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Guardarredes ilustres: Juanito Alonso

Guardarredes ilustres: Juanito Alonso

Escrito por: Rancoma14 noviembre, 2020
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Vaya por delante que cuando Juanito Alonso se ponía debajo de los palos de las porterías mi padre era todavía un chavalín. Escribir sobre un futbolista al que no has visto jugar requiere consultar abundante documentación: libros de historia, viejos periódicos, revistas, recortes, entrevistas, fotografías, vídeos… Cualquier fuente de información es bienvenida. Pero no se trata de recopilar datos y exponerlos sin más. Se trata también de saber interpretar esos datos para comprender la dimensión real del personaje investigado.

Vamos con un ejemplo. De Juanito Alonso se puede contar que fue portada del álbum ‘Fútbol. Campeonato 1959-60’ de Ediciones FERCA. Eso es un dato. Pero de ese dato podemos extraer la conclusión de que Juanito Alonso era una personalidad importante que servía de reclamo. A ojos de los niños, principales consumidores de las colecciones de cromos, Juanito Alonso era un futbolista lo suficientemente relevante como para captar su atención pese a jugar de portero. O, quizás, precisamente por jugar de portero. Su imagen, brazo estirado a mano cambiada para desviar un balón frente al Barcelona, en el marco de un Santiago Bernabéu con las gradas repletas, supone una estampa espectacular de un futbolista que formó parte de un equipo espectacular, valga la redundancia. El portentoso Real Madrid de la gran época dorada, el de las 5 Copas de Europa consecutivas, contó en sus filas con futbolistas absolutamente legendarios, toda una constelación de estrellas de la época. Pero, como decía Don Alfredo, ningún jugador es tan bueno como todos juntos. Sobre los terrenos de juego de aquí y de allá Di Stéfano hacía gala de su fútbol total, Gento corría la banda como una galerna, Puskas destrozaba las redes a base de cañonazos, Kopa regateaba con clase y habilidad… Y atrás, en la portería, estaba Juanito Alonso.

Equipo Juanito Alonso

Juan Adelarpe Alonso nació el 13 de diciembre de 1927 en la localidad guipuzcoana de Fuenterrabía. Era cuatro años menor que su hermano Gabriel Alonso, también futbolista de élite, con el que llegaría a coincidir en el Real Madrid y que, como podemos deducir, supuso una clarísima influencia a la hora de encauzar su vida deportiva. Sus primeros pasos futbolísticos los dio en el colegio y en el Kerizpe Txiki. Con solo 10 años tuvo que dejar la escuela para ponerse a trabajar en una cordelería, pero sus quehaceres laborales no le impidieron seguir jugando en las filas del infantil del Kerizpe, donde ya ejercía de portero. Sentía admiración por el arquero donostiarra Ignacio Eizaguirre y seguro que soñó muchas veces con llegar a ser como él. Con quince años pasó a trabajar junto a su padre en el sector de la construcción, en Irún, pero sin desvincularse nunca del mundillo del balompié. Ya jugaba en categoría regional con el primer equipo del Kerizpe y sus actuaciones no pasaban desapercibidas para el público, por lo que paso a paso se fue haciendo un nombre e incluso recibió una primera propuesta para salir de Guipúzcoa. El Logroñés se interesó por sus servicios para jugar en Tercera División, aunque Alonso no lo tuvo fácil para llegar al conjunto riojano dado que, en un principio, no contó con el beneplácito de su madre. Tras superar las reticencias familiares y pese a su corta edad el portero terminó jugando en el Logroñés donde, poco a poco, logró convencer a los aficionados de su valía bajo el marco.

Dejó el fútbol con un palmarés impresionante, en el que figuran 5 Copas de Europa, 5 Ligas, 2 Copas Latinas y 1 Copa Intercontinental

Muy bien tenía que hacerlo para que toda una leyenda de las porterías, el gran Ricardo Zamora, a la sazón entrenador del Celta de Vigo, se fijase en él y tratara de ficharlo para el cuadro gallego. Alonso estuvo a prueba en Vigo pero diferencias a la hora de llegar a un acuerdo contractual echaron al traste el pase del jugador guipuzcoano. Alonso se desplazaría de nuevo a Galicia, pero por razones que poco tenían que ver con lo deportivo. Llamado a filas para cumplir con el servicio militar acabó destinado en El Ferrol. Allí sirvió en la Capitanía General del Departamento Marítimo llegando a jugar con el equipo de aquel centro militar y con el de la ciudad, el Ferrol, entonces en Segunda División. Dos campañas disputó el cancerbero con los ferrolanos, 1947-48 y 1948-49. En el verano de 1949, superadas sus obligaciones castrenses y con solo 21 años de edad, empiezan a llegar las ofertas de Primera División: la Real Sociedad, equipo de su tierra; el Celta de Vigo, en el que jugaba su hermano mayor Gabriel… Y el Real Madrid.

Un histórico de la portería blanca, el internacional José Bañón, causó baja retirándose prematuramente del fútbol a causa de un problema pulmonar y fue el propio Bañón quien propuso a los directivos madridistas el nombre de su posible sustituto: Juan Adelarpe Alonso. Tras una rápida y fructífera gestión del enviado Ángel Rodríguez hubo acuerdo y el joven Alonso pasó a ser guardameta del Real Madrid, equipo con el que debutaría en San Sebastián frente a la Real Sociedad el 25 de septiembre de 1949.

Juanito Alonso

A estas alturas del relato quizás alguien se esté haciendo las preguntas más importantes. Sí, sí, ¿pero qué tal era como portero? ¿Qué clase de guardameta era? En definitiva, ¿era bueno? Lo primero que hay que decir al respecto es que estamos hablando de la época de Don Santiago Bernabéu. Si un portero se tira diez años en el Real Madrid ganando títulos es que, por narices, era muy bueno. En cualquier caso, echando mano de referencias bibliográficas podemos describir a Juanito Alonso como un guardameta muy seguro y efectivo, cualidades indispensables para mantenerse tanto tiempo en la portería del equipo blanco. No era muy alto, medía entre 1,72 y 1,78 según las fuentes consultadas y, efectivamente, en las imágenes de las alineaciones no destaca respecto a las siluetas de sus compañeros. Sin embargo suplía esa carencia física con esfuerzo, entrega, buena colocación y muchísima concentración.

No era para menos. Jugando con quienes jugaba quizás podía darse el caso de que agarrasen el balón entre Rial, Gento y Don Alfredo y el rival no oliese la pelota durante diez minutos. Pero, claro, no había que dormirse en los laureles y cuando el contrincante se acercaba al marco madridista había que estar ahí preparado para intervenir con acierto. Hay muchas fotografías de nuestro protagonista en acción y de todas ellas se desprende la sensación de que Alonso blocaba la pelota con precisión y que realizaba valientes intervenciones en un fútbol muy físico que no estaba dotado de las comodidades actuales. Se paraba muchas veces sin guantes o con manoplas muy rudimentarias, con balones que pesaban lo suyo. Y recibir un puntapié del delantero rival con aquellas botas de hace más de sesenta años no debía de ser muy agradable.