Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
En nombre de José Mourinho

En nombre de José Mourinho

Escrito por: Sergio Arellano2 mayo, 2020
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

Con motivo del noveno aniversario de la victoria del Real Madrid sobre el Barça en la final de Copa del Rey de 2011, rebrotó entre el madridismo cierto sentimiento de nostalgia por lo que representó aquel plantel liderado por el inefable José Mourinho. Y es que aquella victoria supuso tal punto de inflexión que, para muchos, simbolizó la primera piedra sobre la que se construiría un equipo ganador que arrollaba en cada partido sin distinción del rival y que hacía de la unidad y fortaleza sus dos grandes avales. Estas circunstancias quedaron refrendadas en un hito que hoy cumple su octavo aniversario: la liga de los 100 puntos y 121 goles a favor, de la temporada 2011/12. Un rodillo ganador en toda regla.

Esa obra luego sería esculpida por Carlo Ancelotti primero y perfeccionada por Zidane después, pero los verdaderos mimbres, las estructuras sobre las que se sostuvieron los éxitos continentales posteriores, se debieron, en gran medida, al legado que con prolijo empeño diseñó Mourinho y con el que fue capaz de combatir de tú a tú contra el mejor FC Barcelona de la historia.

Tampoco es casualidad que, siete temporadas después de que el de Setúbal abandonara Chamartín, persista entre el sector más pasional y ardiente de la afición algún que otro resquicio de añoranza al ver cómo los códigos que caracterizaron a una época breve, —pero intensa—, se han ido disipando a medida que han ido pasando los años. Ese madridismo salvaje, sin complejos, bravío e indomable que jamás dio su brazo a torcer en detrimento de la filosofía supremacista que era proclamada al unísono desde el periodismo más rancio. Mou fue capaz de contrarrestarlo, de resucitar el amor propio de una hinchada empachada de sinsabores y de recuperar una crisis de identidad denostada por entrenadores y dirigentes que se limitaban exclusivamente a fruncir el ceño ante las adversidades. Por encima del bien y del mal, The Special One defendió siempre a la entidad de las injusticias más grotescas y alzó la voz ante decisiones arbitrales y federativas que chocaban contra el más común de los sentidos.  Él, por encima de filias y fobias, lo hizo, y para muchos dignificó a un escudo y a una afición desamparada; lo que permanecerá en la memoria de todo aficionado que se precie. Hacer que floreciera un orgullo permanentemente aletargado por la incesante idea de lo políticamente correcto fue, es y será su gran sello, y eso quedará en su haber para siempre.

Como formuló Newton en una de sus leyes de movimiento, toda acción conlleva una reacción de igual intensidad pero de sentido contrario, y a este respecto, el equipo blanco no iba a escapar de esa lógica, pues esa dosis de madridismo indómito iba a traer consigo el despertar de un movimiento social boyante cuya razón de ser se limitaba a echar pestes indiscriminadamente sobre el portugués y sus seguidores, a desinformar sin fundamento y a mancillar el nombre y la reputación de una persona que, para más inri, era juzgado y perseguido por no poner la otra mejilla ante los mismos medios de comunicación que nunca titubeaban a la hora de machacarle ante el más nimio gesto. La consigna estaba clara: crear una corriente de opinión en contra de Mourinho, demonizando su figura y cualquier idea afín a la misma. A medida que pasaban los meses, el ensañamiento alcanzó cotas estratosféricas. Se fue instaurando en la opinión pública un maniqueísmo absurdo cuya dicotomía residía entre el buenismo de Guardiola y la malicia de José, el cual era configurado como un enemigo público, un ser maleducado, grosero; capaz de reunir todos los males según los especialistas de sobremesa.

Todas esas contingencias acabaron desgastando a un profesional cuyo único pecado fue defender al Real Madrid a capa y espada y que instauró como vía innegociable la meritocracia a un vestuario aburguesado, tratando a los jugadores de igual a igual, sin importar otras circunstancias. Si no rindes, al banquillo. Así de simple. Esta filosofía, rotundamente racional, trajo como consecuencia una fractura interna insondable y una división dentro del vestuario que dinamitó por momentos la estabilidad del club, pero también preconizó una forma de entender la vida y el fútbol que aún perdura a día de hoy. Un movimiento, el mourinhismo, que cuenta con un gran número de adeptos y que trasciende mucho más de lo meramente deportivo, abrazando una serie de valores como la fidelidad, el espíritu colectivo y la valentía. El morir en el campo, como principio sacrosanto.

En honor a la verdad, la suerte y ciertas decisiones tácticas erradas influyeron en demasía en el devenir de las tres semifinales de UCL durante su trienio. A los escándalos arbitrales se sumó la mala fortuna en los penaltis en una eliminatoria trágica contra el Bayern. Esa espinita clavada quizá sea uno de los grandes motivos para quienes todavía piensan que el regreso de Mourinho ni mucho menos es una quimera, pero hasta ese día, si es que se da, es digno rememorar la gran huella que dejó en nuestros corazones un individuo idolatrado y odiado con vehemencia a partes iguales. Un personaje faraónico, incapaz de dejar indiferente a nadie y cuya aura mística derivada permanece incólume en todos los rincones del Santiago Bernabéu. José Mourinho nos regaló un trienio maravilloso, y creo firmemente que lo mejor está por llegar.

 

Sergio Arellano
Colíder del movimiento benzemista. Twitter: @Arellanoglou

25 comentarios en: En nombre de José Mourinho