Ancelotti planeó muchos cambios. Eso ya se esperaba. La sorpresa fue ver a Vallejo de lateral derecho y a Lucas en la banda siniestra. Militao y Nacho hacían de centrales y protegían la portería de Lunin. La principal novedad arriba era Mariano.
En el minuto 1 ya se notaba a quién le apretaba la clasificación. El Cádiz presionaba con fe y buscaba la portería de Lunin con ahínco. Sin embargo el Madrid está en un estado de especial inspiración. Rodrygo agarró un balón en la izquierda y empezó a driblar a cuántos defensores le salieron al paso. Cuando llegó frente a la portería optó por regalarle el gol a un Mariano cuya emoción nos daba la pista de que acababa de marcar el primer gol de su temporada.
Muy poco después, Militao volvió a dejar evidencias de que no se encuentra en su mejor momento. Perdió la carrera con Negredo por medir mal. Nacho resolvió la papeleta. La respuesta fue una transición impresionante de Valverde, pero Asensio perdonó con bastante inocencia.
Militao se mostraba inseguro, pero Nacho estaba teniendo otro de esos días en los que su pesimismo le ahorra problemas al Madrid. Mientras, Rodrygo se seguía exhibiendo, mostrando una enorme confianza. Era el elemento diferencial en el partido.
En el 35’ Lunin salvó un mano a mano de forma muy meritoria. De nuevo la jugada le cogió mal colocado a Militao. Un minuto después no pudo hacer el milagro y Sobrino consiguió batirle tras tocar el balón en Militao.
Rodrygo era el elmento diferencial del partido
El Cádiz insistía y rondaba el gol, pero cada ataque del Madrid llevaba un enorme peligro. Militao estuvo a punto de marcar de cabeza, pero su remate apenas encontró ángulo. El Cádiz siguió llegando hasta el descanso, pero la falta de pegada y Lunin evitaron el gol.
En la segunda parte se empezó a apreciar el cansancio del Cádiz. Tras un comienzo enérgico, las fuerzas comenzaron a flaquear y la presión más descoordinada permitía salir más al Madrid.
En el minuto 59, un nuevo error flagrante de Militao dejó a Negredo solo ante Lunin. Mateu señaló penalti, aunque la jugada ofrecía dudas. Sin embargo el ucraniano hizo un auténtico paradón a Negredo en su disparo desde los 11 metros. El contraataque muy bien conducido por Rodrygo, acabó en Asensio, que con la derecha disparó con poca fuerza para suerte de Ledesma. Un minuto después Mariano tuvo una gran ocasión, pero su volea se marchó alta. Fue entonces cuando Rodrygo, Vallejo y Valverde descansaron en favor de Carvajal, Ceballos y Hazard.
En el 66 Lunin de nuevo amargó a Negredo y le sacó otro disparo. Asensio respondió con un buen disparo rechazado por Ledesma.
Lunin hizo otra parada milagrosa tras un remate de cabeza. Partido para reivindicarse ante el mundo del fútbol. Negredo desesperado.
Hacia el minuto 81, Latasa entró al campo en sustitución de Mariano. Hazard lo intentaba y batallaba mostrando unas ganas y motivación reseñables. Ojalá pueda recuperar parte de su nivel.
En el 91’, Hazard hizo una gran jugada que remató Ceballos con un quiebro doble y un disparo envenenado que exigió mucho a Ledesma. Latasa casi se estrena en el córner posterior.
Así terminó un partido intrascendente para el Madrid, pero que deja cosas que aprender o que apuntar de cara al futuro.
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Buenos días, amigos. Hoy las portadas hablan de unos que se quedan (como Hazard) y otros que se van (como Lewandowski). Y es que, como cantaba Julio Iglesias, Al final, las obras quedan las gentes se van / otros que vienen las continuarán / la vida sigue igual. Por cierto, ayer Julio Iglesias se quedó de nuevo a las puertas de ganar Eurovisión con Gwendolyne, pero eso es otra historia.
Ayer Ancelotti dijo en rueda de prensa que Hazard se queda en el Madrid para demostrar su calidad la temporada que viene. El madridismo se alegraría de veras si así fuese. Pocos fichajes lograron tanto consenso como el del belga en su momento, pero nadie podía aventurar lo que después ocurriría. También es cierto que el madridismo se habría alegrado si Eden hubiese salido este verano para demostrar su calidad en otro lugar, para qué vamos a engañarnos.
As le dedica su portada a Hazard y dice que llega a tiempo. A veces se llega a tiempo para que sea tarde, pero entendemos que As se refiere a que Eden consigue reaparecer antes de que concluya la temporada. Ancelotti tiene pensado darle unos minutos esta tarde frente al Cádiz. El diario madrileño asegura que desde que le retiraron la placa del tobillo, el belga ya no sufre dolores. Ha debido de pasar un calvario, todo el apoyo del mundo para él.
La historia del protagonista de la portada de Marca es opuesta a la Hazard, Federico Valverde entró con buen pie en el Madrid y a pesar de las idas y venidas del once propias de su juventud, se le está poniendo una cara de viga maestra del Madrid de los próximos diez años que no puede con ella. Es un futbolista bárbaro.
Dice de él Marca que es la energía del equipo, y es cierto. Las piernas de FedEx Valverde se mueven como bielas de acoplamiento de una locomotora y empujan al Madrid con una fuerza imparable hacia adelante. Además de su trabajo defensivo, es capaz de romper dos líneas rivales con tres zancadas y generar ocasiones de gol de la nada.
Marca dedica un espacio de su frontispicio a Salah, un futbolista que se lesiona de Pascuas a Ramos y ayer volvió a sufrir otro percance. Se retiró quejándose de la zona inguinal y apunta a un problema muscular más que a un accidente al hacerse las ingles brasileñas. Sería una lástima para él que se perdiese la final de la Champions, pero no vamos a mentir, al Madrid le vendría bien que no jugase.
Tiempo ahora para las portadas culés. Como es habitual, las dos son la misma, solo que Sport le ha extirpado un ojo al bueno de Lewan, que ayer anunció que se quiere marchar del Bayern. Probablemente termine recalando en el Barça. Ojalá sea muy feliz en lo personal y no coseche ningún éxito en lo deportivo.
A Sport ayer le dio un vuelco el corazón cuando Salah se tocaba con dolor las inmediaciones del salpiquinho y se retiró del campo, tienen más ganas de que pierda el Madrid la final de la Eurovisión del fútbol que el propio Liverpool. Están acongojados, lo demuestran con ese “¡Alarma por la lesión de Salah” que aparece en su faldón.
Y hablando de Eurovisión, no podemos negar que el tercer puesto de Chanel huele bien, aunque siempre es mejor ganar, pero la remontada era imposible, como bien apuntó Alberto Cosín en el chat de La Galerna, ya que Chanel Terrero es hincha del Barça. Así no se puede.
Otro que mezcló el mundo de la canción y el del fútbol fue Karius en la última final de Champions que ganó el Madrid. Ojalá el Liverpool repita y coloque a otro tenor bajo palos. O mejor aún, que alinee al ucraniano que ganó Eurovisión como premio.
Aprovechamos las últimas líneas de este Portanálisis para felicitar a los Isidros y a los madrileños en general en el día del patrón de Madrid. Hoy se cumplen 20 años del gol de Zidane en la Novena, que es a los goles lo que Chanel Nº 5 (el del francés) a los perfumes. Zizou no es el patrón de Madrid, pero sí una de las santidades del madridismo.
Pasad un buen día.
Hampden Park es el origen de la civilización. Allí consiguió el Madrid en 1960 su quinta Copa de Europa consecutiva, cerrando un ciclo que nadie ha vuelto a igualar y que tan solo el Madrid ha estado cerca de hacerlo con sus 4 de 5 en la segunda década del presente siglo. En aquel mayo de 1960, Di Stéfano, Puskas y Gento se aliaron para, entre bicicletas, taconazos y un atracón de goles (4 del húngaro y 3 del argentino), crear la mayor leyenda del fútbol como deporte popular y construir el reto por antonomasia para todos los equipos del continente: vencer al Real Madrid en la Copa de Europa.
Zidane desembarcó 42 años después en el mismo escenario del mítico 7-3 que, durante años, la BBC repuso cada 1 de enero bajo el título del mejor partido de la historia
Cualquiera que se acerque al club blanco es capaz de adivinar sin esfuerzo que los cimientos del éxito están labrados en la década de los cincuenta, por lo que, además de bautizar su estadio con el nombre del ideólogo de la institución (algo que ocurrió en 1955), bien haría el club en disponer en las inmediaciones una gran estatua con la santísima trinidad del mito fundacional del Madrid campeón: Di Stéfano, Puskas y Gento. El problema viene en que la gloria del Madrid corre al mismo ritmo que el calendario, y el perímetro del estadio se convertiría en una hilera bañada en bronce, con las caras de otras leyendas a la altura de esas tres. Por ejemplo, Zinedine Zidane.
El francés desembarcó 42 años después en el mismo escenario del mítico 7-3 que, durante años, la BBC repuso cada 1 de enero bajo el título del mejor partido de la historia. Su fichaje por el Madrid solo tenía sentido si conquistaba la Copa de Europa y Zidane siempre tiene las velas desplegadas para dejarse llevar por la Historia. Su momento llegó con el partido empatado, que es cuando la eternidad le da al botón de grabar. Raúl, el cuerdo que mejor entendía las locuras de Roberto Carlos, había adelantado al Madrid en los primeros compases del partido. Lucio empató de cabeza a los pocos minutos para dejar el resultado igualado hasta el filo del descanso, cuando los goles que se marcan se llaman psicológicos, es decir, pertenecientes a la psique, o sea, al alma. Hasta ahí nos llegó el gol de Zidane.
Valdano, como siempre, lo definió mejor que nadie: “Fue una explosión estética. Si uno quiere vender el fútbol, que ponga la imagen de Zizou”
La jugada comienza con el Madrid intentando sacar el balón. Helguera busca a Roberto Carlos, que está pisando la línea de cal como si fuera Gento, siempre preparado que alguien (o él mismo) dé el pistoletazo de salida para esprintar. El brasileño busca por el interior a Solari, quien recibe y entiende la orden: mándame a correr. El balón vuela al espacio y después del primer bote se frena levemente porque el césped está algo seco. Entonces Roberto Carlos, que mientras corría había visto por el ángulo muerto a alguien vestido de blanco en la frontal del área, en lugar de intentar ganar la pelota y protegerla, se la quita de en medio como si fuera una granada sin anilla.
El balón sube al espacio y baja hacia un astro, porque no hay que preguntarse de qué planeta vino Zidane, sino de qué planeta se disfrazó en ese momento, ejecutando un movimiento de rotación perfecto, desde el impulso hasta la frenada, que llega cuando el balón ya está en la portería del meta alemán. Es una maniobra plástica que genera placer, una flecha de Cupido al corazón de todo aficionado. Valdano, como siempre, lo definió mejor que nadie: “Fue una explosión estética. Si uno quiere vender el fútbol, que ponga la imagen de Zizou”.
Esa volea es la unión de belleza y precisión. La manzana de Newton cayendo y Zidane esperándola para pintar un lienzo con ella. El francés había fichado por el Madrid para ganar la Champions y ya la tenía. Pero, además, acababa de posar para el fotograma que resumirá una carrera tremendamente exitosa, lo cual engrandece el gol de Glasgow, por tener tanto donde elegir. Si cerramos los ojos y pensamos en Zidane, todos veremos la calva más original de la historia del fútbol coreografiando la volea perfecta, a pesar de chutar con su pierna menos buena, como si hubiera juntado las zurdas de Gento y Puskas. En el escenario del mejor partido de la Copa de Europa, Zidane marcó el mejor gol en una final de Copa de Europa.
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Capítulo 1. Puskas al Atlético
Capítulo 2. Roberto Carlos al Tenerife
Hola de nuevo:
El Liverpool y el Real Madrid son dos clubes que cuentan con más similitudes de las que ellos mismos se imaginan. En los últimos años, sin ir más lejos, basta un vistazo superficial para identificar algunas dificultades compartidas. La más evidente, la identidad de su principal némesis en el campeonato doméstico: el mismo Guardiola que torturó desde el banquillo azulgrana a los madridistas es quien ahora pone contra las cuerdas a los de Klopp. Por otro lado, tanto el Liverpool como el Madrid han representado recientemente estilos contraculturales —y por ello criticados— respecto al tiki-taka del noi de Santpedor. Y, en las agitadas jornadas previas a la finalísima de París, existen similares dudas acerca de si faltarán sendos alfiles que obliguen a desnaturalizar el dibujo táctico sobre el césped. Bien es cierto que las posibles ausencias de Fabinho y Alaba no pueden compararse en trascendencia con las de Ramos o Van Dijk en el cruce de la temporada pasada, mas ambos técnicos coincidirán en que también suponen un quebradero de cabeza. Sea como fuere, no se trata de estas anécdotas comunes, más o menos coyunturales, de lo que quiero hablarte. La semejanza entre las entidades tiene una hondura mucho mayor, y es lo que pretendo resaltar en esta carta.
Para empezar, ambos equipos constituyen el principal exponente de la gloria europea de sus respectivos países. Puede que las trece Copas de Europa del Madrid hagan languidecer cualquier otro logro comparativo —como hace tiempo admitía entre risas el cantante Robbie Williams—, pero resulta indudable que a escala inglesa los seis trofeos continentales que atesora el Pool lo sitúan en un escalafón superior, una suerte de primus inter pares. Prueba de ello es la rebelde sentencia de Alex Ferguson, entrenador del máximo enemigo de los reds, que resumía su principal motivación desde que se sentó en el banquillo del Manchester United: “Mi gran desafío era bajar al Liverpool de su jodido pedestal”.
El Liverpool y el Real Madrid son dos clubes que cuentan con más similitudes de las que ellos mismos se imaginan
La frase alude a otro elemento crucial en la analogía. Tanto el Real Madrid como el Liverpool han tenido que soportar históricamente la acusación de arrogantes y la inquina de sus dos principales adversarios nacionales, durante décadas ensombrecidos por el insoportable brillo de tantos triunfos antojados como inalcanzables. Con otra circunstancia compartida: desde los años noventa han comprobado cómo el crecimiento del United y el Barça llegaba por momentos incluso a cuestionar su hegemonía original. Dirigidos por figuras carismáticas —en el caso británico el caudillo era único; por su parte el FCB ha contado con una dinastía de líderes en la que algún discípulo se mostró hasta capaz de perfeccionar la obra cruyffista original, todo acompañado de la vitamina Messi—, mancunianos y culés han conseguido en treinta años eliminar o reducir la distancia en el terreno doméstico, dejando solo el toque de distinción de la épica europea como única coartada en las eternas discusiones entre aficiones. Si bien con Zidane, Ancelotti y Klopp la tendencia se ha relajado un poco, conviene recordar que en algún instante de especial debilidad el Madrid y el Liverpool juguetearon con el terrible cruce del Rubicón: dejar de ser un club grande para constituir un club histórico. Tú, que tanto amas el estudio de la palabra, sabes perfectamente que aunque el segundo adjetivo pueda sonar virtuoso y solemne, en la semántica del fútbol tiene implicaciones peyorativas. Al grande se le teme; el histórico resulta inofensivo, casi simpático.
Mientras el Liverpool a veces cede a la tentación de lamerse las heridas en la calidez del refugio, el Madrid responde a la dificultad aumentando su voracidad
Hasta aquí las semejanzas, que por otro lado no han servido para establecer especial afinidad entre las aficiones blanca y red. La cruda realidad siempre se impone y, a pesar de toda la disquisición anterior, es probable que a la hora de repartir simpatías pese más en el ánimo de los hinchas de Merseyside el recuerdo de la fortuita e infortunada lesión de Salah en la reciente final que el Madrid les ganó. Dicen que una imagen vale más que mil palabras —un malvado añadiría que sobre todo para un analfabeto—. En cualquier caso, aquella final ilustra muy bien la principal diferencia entre ambos clubes, que se produce a la hora de encarar la adversidad: mientras el Liverpool a veces cede a la tentación de lamerse las heridas en la calidez del refugio —hay que reconocer que un himno tan hermoso como el You’ll never walk alone favorece el comunitarismo—, el Madrid responde a la dificultad aumentando su voracidad. Si el equipo de los Beatles reivindica un poco la esencia destilada en With a little help of my friends, los blancos quedarían emparentados con el estilo de los Stones, e inmediatamente uno pensaría en Sympathy for the devil. Algo que en primera instancia aplaudiría hasta el antimadridismo militante, siempre dispuesto a mentar al diablo cuando se trata del conjunto merengue, sin saber que la canción responde de manera brillante —“stole many a man’s soul and faith”— a los balbuceos con que se desgañitan tras cada polémica arbitral fundada o infundada: al final lo único que el Madrid les ha robado verdaderamente es su alma y esperanza. A base de dolorosísimos goles.
En realidad, la letra de Sympathy for the Devil encaja tan bien con el Dasein madridista —“Please allow me to introduce myself, I’m a man of wealth and taste”— que merecería una misiva exclusiva aparte, pero me temo que ya me estoy alargando. Así que solo me queda desear que, próximamente en París, el Madrid tenga de nuevo la ocasión de tararear la porción más provocadora del estribillo. Aquella de “Pleased to meet you, hope you guess my name, but what’s puzzling you is the nature of my game”.
Cuídate, volveré a escribirte pronto.
Pablo.
Creo que Casemiro es el jugador más infravalorado de la historia del Real Madrid. Su labor, más oscura y menos vistosa que la de Modric, Kroos o Benzema, pero igual (o más) importante, no tiene la recompensa mediática ni el reconocimiento del que, merecidamente, gozan sus compañeros. Casemiro es el cemento y el acero que sustenta este bendito rascacielos. El futuro, igual que el espacio que domina en cada partido, la casta, la colocación, el robo, la presión, las coberturas y el toque preciso, sigue siendo suyo. Algún día, espero que muy lejano, en su ausencia, nos daremos cuenta de la trascendencia del jugador del que hemos disfrutado.
El mayor milagro del partido contra el City fue ver que Camavinga podía hacer de Casemiro. Esta precipitada conclusión, que tendrá que confirmarse en el futuro (y en el presente) es la mejor noticia del encuentro. Hacer de Casemiro, darle descanso, es un sueño que llevan persiguiendo muchos entrenadores, sin lograrlo, la última década. ¿Y si su sustituto, en uno de esos giros del destino a los que nos tiene tan acostumbrados el Real Madrid, ya está fichado y tiene la inmensa suerte de poder aprender del mismo al que algún día sustituirá?
Hay jugadores insistentes, que persiguen el balón con tanto ahínco que este, harto del cerco y acoso, decide ir a por el jugador. El balón persiguiendo al jugador, cayendo a sus pies. Camavinga es uno de estos elegidos.
Lo he visto jugar media docena de veces contra el Real Madrid: las suficientes para no recordar nada de él. En la ida de la pasada eliminatoria pasó desapercibido (igual hasta no jugó) y en la vuelta se marcó un partidazo. Tiene cara (y wikipedia) de tronco, de central tosco, de los que en la Liga española, con árbitros de pacotilla que pitan “penaltitos”, va a sufrir. Dicho esto, y sabiendo que Militao hace mejores a todos los que están a su lado, me parece un gran fichaje. Por muy malo que sea va a ser mejor central que Alaba. Y Alaba va a ser mejor lateral que Mendy. Es un dos por uno ganador. Una defensa con Carvajal, Militao, Rüdiger y Alaba me parece un gran salto de calidad. Y por si esto no fuera suficiente, siempre contaremos con Nacho, el defensa pesimista, otro de esos jugadores infravalorados que merece todo lo bueno que le pase.
Esta temporada: 45 partidos, 49 goles, 7 asistencias.
Yo nunca, jamás, diría que no a un jugador con esas cifras, y más siendo, si el Bayern se presta a dejarlo escapar, una oportunidad de mercado cojonuda.
Lo fichaba hoy mismo.
La suerte es ser del Real Madrid
Esta serie de históricos partidos, estas agónicas remontadas, han conseguido que el antimadridismo, al menos momentáneamente, agotado por el esfuerzo que ha llevado a cabo durante toda la Champions, levante la bandera blanca. Ha sido una rendición en toda regla. He leído artículos y he escuchado alabanzas que demuestran hasta qué punto han sufrido el golpe, están sonados, como esos boxeadores que se tambalean dando media docena de pasos antes de caer estrepitosamente al ring. Tienen ojeras como sartenes. Han enterrado hasta a Franco, los ves vagar sin rumbo, perdidos, sin entender qué ha sucedido. Arrastran la envidia como los fantasmas las cadenas. Algún día, como los capullos que se transforman en mariposas, se darán cuenta de que ellos también son madridistas.
Hace unos días, la cadena COPE, intentando buscar una explicación sobrenatural a las gestas que el Real Madrid ha logrado a lo largo de esta temporada en el Santiago Bernabéu, se puso en contacto con Iker Jiménez. Su contestación fue la siguiente:
"He mirado el mapa de la antigua Castellana y tengo que deciros que seguramente es el sitio más plácido de todo Madrid, y eso que es una ciudad llena de tragedias, enigmas y cosas de la guerra. Pero justo donde está el Bernabéu es como un erial que no tiene historia trágica”.
Lo que olvida mi admirado Iker Jiménez es que el Bernabéu no necesita ninguna historia trágica para explicar su magnetismo, sus éxitos y su benefactora influencia. Tiene la más bella historia jamás contada, una inacabable, que se proyecta del pasado al futuro: la que lleva protagonizando el Real Madrid hace más de un siglo.
Llevan razón, hay que admitirlo, el Real Madrid siempre ha tenido suerte. Fue una suerte que los hermanos Padrós (“así somos los catalanes”) se trasladasen a Madrid para regentar el negocio familiar “Al Capricho”, una boutique de telas situada en el número 26 de la Calle de Alcalá. Y fue una suerte todavía mayor que, entre telas de cachemira y algodones de Madapolán, fundasen, junto a Julian Palacios, la mejor institución deportiva de la historia. Fue una suerte que Sotero Aranguren y Alberto Machimbarrena (“así somos los vascos”) jugasen en este equipo y hoy, un siglo más tarde, sigamos honrándoles con la estatua levantada en su honor. Fue una suerte que Puskas, acusado de “traidor a la patria” por el régimen comunista húngaro, decidiese, después de ser rechazado por varios equipos del continente, establecerse en España, donde don Santiago Bernabéu, en una apuesta personal que solo desde la suerte se puede explicar, le hizo coincidir con Gento, el mejor jugador europeo, y Di Stéfano, el mejor jugador de la historia del fútbol, para formar parte de la delantera del mejor equipo de todos los tiempos, el único que ha conseguido la gesta de levantar 5 Copas de Europa consecutivas.
¿No es una suerte que el Real Madrid, como una isla florida, un vergel que acoge náufragos descarriados y desilusionados, haya permanecido alejado de la política?
¿Hay mayor suerte en el mundo que haber disfrutado de Di Stéfano, Puskas, Gento, René Petit, Rial, Amancio, Pirri, Raúl, Zidane, Cristiano, Sergio Ramos, Hugo Sánchez, Juanito, Santillana, Kopa, Zoco, Casillas, Marquitos? ¿Hay mayor suerte que disfrutar de Vinicius, Modric, Casemiro, Camavinga, Valverde o Benzema?
¿Acaso tú, querido lector, no has tenido la inmensa suerte de que tu padre, o un amigo de la infancia, o tu madre, abuelo, tío o tía, o un familiar lejano o cercano, o ese hermano que te precedía y bajaba a jugar a la calle con una camiseta blanca, te hayan hecho del Real Madrid?
La suerte es ser del Real Madrid.
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Buenos días, amigos. De las tres afirmaciones del título de este Portanálisis: Vinícius se renueva, Lewandowski se planta y el Barça se vende, la que más nos gusta es la que afecta a Vini, la que más nos extraña es la de Lewandowski y la que no nos sorprende es la del Barça. Vamos por partes.
“Vinicius se renueva” parece haber pensado el Madrid mientras golpeaba la mesa con un martillo de madera. La mejora de la ficha de Vini es uno de los objetivos prioritarios del club. Recordemos que el brasileño aún mantiene el primer contrato que firmó con el Madrid y sin embargo no ha lanzado ni una indirecta, ni ha lloriqueado, ni ha hecho el ridículo a través de los medios como suele ser habitual en otros futbolistas cada vez que realizan un buen partido y quieren renovar. Esta virtud de Vinícius —o quizá solo sea buena educación— es otro factor que juega a su favor.
También hará lo propio el equipo blanco con Militao, que se lo ha ganado con su excelente rendimiento. Actualmente, solo Lunin y Vallejo cobran menos que Militao y Vini, por lo que la mejora del contrato de ambos es justa y necesaria.
En un recuadro que parece de wallapop, As anuncia: “Griezmann, a precio módico”. ¿Hay que ir a recogerlo o te lo envían a casa? El francés cobra 18 millones de euros y hace tiempo que no pasa por su mejor momento futbolístico. Con su salario ha ocurrido lo mismo que con las hipotecas tras el estallido de la burbuja del precio de la vivienda de 2008, es altísimo para su valor actual.
Si el Madrid pensó: Vini se renueva, Mundo Deportivo titula: Lewandowski se planta. Y claro, nos extraña. Nos preguntamos: ¿y una vez plantado, qué cuidados requiere? ¿Cómo se abona un futbolista polaco para que crezca? ¿Cada cuánto hay que regarlo? ¿Es de interior o de exterior? ¿Necesita luz directa o indirecta? A buen seguro que el jardinero Xavi sabrá como actuar para que no se agoste. Tal vez las habilidades vegetales del entrenador del Barça hayan sido determinantes para que Lewandowski —siempre según Mundo Deportivo y Sport— tenga el Camp Nou (y su céspet) como destino preferido.
Abordamos ahora la tercera cuestión de nuestro título, que decía: el Barça se vende. No nos referimos al club entero, sino a su sección de retail, la encargada del merchandising. La venta permitiría maquillar el resultado económico desastroso de la presente campaña, sobre todo después del optimista presupuesto que elaboró el club y que recordemos no fue ni avalado por la Liga de Tebas, que lo vio demasiado fantasioso.
El Barça pretende ingresar unos 200 millones con esta venta. Se trata de una operación desesperada que tendría que refrendarse en asamblea antes del 30 de junio para que computase este ejercicio, por lo que el precio sería menor que en otras condiciones.
Hay tres factores que harían mejor o peor la operación:
Es una operación comprensible cuando la situación económica es la que tiene el Barça, pero si la filial de retail se estima que puede reportarle unos 80 millones al año y vende la mitad por 200, a partir del sexto año comenzaría a perder dinero. Si queréis más información, recomendamos este vídeo de Ramón Álvarez de Mon y Marc Menchen.
Sin dejar el tema culé, os mostramos un jocoso tuit de Sport:
“Aubameyang, mejor que Benzema”. Toma. Viva la cordura. “El gabonés mejora los números del atacante blanco desde el 1 de febrero en LaLiga”. Oye, cada uno se autoengaña como quiere. Precisamente ayer “Athos” Dumas escribía en La Galerna sobre las curiosas estadísticas culés, y este no es más que otro ejemplo del dislate mental que asola al culerismo. Lo mejor es reírse. A ellos les recomendamos, con toda nuestra buena intención, que acudan a un profesional en busca de ayuda.
Marca dedica su portada a Kennedy, pero no a John Fitzgerald, ni a Robert, ni a John John, ni siquiera a Mike Kennedy, ilustre vocalista de Los Bravos, sino a Alan Kennedy, futbolista de infausto recuerdo para el madridismo, motivo por el cual mejor no comentamos nada, pese a sus alabanzas a Benzema.
Pasad un buen día.
Al bajón producido en muchos madridistas por el anuncio oficial del fichaje de Haaland por el Manchester City no ha tardado en matizarse un fulgor de esperanza: parece ser que en su nuevo contrato figurará una cláusula que le permitirá cambiar de club al término del segundo año previo pago de 150 millones de euros. De ser así, no estaría todo perdido. El Madrid podría esperar dos años, apurando la copa con las últimas esencias de Benzema, antes de hacerse con el delantero noruego a trueque de una cláusula elevada pero no prohibitiva. No suena del todo mal, pero ¿existe esa cláusula?
Esa cláusula es como Dios: si no existiera, tendríamos que inventarla para sobrellevar el peso de nuestra propia futilidad. Esa cláusula es la raza humana pugnando por esquivar la idea de su propia condición efímera. Tiene que existir. Necesitamos que exista, aunque no sepamos si el rumor contiene verdad. Tiene que ser aunque no sepamos si es.
Parece ser que en su nuevo contrato figurará una cláusula que permitirá a Haaland cambiar de club al término del segundo año previo pago de 150 millones de euros. De ser así, no estaría todo perdido
“¿Vamos a separarnos para siempre, antes aún de habernos encontrado?”, le suelta un personaje de Cortázar a una mujer hermosa por la calle, antes de que el destino los lance en direcciones opuestas de la misma acera. Florentino y Haaland, que sabemos se desean pero no sabemos hasta qué punto (he ahí un enigma aún más insondable que la propia existencia de la cláusula), se han cruzado por la calle y han seguido cada uno por su lado. La cláusula es la falla del destino en la línea del futuro: la fiesta donde ella y él, sin saberlo, van a volver a coincidir (o no) por medio de un amigo común. El propio Cortázar dejó escrito que, de todos nuestros sentimientos, el único que no es propiamente nuestro es la esperanza: “la esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose”. Así, la cláusula no pertenece a Haaland ni al City ni al Madrid sino que es propiedad exclusiva de nuestra existencia, nuestra existencia que boquea en busca de aventura, como un pez lo hace fuera del agua en busca de aire. Ay, la aventura. Qué difícil es, para el cauto, distinguirla de la simple imprudencia. Florentino, como Meryl Streep en Los Puentes de Madison, se ha quedado aferrado a la puerta del coche en lugar de abrirla y salir corriendo en medio de la lluvia hacia la camioneta de cuyo retrovisor interior pende un rosario, y nos ha dejado en el páramo triste de una vida honorable rezando por la existencia de la cláusula.
Pero no tiene sentido rezar por la existencia de algo. Algo existe o no existe con independencia de las plegarias de la plebe. ¿Existirá la cláusula? Es el Santo Grial. Es El Dorado, la leyenda que se trasmite de generación en generación en las noches a pan y agua de los humildes. El primer peregrinaje en busca de la cláusula parte el miércoles próximo de la Plaza de los Sagrados Corazones dirección Inglaterra. Mientras la mayoría de madridistas se encaminan a París, en el doble objetivo de volver de allí con la Orejona y con Kylian, un destacamento de orates iniciará a mediodía la incierta caminata rumbo a Manchester. La lógica dicta que la cláusula está allí, si bien algunos arqueólogos han apuntado que su paradero podría ser una remota cabaña en los fiordos, o una tumba ignota y perfumada en la provincia de Salerno. Hay una pátina de nobleza que distingue a estos peregrinos desatinados. Mientras los que van a París inician un viaje que ha de plasmarse en conquistas tangibles, los otros caminan en busca de algo tan etéreo como su propia ilusión, la misma que de momento yace exánime por mor de las cuentas del fontanero, las que tienes que tragarte porque qué sabrás tú cuánto cuesta de verdad la pieza díscola de la tubería.
La cláusula, aunque se intuye breve, es la Sábana Santa. Unos científicos de Harvard han afirmado que en los negativos de las fotografías tomadas de la cláusula se sugiere la senda irremisible de la gloria.
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Fascina, pero al menos no sorprende, la peculiar forma de explicar ciertas estadísticas que hacen los periodistas y algunos tuiteros abiertamente culés. Siempre dan la vuelta a los números para dar la impresión de que el FC Barcelona es el líder en todas las estadísticas habidas y por haber. Y lo mejor de todo es que estas falacias o verdades sesgadas calan en muchos incautos que se postran ante dichas cifras.
Llevaban unos años los Jota Jordis, Davides Bernabéu, Jordis Martí, o Alfredos Martínez de turno con la cantinela de la racha de ligas del Barcelona (versus, claro está, las del Real Madrid), pero siendo muy prudentes (creyéndose astutos) a la hora de poner la fecha de inicio de los datos que exponían: curiosamente, siempre partían de la primera liga de Guardiola, la 2008-2009. De esta forma, cuando acabó la 2018-2019, lograda por el Barça, decían todos ellos muy ufanos aquello de “8 de 11”, frente a un ignominioso “2 de 11” del eterno rival, lo cual era muy cierto, pero de haber escogido como fecha inicial dos años antes (con las ligas del Clavo Ardiendo y la de Schuster), el dato habría sido menos atractivo, 8 de 13 (frente a 4 de 13). Algunos de estos avezados alumnos de Pitágoras se remontan a la temporada 1990-91 (ya que en ese momento empezó el ciclo ganador de las 4 ligas de Johan Cruyff), con lo cual, en ese mismo 2019 hablaban de “16 de 29” frente a “8 de 29” del Real Madrid. Si se hubieran tomado la molestia de ir 5 años atrás, se habrían encontrado con las 5 seguidas de la Quinta y entonces habría que hablar de un 16 de 34 contrarrestado por un más digno 13 de 34.
Formas de contar y desde cuándo. Es un lindo pasatiempo culé. Por cierto, que desde 2019 (última liga blaugrana), ya no hacen estas cuentas, ya que llevan una bonita travesía del desierto (con 2 ligas blancas y una colchonera, harto dudosa esta última) de ligas, que deseamos desde estas líneas les sea muy muy duradera.
Si los madridistas hiciésemos como aquellos “ciudadanos periodistas” (como los llama Richard Dees), ahora estaríamos hablando de “3 de 6” ligas en estas últimas 6 temporadas. Afirmación que todavía no he escuchado ni leído en las dos últimas semanas, tras el alirón ante el Espanyol.
muchos opinadores calculan de esta forma, al peso. Y así pasa que, en una noche de luna llena, el Lobo Carrasco dice que es el único ser del planeta que tiene 3 Recopas de Europa en su palmarés (trofeo muy respetable, ciertamente), como si ese hecho tuviera, qué sé yo, el mismo valor que ganar 3 Copas de Europa (seguidas o alternas).
Lo que no tiene discusión, en cualquier caso, es que de las 91 ligas disputadas desde 1928, el Real Madrid se ha impuesto en 35 ocasiones, mientras que su rival culé lo ha hecho 26 veces. Y no hay que ir ni más atrás en el tiempo ni coger el periodo que más favorece a ninguno de los dos clubs.
Esta manía culé se está expandiendo en este final de campeonato, ya que los voceros azulgranas llevan semanas hablando de los puntos de Barça vs. Real Madrid, pero con la añagaza de hacer los cálculos desde que empezó a entrenar Xavi Hernández. Otra trampa más. Con estos datos, se trataría de una nueva clasificación que habría, pues, que proponer a Javier Tebas, no vaya a ser que sea ésta última la válida. Igual, de esta forma, pueden despojar al Madrid de su título de liga, ya que lleva desacelerando un poco desde que lo consiguió, mientras que el Barça de Xavi sigue batiendo récords (siempre según estos heraldos del trilerismo).
Claro que habría que decir que el mismísimo entrenador del FC Barcelona, hace unas semanas, habló de una extraña y muy sui generis competición formada por los clubs que iban clasificados entre el 2º y el 6º puesto, un aberrante campeonato entre 5 para ver cual de ellos conseguiría acabar como subcampeón liguero. Si el propio técnico dice semejantes sandeces en una rueda de prensa oficial, cómo no van a airear los periodistas allegados a la Masía cualquier estadística que les favorezca y que la expongan, permítaseme la grosería, cómo les salga de los nísperos.
¿Qué se puede esperar de unos supuestos informadores para los cuales cualquier trofeo oficial tiene exactamente el mismo valor? Es decir, que una Copa de Europa vale lo mismo que una Copa de la Liga. ¿Puede decirse un dislate mayor? ¿Una Liga vale igual que una Supercopa de España? Pues muchos opinadores calculan de esta forma, al peso. Y así pasa, que, en una noche de luna llena, el Lobo Carrasco dice que es el único ser del planeta que tiene 3 Recopas de Europa en su palmarés (trofeo muy respetable, ciertamente), como si ese hecho tuviera, qué sé yo, el mismo valor que ganar 3 Copas de Europa (seguidas o alternas).
Podemos discutir si una Supercopa de Europa vale más o menos que una Copa del Rey, eso es opinable. Pero lo que no es opinable es que el trofeo más preciado a nivel de clubs en todo el planeta es la Copa de Europa. Y, después, y a gran distancia, está el campeonato liguero, el torneo de la regularidad, que se juega todo el año. Luego vendrían el Mundial de Clubs, las Supercopas, la Copa del Rey, y no necesariamente por este orden.
Y si hablamos de Copas de Europa, ya saben: Real Madrid, 13 (por ahora), Barcelona, 5.
Y si se trata de Ligas, lo dicho: Real Madrid, 35. Barcelona, 26.
Por eso no paro de reírme cuando se habla de comparar el palmarés de trofeos de CAZA MAYOR de Don Paco Gento (6 Copas de Europa, 12 Ligas), con el de Leo Messi (4 y 10, respectivamente), aunque los culés le añaden decenas de trofeos menores (que en tiempos de Don Paco NI EXISTÍAN) para hacer creer, en un nuevo truco de ilusionismo barato, que Messi tal y que si Messi cual.
Y así todo: estas extrañas fórmulas de cálculo pueden dar de esta forma casi más valor a las Community Shields de Guardiola que a la triple corona de Copas de Europa de Zinedine Zidane. El caso del sobrevalorado Noi de Sampedor es uno con los que más pecho sacan sus padawanes adoradores: un técnico que tiene la inmensa cantidad, ciertamente, de 31 trofeos en su palmarés, aunque entre ellos tan solo 2 Copas de Europa (la última lograda hace 11 años), habiéndola disputado hasta hoy 13 veces. Eso sí, tiene 9 ligas en su haber, las 3 seguidas de Barcelona, más 3 Bundesligas (título difícil de no ganar si se entrena al Bayern) y 3 Premier Leagues. Zidane, como es sabido, conquistó 3 Copas de Europa en únicamente 5 temporadas disputadas y conquistó 2 Ligas. Pero para todo reportero (culé o incluso no culé, panenkista, sesudo analista o simple forofo), Guardiola es un genio y Zidane es un alineador con mucha suerte.
Es sabido que las cifras siempre se pueden manipular, ya vemos lo que ocurre en todas las elecciones políticas, pero en el caso del fútbol, todo debería ser más sencillo. Lo de sesgar parcialmente clasificaciones de un campeonato de fútbol, como hacen los devotos de la Xavineta, queda francamente cutre,. A mí particularmente no me gustaría que los madridistas sacásemos pecho por una supuesta victoria pírrica que, en definitiva, ni da brillo ni da gloria al palmarés de mi equipo favorito.
Buenos días, amigos. En un partido espectacular, en el cual el Real Madrid no tuvo piedad de un Levante al que mandamos un abrazo en la amarga hora del descenso, los hombres de Carlo aplastaron a su rival en una vorágine casi pornográfica de juego alegre, ocasiones multiplicadas y goles brillantes. Leed la crónica de Jesús Bengoechea si no nos creéis. Todos jugaron bien. Nacho selló el área, Vallejo le complementó a la perfección (¿y si resulta que el chico nos vale?, se preguntaba alguien en el chat de La Galerna), Mendy fue muro y pichichi en uno, Valverde reventó la cruceta una y otra vez (hay consenso en que se guarda el gol para París), Benzema entró en la historia al alcanzar a Raúl como segundo máximo goleador de la Historia del equipo y Rodrygo volvió a anotar a pase de papá Modric, que en una nueva exhibición firmó hat trick de asistencias.
El que firmó un hat trick del otro, o sea, de goles, fue Vinicius jr., a quien hoy se nos ha ocurrido la gracia de rebautizar como Trinicius. No quedó conforme con el doblete que hubiera rubricado Vi(Bi)nicius y se lanzó a por el primer triplete de su carrera en el Madrid. Trinicius jr., que hoy viene a la portada de As abrazado a su inseparable Benzema.
Ahí los tenéis. La delantera más temible de Europa, aunque ahora, llegados a este punto, lo que cuenta realmente es que sean capaces de imponerse a la formada por Mané y Salah el próximo día 28. No pensamos en otra cosa, y el equipo transmite la sensación de que tampoco. Van al galope, como bien dice As, con Trinicius jr. como jockey ligero. Nos gusta la imagen. Podemos imaginarlo fácilmente a lomos de un brioso pura sangre, con la gorra y las espuelas que no necesita usar, con la fusta que solo sirve para hacer juego con la sonrisa irresistible de feo seductor. Primero aprovechó un pase de Modric, después remachó sobre la línea los arabescos inenarrables de Karim, y por último deslizó a la red un balón en profundidad de Jovic maniobrando escurridizo entre los defensas. Qué lejos quedan las bromas. Es el máximo triturador de memes que ha parido la historia del fútbol mundial. Es un genio. Es un tipo único, es el fútbol de siempre redivivo y a la vez es lo nunca visto.
Trinicius jr.
Y el otro gran protagonista es por supuesto Benzema, Benzema y su cifra impensable de goles, la que le sitúa empatado con Raúl González en casi lo más alto del podio histórico de revientarredes blancos. la que ayer igualó y casi se diría que no quiso superar por pudor, por no hacer al portento madrileño el doble feo de alcanzarle y superarle en el mismo encuentro. Lo de superarle queda para el próximo. Es una cosa loca, nunca nos cansaremos de decirlo, el modo en que Karim ha desautorizado a sus críticos no solamente manteniendo la magnífica y generosa sutileza de su juego, sino añadiendo a esta una voracidad goleadora propia del Cristiano al que ¿tal vez algún día podrá alcanzar también? La hipótesis suena prácticamente utópica, son casi 120 goles los que le separan del tótem portugués. Pero quién sabe. Dale dos temporadas más, quizá tres si el cuerpo aguanta, y Karim es muy capaz de encaramarse allí con ese dedo chungo que ya viene a ser como la legendaria clavícula en cabestrillo de Pirri. Nadie ha juntado arte y testosterona como Benzema hace en este momento.
Os dejamos con la prensa cataculé, que se ufana por haber vendido a Coutinho por 20 millones después de haber pagado 120 por él, y que incluso apunta a la venta de Frenkie De Jong, acaso su mejor centrocampista, para impedir que los cascotes del estadio sigan desplomándose y las cacas de las palomas se enseñoreen de la zona de restauración.
Pero viene Lewandowski.
Pasad un buen día.
Arbitró Adrián Cordero Vega del Comité cántabro. En el VAR estuvo Iglesias Villanueva.
Partido tranquilo para el trencilla, aunque tuvo un par de fallos en lo disciplinario y un error al dejar un penalti sin señalar.
En la primera parte Vallejo por una dura entrada en el 9' a Melero y el propio canterano blanco por dar una patada en la rodilla a Vinicius se libraron de la amarilla. Además, Son cometió penalti sobre Benzema en el 11' al derribar al francés de forma clara.
Las amarillas del choque fueron para Camavinga por un pisotón en el 42', Roger por una plancha al medio francés en el 64' y Modric por una mano voluntaria en el 69'.
Iglesias Villanueva tuvo trabajo en el VAR para anular dos goles por fuera de juego: el de Rodrygo en el 30' y el de Vinicius en el 57'.
Cordero Vega, DISCRETO.
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