Ya es oficial: Carlo Ancelotti firmó su renovación con el Real Madrid hasta 2026. De completar todo este periodo, Carlo alcanzaría 7 temporadas al frente del primer equipo, algo que sólo ha logrado en toda la historia del club Miguel Muñoz (14 temporadas).
Mucho escepticismo había en el verano de 2021 (entono mi particular mea culpa, ya que pensé que era un error) tras la salida voluntaria de Zidane y el regreso de Carlo. Tras su primera salida del Madrid, Ancelotti fue descendiendo escalones a la hora de dirigir equipos: Bayern de Múnich, sin pena ni gloria, SSC Napoli, para acabar aterrizando en el Everton en 2019. Muchos pensábamos que la carrera de Ancelotti llegaba a su final, en un club de segunda fila inglés, tras una brillantísima trayectoria a nivel de grandes clubes y con un palmarés espectacular.
Dos años y medio después, hay un consenso prácticamente unánime: la renovación es más que merecida, y quien tiene que seguir manejando los mandos de la nave es Ancelotti. Sorprende que la renovación sea en diciembre, y también la duración: dos años más. Todos los madridistas sabemos que nuestro club no suele perdonar las temporadas en blanco. Y, aunque ahora mismo vivimos un momento dulce con una fase previa inmaculada en Champions (6 victorias en 6 encuentros) y con el liderato de la liga, sabemos que por ahora no se ha ganado nada, que la Champions parece complicada y que habrá trabas por todos conocidas en las competiciones domésticas.
Carlo no solo es un magnífico gestor de personas y de profesionales, sino también un gran estratega, pese a lo que digan tantos y tantos "panenkitas" y "pizarreros". Es además un excelente hombre de club, que sabe adaptarse en todo momento a las directrices que le llegan. ¿No se ficha a un 9 de campanillas? Pues Ancelotti se inventa una posición diferente para Bellingham. Lo mismo que se inventó un lateral izquierdo/carrilero/interior izquierdo con Eduardo Camavinga, a quien todo el mundo ve primordialmente como medio centro. Y así sucesivamente, como hizo con Valverde en la temporada de la 14, convirtiéndolo casi en un extremo derecho.
Lo primero para el técnico nacido en Reggiolo es jugar con las cartas que tiene en cada momento y tratar de rentabilizar todo el patrimonio del que dispone. Nadie le ha oído todavía quejarse por la falta de sustituto de Benzema, ni tampoco por la interminable racha de desgracias en forma de lesiones que viene sufriendo el equipo desde el mes de agosto: Courtois, Militão, Tchouaméni, Vinicius, Camavinga, Carvajal y la muy reciente de David Alaba. Si no se fichan centrales, reconvierte a Tchouaméni, lo mismo que podría reconvertir a Mendy o al mismísimo Camavinga.
También ejerce el gran Carlo de portavoz oficial del club con sabiduría, tranquilidad e inteligencia. No se mete en ningún charco y evita hábilmente polémicas. Después de haber sido acosado durante al menos una decena de ruedas de prensa sobre su hipotética marcha a Brasil, sorteó a todos los periodistas en todo momento. Y se salió con la suya: siempre dijo que su primordial prioridad era seguir en el Madrid y a fe que lo ha logrado, dejando con varios palmos de narices a todos aquellos (que eran muchos) que le veían en la playa de Ipanema a partir del mes de julio.
No podemos olvidar que Ancelotti nos trajo la Décima, tras 12 años de sequía, y la abracadabrante Decimocuarta, una aventura que difícilmente se va a poder repetir (estas cosas solo las hace el Real Madrid; la prueba está en la increíble Undécima de baloncesto conquistada este mismo año que ya acaba).
Y es que Carlo es, sobre todo, un entrenador que gana partidos. No es casualidad que en toda la historia del Real Madrid, Ancelotti sea el técnico con un mayor porcentaje de victorias: un 72,3%, con 188 triunfos en 260 partidos dirigidos, superando el 72% de Mourinho (128 en 178) y el 65% de Zidane (172 en 263). Miguel Muñoz, que sigue siendo el líder en trofeos oficiales conquistados, con 14, logró un 59% de victorias en sus 605 partidos como entrenador y, más recientemente, Vicente Del Bosque tan solo logró un 54% de triunfos en 246 partidos dirigidos.
En cuanto a títulos, Ancelotti ha logrado 10 hasta el momento, situándose en el tercer lugar histórico (tras los 14 de Muñoz y los 11 de Zidane, y por delante de los 8 de Luis Molowny y los 7 de Del Bosque), siendo el único en toda la historia en lograr reunir 6 trofeos distintos, todos los que actualmente se disputan de forma oficial, a saber: 2 Champions, 1 Liga, 2 Mundiales, 2 Copas del Rey, 2 Supercopas de Europa y 1 Supercopa de España.
Llama poderosamente la atención (o no tanto) que Ancelotti haya logrado más títulos internacionales (6) que nacionales (4). Esta anomalía estadística ya pasó con Zinedine Zidane, que logró 7 de sus títulos en competiciones internacionales, por tan solo 4 en las domésticas. Estos datos tan increíbles, y que sólo le ocurren al Real Madrid a nivel planetario (lo lógico y normal es ganar más títulos caseros que internacionales), no pueden ser desligados del oscuro periodo de Negreirato que domina España desde 2001, aunque muchos pensamos que desde 1992, cuando la primera liga de Tenerife. Y es que el propio Del Bosque, que dirigió al Madrid desde 1999 hasta 2003, logró más títulos internacionales (4) que en las competiciones españolas (3).
No puede por tanto extrañar, tomando en cuenta lo que ocurre con la LFP, con la RFEF y con su siniestro CTA, que Carlo haya ganado tan solo 1 de las 4 ligas completas que ha disputado, mientras que en Champions ha conseguido 2 títulos y 2 presencias en semifinales, compitiendo contra los mejores equipos del mundo. Esperemos que en 2024 el entrañable Carletto logre alzarse con su segunda liga, en la que por ahora anda distanciado a 7 puntos el FC Barcelona y el Atlético de Madrid, y tan solo aguanta su ritmo el sorprendente Girona.
En cualquier caso, gran noticia y buen regalo para el madridismo la renovación de Ancelotti, que es capaz de tener contentos a todos los componentes de su plantilla, jueguen o no jueguen; las últimas pruebas las tenemos con los espléndidos rendimientos de Rüdiger, que pasó la anterior temporada como suplente de Militão y de Alaba, de Lunin, casi por encima del de Kepa Arrizabalaga, de Brahim, mejor jugador del equipo en el mes de diciembre, de Joselu, de Fran García, de Nico Paz, de Ceballos o de Lucas Vázquez.
Y es que no hay duda de que Carlo Ancelotti, desde el primer momento, es uno di noi. ¡Enhorabuena, míster!
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El Real Madrid está haciendo historia en la Liga 2023/2024 consiguiendo números que no se veían en el club blanco desde hacia más de medio siglo. En 18 jornadas ligueras ha recibido 11 goles en contra, un dato que se no se registraba en Chamartín desde 1971.
Si nos retrotraemos a aquella campaña de 1971/1972, encontramos a un conjunto blanco dirigido por el incombustible Miguel Muñoz. La década de los 60 había sido gloriosa en la competición doméstica con ocho títulos en diez años, dejando de ganar la Liga del curso 1965/1966, cuando se levantó la sexta Copa de Europa en Bruselas, y la de la temporada 1969/1970. La década de los 70 no empezó bien con el cuadro blanco ocupando el cuarto lugar a dos puntos del campeón, el Valencia.
Por ello, en la casa blanca hubo una revolución llevada a cabo por su entrenador y en verano se produjeron fichajes como los de Santillana, Aguilar y Corral del Racing, Anzarda del River Plate o Verdugo del Córdoba. También regresó de una cesión en el Real Oviedo el guardameta canterano García Remón. Además, abandonaron el cuadro merengue Manuel Sanchís, Bentancort, Manolín Bueno, Calpe o Planelles y confirmó su retirada de los terrenos de juego Paco Gento. Con tantas novedades se quiso dar un nuevo impulso al proyecto y volver a dominar el panorama nacional después de dos años de sequía, algo que no ocurría desde hacía dos décadas. El resultado fue excelente.
La mezcla de veteranía con juventud dio grandes réditos desde el comienzo de la liga. La titularidad en el marco fue para García Remón, que ya había adquirido experiencia en el citado conjunto asturiano en segunda división después de su periplo por la cantera blanca y el Talavera. La competencia en el puesto era Miguel Ángel, que no contaba con la entera confianza de Muñoz. En el centro de la zaga se formó un dúo fiable y muy sólido con Zoco, que aportaba jerarquía y Benito, un joven contundente e impetuoso. El lateral derecho tuvo como dueño principal al hispano-argentino Touriño, que también podía ejercer de central, y en el lateral izquierdo se hizo con el puesto el fichado Verdugo. Su papel fue más protagonista en ataque que en defensa, pero atrás cumplió con su cometido. En la medía convivían Pirri y Velázquez con la ayuda de un Grosso que se había reciclado a jugar unos metros más atrás. En la parte de arriba, el tridente ofensivo lo formaban Amancio, Santillana y Aguilar.
Con una defensa que se compenetró rápidamente y un García Remón al que no le pesó su primera campaña en primera, el cuadro blanco fue un equipo muy rocoso, fiable y complicado de ganar. Los rivales sudaban tinta para hacerle ocasiones y marcarle goles. En las primeras 18 jornadas consiguieron diez clean sheet. Un gran mérito fueron los encuentros en que no encajaron tantos en duras salidas a Atocha, Sarriá, el Ramón Sánchez Pizjuán y el Benito Villamarín. Además, en casa, dejaron a cero de forma cronológica al Real Betis, el Celta, el Sabadell, el Atlético de Bilbao, el Deportivo de la Coruña y el Atlético de Madrid.
De los once tantos encajados, seis se repartieron en tres partidos. Dos en la visita a Córdoba, dos en la derrota en Las Palmas y dos en el Santiago Bernabéu en el triunfo contra el Granada. Los otros cinco adversarios que anotaron ante los blancos fueron el Burgos, el Málaga, el Valencia, el FC Barcelona y el Sporting. Algunos de los anotadores eran reputados goleadores como Manolín Cuesta (Burgos), Quino (Valencia), Porta (Granada), Quini (Sporting) y Germán (Las Palmas).
La prensa nacional en aquellos meses hizo hincapié en el entramado defensivo que había construido Miguel Muñoz y recibieron multitud de elogios. Por ejemplo, en Pueblo escribía Pedro Escartín en el mes de septiembre de 1971 que en la retaguardia “tiene un arquero seguro en García Remón. La defensa, con Touriño-Benito-Zoco-Verdugo ha mejorado. La zona central del área ofrece seguridad, pero siempre que los laterales marquen severamente, y los medios sean escudo celoso de la defensa en el cierre inicial del camino del área”. En el mismo medio, después de ganar en Atocha, se apuntaba a que el equipo blanco tenía un “estilo soviético” en la defensa, con un “bloque segurísimo”, causando impresión “sus jugadores a la hora de defender su área”. En AS, por su parte, se afirmaba, ya a comienzos de campaña, como “muy bueno el bloque defensivo”, que plantea “muchas dificultades a los delanteros”. Y en Marca, poniendo como ejemplo el choque ante el Valencia, se ratificaba que en los blancos “el ejercicio defensivo” era una de las “fortalezas del equipo”.
También, a título individual, García Remón, Touriño, Zoco o Benito tuvieron su reconocimiento en los medios. En el número 24 de AS Color se hablaba del guardameta como que “ha nacido una figura. Ha nacido un gran portero. Basta con remitirse a los resultados de su equipo, a las actuaciones individuales del guardameta, para llegar al convencimiento de que García Remón puede ser el heredero de las glorias de Iribar”. También se loaba su capacidad para detener penaltis. En la misma publicación se entrevistaba a Touriño, del que se decía que “su eficacia ha sido demostrada en los últimos partidos del equipo madridista”. También en el diario AS se ponderaban sus cualidades en noviembre: “Touriño es, hoy en día, una de las piezas claves del sistema defensivo del Real Madrid. Un jugador en el que se unen la técnica, el dominio del balón y la seguridad”. Y más tarde, en su preselección con España en enero de 1972: “Touriño se ha mostrado como un defensa de una seguridad y de un juego verdaderamente digno de tenerse en cuenta”. Mientras que en el número 22 de AS Color se ponía a Zoco como ejemplo: “Zoco, un profesional íntegro. Un hombre que siempre da lo mejor en defensa de su club. Un modelo, en resumen, de jugador. Nadie podrá discutirle, en efecto, a este navarro ejemplar, esas cualidades de entrega y honestidad a la hora de trabajar para los suyos. Zoco, generalmente, continúa rindiendo bien, perfectamente fuera de Chamartín.”. Por último, del joven Benito en MARCA destacaban que con “solo 24 años sabe mucho de triunfos y también de internacionalidades. Tiene fama de duro y cacique del área. No estamos en un departamento de juicios críticos, sino en una simple presentación; adiós, pues, a la acusación de dureza. Él impone respeto y defiende los colores de su camiseta. Siempre con dedicación plena, con fe en su trabajo, con ganas y fuerza. Sin echarse para atrás, sin temer a nadie y dando la cara. Este es Gregorio Benito”.
Al término de esas 18 jornadas, los blancos lideraban la clasificación con cuatro puntos de ventaja respecto al vigente campeón, el Valencia. Un primer puesto de la tabla que no abandonarían el resto del campeonato hasta cantar el alirón tras apabullar al Sevilla en la última jornada por 4-1 en el Santiago Bernabéu. Terminaron con 27 dianas en contra y el Trofeo Zamora se le escapó a García Remón por un solo gol respecto a Deusto, del Málaga. En la jornada 19 recibieron el tanto número 12 y en las tres siguientes tampoco pudieron mantener la portería a cero por lo que el actual Real Madrid está a un partido de batir ese registro. Tras ese dato ya solo quedaría como meta el superar los guarismos de la temporada 1961-1962. En aquel curso, con los Di Stéfano, Puskas, Gento, Santamaría o Del Sol, el equipo merengue también acumulaba 11 tantos en la jornada 18 y el número se mantuvo en la 19. A partir de la 20 el registro se fue hasta los 14. Por lo que, si el Real Madrid de Ancelotti consigue mantener imbatida su puerta en los dos próximos encuentros, se convertirá en el mejor arranque liguero de la historia del club en cuanto a goles recibidos en los primeros 20 partidos de Liga.
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Buongiorno, cari amici. E qui nostro nivel pachanguero de italiano é finito. Ayer recibimos a media mañana la confirmación oficial por parte del club de la renovación hasta 2026 de Carlo Ancelotti, y en esta redacción no se escucharon palmas ni gritos de celebración por la sencilla razón de que carecemos de dicha sala. Pero nos congratulamos con la noticia y aplaudimos al club por premiar el buen trabajo de un entrenador al que muchos periodistas daban ya por amortizado, jubilado, vetusto, obsoleto y varias barbaridades más que hubo que escuchar entonces. Como que venía a retirarse a Madrid, a ver crecer las obras (tiene una espectacular que ha convertido en su jardín), que su incorporación a la selección brasileña ya estaba firmada y que el club cometía el error de mantener a un adestradore que tenía la cabeza en otro lugar. Pues nada de esos malos augurios que los “ejpertos” vaticinaban para el Real Madrid se han cumplido y hoy nos encontramos con:
Suena bien. Ancelotti 2026, París 2024 y Barcelona 92 (aunque últimamente se queden a muchos puntos de esa cifra). Dice la portada de As que “el club premia su buena gestión con los jóvenes y el manejo de las grandes estrellas”. Nuevamente nos venden la idea del mero “alineador”, el gestor de vestuarios, el entrenador que pone a once tíos a jugar y que posee como única virtud su bonhomía, su habilidad para hacer que los chicos se lleven bien. Es cierto que Carletto no es el entrenador mejor pagado del mundo al que solo se le exige ser tercero (Henry Cherry dixit). Tampoco es un tipo que se haya gastado 1.500 millones de euros, una buena parte de ellos en centrales y laterales, para ganar una Champions. No es un joven de apellido raruno que haya innovado poniendo a un lateral de medio centro o a un pivote de central para lograr tres buenos resultados y una candidatura inmediata a “gusta para el banquillo del Real Madrid”. Carletto, Jubiletto, no es nada de eso. Es solo, como también destaca la portada de As, “el entrenador más laureado de la Champions”.
Que haya que recordar que el bueno de Ancelotti es el único entrenador que ha ganado las cinco grandes ligas (Premier, Serie A, Bundesliga, Ligue 1 y LaLiga de Tebas) o que ha conquistado la Champions en cuatro ocasiones distintas, con el Milan y con el Madrid en dos etapas bien diferenciadas, es parte del relato que abunda en los medios. El mismo relato que discutía la habilidad como entrenador de Zidane tras ganar tres Champions consecutivas. Precisamente Zidane fue un ejemplo como jugador de las habilidades de Carletto como entrenador, cuando supo buscarle la mejor posición en la Juve para que el francés explotara sus habilidades. Ahora parece que el éxito de Jude Bellingham es fruto de la casualidad o del azar, o de las lesiones de otros compañeros, y no de la pericia de Carletto para dar con la tecla, algo que ya hizo en el pasado con Zizou, con Kaká en el Milan o al juntar a Bale y Ronaldo en el Madrid. Tampoco es mérito suyo el hecho de tener al equipo menos goleado en años pese a no contar con el mejor portero del mundo ni con sus centrales titulares. Suerte, casualidad, su libreto es arcaico, obsoleto. No maneja los desmarques de ruptura, las presiones en bloque alto ni los pases entre líneas esperados (xEP).
Nada de lo mencionado es meritorio y a Ancelotti se le premia por “su buena gestión con los jóvenes y el manejo de las grandes estrellas”, por su simpatía para hacerse una foto con un puro y gafas oscuras en modo abuelete moderno rodeado de los brasiniños. En la inexistente redacción de LaGalerna se ha escuchado alguna vez: “yo lo renovaba, aunque solo fuera por su habilidad para torear a los periodistas en las ruedas de prensa”. También nos vale: su ceja nos muestra el camino.
Y precisamente ceja, madridismo y postura es lo que comparte con su compañero de portada en el diario Marca. Ancelotti y Nadal, Carletto y Rafa. Por cierto, un aplauso enorme a los responsables de la publicidad que se inserta entre ambos, cuyo lema, de manera involuntaria, encaja como anillo al dedo (o como maletín a Negreira) en la portada: “Su vivienda le garantiza la mejor jubilación”. Sabemos que ambos tienen buenos casoplones y que su retirada, por desgracia, está cerca, pero mientras tanto, déjennos disfrutar de los grandes momentos que aún nos tienen que regalar. Rafa Nadal regresa a las pistas casi un año después y es una manera fantástica de finalizar el año y de comenzar el siguiente, si se confirma que Rafa está en perfectas condiciones para competir de nuevo. Mucha suerte para él, desde aquí seguiremos muy de cerca las andanzas de quien conquistó su decimocuarto título en París casi a la par que los nuestros.
A esta portada tan madridista que por una vez nos regala el diario Marca se le cuela un acoplado en el faldón superior: Kylian Mbappé vestido de blanco y en pose “bellinghamesca”. Lo cierto es que sobre este tema no queremos pronunciarnos sobre nada que no sea “Comunicado oficial”.
Mientras tanto, la prensa cataculé muestra una foto en la que parece que Xavi da el pésame a Vítor Roque por su llegada:
En la del diario Sport ha desaparecido la cabeza sobre la chepa del brasileño (tal vez era el fantasma de las inquietantes navidades futuras del chaval) y se ha oscurecido la piel del jugador:
Pero no nos llama tanto la atención el pésame a Vítor Roque como los nuevos fichajes previstos por el Barça (Aleix García, Douglas… se podrían escribir enciclopedias enteras con los fichajes reales e imaginados por el club) y la estrepitosa derrota del equipo de baloncesto en Mónaco. Grimau está más que cuestionado y lo cierto es que no se puede dudar de que ha logrado armar un equipo muy regular: perdió 91-71 en Málaga el miércoles y perdió 91-71 ayer en Mónaco. Es que lo quieren todo.
Arrivederci, amici, disfrutad de una bella giornata!
Buenos días, amigos, y disculpas por la tardanza en el portanálisis de hoy. Las portadas del día son completamente irrelevantes para el madridismo, que es la óptica desde la cual se escribe en esta sección y en este medio.
Las pondremos porque querréis verlas. Tenéis esos vicios oscuros, lindantes en ocasiones con alguna depravación de índole clínico, y habrá que satisfaceros. Pero ya os adelantamos que desde el prisma blanco son muy poco expresivas.
Salvo por la noticia en pequeñito de la vuelta de Vinicius, ya cercana, suponemos que estaréis de acuerdo en que de estas primeras planas hay bien poco que rascar. Si fuéramos atléticos, en cambio, salivaríamos (¿?) con la impactante entrevista a Enrique Cerezo -Henry Cherry para nuestro querido compañero portanalista Andy Torres- que trae Marca. El titular es llamativo: “Al final siempre somos una opción al título”.
Sí, amigos. “Al final siempre somos una opción al título”. Primero habría que preguntarle, al estar omitido el sujeto, si realmente se refiere al Atleti. Después, la hipotética veracidad de esa sentencia dependería del complemento circunstancial que trae consigo. ¿Qué se entiende por “al final”? ¿Al final de qué? ¿Al final de Los tiempos, cuando las opciones al título se fundan con el apocalipsis? Si se refiere a eso, nos faltan argumentos para contradecir a Cerezo. Mirando la historia, en cambio, no parece que el Atleti tenga como hábito el disponer de opciones al título (al título de la liga de Tebas, suponemos que quiere decir), pero “al final”, lo que se dice “al final”, pues chico, quiénes somos nosotros para negar que pueda haber algo, en cuyo caso sería mejor haberlo expresado en futuro: “Al final siempre seremos una opción al título”.
Pero entonces sobraría el otro circunstancial temporal, es decir, “siempre”. O se es opción al título “al final” o se es opción al título “siempre”, pero aspirar a ambas cosas se nos antoja demasiado ambicioso. Demasiado ambicioso incluso para el Atleti, club conocido por su ambición desmesurada. Tan ambicioso es el Atleti que tiene al entrenador mejor pagado del planeta para -al contrario de lo que dice Cerezo- no ser opción al título casi nunca, y ello con el tercer máximo presupuesto del campeonato. Así durante lustros y lustros. Una ambición del quince, amigos y amigas.
Cerezo se autoproclama también (o, mejor dicho, proclama a su equipo) “campeones de 2023”, y deja para la Historia unos puntos suspensivos que hielan la sangre en las venas: “Sí la liga llega a durar dos semanas más…” Confesamos que nos cuesta entender a qué se refiere Mr. Cherry (o Mr. Cherrytree, que sería más exacto), pero lamentamos informarle en todo caso de que las ligas duran lo que duran. “Lo que dure dura”, rezaba la respuesta de un chiste algo tosco que no quisiéramos reproducir en estas fechas tan señaladas.
El penúltimo destacado que Marca dona a nuestro hombre no está menos tocado por la varita de la lucidez y el realismo. “En 2024 salimos a por todos los títulos, la Champions nos debe una”. Ya habíamos oído que se le debe una Champions al Atleti, pero teníamos entendido que era el fútbol quien se la debía, no la propia Champions. De hecho, no tiene mucho sentido que la Champions te deba una Champions. Una Champions no puede deberse a sí misma. No se conoce en toda la historia del mundo una situación donde hayan coincidido deuda y deudor.
Recomendamos a Cerezo, y a la generalidad de la masa social atlética, que se afanen en identificar a su deudor. ¿Es la UEFA, es el fútbol o es la propia Champions quien les debe una Champions? Para reclamar el pago de una deuda, se antoja fundamental el aporrear la puerta adecuada. Si uno se confunde de deudor, y reclama una deuda de la que éste no es culpable, puede incluso ser acusado de acoso.
Y poco más, amigos. Se extingue ya 2023, el año de Negreira. En los próximos días iremos haciendo recuentos del mismo.
Negreira. Ese sí que nos debe cosas. Tantas como el club que le pagó (¿y que sigue pagando a otro?) durante tantísimos años.
Pasad un buen día.
Un 25 de diciembre, allá por 1888, nació un hermoso bebé de casi 4 kilos en una minúscula aldea de Auvernia, en el centro de Francia, cerca del pueblecito de Salers. La región se apellida Cantal, que da nombre a un célebre y potente queso de vaca en forma de cilindro. La zona era, y sigue siendo, completamente rural, sus habitantes vivían a finales del siglo XIX de la agricultura y de la ganadería, en un entorno precioso rodeado de bosques y de volcanes en extinción.
Habiendo nacido ese día tan señalado, al pequeño le pusieron sus padres el muy apropiado nombre de Noël, por el día de la Natividad del Señor. Era nada menos que el decimoctavo hijo del matrimonio, aunque algunos de ellos habían fallecido en el parto o a las pocas semanas de vida. La familia era de campesinos y vivían del duro trabajo en el campo, en el que participaban tanto los progenitores como los hijos más mayores, todos ellos menores de edad. Pocos recursos para la subsistencia de la familia y una escuela alejada de la aldea, con un único maestro que impartía sus clases a los niños de todas las edades de los alrededores.
Eran los últimos años del siglo, la revolución industrial captaba mano de obra de las zonas rurales, y muchos de los hijos de la familia optaron por emigrar, algunos a la capital, París. Uno de ellos, llamado Augustin, decidió emprender la aventura fuera de su país y terminó por instalarse en Madrid a principios del nuevo siglo XX. Trabajó en muchos oficios y acabó como comerciante en el centro de la capital de España. Ya instalado y dispuesto a formar una familia en Madrid, hizo venir al pequeño Noël a visitarlo. Noël tenía apenas 17 años y quedó maravillado por las costumbres españolas, pese a que tuvo que vivir muy de cerca el atentado que se produjo en plena calle Mayor contra el rey Alfonso XIII el 31 de mayo de 1906, el mismo día de su boda con la princesa Victoria Eugenia de Battenberg.
Noël pasó unas semanas de ensueño en Madrid y se prometió a sí mismo que volvería para montar su propio taller: era muy hábil con las manos y trabajaba con mucho arte diferentes materiales, como la madera, pero también metales como el estaño. Tuvo que regresar a su aldea natal y ya tenía ideas muy claras: se iría a vivir a una ciudad.
Tras unos años en París, donde perfeccionó lo que iba a ser su oficio, conoció a una joven que había nacido en Bruselas y que cocinaba maravillosamente. En 1913, recién cumplidos los 18 años de Louise, se casaron en París: ella regentaba un restaurante modesto en el Distrito 13 de la capital, y él ya era un artesano especializado en fabricar enseres de estaño.
Estalló la “Grande Guerre” que iba a destrozar casi toda Europa y que cambiaría el mundo completamente. No se podía elegir el no ir a defender la patria, no se concebían todavía los objetores de conciencia. Todos los hermanos mayores de Noël, casados o no, padres o no, tuvieron que marchar al frente, hacia una guerra cruel de trincheras que pareció interminable. Noël, recién casado, también tuvo que dejar atrás a su reciente esposa y acudir al frente para luchar contra otros jóvenes como él por unos palmos de terreno. Uno a uno, fueron cayendo en combate y falleciendo muchos de los hermanos varones de Noël, 6 en total, en las batallas más crueles de dicha contienda, en el frente del río Marne o en Verdún, paradigma del horror, con un millón de bajas entre ambos bandos y más de 300.000 muertos en una batalla que duró casi un año entero.
Noël sobrevivió a varias de estas masacres sin sentido. Incluso obtuvo un diploma al valor por alguna acción heroica esporádica. Apenas pudo tener dos o tres permisos durante la guerra para ir a ver a su querida Louise a París, que sobrevivía en una ciudad sin casi varones en su modesto restaurante donde apenas tenía alimentos que ofrecer a los pocos comensales. Acabó la guerra en 1918. Era el momento de reconstruir Francia y de que Noël y Louise reconstruyeran sus vidas.
En 1920, 7 años después de su boda, llegó al mundo el pequeño Roger. Poco a poco, la vida volvía a la normalidad, había más trabajo y algo de prosperidad económica. Noël recordaba sus días en Madrid y se carteaba a menudo con su hermano mayor Augustin, superviviente como él mismo de la Gran Guerra, y que había retomado su vida en España.
Ya a finales de los años 20, en 1928, Noël decidió cumplir su sueño. El restaurante de Louise había tenido que cerrarse varios años antes, se cernía sobre Europa y sobre el mundo occidental una crisis política y económica de imprevisibles consecuencias. Louise y Noël emprendieron el viaje a Madrid junto con el pequeño Roger, de 8 años, para instalarse definitivamente en España. Contó Noël con el apoyo económico de su hermano mayor para montar un pequeño taller de artesanía en la calle de la Palma, y empezó a crearse una buena fama en el vecindario, fabricando todo tipo de enseres de estaño, cafeteras, teteras, vasijas, vasos, platos y todo tipo de cubiertos.
Louise le ayudaba en el taller y con las tareas del hogar, y encontraron un modesto piso para los 3 en la cercana calle de Monte Esquinza, cerca ya de la plaza de Colón. El piso se encontraba a unos diez minutos andando del taller de La Palma, y apenas había que cruzar la calle Génova para que Roger acudiera diariamente al Liceo Francés de Madrid, situado en la calle Marqués de la Ensenada, enfrente de los jardines de la Villa de París. La familia se había ido de París y de Francia, pero querían que su hijo asistiera a una escuela francesa.
Noël aprendió muy rápidamente el idioma español, era más que necesario para conseguir clientes y para ganarse la confianza de dichos clientes. Louise en cambio jamás pudo dominar la lengua de Cervantes, ya que su vida transcurría mayoritariamente en su casa, con su marido y con su hijo. Noël trabajaba desde el lunes a sábado hasta la hora de comer, y se estaba especializando poco a poco en confeccionar unos magníficos mostradores de estaño en muchos de los bares y tabernas más tradicionales y castizos del viejo Madrid, bastantes de los cuales han ido sobreviviendo hasta bien entrados los años 90: los barrios de Chueca, de Malasaña, de Chamberí, incluso de Lavapiés, eran donde principalmente se encontraba la clientela de Noël.
En este texto sobre el Bar Santander, en la calle Augusto Figueroa, el autor escribe lo siguiente: “Los mostradores brillaban como las "patenas". Todas las mañanas se limpiaban a base de frotarlas con bicarbonato en seco y cogían un brillo espectacular. Para todo Madrid había un fabricante de mostradores de estaño que era un francés, Noël Dumas, tenía el taller en la calle de la Palma o San Vicente Ferrer, son paralelas. No recuerdo exactamente”.
Noël apenas tenía vicios, no fumaba nunca y le gustaba tomar de vez en cuando algún vermut de grifo cuando visitaba a sus clientes y un poco de vino con sifón durante las comidas. Le gustaba escuchar la radio por las noches y leer las aventuras de capa y espada, preferentemente las novelas de Alexandre Dumas y de Paul Féval. En París se había aficionado a ver partidos de fútbol y de vez en cuando acudía junto a su esposa Louise a ver al Stade Français y al Red Star, este último en la zona norte de París, donde ambos vivían y trabajaban.
Los domingos era el día libre para todos y la familia debía buscar alguna distracción, además de ir a los cines del barrio de Chamberí para ver alguna película de Charlot o de Pamplinas, el apodo españolizado de Buster Keaton. Pronto decidieron acudir una tarde al entonces estadio de Chamartín, en las afueras de Madrid, a medio camino entre Colón, donde vivían, y el pueblo de Fuencarral. Se entusiasmaron con un equipo que iba vestido de blanco y que tenía unas gradas repletas de entusiastas seguidores. Tras ver jugar dos o tres veces al Real Madrid, Noël y Louise decidieron hacerse socios del club y también hicieron socio infantil al niño Roger: era el año 1928, apenas unos meses después de haberse instalado los tres en la capital de España.
Desde entonces, hace ya casi 100 años de aquello, la pasión por el equipo merengue jamás se extinguió en esa familia. Vivieron el paso de Real Madrid a Madrid CF, en 1931, con la llegada de la II República. Gozaron de los dos primeros títulos de liga en 1932 y en 1933, admirando e idolatrando a Zamora, a Ciriaco, a Quincoces, a los hermanos Regueiro, a Leoncito y a Pepe Samitier. Vivieron el desmoronamiento del club durante la Guerra Civil tras la breve presidencia de Sánchez-Guerra, a quien conocían por su pasado de antiguo alumno del Liceo Francés.
Roger llegó a jugar como ariete en el cadete del Madrid e incluso ganó una final regional (y anotando el gol de la victoria) disputada en Collado Villalba en junio de 1936, con 16 años, apenas unas semanas antes del estallido de la guerra.
Ya en los años 40, con el panorama desolador que se vivía en una España maltrecha, malherida y en plena reconstrucción, Noël, que seguía montando barras de estaño y de zinc por muchas tabernas de Madrid, pudo tener algún respiro económico debido a que su hijo Roger ya hacía aportaciones en casa: acababa de ser nombrado profesor de francés en su colegio de siempre, el Liceo Francés. Así pues, cuando D. Santiago Bernabéu decidió que para la supervivencia del club (de nuevo Real Madrid CF) se iban a emitir bonos para la construcción de un nuevo estadio de Chamartín, tanto Noël como Roger sacaron del banco una parte de sus exiguos ahorros para poder ayudar a financiar la deuda contraída con el Banco Mercantil, presidido por D. Rafael Salgado, e hicieron cola durante varias horas para adquirir dichas obligaciones.
Noël siempre fue fiel a su esposa Louise y a su Real Madrid. Con el tiempo, pudo instalar su negocio en un taller algo más grande, en la calle de Santa Lucía, también en Malasaña. Jamás dejó de trabajar, aun habiendo tenido varios empleados, ya que el sello que él ponía en sus obras era el que querían sus clientes. Tampoco abandonó su modesta casa de la calle Monte Esquinza, un primer piso sin ascensor que era bastante incómodo para cuando Noël y Louise, que ya eran octogenarios.
En su exiguo comedor había una reproducción en tamaño medio de la Copa de Europa y una enorme jarra de cerveza tipo bávara con el retrato sonriente del gran Alfredo Di Stéfano, a quien Noël reverenciaba, además de un banderín conmemorativo de la primera final de la Copa de Europa disputada en París, en el Parque de los Príncipes, entre el Stade de Reims y el Real Madrid. También había un marco con una foto en blanco y negro muy desgastada de Raymond Kopa.
Roger se casó en 1944 con una profesora del Liceo Francés, Marguerite, madrileña hija de un francés y de una española. Y antes de casarse, Marguerite ya era socia del Real Madrid. Tuvieron 9 hijos, quien les escribe es el octavo de la saga. Desde Noël y Louise, 5 generaciones hemos sido socios del Real Madrid, y parece que la tradición va a seguir durante bastante tiempo más, ya que muchos de mis sobrinos, además de mis dos hijas, mantienen viva la llama. Y ya varios sobrinos y sobrinas han sido padres, por lo que tenemos en la familia unos cuantos sobrinos nietos y sobrinas nietas que van regularmente al Bernabéu y también a Valdebebas a ver los partidos del Castilla y del equipo femenino.
Por mi parte, guardo un especial recuerdo de mi abuelo Noël, el primer madridista de la estirpe, cuando a finales de los años 60 me llevó a ver un partido amistoso del Plus Ultra (el filial que tenía el club, antes de la creación del Castilla) contra un extraño equipo belga, patrocinado por la línea aérea de aquel país, la Sabena.
Paseando una fría mañana de finales de marzo de 1975, en vísperas de la Semana Santa, Noël fue a comprar, como cada día, el Marca, para comprobar el buen estado de su equipo, que estaba arrasando en la liga con sus extranjeros Netzer y Breitner, y con Amancio, Pirri, Santillana y su querido Manolo Velázquez. Y aquella mañana se desplomó en plena calle y unos días después, su vida se apagaba en la Clínica San Camilo, sita en la calle Juan Bravo.
Era el 31 de marzo, curiosamente el Lunes de Resurrección, tras haber nacido el día de Navidad. Los restos de Noël, francés y madridista por los cuatro costados, reposan junto a los de su querida Louise, que le sobrevivió 6 años, en la Sacramental de San Justo, el bello y sosegado cementerio adyacente al de San Isidro.
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Buenos días, amigos. Sí, habéis leído bien el título: «Mbappé, al Barça», pero hablaremos después de ese asunto, queremos resaltar primero la influencia mundial que ejerce el Real Madrid. Incluso en el FC Barcelona y en los jugadores que aún no han debutado de azulgrana. Mirad:
Vitor Roque posa con el anorak del Barça para la portada de Mundo Deportivo y lo hace marcándose un Bellingham en toda regla. Glorioso. En el portanálisis de ayer nos preguntábamos: ¿a quién entusiasma Vitor Roque? Y resulta irónico que quien está entusiasmado es el propio Roque, pero con el inglés del Real Madrid (al igual que lo estamos nosotros con esa coma del vocativo —«Hola, Vitor»— tan bien puesta en el titular).
Se agradecen estos gestos de admiración por parte del rival, quizá sea una muestra de agradecimiento por el ímprobo trabajo del Madrid y de su presidente Florentino Pérez para liberar al fútbol de las cadenas monopolísticas de UEFA y FIFA y que sea posible la organización de una competición más sensata, limpia y rentable, como la Superliga, que evite el negro futuro que se cierne sobre este deporte en general y sobre tantos clubes en particular, como el mismo Barça.
Si tomamos el ascensor, o las escaleras, y ascendemos al penúltimo piso de la portada del diario de Godó, grande de España, encontramos la noticia del día referida en el primer párrafo de esta pieza: «Mbappé se acerca al Barça». Mundo Deportivo explica que el club de Laporta destinaría los 1.000 millones de la Superliga a su fichaje. Como el principal impulsor de la Superliga es Florentino, presidente blanco, cabe deducir que el Barça ficharía a Mbappé gracias al Madrid. ¿Se marcaría también Laporta un Bellingham como Vitor Roque?
Claro que, puestos a pensar, si Mbappé comienza ahora a acercarse al Barça y si tenemos en cuenta que al Madrid comenzó a acercarse aproximadamente en 2017, basta hacer una simple regla de tres para obtener… 2029 pesetas. Perdón, nos hemos liado, queremos decir que partiendo de esas premisas colegimos que Mbappé estaría a punto de llegar al Barcelona cerca de 2030. Menuda turra les espera a los negreiros.
Dejamos por aquí la portada de Sport antes de comentar la del diario Marca.
Los de Gallardo dedican su primera plana a Davies, «Dinero o gloria», titulan. El dinero es el Bayern y la gloria el Madrid. Se encargan de enfatizarlo añadiendo escuditos a las erres de las palabras. Que el club blanco no pueda, o más bien no quiera, pagar un salario desorbitado por el lateral no significa que pague poco, ni que pague en churros, ni que haga lo que demonios haga el Barça con sus jugadores para abonar sus salarios.
As opta por centrar su atención en don Carlo: «Brasil puede esperar». Y París también, incluso el cielo puede esperar, pero el Madrid es el Madrid, y Ancelotti, que de tonto no tiene un pelo, lo sabe.
Llegados a este punto del portanálisis caemos en la cuenta de que hoy es 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, que no se caracteriza por pasarse la jornada leyendo a Delibes, sino por gastar bromas con mayor o menor fortuna, siendo este último caso el más habitual. De modo que no podemos sino deducir que tanto la celebración de Vitor Roque a lo Bellingham como el acercamiento de Mbappé al Barça son las inocentadas que Mundo Deportivo nos ha preparado hoy.
Inocentadas como que tras el delito, confirmado por Hacienda, cometido por el Barça de pagar al menos durante 17 años más de 8 millones de euros al vicepresidente de los árbitros no haya sufrido ninguna consecuencia, no haya dimitido nadie en la Federación ni el CTA, no se haya echado a un lado el presidente que en su día cuadriplicó el sueldo a Negreira, que casualmente es Laporta, e incluso desde el Gobierno se lance la idea de que es mejor dejar correr el asunto.
Inocentadas como que la RFEF haya vuelto a poner el VAR en manos del avalista del propio Barça, Mediapro, cuyo máximo dirigente una vez que Roures, de cara a la galería, haya dado un paso atrás es Tatxo Benet, quien justificó los pagos a Negreira del club que avala mediante palancas ficticias.
Inocentadas como que el Barcelona venda una y otra vez de manera falsa, y también sin consecuencias, Barça Studios para cumplir un fair play financiero de cartón piedra y pueda inscribir a futbolistas que nadie sabe cómo paga al estar en la ruina y que les sirven para obtener títulos nacionales frente a clubes sin los mismos privilegios otorgados por parte de Tebas.
Han de ser inocentadas, por fuerza, porque nadie honesto, digno, que no se beneficie de ello y con las facultados mentales plenas puede creer que esto sea la realidad que nos ha tocado vivir.
Pasad un buen día.
Queridos Reyes Magos,
En los últimos meses he constatado lo sencillo que resulta robar (y no utilizo este verbo al azar) la ilusión y desbaratar todo aquello en lo que millones de personas tienen depositadas sus emociones, amistades y vías de escape, nada menos. Pero también, y no sin sorpresa, he lamentado lo difícil que es apartar el mal de la pureza y a los malhechores de los inocentes. Hablo, por supuesto, de la situación del fútbol español.
Confieso que, como advertía Nick Hornby, me enamoré de este deporte “como se enamora uno de las mujeres: de repente, inexplicablemente, sin crítica, sin pensar en el dolor o los trastornos que traería consigo”. Pero siempre creí que la angustia procedería de las derrotas de mi camiseta, jamás del cuestionamiento mismo de la pelota. Así que este año sólo pediré una cosa: devolvednos la fe en el fútbol. Queremos volver a sentir la pasión por lo impredecible, el cosquilleo del libre albedrío que define y otorga a este deporte su estatus de privilegio.
Así que este año sólo pediré una cosa: devolvednos la fe en el fútbol
Porque no es posible que, tras pagar durante al menos 17 años a los responsables de impartir justicia, los defraudadores no hayan mostrado un ápice de arrepentimiento. Mas bien al contrario: incluso se exhiben como víctimas. Y ya se sabe que lo peor de que te tomen por idiota es asumirlo como inevitable hábito.
Porque resulta desalentador que uno de los implicados en los pagos, el actual presidente del club estafador, ni siquiera haya dado un paso al lado, protegido por el vericueto legal de la prescripción. Que las faltan caduquen sin reparación sólo puede entenderse como un fallo del sistema.
Porque la ignominia traspasa fronteras y las autoridades europeas han convenido no actuar hasta que la Justicia ordinaria dicte sentencia firme. No les basta con las huellas, la confesión y el muerto. Quieren que éste resucite y les detalle lo sucedido.
Porque no es posible que, tras pagar durante al menos 17 años a los responsables de impartir justicia, los defraudadores no hayan mostrado un ápice de arrepentimiento. Mas bien al contrario: incluso se exhiben como víctimas. Y ya se sabe que lo peor de que te tomen por idiota es asumirlo como inevitable hábito
Porque, en definitiva, habíamos digerido el embrutecimiento del juego a cuenta de los intereses de la industria, pero dudo que asimilemos nunca que todo fue y será siempre una humillante mentira.
El bueno de Ortega dejó dicho que “el español que pretenda huir de las preocupaciones nacionales será hecho prisionero de ellas diez veces al día y acabará por comprender que, para un hombre nacido entre el Bidasoa y Gibraltar, España es el problema primero, plenario y perentorio”. No se me ocurre mejor analogía si dejamos pasar por alto la grave desvergüenza destapada. Cuando adoptas al diablo, tarde o temprano te convierte en su prisionero.
Sé que lo que pido es harto complicado pero, agotadas casi todas las vías, exhausta la confianza y henchido el descreimiento, sólo nos queda confiar en ustedes, custodios del arte de la magia.
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El antimadridismo y cierta parte de los propios aficionados del catorce veces campeón de Europa suelen repetir con insistencia un invariable patrón: les parece fatal todo lo que hace el Real Madrid. Su manía persecutoria llega al extremo de exigirle al club madrileño una cosa y la contraria, para proceder a criticar ambas posturas. Ocurrió exactamente esto cuando se reclamaba contundencia ante el caso Barça-Negreira, censurando con severidad la ausencia de declaraciones o comunicados oficiales, para pasar a atacar al Madrid tras personarse como acusación particular en la causa, en este caso por enturbiar el ambiente y por erigirse como único perjudicado.
Es esa la razón de que muchos estén ahora de uñas por el hecho de que el F.C. Barcelona, que tiene pagos demostrados para corromper el arbitraje durante décadas, sea el principal socio del Real Madrid en la creación de la Superliga, competición crucial en la supervivencia de un fútbol maltrecho y sin futuro tal y como está concebido actualmente.
Al antimadridismo y a cierta parte de los propios aficionados blancos les parece fatal todo lo que hace el Real Madrid. Su manía persecutoria llega al extremo de exigirle al club madrileño una cosa y la contraria, para proceder a criticar ambas posturas
Es un poco ridículo tener que explicar las diferencias entre estos aspectos, y la total compatibilidad de los posicionamientos que en ambos casos mantiene el club de Concha Espina. El Madrid comparte intereses con su viejo enemigo deportivo y por esa razón se asocia con él (y con muchos otros que han decidido con cobardía apartarse del primer plano, pero recoger los frutos del proceso en el futuro).
La corrupción generalizada de los entes que rigen el fútbol, ya se trate de federaciones, asociaciones continentales o mundiales, detrae dinero del bolsillo de clubes y jugadores, los artífices del negocio. Así que sería lógico que fueran estos mismos actores protagonistas los que gestionaran directamente los torneos en los que participan y a los que enriquecen. Solo así se posibilitaría un arbitraje realmente neutral y protegido ante la amenaza del soborno, reglas financieras que valieran para todos, un sistema que velara por la sostenibilidad real del fútbol y regulaciones para que, por ejemplo, los agentes no sean más importantes y ricos que sus representados o no se sucedan molestos parones de selecciones.
El Barça está de acuerdo con la propuesta rupturista que, no olvidemos, ha salido y ha sido desarrollada por Florentino Pérez. Bienvenido sea. Ojalá otros clubes más oportunistas y agradecidos con el actual y decadente sistema tuvieran su visión de futuro en este proyecto concreto.
El Madrid coincide con su enemigo en algunos intereses, compartiendo mantel e incluso cama en ocasiones. Pero eso no significa que sea su protector o benefactor
El Madrid coincide con su enemigo en algunos intereses, compartiendo mantel e incluso cama en ocasiones. Pero eso no significa que sea su protector o benefactor. De eso se le podría acusar si se hubiera retirado como acusación particular en el caso Barça-Negreira. Una operación que habría sido tan rastrera como la que ejecutó el propio Barcelona al conseguir más flexibilidad en sus inscripciones y apartarse de la demanda contra CVC a cambio.
No existe hipocresía alguna. El Madrid sigue en la batalla judicial del caso Barça-Negreira, porque además es el único personado en la causa con verdadero interés en que se investigue y se haga justicia. Es por eso que la defensa del Barça pide solo su recusación. La LFP y la RFEF ejercen el papel de caballos de troya, interesados como han demostrado desde el principio del proceso en exonerar al corruptor para mantener su statu quo y evitar posibles daños colaterales. Incluso hay dudas razonables de que la Fiscalía Anticorrupción, dependiente del poder político en última instancia, se vaya a emplear a fondo para juzgar como merece unos hechos que han perjudicado moral y económicamente a un buen número de entidades y personas.
Si hay algo que llama la atención es precisamente que haya sido el Madrid y solo el Madrid quien se haya presentado en el juzgado para reclamar justicia ante el mayor escándalo que recuerda el fútbol español.
Quizás la Superliga sea la última tabla de salvación para un Barça decadente institucional y económicamente, y quizás también sea el Madrid el indirecto artífice de la resurrección azulgrana. Es una consecuencia lógica cuando lo que se pretende es apuntalar el futuro del propio club y, por ende, de toda la élite futbolística. Si la disyuntiva es entre seguir como hasta ahora y presenciar una lenta agonía del fútbol y una rápida defunción del enemigo, o ayudar a revitalizar las competiciones y con ellas al Barça, yo tengo claro que elijo la segunda opción. Porque la primera implicaría, en última instancia, que la pervivencia del propio Real Madrid esté en peligro.
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El 26 de diciembre de 1977 dejaba este mundo uno de los mejores directores de cine de toda la historia: Howard Hawks. De forma casi simultánea, se han publicado en estas fechas navideñas dos maravillosos libros: una biografía: Hawks! (del célebre crítico Todd McCarthy, en la editorial Hatari Books) y un estudio minucioso e imprescindible sobre su obra maestra Río Bravo (escrito con todo lujo de detalles por mi querido amigo Juanma de la Poza, a la sazón gran madridista, en Silex ediciones).
Y es que Hawks nunca ha dejado de estar de moda, pese a que sus últimos grandes filmes los rodó en los ya lejanos años 60, culminando con la también espléndida El Dorado (1966), un remake precisamente de su Río Bravo. Menos conocido y menos aclamado que, por ejemplo, John Ford o Alfred Hitchcock, Hawks es sin duda alguna uno de los 5 o 6 mejores directores de toda la historia del cine.
A Hawks le ocurrió con su palmarés de premios cinematográficos algo parecido a la Quinta del Buitre, que fue capaz de dominar el mundo del fútbol europeo durante un largo periodo, pero que no pudo culminar, por diversas circunstancias, con la conquista de un gran trofeo de repercusión mundial. En el caso de la Quinta, se le resistió siempre la Copa de Europa pese a que, por ejemplo, la del año 1988 parecía tener grabado su nombre por la superioridad manifiesta que demostró a sus rivales en todas las eliminatorias (incluida la del PSV Eindhoven, en la que cayó por la célebre y ya proscrita regla de los goles marcados fuera de casa).
A Hawks le ocurrió con su palmarés de premios cinematográficos algo parecido a la Quinta del Buitre, que fue capaz de dominar el mundo del fútbol europeo durante un largo periodo, pero que no pudo culminar con la conquista de un gran trofeo de repercusión mundial
Y es que es increíble que, en la trayectoria de Howard Hawks, aclamado por la calidad de casi todas sus películas, tan solo fuera nominado para los Oscar una vez como mejor director, en 1942, y no precisamente por alguna de sus muchas obras maestras, sino por la muy correcta Sargento York, protagonizada por Gary Cooper (que sí logró la estatuilla como mejor actor principal). Hollywood, como en otras ocasiones, trató de paliar tamaña injusticia al otorgar a Hawks un Oscar honorifico en 1975, que le entregó en mano su gran amigo John Wayne.
Hawks, como en su momento la magnífica orquesta de la Quinta del Buitre, engrandecía siempre cada género cinematográfico que trabajaba. Su primera gran cinta fue una sobre gánsteres (quizás la mejor de la historia, al menos hasta El Padrino), Scarface (1932), sus comedias se encuentran entre las más celebradas de siempre (con menciones especiales a La fiera de mi niña, de 1938; Luna nueva, de 1940 o La novia era él, de 1949, las tres protagonizadas magistralmente por Cary Grant), un drama épico como Sólo los ángeles tienen alas (1939), en donde muestra una de sus grandes pasiones, la aviación, sus films noirs con 2 joyas como Tener y no tener y, sobre todo, El sueño eterno (con la impagable dupla Bogart-Bacall), sus sobresalientes westerns como el ya mencionado Río Bravo y el excepcional Río Rojo (con dos actuaciones protagonistas de John Wayne en papeles absolutamente opuestos), su incursión en la ciencia ficción con la muy inquietante cinta El enigma de otro mundo (1951), su péplum Tierra de faraones (1955), y aventuras para todos los públicos como la maravillosa Hatari! (1962).
Hawks fue quien mejor dirigió al mejor actor de comedias de la historia (Cary Grant, en cinco ocasiones) y quien, casi al mismo nivel que su gran amigo Pappy Ford, supo sacar lo mejor de las interpretaciones de John Wayne (también en cinco oportunidades). Algo así como Leo Beenhakker, en el periodo 1986-1989, cuando más y mejor destacaron las virtudes de Butragueño, de Míchel, de Martín Vázquez y de Sanchís, con tres ligas consecutivas (más la Copa del Rey de 1989), con un fútbol espléndido, de calidad exquisita, que entusiasmó cada domingo a un estadio Bernabéu que disfrutó como hacía muchos años.
Hawks sacó lo mejor de Cary Grant y de John Wayne. Algo así como Leo Beenhakker hizo con la Quinta del Buitre
Todos los madridistas que vivimos aquella época la recordamos como una de las mejores de siempre, aun cuando no hubo guinda del pastel en forma de Copa de Europa. Eran los años 80 en Madrid, una ciudad que pareció despertar de un largo letargo cultural con el florecimiento de la movida (en cine, en música y en tantos aspectos) y que reavivó la llama por la afición al balompié gracias a las exhibiciones de un equipo de leyenda.
Hawks, como muestra en varios documentales que protagoniza, también perseguía más el entretenimiento de los espectadores que su propia gloria como director, y a fe que lo logró con creces, ya que en ningún momento de sus películas se cae en el aburrimiento o en la banalidad. Sin duda, el hecho de que además de director y productor fuese también guionista (sus mejores guiones fueron los de Scarface, Sólo los ángeles tienen alas y El enigma de otro mundo), le convertían en un verdadero adalid para lograr transmitir historias lo más amenas posibles. Además de entretener, observen que en todas sus películas se hace una sublime exaltación de la amistad, de la solidaridad y de la importancia del trabajo en equipo para afrontar las adversidades.
Desde esta columna ya saben que se reivindica cada cierto tiempo, y con insistencia, el cine clásico. Créanme que zambullirse en el cine de Howard Hawks es un pasatiempo delicioso, ya que sus obras tienen la insólita virtud de no envejecer nunca, como aquellas sinfonías de fútbol champagne de la Quinta que nos dieron tanta dicha, por su estética inigualable.
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Verano de 1992, año de Cobi y Curro. Aún dolían las salidas del Real Madrid de Hugo Sánchez y Gica Hagi. Con ellos también se marcharon don Rafael Gordillo, el titán de las medias bajadas y la canilla torcida, y Adolfo Aldana. Los fichajes fueron Zamorano, que llegó para reemplazar al ariete mexicano, y el central sevillano Nando, si bien la noticia era la llegada de Benito Floro al banquillo en sustitución de Leo Beenhakker, que venía de padecer el robo de la primera liga de Tenerife. Negreira año I.
En ese verano, quien esto escribe se dedicaba a ir a la playa y jugar al fútbol por las mañanas y a jugar al fútbol e ir a la playa por las tardes. Creo que también iba a la piscina, donde también acababa jugando al fútbol. Esos veranos de 3 meses sin preocupaciones… Había una cosa más que ocupaba mi tiempo, y eso era escuchar en un walkman de manera obsesiva al primer descubrimiento musical de mi vida que no venía auspiciado por mi padre, y ese era Guns n’ Roses.
Tenía dos cassettes TDK de 90 en las que en una de ellas tenía el Appetite For Destruction, mejor disco de debut de la historia junto con los de King Crimson y Led Zeppelin, y en la otra el Use Your Illusion II, el disco azul, la segunda mitad del lanzamiento de la banda americana un año antes. Como muchos otros, llegué a ese álbum gracias a la versión de Knocking on Heaven’s Door. Se abría con Civil War, temón enorme, que daba paso a la aportación de Izzy Stradlin con 14 Years. De ahí nos íbamos a Yesterday’s, penúltimo single publicado… podría seguir, recuerdo perfectamente la sucesión de canciones por su orden. Lo que hoy nos ocupa es el tema que seguía a la versión del himno de Bob Dylan. Su título: Get in the ring.
Con mucho, era lo más raro del disco. Se abría con sonido ambiente de directo, una entrada de blues rock más pesado que rápido que en seguida se veía sucedida por una seguidilla punk a velocidad notablemente más rápida. A media canción, empezaba una parte hablada en la que Axl empezaba a proferir variaciones del verbo fuck, palabra que constituía una porción muy sustancial de todo lo que comprendía de la perorata. Con el tiempo aprendí que era un desafío a los medios que publicaban lo que en la banda consideraban que eran falsedades o infundios. Finalizaba instándolos a aceptar el reto y a entrar en el ring para dirimir las diferencias mediante el ejercicio del noble arte. Get in the ring. Huelga decir que esa parte la rebobinaba para intentar captar matices del soliloquio de Rose, pues nunca sobra saber cómo jurar en inglés o en cualquier idioma y utilizar los venablos, injurias y anacolutos con fundamento.
La demagogia, que no es sino la ambrosía de los mediocres, ha encontrado un terreno propicio para el mantra “Gánatelo en el campo”, fomentado por el propio Tebas. Como ejercicio de marketing, impecable. Como frase de desafío al Real Madrid, regulera, las cosas como son
Bien, pues avanzamos hasta 2023. El TJUE ha admitido que la actuación de UEFA y FIFA, en cuanto a la organización de competiciones futbolísticas, así como su amenaza de expulsar a cuantos equipos intenten enrolarse en trofeos alternativos no gestionados por ellas, constituye un abuso de posición dominante, un monopolio. En esencia, la resolución viene a decir que se pueden organizar las competiciones que se desee sin que los organismos referidos puedan decir nada al respecto, lo cual redunda en la celebérrima Superliga.
Las respuestas de los palmeros y epígonos de la UEFA, favorecidos por ésta, no se han hecho esperar. Tampoco han tardado nada los mindundis en subirse al carro. Por una parte, Tebas, en una actitud de cuñado en barra de bar tirando cáscaras de gamba al suelo, sostiene que la resolución dice lo que no dice, pero que él sabe más. Por otra, la demagogia, que no es sino la ambrosía de los mediocres, ha encontrado un terreno propicio para el mantra "Gánatelo en el campo", fomentado por el propio Tebas. Como ejercicio de marketing, impecable. Como frase de desafío al Real Madrid, regulera, las cosas como son.
El club blanco no ha querido responder a semejante demostración de estulticia sacando los galones, es decir, las 14 Copas de Europa, pero no me nieguen que ganas dan. 121 años ganándose las cosas en el campo, más que nadie en la historia, para que vengan ahora los milpesetas de turno a decir que sigamos haciéndolo. Gracias por darnos permiso.
121 años ganándose las cosas en el campo, más que nadie en la historia, para que vengan ahora los milpesetas de turno a decir que sigamos haciéndolo. Gracias por darnos permiso
Es una evidencia palmaria que la liga española es una competición decadente, desprestigiada y, además, podrida. La Superliga, cuyo acceso está abierto a quien, oh, casualidad, se lo gane en el campo, es la única solución para aumentar las posibilidades de viabilidad económica de los clubes que no están sostenidos por archimillonarios o estados/satrapías con numerario ilimitado merced a los hidrocarburos. La organización de esta competición implicaría una más que significativa pérdida de poder a los Ceferin o Tebas de turno, reverendísimos comegambas cuyas funciones reales desconocemos más allá de dar cuenta de crustáceos malacostráceos decápodos peneidos y otros manjares de precios exorbitantes.
Ese “Gánatelo en el campo“ no es una defensa de la igualdad, sino del igualitarismo, de nivelar por abajo, de manera que no serán todos igual de buenos, sino que serán igual de malos, y, sobre todo, igual de pobres.
¿Quieren que nos lo ganemos en el campo? O mejor, ¿quieren que nos lo ganemos en el campo OTRA VEZ MÁS? Súbase al ring. Get in the ring.
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