Buenos días. La chocante noticia que ayer sacudió los medios y las redes sociales tiene al madridismo entre la indignación y, en algunos casos, la simple rechifla, que es a lo que se llega cuando ya no te queda ni siquiera espacio para lo primero. Ya habían salido a la luz filtraciones relativas a piques entre jugadores, pero ayer se publicó algo que no es comparable a nada que hayamos leído o visto con anterioridad.
Dice Marca que ha habido “otra pelea” y que la imagen (del Madrid, se entiende) está “por los suelos”. Hasta un reloj parado acierta un par de veces al día, y Marca tiene razón al apuntar, con inocultable alegría, que el incidente es vergonzoso. No llega solo, y se produce como colofón (¡pero aún pueden pasar más cosas!) a una temporada horribilis. Primero fueron las fotos desahogadas de Mbappé recuperándose de su lesión en unas lujosas vacaciones, luego la trifulca entre Rüdiger y Carreras y ahora la mucho más escandalosa entre Tchouaméni y Valverde, que concluyó con el uruguayo casi inconsciente y sangrando, como si fuera el propio Mbappé ante la mirada impasible de Arberola Rojas. La cosa es muy fuerte, desde luego, y no es de extrañar que la prensa cataculé nos abochorne carcajeándose del madridismo con muy buenas razones para hacerlo.
Fijaos que tanto Sport como Mundo Deportivo hablan de “pelea”, mientras que Marca dice que el uruguayo y el francés “se pegaron”. Nuevamente, el inefable panfleto proculé que edita Juancho Gallardo supera en sentimiento blaugrana y animadversión al Madrid a los rotativos publicados en la Ciudad Condal. Estos dos últimos al menos no mienten. No pretendemos restar importancia al horroroso íncidente, pero Tchouaméni y Valverde no “se pegaron”, sino que fue un forcejeo con empujón el que terminó con el segundo abriéndose la cabeza en un golpe contra una mesa.
Lo aclara un comunicado (por lo demás manifiestamente confuso y mejorable) publicado por el propio centrocampista hispanoamericano. No hubo por tanto puñetazos, no se “pegaron”. El matiz es importante, pero ¿a quién le importan los matices si puedes hacer al Madrid aún más daño del que el Madrid se hace solito?
El club, a su vez, reaccionó antes que Valverde, anunciando la necesaria toma de medidas disciplinarias. Toca realizar un esclarecimiento más profundo de los hechos, pero parece claro que las medidas a tomar deben ir más allá de las expresadas en este escueto texto.

¿Y cuáles deben ser esas medidas? Una leyenda como Juanito tuvo que dejar el Real Madrid por su incidente con Mathaus. La exigencia de ejemplaridad en el Madrid es y debe ser máxima. Abogar por que ninguno de los dos jugadores vuelva a vestir o camiseta del Madrid suena en consonancia con esa exigencia. Aplicarla sería devastador en lo deportivo. Sí hay dos futbolistas que a priori parecían dos pilares indiscutibles, en un contexto donde otros con mucho nombre ya han dejado de parecerlo, eran estos dos. Por eso la consternación es total entre los aficionados. Cualesquiera dos jugadores que, siendo realistas, puedan venir a sustituir a Valverde y Tchouaméni van a ser peores que ambos.
Aplicando, de todos modos, hasta el límite ese mismo realismo, se llega a la conclusión de que colocar jugadores en el mercado, y venderlos a un precio satisfactorio, tampoco va a ser tarea fácil. Normalmente (claro es que estamos ya fuera de toda normalidad), los futbolistas no quieren marcharse del Real Madrid, y si tienen contrato en vigor no hay forma de echarles.
Los madridistas canosos recordarán cómo Lorenzo Sanz se quitó de encima a la llamada Quinta del Ferrari en cuanto detectó que, una vez lograda la ansiada Séptima, la plantilla se había aburguesado y desarrollado comportamientos de una inmadurez impropia del escudo que llevaban en el pecho. Seedorf se peleaba con Mijatovic. Panucci hacía peinetas en la sala de prensa. Suker se convertía en protagonista de portadas de la prensa del corazón por su relación con una celebrity, en un eco premonitorio del Suker actual. Todos estaban más pendientes de competir en coches y colonias que de hacerlo en los entrenamientos. Había rencillas y rencores. Sanz reaccionó taxativamente, quitándose de encima a Mijatovic, a Seedorf, a Panucci y a Suker. Los vendió a todos, incorporó otros jugadores y ganó la Octava.
¿Estamos irremisiblemente ante una nueva Quinta del Ferrari? ¿Son irreconducibles estos jugadores? De no serlo, ¿se puede replicar lo hecho por Sanz? ¿Se querrían ir, como quisieron irse aquellos, y serían vendibles por un precio conveniente? Ha pasado un cuarto de siglo. Es otro fútbol, es otro mundo. Probablemente, y aunque ahora mismo el cuerpo lo pida, la remodelación en profundidad (otros prefieren palabras como “limpia” o “purga”) es impracticable a día de hoy. Probablemente, lo que toque ahora sea aplicar medidas disciplinarias inflexibles y severisimas, confiando en que Florentino sea capaz de elegir al entrenador que pueda llevar de vuelta a la buena senda a estos futbolistas… en el entendido de que el propio Florentino se aplicará también el cuento y dejará a dicho entrenador hacer lo necesario para reconducir la situación. Así sea.
De momento, mientras acaba este tormento de temporada, a la que aún le falta la inaguantable perspectiva de ver al Barça convertirse en campeón ante nuestros ojos en su feudo, el madridista está horrorizado, abochornado como hacía mucho que no estaba. Menos mal que hay quien prefiere tomárselo a coña. El humor siempre es una buena válvula de escape. De entre los muchos memes enfrentados, este nos ha hecho especial gracia. Solo nos queda la risa, una risa amarga y profundamente preocupada.

Otra labor que conviene llevar a cabo con premura es la detección del topo del vestuario, el irresponsable que filtra a la prensa cada incidente, no sabemos a trueque de qué. Sea quien sea (tenemos nuestra información, pero al no haber pruebas no las expondremos públicamente), este sí que es definitivamente indigno de vestir la camiseta.
Compartimos vuestra consternación y nuestra zozobra, madridistas. A lo mejor La Galerna, y el llamado madridismo happy, se ha equivocado esta vez confiando en esta plantilla.
Os dejamos con As, que otorga, con todo merecimiento, el espacio principal de su portada a la gesta del Rayo, increíble finalista de la Conference League. Y un espacio también al Madrid de baloncesto, que no todo van a ser disgustos: los de Scariolo se han clasificado para la Final Four. Nos/les felicitamos con mucha alegría. Leed la estupenda crónica de Pablo Rivas sobre el partido ante Hapoel que ha colocado a los nuestros en el gran acontecimiento del baloncesto europeo.
Pasad un buen día.















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5 comentarios en: Consternación y zozobra
No hay que acabar con el topo, hay que acabar con el responsable de este sindiós, que se llama Florentino y se apellida Perez
Kylian Mbappé ha reventado ese vestuario. No es casualidad. De manera sibilina y mucho más discreta que otros grandes egocéntricos del fútbol, pero es así. Este vestuario no ha entendido (con razón) porque un jugador sobrevalorado pasaba a ser la referencia de un proyecto que ya era ganador. Lo que se hizo con Xabi Alonso no fue de recibo, pero tampoco lo fue que el entregara las llaves del liderazgo del equipo y del proyecto al francés sin ni siquiera mirar a los que ya habían ganado aquí. Toda esa cadena de errores es lo que ha desintegrado a un vestuario que era una piña (tan solo hay que ver las celebraciones con los aficionados de la vuelta por penaltis contra el City de la 14). ¿Solución real? Venderlo y retomar las jerarquías de un vestuario que era sano, pero me temo mucho que eso no ocurrirá.
Retomar las jerarquías con tipos como Vini y Fede que desafían al entrenador en público, y tipos como FP que permiten que estos le ganen el pulso al entrenador ?
Zotal y empezar de cero.
Jamás había visto u oído nada parecido en el RM. Y parece que además hay otro topo. Lo dicho: hace falta una limpia!!!
"[...]ha desintegrado a un vestuario que era una piña (tan solo hay que ver las celebraciones con los aficionados de la vuelta por penaltis contra el City de la 14)". Y aquí tenemos un comentario que 'demuestra' que el ser humano ya ha inventado la rueda. Claro: aquel vestuario estaba contento porque habían eliminado al City en penaltis y sin embargo este está triste porque han perdido contra el Bayern. ¿Y dónde está la 'disfuncionalidad' entre estos comportamientos?