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Guardarredes ilustres: Paco Buyo

Guardarredes ilustres: Paco Buyo

Escrito por: Francisco Javier Sánchez Palomares19 noviembre, 2020
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Francisco Buyo Sánchez nació —después de los dolores— un 13 de enero de 1958 en Betanzos, provincia de La Coruña. Paco fue superlativo para todo. Su primer equipo fue el Ural, conjunto coruñés fundado por Lendoiro con el que jugó una temporada tanto de portero como de extremo derecho, aunque no a la vez, sino media parte en cada posición, porque si no, es imposible. De hecho, el Ural se proclamó campeón de Galicia y Buyo fue el guardameta menos goleado y el máximo goleador del equipo. Incluso cuentan que recorría a pie los 25 kilómetros que separaban, y siguen separando, Betanzos de La Coruña para ir a entrenar con el Ural. Después de Superman, jamás se vio nada similar. Paco Buyo guarda un gran recuerdo de sus inicios, hecho que es recíproco, pues en 2019 recibió la insignia del Ural C.F.

Cuando jugaba en el ural, una temporada fue el portero menos goleado y el máximo goleador

Después del Ural, Buyo jugó en el Betanzos, en el Mallorca y de ahí pasó al Deportivo de La Coruña, donde permaneció hasta 1980, salvo la temporada 78-79 que la disputó cedido en el Huesca mientras cumplía con el servicio militar. Tal vez en el ejército adquirió su célebre parecido con Arnold Schwarzenegger, el cual mantiene intacto a pesar de los años, incluso envejecen de manera similar. Quizá llegue a presidente de la Xunta de Galicia, al igual el célebre actor fue gobernador de California, quién sabe.

Buyo

El Cosmos de Nueva York, cementerio de elefantes como Pelé o Beckenbauer en aquella época, mostró interés por ficharlo en 1980, pero Buyo quería jugar en España y acordó su pase al Sevilla ya antes de participar en los Juegos Olímpicos de Moscú. Como anécdota, el primo de Buyo, Joe Fraga, fue representante de Pelé. En el Sevilla permaneció seis años y también dejó un grato recuerdo. Durante su etapa sevillista, debutó con la selección española en el célebre 12 a 1 endosado a Malta que supuso el pase a la Eurocopa de Francia de 1984, donde quedó subcampeón a la sombra de Arconada.

En 1986, Terry Venables, por entonces entrenador del Barcelona, insistía en su fichaje, pero Buyo se decantó por el Real Madrid. Un nuevo acierto. El de Betanzos quedó libre al terminar contrato, pero Ramón Mendoza, en un acto caballeroso, pagó al Sevilla ochenta millones de pesetas. Buyo, junto a jugadores como Maceda, Gordillo y Hugo Sánchez, aportó empaque al Madrid de la Quinta del Buitre que arrasó en la segunda mitad de los años ochenta. No olvidemos el mérito que tuvo Leo Beenhakker en todo esto, según atestiguó el propio guardameta o Míchel, en una reciente entrevista en La Galerna.

Buyo Maradona Suker

Buyo cuajó en el Real Madrid y se hizo pronto con el corazón de los aficionados, que veían en él —además de un auténtico porterazo— a un madridista valiente, luchador y con un carisma arrollador. Paco Buyo ponía en pie a la hinchada con sus actuaciones espectaculares, no dejaba frío a nadie, a pesar de no ser el portero más completo que existía. Es un caso similar al que ocurría en ciclismo con Perico Delgado e Induraín; Perico siempre tuvo más carisma que Miguelón y era más sencillo identificarse con él. Aunque esta personalidad vehemente, le granjeó la enemistad de aficiones rivales, como la de Osasuna, donde se vio acribillado literalmente a petardos. Paco Buyo fue un portero que destilaba épica, el prototipo de arquero que sirve para el Real Madrid. Porque no todos los buenos guardarredes son aptos para nuestro club. Algunos destacan en equipos donde son acribillados a disparos y tienen numerosas oportunidades de lucirse, pero en el equipo blanco es necesario un guardameta que sea capaz de estar 89 minutos sin trabajo y pueda salvar la única ocasión que le cree el rival. Con la particularidad de que es probable que esa oportunidad de gol sea clarísima, y el delantero rival, de gran nivel y con la motivación por las nubes.

Buyo cuajó en el Real Madrid y se hizo pronto con el corazón de los aficionados, que veían en él —además de un auténtico porterazo— a un madridista valiente, luchador y con un carisma arrollador

Buyo se especializó en milagros y acabaron apodándole el San Francisco de Betanzos, aunque desconocemos si se llegaron a fabricar estatuillas para colocar su imagen en el salpicadero del coche. Todo madridista con uso de razón en esos años recuerda aquel partido de Copa de Europa disputado 5 de noviembre de 1986 en el estadio Comunale de Turín contra la Juventus. El Madrid había ganado 1 a 0 en el Bernabéu y cayó derrotado por igual resultado en Italia. Buyo se beatificó durante el partido, donde fue decisivo, con intervenciones de mérito ante disparos de Platini o Serena, pero se canonizó en la tanda de penaltis, donde detuvo dos y un tercer lanzamiento se marchó fuera. Muchos seguimos el partido por la radio, escuchando en repetidas ocasiones aquello de San Francisco Buyo, y en aquel momento no nos quedó claro si había parado dos o tres penas máximas, lo que sí sentimos fue una alegría para nada mínima.

Buyo Juventus

Las cualidades de Buyo no se limitaban a una agilidad y reflejos descomunales, fue un adelantado a su tiempo y en numerosas ocasiones actuaba como jugador de campo; era habitual verle observar el desarrollo del juego varios metros fuera del área grande, atento a cualquier jugada o como apoyo de sus compañeros defensas. También fue un excelente lanzador de contraataques, tenía un magnífico y preciso saque con la mano y con el pie en largo.

Buyo se beatificó en Turín durante el partido de copa de europa contra la juventus, donde fue decisivo. Pero se canonizó en la tanda de penaltis, donde detuvo dos

El punto débil del protagonista de nuestro “Guardarredes ilustres” de hoy fueron algunos cortocircuitos extraños que padeció en momentos puntuales, como la croqueta con Paulo Futre, que quizá tuvieran que ver con que su carrera en la selección española no fuese más prolífica. Aunque en este aspecto, influyeron más las peculiares filias y fobias de seleccionadores como Javier Clemente. Buyo fue durante años el mejor portero de España y de los mejores del mundo, pero el titular del combinado nacional era Zubizarreta, un cancerbero que alcanzó su cénit joven, aunque con veintipocos años se convirtió en un