Buenos días, amigos. Como titulaba ayer su crónica Francisco Sánchez Palomares, Vinícius destrozó el pasillo. Como el niño travieso que es. A balonazos. Dos, concretamente. Dos balonazos que acabaron con los cuadros hechos añicos en el suelo, el retrato de la abuela resquebrajado y un par de desconchones en la pared. Hay balones que ni las piquetas.
No es que el Real Madrid haya tenido nunca remilgos en reconocer y homenajear al justo vencedor, incluso cuando ese vencedor ha sido nuestro máximo rival, que ya tiene seis Copas de Europa y está luchando por la séptima. Ni siquiera en el supuesto de que el justo vencedor fuera el Barcelona, en el hipotético caso -nos puede nuestra inocencia- de que el Barcelona haya ganado a lo largo de la historia alguna competición nacional sin hacer trampas.
Tampoco es que el hecho de amargarle al Barcelona la posibilidad de ser homenajeado por el Real Madrid nos produzca particular felicidad. A los madridistas, a diferencia de a los culés, nos motiva perseguir la gloria propia, y no nos produce ninguna satisfacción la alegría de vuelo bajo y de mala ley, emponzoñada y mezquina, que nace no del éxito propio sino del mal del rival. Nosotros preferimos centrarnos en nosotros mismos, con exigencia y espíritu crítico cuando las cosas no han salido bien, y dejar que la planta venenosa de la envidia siga creciendo en tierras más propicias por más mediocres.
Pero eso es una cosa y otra que no sintamos alivio por habernos ahorrado una semanita de polémica sobre si el Real Madrid debería o no hacer pasillo al Barcelona en caso de haberse éste proclamado ya campeón de Liga. En La Galerna, digámoslo claro, habríamos estado en contra de dicho pasillo. Pero no porque nos pareciera inoportuno, sino porque se nos habría antojado manifiestamente insuficiente.
Un pasillo, por lo general, es un lugar angosto, largo y generalmente oscuro. Un lugar de paso, una vía de comunicación concebida para el tránsito más o menos apresurado y no para el descanso, la celebración y el agasajo. Un espacio ciertamente inadecuado para acoger a tanto homenajeado como la ocasión habría requerido.
Se nos ocurre, por tanto, que hacerle un patio al Barcelona habría estado más puesto en razón. Un patio con sus paredes renegridas por el humo y la lluvia, sus ventanas enrejadas y su aire espeso de fritanga del VAR, de orines arbitrales y de las inagotables y fétidas flatulencias de esta liga putrefacta. Qué mejor, se nos ocurre, que el patio de Monipodio, donde se encontrarían como en casa el Barcelona, Negreira, el CTA con su jefe Fran Nadie al frente, los culegiados, Tebas y la inmensa humanidad de Laporta. O, ya puestos, el patio de Alcalá-Meco, aunque sólo sea para dar a nuestros homenajeados la posibilidad de disfrutar por unas horas de la lujosa residencia que inmerecidamente les hurta la falta de justicia en España.
Marca y As traen en portada al niño travieso Vini, y mientras Marca afirma que evita el alirón y el pasillo, As se decanta por el titular “Vinicius cancela el alirón”. Pretender a estas alturas que los dos diarios deportivos madrileños respeten la semántica, siquiera en su titular de portada, es pedir peras al olmo, lo sabemos. Pero hombre, incluso en Marca debería ser capaces de entender que lo que Vinícius evitó ayer fue el pasillo; el alirón, mucho nos tememos, sólo lo retrasó. Y en cualquier caso, difícilmente Vini pudo evitar ayer algo que hoy sigue siendo una posibilidad rayana con la certeza. En cuanto al As, lo más que habría podido cancelarse ayer son los actos de celebración del título de Liga, en caso de estar programados. Y esa cancelación, como es natural, sólo podría haberla efectuado quien los hubiera organizado; circunstancia que, casi con toda probabilidad, descarta a Vini como autor de la cancelación.
Por otro lado, el diario de Gallardo de nombre nos revela en primicia, y como quien no quiere la cosa, que Sinner toca la Quinta Sinfonía. Desconocíamos esta faceta del excepcional tenista italiano, que también se nos revela -gracias a Marca- como melómano y hombre-orquesta, tocando él solito toda una sinfonía, desde los primeros violines hasta los timbales… Vale, es una metáfora. Pero, amigos de Marca, ya que decidís recurrir a una metáfora propia de redacción escolar de cuarto de Primaria, curráoslo un poquito más. ¿Qué Quinta Sinfonía toca Sinner? ¿La de Beethoven y su famoso y apócrifo destino llamando a la puerta? ¿La de Mahler y su declaración de amor a Alma, con el adagietto popularizado por Visconti? ¿Acaso la de Chaikovski, segundo capítulo de esa trilogía trágica que desemboca en la Patética? ¿La de Sibelius y sus cisnes nórdicos? ¿O la pesimista y antibelicista de Prokofiev? ¿O es por ventura la genial Quinta de Shostakovich, acto heroico de rebelión contra el estalinismo de un hombre temeroso, cuyo éxito obligó a Stalin a adoptar como loa al régimen una pieza que lo parodiaba? Sacadnos de dudas, amigos de Marca, que esto es un sinvivir.
La prensa cataculé, por su parte, está a sus cositas. Os dejamos las portadas aquí por si hubiera o hubiese alguien a quien le interesa verlas. Que hay gente pa’ tó.
Pasad un buen día.













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Un comentario en: Pasillos y patios
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