Vuelvo a escribir sobre las sensaciones porque ahora tiene mucho más sentido hacerlo que antes de perder contra el Betis. Diferencia notable entre la campaña pasada y la presente. Cada partido perdido en la temporada anterior la sensación reinante era de descontrol, caos, y cierta desesperación entre jugadores, técnicos y aficionados. En esta primera derrota de la nueva era Mourinho la sensación es exactamente la contraria: perdimos pudiendo haber goleado. Extrañísimo. Fútbol, supongo. Y Negreira que, lamentablemente, por más que a veces nos gustaría, no podemos dejar de mencionarlo.
Sé que algunos técnicos del fútbol moderno desprecian todo aquello que excede a lo físico, pero nadie me va a convencer de que en este deporte las sensaciones son el indicador más importante. Y la sensación es que el Real Madrid de la temporada 26/27 es algo completamente nuevo. Si durante las últimas temporadas hemos tenido sensación de estar tratando de alargar un éxito viejo, mediante una transición más o menos razonable de piezas y jerarquías, este equipo de ahora transmite novedad, algo nuevo cuyo techo y cuyas posibilidades no son totalmente desconocidas a día de hoy.
Por supuesto, todo lo que no sea ganar es una gran debacle para cualquier madridista. Más aún: ganar, marcar muchos goles, y jugar bonito. Por eso somos el mejor equipo del mundo, porque nuestro nivel de exigencia es también el mayor del mundo. Pero no perdemos la perspectiva, la solidez exhibida desde el comienzo de esta nueva etapa está a años luz de la extrema debilidad que, a menudo por razones más psicológicas que futbolísticas, paseamos por los campos de España y el mundo en los dos últimos años.
No estoy seguro de cuál será el resultado final de la parte defensiva a lo largo del curso. Quedan muchas piezas por encajar en esa parte del puzle. Pero no tengo la menor duda de que esta temporada será de récord en cuanto a goles. No tanto por las posibilidades infinitas de un Mbappé bien asistido y dirigido técnica y estratégicamente, sino porque nuestro delantero estrella es solo una opción —importantísima— en el ataque del Real Madrid. Desde Bellingham hasta Vini, desde Carlos Espí hasta Güler, Brahim o Valverde, entre el banquillo y los titulares contamos con un montón de formas y maneras de hacer goles, con jugadores con hambre goleadora, y que brillan especialmente cuando el equipo, como está siendo hasta ahora, se comporta como un equipo, y actúa con compromiso de conjunto en cada partido; sé que ahora se habla de equipo “solidario”, pero —llámame maniático— hay adjetivos que prefiero reservar para los calendarios de Cáritas.
Si durante las últimas temporadas hemos tenido sensación de estar tratando de alargar un éxito viejo, este equipo transmite algo nuevo cuyo techo y cuyas posibilidades no son totalmente desconocidas a día de hoy
E, insistiendo en las posibilidades goleadoras, sería una tontería no reparar en dos incógnitas que no lo son tanto. Diomande y Endrick. Al segundo lo conocemos de sobra, y su nervio y ansia goleadora pueden darnos grandes alegrías si finalmente dispone de minutos en algunas de las competiciones. Al primero, aquí, solo le hemos visto destellos, pero destellos de genialidad que anticipan noches de gloria, por más que Mou ha sido claro en que pretende integrarlo sin prisa.
He leído algunos comentarios, digamos, pesimistas sobre la derrota frente al Betis, y esta vez no puedo estar más alejado de estas críticas. Al contrario, mi sensación al terminar el partido contra el Betis es que pudimos y debimos haber goleado; por supuesto, abrir el marcador habría resultado abrir una lata de sorpresas y todas felices. Será muy difícil que, a lo largo de esta temporada, generando tantas ocasiones, volvamos a quedarnos con el marcador a cero, siempre y cuando los señores de los pitos lo permitan, claro está, en lo que se refiere a la deprimente liga española. Más allá de las competiciones nacionales, Dios dirá. Y Dios, como dijo el profeta Juanma, es del Real Madrid.
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En manos de dos personas en el declive de su carrera, como avalan los datos disponibles . Que puede salir mal?
En las competiciones nacionales, cero, no nos van a dejar y lo han demostrado ya en lo poco que llevamos; en Europa tengo muchas esperanzas porque me gusta lo que estoy viendo.