Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Así  Viví
Así viví la Duodécima: Antonio Esteva

Así viví la Duodécima: Antonio Esteva

Escrito por: Antonio Esteva3 junio, 2019
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

MILLENIUM IN AETERNUM

 

2017. En el País de Gales es “El año de las leyendas”. Una premonición tal vez. Un territorio con la forma de un balcón que se asoma al mar (de Irlanda), abierto de par en par y esculpido por los vientos del océano más bravo (el Atlántico). Un pueblo amable que camina con la mitología, la historia y la cultura milenarias a su espalda, y la pasión de sus gentes como impulso. Con tal mezcla, el futuro les pertenece.

La leyenda del Rey Arturo. El nuevo Camelot

Como uno de los más de seiscientos castillos de la región, el Millenium Stadium emerge a orillas del Taff. Cardiff debe al río el origen de su nombre -significa fortaleza sobre el Taff- y el Millenium bien puede ser su homenaje en el tiempo.

Todos nos preguntamos cómo será jugar una Final de Champions en un recinto completamente cerrado. Su cubierta retráctil tarda poco más de un cuarto de horas en abrirse o cerrarse, y la tarde anterior no paraba de ensayar el proceso para su noche más esperada. Como esos muebles con cajones que no cesan de abrir y cerrar en Ikea y cuyo contador justo al lado intenta demostrar su fiabilidad. La sede del equipo Nacional de Rugby (ese deporte que practicaba Gareth Bale de niño) será el cofre que guardará para siempre el día más grande para el País de Gales con la Copa de Europa. Y la primera vez siempre es única.

La suerte local

Quien ocupa el vestuario local ha ganado las once finales que se han jugado en él. Por sorteo será la Juventus. El Madrid contra la tradición y la maldición pues nadie ha logrado dos Champions seguidas. Por estadística a la Juve le ´toca´ vencer también: Desde siempre los turineses ganan una de cada tres finales que disputan. Habían perdido las dos últimas de este siglo 2003 y 2015 . Ganaron en el 85 (tras haber caído en el 73 y el 83) y volvieron a vencer en 96 (perdieron en el 97 y el 98). Así que a la tercera (Cardiff tras Old Trafford y Berlín) tenía que ser la vencida.

El Dragón. Un emblema místico

Una enorme foto de un dragón azul con sus alas extendidas domina la tranquila WestGate Street. El acceso principal al estadio es inundado por cientos de medios de comunicación. Buscan, entre las colas, pasar cuanto antes el escáner habitual para el material, y, ahora también, el detector de metales. Un acceso rápido garantiza un buen lugar para observar el último entrenamiento de ambos contendientes y de paso conocer en vivo el famoso techo retráctil, la noticia hasta ese momento. Por primera vez la Vieja Europa vivirá un ambiente al estilo del Nuevo Mundo. América y su publicitaria Superbowl… Pero Cardiff conserva lo mejor de las ciudades modestas aunque sea la capital. Es abierta y cercana. Nada que ver con el DownTown de Atlanta y su flamante Mercedes Benz Stadium. El recinto cubierto de la última final que se llevaron los Patriots. Al ocaso del día. A miles de millas de allí y en el final de la campaña, más de setenta mil almas in situ aguardan al destino. Más de cuatrocientos millones lo seguirán desde la inmensidad del globo. En la distante pero cercana señal de televisión. Llegar a Cardiff no fue un viaje sencillo. Ni para contendientes, ni para admiradores. La Generosidad de Gales se hace necesaria porque las dimensiones de su capital no alcanzan para albergarlos a todos. Pero el dragón siempre abre sus alas…

La anatomía del campeón es lo más parecido a esa criatura legendaria que tenemos en mente. El Real Madrid de Zidane y Florentino es una bestia en las finales, en los momentos críticos. Esa noche bañaría su piel de morado, casi púrpura.

Las Alas

El vuelo y el ataque fulgurantes caracterizan al dragón. Marcelo fue su ala izquierda. Un batir incesante, libre. Clave sobre todo en el 4-1. El gol de Asensio. Por insistencia y brazada enérgicas arrancó el cuero de los pies de un rival en la línea de fondo y se fue directo hacia el portal juventino para asistir. Surca errático y eso rompe esquemas.

El aleteo de Carvajal era mecánico, intimidatorio. Debía serlo. Mandzukic, la torre bianconera, era más alta y más potente que el canterano. Y sus oleadas desde el costado zurdo necesitaban de la protección del lateral. Si el croata iba, Carvajal tras él. Y si el Dragón atacaba, Carvajal planearía también sobre el terreno de la Juve. Así fue en el primero. Pase a Cristiano y gol. Derroche de concentración y energía. Allegri no tenía antídoto.

Coraza

El Madrid sí. Y era de hierro como su mandíbula. Varane es la velocidad y la precisión al cruce. Higuaín, el mejor capocannoniere de la historia del Calcio un año antes, deambulaba desesperado… Ramos agrandaba su tórax para chocar contra Mandzukic. En el ´Reino animal´ la intimidación puede ser cuestión de supervivencia. Pero el primero en probar las defensas fue la Juventus. Keylor atajaba duro contra Higuaín, Pjanic… La noche podía ser larga. Sobre todo para el hijo de Gales. Bale sufría encerrado en el banquillo, como un purasangre de carreras condenado al establo.

Fuego

Ardía en su interior con la esperanza de incendiarlo todo. A su paso Cristiano impregnaba la final de un deseo inagotable. A punto de entrar en combustión. El humo de los fuegos de la ceremonia inaugural de la final flotaba todavía en el ambiente. Y parecía pertenecer al luso. Siempre vivo, hambriento, voraz. Por eso fue el primero. Siempre. Llegar y golpear. Sin dudas, desde el instinto. Primero a pase de Carvajal, después al servicio de Modric en el tercero. De primeras. Sus dos primeros tantos en una final de Champions con el pie y a balón corrido. Feroz, casi obsesivo. Vio como Mandzukic neutralizaba su primera obra solo seis minutos después de hacer lo más difícil en una final: romper el 0-0. Miró la semichilena del croata con la ambición que le marca desde siempre y estuvo a punto de superarla en la siguiente jugada. La grada de la Juventus emanó un ruido burlón. Era en realidad un ensayo del 7. Diez meses más tarde su llama brilló más rotunda que nunca ante sus ojos, en Turín. Una chilena antológica que cambió el futuro para todos.

Pulmones y Corazón

Toni Kroos estaba inmenso. Física y mentalmente. Preciso por encima incluso de lo esperado en él porque todo lo hacía tan fácil… y era una final ante un equipo que muerde en cada balón dividido. El alemán, que arrancó la jugada del primer golpe de la noche, rozó el 93 por ciento de acierto en pase y muchos fueron en la zona caliente, cerca del área.

Modric era el otro perfil, el más dinámico. Un facilitador en todas partes. Frontal del área o línea de fondo para servir el segundo de cristiano, el tercero de la final. Pulmón y latido. Respiro y ritmo. Eso fueron. El compás en el espacio y el tiempo del maestro Zidane. El balón volaba rasante en los pies del Madrid. Como frente al Atleti en semis.

La Magia

No hay historias de dragones sin ella. Sin los ojos y la mirada que hipnotiza y seduce, que paraliza por igual a su víctima cuando la tiene enfrente. Isco y

Benzema. Revoloteaban ágiles entre camisetas bianconeras. Silentes, certeros y siempre un paso por delante. Ya es tarde para reaccionar si estás en la antesala del gol con alguno de ellos...Karim se interna en el área por el pasillo zurdo, apura al máximo para liberar a Kroos cuyo disparo acaba frente a Casemiro.

El Filo

Suyo fue el zarpazo que, con algo de fortuna, pero con toda la intención, dejó a la Juventus herida de muerte. La final (y la gloria) no se entienden sin dificultades. No fue hasta la segunda oleada del combate. Allí donde entran los guardianes de todo. Las garras del Dragón fueron en todo momento las de Casemiro, el talismán.  Defiende y recupera (es el futbolista al que más faltas hacen y el que más balones roba). Arranca y araña el cuerpo de su rival como pocos. Y su 2-1 lleva a la Juventus hasta el borde del acantilado. La tormenta blanca se vuelve perfecta en la segunda parte. Una marea que azota la frontal del Cabo Allegri con la intención de inundarlo todo. De hacer caer la mayor fortaleza defensiva de esa Champions.

El Final

Sirva como epílogo este homenaje al brillante escritor galés Dylan Thomas. Si no han leído la elegía a su padre No entres dócil en esa buena noche, les sonará de Interstellar:

“Los buenos,

que tras su última obra,

lloran por ese brillo con que sus frágiles actos pudieron danzar en una bahía verde,

rabian!, rabian! contra la muerte de la luz”.

La actitud ante el final es una de las mayores pruebas para el ser humano. Y aquí, en la noche de Cardiff si me lo permiten, lo fue ante (la ansiada por muchos) muerte deportiva de un equipo colosal. Un grupo humano que se rebela ante el destino de lo inevitable en permanente búsqueda de lo fronterizo, lo imposible. Nadie había llegado tan lejos, ningún pionero hasta entonces. La Champions no conocía un campeón que mantuviese el trono, que conquistara la corona por segundo año consecutivo. Así que en el País de Gales esa noche, esa buena noche que diría Dylan, también se haría historia.  Y de nuevo fue él. El eterno Real Madrid.