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Un Mundial negreiresco

Un Mundial negreiresco

Escrito por: William Pogue8 julio, 2026
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Es difícil escapar del estado de shock cotidiano por la adulteración de los resultados que viene perpetrando la FIFA en el Mundial. Nos venderán el evento como un éxito comercial inigualable, con audiencias récord, con estadios llenos a 3000 euros la entrada, como espectáculo planetario. La fiesta del fútbol. El faraónico negocio es indiscutible, pero no incuestionable. Ya tenemos otro ídolo en nuestro bestiario de inmortales: el terrorista del silbato François Letexier. Un mandao.

Es inevitable pensar en el paralelismo con LaLiga. Tebas nos vende como éxito propio los crecientes ingresos generados en su mayor parte por el Real Madrid. Por eso encuentra justificado un salario astronómico por trabajar una semana cada cinco años, cuando negocia los derechos televisivos. Los clubes aguardan con paciencia ovina el maná del dinero generado por nuestro club y reciben con mansedumbre los millones prestados por el futuro, donde Tebas viajó para hipotecar los próximos 50 años del fútbol español.

Al igual que en LaLiga, estamos asistiendo a un espectáculo bochornoso en el Mundial. Los arbitrajes subordinan la equidad a la conveniencia del negocio, recreándose en la suerte de la prevaricación. Los árbitros ignoran sobre el césped acciones obscenas e inconvenientes para la FIFA mientras enfocan el microscopio del VAR sobre detalles irrelevantes que les permiten manipular los resultados. Los patrocinios seguirán fluyendo. ¿Se acuerdan de la cláusula de Rubi y de Geri según la cual cobrarían más por llevar a Barcelona y Real Madrid cada año a la Supercopa? Pues eso. El VAR rearbitra. Lo negaban. Los árbitros saben lo que quiere Infantino y se esfuerzan en complacerle. ¿Qué dirán esos contratos confidenciales sobre la continuidad de Messi y de Argentina en la competición?

Nos lo explicarán de mil maneras, como nos explican "el bulo Negreira" (tienen los huevos de llamarlo así). Nos contarán que el VAR vino para hacer el fútbol más justo, mientras presenciamos atónitos que se ha convertido en una herramienta para tomar decisiones delirantes bajo la apariencia de honestidad. El problema no es lo que vemos. Debatible. La cuestión es lo que se nos hurta. La realización televisiva editorializa. Construye el relato. Determina la épica del ganador y decide quién merece perder. Nunca veremos repeticiones de una agresion de Messi o de un penalti sobre un pobre egipcio. Treinta cámaras en un estadio del siglo XXI. Cero imágenes “inconvenientes”. Lo que no se ve, no existe. Conocemos el oficio.

Al igual que en LaLiga, estamos asistiendo a un espectáculo bochornoso en el Mundial. Los arbitrajes subordinan la equidad a la conveniencia del negocio, recreándose en la suerte de la prevaricación

Roures y Tebas fueron precursores. La ocultación de imágenes por parte de Mediapro, la realización sesgada de Óscar Lago y el advenimiento del primer VAR español marcó el camino. No podía ser de otra manera. Fue el Barcelona, con su conglomerado de corrupción política-mediática-deportiva. Siempre fueron adelantados a su tiempo en cuanto a la comisión de delitos se refiere. Pagaron a Negreira por neutralidad, pagaron a Unicef (léase Senes Erzik, léase comité de árbitros UEFA) por lo mismo. Tebas adjudicó el VAR, la realización televisiva a Roures (Mediapro) para manipular LaLiga, para triturar a sus enemigos (nosotros), para señalar la paja en el ojo ajeno y ocultar la viga en el propio. Y hasta que no haya una sanción, podemos afirmar que lo han conseguido. Van ganando.

Infantino está utilizando todos los intrumentos que el negocio del fútbol le ha puesto en las manos. Porque su objetivo principal no es el deporte, sino el dinero. Que los patrocinadores recuperen su monstruosa inversión en el evento y de paso le llenen sus bolsillos sin fondo. La polémica es un potente agente de monetización. A Infantino no le importa el escándalo. Reconocer que Donald Trump le llamó para cancelar una sanción justa le otorga el rango de líder global, de interlocutor válido de la persona más poderosa del planeta. El escándalo se asume. Ladran, luego cabalgamos. El espectador ve los anuncios. El que se indigna, a fin de cuentas, consume. Y paga.

No ha habido un partido de este Mundial en que la FIFA no haya sostenido a Argentina. Un equipo bien dirigido, con posibilidades de llegar lejos por calidad y por tradición, pero indolente durante los partidos, sabiéndose protegido por la organización y por el talento de su estrella

Y Messi, una vez más Messi, en el centro de la escena. Siempre Messi en su papel de niño bueno que consiguió superar todas las dificultades para convertirse en un adulto funcional. Y qué bien llora… Por eso no es censurable ayudarle a ganar. Es de justicia. Pobre Messi, con las malas cartas que le repartió la vida... A estas alturas de la película se ha convertido en el reclamo publicitario más rentable del mundo, la megaestrella, el producto de marketing más grande del fútbol. Podría haber nacido en cualquier lugar. En Irak, en Cabo Verde, como el otro monstruo cayó en Madeira. Pero el otro monstruo no es admirable, sólo genera envidia y aversión, porque no es un falso humilde. Messi cayó en Argentina, país corrupto y genéticamente predestinado a la superioridad dialéctica en cualquier discusión sobre fútbol. Para qué más.

No ha habido un partido de este Mundial en que la FIFA no haya sostenido a Argentina. Un equipo bien dirigido, con posibilidades de llegar lejos por calidad y por tradición, pero indolente durante los partidos, sabiéndose protegido por la organización y por el talento de su estrella. Talento indiscutible para el fútbol y para la trampa, consentida y premiada. Messi tiene muy trabajado históricamente cómo decirle al árbitro cuándo tiene que pitar. Suele dejarse caer en el lugar exacto desde el que quiere lanzar una falta. Ha entrenado durante años cómo agredir a un contrario pareciendo la víctima. En España triunfó. En Europa le salió regular.

En Copas del Mundo, Infantino consiente y el complejo empresarial del entretenimiento celebra a la Argentina de Messi, con el soporte de los sicarios del silbato. La FIFA es una organización capaz de vender un Mundial por dinero en 2015 y de conseguir silenciar las gravísimas condenas sobre Blatter y Platini con un “pelillos a la mar”. Tiene mucho mérito. No podemos negar el paralelismo con un fenómeno genuinamente español: Infantino también llegó a la presidencia de la FIFA “para acabar con la corrupción...” Y ahí le tienen. En la cima.

Diario antimundial (días 26, 27 y 28)

El mundial de Catar fue un escándalo continuo, antes y durante. En la organización y en lo deportivo. La infamia se fue administrando minuciosamente para que ganara quien tenía que ganar: uno de los dos equipos cuyas estrellas jugaban en el PSG, propiedad del fondo soberano Qatar Investment Authority (QIA). Para eso pagaron y para eso organizaron.

A la mitad de la afición ya no le parece mal pagarle a un jefe arbitral o que el VAR y las retransmisiones sean adjudicadas a un socio comercial de un club de LaLiga. Cómo les va a parecer mal que Infantino le regale otro título a Messi

Arabia Saudí organizará el mundial de 2034 en virtud de una votación transparente, que premiará su gran tradición futbolística y sus dotes de país comprometido con los derechos humanos, los valores del deporte y su experiencia como organizador de grandes eventos. El dinero infinito repartido con generosidad seguro que no ha tenido nada que ver.

Al margen de la sombra de corrupción inherente al fútbol por la tremenda cantidad de dinero que mueve (los millones atraen a la gentuza como la mierda a las moscas), hay una mala noticia: el mecanismo que estamos viendo en funcionamiento replica con exactitud el experimento de laboratorio del fútbol español. A la mitad de la afición ya no le parece mal pagarle a un jefe arbitral o que el VAR y las retransmisiones sean adjudicadas a un socio comercial de un club de LaLiga. Cómo les va a parecer mal que Infantino le regale otro título a Messi. Él desaparecerá otros cuatro años para disfrutar de su descomunal bonus de productividad por duplicar los ingresos de este ciclo mundialista. Y a otra cosa.

Me gustaría estar equivocado, pero una condena al Barcelona por el caso Negreira es condenar de algún modo a la FIFA y las prácticas del mimético "Método Infantino", que utiliza exactamente las mismas herramientas audiovisuales y arbitrales que nuestros paisanos corruptos, desde su poder absoluto sobre el fútbol. El Barcelona se compró el sistema por envidia, para emular la verdadera grandeza del eterno rival. En el fondo, fueron sólo el ladrón que robó un diamante para que su abuela pudiera ponerlo en la mesita de noche y contemplarlo cada día. Sus cómplices: LaLiga, el CTA, la RFEF y sus terminales políticas son como Infantino y su tinglado. Sólo lo hacen por dinero mientras el fútbol agoniza. Que Florentino nos ampare.

 

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Astronauta vocacional. Nací, crecí bastante, me reproduje, y ahora estoy aquí, esperando. @Pogue1976

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6 comentarios en: Un Mundial negreiresco

  1. A la FIFA le da igual el Barcelona. Aqui pasa que hay claros intereses en que Messi continúe en la competición. Hay mucho dinero de por medio. A partir de ahora jugarán sin red. Lo del FCB fue directamente comprar una competición.

  2. hay personajes que defienden al Barça y el tema Negreira, están indignados por la FIFA con lo de la roja quitada, y con el tema de como roba Argentina.
    En fin, tenemos lo que tenemos.

  3. Hay que ser iluso para creer que los pagos a Negreira tendrán aguna consecuencia negativa para el Farsa.Cachetito en el culito a La porta y "no lo vuelvas a hacer".Si Trump consiguió que quitarán una roja,sin necesitar a la FIFA, que no conseguirán los políticos catalanes (necesarios para Sánchez)

  4. Y perpetrado a sangre fría desde el VAR, que es lo peor. No fué falta a Lisandro ni tampoco a los jugadores egipcios al final del partido, pero si mandas a revisar una, debes mandar a revisar las otras dos. Una vergüenza para el futbol

  5. En Qatar 2018 porque jugaba en el Psg y era el fin de fiesta de un proyecto de lavado de imagen del régimen catari a gran escala, y ahora en 2026 en USA porque es una pata más del proyecto globalista de Trump de make America great again.
    Honestamente creo que solo los ingleses y los franceses pueden impedir que Argentina gane el mundial por sus influencias geopolíticas y las medidas de presión que puedan hacer estas dos.
    Messi es el príncipe azul no sólo de la FIFA, sino de las grandes marcas que financian el fútbol.

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