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Carlo Ancelotti, buen pagador

Carlo Ancelotti, buen pagador

Escrito por: Jesús Bengoechea10 junio, 2020
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Carlo Ancelotti cumple hoy 61 años y el madridismo le felicita, sumándose al conjunto de aficiones europeas (desde Chelsea a PSG, pasando por Bayern o Milan o Nápoles) que han tenido el honor de tenerlo como técnico. Sucede eso con Carletto, que por su larga y variada trayectoria es más del fútbol que del madridismo, lo cual sucede también con otros entrenadores y técnicos con alguna vocación nómada que en algún momento de su devenir han recalado en el puerto de Valdebebas, generalmente con buenos aunque fugaces resultados.

En el Madrid Carletto no fue exactamente fugaz, no al menos desde la óptica del tiempo en clave madridista. Dos años, bien pensado, es de hecho una barbaridad de tiempo en ese potro de torturas que es el banquillo blanco, ese pozo de dudas y responsabilidad desatada.

Cuando Carletto, recién fichado, visitó las instalaciones blancas por vez primera, en un día cualquiera de junio, con la temporada anterior recién finalizada, topó con Xabi Alonso. “Tú me debes una Champions”, le espetó el italiano al vasco. Se refería a la mítica final de Estambul en la que el Milan de Ancelotti se dejó remontar tres goles de ventaja para terminar palmando en los penaltis ante el Liverpool de Xabi.

Por esta y otras razones produce un cosquilleo histórico pensar en ese primer encuentro de ambos como madridistas. Xabi, entre otras muchas cosas, representa la quintaesencia del mourinhismo táctico y anímico que el Madrid dejaba atrás con la llegada de Carletto, y una de las grandes lecciones de filosofía del técnico fue el pragmatismo de no dilapidar esa herencia. La matizó, le añadió cosas, la cubrió de un manto de concordia que se había hecho imprescindible. Pero no la borró. Y es así como, de igual manera que Charada es la mejor película de Hitchcock que Hitchcock nunca dirigió, en el 0-4 de Múnich firmó Carletto la victoria más deslumbrante de toda la carrera de Mourinho.

Dicho así, parecería que se quiere restar méritos al de Reggiolo, y nada más lejos. Adoptó el rock’n’roll mourinhista como un color más en su paleta, a la que añadió tonalidades nuevas. Abrazó el vértigo, pero también la pausa, utilizando sabiamente una cosa o la otra en función de la conveniencia. Esa ductilidad, ese eclecticismo, esa total falta de dogmatismo, fue lo mejor de su paso por el Madrid. No tiene nada que ver cómo se ganó en Múnich con cómo se ganó la final de Lisboa, feroz contraataque en la primera instancia, dominio paciente en la segunda, una paciencia que puede cifrarse en 93 minutos.

En la final, precisamente, faltó Xabi, el hombre que le debía una Copa de Europa. Con su portentosa temporada en los partidos que antecedieron a la final de la gloriosa Décima, con todo, puede decirse que Xabi saldó su deuda. Carletto engrasó la máquina con pericia y la convirtió en ganadora, confirmando la teoría de que los entrenadores duros (Capello, Mou) preparan al Madrid para la Champions, pero quienes aprovechan su herencia y la ajustan para ganar son los llamados “gestores”.

La primera vez que supe de Ancelotti fue en 1989. Le vi regatear en las proximidades del área a Schuster y a Valdano para luego soltar un zapatazo que batió a Buyo en el primero de los cinco goles que nos metió el Milan en aquella derrota que aún escuece. Por entonces era un centrocampista rojinegro de pelo canoso, calculen la distinción.

Su porte seguía destilando clase veintitantos años después, cuando firmó su contrato con Florentino. Había echado unos kilos y profundizado en el muy noble hábito de cultivar canas, la mejor receta contra la alopecia. Durante su primera rueda de prensa como entrenador blanco, que vi en la tele, le miré fijamente y señalando con el dedo le recordé: “Tú me debes una Champions”.

Los hombres de bien (Xabi, Carletto) siempre saldan sus deudas.