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¿Por qué, Sergio?

¿Por qué, Sergio?

Escrito por: Jesús Bengoechea16 febrero, 2019
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Querido Sergio:

Déjalo. Es mejor que dejes de defenderte. Que si querías forzar la falta pero no la sanción. Que, de haber querido forzar la sanción, la habrías forzado en la fase de grupos (?). Estás tan preocupado con la posibilidad de perderte el primer partido de Cuartos de Champions que braceas con argumentos que nos hacen menear la cabeza y mirar al suelo.

¿Es posible que te queramos más que a ningún otro componente de la plantilla? Sí, es posible que te queramos más que a ningún otro componente de la plantilla, y mira que queremos a Luka, mira que queremos a Marcelo, mira que queremos a Keylor, mira que. Por tantísimo como te queremos, héroe de héroes, Real Madrid encarnado, nos permitimos pedirte que dejes de defenderte, que asumas lo que probablemente va a llegar (que será tan injusto como evitable y tan frustrante como traído por tu propia mano) y repases tu forma de verte frente a la prensa. No hace falta dar un titular cada vez que hay un micrófono delante, no hace falta demostrar continuamente ante el micrófono que eres el más listo porque a veces vas a dar (erróneamente) la impresión justamente contraria, no hace falta que intentes apuntarte puntos (“un jugador debe tomar decisiones”) cuando no es posible apuntarse más puntos que los que ya te otorga tu descomunal, legendario rendimiento deportivo, el de anteayer, el de ayer mismo, el del memorable partido que te acababas de marcar en Ámsterdam. ¿Por qué, Sergio? ¿Por qué?


No era necesario confesar que habías forzado la tarjeta, como hiciste nada más acabar el encuentro. “Quien revela los secretos ajenos pasa por traidor. Quien revela los secretos propios pasa, hijo mío, por idiota” (Voltaire). Tú no eres idiota, ¿por qué parecerlo? Tienes que meditar respecto a dónde querías llegar contando eso, cuál era la hipotética ganancia, en qué consistía el objetivo de ese horrísono sincericidio del que ahora no paras de intentar desdecirte de maneras que no hacen más que señalarte cada vez más. ¿Por qué alguien que puede ser el jugador más importante de la Historia del Real Madrid junto a Di Stéfano (quien sostenga que ya lo eres es posible que no esté diciendo ninguna barbaridad) tiene que ser además un tipo capaz de cometer un error tan flagrante, evitable, irritante, innecesario? Lo que tiene de muy frustrante esto que ha pasado (y, lo que es peor, lo que puede pasarte) es justamente eso último: su carácter apabullantemente innecesario, dolorosísimamente innecesario. Se nos llevan los demonios porque no entendemos por qué. ¿Por qué alguien que es capaz de jugar al fútbol así, como absolutamente ninguno de nosotros podrá nunca jugar, tiene que cometer un error que absolutamente ninguno de nosotros cometería? Para jugar al fútbol como tú juegas hacen falta unas condiciones sobrehumanas (las tienes) y una profesionalidad como la tuya que te mueve a luchar con perseverancia por mejorar cada día. Nadie tiene eso excepto tú, o no en tan alta medida. Para no cometer el error cometido, en cambio, bastaba con callar, algo que todos nosotros somos capaces de hacer. Tú también, Sergio.

Luego, queridísimo Sergio, amadísimo Sergio, Sergio por quien en parte vivimos y respiramos, Sergio que constituye (así) uno de los grandes alicientes de nuestras vidas, están las imágenes. Toda la vida todos los jugadores poniéndoos la manita delante de boca para que las cámaras no capten vuestros mensajes. Toda la vida menos el miércoles. “¿La busco?” No, hombre, no. No anuncies que la buscas. Y, si me apuras, no la busques tampoco.

Porque ésa es otra, Sergio. ¿Por qué buscarla? Te lo pregunto a ti, que eres una de las cosas del mundo que hace mi vida disfrutable, así de simple: como Clint Eastwood, como Auster, como Sinatra. Le pregunto a uno de esos a quienes amas sin conocer, ese fenómeno improbable. Te pregunto: ¿por qué forzarla? ¿Qué imprudente visión del mundo se aloja detrás? El año pasado te perdiste la vuelta ante la Juve, aquella vuelta que parecía un trámite, y no nos fuimos a la calle porque Benatia se subió a la chepa de Lucas Vázquez en el último minuto. La vuelta ante el Ajax no es más “trámite” que ese partido ante la Vechia Signora. No lo es. No lo es por la sencilla razón de que ya no hay trámites. Nacho no parece estar en su mejor momento, Vallejo es (como dice con todo el cariño Fantantonio) un holograma y, si no estás tú, sólo nos queda Varane. ¿Por qué tienes que no estar tú? ¿Qué razón de peso existe para que te autoexcluyas de ese choque? ¿Poder jugar un partido de Cuartos al que no sabemos con certeza que vamos a llegar, y al que a título individual tampoco sabes (ahora) si te van a dejar llegar?

Vamos a rezar por varias cosas. Vamos a rezar por llegar a Cuartos a pesar de que no estás. Vamos a rezar para que no te extiendan la sanción por haber forzado la amarilla y por haber confesado que la forzaste. Y vamos a rezar para que uno de los hombres a los que más admiro en el mundo, el hombre que tantas veces ya nos ha llevado a la gloria, el hombre capaz de hacer cosas sobrehumanas, aprenda también a honrar algo tan humano y simple como la conveniencia ocasional del silencio.

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea

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