Las mejores firmas madridistas del planeta

Hace años entrevisté junto a Nacho Ruiz a Víctor Sánchez del Amo, quien nos soltó un titular preñado de la jerga del momento pero no por ello menos interesante. Me dejó pensativo durante largo tiempo. “El Madrid es el mejor porque empodera al jugador”. Ya en el primer párrafo tienen ustedes la respuesta a la pregunta suscitada en el título. No se quejarán los poco amantes de las lecturas largas.

Creo que solo ahora, tras el logro de la gloriosa Catorce, alcanzo a entender el significado de las palabras de Víctor, y no puedo estar más de acuerdo con ellas a la luz de las proezas disfrutadas por el madridismo en este año inolvidable. Cada uno de los momentos impagables que nos ha deparado esta Champions puede interpretarse en términos de empoderamiento de diferentes jugadores.

Benzema Donnarumma

Benzema corre hacia Donarumma con la determinación de quien se cree capaz de dar un vuelco al orden natural de las cosas, que en ese momento consistían en que el PSG imponía su mejor juego colectivo para disfrutar una ventaja de dos goles en la eliminatoria. El resto es Historia: le roba inopinadamente el balón, y el gol posterior abre la caja de los truenos. En la siguiente ronda, ante el Chelsea, y en otro ejemplo colosal de empoderamiento, practica esta vez el sortilegio sobre Mendy, a quien roba otra vez el balón después de endosarle dos cabezazos prístinos.

La ida ante el City recoge dos empoderamientos colosales: el del propio Karim lanzando el penalti a lo panenka (paradigma del empoderamiento por cuanto acarrea un fuerte riesgo personal) y la jugada genial de Vinicius, cómputo perfecto de pericia y velocidad, para sortear a Fernandinho con un amago genial y recorrer todo el campo con la certidumbre de que esto será gol. Lo fue, y dejó -junto al panenka de Karim- al Madrid vivo en la competición.

Rodrygo City

Rodrygo salta al campo con escasos minutos para tratar de obrar otro milagro, ahora en la vuelta. Se sabe capaz de concitarlo, y por eso empieza embocando un centro de Karim al borde del final y rematando de cabeza un centro de Carvajal en el descuento. Antes del final del tiempo añadido, está a punto de hacer innecesaria la prórroga con otro arrebato de protagonismo individual.

Sin embargo, el epítome del empoderamiento llega en la Final y se apodera de la figura de Courtois, el BFG dahliano de este equipo. En la rueda de prensa posterior lo explican Ancelotti y Thibaut con una naturalidad que conduce al pasmo. “Le propuse: yo te llevo a la Final y tú me la ganas”, refiere Carlo. El belga asiente. Ahí lo tienen, ni más ni menos. Empoderamiento (odiaba la palabreja hasta ahora) con luz y taquígrafos.

Nos sabemos capaces de hacer prevalecer lo extraordinario sobre la dictadura de la pizarra

La fórmula parece clara: tener jugadores de gran calidad (sin este requisito no hay nada que hacer) y hacerles creer que son todavía mejores. Persuadirles de que el fútbol son instantes y cualquiera de ellos es capaz de protagonizar el más decisivo. En ese convencimiento, la marcha general del partido pasa a un segundo plano. Si colectivamente estamos jugando bien me vengo arriba, me uno a la fiesta; si estamos jugando mal no importa, no me hundo, porque alguno de los once lo arreglará (con ayuda de los demás, claro) y quién sabe si no seré yo mismo el elegido. Por eso el jugador del Madrid no pierde tiempo, cuando es el caso, en tomar nota de lo mal que lo está haciendo el grupo. Si el sistema está funcionando, mejor que mejor. Sin embargo, si no lo hace no será en ningún caso el fin del mundo. Ya saldrá. Ya lo arreglaremos en cualquier excepción a la regla, en cualquier subterfugio. Nos sabemos capaces de hacer prevalecer lo extraordinario (es decir, yo y cada uno de los míos) sobre la dictadura de la pizarra.

Courtois Liverpool

Con la posible excepción de las etapas de Capello y Mourinho (volveremos con algún comentario sobre ellas), no ha habido apenas fases en la historia del Madrid en las que el entrenador haya sido más importante que los jugadores. La gran estrella del Liverpool es Klopp. La gran estrella del Madrid es cualquiera menos Ancelotti. Cuando las cosas se tuercen, el jugador del Liverpool mira al banquillo buscando al alemán, como el del City lo hace buscando a Guardiola y el del Chelsea buscando a Tuchel. Todos estos magníficos entrenadores son los auténticos divos de sus respectivos equipos, y los fantásticos jugadores con los que cuentan viven encajonados en sus sistemas. Les buscan con la mirada, desde quién sabe si la otra punta del campo, cuando las cosas van mal. Sucede que en ese instante no hay tiempo para eso. Si hubiera tiempos muertos en el fútbol, tal vez las cosas serían distintas, pero por el momento estos espacios no existen, y a igualdad o semejanza de calidad se imponen las soluciones individuales. El jugador del Madrid no mira a su banquillo cuando las cosas se tuercen. Mira al interior de sí mismo y recuerda por qué el Madrid le fichó: porque es acojonantemente bueno, porque es el hombre para ese momento y para ese lugar.

Ancelotti no es más importante en el Madrid que un actor hasta el momento secundario como Camavinga. La virtud del italiano consiste en hacerle saber precisamente eso al joven. Los que saben de cine no ignoran que no existen los actores secundarios, porque en el momento que hablan pasan a ser protagonistas. Esta máxima, en el Madrid, está escrita con letras de oro. Que le pregunten al propio Camavinga o a Rodrygo. A Reyes. A Mahamadou Diarra. A Anelka. A McManaman o a Iván Campo.

En el Madrid, en el transcurso de un partido, nada se jode cuando las cosas no van bien, porque la calidad individual de cada futbolista (puesta al servicio del colectivo) se juzga capaz de compensar las adversidades. Y se juzga capaz por el sencillo procedimiento de mirar a la historia del equipo en el que juega, en lugar de mirar a pizarra alguna. Su convencimiento, su fe, se multiplica por cien bajo el escudo. Por eso el modelo, por desgracia para todos los demás, no es transplantable. Es intransferible. Son cosas que solo se pueden hacer luciendo esa camiseta, solo esa de ente todas las que hay en el mundo.

Camavinga y Ancelotti

El jugador mira el escudo que tiene en el pecho y no necesita ni siquiera recordar que ese escudo es el de Di Stéfano, Gento, Raúl, Zidane, Cristiano, Ramos, Benzema, Modric. El simple hecho de hacerlo le confiere tal caudal de fuerza que la profecía se autocumple: para lucir ese escudo solo valen los mejores ergo yo soy el mejor, y vía ese pensamiento resulta que ese futbolista, ya de por sí muy talentoso, se convierte de hecho en el mejor.

En este contexto, el entrenador pasa a un segundo plano, y es justamente gracias a ello por lo que los milagros se hacen posibles. Si los futbolistas blancos vivieran constreñidos por rígidos esquemas pergeñados por un técnico prima donna, nada de esto sería viable. Por eso el entrenador de perfil bajo (en el modo de conducirse, no necesariamente en términos de nombre) es el que conduce a la Champions. Del Bosque. Zidane. Ancelotti. Pocos recordarán en el futuro que en el banquillo de la legendaria Séptima se sentaba un tipo tan capaz como Heynckes. La Séptima será siempre de Pedja. Lo que los periodistas bautizaron con su metiche bisturí como “autogestión” es sólo otro nombre, ahora con un matiz más incisivo, para lo que estamos comentando. No hay ningún entrenador del Madrid que haya ganado la Champions sin, hasta cierto punto, saber desaparecer un poco, en el mejor sentido de la palabra.

La fórmula, pues, es simple: calidad individual + convencimiento de que esa calidad es aún mayor + empoderamiento + fe en la victoria final

¿Qué papel juegan en esta historia (o Historia) los entrenadores fuertemente tácticos y personalistas? Pienso en Mourinho y, en un grado menor, Capello. Cumplen un papel abnegado y eficaz en épocas turbulentas. Fuera de la turbulencia, de la desorientación institucional, no pintan nada en el Madrid. Son -lo digo admirativamente- enderezadores del rumbo. Cosechan sus propias mieles del éxito, generalmente Ligas o Copas del Rey, pero sobre todo dejan el terreno abonado para que a continuación llegue un “blando” y se haga lo suficientemente transparente para hacer valer la calidad individual y la fe en la victoria de todos y cada uno de los componentes de su plantilla. El de Mou o el de Capello son madrides “de autor” que, capaces de ganar lo suyo, encauzan el terreno para el éxito del siguiente, que suele ser la gloria europea. Remedian perturbaciones en la fuerza para que las cosas, luego, puedan seguir el camino acostumbrado.

La fórmula, pues, es simple: calidad individual + convencimiento de que esa calidad es aún mayor + empoderamiento + fe en la victoria final, sustentada esta última por una historia gloriosa en la que las pizarras no han pintado gran cosa. Es sencillísimo. Y sin embargo, al contar hasta tal punto la monumental herencia recibida, nadie más lo puede hacer.

 

Getty Images

Buenos días, queridos amigos.

Es más que posible que desde hace una semana, desde la conquista de “La 14” del Real Madrid en Saint Denis (que no en París), a nuestro Rafa Nadal le ronde la idea de igualar en número de éxitos al club de sus amores y desvelos. Y hacerlo en la misma capital francesa le añadiría un plus de motivación, de hermosura, de hazaña histórica.

El sábado pasado vimos a Rafa en las gradas de Saint Denis, lo vimos sufrir, disfrutar y aplaudir como uno más de los seguidores blancos, y a buen seguro que por su cabeza pasó la idea de alcanzar él mismo ese 14 y, de paso, abandonar el guarismo del 13, tradicionalmente asociado a la mala suerte. Que se lo digan a nuestro querido Ángel Nieto y el 12+1 que quedó para la historia. O que se lo digan a los nuestros, con un entorno de clubes-estado en el que parecía imposible competir para dejar atrás esa cifra. Por fortuna, el Real Madrid ya le hizo “la 13-14” al Liverpool, como definió perfectamente nuestro mosquetero Dumas, y ahora le toca a Nadal hacérselo a la historia del tenis en la Philippe Chatrier de París.

Portada As 04-06-22

El diario As titula como si de una película de Almodóvar se tratase. El dolor del alemán Zverev y la gloria de Rafa Nadal. Quién sabe, quizás de no haber mediado la lesión del alemán, ambos seguirían jugando el partido todavía hoy mismo, catorce o dieciocho horas después. Mientras duró, fue una batalla épica, brutal, de golpes cruzados, paralelos, bolazos a las líneas y passing imposibles. Tres horas y trece minutos, y todavía no había concluido el segundo set. El nivel mostrado por Sasha Zverev en el primer set fue estratosférico y, sin embargo, para su sorpresa y para la de millones de espectadores, acabó cediendo en un ajustado tie-break. Tuvo cuatro bolas de set y cayó, lo cual nos recuerda de nuevo a ese otro equipo al que hay que matar y rematar varias veces, meterlo en un ataúd y clavar cientos de clavos para que no resurja y le dé la vuelta al marcador.

Llamamos la atención sobre el recuadro inferior, en el que se lee que “Tebas denuncia ante la UEFA a PSG, City y Juventus”. Ya era hora, si bien la nota más hilarante se encuentra en el cruce de acusaciones entre Javier Tebas y el Barça con motivo del control de las finanzas culés que se recoge en un subtítulo: “Y el Barça le culpa a él de sus males”. Grandes los dirigentes culés: gastan en exceso, culpan a Tebas por permitirlo y luego lo critican porque no les deja seguir gastando sin control. Son únicos en esto del victimismo.

Pero volviendo a la UEFA, a los Ceferino Boys se les acumulan las críticas, como la exigencia de explicaciones que el Real Madrid hizo llegar a la misma UEFA sobre los lamentables incidentes ocurridos durante la previa de la final de Champions. Una reclamación a la que se ha sumado el Liverpool, cuyos seguidores fueron culpados del retraso por una UEFA cobarde y caciquil.

Portada Marca 04-06-22

El diario Marca centra también su portada en el tenis y en el dolor, con la lastimosa imagen del alemán Zverev tras abandonar la pista con muletas. Mucha suerte para Sasha, al que deseamos una pronta recuperación. A Nadal le toca ahora centrarse en preparar la final contra el noruego Ruud, otro tenista monovocálico como nuestro Rafa Nadal, o como los otros semifinalistas, Cilic y Zverev. Del club de Alcaraz, Zapata, Federer, Medvedev, Schwartzmann, Ferrer, Mirnyi y Dolgopolov.

Aunque lo verdaderamente curioso del rival de Rafa, Casper Ruud, no es tanto que tenga un nombre de fantasma como el hecho de haber entrenado y progresado en los últimos años en la Rafa Nadal Academy. Nos imaginamos a un tipo que creció viendo ganar año sí y año también a Nadal en las pistas de Roland Garros mientras pensaba: “Algún día se retirará y podré vencer allí”. Pero Nadal es eterno, o a veces nos lo parece. Ayer cumplió 36 años, los mismos que otro jugador eternamente joven, un tal Luka Modric, al que muchos retiraron de manera prematura.

El faldón superior de Marca también recurre a un título de película para hablar de Tchouaméni: Límite 48 horas. Estamos en tal estado de paz interior que ahora mismo los fichajes nos interesan tanto como una visita de Ceferin al proctólogo, así que pasamos a la prensa cataculé.

Portada Mundo Deportivo 04-06-22

Mundo Deportivo lleva a la portada la imagen de los dos magníficos tenistas junto a lo que denomina "colores para resurgir". La nueva camiseta del Barça, ya ven. Como se aprecia mucho mejor en Sport, os la traemos a continuación.

Portada Sport 04-06-22

Vuelve la carta de ajuste, señores, y el peluquín.

Que paséis un gran día.

Esto es muy fuerte. No sé cómo empezar. Ustedes dirán: ¡pues empieza por el principio! No es tan fácil, porque no siempre se cumple un sueño en tu vida. ¡Pero allá vamos!

En primer lugar, doy las gracias a Jesús Bengoechea por esta oportunidad de mostrar mi pasión por el Real Madrid Club de Fútbol y contaros sobre mi admiración por Florentino Pérez. A Jesús y  a mí nos une, además, nuestra fascinación por las letras. ¡Gracias! Porque creo además, con convicción, que la gratitud es de las pocas palabras que no tienen una doble interpretación y nunca invitan a la confusión.

Don Florentino Pérez, le tengo tanta admiración y respeto que podría escribir su biografía (bromas aparte). A pesar de mi relativa juventud, conozco sus mayores hazañas, logros, superaciones, (en eso consiste la vida), emprendimientos, pasiones, sueños.... De este último quiero hablarles, puesto que así titulé este texto.

El Madrid está peor que el Barça

De sobra es sabido que don Florentino es un hombre de éxitos (voy a usar el plural porque ha tenido tantos y tantos...), un hombre extremadamente inteligente, sagaz, estratega, amante del humor inteligente. Es además cinéfilo, por eso dirige y guioniza nuestro club siempre hacia el éxito. Si además le unimos su oficio de ingeniero, tenemos la ecuación completa. Uno siempre trata de asemejarse a lo que le apasiona, y de lejos se le ve al señor Florentino su idilio con la grandeza.

Yo, un servidor humilde, solo puedo decir que me encanta su búsqueda constante e incesante de la grandeza. Gracias a ello, ha convertido nuestro club en el más grande de los grandes.

Esta semana hemos vivido una página escrita con letras de oro en la historia del Real Madrid. Hemos ganado la decimocuarta gracias a unos futbolistas jóvenes y no tan jóvenes, pero que son los mejores del mundo en sus puestos. A pesar de que muchos, que se hacían llamar entendidos y expertos del fútbol, pensaban que nuestro equipo tenía nulas posibilidades para ganar esta Champions.

¿Cómo puedes descartar a un rey de su trono? ¿Y si además le añades que la Copa de Europa la inventado él? Por no decir que ese sillón ha sido siempre lo único que buscan los demás clubes: sentarse al menos una vez en él.

Yo, un servidor humilde, solo puedo decir que me encanta su búsqueda constante e incesante de la grandeza. Gracias a ello, ha convertido nuestro club en el más grande de los grandes.

Pero vayamos a lo que importa. El señor Florentino es amante de los caminos difíciles, porque los caminos espinosos han hecho grandes hombres y los caminos fáciles hicieron a grandes hombres los más débiles (Mbappé, va por ti).

Florentino es constructor de caminos, puentes y proyectos, pero logró otras hazañas: construyó el equipo de los galácticos, diseñó el plan para hacer del REAL MADRID la institución más grande, brillante y, por ende, la más envidiada por todos los que no son del Madrid. Por eso le llamo constructor de historias, porque la historia no se compra (va por ti otra vez, Mbappé): se construye. Y se construye poco a poco. De lo contrario, no sería historia.

Con todo lo expresado arriba, me gustaría proclamar al señor Florentino Pérez Rodríguez constructor de grandes sueños y de historias irrepetibles.

Firmado:

Mohamed Bouzitoune

Humilde escritor madridista

Bûm gall unwaith - hynny oedd, llefain pan ym ganed

(Fui sabio una vez: cuando nací, me eché a llorar)”.

Proverbio galés.

 

Adiós, Galés Volador. Aquí estoy, en el oscuro andén de la estación, velando tu derrota en posición de firmes. Cargas tu equipaje en el viejo vagón atado a la locomotora. La noche envuelta en niebla.

Buen equipaje es ese que llevas contigo, Galés Volador, ya quisieran muchos poder cargar con la mitad de ese peso. Ahí llevas más de un centenar de goles, por ejemplo. Trato de visualizar cada uno de ellos por separado y siento como si quisiera contar estrellas. 106 en total, 106 momentos diferentes en que atravesaste la portería con el balón, 106 momentos en que millones de gargantas madridistas en todo el mundo gritaron de felicidad. Todos recordamos tus tres goles estelares, olvidando a menudo que existen otros 103, cada uno diferente. Otros con más gloria no tuvieron tantos.

Entre tu equipaje también hay tres copas de liga. Cargas las dos primeras en el vagón y, al llegar a la tercera, te miro a los ojos y veo en ellos una sombra de duda. Recuerdo entonces aquel verso que Dylan Thomas dedicó a su hijo: “rey de tus azules ojos”; y pienso que tú, en cambio, nunca gobernaste sobre los tuyos, aunque también son azules, porque siempre traicionaban tus pensamientos.

Bale ojos azules

Como aquel día, Galés Volador, hace bien poco, en que celebraste con tus compañeros la 14 Copa de Europa en el Bernabéu, cuando recorrías a solas el campo después de que anunciaran tu nombre por megafonía. Tratabas de parecer estoico, tal vez incluso distante, pero de nuevo te traicionaron los ojos, Galés Volador, mirando al Bernabéu como un niño perdonado cuando en vez de los insultos que tú temías escuchaste corear tu nombre. Y sonreíste, solo un instante, y brillaron tus ojos de una forma especial. Apuesto, Galés Volador, a que por un puñado de segundos fuiste de nuevo feliz en el Santiago Bernabéu. Y yo me alegro de que fuera justo aquella noche, la última en que, según tus propias palabras, colocaste sobre tu pecho el escudo del Real Madrid. Y me atrevo a aventurar que fue justo en ese preciso instante, cuando decidiste rubricar tu carta de despedida con la sentencia “ha sido un honor.”

¿Te das cuenta, Galés Volador? La afición del Madrid también sabe perdonar. Ahora somos pocos los que estamos aquí, en este andén solitario, para despedirte. Pero pronto seremos muchos, y habrá un día en que no habrá en el mundo andenes suficientes para contener el tributo de tu recuerdo. Hazme caso, Galés Volador: la verdad es hija del tiempo.

Puede que ahora no seamos demasiados, pero no imaginas lo orgullosos que estamos de haber defendido tu nombre hasta el final. Orgullosos incluso de no ser una multitud. A mi mente acuden las palabras que Shakespeare puso en boca de Enrique V (otro heroico galés) la noche antes de la batalla de Azincourt, aquella gloriosa jornada de san Crispín: “cuantos menos seamos, más grande será para cada uno de nosotros la parte del honor. Y los caballeros que permanecen ahora en el lecho de Inglaterra se considerarán malditos por no estar aquí, y será humillada su nobleza cuando escuchen hablar a uno de los que haya combatido con nosotros el día de San Crispín.” Así nos sentimos gracias a ti, Galés Volador: una banda de alegres hermanos.

¿Te das cuenta, Galés Volador? La afición del Madrid también sabe perdonar. Ahora somos pocos los que estamos aquí, en este andén solitario, para despedirte. Pero pronto seremos muchos, y habrá un día en que no habrá en el mundo andenes suficientes para contener el tributo de tu recuerdo. Hazme caso, Galés Volador: la verdad es hija del tiempo

Sentimos que hemos estado siempre en lado bueno del relato. Aunque hay quien todavía dude de tu rango de leyenda, algo que no merece la pena discutir. Es de locos: negar el estatus legendario de un tío que marcó el único gol de chilena en una final de Champions League y frente al Liverpool. Dar a eso el mismo valor que el que un día no pudieras o no quisieras (que me da exactamente igual) jugar contra el Fútbol Club Xavineta al que le sacábamos chorrocientos puntos en Liga. ¿Tú lo entiendes, galés? Pues yo tampoco.

Pero, en fin, tú y yo sabemos, Galés Volador, que el enemigo contra el que hemos luchado durante estos últimos nueve años ni es inteligente ni juega limpio. Ha sido especialmente dañino precisamente porque no tenía escrúpulos. Sus armas fueron la mentira y el cinismo desde el día en que llegaste al Real Madrid, después de amenazar con dejar el fútbol profesional y de asegurar que habrías jugado en este equipo “por un penique” (son tus palabras, no las mías).

Bale presentación

Aprendiste español, a pesar de que con ello te arriesgabas a entender a Tomás Roncero, que habla un dialecto parecido, y publicaron que te habías negado a hacerlo. Publicaron fotos tuyas jugando al golf durante los partidos del Madrid que resultaron ser falsas (nadie pidió nunca perdón por eso), mandaron al aficionado aborregado a insultarte delante tus hijos, cuando los recogías del colegio, contrataron a un cámara cuya única función era la de grabarte ininterrumpidamente cuando, en tus horas bajas, tu entrenador te mandaba chupar banquillo. Ni un resquicio de dignidad pretendían dejarte. Que tú te lo tomases con humor les pareció un pecado imperdonable. También les habría parecido censurable que reaccionaras airado, Galés Volador, eso ambos lo sabemos. Te llamaron “parásito”, “jeta”, “ladrón”, “sinvergüenza” y, en un alarde de prosa delicada muy propio de nuestro gremio de periodistas, “almorrana”. Insultos y mentiras. Yo no me explico, Galés Volador, cómo alguien no podía estar de tu lado en esta lucha.

Te vas con tus trofeos y tus goles, callado y silencioso como siempre fuiste. Como cuando en tu última noche en el Bernabéu, mientras tus compañeros celebraban la 14 Copa de Europa, tú, casi en secreto, te acercaste a los aficionados a despedirte de ellos. Qué rabia me dio aquella imagen, Galés Volador, y cuánto me dolió contemplarla. Pensaba en el enorme cariño que habrías estado dispuesto a volcar sobre los madridistas si una parte de ellos, no la más numerosa pero sí la que más fuerte grita, no te hubiera dado la espalda haciéndote creer que aquí nadie te quería. Tú te habrías partido el alma por este escudo, lo sé, si no te hubieran engañado. Y ahora, al verte marchar, sospecho que una de las heridas más profundas que llevas de esta batalla es la de no haber podido demostrar hasta qué punto amabas, y creo que sigues amando, “la gloriosa equipación blanca” (de nuevo son tus palabras, no las mías).

Y ahora, al verte marchar, sospecho que una de las heridas más profundas que llevas de esta batalla es la de no haber podido demostrar hasta qué punto amabas, y creo que sigues amando, “la gloriosa equipación blanca” (de nuevo son tus palabras, no las mías)

Se hace tarde, Galés Volador. Cae la noche y sube la niebla. Una noche apacible y tranquila. “Los hombres buenos, cercana ya la última ola, gritando cuán brillantes/sus frágiles hazañas podrían haber danzado en un verde remanso. / Y rabian, rabian contra la muerte de la luz.” De nuevo Dylan Thomas, galés como tú. A menudo incomprensible, como tú.

Silba la locomotora llamando a su único viajero de ojos azules. Se nos acaba el tiempo, Galés Volador, y hay tantas cosas que me gustaría poder decirte… Pero aquí sigo: callado y firme como un soldado ante el capitán, orgulloso de haber defendido tus colores y de que tu hayas defendido los míos (“la gloriosa equipación blanca”). Recuerdo un poema galés llamado “La batalla de los Árboles”, el más antiguo escrito en gaélico, tan hermético como tú; te imagino recitándolo entre dientes mientras galopabas a través de Mestalla y también justo antes de volar en Kiev:

He tenido muchas formas.

He sido la estrecha hoja de una espada.

He sido una estrella brillante.

He viajado como un águila.

He sido un barco en la mar.

He sido un general en la batalla.

He sido una espada en la mano.

He sido un escudo en la lucha.

He sido la cuerda de un arpa.

He sido un árbol oculto en el bosque.

No hay nada que no haya sido…

Tiembla la locomotora entre ruidos de vapor y de pistones, una lenta maquinaria despertando lentamente antes de rugir como un dragón; igual que un gol de Gareth Bale. Adiós, Galés Volador. Regresas al fin a tu hogar, a tus tierras antiguas de brumas y duendes, dejando a tu paso multitud de glorias y misterios.

Fue un honor luchar a tu lado.

 

Getty Images.

Buenos días, amigos. La selección española de fútbol jugó ayer uno de esos bolos que no importan a nadie. Son esas pachangas que han dado en llamar Nations League para dar una pátina de oficialidad a lo que toda la vida han sido amistosos petarderos. Bueno, es que prácticamente siguen siéndolo.

—Pero ¿otra vez la Nations League? ¿Eso no sé jugó ya? —clamaba alguien ayer en el chat de La Galerna.

—Claro, y ahora vuelve a jugarse —respondía Alberto Cosín, que sigue estas cosas porque lo sigue todo.

Portada Marca

Vuelve a jugarse. Pero ¿qué necesidad hay? ¿Por qué hemos de pasar por la amargura de conocer de boca de Alberto Cosín que se trata de una competición cuya completa artificialidad no está reñida con una insoportable vocación de perpetuarse en el tiempo? Esta gente ¿no tiene suficiente con parar la competición el próximo noviembre, durante dos meses, para que se dispute el Mundial más denigrante, jugado en estadios construidos por trabajadores que según Amnistía Internacional han muerto en número aproximado de 6000 a causa de las inhumanas condiciones laborales? ¿No tenemos con eso suficiente del fútbol de países? ¿Con qué calzador meten ahora esto en nuestras agendas de espectadores? En lo que a este humilde portanalista respecta, con ninguno. No pienso seguir este coñazo. Conmigo que no cuenten.

Portada AS

¿Cómo cuantificar el bajón que supone pasar de una actualidad marcada por la 14 a esto de la Nations League y la madre que la parió o, por usar los términos del incomparable Tano Passman, que la recontramilparió? Por cierto, ¿ha felicitado el seleccionador de España al equipo español campeón de la Champions League? Públicamente, no se tienen noticias. ¿Felicitó el seleccionador español al equipo que ganó la Liga española? Públicamente, mismo de lo mismo. Quizá Luis Enrique sea de los que felicitan en privado, como su medio-homónimo Henry Cherry en el Atlético de Madrid. Esta gente es al felicitar lo que Aznar era al hablar catalán: para ellos son cosas que solo tienen lugar en la más estricta intimidad, no vaya a ser que alguien malinterprete.

Portada Mundo Deportivo

No, Luis Enrique no ha felicitado al Madrid ni leches. Hemos visto imágenes de la selección francesa en las que se honra a Karim como el héroe de la 14 a su llegada a la concentración. ¿Se ha hecho algo parecido con Carvajal y Asensio? Desde luego, con quien no se ha hecho es con Nacho, a quien Lucho sigue sin convocar en beneficio de defensas de chichinabo inteligentemente conectados.

Portada Sport

Aburriéndonos como nos aburre (sobremanera )lo de la Nations League, y no teniendo nada específico que comentar sobre las portadas que a su vez comentan el insulso España-Portugal de anoche (empataron a uno, por sí a alguien le interesa), viramos nuestra atención al epílogo de los fastos de la 14, que aún colean. Ved lo que decía este periodista, en un programa pagado por todos los españoles, sobre la ausencia de Bale en los actos de celebración de la Champions.

—¿Qué ausencia de Bale? —os preguntaréis desconcertados—. Bale estuvo en todos los actos. Lo vi yo mismo/a por televisión.

Creíste, verlo, que no es lo mismo. Aquí te cuenta lo contrario Ángel Nosecuantos, conduciéndonos a la conclusión de siempre: si esta gente trata de engañarnos con lo que podemos verificar con nuestros propios ojos, ¿cuántas veces más lo habrán intentado y quizá conseguido con todo aquello que no podemos comprobar?

Y con este estremecedor episodio de infamia os dejamos hoy.

Pasad un buen día.

¿seguro? pic.twitter.com/sBGLWATbU1

— RNMJ TV Real Madrid (@RNMJ_TV) June 1, 2022

Muchos de ustedes habrán oído en infinidad de ocasiones la expresión “hacer la 13-14”. Proviene de los talleres de automóviles y se aplica, según parece, para tomar el pelo a los aprendices que empiezan a trabajar en los talleres, ya que las llaves de tuercas que allí se emplean tienen distinto calibre en cada extremo (8-9, 10-11, 12-13, 14-15…), pero la llave con un extremo calibre 13 y el otro extremo calibre 14 sencillamente NO EXISTE. La historia es la del patrón pidiendo al mozo la llave 13-14 y el pobre aprendiz volviéndose loco buscando en las cajas de herramientas una llave que no encontrará jamás.

Es la novatada clásica de los talleres, y hoy en día se emplea obviamente para cualquier situación en la que una o varias personas han sido engañadas (“te acaban de hacer la 13-14”) a la hora de comprar algo, o cuando alguien te indica mal aposta una dirección, etc.

Taller juego de llaves

La 13-14 se la acaba de hacer el Real Madrid al Liverpool, sobre todo porque le ganó en Kiev la 13 y le acaba de ganar la 14 en Saint-Denis. ¿Por medio de un engaño? Pues quizás sí, no olvidemos que en cuanto Mo Salah se enteró de que el finalista de la Copa de Europa iba a ser el Madrid y no el City se frotó las manos y proclamó a los cuatro vientos que el Real Madrid era su rival deseado.

Y es que el Madrid, durante toda esta edición de Champions, ha engañado a todos y cada uno de sus rivales, a la prensa patria, a los gurús, a los sabios, a los AIC y a los panenkitas de todo el mundo.

Habrán oído la expresión “hacer la 13-14”. Proviene de los talleres de automóviles y se aplica, según parece, para tomar el pelo a los aprendices, ya que las llaves de tuercas que allí se emplean tienen distinto calibre en cada extremo (8-9, 10-11, 12-13, 14-15…), pero la llave con un extremo calibre 13 y el otro 14 sencillamente NO EXISTE

En todas las eliminatorias, los blancos salían como víctima propiciatoria, y después de cada eliminatoria, el equipo eliminado (y la Corte de Faraón de trompeteros diversos) se lamentaba:

Los tres equipos eliminados sucesivamente, grandes favoritos en las apuestas (más o menos se pagaba el triunfo del Madrid 5 a 1, por 1,50 a 1 la victoria de cualquiera de los otros), clubes dopados de rublos, petrodólares o gas natural, una vez en la lona, seguían pensando que habían sido mucho mejores equipos y, no solo eso, que si volviese a jugar la eliminatoria nos golearían y nos sacarían del campo sin siquiera despeinarse. No olvidemos que también son clubes que se engañan a ellos mismos, ya que creyéndose buenísimos, entre los tres suman dos Champions en su historia y ni el Qatar Saint Germain ni el Abu City han anotado todavía en este prestigioso casillero.

Como verán, estaban equivocados. El Madrid los había engañado a todos, nos había engañado a todos, incluidos a los fervientes seguidores madridistas.

Benzema Donnarumma

Lo mismo que Benzema le había robado la cartera a Donnarumma para el 1-1 del partido de vuelta, o a Édouard Mendy en el 1-3 de la ida en Londres. Lo mismo que Luka Modric, en el momento más delicado de toda la Champions (con un 0-3 en el Bernabéu ante el Chelsea y con un equipo jugando con una defensa de circunstancias, sin Mendy, sin Casemiro, sin Kroos en el campo), engañó a todo el Chelsea y a todo el estadio en el minuto 80 sacando un conejo de su chistera y renovando las esperanzas de todos. Lo mismo que Camavinga y Benzema, en el minuto 89 y con algunos incrédulos abandonando el estadio, que engañaron a Guardiola, a Cancelo y a Ederson para lograr el empate momentáneo que derrumbó la fe del City en pasar a la final ante el Liverpool. Como postre, el propio Karim hizo la 13-14 al gran central portugués Rúben Dias, igual que le había pedido la llave de tuercas imposible de encontrar a Ederson en El Etihad, cuando lo dejó boquiabierto ante el osado Panenka que supuso el 4-3 definitivo en la ida.

Muchos engaños hubo pues en las tres eliminatorias, Pep, por ejemplo, trató de olvidar sus penurias menospreciando la primera competición de clubs del mundo, que sigue siendo la Champions, para ensalzar su nuevo título de Premier League: ahí quiso engañarnos Guardiola a todos, pero no coló. Su club lleva años y cientos de millones libras esterlinas gastadas para ganar una Orejona, y no es capaz de conseguirlo nunca.

El Madrid, durante toda esta edición de Champions, ha engañado a todos y cada uno de sus rivales, a la prensa patria, a los gurús, a los sabios, a los AIC y a los panenkitas de todo el mundo

Faltaba el Liverpool. Club de reconocido pedigrí, 6 Copas de Europa en su zurrón, y, aunque pertenece a un potentado norteamericano, es de los poquísimos clubes (junto a AC Milan y a Bayern de Múnich), que puede mirar de frente al Real Madrid en Europa.

Pero también estaban engañados. No solo por la prepotencia (más la sed de venganza) de Mo Salah, relamiéndose ante las supuestas debilidades defensivas del Madrid (que había encajado la friolera de 11 goles en los 6 partidos anteriores), sino por la supuesta superioridad de todo lo que proviene de la Premier: la mejor liga del mundo, mayor competitividad, ritmo frenético, presión asfixiante, centrales poderosos, laterales voladores de ensueño, técnica exquisita en el centro del campo junto a un incansable esfuerzo y robustez, más el portero titular de Brasil y 3 puñales arriba, con el propio Salah y Mané como futuribles candidatos al Balón de Oro y el colombiano Luis Díaz, capaz de sentar en el banquillo nada menos que a Diego Jota y a Firmino.

Todos, incluido el orgulloso Klopp, más toda la prensa de las islas, de la piel de toro y del resto del globo, veían una victoria (incluso contundente) de los scousers, que querían las cabelleras de los merengues para vengar la afrenta de Kiev.

Klopp final Champions

Y pasó lo que tenía que pasar. Tras una trayectoria más allá de lo épico, teniendo más mérito que los 300 de las Termópilas (bien es cierto que además de los 300 espartanos había en su bando unos 4.000 combatientes más entre tebanos, corintios y arcadios) que derrotaron a los 150.000 persas bajo el mando del rey Jerjes I.

Ancelotti engañó a los Reds con su famoso bloque bajo, o no tan bajo, Carvajal y Mendy se adelantaron bastante y molestaron las subidas de Díaz y de Salah, por ejemplo, y tras los 30 primeros minutos de asedio, se igualaron las fuerzas. Fue una guerra de guerrillas, en la que el viejo zorro italiano vio que había que esperar una oportunidad (el gol anulado a Benzema), o quizás dos (el espléndido gol de Vinicius, del que se habla poco y que fue fruto de una elaboración mágica, ríanse ustedes de la poción mágica del druida Panoramix).

Más Courtois, por supuesto. Y ahí sí que el Madrid no engañó a nadie: Thibault fue decisivo en París (parando el penalti a Messi), ante el Chelsea (su vuelo ante el trallazo de Azpilicueta en Stanford Bridge o su paradón a Havertz en el Bernabéu que suponía un 0-4 casi definitivo), y ante el City, con manos salvadoras (por ejemplo, a tiro mortífero de Fernandinho o la atajada anteriormente citada ante Grealish). Courtois es con diferencia el mejor del mundo y los que no lo sabían estaban muy equivocados.

Courtois parada Liverpool

Y, tras nuevos paradones, destacando uno ante Mané, desviado al poste, y otro ante Salah, tras prodigioso control de este, transcurrieron los minutos hasta que Clément Turpin silbó el final a los 95.

Era la 14. Ya empezaban los lamentos de unos y de otros. Que si 23 tiros, que si 9 paradas, que si el Madrid solo 1 tiro a puerta (gol), al que habría que añadir otro anulado (otro gol)… Sollozos, sesudos analistas hablando del estilo y de la estética y de no se sabe cuántos conceptos más, más propios de las bellas artes (de la escultura, de la música, de la pintura) que del fútbol.

En el fútbol gana el equipo que marca más goles que el otro, por eso es importante también tener un buen portero, que evita los goles del contrario. El Madrid marcó dos aunque el VAR solo dio validez a uno. Suficiente. El Liverpool tiró mucho y marcó poco, concretamente cero goles.

Y así, en esta Champions de nuestras vidas, de la que habrá que seguir hablando años y años, llamada la de las remontadas o la de los milagros o como ustedes deseen, ganó el equipo que la tenía que ganar, al que pusieron delante todos los Sansones, y los Goliaths y los Ursus y los Taurus que había por Europa, y a los que fue derribando uno tras otro, hasta la victoria inapelable final.

Y así llegó la 14. 4 años después de la 13. Y ante el mismo rival. Esta vez no estaba Karius. Estaba el portero bueno (supuestamente, ya que no paró ni una).

Y esta es la historia de la vez en la que el Real Madrid hizo espléndidamente la 13-14 al Liverpool FC.

 

Getty Images.

El Real Madrid ha emitido hoy un comunicado confirmando el fichaje de Antonio Rüdiger por el club. Como recordaréis, ya os lo había adelantado en este artículo hace más de un mes, pero ahora llega la confirmación oficial.

Tal y como os dije, el contrato de Rüdiger será de cuatro temporadas. Termina contrato con el Chelsea, por lo que no hay precio de traspaso entre clubes, pero sí prima de fichaje. Las cifras de prima y salario rondarán lo que os comenté en abril, pero no es lo más importante, sino el hecho de haber fichado a uno de los mejores centrales del mundo.

La contratación era muy necesaria, porque aunque el Madrid concluyó la temporada de manera espectacular, era conveniente reforzar la línea defensiva. El equipo comenzó la campaña con la incógnita de cómo iba a funcionar la pareja Militao-Alaba y por suerte lo hizo de maravilla. Contaba con Nacho como tercer central y cuando tuvo que jugar lo hizo bien. Pero una escuadra como el Madrid necesita más centrales de talento, presencia y altura. Por lo tanto, este refuerzo es espectacular.

Rüdiger es un defensa diestro que suele jugar en el lado izquierdo de la zona central de la zaga. Tiene unas condiciones físicas espectaculares; es el jugador más rápido de la Premier, no solo el central, el jugador. Va muy bien por alto, es bueno en la salida de balón, ganador de duelos, tiene una personalidad imponente que es probable que nos regale escenas realmente curiosas cuando comencemos a verle jugar partidos vestido de blanco. Es, por tanto, un futbolista que mejora al Madrid y le aporta versatilidad.

Su incorporación permite jugar al equipo con línea de tres centrales porque está acostumbrado a hacerlo. Si Ancelotti decide seguir jugando con defensa de cuatro, la llegada de Rüdiger permite utilizar a Alaba en otras posiciones: de lateral izquierdo o centrocampista. Porque la pareja Militao-Rüdiger a priori es un dueto de centrales de total solvencia, aunque siempre es necesario esperar para ver cómo funcionan juntos.

Rüdiger Luis Suárez

Con el fichaje de Rüdiger, el Madrid cuenta con tres de los mejores centrales del mundo: Militao, Alaba y el propio Rüdiger, más Nacho, que sabemos que va a jugar y además que va a jugar bien. Y no solo eso, sino que también puede ocupar el puesto de lateral en ambas bandas. Un lujo contar en la plantilla con un futbolista como Nacho. De modo que el Madrid gozará de una línea defensiva imponente, con calidad y muy física.

Asimismo, Rüdiger es un jugador que no se suele lesionar, esta temporada ha sido muy fiable y apenas se ha perdido partidos por problemas físicos. El Madrid contrata a un futbolista de élite que debilita a un rival directo como el Chelsea y le fortalece a él.

Buenos días, amigos. Ya pensábamos que el Portanálisis de hoy iba a ser otro caminar errante —en sus dos acepciones— por el infecundo páramo de las portadas de un junio sin fútbol de enjundia, cuando hallamos una joya escondida. ¿Dónde? En la franja superior de Sport, mina de estulticia y fuente inagotable de chanzas, carcajadas y parodias.

Portada SportErnest Folch Ernesto

El autor del artículo es Ernest Folch, responsable de otras piezas de humor mayúsculo, verbigracia: “Por qué el Madrid está todavía peor que el Barça”, de esta temporada, ojo. El primer párrafo es una cumbre de la ciencia ficción que solo un cerebro único como el de Folch es capaz de alumbrar. La importancia de llamarse Ernesto.

Ernest Folch

Vamos por partes.

Punto 1: “El Madrid no necesita jugar bien para ganar y el Barça sí”. The first, in the front. Ernesto, en fútbol, jugar bien significa competir de manera que permita obtener la victoria. No hay más. Jugar bien no es dibujar castillos en el aire con el balón, ni realizar dos millones de pases sin crear peligro, ni dar pelotazos a los aficionados rivales, ni llamar mono a los futbolistas mulatos de otros equipos, ni fingir agresiones, penaltis o botellazos.

Punto 2: “El Madrid no necesita tener ninguna ideología futbolística, y el Barça sí”. Ernesto, lo que tú llamas ideología es supremacismo y nacionalismo futbolístico. Por suerte, el Real Madrid es libre, pero entendemos que vosotros os sintáis más cómodos al amparo de la dictadura de un mal llamado estilo.

Ernesto, otra cosa, el que tú no seas capaz de apreciar cómo el Real Madrid, con Ancelotti al frente, dio una lección estratégica al Liverpool que le permitió ganar la decimocuarta Champions League no es culpa de nadie, está muy feo discriminar a los demás por sus capacidades.

Ernesto, que no puedas ver cómo el Madrid desactivó el flanco izquierdo del Liverpool anulando a Thiago y liberando de Fabinho que es un futbolista más lento tampoco es culpa de nadie.

Ernesto, que no te percatases de que el Madrid evitó los desmarques peligrosos de Van Diik precisamente dejándolo solo en tierra de nadie (Benzema se pegó a Vini en la izquierda) para que no tuviera de quién desmarcarse ni a quién fijar sigue sin ser responsabilidad de nadie.

Ernesto, que tus condiciones no te permitan observar que salvo en una ocasión el Madrid evitó las letales diagonales de Salah es una lástima, pero tampoco es culpa de nadie.

Ernesto, tampoco hay que culpabilizarte porque no pudieras observar cómo Modric y Kroos bajaban su posición para ayudar en la salida de balón mientras Carvajal, Mendy y Casemiro se mantenían más altos, ni porque no advirtieras que, de media, cada ataque del Liverpool duró la mitad de lo habitual durante toda la Champions.

Ernesto, para solventarlo, te recomendamos el vídeo en el que Ramón Álvarez de Mon y Marcos López analizan todos estos aspectos.

Punto 3: “El Barça necesita tener el balón y al Madrid le da igual”. Ver punto 1.

Punto 4: “Al Madrid ya le está bien tener siempre el mismo presidente y el Barça necesita pasar por las urnas”. Ernesto, es falso y lo sabes. El presidente del Real Madrid se elige en las urnas, lo que ocurre es que existe un sistema para asegurar que quien se presente pueda responder económicamente de su gestión y después no tenga que dejar el club en manos de terceros ajenos al mismo, como os ha ocurrido a vosotros. Que si quieres bolsa, Barça.

Punto 5: “En el Barca debatimos durante semanas acerca de las palancas y en el Madrid las decide Florentino en una tarde”. Ernesto, lo que llamáis palancas son o bien tratos de favor, es decir, trampas, o la venta del futuro del club a cambio de la comida de hoy. Además, ya quisiera Florentino hacer todo en una tarde. Parece que lo de ser superior ha calado en los culés y lo creéis a pies juntillas.

El artículo de Ernesto sigue, y nada más comenzar el segundo párrafo escribe “catorceava Champions” (sic). Tal vez no tuvo acceso a un buen sistema educativo. Lo lamentamos sinceramente, es un derecho importante y no todos lo disfrutan.

Después, Ernesto reconoce que esa “catorceava” Champions ha sido una inevitable bofetada para el barcelonismo y para la nueva junta del Barça, pero lo mollar, la necedad jocosa se halla en ese primer párrafo glorioso.

Portada Mundo Deportivo

Como Sport hoy no ha realizado el trabajo que le corresponde, es decir, dedicar su portada a un (im)posible fichaje del Barça, Mundo Deportivo ha decidido cubrir a su compañero de fatigas y nos muestra a Lukaku. Dicen que está en la recámara. Ya tiene que ser grande la recámara.

El resto de asuntos de las portadas nos interesan poco: posibles fichajes, la selección, Ansu Fati… y no vamos a tratarlos, porque para escribir sobre según que temas queda patente la importancia de llamarse Ernesto.

Pasad un buen día

Portada Marca Portada As

La inconmensurable alegría que desde hace unos días disfrutamos los madridistas es inversamente proporcional a la honda desazón que los últimos triunfos, y en particular el de la decimocuarta Copa de Europa, han provocado en nuestros incansables antis. Así lo manifiestan sus numerosos y estridentes altavoces mediáticos. Bernabéu, siempre preclaro, ya lo dijo en una de sus citas más recordadas: “El antimadridismo es el precio que hay que pagar por tener más ligas que nadie y más Copas que nadie en Europa”.

Por supuesto, siguiendo exactamente el mismo patrón de todos los grandes y en principio irrefutables éxitos anteriores, jamás se va a reconocer la grandeza del club de fútbol más importante de todos los tiempos, que no es otro que el que más ha ganado. Con este objetivo ha vuelto a ponerse en marcha la maquinaria del fango, en una enloquecida y bochornosa carrera mediática por empañar o desmerecer una gesta que probablemente sea inigualable por mucho tiempo que pase. Contrasta este trato de buena parte de la opinión publicada patria con el reverencial reconocimiento al Real Madrid allende nuestras fronteras, donde sí se rinden a los hechos y no a un compendio de tópicos de mercadillo.

Se suelen resaltan los capítulos en los que el 14 veces campeón de Europa pudo resultar bienaventurado, al tiempo que se ocultan aquellos en los que no lo fue

El repertorio argumental es más conocido que el musical de los vetustos Rolling Stones, que llevan tocando lo mismo y casi en el mismo orden desde hace más de dos décadas. Por un lado tenemos la suerte, la forma más simplista de tratar de explicar algo sin necesidad de ameritar al protagonista. Podemos creer o no en el concepto de fortuna, pero que el mismo equipo tenga tantas veces la fortuna de su lado es estadísticamente imposible. Además de una mentira. ¿Tuvo suerte el Madrid encajando los dos primeros goles en los dos primeros tiros del Chelsea en el partido de vuelta? ¿O cuando le anularon un muy discutible tanto en la final? ¿Quizás con las oportunísimas amarillas que vieron durante los primeros minutos de la ida contra el PSG Casemiro y Mendy, los dos únicos madridistas apercibidos antes de ese encuentro? ¿Se puede considerar afortunado un sorteo que se repitió sin justificación y que emparejó al Madrid consecutivamente con los 4 rivales más fuertes? Se suelen resaltan los capítulos en los que el 14 veces campeón de Europa pudo resultar bienaventurado, al tiempo que se ocultan aquellos en los que no lo fue.

Courtois paradón final

Nunca puede faltar el reproche estilístico. Por suerte, entre el madridismo hay una amplia consciencia de lo que tiene de artificioso y de que el objetivo final es alcanzar el éxito, pudiendo encontrarlo por caminos muy diferentes. Lejos de considerarlo un hándicap, para mí esa falta de dogmatismo coloca al Madrid en mejor disposición para alcanzar una y otra vez la cima. Aquel que se escuda en lo formal y no en lo mollar suele querer ocultar que no ha triunfado en el segundo aspecto. La superioridad futbolística no es otra cosa que acabar por delante en el marcador cuando el árbitro pite el final del partido. El resto, fuegos fatuos. Y sí, puede que para lograrlo necesites la intervención de un gran portero, pero es que al fútbol juegan 11 y uno de ellos (muy importante, además) es el guardameta. Si tu portero hace 9 paradas y el de enfrente ninguna, significa que tú has acertado fichándole y dándole confianza. Resulta además curioso cómo se fiscalizan unos hechos y se glorifican otros muy similares. Quizás muchos no recuerden cuántas veces chutó entre palos el Barcelona en su famoso partido en Stamford Bridge. Exacto, un tiro y en los últimos instantes del choque; el gol de Iniesta. Pero aquello no fue un indigno sometimiento, si no un momento cumbre del fútbol a nivel mundial, según nos han contado.

Al menos esta vez no se apeló al arbitraje como pilar del éxito madridista. No se ha destacado nada de la actuación del colegiado en la final. Cosa muy distinta habría sido si el injusto fuera de juego que impidió el gol de Benzema hubiera sido en el área del Madrid y hubiera acabado con un tanto del Liverpool. Ni rebuscando con tesón, como suelen hacer, han logrado encontrar polémicas que exprimir durante las distintas eliminatorias, así que esta vez no han usado el comodín más manoseado y fraudulento de su baraja.

Quizás muchos no recuerden cuántas veces chutó entre palos el Barcelona en su famoso partido en Stamford Bridge. Exacto, un tiro y en los últimos instantes del choque; el gol de Iniesta. Pero aquello no fue un indigno sometimiento, si no un momento cumbre del fútbol a nivel mundial, según nos han contado

Los antis siguen y seguirán con sus campañas de infundios al más puro estilo de aquello que llevan siglos haciendo muchos historiadores anglosajones con la conquista americana. Estos centran el foco en señalar tropelías españolas, obviando las mucho más sanguinarias del norte (podemos contabilizar descendientes de los autóctonos de los territorios norte y sudamericanos), o los avances en derechos que la hispanidad trajo al territorio donde se implantaron los españoles, que contrastan con los miles de esclavos capturados y explotados en otros territorios. Lo sentimos, la leyenda es blanca (como bien refleja el magnifico documental de Amazon) y permanece impoluta por mucho que la quieran pintar de negro. Aquello que el relato antimadridista lleva sosteniendo desde que yo recuerdo quedó desmentido una vez más por el desarrollo de esta Champions, la historia futbolística más bonita jamás contada.

 

Getty Images.

Seguramente no sea yo la persona más adecuada para escribir una elegía de despedida a don Francisco Alarcón. El isquismo nunca ha estado entre mis tendencias, y me consta que Isco tiene una legión de merecidos admiradores que podrían hacer esta labor mucho mejor que yo.

Entendamos el “isquismo” como sinónimo de esa forma tan peculiar y bailarina con la que Francisco Alarcón se mueve por el campo. A mí con el isquismo me pasa como con los lenguajes de programación que hacen que mi ordenador funcione: que no los entiendo pero me aprovecho de sus resultados.

Admito que a veces me desesperaba ver jugar a Isco, porque yo soy un hombre tosco y sencillo para quien la forma más directa de llegar del punto A al punto B es seguir una línea recta. Pero Isco, para llegar del punto A al B solía pasar por el C, el D, el H, luego volvía al C y finalmente rodeaba el W haciendo piruetas. Menudo viaje, macho, pero, oye: qué gusto daba verlo serpentear de un punto a otro como un destello de luz danzando en la oscuridad. Casi podías oírlo tintinear igual que un cascabel.

Isco taconazo

Con el tiempo llegué a asumir que ver jugar a Isco era algo parecido a viajar en el Transiberiano, donde lo importante no es la celeridad sino disfrutar del trayecto. Asumí también que la “magia” de don Francisco Alarcón es un arcano que está muy por encima de mis conocimientos futbolísticos, que son nulos. Y que tal vez Isco es como ese vino exquisito que solo disfrutan aquellos que tienen un paladar correctamente educado.

En el fondo me acompleja un poco no haber sido isquista. A veces, cuando lo admito en voz alta, me siento como si dijera que prefiero el Whopper con queso al jamón ibérico. Isco es, sin duda, un jamón del bueno, un Cinco Jotas, que es el mismo número de Copas de Europa que se lleva prendidas como campanillas de los cordones de sus botas mágicas.

Muchos de mis amigos que saben de fútbol son isquistas devotos. Para ellos Isco es el fútbol antiguo, el que se jugaba en verano en el descampado usando dos jerséis para marcar la portería. El fútbol de barrio y de rodillas con raspones. El fútbol de los chavales que jugaban no tanto para marcar un gol como para divertirse haciendo malabarismos con el balón, alargando el juego todo lo posible para no tener que volver a casa a hacer los deberes. El fútbol de niñez y nostalgia. Es imposible que yo sea isquista, porque yo a esto del fútbol he llegado bastante tarde, pero comprendo a quien lo sea.

Con el tiempo llegué a asumir que ver jugar a Isco era algo parecido a viajar en el Transiberiano, donde lo importante no es la celeridad sino disfrutar del trayecto

Así pues, escribo de Isco aunque a veces, lo admito, me sacaba de mis casillas en el terreno de juego, y me desesperaba verlo perderse en giros zumbones como si fuera un Harlem Globetrotter. Pero mi falta de empatía con su juego carece de toda importancia. Isco fue, y siempre lo será, uno de los nuestros. Y merece ser despedido con todos los honores, aunque sea por mí.

Se dice, y se dice bien, que ningún jugador está por encima del Madrid, pero no es posible amar al Real Madrid sin antes amar a sus jugadores, pues son los jugadores que no están por encima del Real Madrid los que han logrado que el Real Madrid esté por encima de sus jugadores. No sé si me explico. A lo que me refiero es que no se puede querer al Real Madrid como entelequia, de igual manera que no es posible querer al sistema métrico decimal, por muy útil que este sea. El amor al Madrid se basa en la lealtad y el cariño que todo madridista le debe un grupo de nombres propios que han forjado su leyenda: Bernabéu, Di Stefano, Paco Gento, Emilio Butragueño, Karim Benzema… y, por supuesto, Francisco Alarcón.

Ya que mis conocimientos futbolísticos no me dan para entender a Isco, intento explicármelo a través de mi experiencia como historiador del Arte. Para mí que Isco es picassiano y futurista. Ver a Isco caracolear sobre el césped es como contemplar “Las señoritas de Avignon”: se aprecia que hay Arte, pero no tienes muy claro de para qué sirve todo eso.

Isco artístico

Picasso, que era malagueño igual que Isco, fue uno de los inventores del cubismo. El cubismo pictórico, pretendió, en esencia, captar la totalidad de un objeto tridimensional en un lienzo bidimensional. Picasso quiso superar la representación tradicional del Renacimiento, basada en un único punto de vista, y pintó personas y objetos desde todas las perspectivas posibles, en única imagen que los mostrara al mismo tiempo de frente, de perfil, por delante, por detrás… Por eso las señoras de Picasso tienen un ojo encima del otro y las narices en sitios raros.

Cuando Isco danzaba por el campo también parecía como si quisiera romper la perspectiva tradicional. Giraba de formas imposibles, atravesando dimensiones de arriba, de abajo, de frente y de perfil; deconstruyéndose en requiebros alucinantes que dejaban al contrario sumido en un estado de profunda confusión mental.

Pero Isco no solo es picassiano, también es futurista. El escultor Umberto Boccioni, contemporáneo a Picasso, fue uno de los creadores de la vanguardia del futurismo. En 1913 Boccioni realizó la que, a mi modesto juicio, es una de las esculturas más fascinantes de la Historia del Arte: “Formas únicas de continuidad en el espacio”, que se exhibe en MOMA de Nueva York y que es, en realidad, una estatua de Isco Alarcón.

Querido Isco, gracias de corazón por haber dedicado nueve años de tu vida a hacernos felices a los madridistas. Deseo con toda el alma que todo lo que nos has dado te lo compense el futuro con creces

Dicen los expertos que Boccioni trató de captar la cinética de un cuerpo en movimiento que se expande hacia la totalidad del espacio que lo rodea, pretendiendo captar en una sola figura las distintas fases de un cuerpo en carrera. Toma nísperos. A mí me da que Boccioni contempló a Isco danzando en el área del Bernabéu, quedó absolutamente hipnotizado y regresó corriendo a su taller para tratar de inmortalizar lo que acababan de ver sus ojos. Le dio vergüenza llamar a la escultura “Retrato de Don Francisco Alarcón haciendo magia en el Bernabéu” y se le ocurrió lo de “Formas únicas de continuidad en el espacio”.

Después, agotado, Boccioni ingresó voluntariamente en un sanatorio mental donde pasó el resto de su vida viendo en bucle el partido de la Supercopa de Europa de 2017. Aquel día don Francisco Alarcón volvió completamente majaras a los defensas del Manchester United, regateando a través de dimensiones más allá de la comprensión humana, y marcó un gol que merecería toda una vanguardia artística para explicarlo en su plenitud.

Yo, como Boccioni, no entiendo a Isco, pero le tengo mucho cariño porque me ha hecho muy feliz defendiendo los colores del Real Madrid. Así que voy a rematar este artículo de forma simple y sencilla, para que esta vez se me entienda sin asomo de dudas.

Querido Isco, gracias de corazón por haber dedicado nueve años de tu vida a hacernos felices a los madridistas. Deseo con toda el alma que todo lo que nos has dado te lo compense el futuro con creces.

Fuiste, eres, y siempre serás nuestro genio loco de corazón blanco.

Isco reverencia

Getty Images.

spotify linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram