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El Madrid de Miljanić

El Madrid de Miljanić

Escrito por: Nacho Faerna17 noviembre, 2019
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El Real Madrid de Miljanić

 

En cuanto Pepe Kollins me propuso escribir un artículo sobre el Madrid de Miljanić le contesté inmediatamente que sí. A continuación, me pregunté: ¿quién demonios es Miljanić? Claro que su nombre me sonaba, que hubiera jurado que había sido futbolista y entrenador del Madrid, y que al ver su foto en internet lo reconocí a la primera. Recuerdo que cuando lo veía en la tele, o en los periódicos, siempre me asombraba el parecido que guardaba con el portero de mi casa, José, al que siempre llamé de usted, porque entonces, estamos hablando de los primeros años setenta, los niños todavía llamábamos de usted a los adultos. Lo que yo no entendía es a qué se refería Kollins con “el Madrid de Miljanić”, desconocía por completo que ese señor que se parecía a José hubiera dado nombre a una época. Tras comprobar en qué temporadas entrenó el sosias de mi portero al equipo de mi vida, le dije a Kollins: “entiendo que te refieres al Madrid de los alemanes Netzer y Breitner” (estoy convencido de que en aquellos días nadie se refería al equipo como “el de tal o cual entrenador”; eso son cosas recientes y afeables, como tutear a todo el mundo). Ese Madrid, efectivamente, me contestó nuestro redactor jefe.

No voy a engañar a nadie, a mí me habría gustado mucho más escribir sobre el Madrid de la Quinta, por ejemplo, que es el de mi adolescencia, o sobre el inmediato anterior, el del esplendor de los Juanito, Santillana y Stielike, pero en la lista de colaboradores de La Galerna hay sin duda muchos compañeros que harían mayor justicia a esos equipos y, sin embargo, pocos lo suficientemente veteranos como para recordar el Madrid de la mitad de los setenta. Y los que recuerdan esa época mejor que un servidor tendrán que ocuparse, lógicamente, del glorioso Madrid de las décadas previas.

Así que a mí me toca hablar del Madrid de Miljanić. O sea, del de Paul Breitner, que aterrizó en nuestro país en 1974, cuando yo tenía siete años. A esa edad uno conocía muy bien las caras de los jugadores gracias a los cromos que nos cambiábamos en el recreo, porque en la tele en blanco y negro de menos de veinte pulgadas y 625 líneas de definición, distinguir a los tuyos de los otros ya era un milagro. Salvo con Breitner. Hasta en plano general eran fácilmente reconocibles su melena afro, su mostacho y sus patillas. Menudo impacto supuso su aparición en aquella España en la que aún mandaba Franco. Algunos jugadores de aquí, como Camacho y Santillana, llevaban los pelos largos, a la moda de la época, pero la pelambrera de Breitner era de protagonista de película de blacksploitation o de personaje de la portada del Boot Power de Mungo Jerry, disco que Número Uno compró por aquel entonces. Es cierto que antes que Breitner había llegado Netzer, pero su pelo lacio y rubio, aunque le llegaba a los hombros, no era tan revolucionario como la mata rizada oscura de su compatriota. Breitner tenía pinta de tipo peligroso, es decir, fascinante. Porque para un niño de siete años, al menos para los de los setenta, el peligro era mucho más atractivo que la virtud. A pesar de los esfuerzos de los curas que nos preparaban para la Primera Comunión, nosotros preferíamos ser comanches o piratas antes que santos.

Algunos jugadores de aquí, como Camacho y Santillana, llevaban los pelos largos, a la moda de la época, pero la pelambrera de Breitner era de protagonista de película de blacksploitation o de personaje de la portada del Boot Power de Mungo Jerry

Cuentan que, al llegar a Madrid, Breitner pidió ayuda a un empleado del club para enmarcar un cuadro. Resultó ser un retrato de Mao Tse-Tung. El empleado fue a informar a Saporta, que le dijo que se hiciera el loco, pero Breitner volvió a preguntar y tuvieron que llevar a enmarcar la lámina del líder comunista chino a un lugar de confianza donde nadie hiciera preguntas. El alemán también llevaba el Libro Rojo a los entrenamientos, se fotografiaba posando junto a posters del Che Guevara y donó medio millón de pesetas a la caja de resistencia de los trabajadores en huelga de Standard Eléctrica. Insisto, con Franco aún vivo. La última Bundesliga que ganó con el Bayern antes de fichar por el Madrid la celebró bailando completamente desnudo en una piscina, lo que motivó un gran escándalo en Alemania cuando se divulgaron las fotos. Pero ahí no acaba la cosa; en 1975, todavía bajo la disciplina del Madrid, actuó en un chucrut western rodado en Almería, cuyo título original fue “Potato Fritz”, sobre unos colonos alemanes en Montana. No volvió a actuar, pero no abandonó sus ideas políticas. Cuando regresó a jugar a su país escribió un artículo en la revista Stern criticando a la Junta Militar de Videla en vísperas del Mundial 78. No pedía que la selección dejara de participar en la Copa que se iba a celebrar en Argentina, pero reclamaba a la Federación Alemana que hiciera pública su repulsa a la dictadura de los generales.

La ominosa temporada previa a la de la llegada de Breitner al club fue la de la Liga de Cruyff y el 0-5 en el Bernabéu. El Madrid acabaría octavo en la clasificación. Miljanić sustituyó a Molowny y el fichaje de Breitner parece que contribuyó a dotar al equipo de una solidez de la que carecía. Y funcionó: dos Ligas consecutivas y una Copa del Generalísimo. Sequía, no obstante, en Europa. Hacía una década de la última orejona y habrían de pasar otras dos antes de la siguiente. Breitner estuvo tres años en Madrid y se volvió a Alemania con su Libro Rojo de Mao bajo el brazo, Franco inhumado y el país preparando las primeras elecciones democráticas. Estuvo una temporada en el Eintracht Brunswick y regresó en la siguiente a su Bayern de origen.

Miljanić sustituyó a Molowny y el fichaje de Breitner parece que contribuyó a dotar al equipo de una solidez de la que carecía. Y funcionó: dos Ligas consecutivas y una Copa del Generalísimo.

Se fue Miljanić y vino de nuevo Molowny, con su apellido de personaje de James Joyce. En realidad, el canario nunca se había ido del todo porque había seguido en la secretaría técnica. Para sustituir a Breitner trajeron a un compatriota suyo, Uli Stielike. Nunca tuvo mucho pelo, pero sí un mostacho imponente. Uli no parecía una estrella del rock; en realidad no habría desentonado entre los trabajadores en huelga de la Standard. Tanque, le llamaban, y es verdad que daba la misma tranquilidad en la retaguardia que un Panzer. Me gustaba mucho, Uli. Como yo era muy malo jugando al fútbol, en la plazuela del barrio me ponían siempre en la defensa, y en esa posición imitaba a Stielike creyéndome también infranqueable. Mi único recurso técnico, sin embargo, era reventar la pelota y despejarla lo más lejos posible. Los balonazos amenazaban las ventanas de los bajos de mi bloque y la integridad física de los niños en los carritos que paseaban sus madres. Éstas se quejaban a José, mi portero, y él nos confiscaba el balón. “Perdone, José, le prometo que no volvemos a dar ningún balonazo. ¿Nos devuelve la pelota, por favor?”. Como yo ayudaba a su hija Maricarmen con los deberes, José siempre acababa apiadándose de mí.

Escribano, Sabido, Juanito, Wolff, Stielike e Isidro, 1977.

Es por culpa del parecido entre mi portero y Miljanić que me pica la curiosidad y busco más información en internet sobre el yugoslavo. Descubro que siempre quiso ser entrenador, que incluso en sus años de jugador ya se empezó a preparar para su verdadera vocación. Era un enamorado de la táctica y estudió en profundidad el juego del Brasil de Pelé que ganó el Mundial de Suecia en el 58. Adaptó esas enseñanzas cuando por fin pudo dirigir a su equipo de toda la vida, el Estrella Roja, y después con la selección yugoslava. Tras el Mundial de Alemania, Bernabéu le fichó para el Madrid. Miljanić Introdujo la figura del preparador físico y revolucionó tácticamente el equipo. Ganó la Liga a falta de cinco jornadas y le sacó doce puntos al segundo clasificado, el Zaragoza.

Tras el Mundial de Alemania, Bernabéu le fichó para el Madrid. Miljanić Introdujo la figura del preparador físico y revolucionó tácticamente el equipo. Ganó la Liga a falta de cinco jornadas

Lo que quiere decir que, después de todo, claro que hubo un Madrid “de Miljanić”. Al César lo que es del César. El pelo afro de Breitner y sus extravagantes veleidades maoístas no me permitían ver los méritos de quien recomendó su fichaje y modernizó el funcionamiento del club. De hecho, no parece exagerado afirmar que hubo un antes y un después del paso de Miljanić por el banquillo. Le agradezco a Pepe Kollins que me haya permitido averiguarlo.

 

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Nacho Faerna, el tercero de los Faerna, es guionista y novelista. O sea, que le pagan por mentir, pero tuitea gratis en @nachofaerna y @galernafaerna. Se toma muy en serio sus placeres. El Madrid es uno de ellos.

4 comentarios en: El Madrid de Miljanić

  1. Soberbio. Por ponerle un "pero", ninguna referencia al chándal de Miljanic (¡ese chándal Adidas, por Dios!). Convenga vd en que la merecía. Salvo la anécdota del western de Breitner, creo que ya sabía de casi todas las restantes andanzas de nuestros héroes que refiere. Pero escribe vd tan bien, que es como si las leyera por primera vez. Muchas gracias por su artículo.
    PS: mi portero se llamaba Teodoro, también se parecía a Miljanic (quizás todos esos probos empleados se le parecían por aquel entonces) y, por supuesto, también le hablaba de vd. Faltaba más.

    1. Gracias por sus palabras, José Manuel. Ese chándal sería ahora una joya vintage, efectivamente. Y quizá tenga razón en que el aspecto de Miljanic, esa recia austeridad no exenta de bonhomía, fuera común entre muchos españoles de la época. Un abrazo.

  2. Si no recuerdo mal, la ominosa temporada previa a la llegada de Breitner y de Miljanic, es decir, la del 0-5 en el Bernabeu ante el Barça de Cruyff, fue también la de la Copa del General Ísimo (*) ganada al Barcelona en la final, por un glorioso 4-0, en el Vicente Calderón.
    Cuento esto porque el artículo ha avivado mis recuerdos, y por lo que supuso en aquella temporada la aparición de Cruyff. Con él en el campo, 0-5 en contra. Sin él, 4-0 a favor. De la humillación a la gloria en unos meses. Cruyff, jugador extraordinario, no volvió nunca a tener el impacto de su primera temporada. El Madrid de Miljanic recuperó el mando en la Liga.
    En la Copa del General, no se permitía que participaran los jugadores extranjeros. Sólo se permitía que jugaran "nacionales", supongo que por ser la Copa un torneo de mucha "raigambre" hispánica. Hacía sólo una temporada que se había permitido el cupo de dos extranjeros por equipo, que en el Barcelona fueron Cruyff y Cholo Sotil, y en el Madrid, Netzer y Oscar "Pinino" Mas.
    El entrenador que ganó esa copa fue Luis Molowny, que acababa de sustituir a Miguel Muñoz después de catorce temporadas como entrenador.
    En la siguiente temporada, vino Miljanic, con su chándal y la novedad del preparador físico. Y se trajo a Paul Breitner, reciente campeón del mundo con la Alemania Federal, que sustituyó a Oscar Mas, y dio mucho mejor resultado.
    Es curioso, que en el Madrid presidido por Bernabéu, y con el General vivo, se fichó a un entrenador procedente de la Yugoslavia de Tito, y a un alemán con fama de maoista.
    Para que luego digan.
    Saludos.
    (*) Lo del General - Ísimo era una broma que se gastaba en el Cambio 16.

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