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El Madrid de Los Galácticos

El Madrid de Los Galácticos

Escrito por: jorgeneo25 marzo, 2020
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Mi Real Madrid favorito

El Real Madrid de Los Galácticos

 

Domingo. 16 de julio 2000. 8:35 de la mañana. Casa de Florentino Pérez

Florentino saboreaba el café mientras leía con media sonrisa el titular que avanzaba El Mundo: “Pérez afronta las elecciones al Real Madrid de hoy con más votos por correo que Sanz”.

Venía de perder las anteriores elecciones contra Mendoza por 600 votos y estaba dolido. Para un ingeniero de caminos como él, no haber tenido controlado todo fue un varapalo importante. Así que se presentó a estos nuevos comicios con los 2 cabos que 5 años atrás había dejado sueltos, bien atados: el voto por correo y el populismo: “O viene Figo o me haré cargo personalmente de todas las cuotas de socio del año que viene.”

Sabía que aquello sería demasiado argumento para una afición acostumbrada a tenerlo todo menos una cosa: el capitán del Barça.

Domingo. 16 de julio 2000. 9:55 de la mañana. Casa de Lorenzo Sanz

-Lorenzo, son casi las 10 de la mañana y aún sin duchar. ¿Es que no piensas ir a votarte hoy? - Le espetaba a Sanz su mujer mientras subía las persianas del dormitorio.

-Mari Luz, somos los actuales campeones de Europa. Con todo lo que les he dado, no hay nada que temer. Tómate el café tranquila, que ahora voy yo.

“Me he quedado dormido”, dijo a los periodistas cuando pasadas las 12:30 llegaba al estadio a votar. Muchos le esperaban allí desde las 10:00. Sanz, para esas horas, ya conocía que el día se le haría muy largo. Y se le notaba en la cara.

Mientras todo el planeta pensaba que la entrada 2000 supondría un cambio en el funcionamiento de la mayoría de aparatos electrónicos, lo que de verdad cambió fue algo que llevaba siglos sin tocarse: la forma de gestionar un club de fútbol.

La llegada de Florentino al Real Madrid derivó en una de las etapas más disruptivas que se conocen en cualquier deporte. Solo la penetración de internet en prácticamente todos los hogares y el auge, por tanto, de las rrss y las plataformas digitales provocaron el siguiente movimiento relevante dentro del mundo del fútbol.

“Soy un pecho frío, no me dejo llevar por las emociones.” contestaba Florentino cada vez que le tachaban de soso en alguna entrevista. Esa fue su carta de presentación en un entorno acostumbrado a ver cómo dos presidentes de clubes rivales se jugaban la recaudación del día de partido al tute y celebrarlo cuando ganaba el tuyo.

Creo que algún artículo anterior ya lo he contado: la primera vez que cambié mi forma de ver el fútbol fue tras aquel 0-2 que nos metió el Ajax de Van Gaal en el 95. Hasta ese día yo entendía la figura del entrenador como mero alineador que trataba de preparar bien físicamente a los jugadores y poco más. Entendía que los resultados dependían en gran parte de la calidad de los jugadores y que solo la suerte (o el árbitro) podría equilibrar un partido entre dos equipos de diferente nivel.

Veía los partidos como el que se sienta a ver la fórmula 1: al terminar la primera vuelta ya sabes quién va a ganar la carrera.

La segunda vez que cambió fue durante la era galáctica.

De un plumazo, toda esa racionalidad que me había envuelto tras ver jugar al equipo de Van Gaal, me la quitó un ingeniero de caminos, qué paradoja, para hacerme sentir como un niño otra vez.

Canal + ya acaparaba casi todos los programas de deporte y habían convencido a casi todos los aficionados de que sin un modelo de juego como el del Barça no eras nada.

De hecho, ya nos pasó antes. En 1991 comienza en Canal+ El día después” de la mano de Nacho Lewin y Michael Robinson y, con ellos, los resúmenes de fútbol internacional y el concepto de “fútbol caviar” se empezaron a colar en los salones de nuestras casas. Fue entrar Michael Robinson en pantalla y salir Radomir Antic del banquillo madridista siendo campeón de invierno y acumulando récords que tardarían 20 años en superarse. ¡Solo porque no daba espectáculo! Habían fabricado en el ambiente un problema que no existía.

Tras dos Copas de Europa casi seguidas, el nuevo mantra del momento era que el Madrid no tenía modelo de juego.

“El Modelo será traer los mejores jugadores del planeta al Real Madrid” ¡Pam!

“Joder con el Ingeniero” se oiría decir por los pasillos de La Ser. Allí estaba por aquel entonces Paco González, que días antes había pronosticado que Florentino había lanzado lo de Figo porque sabía que no iba a ganar.

Porque eso fue aquella maravillosa etapa: una serie de noticias encadenadas que sonaban tan increíbles que solo los que volvíamos a mirar el fútbol con ojos de niño podríamos creer.

eso fue aquella maravillosa etapa: una serie de noticias encadenadas que sonaban tan increíbles que solo los que volvíamos a mirar el fútbol con ojos de niño podríamos creer.

Luego aquello se estudiaría en Harvard, claro, pero antes aquí, por seguir de cerca la actualidad del Real Madrid te convalidaban un año de Económicas. Los periodistas, principalmente, empezaron a entender las diferencia entre lo que es inversión y lo que es gasto. Aprendieron que aquello de “lo importante es vender camisetas” era un eufemismo ¿cómo iba a pagar el Madrid el fichaje de Zidane vendiendo solo sus camisetas, almas de cántaro?

Florentino cogió un club que cobraba 500.000 euros por un amistoso y tres años después su caché no bajaba de los 3 millones.

Se multiplicaron por seis los ingresos por publicidad y patrocinios y se duplicaron los obtenidos por taquilla. En poco tiempo el Madrid pasó de ser un club cuyo candidato a la presidencia aspiraba a traer a Diego Tristán, a ser el club más rico del mundo con Figo, Zidane, Ronaldo, Beckham y Raúl como imagen de marca. ESO, y no hacer cola en la tienda de Adidas, era vender camisetas.

Y no solo aprendieron de economía, también empezaron a conocer mundo. Porque otra de las incorporaciones que trajo aquel ingeniero al fútbol fueron las giras por los continentes asiático y americano. “Queremos evangelizar el mundo con la marca Real Madrid”

“Queremos evangelizar el mundo con la marca Real Madrid”

Un movimiento que también puso a prueba la fe de los propios aficionados españoles, a los que nos hizo madrugar por primera vez en pleno agosto para ver jugar a nuestro equipo. Cambiamos las tristes imágenes con neblinas de los entrenamientos en Lausanne por campos gigantescos llenos de aficionados de todos los colores (valga la literalidad) y baños de masas al bajar del avión.

Parecíamos Los Beatles. Y aunque ganar dejó incluso de ser lo importante, aquella etapa nos dejó siete grandes títulos: dos Ligas, una Copa de Europa, una Copa Intercontinental, dos Supercopas de España y una Supercopa de Europa. El Barça, que ya solo dominaba las noches de Canal + y era ejemplo de historiadores y analistas de lo que era hacer bien las cosas, entró en un periodo de penumbra entre 2000 y 2005 que casi se lleva a Xavi Hernández por delante.

Economía, viajes por el mundo y fiscalidad. Porque ¿quién sabía hasta entonces lo que eran los derechos de imagen? Si hasta el gobierno sacó una ley que acabó también asociándose a la marca Real Madrid: Ley Beckham.

El Madrid,y su mensaje, inundaba ya a toda las áreas de la sociedad. Los hombres ya no solo querían aparentar ser tipos duros. “Mamá, yo quiero ser metrosexual”. No tengo el dato, pero no tengo duda que el paso de Beckham por el Real Madrid supuso, en paralelo, un aumento de ventas de las cremas faciales para hombres, de los tintes de pelo, de los tatuajes… Depilarse el pecho empezó a ser tendencia.

Todo esto solo lo consiguió parar, años después, Leonardo Di Caprio saliendo en bañador y con una tripa del tamaño del gemelo de Roberto Carlos. El Fofisano se acabaría imponiendo dando fin a una etapa inolvidable.

La ciudad de Madrid también cambió su fisonomí