Andaba el mundo mediático rumiando si el José Mourinho que regresa es el mismo o una pose, si su nueva versión zen casa con la verdad o es puro cartón, cuando llegó la primera piedra en Sevilla.
Desde el micrófono azul, el director de Tiempo de Juego descorchó su ingenio para calificar al portugués como “Mourinho de Calcuta”, antes de sentenciar que “la cabra tira al monte” con el cuestionable argumento (no es momento, pero podríamos hablar de etología en este punto) de que “quien tiene un pitbull, al final muerde a alguien”. Casi al mismo tiempo, al otro lado de la Castellana, el presentador del programa deportivo de la competencia sentenciaba: “tiene pinta de que va a ser amable en la victoria y seguramente no tan amable en la derrota y cuando vengan curvas”.
El debate tiene enjundia. No se trata sólo de una cuestión deportiva o técnica, sino que abarca el espectro personal. ¿Cambiamos con los años o sencillamente aprendemos a usar mejor el disfraz a conveniencia? ¿La fuerza de carácter se templa en todo caso o, llegado el momento preciso o la circunstancia proclive, la bomba termina por detonar?
Lo incuestionable es que la parte de la prensa que lo espera con el teclado en una mano y un lo sabía tendrá que armarse de paciencia, y quizá por eso se conforma con publicar como noticia su reencuentro con Mourinho. Ante la primera e inevitable cuestión sobre las decisiones arbitrales en Sevilla, el portugués esquivó la bala: “No he visto las jugadas, no puedo opinar”. Y respecto al merecimiento del resultado, cuando algunos ya levantaban la ceja ante la previsible aspereza, tocó enmendársela —e incluso sonreír— ante la ironía: “Enhorabuena al Betis, que jugó para empatar y le tocó el Gordo”. Fue Mou el que controló los tiempos y, ante una pregunta que nada tenía que ver, en la previa del Inter, sorprendió mostrando un poco el colmillo: “¿Por qué no se repitió el penalti, porque el VAR no conoce el reglamento o porque el VAR no ha querido?”. Fue suave. Sólo la puntita.
La parte de la prensa que espera a Mourinho con el teclado en una mano y un lo sabía tendrá que armarse de paciencia
Después del estreno en Champions, una locura de partido muy alejado del gusto del portugués, los periodistas buscaron otro resquicio: los silbidos del público hacia Vinícius y Mbappé. Pero, de nuevo, encontraron hueso: “Hacéis muchas preguntas sobre el estadio y no voy a comentarlo”. Y los argumentos le respaldan. ¿No exigía la grada compromiso defensivo a los intocables? Pues ante el Inter, ración y media: los tres jugadores con más recuperaciones del partido fueron Vini (9), Bellingham (4) y Kylian (4).
El nuevo Mourinho mantiene viejas costumbres, como su claridad expositiva y la capacidad para responder más de lo que se le pregunta, méritos reconocidos por alguien muy poco sospechoso de compartir su libreto, como Valdano: “Se equivoca muy poco en rueda de prensa. Fortalece el vínculo con la afición, con sus jugadores. Sabe perfectamente lo que defiende. En eso sigue siendo el puto amo”. Bendito regalo para esos periodistas que, paradójicamente, no dudaron en lanzarlo a la pira cuando les resolvía y les sigue arreglando medio trabajo cada día. Habla más de lo esperado, decía, sólo hay que saber leer entre líneas. Cuando, por ejemplo, fue cuestionado hace unas semanas por el caso Ceballos, el entrenador madridista dejó una verdad botando para el que estuviera atento. Afirmó que la rescisión del utrerano fue sencilla porque entendió que no iba a jugar y pidió salir, al contrario que otros jugadores que se aferran al contrato aunque el técnico se lo ponga en chino. Hagan sus conjeturas y escojan sus nombres, no es tan difícil.
Los resultados pondrán y quitarán razones, aflorarán o esconderán demonios pero, no lo duden, en cualquier caso, siempre habrá alguien que lo sabía y ya lo anunció.
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