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Yo escuché (dos veces) correr a Juanito

Yo escuché (dos veces) correr a Juanito

Escrito por: Jesús Bengoechea10 noviembre, 2015
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Muchas personas cuya edad supere los (digamos) cuarenta y cinco años os contarán que el 23 de febrero de 1981 vieron en directo, por la televisión, cómo Tejero interrumpía la sesión de investidura de Calvo Sotelo para tomar el Congreso de los Diputados como parte de un golpe de estado destinado a acabar con la democracia.

Es mentira. No lo vieron en directo. TVE, el único canal del momento, no lo estaba emitiendo. Tal vez lo escucharon en la radio, que retransmitía en vivo la investidura. Pero la primera vez que vieron esas imágenes, que tanto ellos como vosotros tenéis grabadas en la retina, hubo de ser en diferido.

Muchas personas de aproximadamente la misma edad, o incluso algo más jóvenes, os contarán que el 11 de diciembre de 1985 vieron en directo, por la televisión, cómo Juan Gómez Juanito abandonaba el terreno de juego del Santiago Bernabéu, siendo sustituido por Martín Vázquez, en los últimos minutos del Real Madrid-Borussia Monchengladbag y en medio de un júbilo electrizante. El partido agonizaba y el Real Madrid, con dos goles de Valdano y dos de Santillana, había prácticamente culminado una remontada imposible.

Es mentira. A menos que estuvieran en el estadio, no lo vieron en directo. TVE, el único (sí) canal del momento, había rehusado dar el partido en directo con la razón oficiosa de que el Madrid estaba “eliminado” y el choque carecía de interés. Las míticas imágenes de Juanito dando saltos y soltando puñetazos al aire, mientras recorría la distancia que separaba el centro del campo del banquillo, solo llegaron a los espectadores en diferido.

juanito

En realidad ni unos ni otros mienten. Solo están equivocados. Hay cosas tan icónicas, imágenes tan indeleblemente grabadas en el subconsciente colectivo que se han impuesto con una falsa impresión de inmediatez. Las imágenes de Juanito celebrando en su camino a la banda son (y, en un sentido opuesto, también las de Tejero) tan nuestras que hay una parte de nuestro subconsciente que se niega a aceptar que nos llegaron con retraso. Pero fue así, y no importa que tras leer este artículo aún haya (que lo habrá) quien sostenga lo contrario.

En un torpe reconocimiento de su error de bulto (cometido probablemente por algún otro antimadridista, precursor de Paloma del Río), TVE emitió la totalidad del partido en diferido a la madrugada, cuando ya era 12 de diciembre de 1985, una fecha que, a diferencia de su víspera, no significa absolutamente nada en el calendario.

Por entonces había, decimos, un solo canal de televisión, y aunque existían otras radios lo cierto es que, en materia deportiva, solo una contaba de verdad: aquella en la cual hablara por las noches Supergarcía, aka Butano.

Tras poner a caldo a TVE por no haber dado el partido más que en su versión enlatada, García tuvo el acierto de plantear su programa nocturno de la fecha como una revisión del encuentro que él mismo había estado narrando horas antes en su emisora, a través de la cual yo había seguido el épico y finalmente glorioso desarrollo del mismo. Butano encendió la tele y en torno a ella congregó a varios de los protagonistas del partido para volver a contarlo entre todos y ante los micrófonos, mirando la retransmisión que a posteriori, como digo, hizo el ente público. No recuerdo qué jugadores del Madrid, héroes de la fresquísima hazaña, casi recién duchados, pasaron aquella noche por Antena3 para ofrecer sus comentarios. Sé que estuvo Gallego. Me parece que estuvo Maceda. Y desde luego estuvo el gran héroe, que fue el primero en llegar: Juanito.

-El partido que hoy ha hecho Juan Gómez Juanito ha sido de estrella del fútbol mundial- fue el modo de saludar al de Fuengirola por parte de García.

No recuerdo lo que Juan respondió a esto. Probablemente le dio las gracias y, en mayor o menor medida que las gracias, la razón al mismo tiempo. Juanito no era modesto ni humilde. Ni falta que le hacía. Ningún auténtico héroe del madridismo lo ha sido. Algunos de los que ya nos han dejado, ahora que lo pienso, se distinguían de modo muy particular por no serlo en absoluto.

Imagino que esa noche mucha gente vio el partido del Madrid enlatado mientras, minimizado el volumen de la televisión, escuchaba a García con Juanito y otros protagonistas. Yo no tuve esa suerte. Era un niño y al día siguiente había que madrugar para ir al colegio, por lo que mis padres no me permitieron verlo en la tele. Me tuve que conformar con escucharlo clandestinamente en la radio, otra vez, tal y como había hecho para seguirlo en vivo.

Sí. Por extraño que parezca expresarlo en estos términos, la realidad fue esta: en pocas horas, escuché el partido dos veces, y en ambos casos sin una mala imagen que echarme a las córneas. Bien es verdad que la segunda audición estuvo aderezada con comentarios ilustrísimos, casi como esos DVDs que permiten la opción de ver la película completa mientras oyes al director desentrañando cada plano.

No sé si guardo más alta en la jerarquía de mis afectos retrospectivos la primera o la segunda escucha del partido. Cada una tiene su encanto, como podéis imaginar.

Al final de la segunda narración de la remontada, por supuesto, llegó también el momento de la salida del campo de Juanito. En esta segunda ocasión, Juanito salió del campo y casi sale, por el mismo precio, de la radio también, un poco como salía de la pantalla el personaje de Jeff Daniels en La rosa púrpura del Cairo.

-Hola, chaval. Te he observado y sé que ya llevas varias veces escuchándome salir del campo. Vamos a tomar algo y me cuentas tu vida.

García –lo reconozco- ya me había suministrado un escalofrío de emoción en su primera transmisión de la carrera de Juanito hacia la banda. Me había contado los saltos incontrolados, los puñetazos al aire. En su versión revisited, la cosa resultó más conmovedora aún. Ahora tampoco veía a Juanito correr, no veía a Juanito saltar, no veía a Juanito golpear el aire y no veía a Juanito descerrajar sobre el mundo esa sonrisa de orate desencajado y exultante. Solo escuchaba, a través de los auriculares en mis oídos, la mezcla inextricable de risas y sollozos ahogados de la gente (jugadores, público, el propio Butano) congregada en torno a la pantalla de la televisión en aquella emisora de radio.

No sé cuándo vi por primera vez, de verdad, a Juanito correr hacia la banda para ser sustituido por Martín Vázquez. Probablemente fuera en el telediario del día siguiente. Os aseguro que Juanito corrió y saltó hacia la banda exactamente como yo le había escuchado (en dos ocasiones) hacerlo con anterioridad.

Todavía, de hecho, lo hace exactamente igual.

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea

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