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Días de Villar y rosas

Días de Villar y rosas

Escrito por: Fred Gwynne22 julio, 2017
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En 1988 nació Coentrão, Hugo Sánchez fue Pichichi, Buyo se alzó con el Zamora, Senna se proclamó Campeón del mundo de Fórmula 1, Perico Delgado ganó el Tour, Wilander Roland Garros, María Zambrano el Cervantes, Mujeres al borde de un ataque de nervios el Goya, Rain Man el Óscar a la mejor película y Ángel María Villar hizo su primera aparición como presidente de la Federación Española de Fútbol.

Desde entonces hasta su entrada en la cárcel de Soto del Real han pasado 29 largos (o cortos, a Gaspart se le han pasado volando...) años en los que este presunto delincuente, si se confirman todas las informaciones que están apareciendo en la prensa, ha ido tejiendo un perfecto entramado sustentado durante años y años en el bello arte de la fotografía guerrista:  “El que se mueva no sale en la foto”.

El olor, el mal olor que la Federación, regida según el demoledor auto del juez por un sistema feudal de prebendas y compra de votos, ha ido extendiendo estas décadas ha sido tan nauseabundo que ha terminado por anestesiar el sistema al completo impidiéndole actuar para erradicarlo.

Dentro de este “mirar para otro lado” gran parte del periodismo, exceptuando algunos valientes que llevan denunciándolo años, ha sido capaz de convivir con el estiércol sin que ello haya supuesto ningún problema para sus ya ajadas conciencias.

“Esto se veía venir” dicen ahora los muy caraduras como si los cientos de fotos (no te muevas, que no sales en ella) en las que aparecen sonrientes al lado de Villar no existiesen. Fotos que, por si alguien duda de cuánto tiempo han tenido que soportar esta dolorosa convivencia de la que ahora reniegan en sus tertulias, se extienden a lo largo de las dos últimas décadas del siglo pasado y las dos primeras décadas del presente. Y que conste que no pienso que aparecer en una foto al lado de un corrupto signifique que tú estés al tanto de sus tropelías. No, ni mucho menos. Eso no te convierte en culpable. Sin ir más lejos, yo mismo, en el baño de mi casa, aparezco en una foto con mi cuñado colocando en la pared un gran espejo. ¿Fui yo acaso culpable de que el tirafondo cediese, el espejo se fuese al carajo y después de golpear el lavabo, rebotase e hiciese añicos la mampara de mi baño? No, ya se lo digo yo, no fui culpable. El culpable fue mi cuñado pero el que aparecía en la foto sonriente a su lado era yo.

Las fotos, como ya habrán imaginado, no son más que una metáfora, un síntoma de unos años locos en los que aparecer al lado de Florentino era un pecado capital y hacerlo al lado de Villar una bendición papal. Como cantaba el enorme Machín: “Toda una vida me fotografiaría  contigo, no me importa en qué forma, ni cómo , ni dónde, pero juuuuuunto a ti”

La roja por aquí, la roja por allá, el tikitaka, el estilo irrenunciable, los viajes, las prebendas, el mangoneo, las fotitos, las comilonas, los hoteles, el avión, los reportajes, las entrevistas, el compadreo, el lameteo, el periodismo ciego, anestesiado y cobarde, la Marca España, la humildad...

Todos los presidentes del Barcelona, Núñez, Gaspart, Laporta, Rosell, Bartomeu, todos, sin excepción, apoyaron a Villar públicamente. Todos. ¿Qué más quieres que te dé...?

Mientras, el Real Madrid, NUNCA votó a Villar e hizo durante muchos años todo lo posible por derrocarlo. El Madrid se enfrentó a esa corrupción y algunos pensamos, visto como Villar marginaba a los que no le seguían el paso, que pagó por ello. Florentino se enfrentó a este entramado, le plantó cara, buscó nuevos candidatos, perdió, y quedó como el tonto del pueblo , aupado por esa misma prensa anestesiada a la condición de equipo antiguo y cutre, un resquicio a eliminar de una España tan moderna y cool como el fúrgol de Villar.

Y aguantó risas, burlas y chanzas.

Hasta hoy.

Y hoy, con este presunto delincuente en  la cárcel y muchos de sus desesperados acólitos quemándose las manos por defenderle y perpetuar estos Días de vino y rosas, el Real Madrid puede presumir de no haber escondido en ningún momento ni una sola botella en el invernadero de la Federación, como hacía Jack Lemmon en la obra maestra de Blake Edwards.

Y a eso se le llama dignidad.

El Madrid tiene algo de lo que sentirnos orgullosos.

Dignidad.

Soy un hombre hecho a mí mismo. El problema es que me sobraron algunas piezas. SOL O CONTIGO. Persigo playas.

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