Lo que está ocurriendo en este Mundial es lamentable. Un torneo que debería ser la gran fiesta del fútbol se está convirtiendo, partido tras partido, en una sucesión de polémicas arbitrales, decisiones discutibles, intervenciones del VAR que nadie termina de entender y una sensación cada vez más extendida de que no todos compiten bajo el mismo criterio.
Argentina vuelve a estar en el centro del debate. No por sus futbolistas, que tienen calidad de sobra, sino por todo lo que rodea a sus partidos. Hay decisiones que, vistas desde fuera, generan demasiadas dudas. Y cuando en una competición de esta dimensión se instala la sospecha, el problema ya no es de un árbitro, de una jugada o de un partido concreto. El problema es de la FIFA.
Después aparece la investigación sobre la AFA y el asunto se vuelve todavía más grave. Porque cuando una federación queda bajo el foco, todo se complica. Y mucho más cuando sabemos de la convivencia entre la AFA y el presidente de la FIFA.
Pero claro, aquí empieza el gran teatro. La UEFA critica a la FIFA. Javier Tebas critica a la FIFA. Todo el mundo se rasga las vestiduras hablando de integridad, limpieza, igualdad y respeto a las competiciones.
Y entonces yo, como madridista, me hago una pregunta muy sencilla: ¿dónde está toda esa valentía con el caso BARÇA/NEGREIRA?
Porque hay que tener muy poca vergüenza para señalar los problemas del fútbol mundial mientras en España seguimos arrastrando el escándalo más grave de la historia del deporte. Hay que tener muy poca vergüenza para dar lecciones de limpieza competitiva mientras el Barcelona sigue compitiendo en la liga española y en Europa sin que las instituciones deportivas hayan tomado una medida proporcional a la gravedad de lo conocido.
La UEFA critica a la FIFA. Javier Tebas critica a la FIFA. Todo el mundo se rasga las vestiduras hablando de integridad, limpieza, igualdad y respeto a las competiciones. ¿dónde está toda esa valentía con el caso BARÇA/NEGREIRA?
A mí no me vale el discurso cómodo. No me vale que todos sean muy valientes cuando el problema está lejos. No me vale que la UEFA se presente como guardiana de la pureza del fútbol europeo mientras no adopta una postura contundente ante el caso BARÇA/NEGREIRA en las competiciones europeas. Y mucho más cuando hoy es conocedora absolutamente de todo lo ocurrido. Ahí están las denuncias que muchos de vosotros sabéis que hemos presentado un grupo de aficionados y socios, y también el dossier que recientemente el Real Madrid, que es la parte más afectada, les ha hecho llegar.
Por la parte de Javier Tebas, no me vale que se ponga estupendo hablando de integridad si luego el aficionado español sigue esperando una respuesta deportiva firme ante un caso que afecta directamente a la limpieza de la liga española.
Y tampoco me vale que desde las instituciones políticas españolas se mire este asunto con una tibieza que, como mínimo, resulta escandalosa. Cuando el deporte español se enfrenta a un caso de semejante dimensión, el deber de cualquier institución seria es empujar hacia la máxima transparencia, no contribuir con silencios, medias palabras o maniobras de distracción para que el tiempo lo vaya enterrando todo.
Esa es la hipocresía. La FIFA queda bajo sospecha por lo que está sucediendo en el Mundial. La UEFA se presenta como juez moral. Tebas se coloca delante del micrófono o el teclado del ordenador para dar lecciones. Y mientras tanto, en España, el caso BARÇA/NEGREIRA sigue ahí, como una losa sobre la credibilidad de todos.
Aquí no se trata de pedir favores para el Real Madrid. Se trata de exigir que el fútbol tenga unas normas iguales para todos. Se trata de que ningún escudo, por grande que sea, pueda quedar por encima de la obligación de proteger la limpieza de una competición.
Porque cuando un club paga durante años al vicepresidente de los árbitros, el fútbol no puede mirar hacia otro lado como si aquello fuera una anécdota administrativa. No puede esconderse detrás de tecnicismos. No puede esperar a que el calendario haga el trabajo sucio. No puede pedirnos que olvidemos, como lo hizo el actual presidente del CTA.
El caso BARÇA/NEGREIRA no es una polémica más. Es una fractura moral. Es una mancha gigantesca sobre la liga española. Y es también una prueba para la UEFA, para Javier Tebas, para la Federación, para el Gobierno y para todos los que dicen defender la limpieza del deporte.
el fútbol tiene un problema gigantesco: la hipocresía de quienes exigen limpieza cuando les conviene y se quedan mudos cuando la limpieza amenaza al poder establecido
De momento, esa prueba la están suspendiendo. Con estrépito. Porque no se puede pedir transparencia a la FIFA y esconder la cabeza con el Barcelona. No se puede denunciar el descontrol del Mundial y mirar hacia otro lado en la liga española. No se puede exigir justicia fuera y aplicar prudencia infinita dentro.
Por eso este Mundial, la investigación sobre la AFA, el comportamiento de la FIFA y el caso BARÇA/NEGREIRA forman parte del mismo problema: la pérdida absoluta de credibilidad de quienes gobiernan el fútbol.
Unos se acusan a otros. Unos emiten comunicados contra otros. Unos fingen escandalizarse por lo que hacen los demás. Pero cuando llega la hora de actuar de verdad, aparece el silencio. Y ese silencio es insoportable.
Como madridista, estoy harto de que nos vendan discursos de limpieza mientras se evita afrontar el caso que más daño ha hecho a la credibilidad del fútbol español. Estoy harto de que se trate al aficionado como si no tuviera memoria. Porque memoria tenemos. Y mucha.
Sabemos lo que hemos visto. Sabemos lo que se ha conocido. Sabemos quiénes han hablado mucho y han hecho poco. Y sabemos que el fútbol español no recuperará jamás su credibilidad mientras el caso BARÇA/NEGREIRA no tenga una respuesta deportiva a la altura de su gravedad.
Y el fútbol, sobre todo, tiene un problema gigantesco: la hipocresía de quienes exigen limpieza cuando les conviene y se quedan mudos cuando la limpieza amenaza al poder establecido.
Getty Images e IA












La Galerna trabaja por la higiene del foro de comentarios, pero no se hace responsable de los mismos