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El primer gol madridista en un Mundial

El primer gol madridista en un Mundial

Escrito por: Alberto Cosín10 julio, 2026
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El Real Madrid está siendo protagonista del Mundial 2026 por el gran acierto goleador de sus jugadores en lo que va de torneo. Es el club que suma más tantos con un total, por ahora, de 17 dianas (Mbappé 8, Bellingham 4, Vinicius 4, Arda 1). A lo largo de la historia son muchos los futbolistas merengues que han marcado en una Copa del Mundo. Algunos de ellos, como Valdano en el Mundial de México 1986, y Zidane en el Mundial de Alemania 2006, lo hicieron también en la gran final. Pero para encontrar al primer madridista que logró un tanto en la Copa del Mundo nos tenemos que remontar al Mundial de 1934 celebrado en Italia. Su autor: Luis Regueiro.

El primer Mundial de la historia fue cuatro años antes en Uruguay. Sin embargo, la selección española no acudió y, por tanto, ningún jugador madridista actuó en ese torneo. Sí participó uno que se enfundaría la zamarra blanca un lustro más tarde, el brasileño Fernando Giudicelli. De cara a la Copa del Mundo con sede en Italia el conjunto blanco estuvo muy bien representado con cinco hombres. El seleccionador Amadeo García de Salazar convocó al gran trío defensivo formado por Zamora, Ciriaco y Quincoces, a Luis Regueiro y al canario Hilario, aunque la inscripción de este fue a última hora, la FIFA no la admitió y no viajó a Italia. Fue, junto al Athletic, el equipo con mayor número de jugadores en la lista española. El Madrid en la II República era un equipo muy potente y unas semanas antes había ganado la Copa ante el Valencia en Montjuic.

En el primer partido del Mundial, Luis Regueiro no fue titular y su lugar en el once lo completó Lecue. La selección española venció con superioridad a Brasil con el trío Zamora, Ciriaco y Quincoces cumpliendo con nota. En cuartos de final España se iba a enfrentar a la anfitriona Italia, un equipo repleto de grandes jugadores entrenados por Vittorio Pozzo, con el delantero Giuseppe Meazza a la cabeza. La sede del encuentro fue el estadio Giovanni Berta en Florencia y el partido pasó a la historia como ‘La batalla de Florencia’.

En la previa del duelo, el 31 de mayo de 1934, la prensa española avisaba de que el seleccionador Amadeo García Salazar buscaba un recambio en la alineación para el interior Lecue porque no había quedado satisfecho tras la floja actuación del vizcaíno contra los brasileños. Luis Regueiro se postulaba como su sustituto, aunque partiendo desde el perfil opuesto al habitual, el izquierdo. El vasco nacido en Irún el 1 de julio de 1908 siempre fue elogiado por compañeros y rivales como uno de los mejores jugadores que habían visto jugar. Sin duda, es uno de los futbolistas más importantes del fútbol español en el siglo XX, aunque los años y los recuerdos han ido desvaneciendo su enorme figura.

Fichó por el Real Madrid en una operación perfectamente planeada por Santiago Bernabéu, que convenció al irunés, que no tenía nada claro dejar su tierra y el Real Unión para aterrizar en la capital. Regueiro se desempeñaba como interior derecho. No era un fino estilista, sino muy sobrio en su juego, trabajador infatigable, muy hábil e inteligente en la creación de juego, seguro y preciso en el pase, con un duro y malintencionado disparo y un notable remate de cabeza. El vasco era de esos interiores que recogían el balón en su área y con una zancada amplia conducía el balón superando rivales, esquivaba adversarios fintando con el cuerpo y generando peligro por su profundidad. Luego, tenía la clarividencia para ceder el cuero al compañero mejor colocado. Por ese fácil correr, por su destreza para zigzaguear con la pelota en los pies se ganó el apodo que mejor cuadraba con sus condiciones: “El Corzo”. Un sobrenombre que llevó la firma del periodista, escritor y ensayista Federico García Sanchiz. Parecía exactamente un corzo que hábil y prodigiosamente esquivaba a los rivales que le salían al paso para cortar sus internadas peligrosas.

El primer gol de un madridista en un Mundial llegó en el minuto 30 de la primera mitad contra los italianos. En El Heraldo de Madrid lo describieron así: “Los españoles, animados, hacen frecuentes incursiones. En una de ellas un balón enviado por la línea de medios va a Lángara; este cede el balón a Regueiro y el interior madridista larga un soberbio chut, que bate a Combi por el lado derecho. El goal produce un entusiasmo indescriptible”. En La Voz: “Un balón que Muguerza despide es recibido por Luis Regueiro muy cerca del centro del campo. El malabarista español esquiva a varios contrarios, y avanza con facilidad hasta llegar al terreno de los defensas italianos, donde hace un buen pase a Lángara. Este avanza algo y como le acosan los jugadores italianos, cede el balón a Regueiro, que lanza un tiro colosal, sin que Combi pueda detener la pelota”. Y en El Mundo Deportivo: “El juego permanece detenido por unos momentos mientras se atienda a Iraragorri de un faut de Monti. Finalmente, este se reincorpora y Lángara lanza el castigo, desde cerca del área, pasando a Regueiro que empalma un formidable izquierdazo que se adentra fulminantemente en la red”.

En los periódicos italianos así explicaron el tanto de Regueiro. En Il Littoriale: “El gol de España fue fruto de la fortuna y se originó en un error de Combi, aunque también fue posible gracias a otro fallo de Regueiro. De hecho, si el interior izquierdo español hubiera golpeado el balón con limpieza en lugar de limitarse a rozarlo, este se habría dirigido hacia el rincón opuesto a aquel donde finalmente acabó, y el gol de España no se habría producido”. En La Gazzetta dello Sport: “En el minuto 29, Iraragorri choca con Allemandi y cae al suelo. El árbitro detiene el juego, pero el español se levanta casi de inmediato. No obstante, se señala un tiro libre a favor de España; Lángara lo ejecuta y pasa el balón a Regueiro, quien lo envía rápidamente al fondo de la red, sorprendiendo a Combi. ¡Gol! Corre el minuto 31”. En Guerin: “Un choque entre Allemandi e Iraragorri llevó al árbitro a interrumpir brevemente el juego. Los españoles marcaron su primer gol en el tiro libre resultante contra los azzurri, ejecutado por el delantero centro Lángara. El tanto fue consecuencia de un doble error: uno de Regueiro, que apenas rozó el balón en lugar de golpearlo limpiamente, enviándolo en una dirección totalmente opuesta a la pretendida; y otro de Combi, que no supo anticipar la trayectoria. No obstante, el gol fue totalmente legítimo”.

En algunas crónicas se hizo hincapié en que aquel fanático público italiano, aún ciego de pasión por sus colores, aplaudió a Regueiro en varias ocasiones durante el partido. Luego, diferentes medios italianos lo designaron ese año como el mejor interior que había actuado hasta ese momento en dicho país.

Italia empató antes del descanso por medio de Ferrari en uno de los partidos más broncos y polémicos de la historia de los Mundiales. La ayuda arbitral a los anfitriones en todo el torneo fue una constante. El dictador italiano Mussolini se había encargado de manejar y arreglar el Mundial a su antojo, atrayendo a árbitros de cámara como el belga Baert y el suizo Mercet. Il Duce no estuvo presente en el choque, pero sí sus hijos Vittorio y Bruno y su sobrino Vito (hijo de su hermano Arnaldo). En una información publicada en La Voz se hacían eco de que los hijos opinaron sobre el juego español que fue “noble, enérgico y de gran clase”. El empate provocó un desempate que se jugó al día siguiente, con muchas bajas entre los españoles, y en el que un gol precedido de falta al portero Nogués eliminó a España. Italia, con más polémica en semifinales ante Austria, terminó ganando el torneo al derrotar en la final a Checoslovaquia.

Luis Regueiro, en alguna entrevista años después, describió aquel momento como el más ingrato o desgraciado de su carrera: “La eliminación del Campeonato del Mundo el año 1934 en Italia, por la célebre ‘squadra azzurra’. Porque aquello, a pesar del mucho tiempo transcurrido, siempre lo recuerdo como la mayor ignominia deportiva que he conocido. Fue un auténtico ‘robo’ y la única forma de apartarnos del torneo”.

 

Fotografías: archivo de Alberto Cosín

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Apasionado del balompié, me hubiese gustado ver en directo a las figuras de los años 30, 40 y 50. Gato y madridista, en mi primera visita al Santiago Bernabéu pude contemplar a Diego Armando Maradona.

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