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Guardarredes ilustres: García Remón

Guardarredes ilustres: García Remón

Escrito por: Javier Roldán16 noviembre, 2020
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En su Manual de fútbol, Juan Tallón escribe que “La portería es tu casa. No es muy grande, ni lujosa, y no aísla del frío y la lluvia como debiera, pero a ti te gusta”. En su juventud, Mariano García Remón era ese espécimen de niño prodigioso en deportes que todos hemos conocido alguna vez. Pudo ser jugador de baloncesto y hacia esa disciplina apuntaba su carrera. Pero cuando la decisión tornó definitiva, decidió emplear su poco más de metro ochenta en ser guardameta. ¿Por qué? Sencillamente porque a él lo que de verdad le gustaba era la portería.

Remón ingresó en las categorías inferiores del Real Madrid como juvenil a finales de la década de los sesenta, de donde pasó al equipo de aficionados. En la temporada 1970/71, fue cedido al Talavera en Tercera, al Oviedo en Segunda y acabó por jugar un torneo con el primer equipo del Real Madrid a final de curso. Tenía 20 años, pero esos meses iniciales de vaivén como profesional bastaron para que Miguel Muñoz apreciase sus cualidades: agilidad, reflejos, capacidad mental y de mando en alto grado. Capacidades notables a las que más adelante se sumaría la intuición, reflejada en su efectividad ante los lanzadores de penaltis. El técnico madridista le dio la titularidad las dos siguientes campañas, por delante de Junquera, el fichaje Corral o Miguel Ángel. “La competencia era brutal, pero yo aproveché la oportunidad”, recordaría el arquero para ABC. En la temporada de su estreno, ganó la Liga.

Tenía 20 años, pero bastaron para que Miguel Muñoz apreciase sus cualidades: agilidad, reflejos, capacidad mental y de mando en alto grado

No cabe duda de que su primer título liguero es un recuerdo capital para Remón, pero en la mente del aficionado, su abanico de virtudes quedaría grabado a fuego por un encuentro disputado poco después de aquel éxito, concretamente el 7 de marzo de 1973. “Era el partido número cien del Real Madrid en la Copa de Europa y, como el campo del Dinamo de Kiev estaba helado, jugamos en Odesa. Realicé un gran partido, pletórico de facultades. Desde entonces, se me recuerda como el Gato de Odesa”, rememoró. El Ajax los eliminó en la siguiente ronda, por lo que esa competición no pasó a la historia blanca, pero su exhibición en el empate sin goles de aquellos cuartos de final sobre la nieve soviética fue tal que el propio Santiago Bernabéu dijo que no cabía duda de que, en García Remón, se había encontrado un portero excepcional.

García Remón Odesa

Su figura crecía. Pero desde el momento en que se hizo parte importante del Real Madrid, indirectamente, Remón entró a formar parte de otra suerte de grupo figurado que tantas veces hemos visto; el de los futbolistas que pasan a la memoria colectiva ensombrecidos por alguna leyenda. Como su principal competidor y amigo Miguel Ángel, los barcelonistas Sadurní, Artola y Urruti o el atlético Reina, las grandes intervenciones de García Remón en su club no le servirían para ser importante en una selección española, donde primero Iribar y más tarde Arconada rindieron con garantías. A causa de ello, el madrileño solo fue dos veces internacional en el combinado que allá por los setenta dirigía Kubala. Una frente a los Países Bajos y otra ante Turquía. Y en consecuencia, el recuerdo de su nivel real más allá del Madrid es bastante menor a lo que debería ser.

Remón permaneció veinte años consecutivos en el club, quince de ellos como uno de los porteros en las plantillas de Muñoz, Miljanic, Molowny, Boskov y Di Stéfano. Colgó los guantes en el ecuador de los ochenta, diciendo que su “mayor éxito es haber estado quince años al pie del cañón. Siempre quise acabar mi carrera deportiva en el club que la empecé, y así fue. Pienso seguir dedicándome al mundo del fútbol, y en la cantera creo que puedo desarrollar una labor positiva”. Efectivamente, haría una buena labor como técnico madridista en el futuro.

“Mi mayor éxito es haber estado quince años al pie del cañón. Siempre quise acabar mi carrera deportiva en el club que la empecé, y así fue”

A lo largo de su dilatada trayectoria vestido de corto, Remón alternó titularidades y suplencias con Miguel Ángel, quien le adelantaría con la llegada del yugoslavo Miljan Miljanic a la dirección del equipo. Para aquellas fechas, el Madrid del triunfal Muñoz llegaba a su fin, dejando a un Barça campeón de Liga después de más de una década. Muñoz ni siquiera acabó el curso 73/74, y fue Luis Molowny quien tomó el mando del equipo, tanto en el difícil desenlace liguero como en una Copa del Generalísimo, que entonces se disputaba concluido el campeonato regular. El Madrid perdió muchos partidos del tramo final de Liga, entre ellos el famoso 0-5 contra los de Michels del que Remón formó parte. Poco después, se lesionó en la Romareda y Junquera se hizo con la titularidad, para perderla en la derrota 4-3 contra el Sporting en la última jornada.

García Remón

Como escribió Eduardo Galeano en su Fútbol a sol y sombra, “El portero siempre tiene la culpa. Y si no la tiene, paga lo mismo”. Molowny acabó por confiar en Miguel Ángel para una Copa que se ganó, devolviéndole además la goleada al Barça. El 4-0 en la final inició la etapa de tres indiscutibles cursos de Miguel Ángel en el arco, quien de este modo había pasado de opción residual en las seis temporadas anteriores a jugador clave con Miljanic. Como más tarde sucedería con Remón, dos Ligas y una Copa certificaron parte de la valía de Miguel Ángel como guardameta para el Real Madrid. El de Ourense fue la alternativa de Arconada en los Mundiales de Argentina ´78 y España ´82, al haber finalizado sendas temporadas como titular madridista.

A lo largo de su dilatada trayectoria vestido de corto, Remón alternó titularidades y suplencias con Miguel Ángel

Pero entre ambas Copas del Mundo, García Remón no fue siempre secundario, sino que en un tramo volvió a ser fundamental. En la segunda mitad de la campaña 78/79, el Gato aprovechó una grave lesión de su compañero para retornar a las alineaciones de la mano de Molowny, situación que se prolongó los dos cursos siguientes, ya con Vujadin Boskov al mando. “A mi modesto modo de ver, el preparador ideal podría ser una mezcla de Boskov y Molowny”, son palabras de García Remón en claro agradecimiento por su confianza. De esas temporadas como arquero inamovible, Remón y el Madrid sacaron un saldo común de dos Ligas y una Copa del Rey. Pero como tantas veces en fútbol, la desgracia volvió a llegar en forma de lesión.