Imaginad una empresa como RENFE o como la EMT de cualquier ciudad grande. Suponed que cuenta con una buena parte de los mejores conductores de vehículos del mundo. Unos tipos que manejan el tren o el autobús con maestría. Sin embargo, en su plantilla cuentan con pocos mecánicos para el mantenimiento de máquinas e infraestructuras, con poco personal administrativo, de limpieza y, en general de otras áreas.
A este Madrid le ocurre algo similar. La plantilla está trufada de conductores. No de convoyes ni de buses, sino de balón. Los blancos disponen de varios de los mejores futbolistas de los cuales se puede disponer, pero muchos de ellos tienen características que hacen más difícil que la maquinaria del equipo funcione si no se mezclan con otro tipo de jugadores. Concretamente con aquellos que piensan y mueven rápido el balón.
Más allá de momentos de forma y la coyuntura —no vivimos la mejor—, en el once conviven Vini, Mbappé, Bellingham, Valverde, Tchouaméni… entre otros. Su calidad es indiscutible, pero en muchos casos comparten habilidades que dificultan la compatibilidad si no se incluyen elementos lubricantes en la ecuación.
Vinícius Junior es una rara avis en el fútbol actual, encara una y otra vez hasta lograr su objetivo. Es como un pájaro carpintero percutiendo un árbol de chapa hasta taladrarlo. Su principal virtud es el desborde con el balón en los pies. Es un conductor, no es un recurso que asegure la circulación de balón y la combinación, como delanteros del perfil de Benzema.
El madrid cuenta con muchos de los mejores conductores del mundo, pero carece de mecánicos que afinen la transmisión para que el equipo carbure
Mbappé es distinto a Vinícius, es un tipo que asegura un baúl de goles cada año, muchos de ellos anotados tras una carrera y un chut. Si tenemos en cuenta que en fútbol gana quien más marca, no viene mal. Pero su presencia tampoco sirve como aglutinante. Es el picante, no aquello que liga la salsa.
Bellingham ya ha demostrado de lo que es capaz. En forma cubre campo, llega, marca, roba, asiste y conduce el balón constantemente. Jude no es un futbolista que juegue al primer toque ni imprima velocidad al juego. Tiene otras virtudes muy necesarias, pero esa no.
Contar con Valverde es como disponer de un soldado que puede ganar una batalla él solo, ya sea lanzando un misil desde su propia trinchera, o bien avanzando en pocas zancadas hasta la enemiga hasta aniquilarla. Mas Fede no es tipo Kroos, para entendernos, sino el futbolista ideal para complementar a uno así, porque ambos se mejoran.
Tchouaméni se ha vuelto imprescindible. Es una viga sólida que sustenta al equipo. Pero no es de recibo exigir a un futbolista que sea sobresaliente en todos los aspectos del juego. El francés no destaca por su velocidad a la hora de recibir, girarse y repartir el balón.
El exceso de circulación lleva a la falta de circulación
Esta abundancia de jugadores que conducen magníficamente la pelota implica que haya menos futbolistas que no la conduzcan tanto pero en cambio aporten en la distribución, el toque y el dinamismo en el juego.
Güler sí tiene esa virtud, hemos visto cómo su asociación con Kylian a menudo es fructífera. Sucede que Arda aún no es ese centrocampista estructural que pedimos. Quizá porque es muy joven y ese tipo de jugador suele ser más veterano, quizá porque no es su sitio realmente, aunque por condiciones pueda ocuparlo mejor que otros compañeros.
Tal vez por estas características de la plantilla blanca el equipo suele carburar mejor cuando cuenta con centrocampistas menos conductores como, por ejemplo, Thiago. ¿Thiago es mejor que Bellingham? No, pero aporta algo que el inglés no puede. ¿Significa que debe jugar Pitarch y no Jude? Tampoco. Pero sí que el club debe hacer un esfuerzo por contar con más futbolistas de ese estilo para que sirvan como catalizadores del funcionamiento global que deseamos y ayuden a que los conductores brillen más.
El exceso de circulación lleva a la falta de circulación. Un coche con muchos volantes no funciona bien si no cuenta con una buena transmisión.
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Pues que totalmente de acuerdo estoy. Y de hecho considero el mayor error de Arbeloa no haber incidido más en que Arda es la clave, siendo muchas veces su primer cambio.
Pero es joven, le falta consistencia y regularidad. Hasta que madure, se debiera trabar tácticamente al resto mucho más, para que no escleroticen el juego.
*trabajar, no trabar.