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El sueño eterno

El sueño eterno

Escrito por: Athos Dumas7 febrero, 2018
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“El sueño eterno” –me refiero a la versión de 1946 dirigida por el gran maestro Howard Hawks, no a la posterior de 1978, protagonizada por un Robert Mitchum en franca decadencia–, es sin duda una de las mejores películas policíacas o film noir de todos los tiempos, y está basada a su vez en una de las mejores novelas negras jamás escritas. Su autor, Raymond Chandler. Era una novela tan difícil de adaptar a la gran pantalla que Hawks, a la sazón también productor, contrató a tres escritores (Brackett, Furthman y Faulkner, ahí es nada. William Faulkner, que conseguiría ganar el Nobel de Literatura en 1949) para conseguir acabar el guión definitivo.

Aún así, la película es enrevesada y muchas veces el espectador se pierde dentro de un laberinto de historias y de personajes que a menudo crean confusión y sorpresa durante las casi dos horas de duración. Es igual, el film es delicioso de principio a fin y el duelo interpretativo Humphrey Bogart-Lauren Bacall es de los más gloriosos e inolvidables de toda la historia del celuloide.

El título en español, El sueño eterno, no traduce literalmente el del título original, The big sleep; es quizás más grandioso y rimbombante que el original inglés. Para el artículo que están ustedes leyendo, a este autor le viene de perlas, ya que nos acerca a los madridistas a su vez a nuestro propio sueño eterno, que es la ansiada Copa de Europa. En esta película, más que nunca, nos encontramos a un Bogart que es el Real Madrid, luchando solo contra todos los elementos, y a una Lauren Bacall que es, ni más ni menos, que la deseada Copa de Europa.

bogart es el real madrid y bacall es, ni más ni menos, que la copa de europa

Me explico. La sonrisa de Lauren, esa mueca pícara que desde la primera escena fascina a Bogart y que desde ese momento, aún sin saberlo él, se convierte en el único objeto que él desea realmente conquistar. No hay quizás una mujer más elegante, más atractiva en la historia del cine que Lauren Bacall. La cámara se volvía loca con su presencia. Y la audiencia. Su química con Bogart en la pantalla, ya sobradamente probada en Tener y no tener (su debut, también bajo los mandos de Howard Hawks) dos años antes, es absolutamente única y deslumbrante en esta cinta. Ya estaban casados por entonces ella y Humphrey desde el año anterior, ella con 21 años, él con 45 y tres veces divorciado. Sus preciosos ojos claros y esa mirada penetrante hacían de ella, como de la Copa de Europa, una mujer a la vez única, distante, altiva y elegante, pero daban al mismo tiempo un irremediable deseo de conquistarla y adorarla permanentemente. Si a ello añadimos su peculiar voz grave, casi de contralto, capaz de atraer –y posteriormente condenar– como las voces de las sirenas intentaron atraer a Ulises, como cuando entona la fascinante And her tears flowed like wine, se puede afirmar que encontramos pocos personajes tan cautivadores en el cine de todos los tiempos como el personaje que da vida Lauren, es decir a la inquietante Vivian Rutledge.

Bogart, caracterizado como el célebre detective Philip Marlowe, inicia esta aventura que en un principio parece sencilla, o sea resolver un simple caso de chantaje, pero según va avanzando la intriga, se da cuenta –sin saberlo seguro, pero siempre fascinado por Vivian– que su verdadero objetivo no es resolver un caso detectivesco más, sino conquistar la cima del mundo, su particular Champions League.

“El sueño eterno” es una película donde su protagonista está completamente solo frente al mundo. No tiene ni un solo ayudante en ella. No recibe ni una sola ayuda exterior, ni por parte de la policía –le dejan trabajar, eso sí–, ni de un fiel Watson, ni de una secretaria, ni un mayordomo, ni siquiera un mísero confidente callejero. Todo, absolutamente todo, lo consigue él solo, con su gabardina, su sombrero de ala ancha y su elegante coche Plymouth de Luxe modelo 1938. Bogart es capaz de seducir (o, al menos, encandilar) a todas las chicas que aparecen en la película: la encargada de la librería, la taxista, la hermana de Vivian –Carmen, maravillosa Martha Vickers–, las camareras del casino del malvado Eddie Mars. Como si en cierto modo todas ellas fueran objetos preciosos y dignos de conquistar: la Liga, la Copa, la Supercopa. Muchas veces Marlowe se vale de sus encantos de seductor para que estas conquistas le ayuden a lograr su objetivo final. Son etapas necesarias y gratificantes en su trayectoria.

Humphrey Bogart, pese a las situaciones tan complicadas y peligrosas que padece, nunca da un paso atrás. Se ve sucesivamente amenazado, insultado, despreciado, cacheado, interrogado, varias veces golpeado, tiroteado. Hasta le lanzan el contenido de una copa llena a su cara. Parecería cierto laureadísimo club de fútbol permanente amenazado por seres maléficos venidos de sórdidas federaciones o miserables comités técnicos, por la envidia e inquina de tantos y tantos periodistas y medios de comunicación, e incluso por supuestos aliados pseudo-madridistas que a veces hacen más daño que los propios enemigos exteriores. Bogart-Marlowe tiene la ocasión de acabar su investigación y salir indemne de una situación peligrosa, ya que aquello por lo que lo contrataron ya lo consiguió y hasta cobró una prima extra de 500$ (¡del año 1946!) por ello. Nadie le obliga a seguir el camino. Ha cumplido nuevamente con su deber y ha conquistado en su carrera múltiples laureles. Pero el gen competitivo, el afán de lograr lo que solo él se auto-exige hacen que avance y avance, atravesando caminos de minas, dejando a Geigers, Joe Brodys y a Caninos por la senda –también a pobres diablos como Harry Jones (magnífico ese secundario, Elisha Cook Jr)–, como quien se deshace sin grandes dificultades de los Bayern de Múnich o Manchester United o incluso Atlético de Madrid, en busca (por fin ya tiene claro su objetivo Philip Marlowe) de su ansiada, única, a veces desagradecida y áspera, entre irónica y desafiante, también distante pero inigualable, Vivian Rutledge/Lauren Bacall.

Les recomiendo la película por supuesto si no la han visto (imperdonable aunque subsanable error). Ocasión extraordinaria de comprobar el excelso trabajo de ese trío mágico Hawks-Bacall-Bogart, en su mejor momento de forma los tres. Trío madridista donde los haya: irónicos, tozudos, con un agudizado sentido del deber en todo momento. Espero que averigüen el verdadero significado del sueño eterno (o big sleep) del film. Teniendo en cuenta que sueño en inglés es sleep pero también puede ser dream.