle, dibujaba con tiza un campo y jugaba a las chapas con los grandes futbolistas de la época.

Su madridismo se remontaba a cuatro décadas más atrás, poco después de concluir la guerra civil española. Y fue un hecho curioso el que le hizo abrazar el sentimiento blanco

El fútbol en directo lo conoció tras la guerra y el primer campo que visitó fue el de Vallecas. Por entonces, el Atlético Aviación ejercía como local debido a los daños que sufrió el Metropolitano durante el conflicto bélico. El equipo lo dirigía Ricardo Zamora y fue el ganador de las dos primeras Ligas del régimen franquista. Mendoza acudió al estadio vallecano a partir de 1940 y sintió una gran emoción por el deporte rey que ya no abandonaría. En una de esas visitas se alojó en el fondo sur cuando, en un saque de esquina mal lanzado, recibió un pelotazo en la cara que le produjo dolor anímico y físico al romperle las gafas. Tanto, que dejó de ir a ver al Atlético Aviación y al fútbol durante varios meses. El lanzador de aquel córner fue Aníbal Cabanzón «Manin», un veloz extremo derecho cántabro que fichó por el Aviación para la temporada 1940-1941 procedente del Racing de Santander.

Manin Atlético Aviación

El reencuentro con el balompié de un imberbe Ramón Mendoza fue al otro lado de la ciudad, en el estadio de Chamartín donde jugaba sus partidos el Real Madrid. De primeras acudió para ver algunos partidos al tendido de los sastres; un montículo grande de arena a las afueras del campo desde donde se podía seguir el juego. Pero pronto accedió a las entrañas de Chamartín para contemplar el partido desde el interior. Su bautizo se produjo en un choque liguero de los merengues contra el Español, donde Lecue, Ipiña, Alday o Chus Alonso militaban en el cuadro blanco.

Su emoción crecía con el paso de los días para retornar al estadio madrileño y ver al club capitalino. Según contó en una entrevista «la mayoría de las veces iba al viejo Chamartín en el tope del tranvía, en el número siete, que me dejaba cerca del campo».

Pero fue en el homenaje a Quincoces el 8 de diciembre de 1942 cuando definitivamente abrazó el madridismo. Aquel día se rindió tributo a uno de los iconos del fútbol español y de la historia del Madrid, un zaguero portentoso considerado el mejor del Mundial de Italia de 1934 que fue internacional en 25 ocasiones y disputó 205 partidos oficiales con la zamarra blanca durante ocho campañas. Para la ocasión, se celebró un partido amistoso con el Atlético Aviación como rival.

Real Madrid homenaje a Quincoces

Las crónicas hablan de un lleno a reventar en Chamartín que se tradujo en una formidable recaudación de 130.000 pesetas. Uno de aquellos aficionados era Ramón Mendoza que tenía apenas 15 años. La ovación al salir al campo Quincoces fue tremenda y continuó cuando en el césped se unió junto a sus amigos e inseparables Zamora y Ciriaco para posar ante los fotógrafos y los espectadores presentes. Antes del pitido inicial del colegiado Montero (auxiliado en las bandas por Ramón Melcón y Pedro Escartín), el defensa se fue al mediocampo donde le esperaba una ristra de regalos con copas, banderines, trofeos, gallardetes y un ramo de flores que le entregó el Atlético Aviación y que el jugador vasco llevó a la grada para dárselo a su esposa. A su lado estaban Ciriaco o el capitán rojiblanco Mesa, que no se vestirían de corto, y también el presidente blanco Antonio Santos Peralba o el célebre secretario técnico del club Pablo Hernández Coronado.

Pero fue en el homenaje a Quincoces el 8 de diciembre de 1942 cuando definitivamente abrazó el madridismo

Quincoces disputó sus últimos minutos acompañado de Zamora, Mardones en la zaga, Sauto, Rovira, Ipiña, Alonso, Pruden, Moleiro, Botella y un Epi del Valencia que fue invitado al duelo. En el descanso, tras una buena actuación, fue sustituido por el zaguero Arzanegui y el público requirió una despedida final suya volviendo al centro del campo para recibir más aplausos y vítores. Tras los 90 minutos, el marcador reflejó un empate a dos con sendos dobletes de Pruden por el equipo merengue y Adrover por las filas del Atlético Aviación. «El Divino» Zamora, que era el técnico rojiblanco, hizo disfrutar de nuevo al público con diferentes paradas de mérito precisamente a varios de sus pupilos.

Homenaje a Quincoces

Ramón Mendoza regresó en tranvía a casa entusiasmado y esa misma temporada se hizo socio del club. Para dicho trámite, le acompañó a la sede social del club blanco en la calle Fernanflor el hermano de una asistenta que tenían en casa, un albañil de acentuado madridismo.