Vinicius Júnior, nuestro Vini (porque es nuestro y lo será para siempre, independientemente de si renueva o no, y lo es desde que lo vimos salir lesionado y llorando por la banda del Bernabéu, en el partido de vuelta aquel contra el Ajax: recién llegado, y cuando la pelota parecía una peonza entre sus tobillos, se había echado un equipo tricampeón a la espalda ante la dejación de los jerarcas, y su pasión poderosa e infantil casi resucita a un muerto) se ha hecho una cosa muy rara en la cara. «Armonización del mentón», la describen, expresión que me parece siniestra, como si la mandíbula de Vini estuviera mal y hubiese que arreglarla.
Me parece triste tener que renunciar a los rasgos genéticos que uno ha heredado de sus mayores. Es como cambiarse el apellido, una refutación general de tu propio ser. Han aparecido capturas de pantalla por X en las que se intuye que Vini lo habría hecho para agradar a su novia, la tal Virginia, a la que ya estoy tentado de mirar como las suegras a las potenciales nueras. Si la leyenda dice que los futbolistas de antes fumaban y bebían, los de ahora no dejan lugar a fabulación alguna: ya se encarga su nutrido entourage de parásitos de airearlo todo. Todo esto alimenta, claro está, el chisme, que nunca falta, más bien al contrario: es el alimento principal de la nueva industria periodística de ámbito deportivo que nos ha deparado el Internet de segunda, tercera o cuarta generación, no sé por cuántas vamos ya.
La sonrisa de Vini era una marca registrada. Encarnaba la alegría del madridismo, al menos del madridismo alegre, desacomplejado y disfrutón. Los rasgos físicos de Vini representaban perfectamente los del arquetipo del negro cimarrón: aquel que huía a la cima —de ahí la etimología del vocablo— escapando de la esclavitud y en busca de la innegociable libertad. La rebeldía de Vini constituía una lucha sobre todo contra la mediocridad nacional, que primero se empeñó en ridiculizarlo, por fallón, y después directamente en defenestrarlo y convertirlo en villano de España.
Me parece triste tener que renunciar a los rasgos genéticos que uno ha heredado de sus mayores. se intuye que Vini lo habría hecho para agradar a su novia, la tal Virginia, a la que ya estoy tentado de mirar como las suegras a las potenciales nueras
Como Vini siempre se ha mostrado tal y como es, ha sido un blanco fácil y seguro para este país de chichinabo en el que vivimos, donde mostrar los verdaderos sentimientos conlleva exponerse y el qué dirán es sinónimo de anatema. Esa sonrisa y esos labios grandes y abiertos, que dejaban ver siempre la dentadura blanca como la nieve y esos ojos rasgados y enormes eran per sé un icono de la felicidad desmesurada. Que así es siempre la felicidad del madridismo, o debiera serlo: total, absoluta, sin medida. Era la sonrisa de un tipo fundamentalmente noble, sonrisa de ingenuus, que en latín quiere decir hombre libre. De Vini sabíamos que es puro corazón y que por tanto, con la misma desmesura con la que ríe, llora. En Vini no hay doblez ni cálculo, es transparente como el agua igual que lo era Cristiano Ronaldo, por eso resultan intolerables en el país de la apariencia y del teatro, como es España.
Quizá había algo en esa cara, que tiene que ver con esa expresión sin impostura de las emociones que el español medio no soporta y que como sugiere Jesús Bengoechea en su relato Fuchinho ha terminado contaminando el espíritu del propio Vinicius, hasta el punto de convencerle de disfrazar su verdad mediante la cirugía estética.
Hay algo terrible en inducirle a Vinicius esta transformación facial, una ruindad en apariencia pequeña o anecdótica pero muy grande, en realidad: como no cederle el asiento en el metro a una embarazada o contarle a los niños que los Reyes Magos no existen.
El rostro de las personas es un equilibrio asombroso y frágil. Basta tocar una cosa para fastidiar una armonía misteriosa en la que sin embargo reside la esencia de su identidad. No es pecata minuta, afilarse el mentón de esa manera y separarse los ojos revela alguna clase de trauma con su yo interior, o una inseguridad, que contradice al Vinicius que hemos conocido a lo largo de todo este tiempo: el futbolista-volcán, el puro terremoto con quien no pueden los rivales, por más que lo insulten, apaleen o echen del campo a empujones.
La sonrisa de Vini tendría que ser como el muslo izquierdo de Roberto Carlos, que decían que estaba asegurado. Era como la marca del Zorro, un ris-rás con el florete en toda la jeta de los tristes. ¡Y anda que no hay tristes en este mundo!
La sonrisa de Vinicius era la Samba de la Bendición de su tocayo De Moraes: É melhor ser alegre que ser triste / Alegria é a melhor coisa que existe / É assim como a luz no coração. Era la libertad sin domesticar del tiburón blanco, o sea del Madrid: un vestigio del mundo que ya fue. Vinícius era el portador de una llama que podía incendiar el orbe entero. Para ese fuego resulta también imprescindible, como bien sabía Vinícius de Moraes, um bocado de tristeza. Si no, não se faz um samba não. La sonrisa de Vinicius fue el mascarón de proa con el que un barco insumergible navegó tormentas pavorosas: todo un país entero riéndose de un muchacho brasileño que sólo quería ganar con el Madrid.
Ahora, Vinicius la ha cambiado por una faz impersonal, el rostro duro e irreconocible de un rapero de Los Ángeles, o de un boxeador de combates amañados del Hollywood pre-Code. No sé cómo eso afectará a su juego, pero será raro verlo bailar. En las imágenes que han salido parece un niño desconcertado ante algo que no comprende: una criatura al que le explican de pronto en qué consiste la adultez. Dan ganas de abrazarlo y decirle que todo va a salir bien.
Getty Images













Como siempre, magnífico artículo.
Sin embargo, ... si me ponen el antes y el después, Vini, está, ahora, mas guapo, aunque parezca un rapero de Los Ángeles.
En Brasil tienen mucha tradición de cirugía plástica. Seguro que la "resignificación" del mentón aguanta.
¿No es Vini un tipo adulto? Hace tiempo que escapó de la esclavitud.
Y si quiere gustarle más a la novia, pues, santo y bueno.
Saludos.
Para eso no se sale de la favela
No veo gran diferencia entre lo que se ha hecho Vini en la cara y lo que se han hecho algunos futbolistas en el pelo (Casillas y muchos otros), o en la nariz (me viene a la mente Sergio Ramos).
Y me gusta como está ahora Vini.
El artículo está muy bien escrito, eso siempre en Valderrama.
Sí, comparto la melancolía del autor.
Por eso quiero pensar que ha sido decisión sólo suya y que ahora él esté más feliz y más seguro.
Se echa novia y se mete en un quirofano. Calzonazos de manual y acomplejado que le va a dejar la novia en lo que cuesta tomarse un café.
Pues yo que soy calvo gordo viejo marrano e impotente no veo la tragedia que cuenta el artículo, es más yo que soñé muchas veces en pasear por las ramblas de la meva benvolguda Barcelona con el pecho erguido y sereno cual colibrí, no me atrevo a hacerlo porque al tener la enorme responsabilidad de escribir aquí y en mundo deportivo con distintos nombres creando conversaciones ficticias conmigo mismo, pues he tenido que pagar el precio de esta misión que en su día me encomendó mi guru de cabecera, F. O. q. u. e. t de n. e. u, que desde la jaula donde pernoctaba me dijo que impartiera su filosofía de vida al mundo entero. Comer, dormir y defecar.
De todas formas, creo que si sale bien mi plan, podré cumplir mi sueño : voy a acudir a la clínica capilar Ricitos, en Teruel capital, donde voy a recibir un tratamiento capilar absolutamente innovador, en el cual me van a trasplantar pelos del ojaldre, ricos en nutrientes debido a la fauna intestinal, que además han sido tratados esterilizados uno por uno para que además se les ha añadido una fórmula magistral mediante la cual, estos pelos conllevan aromas de menta, regaliz y romero, lo cual es muy probable que no necesite ya nunca más echarme champú.
Adela , falso, eres un h d p
También Pedro Sánchez y señora se han sometido a cirugía plástica y hasta es posible que con nuestro dinero.
A mi este Sr. cada vez me da más grima, que se preocupe en mejorar su nivel competitivo y que pregunte por los Di Marías y Oziles que por su avaricia les pusimos en la calle y sus carreras bajaron en picado….. pero con Florentino caprichoso y autoritario
A mi este Sr. cada vez me da más grima, que se preocupe en mejorar su nivel competitivo y que pregunte por los Di Marías y Oziles que por su avaricia les pusimos en la calle y sus carreras bajaron en picado….. pero con Florentino caprichoso y autoritario
Ya no parece un negro cimarrón (cima del artículo), rebelde y desbocado, sino otra cosa. Sus rasgos se han dulcificado; veremos si mantiene su carácter.