El Rey regresa este fin de semana a su casa, el Santiago Bernabéu, el verdadero teatro de los sueños. Sin sucedáneos ni imitaciones. El Bernabéu es la Casa del Rey de Europa, más si cabe aún tras la prodigiosa sucesión de gestas que los hombres de Ancelotti protagonizaron la temporada pasada, una detrás de otra, y que hasta la UEFA gobernada por Ceferin, nada sospechosa de filiación madridista, explicó con una frase para la historia: "El Madrid es poseedor de una fuerza oculta".
Esa ‘fuerza oculta’ ha llevado al Real Madrid a ser campeón de Liga, de la Supercopa de España, de la Copa de Europa (me sigue gustando mucho más llamarla de esta manera) y de la Supercopa de Europa con un plantilla considerada por muchos como de transición y convirtiendo la pasada edición de la ‘orejona’ en un conjunto de hechos memorables que serán estudiados por las academias de fútbol y los centros de negocios como ejemplo de que nada es imposible en la vida… y menos si llevas en el pecho el escudo del Madrid.
El Rey regresa este fin de semana a su casa, el Santiago Bernabéu, el verdadero teatro de los sueños. Sin sucedáneos ni imitaciones. El Bernabéu es la Casa del Rey de Europa
Vuelve, por tanto, a su feudo el campeón de TODO 104 días después de su última comparecencia y precisamente ante el mismo rival de aquella ocasión: el Real Betis Balompié. Un partido de tronío y ante uno de los pocos equipos a los que el Madrid ha tenido problemas para superar en el pasado reciente: en las últimas cinco visitas al Bernabéu, el Betis se ha llevado cuatro empates y una victoria y el Madrid ha sido incapaz de hacer un solo gol. Pocos equipos pueden presumir de tener un palmarés de este calibre ante el Madrid.
Además, los de Pellegrini llegan —al igual que el Madrid— invictos, por lo que el duelo tendrá el aliciente de dilucidar quién es el primer líder en solitario de esta Liga. Y por su fuera poco, en puridad, el partido es una Supercopa de España anticipada. Sobre césped estarán tanto el campeón de la Liga como el campeón de la Copa del Rey. Antes de Arabia, la Supercopa era un partido de este tenor.
Con todos estos ingredientes sobre el césped, el regreso del Madrid al Santiago Bernabéu, Desembarco del Rey, tiene un atractivo especial y más si cabe si pensamos que desde aquel ya lejano 20 de mayo del último duelo jugado en casa han sucedido muchas cosas.
Algunas, memorables como la victoria en la final de la Copa de Europa disputada en París, la casa de Mbappé, Neymar y Messi, ante el Liverpool, o el triunfo en la Supercopa de Europa ante el Eintracht en el prólogo de esta temporada.
La pasada edición de la ‘orejona’ es un conjunto de hechos memorables que serán estudiados por las academias de fútbol y los centros de negocios como ejemplo de que nada es imposible en la vida… y menos si llevas en el pecho el escudo del Madrid
También en estos meses, ha habido sucesos inverosímiles, como la transformación del FC Barcelona en el Palancas FC a fuerza de empeñar las joyas de la abuela y de disfrazar de marketing tal acción como si fuera un master en Harvard, o el despropósito que supone que se lleven tres jornadas de Liga ya disputadas y que la mayoría de los clubes estén cerrando aún sus plantillas. Una adulteración de la competición en toda regla y un desajuste para los aficionados, que no saben con qué jugadores va a contar su equipo hasta que se llevan ya disputados 12 puntos del campeonato. Una más del Tebas Team.
Todo ello quedará en un segundo plano este sábado. Juega el Rey y lo hace en el Bernabéu, la capital del fútbol en la actualidad.
Buen momento para saltar al terreno de juego con la colección de trofeos ganados en una temporada que ya está en los anales de la historia, muestra palpable de eso que la UEFA llama ‘fuerza oculta’ y que no es otra cosa de tener grabado en el ADN que el camino más corto hacia el éxito es no rendirse jamás.
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Buenos días, amigos. Hoy se cierra el mercado a las 23:59. Pero tranquilos, podréis seguir comprando boquerones, entrecots o productos de la huerta, el mercado que cierra es el de fichajes en España. Era costumbre que finalizase el 31 de agosto al filo de la medianoche, pero el nefasto mundial de Catar ha retrasado un día la fecha.
No solo se ha demorado un día el cierre, sino que las fechas anómalas de dicho campeonato, del 20 de noviembre al 18 de diciembre, condicionan la estrategia de los clubes y, de facto, se prolonga la incertidumbre hasta el cierre de la ventana de enero del 2023. Celebrar un mundial en el infierno implica tener que jugarlo en invierno para que sobrevivan los jugadores, a diferencia de los miles de trabajadores muertos en la construcción de sus infraestructuras, pero esos carecen de importancia para los organizadores y los principales organismos que rigen el fútbol.
Pese a que quien más y quien menos conoce la situación de cada equipo, siempre existe la esperanza de un bombazo de última hora, ya sea en forma salida anhelada o de llegada deseada, el fichaje de un crack, vaya. En nuestro Portanálisis de ayer os decíamos que no perdieseis la esperanza si aún no os había fichado el Barça, que había tiempo, pero parece ser que el Barça ya tiene su crack.
Alipori es una palabra atribuida al catalán Eugeni d’Ors, dicen que a partir del italiano o quizá del latín alius (otro) y pudor. Como sabéis, significa vergüenza ajena, para simplificar. Pues alipori hemos sentido al leer este artículo de Felipe del Campo en Marca.
Ojo, que Laporta luce “gafas de seductor”. Guau. Gafas que cubren su ojo a la virulé, pero ya sabéis, en tierra de ciegos, el tuerto es el rey. Atentos, porque Lewandowski perdió muchos años de vida deportiva en la BundesBayern. Enchufándole junto a sus compañeros ocho goles a los cules o ganando Champions, Supercopa de Europa y Mundial de Clubes, entre otras “pérdidas de tiempo”. Xavi ha recuperado las esencias del cruyffismo. Y dice esencias porque los datos reales dicen que Xavi no es precisamente uno de los mejores entrenadores que se ha sentado en el banquillo culé. Pero claro, está la ilusión, y todos sabemos que teniendo ilusión, ¿quién narices quiere ganar Champions?
La loa recae ahora el Mateu Alemany, que un poco más y salvó a la humanidad de un terrible ataque zombi.
Pero este panegírico laico con aroma de publirreportaje centra sus elogios en el único e incomparable Jan Laporta: “… ninguno de los tres estarían sin el liderazgo de Laporta. De la pancarta a la palanca ha sabido transmitir el regreso del Barça contemporáneo. El del Dream Team, el del Sextete. Aparcó el victimismo ochentero y la crisis derivada de la pandemia y lanzó un mensaje semanal de optimismo. El de la pelea por una Liga imposible o el de reinar el mercado de fichajes, rebautizó las viejas hipotecas por joviales palancas y puso una sonrisa al tenebroso grupo de la Champions”. Quien no se ría es porque no quiera.
Está ensalzando a Laporta por pulirse en unas semanas todo el dinero que ha conseguido hipotecando los próximos 25 años del club. Fantástico. Nos recuerda a la imagen de héroe que querían transmitir con el vaquero de Marlboro, que en realidad no hacía otra cosa que venderte la muerte por fascículos.
Firmado: Mr. Wonderful.
Aquí en Madrid lo más curioso que tenemos son viuditas de futbolistas que ni siquiera han vestido la camiseta del Madrid. Siempre que marca Haaland, Gabriel Jesús o cualquier otro jugador que se haya relacionado con el club, no falta quien pone el grito en el cielo. Se ve que no han aprendido nada del año pasado. Ni del comienzo de este. Hay gustos para todos, aunque quizá es preferible la realidad con Champions, Ligas o Supercopas que el constante “y si hubiéramos fichado a… “.
De las portadas, la más destacable es la de Marca, protagonizada por una entrevista exclusiva a Pablo Laso. El exentrenador del equipo blanco afirma que pese a que su salida no fue como él hubiese deseado, será madridista toda la vida y no dudaría en volver al Madrid si Florentino le llamase, dice que siempre ha mantenido una estupenda relación con él.
Nos despedimos con el resto de portadas y os deseamos que paséis un buen día.
Buenos días. En apenas unas horas se cierra el mercado, así que no desesperes, querido lector, si todavía no te ha fichado el Barça. Aún hay tiempo.
Claro que, si lees La Galerna, es probable que fichar por el Barça no sea algo que se cuente entre tus aspiraciones más febriles. Aunque cosas más raras se han visto, ¿verdad? Mira, mirad si no a Sergio Reguilón, ese chaval que ascendió del Castilla con Solari y que nos conmovió con su madridismo imberbe y casi ingenuo. Resulta que va a pasar un año cedido en el Atleti. Sabemos que son profesionales y tal, que viven de esto más allá de dónde esté su corazoncito, pero rechina un poco que por una sola temporada en préstamo Reguilón haya querido ensombrecer un recuerdo tan grato de él por parte de millones de personas. Puede ser que se vea de titular con el Cholo y, en consecuencia, con opciones de recibir la llamada de Luis Enrique para Catar. El Mundial de Catar produce monstruos, como el sueño de la razón para Goya, y para muestra la imagen de Sergio vistiendo la imposible camiseta dentífrica del equipo del pueblo. Bastante teníamos con asimilar la existencia de esa camiseta como para ahora añadir al estupor que causa el ver a Reguilón embutido en la misma. Cerramos en este punto este párrafo patrocinado por Colgate.
El hecho es que el Atleti, que se pirra por un ex del Madrid con un temblor casi sexual, dio ayer la bienvenida a Reguilón, y paradójicamente, por más que a dicho club le encante fichar exmadridistas, lo presentó públicamente como si nunca hubiera jugado en el Madrid. Es una cosa que el Atleti tiene que hacerse ver, suponiendo que existan divanes para clubes de fútbol. Los fichan entre otras cosas por el morbo de que hayan jugado en el Madrid, pero luego hablan de ellos como si tal cosa jamás hubiera sucedido, dado que el Real Madrid no existe, amigos. Es el Innombrable. Por consiguiente, Reguilón jamás jugó en el Madrid. Es el hombre que nunca estuvo allí, es decir, es Billy Bob Thornton en la película de los Coen.
En un famoso restaurante mexicano de la calle Cuchilleros de la capital española, se especifica por medio de un gran cartel que “Hemingway never ate here.” Con Reguilón y el Madrid pasa lo mismo. ¿Cómo va el Atleti a hacer constar que su nueva adquisición por cesión jugó en el Madrid cuando el Madrid no existe?
¿Qué os parece, amigos? Sergio Reguilón “debutó en Primera División el 3 de noviembre de 2018”, pero la agradecible precisión en la fecha de su debut en Primera se difumina por completo cuando se trata de consignar en qué equipo debutó. ¿Fue por ventura el Osasuna? ¿Acaso el Espanyol? ¿No se trataría por casualidad del Levante? Poca importancia tiene este detalle. Escasa relevancia tiene el hecho de que el futbolista se formase en la cantera del Real Madrid y que debutase en la división de honor con ese mismo club. Lo que importa es que tal cosa sucedió el 3 de noviembre de 2018. Ya puestos, nos podían haber contado contra qué equipo jugó su impronunciable equipo aquel 3 de noviembre de 2018. Contra quién debutó pero no con quién debutó. Habría sido más gracioso todavía.
Con la máxima naturalidad y en la misma frase se hace constar tras la fecha del debut en Primera que terminó “afianzándose en la élite en la siguiente campaña vistiendo la elástica del Sevilla”, y ahora ya sí podemos ofrecer datos, porque el Sevilla sí que existe, a diferencia de lo que les pasa a otros, no miramos a nadie. Así pues, venga ahora de brindarnos estadísticas de su paso por la ribera del Guadalquivir, ya que dicho río sí que existe, a diferencia del… Íbamos a escribir que a diferencia del Manzanares, que no existe, pero cómo no va a existir el Manzanares porque qué hacemos entonces con el propio Atleti. Hay que hacer las cosas bien. Madrid existe pero no EL Madrid, por eso el chico se formó en la cantera y debutó en un equipo indeterminado de Primera en el que no hizo nada reseñable para a continuación, sin cambiar de frase, emigrar a la capital hispalense y ahí ya sí: ahí ya hacer cosas. Difícilmente puede hacerse algo digno de ser reseñado cuando esas cosas se hacen en el limbo. Porque el Madrid es eso, es el limbo. No ES, en el estricto sentido de la palabra. El Atlético de Madrid es el único equipo en la historia del fútbol mundial que ha perdido no una, sino dos Finales de Champions League contra una entelequia, un vano fantasma de niebla y luz, como diría Bécquer. Perder contra quien no existe tiene un meritazo, no se puede negar.
Qué risa, amigos. Es la cuadratura del círculo. Vamos a joder al madridismo fichando exmadridistas para luego ocultar que jugaron en el Madrid. ¿Que jugaron en dónde, dice usted? Calle, señora, suélteme el brazo, por favor, y deje usted que se nos cuelen estos amables señores del Frente Atlético que llevan prisa y tienen que comprar esos cuchillos, quítese de la fila.
Por lo demás, el mercado hierve en sus últimas horas, tal y como relata la prensa cataculé. El PSG se ha hecho con dos futbolistas nacionales en la órbita del luisenriquismo, el United concreta en Antony otro fichaje multimillonario y el Barça bulle en quilombos. Parece ser que en unas doce horas van a dar 73 bajas y van a contratar a 966 nuevos rostros. Observaremos con interés. De momento no han sido capaces de colocar en el mercado a las ratas que pululan por las gradas del Spotify, pero no se descarta que alguien las compre a palanca limpia. "There´s a rat in my kitchen, what am I gonna do?", cantaba UB40 en los dorados ochenta. Descargáosla, es la mejor forma de hacer encajar el sponsor con las necesidades más acuciantes del patrocinado.
Pasad un buen día.
Hola de nuevo:
Dices que no comprendes la apatía que muestra la afición blanca respecto al equipo en este inicio de temporada. Chasqueas la lengua con impaciencia cuando ves a un gran sector del madridismo, saciado tras el magnífico triplete, anhelante de caras nuevas. Te parece una frivolidad caprichosa, y apuntas que en tu juventud nadie necesitaba que los mejores jugadores del momento estuvieran en la plantilla para ilusionarse. Si no llego a interrumpirte, el bucle melancólico te hubiese acabado convirtiendo en un émulo del Zavalita de Vargas Llosa, preguntándote por el momento exacto en que se jodió el Madrid. O, de una manera más castiza, zarandeando por los hombros al primer muchacho que se te acerque, recitándole las enseñanzas de tus estimados Chichos: “No se puede estar viviendo siempre pensando y pensando, si eres joven y bonita, por qué no luchas por algo”.
Dices que no comprendes la apatía que muestra la afición blanca respecto al equipo en este inicio de temporada. Chasqueas la lengua con impaciencia cuando ves a un gran sector del madridismo, saciado tras el magnífico doblete, anhelante de caras nuevas
Debo confesarte que, por una vez y sin que sirva de precedente, la distancia generacional no me va a impedir darte la razón. En mi caso particular, el retorno del Madrid, ese acompañante vital y poderoso antídoto contra el paso del tiempo, supone un alivio suficiente para no amargarse con la ausencia de un Mbappé o similar en el césped de Cornellá. Me basta por completo. Y sin embargo, a la vez comprendo la desazón de mis coetáneos. Al fin y al cabo, el fútbol tiene mucho de refugio íntimo y autorreferencial, pero para la mayoría también constituye, por encima de todo, un desahogo. Una vía de escape que distrae a través del entretenimiento y la fascinación. Y no hace falta ser un entusiasta partidario de la sociedad de consumo para aceptar que lo fascinante requiere de ciertos estímulos y una mínima renovación; algo que vaya más allá de un inteligente trueque de mediocentros.
Ignoro si esas novedades van a llegar en forma de delantero fichado a última hora. Es verdad que la enrarecida situación de Asensio y el extraño caso del futbolista anteriormente conocido como Mariano dejan abierto un mínimo resquicio para la duda. Pero conviene no engañarse: incluso aunque se concretasen ambas salidas, los globos sonda que lanza el club no dejan como demasiado plausible la alternativa del dispendio final. A estas alturas, parece muy poco probable el ansiado giro de guion. Ni falta que hace, te oigo replicar de inmediato. Bien, seguramente te halles en lo cierto; no obstante, habrás de conceder que la austeridad blanca contrasta con el dadivoso espectáculo de fuegos artificiales que existe al otro lado del puente aéreo. Al fin y al cabo, la fastuosa exhibición de derroche en el Camp Nou, sin duda espoleada por el pánico a otra Copa de Europa del Madrid, ha conseguido —ya veremos a qué precio— resucitar el ánimo de una masa social deprimida. Al amparo de ese hallazgo semántico de las palancas, el dúo Roures-Laporta se ha convertido en una especie de Arquímedes: dadme un punto de apoyo y levantaré el Barça.
Conviene no engañarse: incluso aunque se concretasen ciertas salidas, los globos sonda que lanza el club no dejan como demasiado plausible la alternativa del dispendio final
Reconozcamos pues que el aficionado merengue al que no le sacie vivir el madridismo como un refugio imperecedero y una pasión privada autojustificada, y requiera de otros acicates seductores, se verá obligado a un mayor esfuerzo para encontrarlos que su homólogo culé. Antes de que vuelvas a poner los ojos en blanco, y a pesar de nuestro frugal temperamento que no los necesita, quizá haciendo un ejercicio de empatía podríamos proponerle varios. Verbigracia, la calidad del pie zurdo de Alaba, la definitiva explosión de los chavalines, tanto brasileños como franceses, las delirantes carreras al trote de Rüdiger, la hipótesis de que la consideración de Camavinga como una mezcla entre Redondo y Seedorf tenga visos de cumplirse más allá de la estética, la emocionante lucha victoriosa de Modric contra el reloj de arena, la consolidación de Benzema en el podio de mejores extranjeros de la historia del club, la afectuosa flema y el toreo de salón de Don Carlo en las ruedas de prensa... Y, por qué no, hasta la redención de cierto belga que dio su palabra en Cibeles hace unos meses. Son incentivos quizá más humildes y realistas, pero no exentos de todo interés. Acaso contemplados un poco desde la perspectiva adulta de buscar los alicientes en la rutina. Y que, desde luego, se corresponden con la doctrina de tus admirados Jero, Julio y Emilio: por qué no afrontas la vida y dejas la ilusión a un lado.
Para el que no se conforme: quedan unas horas hasta el cierre del mercado.
Cuídate, volveré a escribirte pronto.
Pablo.
Me gusta El Chiringuito. Es más, lo veo asiduamente.
Reconoceréis que decir esto, así, de sopetón, como inicio de mi artículo, es tan arriesgado como saltar desde un trampolín sin saber si hay agua o fichar jugadores sin saber si los vas a poder inscribir.
Hace unos días hice una pequeña encuesta en Twitter (no tengo acceso al CIS y era lo que tenía más a mano) para saber cuántos de mis seguidores admitían, sin coacciones y desde el más cómodo anonimato, disfrutar del mismo vicio. Yo ya me barruntaba que los resultados no iban a ser muy favorables, pero después de ver que solo un escaso 19% compartía conmigo esta pequeña perversión televisiva, me entraron las dudas y las ganas de escribir sobre ello. Reconozco que mi método de análisis, esa esmirriada encuesta a la que contestaron menos de mil personas, no era nada representativa del sentir general, pero ese 81% de respuestas negativas no dejó de sorprenderme.
O mis seguidores, si nos atenemos a las excelentes audiencias del programa, mentían, o inexplicablemente, ya que nunca me he manifestado al respecto, se habían concentrado a mi alrededor todos aquellos a los que no les gustaba Pedrerol y sus tertulianos. La otra opción, tan ilógica como plausible, era que no les gustase el programa, pero lo viesen. No sé, apuesto que si se realizase esta misma encuesta en el programa (toma nota, Pedrerol), es decir, si se preguntase a los telespectadores del Chiringuito si les gusta el Chiringuito, una gran cantidad de los que en ese momento lo estuvieran viendo, contestarían que no.
Y sinceramente no entiendo el motivo. A mí me parece un producto redondo, inteligente y mucho más divertido que cualquier otro programa deportivo. Hay una línea invisible, no sé si por desconocimiento o esnobismo, que separa la información deportiva, vamos a llamarle seria (aunque no lo sea), tradicional (aunque sea caduca) o especialista (aunque te llene el portátil de flechas de colorines y absurdos datos que no aportan más que confusión), es decir, la que pueden hacer, por ejemplo, Santiago Segurola, la cadena SER o el llamado panenkismo, de la que nos ofrece El Chiringuito. No sé, igual soy muy ecléctico, pero hace tiempo que intento tomarme a los medios de comunicación, deportivos o no, tradicionales o chiringuiteros, con espíritu deportivo, sin crisparme e intentando no volcar en ellos los fantasmas y las frustraciones que uno debería reservar a su psicólogo. A estas alturas de exclusivas y expertos en fútbol internacional, uno ya no cree más que en los comunicados y en lo que ven sus ojos. Ayer mismo escuché a De la Morena confesar que se había inventado que Florentino fuese a pagar a los socios el importe de su abono si el fichaje de Figo no se llevaba a cabo. Y lo confesaba sin rubor, con naturalidad. El periodismo, tal y como lo hemos conocido, o tal y como “imaginamos” que era hace unas décadas, ha, exceptuando alguna labor de investigación como la del Caso Qatargate en France Football, desaparecido. Y digo imaginamos ya que es posible que nuestro faro periodístico, el que creemos que ha guiado a lo largo de las décadas a los profesionales, es el de Woodward y Bernstein en “Todos los hombres del presidente” y no el de “El Gran Carnaval”, “Network” o “Nightcrawler”. No hay nada nuevo, aunque idealicemos el pasado, bajo el sol.
Ppuesto que si se se preguntase a los telespectadores del Chiringuito si les gusta el Chiringuito, una gran cantidad de los que en ese momento lo estuvieran viendo, contestarían que no
Un par de ejemplos: la Operación Soule, que desembocó en la detención de Villar, el presidente de la RFEF que permaneció en su cargo varias décadas ha cumplido el mes pasado 5 largos años. Nadie se ha hecho eco de esa efeméride, nadie sabe si el juicio se ha celebrado, se está celebrando o se va a celebrar. ¿Está Villar en la cárcel o pasea, libre de culpa, tranquilamente por la calle? Uno de los mayores escándalos del fútbol europeo no ha suscitado ningún interés: ni en el Chiringuito, ese supuesto “Sálvame” del fútbol, ni en Segurola ni en Marca ni en la Cadena SER. Por eso, rendido a la indiferencia, al hastío, he llegado a Pedrerol: ya que no investigan, al menos entreténganme.
Hace una semana, las ¿informaciones? de diferentes medios nos aseguraban que al Barcelona le hacían falta entre 20 y 30 millones para inscribir a Koundé. Un par de días después, sin que haya ningún cambio sustancial, nos anuncian que con la salida de “Magic” Umtiti, un canterano, tres bonus y dos cláusulas fantasmas, esos millones, milagrosamente, ya no se necesitan. Llega el sábado y, mientras estoy escribiendo este artículo, veo una nueva información que afirma que van a ser los propios directivos del Barcelona, los que con su propio dinero, avalen la inscripción de Koundé. Media hora más tarde LaLiga confirma que el jugador ya está inscrito.
Abro y cierro la boca, me tumbo en el suelo, tomo aire y miro al techo. Mi cupo de escepticismo está lleno. No sé vosotros, pero yo, puestos a digerir este insufrible galimatías, prefiero hacerlo con los tarados de El Chiringuito. Me van a dar la misma información, es decir, ninguna, pero al menos, entre exclusiva y exclusiva, podemos ver a Jota Jordi exclamando, antes de que el Bayern les casque ocho goles, aquello de “¿Quién es Lewandoski?” o a Roncero bailar, con su inimitable estilo, una conga delante de Cristóbal Soria después de metérselos. Si entramos en la vorágine, hagámoslo con estilo. Yo, cada vez que escucho una exclusiva, quiero ser Roncero bailando esa conga.
Es posible que no es que no nos guste El Chiringuito, el reguetón o el insulso cine actual, es que no nos gusta, por nuestra edad o educación, esta cambiante época que nos ha tocado vivir
Pedrerol llegó a todas las redes sociales antes que todos sus competidores. Les lleva una década de ventaja. Y les saca, gracias a que cuenta con mucha más gente joven preparada que cualquier otro programa deportivo, mayor partido. Pedrerol ha conseguido crear un producto perfectamente integrado en esta época de TikTok, entretenimiento exprés, memes, clickbait y redes sociales. Y lo ha logrado sin perder por el camino a muchos de los que somos hijos de una época en la que solo existían dos canales en la televisión. Es posible, y esta es una reflexión en la que prefiero no profundizar para no hacerme mucho daño, que no es que no nos guste El Chiringuito, el reguetón o el insulso cine actual, es que no nos gusta, por nuestra edad o educación, esta cambiante época que nos ha tocado vivir.
La pluralidad de su programa, es decir, el equilibrio entre la bancada madridista y antimadridista, es relativamente ecuánime. Todos conocemos emisoras en las que en lugar de tertulias se organizan aquelarres. Al menos aquí el aquelarre es global, en cuanto te despistas, la pira llega hasta tu salón: ves arder equipos, árbitros, jugadores, informaciones y becarios. Y sí, es posible que no te represente ninguno de los tertulianos, pero también es posible que a tu amargura no la represente nadie. El Chiringuito es una canción pegadiza, un equipo de fútbol que ha conseguido una plantilla perfectamente engrasada, reconocible. A mí me encanta ver la cara mohína del Lobo Carrasco después de cada fracaso europeo, a Juanma Rodríguez por aquí y por allá, a Guti o a Rocío Martínez. Solo me falta Ramón Álvarez de Mon, sus conocimientos financieros merecen tener una silla reservada. Hay ciclistas, agentes deportivos, periodistas, futbolistas, frikis, AIC, tarados, forofos y locos de atar. Hay un tertuliano que representa todo lo que amas, todo lo que odias o toda tu indiferencia. Conseguir eso no es tan sencillo. Llevan años intentando desbancarle y ahí sigue, con o sin gomina, el tic tac de Pedrerol.
Buenos días, amigos. Hoy lo más importante no es hablar del buen momento de forma que atraviesa el Madrid, ni de palancas de Laporta, ni de árbitros mediocres, ni de las maniobras orquestales en la oscuridad de la trastienda del fútbol español, lo más importante hoy es el robo con violencia sufrido ayer por Aubameyang y su familia.
A ello dedican sus portadas los diarios catalanes.
“Shock Aubameyang” titula Mundo Deportivo. Y “Atraco a mano armada”, Sport.
Los ladrones accedieron a la casa de Castelldefels de Aubameyang por el jardín, intimidaron con armas de fuego al futbolista y a su esposa e incluso les golpearon con una barra de hierro, provocándoles heridas leves. De este modo consiguieron que abriesen la caja fuerte para robar el contenido de la misma.
Tras el atraco, los malnacidos huyeron en un Audi A3 blanco, tal y como afirman varios testigos.
Lo más horrible de todo es que también se encontraba los hijos de la pareja, que están bajo la atención de los psicólogos del Barça, según informa Mundo Deportivo.
No es la primera vez que los ladrones entran a robar en casa de Aubameyang, ya lo hicieron antes, aunque por suerte en aquella ocasión no se encontraban dentro del domicilio.
Desde La Galerna condenamos el terrible suceso y deseamos una pronta recuperación de la familia Aubameyang, tanto de sus heridas físicas como, sobre todo, de las secuelas psicológicas. Y esperamos que los autores del robo y de las agresiones sean detenidos y puestos a disposición judicial lo antes posible.
Antes de despedirnos queremos felicitar a la selección femenina sub20 de fútbol, que se proclamó ayer campeona del mundo tras vencer a Japón por tres goles a uno.
Pasad un buen día.
Un 30 de agosto de 1996 llegó al Real Madrid el guardameta alemán Bodo Illgner. Un fichaje realizado por sorpresa y al límite del cierre del mercado. Con la incorporación del teutón el Real Madrid cerraba un verano histórico con altas ilusionantes que trajeron grandes alegrías a los socios y aficionados blancos.
Fabio Capello se pasó buena parte de los meses de julio y agosto pidiendo más y más fichajes a Lorenzo Sanz, pese a que los blancos ya habían conseguido muchos refuerzos para un plan renove importante en la plantilla blanca. El puesto de la portería preocupaba al italiano al que no terminaban de convencer ni Santiago Cañizares ni la altura de un mito como Paco Buyo. Durante la pretemporada fue el arquero de Puertollano el que contó con más minutos por delante del de Betanzos.
El 22 de agosto en MARCA publicó una noticia Elías Israel en la que se afirmaba que Capello quería un portero de altura porque siempre había utilizado metas cercanos a los dos metros. El referente era Rossi (1,94m) al que tuvo a sus órdenes en el AC Milan y salían dos nombres a la palestra procedentes de los Balcanes: Milojevic, portero del Estrella Roja de 1,90m y Ladic, del Croacia Zagreb de 1,85m. En contraposición a ellos dos se hablaba que Cañizares medía 1,81m y Buyo 1,78m. El fichaje de un arquero no se consideraba prioritario y Capello admitía estar contento con la labor de Cañizares en pretemporada pero la secretaría técnica del club se había puesto en la búsqueda por si se daba con el nombre ideal.
Fabio Capello se pasó buena parte de los meses de julio y agosto pidiendo más y más fichajes a Lorenzo Sanz. El puesto de la portería preocupaba al italiano al que no terminaban de convencer ni Santiago Cañizares ni la altura de un mito como Paco Buyo
Por su parte, AS el mismo día daba un nombre mucho más impactante y conocido para los aficionados blancos. Chilavert. El Madrid había preguntado por el paraguayo a Vélez ya que Capello no se sentía seguro ni con Buyo ni con Cañizares. El arquero recogía el guante y afirmó a AS que “su ciclo en Vélez había terminado y ha llegado el momento de cambiar de aires”. Además, admitía que “para mí sería bárbaro jugar en el Real Madrid”.
Una derrota ante el RCD Español en el Trofeo Ciudad de Barcelona puso en la diana a Cañizares tras un error importante que costó el segundo gol periquito al intentar regatear a Francisco y perder el esférico. Al término del choque, se le preguntó a Sanz por nuevos fichajes y habló de Flavio Conceiçao y de un Chilavert que “queda a la espera de que Capello se pronuncie”.
Una derrota ante el RCD Español en el Trofeo Ciudad de Barcelona puso en la diana a Cañizares tras un error importante que costó el segundo gol periquito al intentar regatear a Francisco y perder el esférico
AS el día 26 de agosto aclaró ya la decisión del italiano sobre el paraguayo y fue que “no le convencía”. La información agregaba que no le gustaban “las excentricidades del cancerbero” y aunque lo tenía en su agenda “lo ha tachado”. El mismo día MARCA publicó una entrevista a Lorenzo Sanz donde descartaba el fichaje de un portero. Sus palabras: “Es cierto que se habló de la posibilidad de adquirir un portero. Sin embargo, se ha descargado tal fichaje porque los nombres que hemos barajado eran todos de guardametas extranjeros. Por tanto, se ha decidido no fichar, por ahora, ningún portero”.
Las últimas horas antes del cierre de mercado el 30 de agosto en el entorno merengue se hablaba más de Matías Almeyda (que finalmente fue al Sevilla) y de Flavio Conceiçao. Por eso la sorpresa fue importante cuando se anunció a Bodo Illgner del Colonia. El portero alemán, campeón del mundo, contaba con 29 años, un gran bagaje en el fútbol europeo y cumplía las características requeridas por Capello al pasar del 1,90m.
AS informó que Juan Onieva cerró la operación a las cuatro de la tarde con el Colonia anunciando a los alemanes del pago de la cláusula de unos 386 millones de pesetas. El arquero cobraría 100 millones por cada una de las tres temporadas que figuraban en su nuevo contrato. Alrededor de las 23:30 aterrizó Illgner junto a su mujer y representante Bianca para dirigirse al Bernabéu a conocer a Lorenzo Sanz y pasar un primer examen médico por parte del doctor Miguel Ángel Herrador. Unos días después sería el reconocimiento más exhaustivo. El fax para su inscripción llegó in extremis y un minuto antes del cierre del mercado estival. AS se puso en contacto con Buyo y Cañizares para conseguir sus impresiones y mientras el gallego preguntó “si era cierto”, el de castellano-manchego no hizo declaraciones.
Las primeras palabras de Illgner como madridista fueron en una rueda de prensa a las afueras de su casa en Colonia el 31 de agosto donde dijo que “vengo para ser campeón” y que “el Real Madrid está entre los grandes y de niño siempre soñé con jugar en un equipo como lo es el Real Madrid”
Las primeras palabras de Illgner como madridista fueron en una rueda de prensa a las afueras de su casa en Colonia el 31 de agosto donde dijo que “vengo para ser campeón” y que “el Real Madrid está entre los grandes y de niño siempre soñé con jugar en un equipo como lo es el Real Madrid”. En Colonia el presidente del equipo afirmó “que no se podía creer lo de Illgner” y que había sido “un golpe muy duro”. También habló Peter Neururer, el exentrenador del nuevo fichaje madridista, exponiendo que “nos han quitado la catedral”.
La presentación del germano fue el jueves 5 de septiembre y ese mismo día ya se puso a entrenar con el resto la plantilla y a competir el puesto de titular con Buyo y Cañizares. Las miradas estaban puestas en debutar el domingo siguiente en el encuentro contra el Hércules. Illgner quedó prendado del Santiago Bernabéu y manifestó que “este estadio es como una casa de lujo”. Con los aficionados de nuestra parte, este estadio impresiona a cualquier rival”.
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En el documental que grabó Toni Kroos hace unos años y que emitió Amazon Prime sobre su vida, hazañas y milagros, dijo una cosa muy interesante el gran ausente del Madrid actual, Casemiro. Como ahora hay tantas plataformas de contenido audiovisual, la demanda de éstos se ha multiplicado exponencialmente, lo que ha deparado la emergencia de un subgénero de docuseries basadas en las vidas de los futbolistas. Casi todas estas docuseries son pastiches encargados por los propios futbolistas para ensalzarse a sí mismos, lo que en prensa se conoce por publirreportaje (el Hola lo lleva haciendo toda la vida) por lo que carecen de interés. Vivimos en la era de la conexión permanente, 24/7, así que la ansiedad por “contenidos” es demencial, de psiquiátrico, de ahí el auge desproporcionado de infotaintment deportiva que en su mayor parte es pura basura. Pero en aquello de Kroos, Casemiro dijo algo elemental para profundizar en el conocimiento del juego del Madrid en estos últimos años: que Kroos era el metrónomo del equipo. A priori esto puede parecer una obviedad, pero me gustó cómo lo dijo. El reconocimiento de los profesionales a menudo revela la naturaleza genuina de los protagonistas del espectáculo, su verdadera trascendencia, y Casemiro, enfáticamente, señaló que Kroos regulaba la temperatura del Madrid a voluntad. Con su frialdad cerebral y su temperamento alemán, Casemiro reconoció que Kroos movía adelante y atrás la estructura del Madrid, subiendo o bajando las pulsaciones así lo fueran requiriendo las circunstancias del partido, como el que abre y cierra la llave del gas y como si Modric y el propio Casemiro fueran proyecciones mentales del “superordenador” de su cerebro. Esto es interesante también de cara a lo que ya estamos viendo (y al futuro inmediato del Madrid de Ancelotti) porque Casemiro ya no está y Kroos, como Modric, parecen cada vez más dos emperadores que delegan las funciones psicomotrices del equipo en validos jóvenes, fuertes y autoritarios. O sea, en Tchouaméni y en Camavinga.
El cambio se ha producido en nuestras narices sin que apenas nos hayamos dado cuenta. De un día para otro, el Madrid ha cambiado la tracción paquidérmica de la CMK por la hidráulica de Tchouaméni, Camavinga y por supuesto, Valverde. Lo de Valverde es curioso porque sus facultades físico-técnicas son tan considerables que de momento le está sirviendo a Ancelotti para aprovechar la erudición de Kroos y Modric protegiendo a ambos con su constante reflujo por la banda derecha. De modo que su transformación en box-to-box se está produciendo en el lado del carrilero, lo que antaño era el carril del 8. De momento Valverde lo aguanta todo porque es un animal de praderas infinitas, como Vinicius: la manera en que el brasileño, que ha nacido para derruir paredes en el área contraria, se sacrifica en defensa, puede observarse como un emocionante tributo a los viejos caudillos, que ya no pueden abarcar tanto terreno como antes. También, como otra evidencia más del crecimiento de Vinicius como futbolista. Su mejora es continua desde que debutó, pero especialmente manifiesta en el tiro a puerta y en la ayuda defensiva. ¿Cuál es el techo de este jugador? Si antes no lo veía, ahora me parece que debe estar en otra galaxia. Sólo le falta ganar un Mundial para que la opinión pública internacional deje de ubicarlo en un escalón inferior a Mbappé, del que ahora mismo no lo separa nada.
El cambio se ha producido en nuestras narices sin que apenas nos hayamos dado cuenta. De un día para otro, el Madrid ha cambiado la tracción paquidérmica de la CMK por la hidráulica de Tchouaméni, Camavinga y por supuesto, Valverde
Pero hablaba de la sala de máquinas del equipo. Ayer fue la primera vez que vi jugar a Tchouaméni. Tenía curiosidad. El Madrid ha permitido que una de sus piezas fundamentales se marche a Inglaterra entre otras cosas porque lo había fichado en junio a él. Y esas son palabras mayores. El chico es titular con la selección francesa y la selección francesa es la vigente campeona del mundo. Tampoco parece una broma y desde el principio Carletto lo ha puesto por delante de Camavinga, para mí el centrocampista con más proyección que he visto en toda mi vida. Algo tendrá. Si parte con ventaja en la titularidad es, creo, porque no juegan donde mismo, aunque Camavinga demostró la temporada pasada, en situaciones de win or go home, que de 5 es tan bueno como de 8 o de 10, aunque su lugar definitivo parece, como dice Hughes, ser más el de Modric que el de Casemiro. No obstante por lo que se vio contra el Español y por lo que se conoce de estos dos príncipes nubios, Tchouaméni y Camavinga están hechos para ser los dueños del centro del campo del Madrid ya mismo, no mañana o pasado ni la temporada que viene. La CMK, como la materia fecunda de la que está hecho el Universo, se ha transformado en el CTV, que no es el Corpo di Truppe Volontarie, sino la Santísima Trinidad con la que el Madrid está preparado desde hoy mismo para seguir mandando en el fútbol europeo.
Como dice Hughes en su crónica del domingo por la noche, con Tchouaméni y Valverde “el mediocampo muerde, roba y el Madrid es como un skyline al que le hubieran surgido, de repente, dos torres altas a las que hay que ir acostumbrándose. Es como si Madrid cargase su relieve capitalino, su horizonte de rascacielos por los campos de España, y el contraste por momentos es grande”. Este camino ya lo apuntó Zidane tras su regreso en marzo de 2019 al banquillo del equipo. Por aquel entonces Valverde estaba ya en el primer equipo pero no era indiscutible. El Madrid, que había tiranizado la Copa de Europa con un centrocampismo abusivo y total articulado en torno a futbolistas hipertécnicos de aliento largo, culo bajo y piernas cortas y poderosas, se estaba quedando atrás. Estaba ralentizándose y se hacía viejo. Zidane planteó una solución temporal que fue agrupar en bloque al equipo y aprovechar el poderío sapiencial de sus grandes mediocampistas para reducir los goles en contra y maximizar los goles a favor, pero aquella no podía ser sino una solución de emergencia. Antes había querido fichar a Pogba e insistió en ello. Ahora que vemos a Tchouaméni y a Camavinga, entendemos por qué: era necesario dilatar el campo, ampliar los espacios, conquistarlos, ensanchar al equipo por los costados y, sobre todo, acelerarlo. La clave del cambio es la velocidad. El Madrid de los príncipes nubios es un equipo rápido con unas piernas colosales ancladas a las costuras del campo, de tal manera que defender y atacar es un todo. El Madrid de Camavinga y de Tchouaméni juega en un permanente balance que convierte cada ataque del rival en un potencial contragolpe, un equipo “eléctrico” que conecta con el gran Madrid de Mourinho en 2012, una especie de revival.
La CMK, como la materia fecunda de la que está hecho el Universo, se ha transformado en el CTV, que no es el Corpo di Truppe Volontarie, sino la Santísima Trinidad con la que el Madrid está preparado desde hoy mismo para seguir mandando en el fútbol europeo
Se vio nada más saltar Camavinga. Sustituía a Modric con 1-1 en el marcador. El primer balón que toca es para tirarse un autopase tremendo con el que se quita de en medio a dos contrarios como el que se espanta una mosca. En dos zancadas se planta en el balcón del área del adversario y ahí ya las jugadas empiezan a temblar. Si Tchouaméni tuvo la cualidad omnímoda de Casemiro, principalmente en el quite, el corte y la anticipación, Camavinga desdobló el centro del campo del Madrid, y entonces sus alas cobraron verdadero sentido aniquilador: Vinicius y Valverde, pero sobre todo Vini, se asomaban a los vértices de la defensa del Español como auténticos estiletes, que es una palabra que se usaba mucho antes para aludir a los delanteros y que en su sentido original significa punzón. El Madrid se hizo punzante y por eso ganó el partido.
Este Madrid punzante, empero, no tiene ya ese control casi absoluto del tempo de los partidos. Sin embargo, la apuesta es someterlos a una voluntad física cuyo poder consiste en una exhibición olímpica de fuerza, algo así como la poesía futurista de Marinetti, expresada en aquel manifiesto: “afirmamos que el esplendor del mundo se ha enriquecido con una belleza nueva: la belleza de la velocidad”. Esta velocidad aplastante se antoja decisiva en España y muy importante en Europa. El fútbol español lleva un lustro sudamericanizándose en el ritmo. Ayer me dio la impresión de que este Madrid es tan superior en la Liga española que paradójicamente y en la mejor tradición contemporánea, sólo puede perder el campeonato él mismo.
En la Copa de Europa, el Madrid fue azotado durante largas fases en las tres eliminatorias que lo llevaron a París y que consiguió ganar con el poder irresistible de su fe y de su voluntad. Y fue azotado precisamente porque los rivales lograron imponer su ritmo alto y tiránico.
Tchoaméni es alto pero bastante grácil. Recuerda en eso a Varane. Recuerdo que durante mucho tiempo en España y en concreto en una parte de la madridsfera se idealizó al centrocampista negro como a un prototipo mesiánico que había de advenir para refundar el fútbol moderno. El centrocampista negro era por antonomasia viril y plástico, muy alejado de la osteoporosis visual que evocaban Pablo García, Gravesen, Helguera…era la quintaesencia de Makelele y de Vieira: el centrocampista negro era un titán, el producto definitivo de las antiguas colonias francesas en África. En realidad, el modelo, depurado por el tiempo, se acerca mucho más a la escuela holandesa (Seedorf, Davids) que a la de los stoppers franceses, cuyo máximo exponente siempre será Mahamadou Diarra. Tchouaméni parece un cruce entre la superioridad atlética francoafricana y el virtuosismo genético de los brasileños. Camavinga, lo que dijeron que iba a ser Pogba, pero sin su histrionismo ni su absurda autoconfianza.
Si antes no veía el techo de Vinicius, ahora me parece que debe estar en otra galaxia. Sólo le falta ganar un Mundial para que la opinión pública internacional deje de ubicarlo en un escalón inferior a Mbappé, del que ahora mismo no lo separa nada
Camavinga y Valverde ya están testados en las cumbres. La 14 ha sido su bautismo de fuego. De Tchouaméni se espera otro tanto, pero aún hay que verlo. La cosa promete. Con la marcha de Casemiro se perfila un centro del campo rico en recursos: Ceballos parece que va a renovar y en el horizonte se atisba a Fabián, otro interior sevillano de perfil quietista, alto, muy técnico, probado en la élite pero segundo espada. Si continúa Ancelotti (y eso es mucho suponer en el Madrid), el año que viene podemos contemplar un centro del campo a dos velocidades compuesto por el pulmón y acero de la CTV y una brigada de repuesto puramente española, mejor dicho andaluza, quizá también con la incorporación de Arribas o de Antonio Blanco, que sea suficiente para mantener el aliento en la competición doméstica. Lo que parece seguro es que el Madrid mantiene su apuesta por condensar en la medular el futuro de la institución, apurando las gotas del inmenso talento de Benzema, Modric y Kroos, ante la ausencia de grandes figuras ofensivas asequibles en el mercado. Lo que se suponía transición dramática entre el mejor centro del campo de la historia del Madrid y su continuación inmediata se ha empezado a producir sin sobresaltos, lo que me lleva a pensar que el tardoflorentinismo es ante todo una aproximación tranquila al futuro. Una síntesis serena, ¡la tercera vía!
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“Menuda bestia parda hemos fichado” —con las variantes propias de cada cual— fue uno de los comentarios que más se escucharon ayer en los hogares de los aficionados madridistas de todo el mundo. La bestia parda es Tchouaméni, claro está, que anoche volvió a jugar muy bien al fútbol, porque Tchouaméni principalmente se dedica a eso: a jugar muy bien al fútbol.
Aurélien Tchouaméni parece diseñado por un comité de expertos (de los de verdad) e impreso después en 3D. Tiene el físico, las cualidades y las aptitudes idóneas para jugar en su posición y aún le sobran para conquistar territorios más avanzados, como demostró en la jugada del primer gol del Madrid; en dos zancadas se adentró en territorio españolista, se apoyó en Fede Valverde y asistió a Vini con el exterior para que este deslizara el esférico bajo el cuerpo de Calero, al lado contrario al cual se había lanzado el guardameta.
La potencia de Robocop y la delicadeza de Laudrup. Es raro, porque lo habitual es destacar solo en uno de los extremos del espectro de cualquier habilidad, no en ambos, llevado al atletismo, sería como si Tchou fuese a la vez plusmarquista de los 100 metros lisos y campeón de la maratón.
Sí, acaba de llegar, apenas ha jugado un puñado de partidos y también es posible que a partir de mañana todo sea un desastre, pero no lo parece. Su rendimiento en los entrenamientos y en los encuentros tranquiliza al madridismo tras la lógica incertidumbre que ha generado la marcha de casa de un hijo como Case.
Tchouaméni tiene la potencia de Robocop y la delicadeza de Laudrup. Es raro, llevado al atletismo, sería como si Tchou fuese a la vez plusmarquista de los 100 metros lisos y campeón de la maratón
Y si además miramos alrededor y vemos a Camavinga y a Fede, incluso a Ceballos, el centro del campo no parece ser el gran problema que preveían los agoreros tras el natural declive de la CMK. Como decía Escohotado en “Nunca es igual”, la canción de Calamaro: “no siempre que uno piensa que se va a morir (…) se muere uno”.
Aunque es cierto que hay un espécimen de madridista que sufre cuando no se cumplen sus malos augurios, que parece que disfruta más si se pierde un partido como el de ayer, porque refrenda sus quejas, que si se gana a última hora. Un madridista al que parece que le sienta mal que de momento el equipo no haya echado en falta a Casemiro y Tchouaméni esté a la altura de las expectativas, e incluso, como ayer, sea el man of the match. Un madridista que es capaz de olvidar quién es Benzema por unos minutos de juego poco brillante, aunque marque dos goles. ¿A qué me suena ese discurso de que los goles y ganar son lo de menos y lo importante es el toque? El madridista vinagre, que tal vez se equivocó de equipo al que seguir. Apunten, con Vini va a suceder lo mismo, en cuanto encadene un par de partidos malos va a volver a ser aquel tuercebotas que no vale para el Madrid.
Por suerte, Tchouaméni parece que reserva el vinagre para las ensaladas y apuesta por el aceite para lubricar el centro del campo del Madrid. Como ha escrito hoy Alejandro de León en La Galerna, Aurélien es un Pogba cada domingo, un Pogba bueno en cuanto a constancia. La sal la pone Camavinga, un pura sangre, el mejor desde Red Rum, según afirma Tomás Guasch.
Camavinga es como abrir una Coca Cola después de agitarla. ¿Y Tchouaméni? Ya lo saben, Tchouaméni es alguien que se dedica principalmente a jugar muy bien al fútbol.
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Lo primero. No me gustó la celebración del tercer gol en Cornellá. Cerraba un partido que se le complicó al Madrid, vivir para ver pensando cómo arrancó, pero vamos... La liberación fue el 1-2, que la cosa se puso en un tris de acabar en empate. Lo otro sobró. El 1-2, qué bueno es Rodrygo. Muchachos: el portero rival era uno de sus defensas, déjense de coñas. Eso se entiende si bajo palos está De Bruynne, el sufridor Salah, ni te cuento si Mbappé. Pero tratándose de Cabrera, tercer partido de Liga… En fin.
Son las cosas del fútbol que estos días han sido muchas. Lo de Monchi en Almería tuvo su qué. Reguilón, al Atleti. Les supongo atentos a la pelea por el joven Cavani entre la Real y el Valencia. Y el Barça, ¡sensacional! Su goleada al Valladolid agotó los calificativos. Magia en el Spoty leí. Más que una maravilla escuché.
Es muy cierto que el Barça jugó muy bien. 200 millones en fichajes después cabe considerarlo un milagro
Es una gran atracción, un día sí y al otro más: me encanta. Es una lástima que debamos esperar hasta el sábado para verle de nuevo en acción. Existe una reñida pelea por ver quién ofrece la definición más impactante sobre las bondades de su juego, su planificación, sus palancas. Estamos a un paso que la Liga regale pañales a los comentaristas de sus partidos. Cualquier día se nos mea uno, o una, y vaya imagen… Es un magnífico babeo. Y me ha contagiado: no sé yo cómo voy a superar lo que queda de semana y hasta el momento en verle saltar al Pizjuán y meterle otros cuatro al Sevilla.
Nada comparado con la reacción de Xavi tras el sorteo de la Champions. El grupo más potente de los últimos diez o veinte años, dijo. Se quedó corto: como antes no había grupos, admitámoslo, estamos ante el reto compartido más difícil de la historia.
Están Viktoria Plzen, Inter y Bayern. Un equipo que atiende por Viktoria, ojo que no engaña. El Barça debutará contra ellos en el Camp Nou: peligro. Yo me concentraría nada más acabar el partido de Liga anterior al desafío. El Inter lleva sin superar los octavos de final desde que se retiraron Luisito Suárez y el gran Corso. El Madrid lo tiene como hijo, por cierto. Pero es la bicha. Y muy parecido al propio Barça, además. Fue campeón, el Inter, en 2010: juraría que no ha vuelto a jugar no ya una final sino superar una eliminatoria desde entonces. El Barça fue campeón un año después, 2011, y volvió una sola vez, 2015, a disputar el título. Almas casi gemelas.
El Madrid cabalgó a lomos de sus jóvenes. Camavinga fue una cosa tremenda. La recta final recordó al Grand National, una serie de tíos/caballos a galope tendido buscando romper el empate al mando de Eduardito
Entiendo la preocupación por el Bayern pues si el Madrid tiene al Inter como hijo, eso es el Barça para los bávaros. Pero cualquier persona normal entiende que ese Grupo de la Muerte presenta sólo una duda: si será primero de grupo el Bayern o el Barcelona. Sí, claro. No te despistes. Ya lo dijo Carletto: a nosotros nos ganó el Sheriff. No te despistes en este grupo y en todos. El más fuerte de los últimos tropecientos años. Le toca a Xavi, ya en cruces, primero el PSG, luego Chelsea y City y lo perdemos. Sería bonito que sucediera. No por perder a Xavi, Dios me libre, larga vida para él. Por lo que nos iba a contar.
Dicho lo cual es muy cierto que el Barça jugó muy bien. 200 millones en fichajes después cabe considerarlo un milagro.
El Madrid ganó a un buen Espanyol que estuvo lo que se dice amenazante. El Madrid espabila contrarios. Si mis queridos pericos hubieran jugado ante el Rayo, y en Vigo, como ayer, tendrían entre cuatro y seis puntos. Cosas. Ah, la tele enfocó a RDT, otro protagonista del verano. Anda lesionado. En cuanto le traspasen se cura: al tiempo.
El Madrid cabalgó a lomos de sus jóvenes. Camavinga fue una cosa tremenda. La recta final recordó al Grand National, una serie de tíos/caballos a galope tendido buscando romper el empate al mando de Eduardito. Desde aquel tremendo Red Rum (1965-1995) no se ha visto cosa igual. ¿Red Rum? El mejor purasangre de la historia de la prueba y de todas, dicen los entendidos. Antepasado de Camavinga, sospecho por potencia y calidad. Dice Hughes en ABC que quizá vimos las transiciones más rápidas de la historia del Madrid: puede. Tchouaméni, por supuesto Valverde, lo que da Ceballos... La cosa del centro del campo madridista también nos va a tener entretenidos.
Y Vinicius, que mientras vuelve el mejor Benzema, y éste metió dos goles, se ha echado al equipo a la espalda y cuando vio aparecer a Rodrygo le dio un ataque de risa. Yo sigo en lo mío. Calendario apretado, mucha exigencia, pero mi Mendy contra el Betis. Buenos días.
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