A día de hoy, a ningún español y/o hispanista le puede agarrar desubicado el nombre Miguel de Cervantes Saavedra. No exagero si digo que fue quien más contribuyó a difundir la lengua, la cultura y la marca ESPAÑA durante siglos. Tanto que, cuatro siglos después de su muerte, todavía perdura su impacto en la Literatura Universal.
Aunque aquí hemos venido a hablar de Nacho Fernández, futbolista del Real Madrid C.F.
José Ignacio (Nacho para todo el mundo) es un hombre joven de treinta y dos años, complexión física fuerte, estatura más bien alta, rostro expresivo y mirada limpia y cristalina. Como Cervantes, Nacho es también natural de Alcalá de Henares (Madrid), tierra de grandes universidades y de grandes intelectos. “AL-QALAT AN-NAHR”: “Templo del río”. Ese es su significado en árabe.
Como todo soldado, batallador, superviviente y aventurero, Nacho necesita un gran motivador, alguien con capacidad de comunicar y narrar sus hazañas con una sencillez solo al alcance de unos pocos elegidos: ese podría ser su paisano Cervantes, el autor de EL QUIJOTE, la obra más divulgada del mundo después de LA BIBLIA.
Ahí queda eso.
Creo que, si Cervantes estuviera vivo, le diría a Nacho Fernández: "El que no sabe gozar de la ventura cuando le viene, no debe quejarse si se pasa." "Ninguna ciencia, en cuanto a ciencia, engaña; el engaño está en quien no la sabe." "La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua."
A Nacho, como amante de la superación y de la autocritica, Miguel le diría: “¿Qué locura o desatino me lleva a contar las ajenas faltas, teniendo tanto que decir de las mías?”.
Como persona honrada, íntegra y con muchos principios, Cervantes sentenciaría aquello de: “Más vale la pena en el rostro que la mancha en el corazón”.
Como hacedor y participe de las hazañas blanca, MIGUEL DE CERVANTES con certeza le diría a Nacho: “Dad crédito a las obras y no a las palabras”.
No sé lo que le diría Cervantes a Nacho pero, si volviera a estar entre nosotros, le diría con certeza profética: Mi conciudadano y patriota, ¡qué orgulloso estoy de ti!
PD: Miguel de Cervantes Saavedra nació y vivió su vida entre los siglos XVI y XVII. Sufrió un cautiverio en Argel, batalló en la famosa BATAGLIA DE LEPANTO, donde perdió su brazo izquierdo. Fue referente y admirado por el dramaturgo WILLIAM SHAKESPEARE (¡Sí, han leído bien!), Pero José Ignacio Fernández, alias Nacho, es el único ciudadano de Alcalá de Henares que consiguió levantar cinco Champions Leagues.
Ya que estamos, me gustaría dedicar este artículo a dos personas vecinas de NACHO FERNÁNDEZ, como son RODRIGO VILLAMAYOR Y VÍCTOR PABLO PRADO, que trabajan dignificando la profesión del periodismo deportivo. Les quiero agradecer su acogida en su periódico, cuando nadie lo había hecho antes. Lo dicho: muchísimas gracias a los tres. (También te incluyo a ti, Jesús).
Humildemente, solo lo hago por amor a la justicia, tanto literaria como deportiva en este caso.
Buenos días, queridos lectores. De todos es sabido que el Real Madrid ha forjado su leyenda a base de suerte, ayudas arbitrales, institucionales, celestiales y hasta cósmicas. Catorce Copas de Europa no se ganan haciendo las cosas bien, sino rezando mucho, comprando más amuletos que futbolistas, calentando bolas y, sobre todo, jugando mal al fútbol, ya sea encerrados atrás como un equipo menor o lanzando contragolpes como un equipo aún más menor que un equipo menor.
Presumir de trofeos en estas circunstancias supone un desparpajo excesivo y casi resulta de vergüenza ajena. Como si semejante acumulación se debiera a una gestión deportiva cabal, como si hubiera algún plan a la vista, como si se supiera qué demonios se está haciendo...
Todo lo contrario que clubes trabajadores y audaces como los que menciona el diario As en su portada. Instituiciones sólidas y sabias como United, City, PSG, Barcelona, Juventus y Chelsea. Casas gobernadas con sentido y perspectiva, con mesura y decoro, con justicia y ecuanimidad. Salen en portada tres futbolistas del Real Madrid -Rodrygo, Alaba y Vinícius- como podrían salir la Bernarda, la Aurora y Tócame Roque, porque es bien sabido que el buen desempeño de los tres se ha debido más a la suerte que a la inteligencia y visión de futuro de quien los ha firmado. El Madrid los ficha a ciegas, el entrenador (sea quien sea) los pone a correr y que salga el sol por Antequera, o por Kiev, o por Milán, o por Lisboa, o por París. Un sol de neón, un sol ganado en una tómbola de pueblo, un sol a pilas que solo calienta a quienes no saben de fútbol, a constructores, alineadores y demás advenedizos sin orden ni concierto.
Uno de esos clubes qué sí saben lo que hacen es, como se ha dicho, el Paris Saint-Germain. Una noble institución con un plan deportivo asentado en sólidos pilares futbolísticos absolutamente ajenos a cualquier injerencia política o económica. Un club que se alza como modelo de buen hacer y de mejor parecer. Es normal que hayan llamado a Vinícius para intentar su fichaje. Sus modos son de lo más pulcro y elegante. Puede que a Vini le haya llamado Macron, o el emir de Catar, o Mbappé, o la alcaldesa de París, en lo que viene siendo tan solo una sana manera de asesorar, de informar y de cuidar. Puede que incluso le hayan ofrecido ganar algo de dinero, o ser dueño de Tesla, Facebook o Coca-Cola, como mandan los cánones de un club de inquebrantables valores deportivos en igualitaria competencia con el resto de equipos de Europa y del mundo. Clubes así no trastocan en absoluto el devenir del fútbol, ni lo ponen en riesgo o en cuestión, por mucho que el fair play financiero ya tal o el petróleo y un estado ya cual, Ceferin mediante.
Cuenta Marca que Vini se siente querido en Madrid y que no ha dudado en quedarse. No lo entendemos bien. Abandonarse aquí a la mera suerte y la improvisación pudiendo entrar en un planificación deportiva de primer nivel. Entregarse a lo que surja en lugar de optar por una estructura consolidada que no ha ganado aún la Champions por no sabemos qué impúdica remontada. Allá Vini y sus decisiones. Allá el Real Madrid si no se amolda a los tiempos y logra una política deportiva a medio y largo plazo. El día que lo consiga igual empieza a ganar algún trofeo que merezca.
Hablamos de una política como la del Barcelona, por ejemplo. El modelo de excelencia que tenemos más cerca y que no sabemos por qué nos empeñamos en no emular. Un modelo de cantera, un modelo de ahorro y renovaciones mesuradas, un modelo de fichajes puntuales y estratégicos como Adama, Ferran Torres, Eric García, Aubameyang, Memphis Depay, Chistensen, Kessié, Azpilicueta, Marcos Alonso, Dani Alves, Lewandowski, Carlos Soler, Rita la cantaora, mi prima la de Badajoz y ahora Raphinha. Allí sí que se hacen las cosas bien.
También en baloncesto, donde su corta y mal pagada plantilla luchará hoy en buena lid por alcanzar el quinto partido que le dé opción de ganar la liga más allá de los sortilegios extradeportivos del equipo de Laso, esa amalgama informe de jugadores sin mayor trabajo colectivo. Nosotros, que somos tan desmañados como los planes del Madrid, esperamos que el cuarto partido sea suficiente para aclarar las cosas y que otro trofeo dé lustre a nuestra sala, pero sabemos de sobra que un tipo como Nikola Mirotic no merece semejante golpe anímico. Y tal.
Pasen ustedes un buen domingo improvisando sus vidas.
El refranero tiene lagunas importantes. Por ejemplo, os puedo asegurar que, muerto el perro, no se acabó la rabia. Hablo en sentido figurado con lo del perro y lo de la muerte, gracias a Dios, pero me parece que en la acepción más literal cuando hablo de la rabia, pues solo la rabia más incontenible puede mover a alguien a continuar arrojando vitriolo sobre un futbolista del Madrid una vez ha finalizado su carrera en el club. Solo eso, una suerte de rabia post-mortem que a mí me cuesta horrores entender, ha podido mover a Antonio Hualde a escribir esta despedida a Gareth Bale y a hacerlo, además, cuando ya todos habíamos cerrado el casillero de los adioses al galés. Yo, por ejemplo, critiqué en su momento a Casillas, pero en el momento en que se despidió como jugador del club pasé a tener presente única y exclusivamente lo bueno y dejé de remover resquemores. Me parece la única conducta posible pero no desde un punto de vista moral. No pretendo dar lecciones a Antonio ni a nadie. Es que es la única que se me ocurre cuando un jugador deja de estar en activo con nosotros. Por muy mal que te caiga, agradeces los servicios prestados y pasas página.
Antonio Hualde es amigo mío desde hace treinta años, o los que sean. A los amigos se les quiere con sus cosas, máxime si sus cosas (en este caso, la fobia de Antonio a Bale) han nutrido el portal que edito de artículos discrepantes con la línea editorial general de la publicación, lo que siempre aporta variedad e interés. Me gusta que la gente se asome a La Galerna sin saber exactamente qué va a encontrar. Antonio ha contribuido enormemente a ello, y se lo agradezco de corazón. Mientras de mí dependa, lo seguirá haciendo.
Ahora ha decidido despedir a Bale con una salva de fuegos artificiales de estiércol, cosa que como digo no puedo entender pero que, en aras de la pluralidad, no he tenido más remedio que publicar en la Galerna. De todos los textos furibundamente antiBale que nos ha enviado Antonio, este es el que más me ha costado publicar, no porque sea el más hiriente, que no lo es, sino por lo pasmosamente inoportuno del momento. Que la bilis se imponga a la gratitud (o, si o no hay gratitud, al silencio) cuando alguien objetivamente importante deja el club, es cosa que me supera.
Vamos a recordar qué nos dice Antonio.
"Ahora que Bale se ha ido, toca hacer balance de nueve años muy importantes en la historia del Real Madrid. Historia de la que, mal que nos pese a muchos, él forma parte. No en vano, su concurso fue vital en una final de Copa y dos de Champions. Ha marcado goles tan decisivos como espectaculares, mostrando una calidad al alcance de muy pocos. A diferencia de otros deportistas, jamás se le ha conocido affaire nocturno alguno, mostrando en esta faceta un cuidado personal exquisito. Y ha amortizado con creces el coste de su fichaje".
-"Historia de la que, mal que nos pese a muchos, él forma parte". ¿Qué mal te pesa exactamente, Antonio? ¿Que un tío que te cae mal -aunque no le conozcas- te ha hecho inmensamente feliz, y que el hecho objetivo de que haya ganado 19 títulos (entre ellos 5 Champions, fundamental en 3 de ellas) te viene fatal para el artículo? No comprendo en virtud de qué eso es un mal, ni mucho menos un mal que pueda pesarte, siendo el grandioso forofo del Madrid que eres.
-No en vano, su concurso fue vital en una final de Copa y dos de Champions. ¿Dos de Champions, Antonio? Me pregunto en cuál de las tres Finales que vienen a la mente te parece que Bale no fue vital. ¿Es el cabezazo de Lisboa, tras un grandioso partido por su parte, el que no te parece vital? ¿Es la chilena de Kiev la que te inspira un "mñe" finalmente desdeñoso? ¿Es la prórroga que jugó cojo en Milán tras ser el mejor del partido en la Final y en la semifinal contra el City, es el penalti que tiró cojo en la tanda el que no te parece que merezca el calificativo de vital? Tu cicatería a la hora de reconocerle méritos es intriguing to say the least.
-"Ha marcado goles tan decisivos como espectaculares, mostrando una calidad al alcance de muy pocos". Hombre, menos mal. En este primer párrafo concesivo (podría ir encabezado por un enorme AUNQUE), hay una frase limpiamente laudatoria. También halaga a continuación, cuando pondera la impecable vida personal del galés. Menos mal, ya digo. Tras estas concesiones que Antonio lleva a cabo a regañadientes, en plan "para que nadie diga que", se ocultan aunque parezca mentira momentos de incalculable dicha no solo para el conjunto de madridistas, sino para el propio Antonio también. Antonio coge algunos de los mejores recuerdos de su vida como futbolero, los que tienen a Bale por protagonista, y muy serio los categoriza, los mete en el arcón desapasionado de un arranque de artículo lejanamente condescendiente hacia ese hombre que le ha hecho feliz. ¿Cómo puede?, os preguntaréis quizá. No tengo otra respuesta que la perplejidad, lo siento.
La marcha de Gareth Bale es buena. Para todos. En primer lugar, para él mismo, por cuanto el galés hace ya tiempo que no estaba en el Madrid. Sí en Madrid, ciudad en la que vivía divinamente con sus 30 millones de euros anuales y en la que entrenaba para estar en forma con su selección. También para el club, que libera la ficha más alta de la plantilla, y para un vestuario que no va a echarle precisamente de menos. De hecho, el galés no deja un solo amigo en un equipo que, como ha podido verse, es una piña. Fue significativa su ausencia en las celebraciones de la Liga, así como su apatía —alguien con mando en plaza debió decirle que tenía que estar— en las de la Champions. Buena prueba de ello fue el sentido homenaje que sus compañeros le tributaron a Marcelo, y la cariñosa despedida —homenaje a fin de cuentas, aunque de perfil más bajo— a Isco. A Bale, nada de nada. Normal.
-"La marcha de Gareth es buena. Para todos". Nada que objetar. La marcha de Bale es especialmente buena para esos que Antonio llamará luego despectivamente "ultraBale", que son los primeros interesados en que acabe este sindiós, un calvario que consiste en ver cómo su admirado ídolo iba convirtiéndose, poco a poco, en el cumplimiento de la profecía autocumplida más triste del mundo, en el pasota que desde el principio le acusaron de ser sin ninguna razón. Que los últimos años de Bale han sido tristes es un hecho. Que toda la culpa sea de Bale, como Antonio asume como premisa de partida en todo momento, es algo muchísimo más dudoso.
-"...el galés hace ya tiempo que no estaba en el Madrid. Sí en Madrid, ciudad en la que vivía divinamente con sus 30 millones de euros anuales y en la que entrenaba para estar en forma con su selección". Antonio no es precisamente podemita, pero cuando le hablan del dinero que gana Bale se vuelve trotskista. Está OK con las reglas del libre mercado y con el hecho de que haya gente a quien, con arreglo a las leyes de la oferta y la demanda, se le pague tanto dinero como indique el cruce de ambas fuerzas. El liberalismo le sirve para todos... excepto para Bale. Jamás se le ha oído emitir una queja sobre el dineral ("morterada", suele decir él) que ganan o han ganado futbolistas de quienes sabemos que practican deportes mucho más de riesgo que el golf, o que frecuentan la noche del modo en que Hualde reconoce que Bale nunca ha hecho, o que se ponen como ceporros a ojos vista, en abandonamiento físico con luz y taquígrafos. Sobre lo que ganan estos, algunos compañeros de Bale durante muchos años, a Antonio nunca le hemos oído decir nada, como no se lo hemos oído, en honor a la verdad, a casi nadie dentro de la prensa deportiva nacional, tal vez por ser dichos futbolistas conciudadanos de dichos reporteros. Por lo demás, Antonio consigna la cifra en bruto para que suene a mucho más gorda de lo que al final es, así como pasa por alto los muchos millones que Bale ha entregado para la comunidad en la que aún vive, en particular a hospitales madrileños para la lucha contra el Covid. Eso no interesa en sus cálculos, ni lo tendrá en cuenta más tarde cuando hable de "desprecio" hacia dicha comunidad por parte del británico.
- "...su apatía —alguien con mando en plaza debió decirle que tenía que estar— en las (celebraciones) de la Champions". Apatía. Antonio lo sabe bien. No le preguntéis a Bale, preguntad a Antonio. Si alguno creyó ver un deje de tristeza o melancolía, no es engañéis: era apatía. Si alguno quiso entrever simple timidez, aun siendo conocida dicha condición en el galés, que no sea benévolo: era cien por cien apatía. Si hay incluso quien interpretó en la seriedad del chico un apunte de arrepentimiento ante las cosas que sin duda ha hecho mal, un examen de conciencia ante el contraste evidente entre la despedida a Marcelo y la suya, sepa que se equivoca también. Era apatía, única y exclusivamente, la misma que nadie "con mando en plaza" fue capaz de hacerle ocultar. Antonio lo sabe bien, y como él lo saben todos los que han acusado de eso mismo desde el momento en que entró por la puerta, todos los que necesitan que los futbolistas cuenten chistes o toreen o hablen de cara a la galería porque este no es negocio para tímidos, ni para tipos tan genuinos que no temen desdeñar las redes sociales como vehículo general de comunicación (más adelante tomará Antonio los tuits de Gareth como medidor infalible de sus sentimientos, como si los que no tienen redes sociales no fueran tan capaces de albergar sentimientos como los que no paran de soltar trinos y retuits. Tuiteas poco sobre el Madrid, ergo no quieres al Madrid. Así, sin más matices).
Los “ultraBale” se quejan de que al pupilo de Barnett la prensa le ha tratado mal. Personalmente, dudo que los palos que han recibido los antes citados Isco y Marcelo hayan sido menores. El propio Benzema ha tenido que sufrir críticas durísimas dentro y fuera del terreno de juego. Y Nacho, y Militao, y Vini, y tantos otros. Pero, lejos de esconderse tras las faldas de sus representantes, han dado la cara y se han acercado a una afición que hoy les adora. Bale, por contra, ha concedido una entrevista en nueve años. Una. Al diario El Mundo. Eso sí, cada vez que iba a su país se explayaba todo lo que callaba aquí —y no será que la prensa deportiva británica es menos corrosiva que la nuestra—. Sólo Jesús Bengoechea le ha oído hablar español. Su profundo desprecio hacia unos aficionados con quien jamás ha tenido el más mínimo gesto de afecto es de todo punto incomprensible. ¿Que hay periodistas con el colmillo retorcido? Claro. Pero ¿todos? Además, ahí estuvieron las redes sociales, medios británicos o el propio club para decir lo que considerase oportuno.
-"Personalmente, dudo que los palos que han recibido los antes citados Isco y Marcelo hayan sido menores". Hay cosas que dice Antonio que no deben afrontarse con afán de debate, sino con el mero afán de saber más sobre él. De saber, por ejemplo, dónde se he metido los últimos nueve años. Quiero decir, yo sí sé dónde se ha metido porque es mi amigo. Se ha metido en llevar una vida honorabilísima, en ser un buen marido, un buen padre, un buen hijo y un amigo leal de sus amigos. Pero quien no le conozca y le lea estas cosas considerará indubitablemente que se los ha pasado metido en una gruta ignota del Pirineo aragonés. Hace muy bien Antonio en no estar todo el día pendiente de lo que escribe y dice la prensa deportiva, eso que gana su salud mental, que es intachable, pero creo muy sinceramente que si se pone a glosar las tendencias en dicha prensa debe reconocernos una ventaja a los que escribimos todos los días el puto portanálisis.
-"Sólo Jesús Bengoechea le ha oído hablar español". Querido, te agradezco mucho que me atribuyas méritos que no me corresponden, nunca está de más un poco de loa completamente errada, pero no he tenido más privilegio que los muchos miles de aficionados que acudieron a su presentación (1:50 en adelante) o la vieron por la tele, o los muchísimos otros miles que le escucharon en Real Madrid TV en alguna ocasión. Bien es cierto que han sido muy pocas veces, pero es sabido, y confirmado por muchas fuentes, entre ellas Odriozola en esta entrevista en La Galerna, que Bale habla español razonablemente bien. Simplemente, no quiere usarlo públicamente por desconfianza hacia la prensa (no se le puede culpar viendo cómo le trataron desde el minuto cero) o por lo que antes decíamos: timidez. Miedo. ¿Cuánto crimen hay en el miedo? Insiste Antonio -lleva así lustros- en la falta de respeto hacia quien habla español que comete quien no lo habla (insisto) públicamente. Yo, por ejemplo, no conduzco. A través de esta omisión ¿falto al respeto a quienes sí lo hacen? ¿Sería mejor que yo condujera, como sería mejor que Bale hubiera hablado públicamente más veces en español? Seguro. ¿Me habría beneficiado conducir, como a Bale le habría venido bien hablar con Lama cual Fernando Lázaro Carreter? Ya lo creo. Pero hasta ahí. Ni "profundo desprecio" ni leches marineras, Antonio. Le da miedo. Le impone. Ya está. Dejadle en paz con esto ya, sobre todo ahora que se ha ido y puede hablar por fin en lo que estime conveniente.
Bale ha preferido ser un jugador de bandera, la famosa de Gales y aquel bochornoso episodio que le retrata como persona. Se ha negado a que los seguidores madridistas le conozcan, le lean o le escuchen porque jamás le han importado lo más mínimo. Si alguien quiere saber sus preferencias, que eche un vistazo a su cuenta de Twitter y cuente las publicaciones de Gales o golf frente a las del Real Madrid. Sí, la bandera lo dejaba muy claro. Tanto como lo que significa borrarse de partidos cruciales o no querer celebrar con sus compañeros la última Liga conseguida sin él. Ni el Atleti lo quiso, pese a haberse ofrecido. Por algo será.
-"...la famosa de Gales y aquel bochornoso episodio que le retrata como persona". Yo debatí con periodistas británicos, en BBC Wales Radio, sobre el incidente de la bandera, y mi postura no era precisamente la de defender a Gareth. Ahora bien, de censurarle aquello a dar por hecho, como se infiere de ti y de otros muchos, que la bandera poco menos que la escribió él y poco menos que la puso ahí él, hay una distancia más larga que el Severn Bridge. La leyenda de la bandera satirizaba unas manifestaciones idénticas de Mijatovic, quien conociendo a Bale tanto como Antonio Hualde se permitió aventurar esas prioridades en la vida de Bale, lo de "Wales. Golf. Madrid. In that order". No dejará nunca de llamarme la atención que Hualde, Mijatovic y tantos otros conozcan como la palma de su mano a un hombre que para mí -que por lo menos conozco a su familia- es un misterio absoluto. Pero Hualde nos dice muy serio que "aquel bochornoso episodio le retrata como persona". Para decir que algo retrata a alguien es preciso conocer a ese alguien, ¿no? En realidad, el centro de mi defensa a Bale (que nunca fue un cheque en blanco, pues al final se quebró en buena parte) no ha sido siempre más que un grito exasperado. Pero ¿no se dan cuenta de que ustedes no saben absolutamente nada sobre este tipo? ¿No será, precisamente, que lo que les irrita es ese misterio, que ustedes preferirían tener a Bale abierto en canal en la mesa de operaciones porque eso es lo que tenemos el presunto derecho de hacer con los famosos, y que si ese famoso no se me abre ni habla mi idioma para mí es mucho más cómodo asumir que es un indeseable? ¿No será que Hualde (y otros muchos) consideran legítimo poner a parir a quien les niega la prerrogativa (que se autoatribuyen) de merecer saberlo todo sobre el ídolo, a menos que quiera correr el riesgo de que Hualde le bale del pedestal? Sucede que Bale nunca ha sido así. Bale ha preferido siempre meter el gol que nos da la Copa de Europa y encaminarse hacia su casa, cerrando la puerta por dentro y dejando a los cotillas rabiosos en el umbral. ¿No será eso tan vintage lo que no se le ha perdonado nunca?
-"... borrarse de partidos cruciales". Sí, todo hace entender que lo ha hecho, y si no lo ha hecho jamás se defendió de la acusación. Esto es grave, y por eso me bajé de su defensa, a la que ahora vuelvo a sumarme por el mero afán de compensar la ruindad de ataques así cuando se va, cuando ya se ha ido, cuando ya le hemos despedido. Ruindad, sí. Antonio Hualde no tiene nada de ruin. Nada en absoluto. Por eso me extraña tanto que ahora se haya comportado como si lo fuera.
-"Ni el Atleti lo quiso, pese a haberse ofrecido. Por algo será". Aquí tenemos a Antonio, nuevamente, elevando a la categoría de dogma el rumor malintencionado. ¿Se ofreció Bale al Atleti? Necesitaré pruebas para creerlo. No tengo ninguna. Hualde tampoco.
Mi amistad con Antonio Hualde es en este momento un reflejo de la actitud que considero que el madridismo, con independencia de filias y fobias, debe tener hacia Gareth Bale. Debe pasar página. Pasémosla también tú y yo, Antonio. Estoy agotado. Un abrazo.
Semana de emociones y, por qué no decirlo, de lágrimas. Se nos fue el capitán, el hombre de los 25 títulos. A mí me pilló su despedida en el coche, de viaje entre Marbella y Madrid. A la altura de Valdepeñas, tuve que buscar un área de servicio para parar mi vehículo, ya que acababa de escuchar las palabras de agradecimiento y de despedida de Marcelo y mis ojos se empañaron de lágrimas.
Aunque no era un adiós definitivo, era un hasta luego que llegaba al alma. La despedida - esperemos que momentánea - de quien llegó en invierno de 2006 con 18 años y que se marcha con 34 años y un palmarés único en nuestro club.
Se ha escrito y se seguirá escribiendo mucho sobre Marcelo Vieira, pero en este texto me quiero centrar en el papel que jugó en las 5 finales jugadas y ganadas de Liga de Campeones. En todas y en cada una de ellas, su papel fue absolutamente decisivo.
Remontémonos al 24 de mayo de 2014, en el Estadio de la Luz, en Lisboa. Marcelo no sale en el XI titular. Ancelotti, tras las semifinales ante el Bayern de Guardiola, sigue confiando en Fabio Coentrão, autor de dos magníficos partidos. Coentrão es de nuevo de la partida ante el Atlético de Madrid, quizás para estar atento a las subidas de Juanfran y de las incursiones de Diego Costa. La lesión de este último trastoca a Simeone, que pone a Adrián a jugar por el costado derecho. Pero el Atleti apenas creó peligro en ataque, con excepción de los centros laterales en balones parados. Tras el gol de Godín, los colchoneros se repliegan y ya prácticamente no van a crear peligro en el resto del partido.
En el descanso había preocupación en las filas blancas, al centro de campo le faltaban pulmones y talento, y Ancelotti quiere no ya la seguridad defensiva de Coentrão, sino la profundidad en ataque que puede aportar Marcelo. Eran tiempos de tres cambios totales, y Carletto decide ir a por todas y hacer dos de golpe: Khedira y Coentrão dejan sus puestos a Isco y Marcelo. La historia ya es bien conocida: los 75 minutos de Marcelo sirven para, junto al fideo Di María, destrozar al lateral rojiblanco, que acabó acalambrado, y sus centros e incursiones acabaron por vencer al muro rival. Para la guinda, el 3-1 que marcó, con sus adversarios en franca retirada (y moviéndose a cámara lenta ante la impulsividad merengue), y fusilando desde 25 metros a un Courtois que ya abogaba por la rendición de sus tropas. Su explosión de lágrimas y su celebración quedó para siempre en la memoria de cualquier madridista de bien.
Dos años más tarde, en Milán, Marcelo ya era de nuevo dueño y señor de la banda izquierda del Real Madrid. Un partido muy físico, en el que le tocó bailar con novias en plena forma: de nuevo Juanfran, pero también se dejaban caer por su banda Yannick Carrasco y hasta Antoine Griezmann. Kroos e Isco bregaron aquella calurosa tarde milanesa para achicar agua, colaborando con el brasileño. Y el Madrid, mermado físicamente en todas sus líneas (Carvajal, Kroos, Bale, Benzema, Cristiano), resistió hasta el minuto 90 y luego en la prórroga fue francamente superior. Marcelo fue guardián y puñal, y todo recordamos su lanzamiento de penalti, el segundo por más señas, también a la izquierda - como todos - de Oblak y un estallido de alegría y de esparcimiento de adrenalina parecido al de Lisboa.
Ya en Cardiff, 3 de junio de 2017, Marcelo llevaba siendo con diferencia el mejor lateral izquierdo del mundo, escogido varias veces por UEFA y por FIFA en los onces ideales mundiales. En aquel partido, tras su doble exhibición ante el Bayern y, sobre todo, en semifinales ante el Atlético, considerado por muchos como el mejor partido disputado en lo que llevamos de siglo XXI, Marcelo fue pieza fundamental de la sinfonía perfecta de los de Zidane. Vestido de morado, para su compañero de selección Dani Alves debió ser aquel encuentro una de las pesadillas de su vida. No contento con ello, y dominando su ala apoyado por los malabares de Benzema, aún tuvo tiempo para hacer unas fintas circenses prácticamente sobre la línea de fondo, allá por el minuto 89, y ponerle en bandeja una ración de caviar a Marco Asensio, que fusiló por cuarta vez al meta Buffon (que en los 12 partidos anteriores de Champions tan solo había recibido 3 goles).
En Kiev, para la tercera Champions consecutiva de la era Zidane, Marcelo también tenía que marcar a fuego con su sello personal. Tras unos primeros minutos brillantes de Salah, en los que tanto Marcelo como millones de madridistas los pasamos entre nervios, la aportación del carioca fue creciendo según transcurrían los minutos. Su segunda parte, como la de todo el equipo, fue soberbia. Y Marcelo, una vez más, protagonizó la asistencia del año para el gol del siglo, con un sutil pase con su pierna derecha para que Gareth Bale saliera en la instantánea de mayor belleza plástica de una final, quizás superando a la célebre volea de Zidane en Glasgow 2002.
¿Y qué pasó en su quinta Copa de Europa conquistada? En este caso, no nos remitiremos a sus hazañas dentro del terreno de juego, sino a lo que el propio Marcelo contó en su discurso de despedida. “La final que más he disfrutado porque pude ayudar a mis compañeros desde el banquillo.” Apoyándolos, sin parar de animar, dando consejos sobre todo a los jóvenes (Vinícius, Rodrygo, Valverde, Militão, Camavinga). Siendo realmente como un coach, como un mentor, como un profesor, como un padre. Labor sorda e impagable, y que a él particularmente le colmó intensamente.
No olvidemos en su aportación de este año los últimos minutos angustiosos en casa ante el Chelsea, con 2-3 en el marcador y aún en el borde del abismo, cuando Ancelotti tuvo que improvisar ante una delantera de altos vuelos con Pulisic, Havertz, Rüdiger y compañía un cuarteto integrado por Lucas Vázquez, Carvajal, Alaba y Marcelo, que resistieron heroicamente y lograron el pase a semifinales. Quizás la última aportación sobre la cancha de Marcelo, pero no la última, ya que tanto en el Stade de France, como en los últimos lances ante el City, la arrolladora presencia de Marcelo junto a otros veteranos apoyando en la banda a Ancelotti fue una última misión digna del mismísimo Capitán Nathan Brittles (enorme John Wayne), justo antes de empezar su retirada del ejército en la magnífica La legión invencible de John Ford. Los subordinados de Wayne le obsequiaron entonces con un reloj de despedida; el Real Madrid le obsequió con una plaza privilegiada y eterna en la gloria del imaginario madridista.
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Buenos días, queridos amigos.
Anoche disfrutamos de otro gran partido del Real Madrid de baloncesto, una victoria inapelable por 81-66 frente al todopoderoso Barça de Saras Jasikevicius y Mirotic, que pone el 2-1 en la final de la Liga ACB. Baloncesto, sí, ese deporte de cinco contra cinco (o contra ocho, como el pasado miércoles en el Palau) consistente en meter el balón en unas canastas situadas a poco más de tres metros del suelo. ¡Ba-lon-ces-to!, como dijo en su día el exseleccionador Pepu Hernández tras lograr el título mundial con la selección en Japón para destacar el valor de este deporte.
Para la prensa madrileña, el baloncesto es ese deporte que solo aparece en las portadas cuando el Real Madrid pierde. No salió durante los meses del fulgurante primer tercio de la temporada de los chicos de Pablo Laso y Chus Mateo, y apareció de manera reiterada durante el desastroso segundo tercio, cuando las derrotas se sucedían de manera calamitosa.
En este último tercio de la temporada, y pese a todos los problemas físicos de varios jugadores (¡ánimo, Toñejo, Carlos, Nigel!), disciplinarios, de salud del entrenador titular (confía, Pablo), de cansancio o arbitrajes, el equipo se ha rehecho y nos está regalando unos playoffs ejemplares, sin olvidar que solo una canasta los privó de emular a sus compañeros del fútbol y lograr el título continental. No nos cansaremos nunca de este equipo, de su espíritu, entrega y lucha, de la manera de enfrentar las adversidades, de su unión como familia, de la comunión con el público, fantástico ayer de nuevo. Grandes, muy grandes. Suponemos que será la noticia destacada en la prensa madrileña, ¿no? Vamos allá.
¡Anda ya! ¿Haaland 2024? ¿Esa es la rabiosa actualidad de hoy? Suena a Juegos Olímpicos: Pekín 2008, Tokio 2020 y Haaland 2024. Pero es que siempre estáis con las mismas “tontás”, señores de As, que no os importa ni el autoplagio.
Las hemerotecas son tremebundas. ¿En qué año estamos? Hasta los comentarios sobre las supuestas filtraciones del club y el entorno del jugador son las mismas:
“El club blanco le ve como el relevo ideal de Benzema y al jugador le agrada el plan”. Antes: “El Madrid está convencido de que es el nueve que necesita”.
“El Madrid tiene en su hoja de ruta ficharle dentro de dos años”. Eso dicen ahora en 2022, porque en 2020 nos indicaban que “su agente pactó con el Dortmund que acepte un traspaso en año y medio”.
Así podemos seguir eternamente: Haaland 2026, Haaland 2030 y “Haaland se quiere retirar en el Madrid en 2048”. Las inexistentes noticias de fichajes dan para decenas de portadas. Prueben, amigos lectores, a hacer una consulta rápida en Internet: “portadas Haaland As” o “portadas Haaland Marca”.
El tema cansa tanto como un forúnculo en salva sea la parte. Pero que no se nos vayan a reír en la prensa cataculé, que para ellos existe este hermoso collage (vía KingBenzemismo).
El caso es que la enorme victoria del Real Madrid anoche es relegada a un faldón inferior con el mismo espacio que el título de la NBA para los Warriors. No confundir con los Guarriors que repartían en el Palau como si no hubiera un mañana. Por cierto, el entrenador azulgrana Saras Jasikevicius, se quejaba anoche de la poca cera que dieron los suyos; quizás echara en falta la sangre que reclamaba antes del inicio. Para el domingo ha dicho que “hay que pelear por nuestras vidas”. El lenguaje bélico de este entrenador no dejará de sorprendernos jamás.
Volviendo al asunto principal de portada, lo del noruego con la camiseta del City nos interesa muchísimo, eso debe ser. Suponemos que será cosa del As, porque la portada de Marca sí estará dedicada a los héroes blancos, ¿no?
Quizás lo disculpemos, pues Rafa Nadal se lo merece todo, o porque la sección madridista de tenis (precioso el uniforme blanco del manacorí) es de lo poco que existe en este mundo merecedor de relegar el baloncesto a un espacio secundario.
“Hay que ponerse a sus pies”. Un titular que vale tanto para Rafa como para sus compañeros de portada, Yabusele y Monsieur Benzema. Por cierto, “Benzema hasta 2024”. En tiempos de bajos contenidos deportivos, a los medios les da por elucubrar con el futuro: “Tiene contrato hasta 2023, pero en el club confían en llegar a un acuerdo para seguir una temporada más”. La bola de cristal y los supuestos mensajes del club ocupan tanto espacio como el ba-lon-ces-to, una pena.
Hemos tenido que ir a Barcelona para encontrar este deporte en portada, con una foto a toda plana.
¡Vaya!, pero si está dedicada a ese jugador con nombre de especia (Stephen Curry) que acompaña muy bien al pollo (y no hablamos de Draymond Green). Tengo curiosidad por saber cuántas portadas se han dedicado en este país a la NBA. Sospecho que muy pocas, por eso resulta llamativa, tanto como que Jordi Alba haya pasado por el altar. Le deseamos una feliz boda y que no se tropezara con ninguna brizna de hierba en la sesión de fotos, no fuera a ser que entre los invitados estuviera Hernández Hernández presto a señalar penalti.
Sport rescata a Joaquín Prat, Primitivo Rojas y un remedo de El precio justo, aquel archiconocido programa de finales de los ochenta en el que se invitaba a los concursantes “¡a jugar!”.
La portada tiene fuertes reminiscencias de escaparate del popular concurso en el que había que pujar “sin pasarse” por el precio justo de los objetos presentados. Nos imaginamos la voz de Primitivo presentando este escaparate: “Aquí tenemos a un 9 polaco veterano y de elevada ficha por el que habría que pagar a su club de propiedad, el Bayern de Múnich. Tenemos que pujar también por Kessié y Christensen, jugadores que llegan libres, pero que querrían cobrar a final de mes, y para rematar mostramos a Marcos Alonso y Azpilicueta, laterales de la selección española y del Chelsea, veteranos y con buenos sueldos, que anhelan mantener. Concursantes, directivos de la Académica Palanca culé, deben ustedes acercarse a su precio justo sin pasarse, sabiendo que cuentan con un límite salarial de -144 millones”. Pues eso, ¡a fichar!
Dejémonos de “tchouminás” y hagamos nuestro el titular de Sport en su faldón superior: “El Madrid gana y acaricia el título”. Ojalá. Dijo Chus Mateo que “queda lo más difícil”, rematar, asegurar el título. Posiblemente haya muchos intereses comerciales, publicitarios o institucionales que desean llevar la serie al quinto partido, pero si ya en el tercero vimos lo que vimos, no queremos ni imaginar lo que sería el Palau en ese hipotético duelo. Algo así como la Mano de Elías ochentera en El Pireo noventero con el infierno turco en las gradas y Lamonica de naranja. No queremos ni imaginarlo. Suerte, tíos grandes.
Que paséis un gran día.
En la maravillosa presentación de 'La cofradía del clavo ardiendo', el libro de Julián Carpintero sobre la trepidante Liga de las remontadas, hubo quien reivindicó los ratos de buen fútbol de ese Madrid de Capello. Hasta el mayor hipocondríaco tiene algún momento de sentirse inmortal. Aquella temporada, el Madrid se soltó las cadenas siempre al borde de la asfixia, situación en la que llegó a la jornada 31 del campeonato después de perder en Santander y volver a ver cómo crecía la diferencia con el Barça hasta los 5 puntos. Cuando volvía a darse por imposible la campaña auspiciada por Relaño, Roncero y Toñín el Torero —uno no siempre elige a sus gurús—, el equipo de Capello cogió otra bocanada de aire.
Lo hizo contra el Valencia con una jugada impropia de aquel año. Reconozco que quizás mi memoria es demasiado dura con el juego del Madrid de Capello, pero una de mis pesadillas recurrentes es que Diarra y Emerson siguen anclados al doble pivote del césped del Bernabéu. Si fue el peaje a pagar para que años después pudiéramos disfrutar del Casemiro-Kroos-Modric, me sigue pareciendo caro.
Van Nistelrooy merece mayor reconocimiento por la Liga de nuestras vidas. Casi todo. Fue el Benzema actual de aquella temporada
La jugada comienza con Gago, quien creímos que era el sucesor de Redondo por ser argentino y tener el pelo largo; no se podía partir de más cerca, pero estaba muy lejos de ser Fernando Carlos. El balón llegó a Míchel Salgado, quien no tuvo suerte con sus sucesores en la banda derecha, porque ya nadie recuerda lo bueno que fue. El gallego busca por arriba a Van Nistelrooy, que baja el balón con el pecho, con una autoridad patricia. Lo recibe Higuaín, a quien la vida le tenía reservado un momento de éxtasis tres semanas después con su gol al Espanyol y una comparación en la que sale malparado a largo plazo con un jugador que nació nueve días después que él: Karim Benzema. Acto seguido, ocurre un milagro futbolístico sin precedentes: Mahamadou Diarra devuelve al primer toque la pared al argentino. La vida manda señales inequívocas, esa jugada tenía que acabar en gol.
El camino hacia la red siguió con la conexión de Higuaín con Robinho. El brasileño, también de primeras, deja con el taco para que Gago se luzca. Con toda la banda izquierda libre, el argentino manda un putt a la altura del vértice del área, hacia donde se incorpora Miguel Torres, lateral derecho jugando por la izquierda y centrando de maravilla con la zurda. Era un Madrid imprevisible, para bien y para mal. El balón vuela hacia el lado derecho del área y allí aparece Van Nistelrooy para marcar con una volea preciosa. El holandés fue el verdadero héroe de la Liga y no siempre resulta lo suficientemente valorado. Nadie niega que dejó un buen recuerdo, pero pocos reconocen que esa Liga no se habría ganado sin él. Marcó 25 goles, 14 en los últimos 14 partidos, cuando eso de marcar un gol por partido nos sonaba bastante lejano, a Hugo Sánchez y Puskas.
Van Nistelrooy merece mayor reconocimiento por la Liga de nuestras vidas. Casi todo. Fue el Benzema actual de aquella temporada. Para el recuerdo popular quizás le perjudicó la lesión en el último partido y también la memoria selectiva: los dos goles del Madrid para empatar en Zaragoza el día del Tamudazo fueron suyos. Perdónanos, Ruud, fue todo tan raro que todavía estamos recomponiendo los pedazos de aquella fiesta agónica.
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En contra de todos los tópicos y críticas que acostumbramos a leer y escuchar, existen un sinfín de evidencias de que la planificación deportiva del Real Madrid es excelente. Lo refrenda la abrumadora cantidad de éxitos en los últimos años. Éxitos que, por mucho que se diga, no son fruto de una casualidad recurrente. Más bien son la consecuencia directa de un trabajo concienzudo, inteligente y profesional hasta el extremo. El club que al que se acusa de carecer de dirección deportiva (evidentemente, es mentira) encadena aciertos y tiene una metodología muy definida, una fórmula que se ha demostrado certera y adaptada a la realidad actual del fútbol.
Para empezar, el Madrid tiene claro que los perfiles de sus jugadores más importantes no son replicables. Sería absurdo buscar al nuevo Modric, al nuevo Ramos o al nuevo Cristiano Ronaldo. Por la sencilla razón de que futbolistas así no existen y empeñarse en clonarlos conduce inevitablemente al fracaso, como hemos comprobado en otros equipos y otros casos. El Real Madrid pretende encontrar la vía más directa hacia el triunfo, que no es otra que acumular todo el talento que se pueda, sin dogmas ni ataduras. Cuando se habla de otros equipos, se señalan determinadas características, un retrato robot casi imprescindible para fichaje, que se debe adaptar a las exigencias estilísticas, tácticas y técnicas ya existentes. El modelo está por encima de todo, incluso cuando ese modelo parezca anticuado y haya sido vapuleado en la élite en repetidas ocasiones.
La planificación deportiva del Real Madrid es excelente. Lo refrenda la abrumadora cantidad de éxitos en los últimos años. Éxitos que, por mucho que se diga, no son fruto de una casualidad recurrente. Más bien son la consecuencia directa de un trabajo concienzudo, inteligente y profesional hasta el extremo
Sin la limitación de esas cadenas es más sencillo encontrar futbolistas diferenciales, que no dependan de un entorno conocido y favorable para desequilibrar balanzas. Ya desde Bernabéu se asumió que la idea era traer a los mejores e ir variando el ecosistema para que les permitiera brillar juntos, como una unidad. Como hecho diferencial, el Madrid ha reforzado siempre la idea de que lo importante eran los jugadores como colectivo, por encima de los entrenadores y de las mismas individualidades. Por eso el club ha sido capaz de detectar el ocaso de sus grandes futbolistas y les ha ido despidiendo cuando tocaba en la mayor parte de los casos. Hasta a Di Stefano se le dio el finiquito por una cuestión puramente deportiva, porque su rendimiento no estaba a la altura de la extrema y eterna exigencia madridista. Entre cerebro y corazón, se suele elegir lo primero, lo lógico. Todo el honor a las leyendas, pero el tiempo es inexorable y el Madrid no se puede permitir esperar a nadie.
Otra característica de los fichajes en los últimos tiempos es que, en general, se ha huido de especialistas unidimensionales. Para darle más y mejores herramientas al entrenador se ha cribado el mercado en busca de jugadores versátiles, capaces de adoptar distintos roles y de amoldarse a demarcaciones diversas, abriendo el abanico de posibilidades tácticas. Si la mitad de tu plantilla se adapta a varios puestos, las piezas tienen más opciones de moverse para variar el dibujo incluso dentro del mismo partido, como ya vimos en la última e inolvidable Champions de las remontadas.
Para poder seguir compitiendo como hasta ahora con los clubes-estado (no, el Real Madrid no es uno de ellos) y con la elite de la Premiership inglesa, que dispone por el momento de más ingresos ordinarios para invertir en talento, se ha diseñado una hoja de ruta prácticamente inamovible. Consiste en apostar decididamente por el talento joven cuando se detecte potencial estelar, y aprovechar las oportunidades de mercado si se trata de futbolistas consolidados, capacitados para sumar desde el minuto 1. Sabia mezcla para no tener que romper la banca en cada fichaje y como proceso evolutivo para adaptarse a la realidad del mercado, que hace muy complicado sacar de un gran equipo a un futbolista que esté en fase de crecimiento o plenitud.
Otra característica de los fichajes en los últimos tiempos es que, en general, se ha huido de especialistas unidimensionales. Para darle más y mejores herramientas al entrenador se ha cribado el mercado en busca de jugadores versátiles, capaces de adoptar distintos roles y de amoldarse a demarcaciones diversas, abriendo el abanico de posibilidades tácticas
El Madrid señaló a Vinicius, Rodrygo, Valverde, Camavinga o Tchouaméni ahora. Con ellos se fichó futuras estrellas a las que cuidar con más mimo y paciencia de lo que se acostumbraba en el paseo de la Castellana. Y no importó que hubiera que pagar importantes cantidades para sumar a alguno de ellos al proyecto. Aunque hubo momentos de duda, la estrategia ya está dando réditos, demostrando su vigencia. Por otra parte, tenemos a los Alaba, Courtois, Rudiger o, yendo más atrás en el tiempo, el propio Kroos. Son jugadores testados en lo más granado del fútbol europeo, pero que por sus circunstancias contractuales, se convirtieron en una ganga que no se podía dejar pasar por su calidad. El resultado del proceso es que el Madrid tiene una plantilla competitiva como la que más, habiendo invertido mucho menos que sus grandes rivales. Y se puede ir renovando el equipo gradualmente y sin grandes urgencias. Es decir, que se ha demostrado que su política deportiva está regida con inteligencia y habilidad, teniendo también sus lunares (imposible evitarlos totalmente), que pueden ejemplificarse en Hazard y Jovic.
El modelo del Madrid existe y el perfil de fichajes que se baraja también. Los resultados están ahí para el que los quiera ver y esté dispuesto a valorarlos sin los prejuicios habituales. No se gana tanto en tan poco tiempo por pura suerte. Se ha conseguido reuniendo a un ramillete de grandes futbolistas y dejándoles desarrollar su potencial con la libertad como tónica esencial. Si hay un patrón a replicar por los demás, debería ser este. Aunque pensándolo fríamente, mejor que no lo copie nadie y que la tónica de la última década se mantenga durante mucho tiempo.
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Buenos días, amigos. Seguimos con más calor que forjando espadas en un invernadero del Sáhara, pero no os preocupéis, en unos días bajarán las temperaturas… para luego subir otra vez durante varios meses, no le diremos adiós a la ola tan fácilmente. El mejor remedio para no pasar calor es el de siempre: tener dinero. Con dinero puedes adquirir en un comercio del ramo (no en una floristería, cuidado, los gladiolos enfrían poco) un aparato de aire acondicionado y, una vez instalado, darle a la palanca de encendido. Mano de santo, en unos minutos puedes dormir la siesta con el Tour de Francia (ese país donde el Madrid gana Champions) de fondo sin chorrear sudor por doquier.
Laporta ha pensado algo parecido: necesito dinero y palancas. Aunque en este caso el orden es inverso, primero necesita accionar las palancas para que llegue el dinero. Como en las máquinas tragaperras. Y al igual que en las máquinas tragaperras, en las cuales insertabas cinco duros, tirabas de la palanca y, con mucha suerte, te podía tocar la especial, unas 10.000 pelas, lo más normal es que para conseguir ese dinero el 99 % de las veces tuvieses que gastar mucho más. Y la imagen de una persona con la copa de sol y sombra tirando de una palanca no es buena. No recuerda precisamente a Arquímedes, que pedía un punto de apoyo para mover el mundo con una palanca.
Al Barça le va a suceder lo mismo que al señor de las tragaperras, va a tener que pagar mucho más por el dinero que obtiene ahora. Ayer la Asamblea de compromisarios aprobó una serie de palancas (la verdad es que el término es un poco ridículo), como la venta de hasta el 25 % de los derechos de televisión o la cesión del 49,9 % de BLM, la empresa encargada del merchandising del club.
Traducido a millones de euros, la cesión de BLM podría suponer en torno a 250 y cada 5 % de los derechos de imagines otros 100 millones adicionales. Puede parecer maravilloso, pero vender tu fuente de ingresos continua para obtener un ingreso puntual no es nada recomendable. Aunque lo cierto es que el Barça tiene que hacer algo, como dijo Laporta, el club es un fórmula 1 sin gasolina y con el motor gripado, pero vender el coche para comprar gasolina, pues…
En la Asamblea no se habló, pero hay quien comenta que Laporta también quiere bajarle la palanca a Piqué, al parecer la tiene muy levantada. Esta acción podría ser muy conveniente para abordar la renovación de Gavi, que según Sport está casi cerrada.
Lo que no fue necesario aprobar en la asamblea fue la “compra” de voluntades periodísticas, tras el bochornoso arbitraje padecido por el Real Madrid de baloncesto en el Palau —recordemos que al Barça le permitieron anotar un triple con el tiempo parado o que a Causeur le dieron un mamporro a dos metros de un árbitro sin consecuencias, entre otras muchas cosas—, ayer lo que destacaron en Televisión Española fue la actitud que mostraron (ante el robo) Yabusele y Rudy. Afortunadamente en La Galerna contamos con una persona que entiende, y mucho, de baloncesto, José Luis Llorente Gento, que se encargó de escribir el artículo necesario para dar a conocer la tropelía sufrida por el Madrid.
Mundo Deportivo también lleva en su frontispicio el asunto de las palancas. Y también habla de Gavi. Han tenido el buen gusto de elegir una fotografía del joven realizando lo que parece un corte de mangas. ¿Efecto óptico? ¿Es la respuesta a la oferta de renovación del Barça? ¿Es una palanca levantada como la de Piqué?
Marca publica hoy una entrevista a D. Federico Valverde. Creemos que es más adecuado referirse a él así, mejor que “Pajarito” o “Halcón”. El futbolista uruguayo deja reflexiones que destilan madridismo por todos lados. A diferencia de quienes realizan declaraciones ambiguas, Fede es directo. “Siempre voy a estar agradecido al madridismo, incluso cuando las cosas iban mal estaban ahí apoyándome”. Cierto, Valverde, y te apoyábamos incluso sin palancas. A Mina Bonino la queremos mucho y Fede nos da más motivos: “Lo veía todo negativo, pero Mina buscó soluciones e hice clic: ella me ayudó a mejorar, a aprender y a seguir esforzándome”.
As dice que la plantilla del Madrid está completa, y lo hace a colación de las declaraciones de Florentino en El Chiringuito: “¿Fichajes? Hemos parado, no hay hueco para más”. Realmente esas declaraciones no dicen que no habrá más fichajes, sino que no hay hueco. Veremos. Tranquilos.
Aunque la noticia del día no viene en Marca, ni en AS, ni en Mundo Deportivo, ni siquiera en Sport. Su descubridor ha sido nuestro editor, Jesús Bengoechea. Atentos porque se desvela quién ha fichado a Gareth Bale:
A Gareth Bale lo ha fichado OK Diario para cubrir los mítines de Yolanda Díaz. Este giro de guion no te lo firma ni Wilder, ni Hitchcock, ni siquiera el Real Madrid en el minuto 89 de un partido de Champions.
De tanto hablar de palancas, nos ha venido a la cabeza una muy popular allá por la época final de la Quinta del Buitre: Académica Palanca. Sus canciones eran poesías que no desmerecían ni al mismísimo Gustavo Adolfo Bécquer.
Y si un día por azar,
te embarga la desventura,
conmigo puedes contar,
en mí siempre encontrarás,
una apoyadura.
Pasad un buen día.
“Parece el bajista de Santana”, es el primer comentario que me hizo un amigo tras ver un vídeo de Matheus Nascimento. Apreciación que no debe considerarse irrelevante. Lo primero que llama la atención del joven delantero centro de Botafogo es su peculiar imagen, que no es solo apariencia sino también un apunte de intenciones. A sus dieciocho años, Nascimento posee un cuerpo espigado que puede generar dudas por una presunta endeblez, impresión que acentúan unas piernas interminables. Pero, todavía en proceso de constitución, la anchura de sus hombros aventura que terminará conformando una sólida envergadura. Como si ya se adelantase a ese presagio, Nascimento hace gala en el terreno de juego de una de sus principales cualidades: el juego de espaldas. Por más que lo encimen, resulta complicado quitarle el balón tras recepción, lo cual lo valida para la descarga y apoyo del juego de extremos y centrocampistas a los que, de seguido, suele poner en ventaja gracias a su mejor virtud: la asociación.
Efectivamente, Nascimento es, por tipología, un jugador benzemesco. Capaz no solo de filtrar un pase con extrema sutileza sino también de aventurar el espacio al que va o debería ir su compañero, que es, a su vez, donde él acostumbra a poner con precisión el balón. A pesar de llevar el 9 en la espalda, no es un solista, sino el bajista, de frondosas melenas, que acompaña al grupo y le da el tono. Su radio de acción no es, por tanto, el área, sino que abarca un espacio mucho mayor, siendo frecuente verle bajar hasta la medular para triangular y tejer el juego.
Pero ser lo que algunos denominan un “nueve y medio”, no significa que carezca de gol. Posee un potente disparo con ambas piernas. Es resuelto en la definición y hasta en el remate de cabeza. Pero su predisposición a participar en el juego, su tendencia a la pausa y una estética más bohemia que atlética, disimulan esta faceta goleadora. “Se da un aire al desgalichamiento y el oportunismo de Roberto Martínez”, apuntaba hace unos días José María Faerna entre galernautas.
Obviamente, estamos hablando de un joven futbolista no consolidado y con mucho margen de evolución, pero sin duda, a mi modo de ver, con un talento digno de ser tenido en cuenta. Esta predicción está avalada por el ventajismo de quien ya sabe que el jugador está bajo el radar de Juni Calafat, el artífice de fichajes como Vinicius, Rodrygo, Valverde, Camavinga o Militao.
Y precisamente, atendiendo a la política establecida por el club hace años y valorando el momento y la composición de la actual plantilla del Real Madrid, es por lo que considero que un fichaje de un delantero centro como Matheus Nascimento, sería ideal en dicho contexto.
Acaba de proclamarse el Real Madrid campeón de Liga y de Champions. En la competición doméstica ha sido el equipo más goleador con notable diferencia (a 13, 14 y 15 goles de los siguientes clasificados) y en Champions el tercero más goleador, con tan solo un gol menos que el segundo (Liverpool) y dos menos que el primero (Bayern).
Nascimento es un jugador benzemesco. Capaz no solo de filtrar un pase con extrema sutileza sino también de aventurar el espacio al que va o debería ir su compañero, que es, a su vez, donde él acostumbra a poner con precisión el balón. A pesar de llevar el 9 en la espalda, no es un solista, sino el bajista, de frondosas melenas, que acompaña al grupo y le da el tono
Es presumible que el bloque de goleadores de este año se mantenga: Benzema, Vinicius, Asensio y Rodrygo (y en el caso del santista, de quien, además, se espera que consolide su racha de final de curso). A los que acompañarán Hazard y, muy probablemente, Latasa. El canterano del Castilla responde a un prototipo de jugador que no existía en la plantilla. Delantero tanque, con gran dominio del juego aéreo, pero que, en todo caso, vendrá a cubrir las bajas de Jovic, Mariano y Gareth Bale, jugadores que fueron intrascendentes la temporada pasada.
Por ello opino que sería conveniente la incorporación de un talento como Matheus Nascimento, que entrene con el primer equipo de inicio, pero juegue regularmente con el Castilla, para ir incorporándose, poco a poco, al Real Madrid cuando los pasaportes y la oportunidad lo permitan.
Se trataría de repetir con Nascimento la jugada de Vinicius o Rodrygo. Condiciones le sobran, el club le sigue desde hace tiempo, en el vestuario encontraría el cuidado y guía de sus compatriotas y su coste estaría condicionado por el único año que le queda de contrato. Si la idea es dar con alguien que sustituya a un Benzema, ahora indiscutible, nada mejor que un talento que, por tipo de juego, se asemeja al francés.
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Capítulos anteriores:
Luis Montero Manglano es un señor que enseña arte, escribe novelas y defiende a Gareth Bale en La Galerna. In that order o en el que ustedes estimen oportuno exponerlo. Tengo ya una amistad incipiente pero creo que bonita con él, no solo porque escribe como le da la gana y se ha convertido en un gran activo de esta publicación, sino porque es un conversador muy disfrutable, un erudito y un caballero a la vieja usanza. Tiene nuevo libro y nos habla de él. También de Bale, porque ser madridista también consiste en parecerte a lo que esperan de ti. Mirad si no la Catorce.
Tu novela, “El Yacimiento”, es un “thriller” de aventuras en una excavación arqueológica en Afganistán.
Así es. Muy adecuada para leer ahora en verano, para relajarse en la playa o en la piscina. Es como un “blockbuster” de cine al aire libre. Su fin último es entretener.
¿Cómo una película de Indiana Jones?
Algo así, exacto. Me gusta escribir novelas que nos hagan sentir de nuevo como cuando éramos niños y nos entusiasmábamos por aquellas historias llenas de peligros, misterios, giros sorprendentes y lugares exóticos. Esa sensación de no poder parar de leer hasta saber si los personajes sobreviven o no, y cómo logran sortear los peligros a los que se enfrentan… No hay nada más rejuvenecedor que eso. Para mí, la literatura debe ser, ante todo, entretenida. Jardiel Poncela decía: “lo que aburre no es arte”. No sé si “El Yacimiento” es o no arte, pero al menos intento que no aburra.
¿Con “El Yacimiento” reivindicas la literatura de puro entretenimiento?
Claro, porque “entretenido” no es sinónimo de “mala calidad”. Algunos de los más grandes escritores cultivaron el género de aventuras: Edgar Allan Poe, Alejandro Dumas, Robert Louis Stevenson, Hermann Melville… Últimamente el género está un poco de capa caída. Yo, como lector, lo echo de menos; por eso escribí “El Yacimiento.” En el fondo los escritores somos muy egoístas: escribimos básicamente lo que a nosotros nos apetece leer.
Me enganché a los partidos del Madrid solo por ver a Gareth Bale haciendo cosas… La gente parece que ya lo ha olvidado, pero aquel Bale era un prodigio, un espectáculo
Y, entretanto, sacas tiempo para escribir de vez en cuando sobre el Real Madrid en La Galerna.
Me gusta escribir y me gusta el Real Madrid. Me siento un privilegiado al poder escribir sobre fútbol sin saber mucho de fútbol. Me permite desmelenarme un poco. Parafraseando a Richard Dees: escribir sobre el Madrid satisface mi cupo de irracionalidad.
No obstante, has contado alguna vez en La Galerna que tu madridismo es más bien tardío… y que se debe fundamentalmente a Gareth Bale. ¿Podrías explicarlo?
Yo más bien era de esos que, como dice Florentino Pérez, son madridistas pero aún no lo saben. A mí lo que me pasaba era que no me interesaba el fútbol, me aburría, no me transmitía ningún sentimiento. Luego, con Mourinho, empecé a interesarme vagamente por el Real Madrid, porque me divertía mucho aquel enfrentamiento tan visceral con el Barça de Guardiola. Ese Barça tan poderoso, el “Barça de los Mil Años” que parecía destinado a ganarlo todo hasta el fin de los tiempos. Ese enfrentamiento era muy novelero, muy de película, y yo simpatizaba con Mourinho y los suyos. Aquel Madrid tenía mucho de antihéroe: pendenciero, rebelde, orgulloso…; frente a un adversario todo virtud, con un Guardiola que era un ser de luz inmaculada. Yo iba con “los canallas”, con el Madrid de Mourinho. Así, poco a poco, empecé a interesarme por el mundo del fútbol en general y por el Real Madrid en particular. Pero partidos veía pocos, eso sí.
…Y entonces apareció Gareth Bale.
¡Y menuda aparición! Aquel gol en Mestalla… Todavía sonrío un poco cada vez que lo recuerdo. Yo jamás había visto nada parecido salvo en los dibujos animados. Pensé: “¿esto siempre es así? ¡Porque entonces este deporte sí que es divertido!” Me enganché a los partidos del Madrid solo por ver a Gareth Bale haciendo cosas… La gente parece que ya lo ha olvidado, pero aquel Bale era un prodigio, un espectáculo. En cuanto echaba a correr por la banda sabías que algo iba a pasar. Pronto descubrí que, además de ver a Gareth, también era muy satisfactorio admirar lo que hacían Cristiano, Modric, Kroos, Zidane como entrenador… ¡Madre mía, es que aquel equipo era algo alucinante! Creo que aún no somos conscientes de lo que hemos vivido. Pienso a menudo en ello ahora que se ha ido Marcelo… Dudo que volvamos a ver nada igual. ¿Cómo no volverse madridista furibundo al ver jugar a aquellos tipos? Pero, de no ser por Bale, nunca habría descubierto ese placer. Siento que tengo con él una especie de deuda madridista.
Gales es tierra de castillos y tu interés por la aventura con trasfondo histórico es bien conocido. ¿Puede venir de ahí, de forma indirecta, tu fascinación por Bale?
El que Bale sea galés es un exotismo que, en efecto, lo hace más fascinante. Gales es una tierra de enigmas y misterios. Un lugar aparentemente simple y anodino, pero donde subyace una profunda y épica herencia cultural que suele pasar desapercibida. El carácter galés es orgulloso, introvertido y muy autoconsciente de ser depositario de una tradición que arranca en la era de los santos y los druidas. Dylan Thomas dijo una vez que todo galés tiene el alma dividida entre un bardo, un guerrero, un mártir y un druida; y que como es difícil hablar por todos ellos a la vez, prefiere permanecer callado, pero que, cuando habla, todo el mundo le escucha. No sé si eso define o no a Gareth Bale. Quiero pensar que sí. Al fin y al cabo, de lo que no cabe duda es de que Bale es muy pero que muy galés.
No nos engañemos, el odiador profesional de Gareth Bale ya existía desde mucho antes de la bandera
No recuerdo que lo hayas hecho en La Galerna. ¿Podrías tratar de explicar y/o justificar la famosa foto de la bandera con la leyenda “Wales. Golf. Madrid. In that order”?
Para mí está muy claro: él estaba justo detrás de la bandera, por lo que desde su perspectiva la inscripción era justo al revés, “Madrid. Golf. Gales…” (Risas) No, hablando en serio: quién debería explicarlo es Bale, no yo. No pierdo la esperanza de que algún día lo haga. En lo que a mí respecta, me parece un episodio absurdamente sobredimensionado. Yo no me sentí ofendido por la bandera. Lo entendí como una gracieta un tanto torpe en la cual la responsabilidad de Bale era mínima. Mijatovic soltó aquella chorrada del “Gales. Golf. Madrid” en la radio, luego, tras una victoria especialmente importante para la selección galesa, un jugador (no Bale) sacó la banderita con la ocurrencia, probablemente con la idea de darle la vuelta a una frase que nació como un insulto hacia Bale y convertirla en una especie de divisa reivindicativa (ahí entra en juego ese particular orgullo galés del que hablaba antes). A Bale la broma le pilló en medio y le cayeron más palos que a una estera sin comerlo ni beberlo.
Injustos y desproporcionados, según tu opinión…
Sí, porque, repito, a mí no me pareció para tanto. Entiendo que algún madridista pudiera sentirse molesto, pero jurar odio eterno a Bale por ese motivo me parece sacar las cosas de quicio. Que cuando salió lo de la banderita el tío ya llevaba cuatro copas de Europa ganadas para el Real Madrid, ojo. Y hay gente que en el juicio a Gareth Bale le dan el mismo a peso una frase sin gracia dicha por Mijatovic que a, por ejemplo, un gol de chilena marcado en una final de Champions. Me parece demencial. Además, no nos engañemos, el odiador profesional de Gareth Bale ya existía desde mucho antes de la bandera.
Pero Bale podría haberse justificado a posteriori, quizá incluso haberse disculpado por su gesto.
Tal vez. Quizá, como yo, Bale pensó que no era necesario sacar una especie de comunicado oficial por una estupidez. Quizá pensó: “oigan, que yo me he dejado el alma por este equipo, que les he dado un montón títulos, que estaba dispuesto a dejar el fútbol profesional si no me dejaban jugar en el Real Madrid, que defendiendo esta camiseta sufrí una lesión que casi acaba con mi carrera, que semanas antes de ir a una Eurocopa con Gales (la primera en años), jugué cojo una final de Champions con el Real Madrid y encima marqué un gol… Supongo que cualquier aficionado con dos dedos de frente se dará cuenta de que, al lado de todo eso, lo de la bandera es una gilipollez (o como se diga en galés)”. Tal vez esa lógica fue la que le hizo pensar que no era necesaria ninguna aclaración. En fin… No sé… En cualquier caso, sus odiadores profesionales habrían seguido diciendo que el Madrid no estaba entre sus prioridades, igual que a día de hoy siguen insistiendo en que no habla español a pesar de ser rotunda y probadamente falso.
Quizá Bale pensó: “oigan, que les he dado un montón títulos, que estaba dispuesto a dejar el fútbol profesional si no me dejaban jugar en el Real Madrid, jugué cojo una final de Champions con el Real Madrid y encima marqué un gol… Supongo que cualquier aficionado con dos dedos de frente se dará cuenta de que, al lado de todo eso, lo de la bandera es una gilipollez (o como se diga en galés)”
Aun así, no puedes negar que, como mínimo en esta última temporada, Bale no ha sido precisamente el jugador más involucrado del equipo…
Sin duda. Su etapa final en el Real Madrid ha sido, en el mejor de los casos, discreta. Es evidente que en las dos o tres últimas temporadas, Bale se desconectó. O lo desconectaron… Para mí hay un punto de inflexión en la andadura de Bale en el Madrid, que se produce poco después de ganar el Balón de Oro del Mundial de Clubes en diciembre de 2018 y que coincide con la (llamémosla así) Segunda Venida Zidanesca. A partir de ese momento, Bale se diluye de manera irreversible. La lógica indica que hubo un hecho o hechos concretos que provocaron esa desconexión, en cierto modo repentina, pero no sé cuáles son, tan solo puedo especular. Ojalá algún día sea el propio Bale quién nos los revele.
¿Debió haber tomado el relevo de Cristiano Ronaldo en el liderazgo del equipo cuando este se marchó, como muchos esperábamos que hiciese?
Sí, debió hacerlo, pero no lo hizo. ¿Por qué? Otro enigma más. No creo que fuera por falta de coraje o de mentalidad, pues Bale ya se había echado el equipo a la espalda en la temporada 2016, cuando se lesionó Cristiano y Bale aguantó el tirón y llevó al equipo a semifinales de Champions; y en su selección actúa como líder con total naturalidad. Pienso que Cristiano, con su marcha inesperada, dejó un vacío que no era fácil de llenar automáticamente. En aquel vestuario había jugadores de mucho peso que, tal vez, tenían sus propios planes en lo que al liderazgo del equipo se refiere. Ahí estaba Sergio Ramos, por ejemplo: un capitán en su momento de gloria, con una personalidad arrolladora y jugador de gran calidad. Habría sido difícil competir con él por el liderazgo en el campo si no hubiera estado dispuesto a cederlo. El ecosistema de un vestuario de élite es algo complejo y lleno de matices que al aficionado se nos escapan. Las cosas no siempre son como nos parecen.
Dado que Bale nos deja, y a él debes tu madridismo, ¿temes que tu sentimiento merengue se resquebraje?
¡En absoluto! Y lo digo claramente: yo soy madridista y garethista, en ese orden. Bale fue para mí un buen predicador, de los que cuando se marchan han logrado que te acuerdes del mensaje más que del misionero. Echaré de menos, eso sí, defenderle de sus odiadores. Es muy madridista eso de enfrentarse casi a solas contra todo y contra todos. Eso también lo he aprendido de Gareth Bale.
Ahora que Bale se marcha, ¿hay algún otro blanco candidato a tu reconocida condición de fanboy, o simplemente seguirás a Gareth en su nuevo equipo, que aún no sabemos cuál es?
(Risas) No, se acabó, ser fanboy es agotador, ya no tengo edad para eso. Además, Gareth Bale es irrepetible. No somos conscientes de la grandeza de este jugador. En su país sí, que le han nombrado caballero por su contribución al fútbol, a pesar de que lo suyo es el golf, y por su labor filantrópica, aun siendo un jeta y un ladrón. Se ve que la reina Isabel no lee la prensa deportiva española y vive una mentira, la pobre mujer. Por mi parte, y durante un tiempo, me dedicaré a disfrutar en paz y sosiego de los nuevos fichajes, que son muy prometedores, y volcar lo que me quede de fanboy en mi Lukita Modric de mi alma, que da menos problemas. En cuanto a Gareth, le deseo mucha suerte y muchos éxitos en el equipo al que vaya; mi cariño y agradecimiento los tendrá siempre, pero es imposible que me entusiasme lo mismo que cuando vestía la camiseta del Real Madrid.
Yo soy madridista y garethista, en ese orden. Bale fue para mí un buen predicador, de los que cuando se marchan han logrado que te acuerdes del mensaje más que del misionero. Echaré de menos defenderle de sus odiadores. Es muy madridista eso de enfrentarse casi a solas contra todo y contra todos. Eso también lo he aprendido de Gareth Bale
En el Mundial ¿irás con España o con Gales? (Suponiendo que vayas a prestarle atención)
Que es mucho suponer… No me resulta atractivo este mundial, demasiadas corruptelas a su alrededor. Y, hombre, yo a Gales le tengo mucha simpatía y me resultaría gracioso ver a Bale ganar un mundial antes que Messi; pero me temo que eso sería como tratar de explicarle a un gato el concepto de lo que es Noruega: algo complicado.
¿Cómo has vivido esta temporada tan especial para el madridismo?
Si me lo permites, te voy a responder a esa pregunta con una anécdota: en cierta ocasión, el general Curtiss LeMay, comandante estadounidense de los escuadrones de B-29 durante la II Guerra Mundial, visitaba un hangar en compañía de un sargento. Al detenerse junto a un avión, LeMay sacó su característica pipa y se la encendió. “Cuidado, mi general”, le dijo el sargento, “podría prenderse un fuego y el avión estallaría.” LeMay, entre dientes, respondió: “estando yo aquí no se atrevería, hijo”, y siguió fumando. LeMay es el Real Madrid de esta temporada. Y yo la he vivido como el sargento de la historia, con una mezcla de acojone y admiración.
¿Es posible que en el futuro sigamos compitiendo y hasta ganando al petrodólar, o el milagro es insostenible?
Es insostenible a corto plazo. Hay que ser realistas: el mundo del fútbol va a cambiar, nos guste o no. Y pueden pasar dos cosas, que los tribunales europeos den la razón a los clubes de la Superliga, y entonces el cambio sea para mejor; o bien que triunfen los petrodólares y la corrupción acabe con el fútbol de clubes tal y como lo conocemos. Vivimos un momento crucial donde está en juego mucho más de lo que imaginamos. Pero no quiero ser pesimista, tengo esperanza en que el cambio será para mejor.
Entrevista: Jesús Bengoechea.