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La inauguración de Chamartín

La inauguración de Chamartín

Escrito por: Alberto Cosín17 mayo, 2020
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Gracias a una idea de los hermanos Otamendi, que fundaron la Compañía del Metro, se inauguró en Madrid, en 1923, el estadio Metropolitano. Un campo para que jugasen allí todos los equipos madrileños. Sin embargo, el Real Madrid se desmarcó de ese destino y quiso ser el único titular del estadio. Sucedió al mismo tiempo tuvo que abandonar el campo de O´Donnell porque el propietario quería construir en esos terrenos. La opción elegida para jugar la temporada 1923-1924 fue el velódromo de Ciudad Lineal, que tenía hierba y era propiedad de los herederos de Arturo Soria que se lo alquilaban al club blanco.

Campo de O'Donnell.

Aquel curso ir a ver a jugar al Madrid era una odisea por lo alejado que estaba el campo del centro de la ciudad y la dificultad de conexión de los transportes. Primero había que coger un tranvía hasta Ventas y desde allí subir a otro muy lento que llegaba a Ciudad Lineal. El club notó los efectos económicos en cuanto a aforo y venta de entradas y se planteó construir un estadio propio tras la idea de Carlos López-Quesada, antiguo jugador del equipo merengue. Cerca del final de 1923 el Real Madrid arrendó por el plazo de seis años y medio con opción a compra, unos terrenos situados a 900 metros del Hipódromo de Villa Rosa, limitados por la carretera de Chamartín de la Rosa que proseguía hasta Alcobendas, el camino de Maudes y la calle Alfredo Calderón. Su tamaño era de unos 400.000 pies cuadrados y permitía erigir un estadio de fútbol de más de 15.000 espectadores que también podría acoger otras instalaciones deportivas.

Proyecto de Chamartín.

Las obras exigieron un crédito de 500.000 pesetas que fueron avaladas por López Quesada, el presidente Pedro Parages y los directivos José de la Peña y Bernardo Menéndez. Para el diseño y la dirección de las obras se pensó en José María Castell, otro exjugador de la entidad madridista entre 1913 y 1919. En el proyecto figuraba una tribuna cubierta con 4.000 asientes y las mejores comodidades de la época. Además, se planeó la construcción de ocho pistas de tenis (una de ellas con tribunas), campos de entrenamiento de fútbol y hockey, un gimnasio y una piscina que pudiese albergar competiciones de natación y waterpolo. Santiago Bernabéu ya comenzaba a tener funciones en el club y se le encargó ser el organizador de los equipos de la entidad, trabajando codo a codo con Jesús Aguirre, que era el inspector de las obras, y con el conde Gomar, su hermana Josefina, Tomás Lara y Rafael Hernández Coronado que tenían funciones similares a Bernabéu en el resto de secciones deportivas.

El nombre popular quedó como Chamartín pese a que el oficial fue “Campo del Real Madrid F.C”. Atrás quedó la opción de nombrarlo “Parque de Sports del Real Madrid”. La construcción fue a buen ritmo y, aunque se pensaba que se terminaría en abril, la inauguración no fue hasta el mes de mayo. Aquella locura faraónica para muchos en el lejano 1924 veía la luz y suponía un paso de gigante hacia el futuro del club, siempre con una mirada visionaria en el tiempo.

Se buscó un equipo de categoría para la inauguración y se encontró al Newcastle. Los ingleses llegaron a España contratados por la Federación para que se midieran en dos amistosos preparatorios a la selección que debía participar en los Juegos Olímpicos de París. El partido ante el Real Madrid el 17 de mayo de 1924 para inaugurar Chamartín estuvo en medio de esas dos contiendas ante el equipo nacional. Las ‘urracas’ eran un cuadro de prestigio en las islas y un conjunto muy potente que dos semanas antes se había proclamado campeón de la FA Cup en Wembley contra el Aston Villa. En sus filas se encontraban el defensa internacional inglés Charlie Spencer, el extremo izquierdo Stan Seymour o los escoceses con presencia en la ‘Tartan Army’ Neil Harris (delantero) y Billy Cowan (interior).

El periódico de la época El Liberal describió así todas las instalaciones de Chamartín:

La previa del duelo estuvo protagonizada por los honores rendidos a José María Castell, el arquitecto de tan magno proyecto. Y el saque de honor correspondió al Infante Don Juan. El estadio con una capacidad para 22.000 espectadores mostraba un aspecto extraordinario en las gradas y además el «tendido de los sastres», un montículo de tierra desde donde se podía ver el terreno de juego sin pagar, se encontraba con numerosos aficionados.

El Real Madrid formó con Martínez; Manzanedo, Escobal; Contreras (Merino 45´) Mengotti, Mejía; Muñagorri, Valderrama, Monjardín, Félix Pérez y Del Campo. En las filas inglesas por su parte se alinearon Frazer; Curry, Hunter; MacKenzie, Wilf Low, Gibson; Jimmy Low (Spencer 45´), Clark, Thompson, McDonald y Mitchell.

La crónica de El Imparcial explicó así el juego y los goles: “El primer goal es obra del medio izquierdo Gibson que lanza un pelotazo imparable que se cuela por un ángulo superior. En esta parte los profesionales ingleses dominan sensiblemente, pero Mejias, Escobal y Martínez, insuperables, muy bien secundados por Manzaneado, despejan los momentos de peligro. Después de una escapada de Muñagorri, que centra, se produce un penalty protestado por los ingleses. Monjardín, que se encarga de lanzar el castigo, tiene el gesto de echar la pelota fuera, actitud que aplauden los castigados y el público”.

En la segunda parte, el Madrid remontó gracias a Félix Pérez, un “portento de jugador quien fuerza la meta inglesa por dos veces, casi seguidas, después de lucir su dribbling inimitable. Los dos shoots no son potentes, sino colocados con una gran suavidad”. El tercer tanto fue obra de Muñagorri en “uno de los indescriptibles avances, centra muy cerrado y el guardameta inglés intenta despejar; pero con tan poco acierto, que introduce la pelota en su propio marco”. A poco del final descontó el Newcastle con un “goal conseguido por el interior izquierda (McDonald), en clarísimo offside”.

El partido concluyó 3-2 y los ingleses quedaron muy “sorprendidos” del nivel de Escobal y “entusiasmados con Félix Pérez”. Además, descubrieron a “Del Campo como un extremo rapidísimo y de fácil centro y a un portero seguro, bien colocado y con un aplomo casi británico como Martínez”. Y respecto al gesto de Monjardín manifestaron “que ha sido el único caso en que un enemigo ha demostrado esta caballerosidad”.