Buenos días, amigos. El Atleti siempre pierde muy bien. Además, no falla en su cita con la derrota cuando realmente es importante vencer. Están enamorados de la belleza moral del fracaso. Y como suele ocurrir con los enamorados, no son capaces de apreciar la realidad como es, porque a menudo la ética y el Atlético de Madrid no se llevan bien: apropiaciones indebidas, cobijo a neonazis, etc.
Del mismo modo que es meritorio el porcentaje de éxito del Real Madrid en las finales de Champions —ha ganado las últimas nueve que ha disputado— es encomiable la regularidad y el oportunismo mostrados por los colchoneros en su cita con el varapalo. Muestran una precisión de aúpa.
El Atleti es el club que convierte la sátira en realidad. O al menos en una opción muy probable.
— MarcaScroll (@MarcaScroll) May 5, 2026
¿Por qué sucede? La respuesta no es muy complicada. Entre otros, destacan dos motivos: el paraguas mediático y la nula exigencia de afición y directiva.
Tienen una excelente relación —por el motivo que sea— con el entorno mediático, que no les exige resultados acordes al poderío económico y profundidad de plantilla del club. Para la prensa, la derrota atlética nunca es un fracaso. Siempre tienen buenas palabras y justificaciones. Un día es el árbitro, otro el reglamento, otro el paso del tiempo… e, indefectiblemente, lo caprichoso del destino, la crueldad de una historia que, según su parecer, les debe más copas de las que es capaz de trasegar Ernesto de Hannover en una barra libre.
«Cruel e injusto» dice As. «Un Atlético superior en la segunda parte se queda sin final por un gol de Saka», que es algo así como quejarse de que un atleta ha perdido la carrera de 200 metros lisos porque otro ha corrido más que él.
Cuando del Atleti se trata, la prensa no es tibia, se moja, pero siempre para eximirle de cualquier responsabilidad en la derrota: «El alemán Siebert no señaló un penalti a Griezmann al imaginar una falta previa de Pubill».
No hace falta recordar lo que sucede cuando el derrotado con una decisión incomprensible del árbitro es el Madrid: la expulsión de Camavinga es injusta, pero el Madrid no puede quejarse si no ha aprovechado sus ocasiones o no ha jugado como los ángeles.
El asunto de las oportunidades viene pintiparado para destacar las palabras de Koke ayer, quien vino a decir que la pelota no quiso entrar. Cuanto menos se dispare a puerta, menos posibilidades hay de marcar gol. Incluso, si no se tira, a veces no se mete ni uno.
En la no señalización del penalti a Griezmann por falta previa, el Atleti encontró su zona de confort, su colchón de desgracia —casi siempre inventada—. Para ellos es suficiente una acción dudosa en toda una competición para asirse a ella y soltar el lastre de la responsabilidad. El Madrid debe luchar todos los partidos contra varias decisiones no ya dudosas, sino dirigidas contra él.
Marca y Mundo Deportivo titulan, respectivamente, «La historia debe esperar» y «Game over». Aunque, más que game over, habría sido más adecuado un pantallazo azul de Windows y un mensaje de que el sistema no se ha cerrado correctamente.
No se cerró correctamente en Lisboa, no se cerró correctamente en Milán y ahora tampoco en Londres. Vivir siempre a las puertas no supone que la historia deba esperar, más bien asigna el papel de felpudo.
Sport también transmite la idea de que el Atleti perdió bien, pues ilustra la portada con un Simeone alzando los puños mientras los jugadores aplauden.
Su afición tampoco les va a exigir nada. Esta temporada vencieron contundentemente al Madrid una vez, con eso es suficiente. Y la directiva, menos aún. Se quedaron el club por la jeta y han vendido una porción por una millonada gracias, en parte, al cable consistorial. Ellos se forran mientras convencen a los hinchas de lo bonito que es perder.
El Atleti pierde tan bien, que fracasa hasta cuando gana: este año ha eliminado al Barcelona en dos competiciones que después no ha vencido. Para un club antimadridista, el peor castigo.














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