Buenos días, queridos niños. Cuelguen los abrigos de las perchas y depongan los tirachinas. Hoy vamos a explicar la coma del vocativo. Silencio, Reboredo. Peromarta, deje en paz a su compañera. La enseñanza de hoy es crucial para sus vidas, especialmente si lo que se proponen hacer con ellas es acabar confeccionando portadas de periódico.
Empecemos por el principio: ¿qué es un vocativo?, se preguntarán anhelantes. Sanmillán y Estellés, si tienen algo tan divertido que contar, ¿por qué no nos lo cuentan a los demás también? Un vocativo es un llamado o nombramiento que se le hace a alguien para decirle algo o, simplemente, para darle una orden. Entre el vocativo (que es el nombre, pronombre o tratamiento referido a la persona a la cual nos dirigimos) y el enunciado o la orden que se le da a esa persona, se debe marcar una pausa, en lo oral; pero, en la escritura, esa pausa se debe ir marcada por medio de la coma. El objetivo del vocativo es llamar la atención del oyente o del lector y con un pronunciamiento dirigirse a él. Los vocativos pueden ir al inicio, en el medio o al final del enunciado.
Ejemplos:
—Silencio, Reboredo (sirva como ejemplo de la coma del vocativo pero también para que se calle, Reboredo).
—Peromarta, deje en paz a su compañera (misma dualidad de funciones).
—Todo OK, José Luis (vocativo al final).
—Sandro, ¿qué más quieres que te dé? (vocativo al principio).
—Este premio, Jaume, se lo vamos a dar a Gavi que para eso patrocinas la gala (vocativo en medio de la frase y por supuesto entre comas).
Si se evita la coma del vocativo, aparte de atentar contra una norma muy elemental que no cuesta nada cumplir, se puede dar pie a equívocos evitables.
El ejemplo nos viene pintiparado. No es lo mismo "Ansu, te toca" que "Ansu te toca" (con o sin exclamación, eso da igual; con o sin cambio de color, eso también da igual). Sport ha optado por lo segundo, desatando una tormenta de dudas sumamente incómodas. Hay ambigüedades que sería mejor soslayar, y la coma del vocativo (Dios la bendiga) sirve para sortearlas. Como Sport renuncia a ella, la duda campea en todo lo alto a esta hora de la mañana.
Yo, como lector de Sport (es un decir), me siento inevitablemente alarmado al leer un titular de ese calibre. Al no haber coma del vocativo, entiendo que el titular me tutea y me apela a mí, mientras que si hubieran observado la necesidad de la coma (Ansu, te toca) el interpelado sería Ansu Fati.
Pero no. No hay coma y por tanto debo interpretar, como lector o apenas como persona que se asoma a esa portada, que Ansu Fati me toca. A mí.
¿Cómo es esto posible sin que yo, que soy el máximo interesado, me haya apercibido de ello? ¿Qué clase de somníferos me habrá suministrado Ansu en algún descuido para llevar a efecto sus deseos sin que yo ahora pueda recordar nada? Porque yo nada recuerdo pese a la insistencia de Sport: "Ansu ¡te toca!" ¿Cuándo? ¿Cuánto? ¿Con qué frecuencia? ¿Por dónde? La zozobra me domina. Entiendo, al ser yo ajeno a tan aberrante realidad, que Ansu lo hace contra mi voluntad. ¿Usará Ansu Fati en mi contra la temida burundanga?
Bien que me cuesta creer algo semejante en un chico que, por lo demás, tiene una imagen pública ejemplar. Sin embargo, Sport insiste y me apremia en la revelación con signos de exclamación de apertura y cierre. "Ansu ¡te toca!" No me toque más, señor Fati.
Hay que decir que la fotografía parece indicar cierto dolor de los pecados y propósito de la enmienda por parte del joven y talentoso delantero culé, que junta las manos en señal de petición de disculpas. Hombre, Ansu, yo te puedo perdonar si me aseguras que no vas a volver a hacerlo. El que utilices en mi contra la burundanga, además, me hace pensar que habéis podido estar usándola también para someter la voluntad de esos colegiados que solo os pitaron un penalti en contra a lo largo de dos ejercicios y medio de competición, o que nunca expulsaron a Luis Suárez.
Otra opción es que Sport considere que es el turno de Ansu Fati ha llegado (para lo que sea, entendemos que para jugar al fútbol) pero se haya olvidado de poner la coma del vocativo, o bien que no la haya puesto porque no lo ha estimado oportuno.
Y esta es la enseñanza de hoy, queridos niños (¿veis?: con coma separando lo que os queremos decir del modo en que nos dirigimos a vosotros). Pueden todos salir al recreo, excepto Sanmillán y Estellés que están castigados.
El cuadro ilicitano tiene nuevo técnico desde una semana con la llegada del argentino Jorge Almirón, que ya conoce la casa del conjunto franjiverde. La cara del equipo mejoró notablemente en Valencia y bien pudo ganar en Mestalla de no haber cometido un error flagrante el trencilla Pulido Santana, que anuló el 2-3 de Nico Fernández después de no interpretar bien la ley de la ventaja. El técnico puede jugar tanto un clásico 1-4-4-2 como un 1-5-2-1-2. Parece que esta última es la opción que gana enteros para medirse a los blancos. Aunque hay incertidumbre en varios puestos, el once puede ser el formado por Badía en portería, Josan y Clerc como carrileros, Palacios, Roco y Bigas centrales, Gumbau-Mascarell el doble pivote, Collado de enganche y arriba Lucas Boyé y Pere Milla.
Con Almirón no se esperaba una presión muy intensa ni agresiva en campo contrario. Aunque dispondrá de dos delanteros bastante pegajosos, pestosos, batalladores y trabajadores que tratarán de incomodar la salida del balón madridista cuando se aproximen a su zona. Lo plausible es que el entrenador del cuadro ilicitano apueste por un equipo en bloque medio-bajo que esperará en su campo al Real Madrid e intentará minimizar y cortocircuitar la circulación de balón visitante con muchas ayudas y sobre todo agresividad a la hora del robo a diez-veinte metros de la frontal de su área. Un equipo que juntará mucho las líneas, se hará un conjunto muy estrecho, realizará coberturas y dos para uno en la banda (sobre todo en la de Vinicius) y que tendrá como consigna fundamental ser compactos, sólidos y expeditivos en todo el sistema defensivo.
El apartado de la salida del cuero en los ilicitanos se caracteriza por la eficacia. No tratan de buscar un estilo atractivo desde el punto de vista estético, sino que lo importante es conectar la defensa con la delantera, ya sea de forma directa o enganchando con la media. Si no salta al césped Verdú, serán el chileno Roco o el zurdo Pedro Bigas los encargados de dar el primer pase a Mascarell o Gumbau para elaborar las jugadas. El excanterano merengue tiene buena capacidad de distribución en corto y en largo a lo que hay que sumar su despliegue físico y labor de contención. Mientras que el jugador criado en el Barça tiene precisión con su pierna izquierda con pases tensos y fuertes que pueden batir líneas. Por último, siempre está el recurso de Lucas Boyé. El argentino es un delantero tanque, con un físico portentoso, que baja muy bien los balones, los protege ante los centrales y tiene calidad para girar y encarar puerta o abrir hacia los costados. Los pupilos de Ancelotti tienen una magnífica ocasión de robar balones arriba si presionan fuerte y con constancia a los defensas. En esta Liga, con Roco a la cabeza, ya han cometido varios errores en la salida que les ha costado goles y puntos.
El peor equipo de la Liga. Es la estadística más rotunda que tiene el Elche y que lo llevará de cabeza al pozo de Segunda si no mejoran. Los ilicitanos son el conjunto más goleado con 21 tantos encajados y a una distancia importante del segundo que es el Cádiz con cuatro dianas menos. Aquel equipo de Escribá que tuvo momentos de cierta fiabilidad atrás ha desaparecido y con Francisco tampoco fue de las mejores virtudes del plantel. Almirón va a pedir un trabajo colectivo, sacrificado y efectivo para salvaguardar su puerta. Las estadísticas indican que si el Elche recibe un gol, tiene enormes opciones de no sacar ningún punto y caer derrotado. Por ello solo ha sumado tres hasta ahora en otros tantos empates. Hasta la fecha han recibido goles en el Martínez Valero en todos los encuentros, destacando los cuatro del Athletic Club en la jornada 5. Su bagaje son cuatro encuentros con dos empates y dos derrotas. Para finalizar, otras estadísticas aclaratorias del nivel actual del Elche atrás son que es el equipo más goles ha encajado en su propio área y es el primero también en el ranking de más disparos recibidos.
El Elche cambia de ritmo cuando pasa el mediocampo y se convierte en un equipo que construye sus ataques de forma rápida y con pocos toques. Los delanteros son bastante directos en sus combinaciones y buscan la verticalidad para llegar cuanto antes a puerta. Las bandas son un aspecto clave para el Elche, aunque la baja de Fidel es importante en sus esquemas. Josan y Clerc despuntan por velocidad, pero les cuesta más con el balón en los pies. Sus ataques se van a basar en contragolpes directos, rápidos y verticales. Buscarán la rapidez y sorprender al Madrid si no está bien colocado tras alguna acción ofensiva. El lanzador será Collado, con buena visión y calidad en el pase. El futbolista cedido por el Barça conectará con un Boye espléndido para aguantar las posesiones y descargar al jugador que viene de cara o un Pere Milla que es inteligente, sabe moverse muy bien y lleva varios meses con el punto de mira afinado de cara a puerta. En las jugadas de estrategia van a ser un equipo peligroso porque cuentan con un número importante de efectivos con posibilidades de rematar de cabeza, desde centrales Roco y Bigas, a Mascarell, y los dos delanteros. Si el partido es cerrado, se puede decidir en detalles así.
No es un equipo el Elche que enamore por su estilo ni sea muy divertido y placentero de ver. Almirón tratará de construir un cuadro rocoso atrás, equilibrado, con mucho rigor táctico, buena colocación de todas sus piezas y que se lance al ataque de forma rápida, vertical e imprimiendo velocidad al balón. Al argentino le gusta más jugar el esférico y la posesión que a su antecesor Francisco pero en partidos frente a grandes rivales buscarán ser más prácticos y eficaces. En estas primeras jornadas se ha caracterizado, además, por ser una escuadra bastante dura y fuerte en las entradas. Interrumpen y paran mucho el juego para evitar que el rival profundice. Es el segundo equipo con más amarillas (36), solo por detrás del Mallorca, y también acumula tres rojas. Es el colista, no conoce la victoria en Liga y el margen de mejora es amplio. Es un partido peligroso para el Real Madrid porque algún día el Elche tendrá que ganar su primer encuentro, es un duelo entre semana que puede despistar y el conjunto merengue viene de celebración por la victoria en el Clásico y la gala del Balón de Oro.
Lucas Boyé es el jugador decisivo de los ilicitanos y Almirón quiere que regrese al nivel de la primera vuelta de la temporada pasada. Regresa por sanción después de perderse la contienda frente al Valencia y lo cierto es que contra el Real Madrid juega bastante bien tanto en casa como en el Bernabéu. Es un futbolista diferencial en el cuadro franjiverde aunque sigue acusando falta de gol, lo que le castiga para dar el salto a un equipo que dispute competición europea. El argentino es un nueve más de otros tiempos por sus movimientos y su estilo de juego. Es un delantero incómodo para los defensas porque cuerpea y lucha con ellos a la perfección, los saca de zona y suele ganar los balones divididos, por arriba es magnífico, utiliza su corpachón para jugar de espaldas y es sumamente complicado arrebatarle el esférico. Además, tiene zancada en carrera y es bastante hábil en espacios reducidos donde puede regatear con peligro.
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Muchos jugadores han convivido con problemas discales y han tenido carreras de gran éxito a pesar de los mismos, porque muy frecuentemente son trastornos leves y de evolución lenta. Es posible que le siga afectando, y también lo es que, después de este parón, no vuelva a darle problemas hasta más allá de su carrera deportiva
La causa más común de la ciatalgia es la discopatía, que puede variar “desde una hernia a una pequeña protrusión, que quizá sea el caso de Thibaut. El inconveniente básico de las discopatías es que no se curan. De hecho, son degenerativas. Sin embargo, muchos jugadores han convivido con problemas discales y han tenido carreras de gran éxito a pesar de los mismos, porque muy frecuentemente son trastornos leves y de evolución lenta. Es posible que le siga afectando, no de forma continua pero sí recurrente, y también lo es que, después de este parón, no vuelva a darle problemas hasta más allá del fin de su carrera deportiva. El mero hecho de que haya habido dudas respecto a la posibilidad de que jugara el Clásico parece indicar que, caso de ser una discopatía, no es una discopatía severa".
¿Quién era esa mujer con la que posaba? ¿Quién es su agente? ¿Y su esposa? ¡Pero si tiene un hijo! ¿Cuál es su sueldo? Estas son muchas de las preguntas y expresiones que se escucharon en casas de medio mundo. El padre de Messi, la madre de Mbappé, el padre de Haaland, la mujer de Cristiano… Todo eso se sabe. Pero ¿quién es la madre de Benzema?
Llegó aquel loco verano asomando su tímida sonrisa por las rendijas de las sombras de Cristiano y Kaká. Tenía esa pinta de acabar en 2016 en el Trabzonspor tras unos años de fiesta con Özil, pero no fue así. Quisieron sentarle por Morata, incluso por Mariano; le insultaron y se rieron. “Está muerto” o “Benze-ná” tituló el MARCA. “Hasta marcó Benzema“, se jactó el AS. El perro y el gato, decían.
Hoy toca sacar a pasear al paredón.
Ayer ganó uno de los nuestros y lo celebramos. Pero hay algunos que los celebramos un poco más que los otros. Mañana en el bar, en el trabajo o en el ascensor uno mirará al otro y le dirá tras trece años de certeza escondida: “Nunca creíste”.
Este artículo no pretende ser oportunista, ni usar el retroscopio con tibieza. No pretendo acusar con soberbia. Simplemente quiero señalar con justicia. Como Moisés tras bajar del monte Sinaí y encontrar a la turba de israelitas festejando. Os señalo. Hoy rompo las Tablas de la Ley sobre vuestro becerro de oro. Madridistas que nunca creísteis en Karim Benzema: este es el artículo que todos los benzemistas estaban esperando.
No haber creído en Benzema es como haber dudado del exterior de Modric, del pase en largo de Kroos o del tackle de Casemiro. Habéis estado ciegos, una ceguera estimulada por sus idas y venidas con la justicia, por su falta de gol en sus comienzos o, simplemente, porque no hay más ciego que el que no quiere ver. Año tras año Karim os mostraba la patita para que reconocieseis los valores que albergaba un jugador legendario. Sí, legendario. Uno de los cinco o seis mejores de la Historia del Real Madrid.
Los creyentes nos fuimos asentando en una fe inusitada por un jugador carismático pero también en unos hechos de alto valor que otros decidieron ignorar. El primer aviso fue observar a una estrella joven francesa asumiendo estar en el banquillo sin rechistar, sin mover a ningún periodista. Lo siguiente fue comprobar que nadie sabía quién era su agente, su familia o su novia. Un chico que cuidaba su entorno. Otro aviso más fue el cariño que despertaba en el Presidente, sus entrenadores y compañeros. Cristiano siempre lo quiso a su lado. También constatar que todos, absolutamente todos sus entrenadores terminaban dándole la titularidad. Pero el mayor de los indicios fue comprobar cómo aceptaba un rol de papel secundario con una solidaridad inusitada y sin un atisbo de revuelta. Ningún rumor veraniego, ninguna falsa oferta. Renovaciones silenciosas sin salarios desorbitados. Trabajo por y para el equipo. Y muchos madridistas ciegos. “Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”.
Benzema lleva cuatro renovaciones en trece años en el club. Cuatro en trece años.
Corren tiempos de Mbappés presidiendo clubes, Messis arruinando estados independentistas, Joaos Félix furiosos o Haalands haciendo documentales sobre las puntuaciones que le pone su padre a los clubes pretendientes. Los Renés Ramos echan órdagos y los Cristianos Ronaldos solicitan que les pagues la multa de Hacienda. Un ejemplo curioso es el de Asensio. Empezó a recibir críticas, mucho menos duras, a la misma edad que Karim y ha terminado contratando a Jorge Mendes.
El agente de Karim Benzema se llama Karim Djaziri. Ni idea, ¿verdad?
Lo fácil era apoyar a Cristiano o a algún canterano, pero los verdaderos benzemistas lo apoyamos en sus momentos más débiles. Su trayectoria no ha sido perfecta y seguramente apuntaba a quedarse en el camino. Es uno de los jugadores a los que más piedras se puso, piedras que superó a base de silencio, trabajo y perfil bajo. Ese perfil que nos dejará como su gran legado: ahora los más jóvenes saben que si trabajas como Karim podrás llegar hasta donde quieras en el club blanco. La filosofía de Benzema quedará grabada en las paredes del Bernabéu y eso no hay oro en el mundo que lo pueda pagar.
Por cierto, la madre de Benzema se llama Wahida Djebbara.
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Al fichar Benzema por el Madrid, en julio del año 2009, se dijo que al Bernabéu llegaba un híbrido de Ronaldo Nazario y Zinedine Zidane. Cuando Florentino lo sacó de la mano al medio del escenario más grande del mundo, el Bernabéu, que ya se había llenado para saludar las llegadas dionisíacas de Kaká y de Cristiano Ronaldo, tuvo delante a un niño tímido con el pelo cortado como un recluta que lucía un arañazo de gato en el flequillo. Había algo distinto en él. Tenía el 11 en el dorsal y eso hacía pensar inevitablemente en Gento, en un carrilero, un jugador de banda. Pero venía para jugar arriba, en punta. Había algo de confusión en torno a él y también algo de apolíneo, de mesurado, estético. Aquel chaval francés no hablaba ni papa de español y balbució serio un Hala Madrid que sin embargo retumbó en cada piedra del estadio, dejando un eco que han amplificado los años hasta elevar su nota hacia el infinito. Alto y con un punto desgarbado, Benzema se inclinaba sobre el atril al hablar, las manos a la espalda igual que un chico bien criado. Florentino lo miraba orgulloso, como un padre. Di Stéfano, como un abuelo. Después se besó el escudo y abrió las manos con un gesto de amplitud universal, un gesto cristiano, eucarístico, de acción de gracias y de promesa de redención. Yo estaba en segundo de carrera y lo recuerdo como si aquella memoria perteneciera a otra persona, no a mí. Desde aquel lugar tan lejano, una marquesina del metro en la parada de otra vida, Benzema nos ha acompañado a todos y todos lo hemos acompañado a él a lo largo de este camino extraordinario. Todos nos hemos hecho hombres al mismo tiempo, él dentro del escaparate, nosotros caminando por la acera, desde fuera.
Como suele pasar, que su manera de moverse en el campo y de jugar evocar a Ronaldo y a Zidane comenzó a pesarle. Perjudicó su crecimiento, al principio. El madridismo es una imaginería, todo lo nuevo debe acoplarse a una referencia, y las referencias de Benzema eran poderosísimas. Su timidez fue confundida con la frialdad, y la frialdad es uno de los pecados que en el Madrid no se perdonan. Pero Benzema no era frío, sino un poeta al que habían tirado en paracaídas en medio de una guerra.
Benzema nos ha acompañado a todos y todos lo hemos acompañado a él a lo largo de este camino extraordinario. Todos nos hemos hecho hombres al mismo tiempo, él dentro del escaparate, nosotros caminando por la acera, desde fuera
En él había una sensibilidad lorquiana que estaba por romper. Los dolores del parto duraron mucho, pero el futbolista que nació después fue majestuoso, una leyenda, no sólo del Madrid, sino del juego. Ya lo es, eso no se lo va a quitar nadie, nunca, el Balón de Oro no lo cambia, no es siquiera importante. Pero el Balón de Oro nos regala a todos un cromo que guardar con cariño para siempre, una fotografía con la que fijar la sonrisa de un momento particular y que enseñar a las visitas cuando seamos muy viejos y regresemos al pasado cada vez con más asiduidad, a medida que el presente se ennegrezca. Karim Mustafá, de Bron, un arrabal violento de Lyon, sexto de los nueve hijos de un matrimonio de beurer argelinos, tenía dentro una fuente inagotable de “fútbol estrecho” callejero, cuya sintaxis es orfebrería aprendida de memoria en esas tardes interminables de la infancia gastando la suela de las zapatillas en las pistas largas y angostas de adoquines rojos. Eran aquellas las pistas donde los hijos de la inmigración norteafricana jugaban al futbito entre torres de viviendas baratas, blancas y desconchadas. Desde esas ventanas el mundo se mira con miedo y curiosidad, la vida está altísima, da vértigo, y al mismo tiempo se queda dentro un libro con el que descifrarla, un mapa escrito en un idioma que luego con los años sólo lo puede entender uno.
Benzema tuvo que aprender, darse cuenta del sitio al que había llegado. En el Madrid no se podía “sólo” jugar al fútbol porque si el fútbol es el mundo concentrado, el Madrid es el tuétano de la existencia, de la vida misma. De repente, ese futuro con el que soñaba cuando perseguía balones duros y remendados a través de un bosque de piernas ávidas, en el barrio, apareció de verdad. Un foco enorme lo estaba enfocando. Le costó entrar. El resplandor de la camiseta blanca lo atrapó de niño, cuando conoció por la tele la posibilidad de un mundo mejor, de una vida mejor. Entendió qué era el Madrid y recordó qué era, para él, el fútbol: “una emoción”. Benzema llevaba dentro lo que Pasolini definió como el “fútbol de la poesía”. Aquí, el gol, que es el momento de la ineluctabilidad donde se trastocan las normas de lo cotidiano, viene precedido de la emoción del “dribling”, que para Pasolini era una cosa propia de los brasileños, los “mejores dribladores y goleadores del mundo”. Aquí están ya Brasil, es decir Ronaldo, y Francia, o sea, Zidane. La Francia mestiza y musulmana, sufí, norteafricana y coránica, mediterránea. Benzema es una vasija en la que cinco mil años de civilización han vertido un líquido lustral refinado, un óleo santo, asoleado con siglos de mezcla, oración y cambio. Su carrera en el Madrid ha sido un proceso, con idas y vueltas, con algunos tropiezos, pero en general progresivo, ascendente, del dribble al goal, una lucha por conjugar la causa con la consecuencia. Una transformación desde el mediapunta o trescuartista espiritual al matador, al finalizador, al concluyente. Sin marcar, sin meter goles, el proceso orgánico, colectivo, que es el trabajo de un equipo, se queda inacabado, incompleto, carece de sentido. Por el camino, Benzema, además, se ha convertido en un líder, en un caudillo.
Benzema, como todos los poetas, descubre la sensualidad femenina del Madrid. Lo que otrora era pundonor, casta, sudor, coraje, todos esos nombres viriles, machos, Benzema los suaviza, los pule, los encanta con una seducción pura de hembra alfa. El nombre de Madrid viene de la arabización de matriz, que en latín era matrix, como la película. Tiene que ver directamente con mater, madre, porque matrix era para los romanos la cavidad femenina donde se engendra la vida. La etimología de Benzema es tan antigua como el nombre de una ciudad en cuyo origen está la fuente, el agua, el arroyo, que es la savia de la que se nutre la existencia. La tradición islámica venera el agua porque es el murmullo que acoge el ser. Quizá por eso driblar viene del drip nórdico, que es gotear. La gota de agua concentra todo el universo, algo que ya sabía el poeta mucho antes de que lo confirmara el microbiólogo. Todo el universo estaba en el tobillo de seda y en la visión lateral de Benzema incluso cuando por delante de él se prefería a, por otra parte, estupendos delanteros centros, goleadores como Higuaín o Adebayor. Como Benzema es la síntesis de un fútbol nuevo, de un fútbol moderno que hace diez años sólo era un pensamiento, algo que nacía, la opinión pública seguía quedándose con los moldes tradicionales. A la sombra monstruosa de Cristiano Ronaldo y de Leo Messi, que son las bombas atómicas que destruyeron lo viejo y lo fumigaron todo, creció en un silencio conventual la imaginación desbordante y la música profunda de Benzema, al que es posible rastrear también en Henry, en Bergkamp, en Batistuta o en Vieri, todos antecedentes, precursores de un acercamiento nuevo al fenómeno del gol que en Benzema cuajó definitivamente con la plenitud de los grandes acontecimientos. Lo beduino imbricado con lo tropical, con lo caribeño, que ha dado lugar a una zarza ardiente que no tiene una geometría fija, sino cambiante, como los noventa y nueve nombres de Alá. Para los millennial, Benzema es ver que lo que jugábamos en la Play podía ser verdad, mejor aún, que la realidad seguía superando a la ficción: la jugada del Calderón, aquella fantasía, ningún algoritmo, ninguna máquina, ni la supercomputadora Deep Blue que derrotó a Kasparov, podía haberla previsto, podía siquiera contemplarla.
A la sombra monstruosa de Cristiano Ronaldo y de Leo Messi, que son las bombas atómicas que destruyeron lo viejo y lo fumigaron todo, creció en un silencio conventual la imaginación desbordante y la música profunda de Benzema, al que es posible rastrear también en Henry, en Bergkamp
Benzema se transfiguró en patriarca cuando el Madrid de los Jerarcas se desmoronó abruptamente en el verano de 2018. Sin Zidane y sin Cristiano Ronaldo, que fueron sus dos mentores en Chamartín, los dos hombres más influyentes en su crecimiento como futbolista y como individuo, Benzema ocupó el lugar del padre. Asumió la responsabilidad, en sentido amplio. Su combate a muerte contra la mediocridad y contra el abatimiento tomó una dimensión moral, ética. Benzema no sólo se negó a rendirse, sino que se negó a negarse, a ser negado. Adelgazó, su rostro adquirió el relieve de piedra de la Kaaba, mutó en un derviche, empezó a girar y a danzar en torno a la muerte, esquivándola, embrujándola, postergando su efecto demoledor, dando hálito y esperanza a los que venían detrás. Se convirtió en un jerarca, en el más grande de entre los jerarcas. Empezó a definir por sí mismo un momento, un Real Madrid. Cuando eso pasa es cuando se puede decir que alguien alcanza la verdadera grandeza: el Real Madrid de Benzema, que es el que ha ganado la última Copa de Europa, quedará para siempre como un alegato insuperable contra la vulgaridad, como un himno a la emoción y al sentimiento que tiene que movernos cada día fuera de la cama.
La estética de Benzema es inconfundible desde el principio de su carrera. Ahora es una categoría moral, el manto bordado de una virgen sevillana: un ejemplo de la belleza inasible a la que es capaz de elevarse el ser humano en la Tierra. Es la estética del duende, que es ese genio inconfundible y espontáneo que sale de la intuición y no del pensamiento, como sabía Lorca. La intuición es un reflejo genético, obra de la forja incansable de las generaciones y de los siglos. Se tiene o no se tiene y además, hay que trabajarla. La ética profesional de Benzema, estimulada por el ejemplo de Cristiano, le ha puesto en el brazo, corriendo el tiempo, el brazalete de capitán. Es la ética vieja de Chamartín, en la que el esfuerzo no se negocia. Como es una verdad suprema eso que dijo una vez de que él “juega para los que saben de fútbol”, Benzema ha ejercido de misión pedagógica en el madridismo y en toda España, enseñando que este juego puede ser como la tauromaquia, en el mismo grado, un arte efímero, y por ello de un valor incalculable, pues sus obras son esculturas de hielo, pinceladas en el aire que ocurren y se van para siempre, dejando el poso en la memoria del que tiene la suerte de contemplarlas. Lidia, pundonor y arte, devolviendo al fútbol a su lugar entre las disciplinas olímpicas que inventaron los griegos al principio de los tiempos, inseparables del ritual, pues estaban todas consagradas a los dioses.
La ética profesional de Benzema, estimulada por el ejemplo de Cristiano, le ha puesto en el brazo, corriendo el tiempo, el brazalete de capitán. Es la ética vieja de Chamartín, en la que el esfuerzo no se negocia. Como es una verdad suprema eso que dijo una vez de que él “juega para los que saben de fútbol”, Benzema ha ejercido de misión pedagógica en el madridismo y en toda España, enseñando que este juego puede ser como la tauromaquia, en el mismo grado, un arte efímero, y por ello de un valor incalculable
Benzema juega con los “sonidos negros” que con “el misterio, las raíces que se clavan en el limo que todos conocemos, que todos ignoramos, pero de donde nos llega lo que es sustancial en el arte”, que es como lo describía Lorca en su Teoría y juego del duende. Benzema juega con un poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo es capaz de explicar. La cinética del fútbol de Benzema siempre está orientada a la utilidad, a la búsqueda del objetivo. No es barroca, no se repite a sí misma, por eso siempre es nueva: cada movimiento se dirige al gol, es un camino para buscar a Dios que empieza en “las últimas habitaciones de la sangre”. Guía, regala, defiende, evita y conduce. La plástica de su fútbol no está vacía y concibe el balón y el espacio como un todo que sirve al jugador, del que el jugador ha de servirse además, en cualquier parte del terreno de juego. Es una forma de defenderse cuando el rival es superior y es una forma de contener, de respirar y de descansar. El Madrid está acosado por el contrario, como un búfalo herido en mitad de la llanura africana al que muerden los tobillos un enjambre de leonas hambrientas: pues Benzema la pisa, la para, se paran todos a su alrededor, gira sobre sí mismo, baila en un metro cuadrado, se desliza sobre el suelo como la aguja de una costurera por la tela rasa y de repente se abren espacios que antes no estaban allí. Inventa, crea, desdobla la realidad visible. Para los griegos antiguos la plástica era el arte de modelar, de darle forma a la materia dúctil, y con Benzema el Madrid ha modelado en todo este tiempo un fútbol ético y estético con el que se ha traído de Barcelona (adonde se había llevado el cruyffismo al númen del balompié universal) la belleza de los campos de fútbol. El Balón de Oro, como digo, no viene a decir nada nuevo, pero sí que lo ensalza de manera definitiva, de manera mundial, global. Lo reconoce, por fin, para todo el mundo.
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Buenos días. Se cumplieron los pronósticos. Karim Benzema ganó el Balón de Oro, y no por esperada deja la noticia de procurarnos una inmensa alegría, porque queremos a Karim y sabemos lo feliz que esto le hace. No por esperada la noticia, decimos, y no porque los premios individuales deban importar mucho en un deporte eminentemente colectivo como es el fútbol, y en el cual los premios que cuentan son los títulos que se ganan de manera objetiva sobre el césped, ni más ni menos.
La lástima es que todo el gozo por Karim -y por Courtois, que recibió el premio Yashin al mejor guardameta- tuviera que quedar empañado por la más ominosa designación que jamás se haya visto en una gala deportiva, sea de la disciplina que sea. Nadie recordaba que había un premio al mejor club del año -en la última edición ya se concedió: al Chelsea como campeón de Europa, o sea, lo lógico-, y en esta ocasión el galardón recayó sobre el Manchester City, quedando el Liverpool segundo y el Real Madrid tercero, todo ello después de la temporada en la que los blancos han asombrado al planeta ganando la mejor Champions de la historia, amén de la Liga local.
El premio recayó en el City, sí, y la vergüenza en el Balón de Oro.
Marca y As celebran con toda justicia la distinción a Karim. Marca titula “De justicia y oro”, otorgando el mismo espacio a Benzema y Alexia Putellas, que para eso somos el periódico de todas las aficiones y de todos los géneros, no sabemos si en este orden. Pero lo de la “justicia” viene matizado por la propia portada, cuando el rotativo madrileño muestra su incredulidad ante la concesión a los de Pep de ese premio colectivo que constituye una afrenta pública al Real Madrid, una burla grotesca, una aberración manifiesta. Si creas un premio colectivo se lo tienes que dar al Real Madrid. Es algo que rebasa el ámbito de la opinión y entra en el de los hechos. Por eso Marca sentencia: “¡De risa! ¡El City mejor equipo y los blancos terceros!”
La organización del certamen debe aportar con urgencia una explicación a este desmán. No lo harán porque no hay explicación más allá de la arbitrariedad y el odio institucional al Real Madrid, así como la rabia por todos sus éxitos. A Benzema y Courtois se lo han dado porque no había otra, pero en todo lo demás han ido a intentar humillar a la entidad vikinga. Se fue preparando el terreno con la desatinada posición final de Modric y (sobre todo) Vinicius en la lista de premiados, y se culminó con ese oprobioso premio colectivo. Cuídense, señores del Balón de Oro, porque sucede que no humilla quien quiere sino quien puede.
A lo mejor también hay que explicar al Balón de Oro quién es el Real Madrid.
Se han filtrado explicaciones kafkianas, como la presencia de muchos nominados del City, como si esto pudiera pesar más que la Catorce para nadie con dos dedos deportivos de frente. Se ha incluido en el premio a la sección femenina de los citizens… que también fue eliminada por las mujeres del Real Madrid.
Hasta los propios representantes del Manchester City en la gala, desde Txiki Begiristain a Kevin De Bruyne, se mostraron visiblemente azorados al recibir el premio, en plan “Pero nosotros qué pintamos aquí”. Sus gestos apocados daban a entender un síndrome del impostor tan claro como en este caso justificado.
La única explicación a la agresión está tan a la luz del día que ha de ser la correcta. Si quieres ocultar algo, déjalo lucir a ojos de todos. Nos referimos a la presencia del logo de socios.com, la empresa de origen culé comprada por Roures, avalista de Laporta, en todos los photocalls de la gala. Ignoramos por el momento la relación exacta de Roures con los premios, pero trataremos de averiguarlo. Sin duda tiene algo que ver con el desnortado veredicto de la organización a la hora de premiar al mejor club, así como con el nombramiento del premio Kopa a un futbolista tan del montón como Gavi, distinguido poco más que por sus hiperventilados mandobles, en perjuicio de un campeón de Europa como Camavinga.
En fin. Enhorabuena a Karim Benzema por el cumplimiento de lo que sabemos es un sueño de la infancia. Pero no lo necesita para ser el mejor del mundo a ojos de cualquier aficionado al fútbol medianamente objetivo.
Pasad un buen día.
Se han cumplido todos los pronósticos y Karim Benzema acaba de ser galardonado con el Balón de Oro por primera vez en su impresionante carrera. Nunca ha sido más fácil jugar a ser profeta. El consenso era total, y los cuatro locos que apostaran por otro candidato habrán visto sus sueños de riqueza convertidos en cenizas. Pocos Balones de Oro más merecidos que este.
No se cuántas veces se habrá plantado Florentino Pérez en la casa de un futbolista para ficharle. Sospecho que no muchas. Pero sí sabemos que lo hizo en el verano del 2009 para fichar a un joven francés que despuntaba, de nombre Karim y de apellido Benzema.
Ese joven de 21 años bien podría haber salido del club 2 ó 3 años después, como hizo en su momento Anelka, o haberlo hecho más tarde como Higuain, o apenas haber tenido oportunidades para demostrar su posible valía como Jovic. O ser irrelevante para la historia del club como Hunteelar o muchos otros.
Al fin y al cabo, las historias de jóvenes futbolistas que no triunfan en el Real Madrid son mucho más habituales que las de jóvenes que se convierten en leyendas. Y aunque nos hemos acostumbrado a que jugadores que llegaron como jóvenes imberbes como Marcelo, Ramos o el propio Benzema hayan triunfado, su historia es la de algo excepcional.
No se cuántas veces se habrá plantado Florentino Pérez en la casa de un futbolista para ficharle. Sospecho que no muchas. Pero sí sabemos que lo hizo en el verano del 2009 para fichar a un joven francés que despuntaba, de nombre Karim y de apellido Benzema
Como excepcional ha sido la carrera de Karim Benzema, primero como segunda espada y ahora como líder absoluto del Real Madrid. Benzema es el último gran atacante que presenció la tiranía de Messi y Cristiano Ronaldo. Y como muchos otros tuvo que vivir a su sombra. Más aún por compartir equipo. Como Suárez, Neymar o Bale, ha tenido que compartir vestuario y terreno de juego con dos leyendas.
Pero Benzema, más aún que los otros ejemplos. Su juego se ha visto condicionado al máximo, y en ocasiones ha parecido incluso un jugador menos determinante que Bale, Suárez o Neymar.
Durante casi una década Benzema fue el escudero perfecto, el compañero más leal de Cristiano Ronaldo, pero sobre todo el soldado más fiel del Real Madrid. Benzema cambió su juego, que al principio recordaba más al gran Ronaldo Nazario. Su juego de joven se parecía al del delantero actual, más letal de cara al área, más determinante de cara al gol, más incisivo en la caja pequeña. Los vídeos de su época en el Lyon nos trasladan a ese tipo de delantero que vive para marcar tantos, pero con una rapidez y potencia mucho mayor que ahora.
Vista la voracidad del Benzema actual y su capacidad anotadora, podría haber sido lo más parecido en estos años a Ronaldo Nazario, su gran ídolo y el modelo según el cual, si atendemos a sus propias palabras, trataba de cincelar su juego.
Se han cumplido todos los pronósticos y Karim Benzema acaba de ser galardonado con el Balón de Oro por primera vez en su impresionante carrera.
Pero Benzema lo cambió todo para adaptarse a un jugador extraordinario como Cristiano Ronaldo. Y ese mérito de transformar su fútbol y pasar a vivir por y para el equipo, siendo constructor del juego y asistente, es quizá el mayor mérito de Benzema.
Lo segundo más meritorio de su fútbol ha sido la reinterpretación de su rol en el equipo, convirtiéndose en un líder deportivo, espiritual y futbolístico.
El Karim Benzema post-Cristiano ha sido tan líder como este y tan merecedor como el que más del Balón de Oro. Pero la mala temporada del equipo en el primer año, así como la poca objetividad del jurado en el segundo, impidieron que recibiese antes el galardón. Bien lo habría merecido.
Como todos los grandes jugadores, Benzema superó estas adversidades y dobló la apuesta, acudiendo al rescate del equipo en su tercer año como líder total. Con actuaciones antológicas, marcando en prácticamente todos los partidos importantes del año y en momentos claves, Benzema lideró a los de Ancelotti hasta un doblete histórico.
Su temporada y desempeño es la de un Balón de Oro, y el premio que acaba de recibir no hace sino refrendar esta realidad con toda justicia. Después del dominio de Messi y Cristiano, con la excepción del año de Modric, Benzema entra en la lista de mejores jugadores de fútbol de la historia. Y lo hace al final de su carrera, con 34 años.
Cierra así un círculo casi perfecto desde su llegada al Real Madrid. Y se convierte en el último eslabón antes de la llegada de las dos nuevas bestias que vienen: Mbappé y Haaland. Los dos próximos sucesores de Messi y Cristiano tendrán que pasar antes por el aro de Benzema, y quién sabe si competir también con Vinícius Junior.
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Toni Kroos. Ese es mi resumen del partido. Y el resumen de su actuación del domingo, lo haré con Rilke, un artista austriaco: “gentes innumerables se abatían sobre él, / a las cuales podía elegir y execrar; / y adivinando que de ese modo se perdía, / lejos del olor popular trepó con las manos / rígidas a la cima de una columna”. Y es así: Kroos jugó el Clásico sobrevolando el Bernabéu. Tengo para mí que no llegó a tocar el césped en ningún momento. Como los ángeles.
Escribo aún con la resaca de una victoria reposada. Que no fue un duelo de enormes emociones. El Barcelona vuelve a perder combustible por las mismas grietas de antaño, el guardiolismo ha muerto y no lo sabe, y diría que los nuestros ganaron el partido del mismo modo que lo habrían hecho si el rival fuera el Mallorca, el Osasuna o el Rayo. Con inteligencia, con talento, y sin muchos sobresaltos. Es horrible admitir que el partido fue, en algún momento, un tostón. Pero es que el Barça jugaba a intentar tapar el desastre de la Champions a la desesperada, con el ansia del necesitado, y el Madrid solo quería tres puntos, el liderazgo, y pasar a lo siguiente.
Toni Kroos. Ese es mi resumen del partido
El alemán tiene 32 años y 250 partidos de blanco. Pero el de ayer no fue uno más. El domingo Kroos dio una clase magistral de fútbol que muchos entrenadores enseñarán estos días a sus centrocampistas. A menudo su juego no llena las portadas, a fin de cuentas, en un corto espacio de terreno de juego comparte hazañas con el genio de Modric, y es inevitable que nos deleitemos una y otra vez en las proezas del croata. Sin embargo, y aunque ayer Modric trazó otro gran partido (lo resumiría en versos también, pero creo que no conozco poetas croatas), esta vez miramos a Kroos por su presencia en todas las jugadas, con y sin balón, y por una extraordinaria capacidad para interpretar cada lance, nadando y guardando la ropa, tapando atrás y abriendo brechas hacia el frente, sin gastarse en vano en ningún esfuerzo físico, regular como el motor de un viejo Volkswagen.
Valverde, claro, es un huracán (también lo diría con poesía, pero me da un poco de dentera Benedetti) El propio Kroos lo situó anoche, tras el partido, en el top 3 mundial. El uruguayo le respondió con un guiño: “tengo un buen maestro”. Y ambas cosas son ciertas. No hay un jugador en la Liga, y probablemente tampoco en la Champions, tan completo como Fede, y desde luego, no existe ninguno capaz de llegar al minuto 90 en su forma física, y con su nivel de locura, síntoma de genialidad. Cuando lo vemos coger el balón en su campo en los últimos minutos de un partido, y salir como el AVE Madrid-Alicante, solo podemos pensar que el condenado está como una regadera, como una regadera prodigiosa que nos cautiva. Y además, qué importante también esto, Valverde es madridismo puro. Hasta el final.
Hoy Benzema recibe el Balón de Oro más merecido de los últimos tiempos. El domingo volvió a demostrar que, marcando o no, su actuación moldea la personalidad de todo el equipo una y otra vez: lanzando la presión, recuperando balones, marcando el tempo de cada ofensiva, bajando a oxigenar, montando el ataque, y llegando a rematar. Brindaremos con él desde donde estemos por ese justísimo premio.
Ayer lo pensaba: el momento de felicidad permanente que nos regala el Real Madrid de esta era de Ancelotti me trae a la memoria el viejo aforismo de Jardiel Poncela: “ser feliz es no cambiar”
La lista de elogios sería interminable y reiterativa porque, aunque no fue un partido, digamos, espectacular, fue mejor que eso: se hizo casi todo bien. El “casi” es por acentuar una crítica: quizá por el relajo que nos sugiere la indudable superioridad, hace algunos partidos que nos está costando cerrar el marcador, que levantamos el pie del acelerador con dos goles de ventaja. Hace siglos que sabemos que, sea cuál sea el encuentro y la competición, los rivales nunca se rendirán ante el Madrid mientras un gol pueda meterlos en el partido. Para muchos, poner contra las cuerdas al Madrid durante diez minutos es ya una victoria. Pero es por decir algo, lo cierto es que este equipo no para de darnos emociones y alegrías.
Ayer lo pensaba: el momento de felicidad permanente que nos regala el Real Madrid de esta era de Ancelotti me trae a la memoria el viejo aforismo de Jardiel Poncela: “ser feliz es no cambiar”.
Antes que nada. Si esta generación de jugadores del Madrid hubiera ganado una Copa, dos Supercopas, cosas así, el Barça se lleva seis ayer. Estamos ante algo soberbio: para el Rey de Europa, el Clásico es un partido de Liga más. Y el derbi. Tres puntos. Más ruido externo que si el rival es otro, pero solo un partido de Liga.
El miércoles anuncian otro, esta vez en Elche. Tres puntos. No significa que no deban poner los cinco sentidos. Nadie gana con la gorra. Tan cierto como que el fuego, la locura, quedan para Europa, solo para Europa. Cosas de las 14. La sensación es que el Madrid es un coche con seis marchas que tiene bastante con la cuarta. Entiende que así ahorra gasolina.
La sexta la meterá en febrero, octavos de la Champions. ¿Y? Pues ni idea. Digo que si el 5 de 9 se convierte en 6 de 10, seis orejonas en diez años, habrá que disolver el club. Tontería será seguir compitiendo. O apuntarle a la Copa Libertadores de América. O repartir futbolistas. Valverde, al Liverpool. Benzema, al Bayern. Tchouaméni, al Benfica. Vinicius, el Club de Regatas Flamengo. Carvajal, Militao, Alaba, Mendy, Rüdiger, Nacho, Vallejo, Lucas Vázquez, naturalmente al Barcelona: a ver si defienden algo.
Y bueno, lo más grande es que estuvimos cerca del milagro. Había acabado el partido, incluso antes del último pitido, y todos, los de aquí, los de allí, los de en medio, coincidían: el Madrid había jugado mejor y ganado santamente. ¡El Madrid! Muchos añadían eso, que de haber puesto más interés, hubiese goleado sin darse cuenta. Quizá si el segundo de Benzema hubiera subido al marcador, no sé.
La sensación es que el Madrid es un coche con seis marchas que tiene bastante con la cuarta. Entiende que así ahorra gasolina. La sexta la meterá en febrero, octavos de la Champions
Servidor se pellizcaba. El Madrid había sido mejor… ¡ante el Barça! ¿Recuerdan algo parecido? Me puse en guardia: algo pasará. Y pasó. Debieron soplárselo a Laporta según se baja del palco a vestuarios: oye, dicen que han jugado mejor y tal, y el hombre decidió actuar. Entró en el vestuario del árbitro a pedirle explicaciones por lo que consideró penalti no pitado a Lewandowski: no se lo pitan ni en Polonia. Estaba la cosa eso, camino del milagro, y apareció él versión presidente de la Peña Bufanda.
Era lo que procedía, muy bien. Laporta fue el mejor del Barça otra vez: hemos palmao, pero al Madrid le ayudaron. Como siempre. Hubo un penalti, Militao estornudó a la salida de un córner despistando al rematador: posición más influencia, todo eso. Total, que se jorobó el milagro: ni ayer, ¡qué arte!, pudo conseguir el Madrid que su triunfo no recibiera pero alguno. Ni ayer.
Y pasó lo razonable. El fútbol es un porro, pero no siempre. Si un equipo es más equipo que el contrario y tiene mejores futbolistas… gana. Normalmente, digo. Y más si el envite le pilla a uno con el ánimo en su sitio y al otro con las tinieblas envolviéndole otra vez. Lo raro hubiera sido ver ganar al Barcelona.
Que vuelve a donde estaba, liao. Los mismos que nos contaron en la última Supercopa, ¡enero!, que les distancias se acortaban y que aquel partido (3-2 para el Madrid) en realidad lo había ganado el Barça, braman con fiereza y le sacuden a Xavi como si fuera Koeman, Setién o el Tata Martino. Las milongas tienen las patas cortas. Una cosa es vender ilusión —200 millones después lo normal es tener mejor equipo— y otra colaborar en esta gran tomadura de pelo. Salvador Sostres publicó en ABC tras el fiasco ante el Inter que Laporta ha llamado a Luis Enrique, a ver qué piensa hacer con su vida después del Mundial. Ayer remató un artículo así: “A fin de cuentas el negocio del catalanismo, sobre todo el mediático, se basa en hacer creer lo que no hay, en que lo que hay no se sepa”. El Barça.
Las milongas tienen las patas cortas. Una cosa es vender ilusión —200 millones después lo normal es tener mejor equipo— y otra colaborar en esta gran tomadura de pelo
Ah. Y mañana declarará Florentino en el juicio de Neymar que arrancó esta mañana. Será por videoconferencia. Más ‘Respect’. Otro se hubiera presentado en Barcelona y dado una vuelta al ruedo. Se trata de saber si las partes, jugador y club, le levantaron la camisa a una empresa brasileña. Los que saben dicen que la clave es si la justicia española es competente puesto que la tal empresa es brasileña.
Sobre aquello lo que se sabe es que Neymar pasó reconocimiento médico con el Madrid y, de pronto, aparecieron papeles según los cuales los poderes firmados por el entonces agente del jugador habían caducado, no valían. Y acabó en el Camp Nou. El ángel de la guarda del Madrid no descansa…
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Este cronista anticuado se imagina los prolegómenos de un Clásico con los jugadores vestidos de gala posando con sus presidentes y entrenadores de forma ceremonial. Y una foto final comparativa con las equipaciones futbolísticas, con los rostros marcados por el esfuerzo, los cuerpos por las cicatrices de la batalla y las cabelleras engominadas por el sudor. Unas imágenes que plasmarían el orgullo de los contendientes, la rudeza de un choque entre dos fuerzas antagónicas, irreductibles. Un friso para la Historia, la portada y la contra de los anales del encuentro más significativo y enconado en el mapa del fútbol. Ayer, la diferencia fue tan marcada, que al Real Madrid le hubiera sobrado la instantánea final.
De hecho, el Real Madrid tiene tres jugadores que nunca prescinden de la levita. Son la columna vertebral del juego exquisito, del equilibrio de los tiempos. Los que deciden cuándo y cómo tener la pelota, a qué velocidad moverla o en qué pies debe estar. Privilegiados que parecen tener más ojos que el resto o con el sentido del fútbol desarrollado por vías mutantes. Seres que flotan, con el don de la precisión y el momento, que juegan vertiginosos pareciendo lentos. Por supuesto, son Modric, Kroos y Benzema.
el Real Madrid tiene tres jugadores que nunca prescinden de la levita. Por supuesto, son Modric, Kroos y Benzema
De este trío de mozalbetes, el alemán parece el más rejuvenecido. Ha vuelto con una potencia física que parecía menguar y conserva su pie matemático, maquinal por su exactitud, fino como el coral por generar la simetría de lo artístico. Ayer, omnipresente, remarcó la diferencia entre los grandes jugadores y la excelencia.
Como todo gran equipo ha de estar compensado, el Real Madrid tiene otros jugadores cuya virtud es el barullo. Vinicius ha extraviado algo de la lucidez que le acompañó el curso pasado, si bien el asunto no ha mermado un ápice su confianza. En contra de la lógica, que invitaría al recato, Vini insiste sin desmayo, y junto al desorden siempre trae ocasiones de gol o él mismo los consigue.
Cuando veo a Mendy merodear por los terrenos propios de Benzema o el propio Vinicius, invadiéndolos sin pedir permiso, pienso que alguien debería moderar su afán ofensivo. Sin embargo, atrás es un tapón roqueño, un guardián que dispara antes de pedir la contraseña, porque ésta no existe para entrar por su banda.
Precisamente, gran parte del éxito de este Real Madrid ha sido reconstruir la línea tradicionalmente más vulnerable. La sustitución de la pareja Ramos-Varane —ambos campeones del mundo con sus selecciones—, se ha resuelto con una continuidad asombrosa. Ayer, la zaga madridista se movió con frescura y anticipación, leyendo los movimientos azulgrana con una claridad desconcertante para el rival. Allá donde se hubiera cruzado el camino de un balón y un delantero, Militao se anticipó para hacerlo imposible.
Todas las palancas del mundo no se acercan a compensar el peso de una historia y la voluntad granítica de unos jugadores encelados en honrar su escudo
El Real Madrid demostró en el Clásico ser un equipo con alma, con principios que lo sostienen más allá del mero fútbol. No importa que a momentos de lucidez asombrosa siga cierto despiste, porque siempre se recomponen, impulsados por su calidad, su fuerza y su compromiso con la Historia del club.
Al contrario, el Barça apareció supeditado a una idea, esclavo de una forma de jugar mecánica pero sin energía. Una carencia de vigor físico y anímico notable, acaso porque todas las palancas del mundo no se acercan a compensar el peso de una historia y la voluntad granítica de unos jugadores encelados en honrar su escudo.
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