Las mejores firmas madridistas del planeta

Isco a contraestilo

Escrito por: José María Faerna16 febrero, 2019

El mundo está lleno de amantes de la carne que fruncen fastidiados el hocico ante un glorioso rodaballo en su punto de horno, esa breve crepitación al hendir la pala. Esos que impertérritos piden a ver si les cuajan la tortilla en ese sitio cuyo santo y seña legendario es facturarla suelta, fantasmal y temblona. El mundo está lleno de cansinos que sueñan con un mundo diseñado a la medida de sus manías, incapaces de reconocerlo y disfrutarlo en su variedad, porque el mundo es diverso igual que cada día es distinto del anterior. Yo también tengo preferencias, a ver si voy a ser el único en privarse, pero lo quiero todo, que no están los tiempos para desperdicios. A mí en el campo me gustan más los eléctricos que los virgueros, los relámpagos encadenados más que las levaduras fermentadas morosamente pase a pase, los espacios inventados por envíos de precisión a cuarenta metros que los infinitos tuya mía a ver si el cielo se abre por agotamiento o despiste. En fin, que yo soy más de Bale que de Benzema, más de Luka o Xabi que de Isco, pero como persona educada e hijo de familia numerosa que soy me zampo vorazmente lo que caiga en el plato siempre que esté rico y vista de blanco.

A Isco le pasa (y le pesa) que ha sido muy manoseado en esas batallas que se libran a costa del Madrid aunque al Madrid ni le vaya ni le venga en ellas. Como en su momento lo blandieron los periodistas de campanario que querían españoles a toda costa, quienes defendían posiciones cosmopolitas parecían obligarse a cierto desdén hacia él. Algo así le pasó a Keylor en sus inicios: hubo quienes lo elogiaron desmedidamente casi antes de que se pusiera los guantes porque, según ellos, su triunfo les daría la razón en su querella con un Casillas que habría mantenido la titularidad de forma indebida; y hubo quien hacía el ridículo abucheándolo en sus rezos propiciatorios en aras de no sé qué fidelidad póstuma y espuria hacia Casillas. Ni Isco ni Keylor hicieron nunca nada para cebar esas tabarras, pero inevitablemente padecieron sus consecuencias.