Las mejores firmas madridistas del planeta

Mi buen amigo Jesús Bengoechea conoce de sobra mi admiración por don Alfredo (hablando de fútbol, no hace falta añadir el apellido): una devoción absoluta, totalmente justificada, porque lo vi jugar, desde su llegada al Madrid, y que no admite reparos.

Exactamente igual que me sucede, en otros terrenos, con Cervantes, Shakespeare, Velázquez y Juan Sebastián Bach. Por eso, con cierta timidez me apuntó Jesús que algunos estaban ya comparando a Bellingham con Di Stéfano.

Di Stéfano frente al Manchester United. 2 de octubre de 1959

Creo que se sorprendió cuando le respondí que no me parecía una de esas exageraciones, fruto del apasionamiento y de la ignorancia, a las que son tan dados los hinchas. (¡Cuántas veces he escuchado afirmar, con toda seguridad, que Messi es el mejor jugador de toda la historia!). De hecho, me parece lógica esa comparación, si la colocamos en sus debidos términos.

Ante todo, conviene tener claro que seguir una línea artística semejante no equivale a haber alcanzado el mismo nivel. Un ejemplo literario: de un escritor se puede decir que sigue una línea cervantina, y no quevedesca, sin que eso suponga creer que su categoría es equiparable a la de Cervantes ni a la de Quevedo. De un pintor, que sigue la línea de Velázquez y no la de Goya. De un dramaturgo, que intenta seguir a Chejov más que a Shakespeare…

Claro está que este tipo de semejanzas sólo pueden plantearse a partir de un alto nivel de excelencia artística; si no, serían sencillamente grotescas.

La realidad es que, este año, viendo jugar a Bellingham, yo también me he acordado a veces de don Alfredo. Más allá de los sentimientos de cada cual, lo interesante es intentar concretar algunas cualidades que los dos comparten.

La realidad es que, este año, viendo jugar a Bellingham, yo también me he acordado a veces de don Alfredo

Desde el primer día, sin que nadie lo planteara explícitamente, el jugador inglés se ha convertido en el jefe, el mandamás del equipo: la realidad se impone, a veces, de modo indiscutible. Él no sólo juega sino que hace jugar al equipo. (Exactamente igual que don Alfredo).

A todos nos ha sorprendido su capacidad goleadora, con la que no contábamos; se une a su dominio, en el centro del campo, y hasta a su capacidad defensiva. Domina todas las facetas del juego: la visión de la jugada, el pase, el regate, el desmarque, el remate con el pie y con la cabeza. Conduce el balón con naturalidad, con elegancia. Tiene potencia, zancada, resistencia. Es un verdadero comodín, un jugador completo. (Lo que era don Alfredo).

A todo eso, añade el jugador inglés unas cualidades personales que potencian todavía más sus virtudes técnicas: carácter, entrega, capacidad de sacrificio, espíritu de lucha, no rendirse ante las dificultades…

Bellingham

Algo más. Haciéndolo todo muy bien, no es un virtuoso de nada y no se adorna con florituras —salvo algún caño o algún regate en espacio mínimo, solamente si son útiles para salir de una situación complicada.

Un par de ejemplos más, dos jugadas que le he visto hacer, esta temporada. Una tarde, recibió un balón en el borde del área. Cerca de él estaban un par de compañeros, bien marcados; delante, cinco o seis contrarios, tapando cualquier posible avance. Con toda tranquilidad, Jude hizo un leve quiebro de cintura, se deshizo así del marcaje más cercano, colocó el balón con sutileza y, sin pensarlo ni un momento, lanzó un potente disparo que entró por la escuadra.

Lo que más me admiró de la jugada fue la sencillez, sin ningún adorno superfluo, con la que resolvió brillantemente la difícil situación. Esa difícil facilidad es el privilegio de los más grandes. Automáticamente, pensé: así lo hubiera hecho don Alfredo; también, Puskas, y muy pocos más, por la rapidez, para ver la jugada, y por la eficacia, para realizarla. (El húngaro estaba al máximo nivel como rematador pero no en otras facetas del juego).

El hecho de poder comparar a Bellingham con el mejor futbolista de toda la historia es ya un síntoma claro de su valía

Otra tarde, estaba Bellingham de interior izquierdo cuando vio venir hacia él al defensa derecho contrario, lanzado al ataque. No le dejó pasar, lo arrinconó contra la línea lateral y el defensa acabó perdiendo la pelota. Eso también lo hubiera hecho don Alfredo… y muy pocos delanteros más. De hecho, él lo hizo, la primera vez que jugó contra el Madrid: cuentan que ese detalle, junto a sus otras cualidades, fue lo que acabó de decidir a don Santiago para contratarlo.

No se me ocultan las evidentes diferencias entre Bellingham y Di Stéfano. La principal está clarísima: don Alfredo llegó al Madrid, creo, con 27 años, en su madurez futbolística. Jude tiene ahora sólo 20 años: como el título de la estupenda película de Fernando Fernán Gómez, “la vida por delante”.

Nadie sabe todo lo que podrá lograr Bellingham a lo largo de su carrera. Dependerá de la suerte, de las lesiones, del equipo, de él mismo… Pero es lógico que los madridistas estemos ilusionados con él.

Hoy por hoy, no es aventurado pensar que va a conquistar muchos trofeos y que va a marcar una época, en el Real Madrid. Lo mismo que hizo don Alfredo. El hecho de poder compararlo con el mejor futbolista de toda la historia es ya un síntoma claro de su valía.

 

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Entrevista publicada el 21 de junio de 2023 y reflotada el 6 de febrero de 2024 con motivo del fallecimiento de Miguel Ángel.

 

Hay veces que a uno le cuesta encontrar palabras para describir lo que le hace sentir la humanidad excepcional de algunas personas que la vida pone en tu camino.

Acabo de hablar con Miguel Ángel y las emociones siguen apoderadas de mi ánimo por el ejemplo de un hombre que siempre fue ejemplar en su trayectoria en el club, por la rectitud de sus principios, su honradez extrema y su generosidad como maestro con unos pupilos que aún lo adoran. La charla discurre con la naturalidad de dos colegas que se conocen desde hace muchísimo tiempo, que han compartido puntos de vista sobre el deporte y la vida bajo el prisma de un admirador rendido a un deportista soberbio por su actitud.

Lo llamo hoy, porque es el día internacional de la ELA, y él se ofrece amable y dispuesto. ¡Y me devuelve la llamada, disculpándose!

Miguel Ángel

—¡Qué grande que eres!  —Le contesto directamente—. ¡Qué detallazo! —Y el corazón me da la primera punzada.

—Perdóname, José Luis, que hoy me está llamando mucha gente, muchos amigos que se acuerdan de mí e intento dar mis opiniones —me dice con su educación proverbial.

—Me alegré mucho de verte el otro día en el acto de la Fundación y el Foro Luis de Carlos —le digo.

—Y yo también —me contesta con voz alegre—. ¿Cómo estás evolucionando de la operación? Ya me ha dicho Paco (mi hermano) que vas bien —segundo dardo: siquiera antes de que yo me interese por lo suyo, él me está preguntando.

Le cuento que voy muy bien y que estoy muy animado.

—Justo ahora tengo días de mucho trabajo con los campus de verano —le digo.

—Eso está muy bien: hay que tener la cabeza distraída, que eso ayuda mucho a relajarte y a estar tranquilo. El órgano más importante que tenemos es la cabeza. Mientras funcione vamos tirando —añade con optimismo.

Sin la ELA me habría perdido el afecto de tanta gente

—Me acuerdo que siempre me lo comentabas en las charlas que teníamos sobre deporte en la ciudad deportiva.

—¡Claro! —se reafirma—. El deporte te va formando y las cosas muchas veces no salen como se quiere. La cabeza bien sentada te refuerza cuando vienen los momentos malos. Entonces es cuando te ayudan los amigos y el cariño que recibes, además. Como ahora. ¿Sabes qué le decía al médico el otro día?

Conociéndolo, por el tono de voz que adopta en ese momento, sé que va a contar algo.

—Pues le decía qué suerte tengo de estar como estoy, porque estoy recibiendo toneladas de cariño que no esperaba. ¡Me siento muy afortunado! —Tercera punzada, ahora casi un aguijonazo, en el que se mezclan la admiración con un movimiento en las entrañas—. Y el médico va y me dice: “¡Qué loco estás!, pero me alegro de que estés tan bien. ¡Y no lo repitas!”.

Y Miguel Ángel me lo explica con voz alegre, con el tono de quien ha descubierto una emoción nueva, enormemente gratificante. «Es que, si hubiera muerto en un accidente de coche, me habría ido sin conocer todo el afecto de tanta gente ¡Me lo habría perdido!».

—Me siento muy arropado, y nunca me lo esperé. Te da una fortaleza enorme, aunque también te agota. Terminas agotado, pero muy reforzado de cabeza. El otro día estuve en mi peña de Orense y ¡no he besado a tanta gente en mi vida! —exclama, casi alborozado, y reímos juntos.

Miguel Ángel Tottenham

Para terminar, un deseo: «es muy triste que las familias con algún enfermo de ELA no tengan ningún tipo de ayuda de las administraciones públicas. Un enfermo cuesta 6.000 euros al mes, porque esta es una enfermedad de casa, no de hospital —que no te admiten—, y hay muchas familias que no tienen tanto dinero. ¡Si sólo somos 900 familias en toda España! Pero los políticos viven en una nube en la que no afloran los sentimientos. Hay una propuesta de ley que ha sido rechazada cuarenta y nueve veces y que ahora, las entidades privadas, que son las únicas que nos ayudan, tienen que empezar a mover. Por eso es normal que gente que ya está muy enferma pida que les dejen marchar, que ya no quieren ver tanto sufrimiento». Esta vez, la punzada (he perdido la cuenta de cuántas llevo) duele de veras, aunque en seguida Miguel Ángel retoma la vía del optimismo.

Un enfermo cuesta 6.000 euros al mes, y hay muchas familias que no tienen tanto dinero. ¡Si sólo somos 900 familias en toda España! Pero los políticos viven en una nube en la que no afloran los sentimientos

«Tengo mucho apoyo del club y de mis antiguos compañeros. Casi me abruma la forma en la que están conmigo a diario.  Y eso me hace estar muy fuerte anímicamente. Aunque, en ocasiones, me rebelo ante mi incapacidad y me cabreo. Pero me dura poco y vuelvo con más fuerza».

Creo que ya es suficiente. Llevamos un buen rato hablando y no quiero monopolizarlo en un día como este y, mucho menos, fatigarlo. Entre sonrisas y buenos deseos, nos despedimos. Pronto nos veremos, y, hasta entonces, el ánimo revuelto por las emociones me acompañará, porque Miguel Ángel es un ejemplo espléndido de la nobleza que puede albergar la naturaleza humana. Gracias, Gato, mil gracias.

 

Entrevista: José Luis Llorente Gento.

 

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Entrevista publicada el 20 de febrero de 2021 y reflotada el 6 de febrero de 2024 con motivo del fallecimiento de Miguel Ángel.

 

Os ofrecemos la segunda parte de la entrevista que sostuvimos Joe Llorente y yo con Miguel Ángel, el mítico guardameta de... iba a escribir de los 70 y 80, pero considerando que Miguel Ángel ficha por el Madrid en 1968 mejor no hablar de décadas por no abrumar. No en vano hablamos (junto al mismísimo Paco Gento y Manolo Sanchís) de uno de los componentes del ilustre triunvirato de futbolistas con 18 temporadas en activo en el primer equipo del Real Madrid, récord absoluto en la competición. 

En esta segunda parte de nuestra conversación, Miguel Ángel ofrece una lección impagable sobre las peculiaridades y evolución histórica del puesto de portero, nos sigue deleitando con anécdotas y se pronuncia sobre temas de actualidad, a veces gallegueando con la suficiente sutileza como para que su opinión quede apenas sugerida, a veces respondiendo sin el menor tapujo. Pocas personas conocen mejor el club. Hay que resaltar que Miguel Ángel, además de hacer gala de sus cualidades felinas durante casi dos décadas, con posterioridad fue también preparador de porteros y responsable de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid gracias a Lorenzo Sanz. 

Disfruten. 

 

Miguel Ángel, ¿qué diferencias encuentras entre el desempeño de la posición de portero en los tiempos en que jugabas y ahora? 

Las funciones del puesto han sido rediseñadas en muchos detalles. ¿Os habéis fijado en que ahora vemos muchos más goles desde larguísima distancia, a veces desde el centro del campo? Es lógico, los porteros juegan mucho más adelantados. Antes apenas se veían ese tipo de goles. Ahora mismo solo se me viene a la mente uno que le metió Santi Aragón al Barcelona en una Supercopa, o aquel de Lasa. En estos días, son mucho más frecuentes. Hay más intentos y también más goles. Es consecuencia directa del adelantamiento de los porteros.

Una de tus características era la decisión para cubrir toda tu área en los balones aéreos. Yo era un niño, pero recuerdo un Clásico contra el Barça en el Nou Camp. Ganamos 1-2, con goles de Santillana y Juanito (p) y Quini para los culés. Pero lo que a mí me impactó fue verte correr como una flecha lejos de la portería para blocar un balón aéreo mucho más allá del punto de penalti. ¿Cuánta confianza hay que tener para hacer eso? 

Por eso comenté en otro momento que el haber jugado mucho al baloncesto me ayudó enormemente a ser mejor portero. Ese cálculo de las distancias es muy importante. El cerebro tiene que estar entrenado para prever a qué punto exacto va a ir el balón por el aire tras un centro, o en un rebote. El baloncesto te da eso. También me ayudó a ello un ejercicio que Miljanic trajo de Yugoslavia. Se trataba de estar media hora o cuarenta minutos lanzándote a blocar balones aéreos imaginarios.

¿Cómo?

Lo que oyes. “Os tenéis que imaginar que el extremo entra por esa banda y mete un centro al punto de penalti, y debéis calcular la trayectoria del balón y salir a blocarlo". Todo eso pero sin balón.

¡Y sin extremo, entiendo! 

Y sin extremo. Se trataba de ensayar mil veces el gesto técnico. Yo le decía: “Pero míster, esto es aburridísimo”. Él respondía: “El cerebro entrena, y de este modo en los partidos ya no tenéis que pensar”.

Llegabais ya pensados de casa. 

Exactamente. Miljanic tenía toda la razón.

“Soy mourinhista y capellista”

¿Cuántas veces te han preguntado quién ha sido el mejor portero de la historia del Madrid? 

Hombre, de la historia... Uno de los primeros que yo vi siendo un niño fue Juanito Alonso. También algo a Domínguez. Entrar a valorar cuál ha sido el mejor de los que he visto desde entonces entraña dificultad.

No nos galleguees, Miguel Ángel. (Risas).

Es que es un juicio que depende de muchos favores, entre ellos de la importancia que le des al estilo de juego del equipo. Si hablamos de un Madrid muy ofensivo, el portero de ese equipo habrá tenido que asumir muchos riesgos. Si tú en tu valoración le das muchos puntos a esa dificultad extra, entonces para ti ese portero puede que haya sido el mejor. En mi época el portero estaba un poco más arropado, sentías a tus compañeros más cerca. Ahora se juega más alegre. Comparar porteros de etapas tan diferentes de la historia del fútbol es tarea ardua. ¿Cómo valoras quién reúne más méritos cuando el fútbol disputado en esas etapas es tan diverso, alcanzando todos esos matices a la posición de guardameta?

¿No te vas a mojar un poco? (Risas). 

Ya dije en otro momento que tengo en altísima consideración a Mariano García Remón. Tenía unas condiciones fabulosas. De los más recientes, Iker Casillas tiene un historial que no se puede poner en duda y que refrenda su calidad. Un portero que a mí me encantaba, y al cual el club no supo aprovechar (o bien fue él quien no pudo aprovechar todo su potencial), fue Agustín. Antes hablábamos de porteros altos, y de cuándo el serlo puede ser una ventaja real. También en ocasiones es una desventaja, porque suelen tener menos reflejos y reaccionar más tarde a balones que van a ras de césped. Pero Agustín lo tenía todo. Era alto, pero su estatura no le impedía llegar a todos los balones por bajo.

Miguel Ángel Agustín Ochotorena

Agustín, a quien también entrevistamos, tuvo momentos gloriosos. Como una eliminatoria contra el PSV en Copa de Europa. No la que perdimos, sino al año siguiente, que les eliminamos. El famoso partido en el que Beenhakker sienta a Butragueño. Agustín salva al Madrid al final con una parada prodigiosa. 

Es que era muy bueno. Yo esperaba mucho más de su carrera de blanco. Luego estuvo en el Tenerife y le fue bien. Siempre consideré que tenía una proyección extraordinaria.

¿Y de los de ahora? 

Ahora se valora mucho el juego con el pie. Pero es que olvidamos que la ventaja del portero consiste precisamente en que puede cogerla con la mano en el área. Estamos perdiendo esa ventaja por esa obsesión del juego con el pie. Antes los preparadores te decían: “si a ti te chutan y la blocas, en ese preciso momento ya está atacando tu equipo”.  Y es cierto. Si hacías un buen saque, ya estabas montando un contragolpe que muchas veces acababa en una ocasión para tu equipo. Ahora no se enfatiza la importancia de agarrar el balón, y lo que se produce son rechaces, córners, nuevos remates. Yo entiendo que el estilo de fútbol ha cambiado y con él el estilo de los porteros. Pero lo cierto es que no entiendo muy bien estos cambios. La obligación antes era sujetar el balón e iniciar el ataque de tu equipo lo antes posible y del mejor modo posible. Ahora ya no sé ni si sigue existiendo la regla de los seis segundos para sacar. Los porteros esperan largos ratos para hacer los saques, y al final los ejecutan cuando todo el equipo rival está ya colocado. Habrá quien no esté de acuerdo conmigo, pero no lo entiendo.

“Veo tremendamente difícil que al Atleti se le escape la Liga”

Vayamos a la actualidad. ¿Tiene el Madrid opciones en Liga? ¿Y en Champions? 

En Champions sí. En Liga lo veo muy difícil. Veo muy complicado que el Atleti pueda perder la distancia que tiene, máxime cuando tiene un entrenador que no va a permitir relajamientos. Puede que nosotros ganemos mucho, de hecho así fue en el tramo postconfinamiento de la temporada anterior, pero no creo que además ellos puedan perder lo suficiente como para que los alcancemos. La ventaja es sustancial. Está difícil para el Madrid y también para el Barça. Además tienen a Marcos Llorente. No entiendo por qué salió del Madrid. Un chico con clase, con genio y con esa energía. Si yo hubiera sido entrenador, jamás le habría dejado salir. Siempre le habría querido en mi equipo. No digo esto porque ahora esté triunfando en el Atleti. A mí ya me gustaba, y mucho, cuando lo veía en la cantera. Y lo hizo muy bien en las pocas oportunidades que tuvo en el primer equipo. Pero en fin, los gustos de los entrenadores son muy diversos. Para mí era un jugador muy interesante. Coraje, entrega, fuerza y calidad.

En el Atleti, con todo, juega en un registro muy diferente al que nos tenía acostumbrados en el Madrid.

Sí, está jugando de media punta y creando mucho peligro. Parece que ha sido un hallazgo de Simeone. Marcos es muy bueno.

Miguel Ángel

Siguiendo con la actualidad, se rumorea que Zidane podría salir al final de la presente temporada. ¿Tú quieres que siga? 

A mí me gustan los entrenadores con mucha personalidad, los que transmiten al jugador la sensación de que si no da lo mejor de sí mismo va a ir al banquillo. El futbolista necesita sentir esa amenaza para rendir. Me gustan los técnicos que tienen nervio en la banda, que dan instrucciones continuas, que se mueven, que muestran liderazgo.

Parecería que estás describiendo a Mourinho...

Me gusta Mourinho. Su palmarés está a la altura de los mejores, es sencillamente indiscutible. Es un entrenador que tiene acreditado que sabe sacar lo mejor de sus jugadores a través de la exigencia. Y lo mismo puedo decir de Capello, con el que tuve la suerte de trabajar en el Madrid cuando yo era entrenador de porteros. Ese tipo de entrenador es el que a mí me gusta.

Ramos. ¿Se irá? ¿Se quedará? ¿Tú qué quieres que suceda? 

No sé qué ofertas tendrá. Imagino que el club tendrá estudiadas posibles alternativas en caso de que se marche. Ha sido un futbolista absolutamente determinante, sobre todo con esos goles decisivos. Si se marcha, le echaremos de menos más por los goles que marca que por los que evita.

 

Entrevista: J. Bengoechea, Joe Llorente

Primera parte de la entrevista a Miguel Ángel.

Entrevista publicada el 19 de febrero de 2021 y reflotada el 6 de febrero de 2024 con motivo del fallecimiento de Miguel Ángel.

 

Hay héroes que la perspectiva del tiempo agiganta, observados a través del prisma inalcanzable de la niñez. Por eso estoy nervioso cuando me siento junto a Joe Llorente y marcamos el teléfono de Miguel Ángel, el primer portero del Real Madrid del cual tengo recuerdos. Han pasado cuarenta años, pero en mi retina quedaron grabadas para siempre actuaciones sobrehumanas ante el Tottenham o el Barcelona, vuelos de palo a palo, salidas casi a la frontal del área grande para blocar el balón con un vuelo imponente.

 

Algunos madridistas se sorprenderán al saber que eres, junto a Paco Gento y Manolo Sanchís, el futbolista del equipo que más años estuvo en la primera plantilla: nada menos que 18 temporadas en activo. ¿Imaginas a alguien batiendo ese récord que compartes con esos otros dos históricos?

Es difícil. El fútbol ha cambiado mucho. Antes primaba una fidelidad a unos colores que ya no se considera tan importante. Tuve ofertas de otros equipos pero siempre había algo que me decía que debía continuar en el Madrid. Y el club entiendo que siempre estuvo contento conmigo porque de otro modo me habrían dado la patada, en aquella época eran los clubes quienes tenían la última palabra. Pero yo siempre quise quedarme en el club porque soy madridista desde que tuve uso de razón.

Llegas al club en el 68. El Madrid te vio jugar en un amistoso en el que estabas de prestado en el Celta. ¿Te fichan gracias a ese partido, o ya te venían siguiendo?

Según me contarían más tarde, los ojeadores que tenía el club por Galicia ya me tenían vigilado, pero no podía haber sido por mucho tiempo porque yo solo llevaba dos años jugando al fútbol.

¿Cómo es eso?

Sí. El Madrid me ficha con 19 años, pero yo hasta los 17 a lo que jugaba era al baloncesto.

El Madrid me ficha con 19 años, pero yo hasta los 17 a lo que jugaba era al baloncesto.

¿Qué me dices? ¿Solo jugaste al fútbol dos años antes de que te fichara el Madrid?

Así es. Yo solo había practicado el deporte de la canasta. Ten en cuenta que juntar cuatro amigos para jugar contra otros era mucho más fácil que juntar once. (Risas). Hasta los 17 al baloncesto, dos años en Tercera y de ahí al Madrid.

Guardarredes ilustres: Miguel Ángel

No creo que haya muchos casos como el tuyo. Es asombroso. A lo mejor es una pista para porteros en ciernes. Tal vez fuiste tan bueno por haber empezado lanzando al aro.

La experiencia del baloncesto me ayudó mucho para el puesto de portero. Agarrar bien con las manos un balón en movimiento es cuestión común a ambas disciplinas. El baloncesto es un magnífico aprendizaje para el cálculo mental de las trayectorias que puede surcar un balón en el aire, una escuela inmejorable para calcular los tiempos.

Una cosa que llama la atención cuando ves vídeos tuyos es precisamente tu capacidad para blocar la pelota en lugar de simplemente despejarla. Hay una parada legendaria en el Mundial de Argentina ante Austria que así lo prueba. ¿Se lo debes en parte al baloncesto?

En parte sí. Yo saltaba mucho. Pese a medir 1’75, y tener compañeros más altos que yo, era de hecho el elegido para el salto inicial en los partidos.

En los primeros años en el Madrid no jugabas mucho...

Así es. Tenía por delante a Betancort, un portero veterano y de enorme clase. Y también a Junquera, más joven, un bigardo asturiano que también me cerraba el paso. En aquella época no solía darse la alternativa a porteros ni jugadores en general siendo tan jóvenes como yo era por entonces.

Pese a medir 1’75, y tener compañeros más altos que yo, era de hecho el elegido para el salto inicial en los partidos

Se decía que Miguel Muñoz no te tenia en alta estima. Llegó a expresar en público su gusto por otro tipo de portero más alto y más sobrio...

Y, sin embargo, en su último año, conseguí convencerle y me dio la titularidad, hasta que el delantero del Zaragoza Ocampos me rompió un dedo, lo que me privó durante un tiempo de la titularidad. Con Molowny, en el 74, ganamos la Copa de España, en aquella goleada al Barcelona por 4-0 que nos sirvió para resarcirnos del 0-5 que ellos nos habían metido en el Bernabéu en Liga, el célebre partido de Cruyff y el Cholo Sotil. Yo aquel padecimiento no lo viví en primera persona porque tuve la suerte de estar lesionado (risas), pero sí jugué aquella histórica Final de Copa, la revancha. Tratamos de meter 5 pero no fue posible.

O sea, que el 0-5 había sido traumático...

Sí que lo fue. En aquella época pasábamos mucha más vergüenza ante humillaciones así. Yo creo que ahora, como juegan tantos partidos, casi no tienen tiempo de sentirla entre uno y otro. Tampoco de sentir alegría.

Con la llegada de Miljanic, se asienta tu continuidad.

En efecto. Estábamos tres guardametas: Junquera, García Remón y yo. Santisteban, el preparador de porteros, le pasó un informe a Miljanic indicando que yo era el que estaba más en forma. En el primer partido del año jugué yo (tras probarnos a los tres en tres amistosos) y, como ganamos y ganamos también los siguientes, ya no me moví de debajo de los palos. Logramos Liga y Copa aquel año.

Miguel Ángel Real Madrid

MIljanic fue una revolución. ¿Encontrasteis muchas diferencias entre sus métodos y los entrenadores españoles más clásicos que conocíais?

Totalmente. Sobre todo en lo físico. Con Muñoz hacíamos la clásica tabla de gimnasia dando vueltas al campo. A Miljanic ya se le vieron las intenciones en la pretemporada en Navaverrada. A las 8 de la mañana nos daba un zumo con miel y nos mandaba a correr por el monte. ¡Qué palizas! A la una nos sacaba del hotel y hacíamos abdominales con ramas, árboles y todo lo que pillaba en el bosque Radicic, su preparador físico. Y ya por la tarde, después de la siesta, la sesión con balón. Así día tras día. Las agujetas eran tan brutales que bajábamos las escaleras de espaldas. (Risas). Había jugadores que se quejaban: “¡Me estáis quitando años de fútbol!” Y Radicic decía: “Todo lo contrario, os los estoy dando”.

Tu rivalidad por el puesto con García Remón, que duró diez años, es legendaria. ¿Os llevabais tan bien como se dice?

Sí. Éramos rivales para llevar el número 1 pero nos respetábamos mucho. Era un portero extraordinario, con unas condiciones fabulosas. De no haber coincidido ambos en el Madrid, y no habernos turnado durante tantos años en un mismo club, tal vez cada uno habría jugado 600 partidos en su respectivo equipo. Era un atleta. Jugaba muy bien al baloncesto, al balonmano (de portero también)... Era... bueno, es, que ahí sigue aunque imagino que físicamente estará como yo ahora. (Risas).

Hoy en día, cuando se producen declaraciones de queja, no lo entiendo, como no entiendo las caras de cabreo al ser sustituidos algunos futbolistas. Pero chico, ¿no ves que tu compañero también tiene derecho a jugar?

¡Pero si estás hecho un chaval!

Me mantuve bien hasta que me rompí la cadera. Me pusieron una prótesis. Dicen que quedé bien. Lo cierto es que no me duele. Normal. ¿Cómo me va a doler si no es mía? Es artificial. (Risas).

¿Tu ejemplar rivalidad por el puesto con García Remón tiene un paralelismo en nuestros días? ¿O esos valores ya no se llevan?

Cuando no jugaba, jamás culpé a mis compañeros. Ellos peleaban por lo mismo que yo. Cuando el míster no me ponía en el once, lo único que pasaba por mi cabeza era trabajar el triple para que el entrenador me viera apto para jugar, y esto mismo es lo que yo recomendaba a cualquier compañero cuando lo veía mustio por su suplencia. Hoy en día, cuando se producen declaraciones de queja, no lo entiendo, como no entiendo las caras de cabreo al ser sustituidos algunos futbolistas. Pero chico, ¿no ves que tu compañero también tiene derecho a jugar? Con esa mala cara que pones al retirarte, no te estás metiendo con el entrenador, sino que indirectamente le estás diciendo a tu compañero que no tiene derecho a jugar porque tú eres mejor. Eso no lo admito. Cuando salgas del campo, anima a tu compañero para que lo haga mejor que tú, no le pongas caritas.

Miljanic, Miguel Ángel y García Remón

¿Qué recuerdos tienes de aquellos dos partidos (uno de fútbol y otro de baloncesto) que ambas secciones disputaron en 1972?

Fueron dos partidos a ida y vuelta, como una eliminatoria. El primero de fútbol y el segundo de baloncesto. Los de baloncesto cometieron el error de proponer que cada gol valiese diez puntos. Les metimos diez goles en la ciudad deportiva, de manera que llegamos al pabellón con una renta de 100-0. Estaban muy confiados en que nos ganarían por un margen de más de 100, no contaban con que algunos de nosotros (sobre todo García Remón y yo, también Pirri) nos defendíamos bastante bien botando el balón. Como no había límite de posesión, podías aguantar el balón el tiempo que te diera la gana, y eso es lo que hicimos la mayor parte del partido. (Risas). Aquellos gigantes trataban de quitarme la pelota pero yo, mucho más bajito, me escabullía con el solo objetivo de mantenerla y que pasara el tiempo. Además, metimos más puntos de los que ellos preveían (60). Al final, Raimundo Saporta, muy enfadado, decidió que aquel partido no se repetiría ningún otro año porque la sección de baloncesto quedaba muy mal. Nos dieron el trofeo pero dijo que no se jugaba más.

Los DEL BALONCESTO Estaban muy confiados en que nos ganarían por un margen de más de 100, no contaban con que algunos de nosotros (sobre todo García Remón y yo, también Pirri) nos defendíamos bastante bien botando el balón.

(Risas) Ferrándiz dice que Muñoz le engañó...

No le engañó. Ellos mismos cometieron la torpeza de establecer esa equivalencia 1 gol = 10 puntos. Por eso no pudieron remontar. Al final quedamos 134-60, si no recuerdo mal. También es que Junquera acabó el partido con 9 personales en vez de 5, porque también nos otorgaron esa permisividad. Además hizo la novena y no se quería marchar. (Risas). Lo pasamos muy bien. Llenamos el pabellón. La recaudación era para un fin benéfico.

Real Madrid baloncesto contra fútbol

 

¿Es cierto que con algún entrenador, en particular con Muñoz, tuviste problemas por tu estatura?

No del todo. La distinción entre porteros altos y bajos, en el Madrid, empieza realmente con Fabio Capello. No era un tema importante hasta entonces. Fabio llegó con esa mentalidad italiana que prima los porteros altos. Yo, que por aquel entonces era preparador de guardametas, le advertía de que uno alto puede dominar muy bien el juego aéreo pero luego tener problemas para tirarse a por balones a ras de suelo. Pero él aun así lo prefería.

Fabio llegó con esa mentalidad italiana que prima los porteros altos. Yo, que por aquel entonces era preparador de guardametas, le advertía de que uno alto puede dominar muy bien el juego aéreo pero luego tener problemas para tirarse a por balones a ras de suelo

Para disgusto de Paco Buyo...

Y de Cañizares, que era algo más alto que Buyo, no mucho más. Se empeñó Fabio y el club acabó trayendo a Bodo Illgner, de mayor envergadura, que acabaría siendo un bastión muy importante.

Lo cierto es que la dicotomía portero alto/portero bajo ha dominado la dialéctica madridista desde entonces. Por un lado, torres como el propio Illgner, Junquera o Courtois. Por otro, gente de estatura más normal pero muy flexibles y rápidos de reflejos, como tú mismo o Iker...

Es verdad. Es una cuestión de gustos. Mi opinión es que, si un portero es alto pero no se mueve de debajo del larguero, de poco le sirve ser alto porque no dominará el área. Ahora bien, si es alto y además es decidido a la hora de salir a blocar o despejar los balones aéreos, tiene indudablemente una ventaja.

 

Entrevista: Jesús Bengoechea, Joe Llorente

 

Fin de la primera parte. Continúa aquí la segunda parte.

El cuestionario que ha preparado esta semana fcQuiz versa sobre un tema del que nunca se ha hablado y, por ende, nadie nunca ha escrito. Esperamos que, ante tamaña dificultad, podáis responder con acierto a las preguntas planteadas en el mismo.

¡Suerte!

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Buenos días, amigos. Día dos después del último robo, el perpetrado por Sánchez Martínez y su orquesta VARavillosa en el Bernabéu frene al Atleti. Durante toda la jornada de ayer hubo tiempo para analizar con calma los penaltis no pitados. No hacía falta tanto tiempo porque son obvios, la toma de Savic arrollando como un jugador de fútbol americano a Bellingham con la figura del investigado por la Guardia Civil por enriquecimiento durante el negreirato al fondo, con los ojos clavados en la jugada y diciendo que no hay nada es una de las imágenes de la putrefacción sistémica que prueban que el árbitro no lo pitó porque no quiso, porque verlo lo vio, y que el colegiado de VAR no lo avisó porque tampoco quiso, porque verlo también lo vio. Bueno, porque no quisieron o porque sabían que tenían que querer no verlo.

Luego dice As que el Madrid está que arde.

Lástima que el fuego no purifique este tinglado corrupto llamado fútbol español de arriba a abajo.

Las jugadas son tan nítidas que hay más hinchas rojiblancos que reconocen que fueron penas máximas que periodistas del sistema que las niegan. Los que pusieron el grito en el cielo durante días por los aciertos del VAR en el partido del Madrid contra el Almería poco menos que se burlan de expolio sufrido por los blancos, como Juanma Castaño, aquel que perdió los papeles en antena porque la Juve no eliminó al Madrid merced a que el árbitro tuvo la osadía de pitar un penalti claro a Lucas Vázquez. Una nueva prueba de la tesis de Jesús Bengoechea: el antimadridismo considera que toda injusticia arbitral contra el Madrid es un acto de justicia.

Hay quien no se burla y directamente miente, como Marca.

Marca sobre Sánchez Martínez

«Sánchez Martínez reparte los lances polémicos en ambos lados». El diario que acoge las llantinas de Gil Marín compara un gol anulado acorde al reglamente con varios penaltis claros no señalados. Estas tretas calan en la sociedad y crean un caldo de cultivo en el que el antimadridismo crece. Un antimadridismo que afecta también a un sector del madridismo, que compra esta mercancía falsa aquejado de ausencia de capacidad crítica congénita y de un acomplejamiento propio de otras aficiones.

Un Marca que además de mentir ha decidido silenciar el atraco de Sánchez Martínez, investigado —recordemos una vez más— por haber incrementado exponencial y pasmosamente su patrimonio durante los años en los que el Barcelona pagaba al número dos de los árbitros, y no hay rastro del mismo en su portada de hoy.

Cuando uno no tiene nada vende humo, como Mundo Deportivo hoy. El Barça está a tope, con un ataque demoledor y un entrenador con los mismos números de Ancelotti en liga. Claro, por eso los azulgranas están ocho puntos por debajo y su técnico ha dimitido en diferido.

Sport habla de futuro, dice que el Barça apostará por realizar ventas importantes y cubrirlas con futbolistas de La Masía. Cabe recordar que Laporta ha convertido al club en un grupo de comisionistas, y el objetivo de los comisionistas rara vez coincide con el de una dirección deportiva cabal.

Sport aprovecha el robo al Madrid contra el Atleti para dedicar un recuadro a «Las horas más bajas de Bellingham». Pero claro, qué puede esperarse de un diario que cuenta en sus filas con Iván San Antonio.

En las cuatro portadas, como era de esperar, no aparece nada de la última revelación de Miguel Ángel Pérez en Libertad Digital.

#EXCLUSIVA ⚽️🔊⚽️ El CTA de Medina Cantalejo quiso tapar a los árbitros que pagaron al hijo de #Negreira. Audio de Rubinos Pérez, nº 2 del CTA: "No saldrán jamás los nombres", por @miguelpr83 https://t.co/sxqi2HHGQ6 vía @libertaddigital

— Miguel Ángel Pérez (@miguelpr83) February 5, 2024

Se trata de un audio en el que Rubinos Pérez, el Negreira actual del CTA, y con Negreira actual nos referimos a que es el número dos, tranquiliza a los árbitros y les dice que «no saldrán jamás los nombres» de quienes pagaron a Javier Enríquez, hijo de Negreira.

Es curioso que esto ocurriera en una reunión solo un día después de destaparse el escándalo y en la misma se hablara de un asunto tan reciente con tanta familiaridad, lo cual lleva a pensar que no era ninguna novedad para muchos de los presentes.

Al día siguiente de destaparse el escándalo ya maniobraban para ocultar pruebas. Además, contaban con otra ventaja, el caso, por casualidades de la vida, había caído en el juzgado de instrucción de una jueza esposa de un importante proveedor del Barça y los pertinentes registros no se llevaron a cabo hasta muchísimo tiempo después.

Cuando se realizaron dichos registros, precisamente Rubinos Pérez confesó a la Guardia Civil que era probable que no encontraran mucha información porque Arminio, q.e.p.d., se había encargado de destruirla el último día en su cargo de presidente del CTA.

Para no pintar nada Negreira se han tomado muchas molestias en ocultar pruebas.

Pasad un buen día.

 

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La anti-España se ha levantado este lunes muy contenta. Han jodido al Madrid. Dícese de la anti-España todo aquel conglomerado antinacional —o aglomerado, si buscamos la acepción del DRAE, “roca formada por fragmentos de otras rocas, unidos por un cemento, por lo general poco consistente”, ese cemento es el odio al Real Madrid— sociológico que detesta a la institución fundada por los hermanos Padrós en 1902 en tanto la considera vértebra moral de lo que queda de España.

El plan que llevaban cuajando desde el día del Almería ha dado por fin su fruto. Así que todo ese escándalo impostado ha conseguido que por cada decisión correcta del videoarbitraje a favor del Madrid en un partido, el equipo de Ancelotti sufra impotente cómo le hurtan dos o tres: es el peaje al que somete la anti-España al Madrid, una tormenta política que influye y condiciona hasta las negociaciones del PSOE con Junts pues el Madrid es, en esencia, todo lo que hay que abatir.

Así que todo ese escándalo impostado ha conseguido que por cada decisión correcta del videoarbitraje a favor del Madrid en un partido, el equipo de Ancelotti sufra impotente cómo le hurtan dos o tres: es el peaje al que somete la anti-España al Madrid

En el último derby se sucedieron, en ráfaga, tres penaltis clamorosos sobre futbolistas locales que el equipo arbitral pasó por alto. Todo ello tras la anulación, completamente legítima, del gol de Savic al empezar la segunda parte. Como existe el VAR, podemos llamarlo prevaricación.

La Liga podría estar medio sentenciada: el Girona a 5 teniendo que visitar el Bernabéu el sábado, el Barcelona a 10 y el Atlético a 13. Sin embargo en la sala VOR clandestina estaba a los mandos “Tatxo” Benet, el testaferro de Roures, como enviado especial de Puigdemont: algún día hablaré de Tatxo, ustedes no se preocupen. Pero me gustaría hoy hablar de otra cosa pues, al fin y al cabo, ¿no es esto lo mismo de siempre? Tampoco quiero hacerme mala sangre por algo que, al menos de momento, no tiene solución.

Digamos barbaridades

Es curioso porque el partido empezó agitado por la enésima polémica absurda promovida por los medios cipayos de siempre: ¿tiene derecho el Madrid a cerrar el techo de su estadio si le da la gana? Al menos el Madrid tiene estadio en propiedad, me refiero a comprado y pagado y sucesivamente reformado con el dinero de sus socios, no a un regalo del ayuntamiento o la comunidad.

En ese estadio ya no tienen cobijo los nazis, ni aquellos que convierten la experiencia de ir a un partido de fútbol en una tarde de miedo y pánico. ¿Acaso todos pueden decir lo mismo? Sin embargo nada de esto es motivo de discusión para nuestra prensa lacayuna. ¡Pero me estoy desviando! Yo había venido hoy a hablar de otra cosa. Quiero hablar del futbolcentrismo. Y de Joselu.

Fran García y Joselu Real Sociedad

A mí me gusta mucho Joselu porque, entre otras cosas, me recuerda a mi infancia. Me refiero a cuando éramos pequeños y jugábamos al fútbol en el colegio. En aquellos días había dos posiciones en particular para las que todos, de alguna u otra manera, parecíamos predestinados: la de defensa y la de delantero centro. Son los dos arquetipos ancestrales del juego, los dos roles con los que todos los niños sueñan, según su condición. El hombre que defiende su territorio con la escopeta en el regazo y la mecedora en el porche, y el hombre que ataca.

Son un poco la traslación al patio del colegio de las figuras capitales del Medievo que estudiábamos en Conocimiento del medio: oratores, bellatores y laboratores. El defensa central y el delantero centro serían un poco las dos formas de bellatores u hombres que hacen la guerra, aplicables al fútbol. Tiene sentido que un niño no quiera ser un laborator, al fin y al cabo la dureza de la vida queda todavía lejos a esas edades. Lo de orator suena a chino, es una cosa que requiere la reflexividad de la adultez. De niño, que es cuando el cazador australopiteco bulle en todo su esplendor primigenio, uno quiere proteger y atacar: son las dos inercias instintivas del hombre, por más que el mundo postmoderno niegue toda influencia de la biología en la conducta humana.

Joselu es un hombre que aprendió un oficio. Un oficio práctico, de hacer y de construir cosas: hizo la Formación Profesional del gol

En ese sentido Joselu es eso: un bellator, el hombre destinado a agredir al enemigo en la primitiva forma del gol. Pero, además, tiene algo, representa algo de aquel mundo en el que crecí, al que también él por edad pertenece, del cambio de siglo, que es profundamente español y que encarna también el fenómeno, intrínsecamente español, del acabamiento social en el que nos vemos inmersos desde hace década y media.

Joselu es un hombre que aprendió un oficio. Un oficio práctico, de hacer y de construir cosas: hizo la Formación Profesional del gol. Sin ser una estrella, un fuoriclasse innato, todos sus movimientos responden a una sabiduría codificada en el tiempo por una generación de maestros: Van Nistelrooy, Kanu, Vieri, Luca Toni, Alan Shearer, los últimos 9 clásicos del mundo de ayer.

0-2: Joselu aplasta al Getafe

El suyo es un oficio de fisicidad fundamental y de transmisión casi gremial del conocimiento, algo que nos remite a las primeras revoluciones industriales, al mismo concepto de industria, del homo faber: el hombre productivo que contribuye a la prosperidad general. Joselu se montó en el último ascensor social que ha existido en este país: se le dijo estudia y lábrate un futuro, y él estudió y se lo labró. Cumplió con su parte del contrato social. Ese contrato social ya no existe.

Pocas horas después de su magnífica dopietta en Getafe, vi por Twitter unos tuits de una cuenta llamada Make Space for Girls. Esta cuenta pertenece a una organización no gubernamental radicada en Inglaterra cuyo leitmotiv es “Campaigning for public spaces designed with girls in mind”. A simple vista puede parecer la enésima tomadura de pelo Made in Anglosajona, pero en cuanto uno se adentra un poquito, en efecto, lo confirma.

Joselu se montó en el último ascensor social que ha existido en este país: se le dijo estudia y lábrate un futuro, y él estudió y se lo labró. Cumplió con su parte del contrato social. Ese contrato social ya no existe

El tuit que me llamó la atención mostraba dos gráficas: el mismo patio del mismo colegio, español por más señas, con los movimientos, a modo de “mapa de calor” futbolero, de los niños y de las niñas en él durante los recreos. “Boys take up the centre, girls are literally marginalised. And what they learn in school they take into public space”.

Las niñas, literally marginalised, se pasaban el rato en las, digamos, orillas del patio, porque en el centro estaban los chavales jugando al fútbol, los “chavales más fuertes y físicamente activos”, o sea, los machirulos en potencia. De ahí, la cuenta, extraía la nada forzada conclusión de que ese esquema da lugar a una posterior, cuando son adultos ellas y ellos, exclusión de las mujeres “del espacio público”.

Make Space for Girls

La idea no es nueva y ya en varias ocasiones a lo largo de los últimos años han brotado como setas los sociólogos, los profesores y gentecilla con titulación ambigua en general, alertando sobre “el futbolcentrismo” (sic) y las “dinámicas que se generan a partir de pelotazos”, violentas, por supuesto, como todo lo masculino: la idea, según estos pontífices del Nuevo Ser Humano, debería ser liquidar toda esta arcaica concepción de las cosas y, a cambio, dar lugar a “espacios más tranquilos, verdes (sic), seguros”, etc.

Yo recuerdo, de pequeño, que, en Primaria y Secundaria, dos tercios de mi clase éramos niños. De ello, un ochenta por ciento jugaba al fútbol en el recreo. No se excluía a nadie: desde el principio jugaban todos aquellos que querían jugar y lo mismo pasaba en las demás clases. Del tercio femenino de la clase, ninguna mostraba el menor interés en participar de nuestro inocente e inconsciente simulacro bélico llamado soccer.

Joselu es eso: un bellator, el hombre destinado a agredir al enemigo en la primitiva forma del gol

A lo mejor alguien, alguno de los chicos, yo mismo, debimos habernos acercado a ellas y convencido de que no tenían ni puta idea: de que tenían que jugar como nosotros, o aceptar el hecho, democratísimo, de compartir con nosotros la mitad del campo de albero del colegio para que, en su zona, ellas hicieran algo, lo que les pareciera oportuno. ¿Qué nos habrían respondido? ¿Habrían hecho algo? Ítem más: ¿es democrática la infancia, la juventud? ¿Debe serlo? ¿No es, la misma pregunta, una soberana gilipollez?

Bien es verdad que, ahora, observo un número creciente de niñas jugando al fútbol en las plazas y en los parques de los pueblos y ciudades españolas, lo cual me alegra aunque también me lleve a una terrorífica pregunta: ¿acaso saben esas chavalas que golpean balones con fiereza y toxicidad puramente masculinas, enfundadas en camisetas de Vinicius o Bellingham, que están participando en la ritual perpetuación de la execrable hegemonía del hombre sobre la mujer en el mundo?

Niñas jugando al fútbol

A ver si van a ser todas estas neosufragistas las que, llevando su razón hasta el extremo, manden a “jugar con las muñecas” a las chavalas que, ahora, juegan al fútbol con y como los demás chavales, sencillamente porque les gusta y apetece. Ya decía Goya, en aquel aguafuerte suyo, que el sueño de la razón produce monstruos.

Casi todo lo que viene del mundo anglosajón, en materia de ideas, en este siglo que vivimos (y que verá nuestro fin, como canta Loquillo), está contaminado de algo pútrido. La negación de la biología sólo conduce a una siniestra confusión cuyas consecuencias pueden llegar a ser terribles. Cada vez hay más niñas que juegan al fútbol y que se piden por Reyes camisetas de sus equipos, pero los Magos de Oriente no les traen las zamarras de Alexia Putellas o de Megan Rapinoe, sino las de Messi, Cristiano y Mbappé.

A ver si van a ser todas estas neosufragistas las que, llevando su razón hasta el extremo, manden a “jugar con las muñecas” a las chavalas que, ahora, juegan al fútbol con y como los demás chavales, sencillamente porque les gusta y apetece

El fútbol, en su mismo origen, es un artefacto masculino que ahora se está feminizando por el signo de los tiempos, pero la implicación de las mujeres en el juego no es a costa de modificar su esencia: esto no lo entiende ninguna socióloga, pues no son ellas las que les dan patadas a una pelota. Las niñas, como los niños, quieren ir al Bernabéu a ver ganar a su Madrid. En este contexto la figura del 9 se ha quedado incluso algo obsoleta dentro del mismo fútbol normativo, viril, masculino, igual que la añeja idea del obrero parece hoy algo muy pasado de moda, en estos tiempos de consultores, vendehúmos, KPI managers y fauna plástica variada que configura la economía que hoy mueve el mundo.

El fútbol, en una mímesis asombrosa, adopta formas parecidas a las que gobiernan las cosas fuera de los terrenos de juego: posiciones líquidas, demarcaciones que sólo existen sobre el papel, falsos nueves, una variabilidad extraordinaria de mediapuntas, porteros que sacan el balón jugado y centrales que hacen cualquier cosa menos defender. Esto no es, per se, ni bueno ni malo: ahí radica lo heracliano de la vida y de las cosas.

¿Cuánto sabes de Joselu?

Pero Joselu se yergue en este panorama como un vestigio de las cosas que fueron. Un tótem de la masculinidad tóxica que encima juega en el Madrid, símbolo de la tiranía y del despotismo más elemental, de lo antidemocrático y de lo que no es ni verde, ni sostenible ni digital. Un 9 que tiene que meter el gol, o sea, perforar, percutir las redes, que puede hacerse con sutileza, como si fuera una caricia o un beso, ¡el pase a la red!, pero que, por lo general, es una acción rápida y violenta, que implica eso tan fascista de chutar. Chutar fuerte, chutar con ganas, mordiéndose la punta de la lengua, acaso la única manera de refutar por un instante el mundo y todas sus estupideces.

Ya no se hacen cosas, no se fabrica nada, se llevan las plantas a China, a Taiwan, muy lejos: todo se deslocaliza y se externaliza, aquí no queda más que poner copas, y en ese contexto a Joselu no se le ocurre otra cosa que estudiar para meter goles.

 

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En mayo de 2022 escribí que “Mbappé no ha nacido para jugar en el Real Madrid”. Pues bien, poco a poco se me ha ido pasando la rabieta, lo reconozco.

Por un lado, porque si el francés viene a Madrid lo hará renunciando a mucha plata. Habrá elegido la gloria vs. el dinero, y esto es algo que tenemos que valorar y de lo que debemos ser conscientes. Sólo dicho gesto ya justificaría el “perdón”.

Pero lo más importante, porque si ayer hubiera estado Mbappé sobre el campo, habríamos ganamos 4-1 al Atleti.

Rodrygo frente al Atleti

¿No tenéis la sensación de que, partido tras partido, desperdiciamos una gran cantidad de oportunidades? ¿Que somos poco efectivos para ser el Real Madrid?

Yo sí tengo esta sensación, y desde hace tiempo. La realidad es que estoy cansado de ver cómo desaprovechamos claras ocasiones de gol una y otra vez.

si ayer hubiera estado Mbappé sobre el campo, habríamos ganamos 4-1 al Atleti

Vinicius y Rodrygo son grandes delanteros, pero la precisión en el remate no es precisamente una de sus virtudes. Yo diría que más bien todo lo contrario. Rodrygo necesita 30 disparos a puerta para meter un gol.

Vinícius y Rodrygo, renovados

A lo mejor estoy exagerando, pero intentemos analizarlo desde un punto de vista estadístico. Veamos si mis sospechas son fundadas. Antes de todo, introduzcamos el término “Goles Esperados”.

La estadística de goles esperados (xG) en fútbol es una medida que estima la cantidad de goles que un equipo debería haber marcado basándose en la calidad y cantidad de los tiros realizados. Esta métrica considera factores como la posición desde donde se efectuó el disparo, el tipo de asistencia, la presión del oponente y otros contextos del juego para asignar a cada tiro una probabilidad de convertirse en gol. Los valores xG ayudan a analizar el rendimiento de un equipo o jugador, ofreciendo una visión más precisa de su eficacia ofensiva, más allá de los goles marcados reales.

¿No tenéis la sensación de que, partido tras partido, desperdiciamos una gran cantidad de oportunidades? ¿Que somos poco efectivos para ser el Real Madrid?

Hay diversas empresas que estiman el número de goles esperados y por tanto el dato varía de unas a otras. Sin embargo, no debería de haber muchas diferencias entre unas y otras. Yo he utilizado understat.com, que es de libre acceso.

El resultado es el siguiente: si observamos las estadísticas de goles anotados en Liga por Rodrygo desde que llegó a España, comprobamos que ha marcado 23 goles, cuando según esta métrica de goles esperados debería haber marcado 34. Sí, ¡¡34!!

El año pasado fue especialmente destacado en este sentido. Anotó 9 goles vs. 15 esperados.

En cuanto a Vinicius, tengo anotados 41 goles en Liga desde que llegó a España vs. 48 goles esperados. Un dato que nos enseña lo que ya sabemos, que el disparo no es la mejor cualidad del brasileño.

Rodrygo y Vini City

Además, debemos tener en cuenta que los delanteros de más calidad suelen tener un número de goles marcados real superior al que indica el dato de goles esperados, precisamente por eso, porque tienen más calidad de la media. Y son los jugadores de menor calidad los que bajan el promedio.

A la luz de estas estadísticas, se observa claramente que, en el caso de nuestros brasileños, tienen otras virtudes, pero la definición no es una de ellas. Están por debajo de la media, cuando debería ser todo lo contrario.

Bellingham, por ejemplo, este año ha marcado en Liga 14 goles, frente a 10 xG. ¿Y Mbappé?

Con esta plantilla, Mbappé es la pieza que nos falta. Con él, vislumbro un goleada histórica frente al Barca en el Bernabéu

El francés ha logrado 185 goles en la Ligue 1 desde que debutó con el Mónaco en 2015, frente a una cifra de 163 goles esperados. El tema está claro, ¿verdad?

La efectividad en la definición es una de sus virtudes, aparte de, obviamente, la capacidad de desborde que todos conocemos.

Con esta plantilla, Mbappé es la pieza que nos falta. Con él, vislumbro un goleada histórica frente al Barca en el Bernabéu.

Florentino, hágase.

Tras HP, Durex. Dos partidos, tres penaltis al limbo…

 

‘Po zí’. En dos partidos, dos, al Madrid le han dejado de pitar tres penaltis, tres. A favor por supuesto. El de Brahim en Getafe y los de ayer, Lucas y Bellingham. Amañada viene de maña. Mucha hay que tener para no pitar todo eso.

Tras el acuerdo con HP para una manga de la camiseta, la otra debería ser para Durex, sección lubricantes. Mucho de eso necesita el macho o hembra madridista para ir tirando sin dolor… Si va al estadio se lleva el tubito y se lo pone cuando el sorteo de campos. Sería espectacular. Si lo ve desde casa, más o menos. Dicen que es mano santa. Puede que Florentino esté en ello.

Camavinga y Rodrygo frente al Atlético de Madrid

Tras el acuerdo con HP para una manga de la camiseta, la otra debería ser para Durex, sección lubricantes. Mucho de eso necesita el macho o hembra madridista para ir tirando sin dolor…

Todo es una coña, fíjense. La víspera del derbi fue un clamor que dos jugadores del Girona, los notables Blind y Herrera, serán baja en el Bernabéu por acumulación de amonestaciones. Cuando fueron tarjeteados su gente gritó cual poseso poseído ¡así, así gana el Madrid! Como referencia a Barça y Atleti no hubo, tampoco al Athletic Club, debemos entender que ambas dos ausencias no les afectan. A ninguno de los tres. Bien.

Gil Manzano amonesta a Daley Blind

¿Que son los equipos que persiguen al suyo, dispuestos a quitarles como poco la plaza de Champions? ¡Bah! Ilusión óptica. O no se dieron cuenta, por la falta de costumbre quizá. Pues no podemos pensar que les daría igual acabar quintos, quedarse fuera, siempre que el Madrid, además, no fuera campeón. No, no puede ser eso.

Luego llegó el derbi y aprendimos cosas también muy interesantes:

1.- Empujar y derribar a un tío que entra en el área corriendo hacia la pelota con la noble intención de rematarla… no es penalti.

2.- Meter la pierna delante de otro que te ha desbordado y cae producto de la acción, luego le impide continuar con la jugada como en el caso anterior, tampoco lo es. Porque fue en el área, sí. También.

3.- Durex. A chorro.

Todo ello salpimentado por Laporta y Xavi. Esto es un escándalo. Sólo pedimos que nos dejen competir. Más Simeone con su no-somos-tontos y pasan-cosas-raras. Como que no ha habido, al menos hasta ahora, comunicado del gran Gil Marín. Tampoco en la primera vuelta. Ni tras el partido de Copa. Cosas raras. Ya.

Lo cual me lleva a una propuesta/reflexión. Antes les diré que el de ayer me sigue pareciendo un gran punto madridista. Estuvieron los tres a tocar, como la independencia de Cataluña, pero tampoco. Bueno.

Brahim frente al Atlético de Madrid

La tarde era rara y nos habían advertido de que el Atleti es quien mejor sabe jugarle al Madrid. Un ogro, o sea. Estaba el Real en pelotillas defensivas y sin Vinicius a última hora, y casi se salió con la suya. Mereció ganar. También pienso que gestionó mal el final, cambios y posición del equipo, y encajó un tanto doloroso. Sólo eso.

El de ayer me sigue pareciendo un gran punto madridista. Estuvieron los tres a tocar, como la independencia de Cataluña, pero tampoco. Bueno

Mi consuelo a la gente que esperaba su KO, incluso estrepitoso: lo lamento. Ahora recibirá al segundo con dos puntos de ventaja y si le gana juraría que serán cinco aunque vaya usted a saber. Acabar campeón va a ser complicadísimo aunque el Girona se lleve nueve, ¿verdad? Sigamos.

Y lo que les iba a contar. Como todo lo malo que pasa en nuestro fútbol es culpa del Madrid, deberían echarle de Liga, Copa y Supercopa. Bueno, de esa no que la Federación perdería un dinero. Y puede que Piqué: ni hablar.

Juega el Madrid y su tele edita vídeos. Mal. En otro lado se manipulan audios. Silencio. O sea, bien. Una vez al VAR se le ocurre ver que no hubo mano en un gol suyo. Mal. Y sí falta en uno ajeno. Mal. Sus jugadores caen si les empujan y/o zancadillean. Mal. Y va y se queja. Mal. Y sigue queriendo ganar, o sea se rebela y lo complica todo. Mal de todos los males.

Penalti no pitado de Savic a Bellingham

¿Entonces? Puesto que voces ilustres claman por tranquilizar nuestro fútbol —si está excitado es culpa del Madrid, claro—, y no ayudaría, al contrario, que anoche le hubieran pitado siquiera un penalti a favor, no se me ocurre otra cosa que apartarle. Cabe recordar que lo de Negreira pasó también por culpa del Madrid. Ganaba y ganaba, como en toda su vida, y eso animó a quien animó a animarse. Y por cuatro duros. Mal el Madrid.

O sea fuera. Se convertiría en Los White Globetrotters y haría giras por el mundo. Ahora, un preliminar en la final de la Copa de África y otro en la de Asia. Un partido, vamos a suponer, con el Inter de Miami y el otro con el equipo de Cristiano. Me van a perdonar pero no sé cómo se llama. O mejor: contra un combinado con Messi y el 7 juntos las dos veces, en plan ida y vuelta. Sería tremendísimo.

Cabe recordar que lo de Negreira pasó también por culpa del Madrid. Ganaba y ganaba, como en toda su vida, y eso animó a quien animó a animarse. Y por cuatro duros. Mal el Madrid

Cada cuando tocara volvería a Europa y jugaría la Champions, naturalmente. Bastante chunga está Europa para dejarla sin el Madrid. El año próximo pinta que con Mbappé. No sé yo. No sé, digo, si está preparado para jugar en la Liga española. Debería pasarse un tiempo por aquí y vivir la cosa de cerca antes de decidirse. Esto es como el matrimonio: es arriesgado y temerario meter en casa a uno que no es de la familia. No conoce nuestras manías, costumbres, y a menudo pasa lo que pasa.

La vida de Kylian ha sido agitadilla, le falta ‘esto’ para ser un futbolista de verdad completo. Debe experimentar lo que es jugar en el Madrid. En el área rival, por concretar. Eso no se paga con dinero ni con gloria. Diré más: debería pagar él por catarlo.

 

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Cartas de un madridista millennial: El rayo que no cesa

 

Hola de nuevo:

Hace ya un tiempo te conté que en las vísperas del derbi madrileño me gusta tranquilizar los nervios hojeando poemarios de Miguel Hernández. Todo empezó un poco de broma, por aquello de ironizar acerca del sobado concepto de “equipo del pueblo” con el que algunos gustan de verse más guapos en el espejo, como si la representación popular uno pudiera arrogársela por sí mismo, atajando el largo, fatigoso e inevitable proceso de decantación que requiere el depósito de la simpatía en las conciencias ajenas. Sin embargo, hoy quise huir de tópicos y pasé de largo del volumen de Viento del pueblo. Escogí otro de mis predilectos, El rayo que no cesa, título con el que pasé las horas previas y que a la postre resultaría profético por múltiples causas.

La primera de ellas, la polémica arbitral, auténtico rayo que por desgracia jamás se interrumpe en esta clase de encuentros. Siempre existen dos bandos agotadores ante cada acción mínimamente dudosa: el de quienes ponen el grito en el cielo y escriben con tinta indeleble en la lista de agravios y el de quienes amontonan excusas para justificar lo injustificable. Incluso, en numerosas ocasiones, un mismo hincha representa ambos papeles con el paso de los minutos. Así ocurrió con los aficionados colchoneros, quienes se desgañitaron de manera enfermiza con el gol justamente anulado a Savic para, posteriormente, terminar balbuceando evasivas ridículas tras cada una de las sucesivas penas máximas que el trencilla iba perdonando al Atlético de Madrid. Porque Sánchez Martínez, acaso por haber nacido a apenas cien kilómetros del genio de Orihuela, quiso homenajear aquello de barro es mi profesión y mi destino, que mancha con su lengua cuanto lame, eligiendo no señalar como penalti ni la zancadilla deliberada de Saúl a Lucas Vázquez, ni el insidioso derribo de Savic a Bellingham, ni el vergonzante abrazo del oso con que Llorente obsequió al inglés.

Penalti Llorente a Bellingham

Para entonces el Madrid ya iba ganando, tras una primera parte solvente cuyo único punto flaco era la inseguridad que transmitían los defensas y el portero ante cada balón aéreo. El gol anulado al Atlético constituyó un aviso que los más cenizos interpretamos como la antesala de la tragedia si no se conseguía ampliar la escasa renta. Umbríos por la pena, muchos paseábamos en círculos ante el televisor esperando la puntilla que nos permitiese relajarnos, siempre pospuesta en última instancia hasta el próximo contragolpe. Bellingham, Rodrygo, Valverde y Camavinga cabalgaban con ímpetu y elegancia, llegando a posiciones ventajosas, aunque sin acabar de facturar. Y, por encima de todos ellos, ese pequeño gigante llamado Brahim, que atacaba el área rojiblanca como si fuera un huracán de lava en el presidio de una almendra, o un rayo sujeto a una redoma. De ahí que nos echásemos las manos a la cabeza con su sustitución, grosero error de un Ancelotti poco inspirado y demasiado contemporizador. Nuestro bon vivant exhibió un aire inexplicablemente elegíaco toda la noche, quizá resignado por tanta baja a afrontar sufridamente el resto del partido en la banda, sin calor de nadie y sin consuelo, medio encogido de hombros y caminando de su corazón a sus asuntos.

Sánchez Martínez, acaso por haber nacido a apenas cien kilómetros del genio de Orihuela, quiso homenajear aquello de barro es mi profesión y mi destino, que mancha con su lengua cuanto lame, eligiendo no señalar como penalti ni la zancadilla deliberada de Saúl a Lucas Vázquez, ni el insidioso derribo de Savic a Bellingham, ni el vergonzante abrazo del oso con que Llorente obsequió al inglés

Perdida la velocidad, el último tramo se enrareció poco a poco, casi de forma imperceptible. El Madrid había tratado de conservar la pelota juntando a Modric y a Ceballos, pero el esférico no terminaba de pasar tanto por ellos como por Mendy, quien tenía uno de esos días extravagantes en los que también parece querer evocar las poesías de Miguel Hernández con cada control, cada regate y cada pase: “me tiraste un limón, y tan amargo”. No obstante, el Atleti no parecía capaz de soltar zarpazos auténticos, y los más optimistas de la grada comenzaron a ameritar el logro que suponía haber conseguido de facto el campeonato en el mes de febrero. Todo se asumía ya como hecho cuando, en el descuento, el enésimo balón mal defendido acabó por casualidad en la cabeza de Marcos Llorente, bravo toro de la dehesa madridista que respira corazones por la herida desde un gigante corazón vecino. El equipo blanco suele sufrir históricamente las acometidas de sus ex —y quién no, me replicarás— hasta el punto de que el trebolar del Bernabéu se halla cubierto de amorosas y cálidas cornadas con el dolor de mil enamorados. El empate llegó sin opción para la reacción y aplazó la prematura celebración del Madrid; confirmando al mismo tiempo y una vez más que, para los merengues, la competición doméstica es un parto eterno, sin posibilidad de relajación o descanso.

Carvajal y Lucas Vázquez frente al Atleti

Se preguntaba Miguel Hernández en 1936 si alguna vez cesaría el rayo que le habitaba el corazón de exasperadas fieras. Para responderse a continuación que este rayo ni cesa ni se agota / de mí mismo tomó su procedencia / y ejercita en mí mismo sus furores. Esta obstinada piedra de mí brota / y sobre mí dirige la insistencia / de sus lluviosos rayos destructores.

Habrá, pues, que ganar al Girona y al Barcelona. Qué remedio. Aún hay liga.

Cuídate. Volveré a escribirte pronto.

Pablo.

 

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