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Guardarredes ilustres: Diego López

Guardarredes ilustres: Diego López

Escrito por: John Falstaff17 noviembre, 2020
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Cuenta la leyenda que, en cierta ocasión, un profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Santiago de Compostela propuso una única pregunta en el examen final de la asignatura. La pregunta no podía ser más simple, pero tampoco más puñetera: "¿Por qué?".  Así, sin más. Al parecer, todo el mundo suspendió el examen, salvo un alumno que obtuvo matrícula de honor y que, en lugar de ensayar una larga y erudita disquisición sobre los fundamentos últimos del derecho y, con él, de la existencia humana, se limitó a consignar una respuesta casi tan breve, pero aún más desafiante e incontestable que la pregunta: "¿y por qué no?".

Viene esto a cuento porque le sospecho a usted, escéptico lector, haciéndose la misma pregunta: "¿Incluir a Diego López entre los porteros históricos del Real Madrid? ¿Por qué?" Pues bien, como a estas alturas ya habrá usted adivinado, mi respuesta es simple: ¿y por qué no?

Diego López

Ciertamente, podría dar por concluido el artículo en este punto, toda vez que nada de lo que pueda añadir a partir de aquí va a mejorar la argumentación. Sin embargo, habida cuenta de que ya estoy algo mayor para una  matrícula de honor en Filosofía del Derecho y que ni Bengoechea ni La Galerna me pagan por escribir artículos de cuatro palabras y nueve letras (bien es verdad que tampoco por lo contrario, sea eso lo que sea), voy a abundar un poco más en las razones de mi elección. Y es que sí, queridos lectores, de entre todos los porteros, guardametas y cancerberos que en el Madrid han sido (lo de guardarredes me suena a utillero), Diego López ocupa lugar de honor en el altarcillo de mi corazón.

Diego López representa el triunfo de la profesionalidad sobre el marketing

Diego López representa, como posiblemente ningún otro jugador hasta entonces y tal vez sólo Keylor Navas después (qué casualidad que ambos tuvieran que ganarse el puesto frente al mismo compañero), el triunfo de la profesionalidad sobre el marketing. Diego López es el rigor frente a la simpatía. El trabajo frente a las camarillas. La disciplina frente a la desidia. La nobleza frente a la deslealtad. El mérito frente al favoritismo. La rectitud frente a la traición. O si lo prefieren, el señorío frente a la fuerzas oscuras. Diego López regresó al Madrid para ser suplente de un portero legendario pero ya irremediablemente endiosado y con indisimulada falta de profesionalidad ("no piso el gimnasio, no lo necesito y no me gusta verme fuerte"). Y con trabajo duro, con esa honradez en la mirada y con su calidad, se hizo con la titularidad del Real Madrid, primero con Mourinho y después con Ancelotti.

Diego López

Pero no sólo era eso. Lo importante, lo mollar es que Diego López era, además y sobre todo, un excelente portero. Un portero serio, austero, casi herreriano, sólido come scoglio che immoto resta contra i venti e la tempesta, discreto como la elegancia verdadera, fiable como la melancolía en un romántico. Un portero que, no lo olvidemos, fue preferido por dos entrenadores consecutivos, tan competentes y tan diferentes entre sí como Mourinho y Ancelloti, frente al mito hasta entonces intocable. Mourinho, con su transparencia habitual, lo dijo claramente: "me gusta más Diego porque juega bien con los pies, sale, domina el juego aéreo; Iker es un portero fantástico entre palos, pero me gusta más otro tipo de portero". A mí también me gustaba más Diego López, qué le vamos a hacer, y disculpen ustedes que lo suelte así, sin anestesia ni nada.

Diego López fue preferido por dos entrenadores consecutivos, tan competentes y tan diferentes entre sí como Mourinho y Ancelloti

Hace ya unos cuantos años se representaba una ópera en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Cuando el tenor protagonista hubo concluido una de sus arias, su interpretación fue recibida con ese silencio gélido que es tan propio de Madrid en todas las ramas del espectáculo, desde el fútbol a la música pasando por el teatro o los toros. Silencio que fue sólo interrumpido por el aplauso entusiasmado de un único individuo. El omnipresente y siempre vigilante tendido del 7, que no sólo opera en Las Ventas del Espíritu Santo sino también en el Santiago Bernabéu, en el Auditorio Nacional y en los teatros de ópera, mandó callar al disidente con ese siseo tan maleducado como zafio con el que muchos aficionados puristas y acomplejados pretenden dar lustre a su esnobismo estirado, propio de eruditos a la violeta. Lejos de conseguir su objetivo de hacer cesar el aplauso, el siseo fue contestado de esta suerte por una potente voz femenina: "aplaudo porque me ha gustado, porque me da la gana y porque me llamo Teresa Berganza".

Diego López

Pues bien, este humilde escribidor, que ciertamente no se llama Teresa Berganza, aplaude a Diego López porque le gustaba como portero y porque le da la gana. Porque, si bien puede que haya habido porteros mejores en la larga historia del Real Madrid, a ninguno de ellos sintió tan próximo a su corazoncito madridista. Porque admiraba y seguía admirando esa hombría de bien que irradiaba Diego López en sus acciones, en sus declaraciones y en sus silencios. Porque le emocionaba y le sigue emocionando el ejemplo de su esfuerzo, de su abnegación, de su apretar los dientes frente a las dificultades. Porque le impresionaba y le sigue impresionando esa manera de afrontar la existencia, esa lucha no contra los demás sino contra las dificultades que siempre plantea la vida (empezando por ese nombre de oscuro oficinista), esa forma de conducirse con la lealtad como bandera pero con la voluntad irrenunciable de perseguir los sueños propios. Porque le conmovía y le sigue conmoviendo esa voluntad férrea de conquistar la portería del Real Madrid, y con ella la gloria, contra toda esperanza y sin más armas que su propia determinación y una fe insobornable en sus propias posibilidades. Porque en definitiva, me sobrecogían entonces como me sobrecogen ahora y me sobrecogerán mientras viva —más incluso que los protagonistas de las gestas sobresalientes de nuestra historia—, aquellos jugadores que encarnan los valores más elevados del madridismo, aquellos por los que me siento orgulloso de llamarme madridista. Y porque me resulta difícil pensar en un ejemplo más acabado de madridismo que el que discretamente, rotundamente, nos regaló Diego López.

Así que sí, de entre todos los grandísimos porteros que ha dado nuestra larga y fructífera historia, me quedo con Diego López. ¿Y por qué no?

 

Fotografías Getty Images.

 

"Guardarredes ilustres", todos los días en La Galerna.

 

Índice de "Guardarredes ilustres":

Capítulo 1. Ricardo Zamora

Capítulo 2.