Me pregunto a qué parámetros debe ser fiel un libro para aspirar a convertirse en el libro del verano. Supongo que uno de ellos es que sea de reciente publicación, y otro que no tenga un grosor difícilmente conciliable con el sopor del estío. O sea, “El tambor de hojalata” no podría ser reivindicado como el libro del verano de 2026 sin suscitar algunos arqueamientos de ceja y pocas adhesiones.
“Crónicas raulistas”, de Juan Carlos González Guerrero, no cumple a rajatabla con el primer requisito (lleva unos cuantos meses en el mercado), pero es ligero como para transportarlo entre el traje de baño y la rabadilla, sacarlo como quien desenfunda a la llegada a la playa, empezar a leerlo sentado en la toalla antes de que nadie empiece a molestarte (te molestarán igual, pero al menos quedará claro desde el principio que lo están haciendo) y, en tres sentadas como esa, acabarlo con un solaz infinito.
Para que ese solaz infinito se produzca, tiene que interesarte mínimamente el objeto de su estudio, que no es otro que Raúl González Blanco, a quien el autor sigue a lo largo de un puñado de partidos específicos en su carrera. Guerrero ha visto de nuevo todos y cada uno de los encuentros que comenta, aunque el término “crónicas” es deliberadamente simplista. Es solo un método de trabajo. Al final de cada capítulo sale la ficha del partido en cuestión (alineaciones, cambios, minutos y autores de los goles), pero cada crónica constituye una puesta en contexto del momento en la carrera de Raúl en que cada partido se juega, e incluso del momento en la historia del Real Madrid, valga la redundancia. Hay, por ejemplo, a la luz de lo que hay sabemos sobre Negreira, una reinterpretación de un penalti de Sergi, escamoteado en un mal llamado “clasico”, que hiela la sangre en las venas.
La memoria celebra los partidos y los goles que ya recordaba, los que emergen gracias a la lectura y los que, una vez rescatados por Guerrero para ti, permanecen sumidos en la llanura abisal del olvido. “Este se lo ha podido inventar”, piensas, sobre todo al llegar al Schalke o al periodo arábigo, y casi desearías que fuese así para tener algo malo que decir sobre el autor. Ya nos embelesó con otro delicioso librito de madridismo desbocado, “Fondo blanco”, y tanto talento honesto es irritante. “Crónicas raulistas” es el tipo de libro que tardará en ser capaz de escribir la IA, que tal vez algún día pueda seleccionar veinticuatro partidos de entre 741 de manera que sean significativos desde un prisma global. Tal vez algún día pueda revisitarlos con ojos dotados de la sabiduría y la pasión del hincha cultivado. Y tal vez, aunque no parece fácil, pueda contártelos con un despliegue similar de tino, frescura y levedad.
Hay sin embargo una cosa en la que la IA jamás podrá igualar a Guerrero: no los habrá vivido. El resultado podrá ser igual, pero ¿qué me decís del camino? Juan Carlos González Guerrero vuelve sobre el que ya ha recorrido. También lo recorrió el protagonista del libro y, lo que es mejor, también lo recorriste tú.
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Raul, extrañamente vilipendiado por un sector del madridismo (como Ramos ¿?), nos ha dado alguno de los mejores momentos de nuestra historia. Un jugador superlativo, sin asteriscos. Uno de los nuestros, a pesar de opiniones vomitivas como las de Látigo Serrano.