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Guardarredes ilustres: Antonio Betancort

Guardarredes ilustres: Antonio Betancort

Escrito por: Athos Dumas12 noviembre, 2020
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Para Angelita García (viuda de Betancort) y para Yela Betancort: gracias por todo.

 

Eran los años finales de la década de los 60. Quien les escribe era un niño de cinco o seis años cuando empezaba a jugar a la pelota en el parque o en el cole. Jugaba de extremo derecho, aunque muchas veces me ponía de portero ya que tenía buenos reflejos, pese a ser de los pequeños de mi clase. Aún no se había apoderado de mí la pasión total por el fútbol, pese a que se hablaba sin parar del Real Madrid en nuestra casa familiar.

Todavía era muy pequeño para que me llevaran al estadio, con lo que me tenía que conformar con hacer colecciones de cromos y recortar fotografías de futbolistas de las páginas del ABC, del Ya y de La Hoja del Lunes.

Me fascinaba siempre el porte atlético, serio y altivo del que luego supe que era el portero titular de mi equipo favorito: Antonio Betancort Barrera

Me fascinaba siempre el porte atlético, serio y altivo del que luego supe que era el portero titular de mi equipo favorito: Antonio Betancort Barrera, siempre posando vestido enteramente de color negro, con sus medias blancas. Impresionaba muchísimo esa indumentaria tan sobria, a la que acompañaba una cara siempre de buena persona. De buena gente de verdad.

En su cromo estaba escrito lo siguiente: «Guardameta. Nació el 13-3-1937 en Las Palmas. Estatura: 1,83 m. Peso aprox.: 81,5 Kgs. Internacional.»

Antonio Betancort

Para mí, era el mejor, sin haberle visto jugar. Siendo de mi equipo e internacional, no había que preguntar mucho más. En el primer partido que pude acudir al estadio, Betancort fue el primero que anunciaba el locutor para dar el once inicial: Betancort; José Luis, De Felipe, Sanchis; Pirri, Zoco; Fleitas, Amancio, Grosso, Velázquez y Gento. No sé ni contra quién jugamos aquel día, ni si era un amistoso, un partido de liga o de copa. Pero ese XI se quedó grabado a fuego en mi cabeza, ya para siempre. Hacía sol —con lo cual sin duda no fue un partido de Copa de Europa, que se solían jugar de noche— y bastante calor. Me llamó la atención que el portero de los cromos, al verlo en carne y hueso, iba efectivamente vestido de negro, como el árbitro, y lucía una gorra también oscura cuando se puso a defender la portería del fondo norte. Por si faltaba poco para fascinarme, su pose marcial, impertérrita, con su gorra, mientras el equipo atacaba la portería contraria, acabó por conquistarme. Yo quería ser Betancort. Además, aquella tarde, lo paró absolutamente todo y fue ovacionado en varias ocasiones. Definitivamente, aquel guardameta se convirtió en ídolo y es por ello que, más de cincuenta años después, sigue siendo mi favorito entre todos los guardianes que ha tenido el Madrid desde entonces.

Antonio Betancort

 

Betancort llegó al club en 1961, procedente de su UD Las Palmas, al mismo tiempo que el guipuzcoano José Araquistain, y ambos se encontraron desde el primer momento con una competencia de primer nivel: Rogelio Domínguez, «el Magnífico», titular en la final que nos dio la 5ª Copa de Europa ante el Eintracht (7-3 en Glasgow) en 1960 y José Vicente Train, «el Grapas», que venía de ganar el Trofeo Zamora al meta menos goleado en la temporada 1960-61.

José María Zárraga, el gran capitán, le ayudó mucho desde llegó a la capital. Sus mejores amigos durante su estancia en el club fueron Ignacio Zoco, Vicente Miera y Ramón Moreno Grosso

El joven grancanario se integró muy rápidamente en el equipo al llegar a Madrid desde Las Palmas, y pudo contar desde el principio con un padrino de excepción, ya que el gran capitán, José María Zárraga, le ayudó mucho desde el primer momento en que llegó a la capital. Sus mejores amigos durante su estancia en el club fueron Ignacio Zoco, Vicente Miera y Ramón Moreno Grosso, con los que, años después, y ya de regreso a su Gran Canaria natal, seguía teniendo permanente contacto.

Betancort Gento De Felipe

Finalmente, el vasco Araquistáin se hizo con el puesto esa campaña (ganando también el Trofeo Zamora) y Betancort no tuvo prácticamente ninguna oportunidad, con lo que, en el verano de 1962, aceptó una cesión al Deportivo de la Coruña, operación que formó parte del pago del traspaso del gallego Amancio Amaro al club blanco.

En 1962, aceptó una cesión al Deportivo de la Coruña, operación que formó parte del pago del traspaso del gallego Amancio Amaro al club blanco

Antonio cuajó una temporada sensacional 1962-63, ayudando activamente a su equipo a mantenerse en Primera División. Y regresó al Real Madrid, donde Vicente había recuperado la titularidad, ganando otros dos «Zamora» más (único meta merengue ganador de tres trofeos en toda la historia), 62-63 y 63-64. Una vez terminado 1964, con la decepción final de la derrota ante el Inter (3-1) en la final de Viena y la explosiva salida del club de Di Stéfano, Vicente también salió (con destino al Mallorca) y quedaron como porteros Araquistáin y Betancort, que prácticamente seguía inédito en partidos oficiales.

Esta vez, la buena suerte le echó un capote a Betancort (o la mala suerte fue para Araquistáin, en forma de inoportuna lesión en la 7ª jornada de liga, en partido jugado en casa ante el Zaragoza, 1-1), que acabó la liga 64-65 como titular indiscutible y, además, consiguiendo su primer «Zamora», tras 24 partidos jugados y encajando únicamente 15 goles. Además, en esa temporada, el canario también pudo debutar en Copa de Europa y jugar la Copa. Esa liga supuso la 5ª consecutiva del Real Madrid (desde 1960-61), récord en el campeonato español, que pudo igualar la Quinta del Buitre entre 1986 y 1990.

Se me quedó grabada la facilidad que tenía Betancort para blocar los disparos de los rivales, una característica que hoy en día está casi en desuso

Las dos siguientes campañas siguió siendo titular indiscutible, haciendo gala de unos magníficos reflejos, y de sus sensacionales salidas de puños. Una imagen que siempre se me quedó grabada era la facilidad que tenía Betancort para blocar los disparos de los rivales, una característica que hoy en día, con tanto portero-delantero, mezcla de porteros de balonmano y de parar y abusar jugando con los pies, está casi en desuso, ya