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Fútbol contra baloncesto: aquel duelo fratricida

Fútbol contra baloncesto: aquel duelo fratricida

Escrito por: Vicente Ramos30 abril, 2020
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Tengo que aclarar que este no es un artículo escrito por una sola persona, sino por un EQUIPO de personas que jugaron juntos muchos, muchos años y que todavía permanecen unidos. Solamente la transcripción es mía. Somos el equipo de baloncesto del Real Madrid de finales de la década de los sesenta y de los setenta. Incluso algunos se mantuvieron en los ochenta. Han participado Wayne Brabender, Vicente Ramos, Cristóbal Rodríguez, Carmelo Cabrera, Vicente Paniagua, Toncho Nava, Emiliano Rodríguez, José Ramón Ramos, cuyo dorsal, el once, luciría posteriormente Juan Antonio Corbalán, Rafael Rullán y Clifford Luyk. Alberto Viñas y Tim Muller también jugaron aquellos partidos.

Cuando Juanito Corbalán escribió su magnífico libro El baloncesto y la vida, lo denominó nuestro “Yo colectivo”, concepto que hago mío en esta ocasión para escribir sobre los partidos celebrados, uno de fútbol y otro de baloncesto, con un fin social y a beneficio del Hospital Infantil de San Rafael. Ese era en aquel tiempo el nombre de la institución.

Se había pactado entre las dos secciones que Lolo Sáinz asesoraría a Miguel Muñoz y Manolo Moleiro a Pedro Ferrándiz. Mucho se debatió acerca de cuál sería el valor de cada gol en puntos equivalentes de baloncesto. No se llegó a un acuerdo hasta finalizar el partido de fútbol, creo recordar. Nosotros defendíamos la banda entre cinco y siete puntos por gol porque ellos entrenaban al baloncesto un día a la semana, mientras nosotros no le dábamos una patá a un bote y no jugábamos al fútbol desde el colegio. Finalmente se fijaron diez puntos por gol.

Antes del choque, celebrado el sábado 27 de mayo de 1972, Ferrándiz declaró que plantearía un 10-1 "elástico" con el resultado que les contaré a continuación. En el calentamiento, Moleiro determinó, tras una rueda de penaltis, que en caso de darse la situación lo lanzadores serían Emiliano, Vicente Ramos y Cabrera. Al día siguiente se disputó el partido de baloncesto. Según datos de prensa, aportados por el doctor Cristóbal Rodríguez, más de cinco mil personas (sic) asistieron al primer partido, celebrado en la Ciudad Deportiva; lo que significa que, si como declaró don Santiago se recaudaron 285.000 pesetas, cada entrada debió costar cincuenta.

Con el tiempo supe que algunos jovencitos de la Ciudad Deportiva, entre los que se encontraba un actual gran amigo mío, llamémosle Miro para no revelar su identidad, se colaron en el partido sin pagar porque se conocían todos los rincones de la instalación. Nos veían entrenar muchas tardes en el Pabellón y en él jugaban al escondite.

En el palco estuvieron doña María, acompañando al presidente, y Alfredo Di Stéfano, quien me cuentan que prefirió bajarse al campo en el segundo tiempo al lado de la pomada. La verdad es que apenas podíamos pasar del medio campo y Emiliano, delantero de excepción defendido por Pedro de Felipe, decía que se dedicaban a contarse chistes entre ellos. Una buena anécdota, recogida en los periódicos, es aquella en la que se decía que Mariano García Remón no tuvo apenas trabajo salvo por un tiro de Cristóbal que pegó en el banderín de córner (sic). De ese modo Mariano pudo reservarse para su gran actuación del día siguiente.

En la portería contraria se tiraron catorce córneres y se registraron cuatro golpes al palo. Nos llamó mucho la atención que el míster, Miguel Muñoz, llamaba de usted a los jugadores, deferencia que recibía recíprocamente de ellos, lo cual no impedía que nuestro infiltrado, Lolo Sáinz (que los llamaba de tú), observara alguna palabra gruesa dirigida desde el banquillo.

En nuestro lado, Moleiro también se dirigía a nosotros de usted. Cabrera cuenta que a Paniagua, que jugaba por una banda, le gritaba: “Paniagua, no sea usted indisciplinado, no suba por el lateral y manténgase en la defensa”. Pani asegura que fue un adelantado a su tiempo marcando la actividad futura de los laterales "carrileros", y Toncho Nava recuerda que a Carmelo le gritó: “Cabrera, no drible y pase a Nava que está desmarcado.” ¿A Cabrera, el mejor driblador español le iba a impedir hacer aquello para lo que había nacido...?

En la primera parte salimos los que posamos en la foto adjunta. El portero era Viñas y se tragó la friolera de once goles antes del descanso. La ansiedad goleadora de nuestros rivales se percibía en la cantidad de voces que se daban entre ellos cuando estaban cerca de puerta. Métela en la olla, adjetivo grueso, no chupes, otro epíteto, por alto no que el portero es muy grande, otro calificativo más gordo. Asi estuvieron todo el partido y no se conformaban con el abultado resultado que nos metieron al final.

En la reanudación insistimos en la elasticidad exigida por Pedro, que consistía en todos bajo palos y Emiliano de arriba a abajo: el 10-1 "elástico". Menos mal que en la segunda parte salieron Corbalán, para reforzar la defensa y jugar el balón hasta el medio campo, y Luyk bajo los palos. Gracias a esto redujimos la ingesta de "albóndigas" a nueve. Juanito jugó después algún partido de veteranos con los de fútbol, e Isidoro San José me asegura que lo hizo muy bien. También algunos de nuestros juniors aportaron su conocimiento del balompié, como Peña, Alonso, Sanmartín, Alejandro y Aramburu.

El resultado final fue de 20 a 0, lo que demuestra el hambre insaciable de nuestros rivales, que querían cobrar la máxima ventaja antes del segundo partido. Los goleadores fueron Pirri, con cuatro tantos, Santillana con los mismos, Amancio marcó un par de ellos, Marañón otros dos, Ortuño tres y Aguilar, Zoco, De Felipe, Velázquez y Grande uno cada uno. La alineación la completaron, además de los goleadores: Touriño, Fernández, Verdugo, Anzarda y González.

Como era de esperar, el árbitro, Martínez Banegas, recibió acusaciones de “vendido” desde el banquillo albondigón. Don Santiago declaró al término: “Ejemplar Emiliano por lo que ha corrido. Tiene un gran coraje. Los hermanos Ramos y Corbalán no lo hacen mal”. También Miguel Muñoz afirmó que Emiliano tenía "una casta enorme”. Emi recuerda de entonces que apenas corrió porque no conseguíamos enlazar con él, soledad obligada por la que se vio sometido a las chuflas del presi y el míster. Si llegábamos al medio campo era todo un triunfo.

Toda aquella diversión tuvo, sin embargo un coste y, seguramente por ello, don Santiago dijo que era improbable que se volviese a repetir la experiencia. El coste fue la lesión de un canastero. En una acción bajo palos, con Luyk caído en el verde al intentar coger una pelota por bajo y José Ramón Ramos intentando despejarla, entró Rafa Marañón a rematar, con la mala fortuna de caer José Ramón sobre Luyk y Marañón sobre Ramos, lo que le provocó a este último una lesión de rodilla por la que tuvo que pasar por el quirófano. Por esa razón, Ramos no figura entre los jugadores que disputaron el partido al día siguiente, que paso a comentar a continuación.