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La cueva

Escrito por: Patricio Cuadra10 junio, 2020
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Leía el pasado fin de semana sobre el avance de las obras del Bernabéu y centré mi primera atención en las fotografías, en el aspecto de “escenario destruido” que presenta. Lo más llamativo es la presencia de maquinaria de construcción allí donde debería haber césped. En vez de la clásica alfombra verde, ahora todo es tierra y arena, como si las huestes de Saruman hubieran pasado por allí arrasando con cualquier vestigio de naturaleza, sustituyéndolo por máquinas, humo y hierro. Las imágenes son desoladoras, sí, y junto a tanta destrucción el titular de la noticia me inquietó: “Las obras del Bernabéu ya trabajan en la ‘cueva’ para el césped retráctil”. Una cueva debajo del Bernabéu… Enseguida me vino a la cabeza el mito de la caverna de Platón e imaginé no ya a seres encadenados en ella, sino a los espectros de nuestros rivales. A todos ellos, a todos los que a lo largo de nuestra historia se han visto derrotados, y sobre todo a aquellos que acostumbraron a darnos por vencidos antes de tiempo, a los que quisieron dar por hecho que ya no teníamos nada que hacer, a los que invocaron por error que “el Madrid está de vuelta” como si nos hubiéramos ido alguna vez.

En esa cueva y detrás de ellos, a una cierta distancia, colocada algo por encima de sus cabezas, hay una hoguera que ilumina un poco la zona y entre ella y los espectros, las máquinas han construido un muro. Entre el muro y la hoguera, unos hombres portan unos objetos de modo que los espectros sólo pueden ver la sombra que de estos se proyecta. Confusos y sin atinar lo que perciben, no alcanzan a entender la realidad de los hechos, que no es otra que un desfile continuo de jugadores del Real Madrid levantando un título tras otro. Y si alguno de los espectros, en un momento de osadía, quisiera ver esa realidad con sus propios ojos en vez de ver meras sombras sobre un muro, tendría que caminar no ya sólo hacia la hoguera sino hacia la propia luz del sol, pero sin duda la realidad y la luz le molestaría aún más y desearía volver a su mundo oscuro. Para poder captar la verdad en todos sus detalles tendría que acostumbrarse a que el Real Madrid siempre está ahí, debería dedicar tiempo y esfuerzo a ver las cosas tal y como son sin ceder a la confusión y la molestia. Sin embargo, si en algún momento no pudiese soportar la evidencia de la superioridad madridista y decidiese regresar a la cueva para reunirse de nuevo con sus compañeros, todo lo que pudiese decirles sobre el mundo real sería recibido con burlas y menosprecio, porque, amigos, la caverna no somos nosotros, son los otros, todos ellos.

Y así, dejando por un rato el viaje de mi imaginación durante la tarde de tormenta que pudimos disfrutar el domingo pasado, continué con el relato de la noticia sobre la cueva del Bernabéu. He de confesarles que la realidad, aunque me sorprendió, me resultó más frustrante que lo que mi cabeza había construido. En la cueva lo que va a guardarse será el césped del Bernabéu, un césped retráctil que se retirará para dejar paso a otro tipo de superficie y poder tenerlo a salvo mientras se acogen en el estadio eventos de todo tipo. El campo se dividirá en siete u ocho planchas, que se moverán por raíles y se alojarán en el propio Bernabéu, bajo tierra, debajo del lateral oeste en una especie de cueva invernadero. Y allí, bajo unas óptimas condiciones de humedad y temperatura, el césped se conservará.

También me vino a la mente que en esa cueva se podría cultivar una plantación de marihuana (marihuana medicinal eh) y poder ayudar así a sobrellevar a nuestros rivales los continuos males que padecen causados por su antimadridismo. Como ven, esa cueva sería, bien desde un aspecto filosófico, bien desde el consumo terapéutico, un refugio para todos aquellos que quieran tergiversar nuestra hegemonía. Estamos excavando, justo bajo el centro del universo, una cueva. Los más viejos pedimos que se la bautice con el nombre de Fraggle Rock.

 

Fotografías Getty Images.