Con todas las miradas y análisis puestos en la comparecencia de Florentino, quizá sea el mejor momento para levantar el vuelo y tomar perspectiva atendiendo a otra crisis en Chamartín, la de la campaña 80/81.
Les resumo el cuadro. Estamos en el segundo año de Boskov, el técnico que vino a revolucionar la preparación del Real Madrid y, en consecuencia, de la élite del fútbol español: para respiro y admiración de sus pupilos, entrenaba con el balón como mejor amigo, dejando atrás el severo método de repeticiones marca de la casa Miljanic.
Hablamos del Madrid de los García, un equipo que mezclaba a los poseedores del célebre apellido (García Navajas, García Cortés García Hernández y Pérez García), con tipos cuajados como García Remón, Camacho, Juanito, Santillana, Stielike o Ángel, más la figura declinante de Laurie Cunningham, que comenzaría su calvario ese año tras un primero notablemente prometedor. “Una época gris, sin mucho gasto en fichaje”, como resumió años después el futuro seleccionador nacional, Vicente del Bosque.
¿Es una crisis pasajera? ¿Es una crisis con tintes de dramatismo? ¿Falta una base? ¿Cuál es el futuro inmediato del equipo?
La campaña ya empezó torcida, o algo más que eso, con la estruendosa goleada de Bayern (9-1) en el en el Olímpico de Múnich. Señales, que pensaría Juanito. Pero fue desde el 30 de noviembre del 80 (derrota en el Camp Nou por 2-1) hasta el final de enero del año siguiente cuando llegó el clímax del suelo blanco. En ese tramo, el Madrid sólo ganó tres partidos ligueros de nueve, a lo que se sumó una dolorosa derrota en el Calderón (3-1) y cuatro empates (Zaragoza, Valladolid, Athletic y Murcia).
Es entonces cuando RTVE se aventura en los dominios de la antigua Ciudad Deportiva para rastrear las posibles causas de la crisis madridista. Lo primero que llamará poderosamente la atención del lector es que por entonces, en momentos de zozobra, tanto el armador del barco, el presidente Luis de Carlos, como el capitán, Boskov, y el marino para el que ninguna mar era lo suficientemente brava, Juanito, dieran la cara, no rehuyeran las preguntas y explicaran su versión de la situación.
Hoy parte de la labor periodística se basa en interpretar canciones de los estados, elucubrar con las poses fotográficas y reproducir comunicados —por ser generosos— que los futbolistas tienen a bien publicar en sus redes. “¿Es una crisis pasajera? ¿Es una crisis con tintes de dramatismo? ¿Falta una base? ¿Cuál es el futuro inmediato del equipo?”, se pregunta el locutor. Responde Boskov: “Queremos renovar al equipo, hacerlo más joven, pero esto requiere de mucha paciencia”. Y admite: “Hay una frase en España, que es que ‘los resultados mandan’, por lo que si el Madrid sigue con los mismos resultados, no puede renovarme el contrato”.
Ahí queda eso. Turno para Juanito, que no pierde ocasión para rebelarse (¿dejó de hacerlo alguna vez?) ante las críticas: “Siempre estamos en que si el Madrid falla, lo hace por dos o tres jugadores, pero todos tenemos la misma categoría”. Y para cerrar, el presidente trata de alejar las cerillas del bidón de gasolina: “Está difícil, pero no imposible (…) Las medidas de urgencias pasan por ganar partidos”.
El equipo perdería los dos siguientes encuentros de Liga (Espanyol y Sporting), pero en las 11 jornadas restantes lo ganaría todo menos uno, la visita a la Real, triunfador a la postre de aquella Liga por golaverage en el dramático final interruptus de Valladolid. En la Copa de Europa, contra pronóstico, eso sí, se colaría en la final que terminó con el título en las vitrinas del Liverpool por un solitario gol en día en el que ni Stielike ni Juanito ni Cunninghan, los diferenciales, llegaron en buen tono físico.
Respecto a Boskov, continuaría para dimitir en marzo de 1982. Le sustituyó Molowny, que logró (como siempre) reconducir la situación conquistando la Copa frente al Sporting de Gijón.
“¿Es una crisis pasajera? ¿Es una crisis con tintes de dramatismo? ¿Falta una base? ¿Cuál es el futuro inmediato del equipo?” Preguntas de entonces, preguntas de ahora.














Es una mini crisis que si no se hacen los movimientos adecuados puede ir a peor, lo triste es que el Madrid no está con problemas económicos que tienen que tirar con lo que puesto, tiene buenos jugadores pero mal equipo, preferiría que fueran menos individualidades pero mejor equipo y el aficionado quedara con la sensación de que el equipo lo ha dado todo aunque sea pese a perder, eso y la sempiterna lucha contra el CTA, laliga, mediapro, los medios antis etc etc etc