Tengo serias dudas de que sea conveniente que un club como el Real Madrid —y mucho menos sus servicios médicos— permita a jugadores lesionados, en momentos tan delicados de la temporada como el actual, viajar y exponerse públicamente de la manera en la que lo ha hecho Kylian Mbappé. Sinceramente, tengo muchas reservas con eso.
Y precisamente ahí comienza el verdadero problema.
Porque, más allá de permisos internos, planes de recuperación o comunicados posteriores, hay algo que nunca debería perderse de vista cuando uno representa al Real Madrid: la responsabilidad sobre la propia imagen y la obligación de interpretar el contexto que rodea al equipo.
Hay momentos en los que el problema no es lo que ocurre, sino la manera en la que ocurre. Y, sobre todo, la imagen que se transmite mientras ocurre.
Con Kylian Mbappé sucede precisamente eso.
Nadie discute el derecho de un futbolista a descansar o a despejarse, pero en los momentos adecuados para ello; no en situaciones críticas como la que atraviesa actualmente el Real Madrid. Ese es el verdadero matiz de toda esta cuestión. El problema aparece cuando uno pertenece al Real Madrid y olvida, aunque solo sea por un instante, que en este club la responsabilidad no termina cuando el árbitro señala el final del partido.
Ser jugador del Real Madrid exige entender muchas más cosas aparte del fútbol. Exige interpretar el momento del equipo, medir los tiempos y saber que cada gesto tiene repercusión. Aquí no basta únicamente con jugar bien. Aquí también hay que saber estar.
Y eso, históricamente, siempre lo entendieron los más grandes.
En el Madrid no basta únicamente con jugar bien. también hay que saber estar
Lo entendió el Madrid de Alfredo di Stéfano, Puskás y Gento. Lo entendió el Madrid Yeyé. Lo entendieron los García y, más tarde, aquella inolvidable Quinta del Buitre que convirtió el compromiso y el sacrificio en una forma de representar al club. Todos ellos podían ganar o perder, podían atravesar mejores o peores etapas, pero jamás perdían de vista algo fundamental: el escudo estaba por encima de cualquier protagonismo individual.
Más cerca en el tiempo ocurrió exactamente lo mismo con futbolistas como Toni Kroos, Luka Modric, Karim Benzema, Sergio Ramos o Cristiano Ronaldo. Especialmente Cristiano, seguramente el ejemplo más extremo de profesionalidad, disciplina y obsesión competitiva que se recuerda en el fútbol moderno. Gustará más o menos su personalidad, pero entendió como pocos lo que significa exponerse lo justo cuando uno viste la camiseta del Real Madrid.
Incluso durante la etapa galáctica, donde convivían egos enormes y perfiles muy mediáticos, existía cierta conciencia del entorno. Había futbolistas más dispersos que otros, evidentemente, pero rara vez se permitían determinadas exposiciones públicas en mitad de una temporada complicada o durante una lesión. Porque dentro del club siempre existió la sensación de que ciertas imágenes terminan perjudicando más de lo que ayudan.
Por eso cuesta entender lo ocurrido con Mbappé.
Y no, el problema no es únicamente el viaje a Italia. El problema son las cámaras esperando allí. Las fotografías. Las grabaciones. La sensación de espectáculo innecesario alrededor de un jugador lesionado mientras el equipo atraviesa uno de los momentos más delicados de la temporada.
Es inevitable hacerse una pregunta muy sencilla: ¿qué necesidad había de todo eso?
el problema no es únicamente el viaje a Italia. sino La sensación de espectáculo innecesario alrededor de un jugador lesionado mientras el equipo atraviesa uno de los momentos más delicados de la temporada
Porque estas cosas no ocurren por casualidad. Alguien avisa. Alguien sabe dónde se va a estar. Alguien facilita que las imágenes aparezcan. Y cuando uno juega en el Real Madrid, debe tener la inteligencia suficiente para comprender que ciertas exposiciones solo generan ruido, malestar y debate alrededor del club.
Aquí nunca se toleraron determinadas dinámicas que sí terminaron normalizándose en otros equipos. El caso de Ronaldinho o Neymar en el Fútbol Club Barcelona es evidente. Dos talentos descomunales; dos futbolistas históricos; pero también dos figuras cuya exposición pública terminó, en determinados momentos, alimentando una imagen poco compatible con la exigencia permanente de la élite.
Eso, en el Real Madrid, nunca se ha perdonado del todo.
Y, sinceramente, el comunicado posterior del entorno de Mbappé todavía empeora más la situación.
Porque, cuando hace falta emitir notas a agencias de noticias para justificar comportamientos, algo ya se ha gestionado mal desde el principio. Y porque intentar escudarse públicamente en que existía autorización del club y supervisión médica no hace otra cosa que introducir al propio Real Madrid y a sus servicios médicos en una polémica completamente innecesaria.
Francamente, si todo estaba tan controlado y tan bien planteado, quizá lo más inteligente habría sido evitar directamente la exposición.
El Real Madrid no necesita comunicados para explicar la conducta de sus estrellas. Nunca los necesitó. La mejor manera de proteger una imagen siempre ha sido la discreción, el sentido común y el respeto por el contexto competitivo del equipo. Ahora bien, dicho todo esto, conviene no perder la perspectiva.
Mbappé sigue siendo uno de los mejores futbolistas del mundo. Tiene talento de sobra para convertirse en una leyenda del Real Madrid. por eso se le debe exigir más
Kylian Mbappé sigue siendo uno de los mejores futbolistas del mundo. Un jugador extraordinario, diferencial, capaz de decidir temporadas enteras y de marcar una época en el fútbol europeo. Tiene talento de sobra para convertirse en una leyenda del Real Madrid.
Pero precisamente por eso se le debe exigir más.
Porque el Real Madrid no es únicamente un club ganador. Es una institución con una cultura deportiva muy concreta, construida durante décadas alrededor de valores como el sacrificio, la responsabilidad, la sobriedad y el compromiso colectivo.
Y en el Real Madrid, aunque algunos todavía no lo entiendan, la imagen también juega partidos.
Getty Images













Totalmente de acuerdo Ricardo, pero no olvidemos algo: Bernabéu esto lo controlaba como nadie, y Florentino tiene manga ancha con las estrellas, consintiéndoles en exceso.
Estoy eternamente agradecido al Presidente por los éxitos innegables cosechados, pero no puede ser que no ponga orden como debe. Don Santiago no le pasaba ni una a ningún jugador, y fue capaz de cerrar la puerta del Real Madrid al mejor jugador de la historia: Di Stéfano.
Esta gente necesita entender que esto es el Real Madrid, y se tiene que hacer de arriba a abajo.