El bikini es una prenda de baño que sirve para ocultar, normalmente para bien, ciertas partes de la anatomía de una persona al resto de seres humanos que comparten espacio con ella tomando el sol, practicando deportes acuáticos o comiendo filetes empanados en la playa o piscina. ¿Cómo puede saberse a posteriori si alguien ha utilizado o no un bikini? Muy sencillo, solo es necesario observar la piel del mortal en cuestión y comprobar si hay partes más pálidas, la famosa marca del bikini que produce el traje de baño al impedir que los rayos del sol alcancen la epidermis y estimulen la producción de melanina del sujeto o sujeta.
Ayer, Alejandro Entrambasaguas publicó en El Debate una nueva exclusiva acerca del caso Barça-Negreira. El periodista afirma haber tenido acceso al informe que la Guardia Civil entregó a comienzos de la semana pasada a Joaquín Aguirre, juez encargado de la instrucción, en el que se concluye que la cúpula arbitral protegió a Negreira mientras influía para beneficiar al Barça.
El informe recoge las conclusiones del instituto armado tras tomar declaración a más de veinte colegiados y registrar las oficinas del CTA. Recordemos que a finales de septiembre agentes del Grupo de Delitos Económicos y Tecnológicos de la Unidad de Policía Judicial de Barcelona se desplazaron hasta la Ciudad del Fútbol de Las Rozas y pasaron doce horas inspeccionando la sede de los árbitros. En el registro incautaron multitud de documentación, alguna se encontraba escondida en el garaje, pero lo más llamativo no fue lo que hallaron, sino lo que no.
El juez sabía por las pesquisas que había llevado a cabo que Negreira ejercía una influencia fundamental en el Comité, por ejemplo, Mateu Lahoz ante la benemérita había definido al ex vicepresidente de los colegiados como el «coronel de Medina Cantalejo», por no mencionar aquello de «no nos podíamos negar, era el hijo del jefe», en relación a Javier Enríquez. Los agentes de la Policía Judicial buscaban actas donde tenía que aparecer Enríquez Negreira en virtud de su estatus de vicepresidente arbitral, pero al abrir las carpetas que debían contenerlas las encontraron vacías.
La ausencia de moreno en la piel denota que esta ha sido ocultada con un bikini. La falta de documentos en las carpetas del CTA evidencia ocultación de pruebas
¿Por qué estaban vacías esas carpetas? Por dos motivos. Primero, a causa de uno de forma, porque se demoró en exceso la medida judicial del registro, siete meses y medio, tiempo suficiente para la gestación y nacimiento de una criatura viable. Cuando ni desde el Gobierno ni desde ninguna institución se fomenta la investigación del caso Barça-Negreira y mucho menos se busca que el delito tenga consecuencias, pretender una mayor diligencia es un pensamiento iluso. Segundo y aún más obvio, a causa de un motivo de fondo, porque al CTA no le interesaba que la Guardia Civil encontrara los documentos que contenían. Gracias a la dilación injustificada en ordenarse la batida, los pupilos de Medina Cantalejo tuvieron todo el tiempo del mundo para hacer lo que consideraran más oportuno para sus intereses.
No es necesario descender de Sherlock Holmes para deducir con bastante probabilidad de acierto que Medina Cantalejo, debido a su condición de presidente de los árbitros cuando sucedieron los hechos, es el principal sospechoso de haber ordenado la desaparición de estos documentos. Un Medina Cantalejo que desde que se conoció que el Barça pagó millones de euros al número dos de los colegiados durante lustros lo único que ha hecho ha sido negar que Negreira —vicepresidente, recordemos— tuviese ninguna responsabilidad e influencia en el Comité, postura increíble para cualquiera que sepa el significado de la palabra jerarquía y desacreditada por el juez Aguirre en autos anteriores. Tampoco ha promovido ningún tipo de investigación para aclarar los hechos ni ha depurado responsabilidad alguna, siguen los mismos, incluido él. Su reacción ha sido siempre la de atacar a quien ha intentado conocer la verdad. Bastante revelador.
La ausencia de moreno en la piel denota que esta ha sido ocultada con un bikini. La falta de documentos en las carpetas del CTA evidencia ocultación de pruebas.
El bikini de Negreira lo lleva puesto Medina Cantalejo.
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Salvo giro insospechado, todo indica que Mbappé firmará por fin, este verano, con el Real Madrid.
Para la Real Academia Española, “grandeza” tiene como sinónimo “majestad”, “dignidad”, “esplendor” y/o “honor”… Para la Real Academia Madridista, “grandeza” es sinónimo de Florentino Pérez. Un hecho que hasta el culé más tenaz reafirmaría. Una vez más, Florentino Pérez va a mostrar toda su majestad, dignidad, esplendor y honor en las próximas semanas. ¿Por qué? Porque “grandeza” es saber convertir un “este no es mi Mbappé” en un “este es mi Mbappé”.
“Grandeza” es saber convertir un “este no es mi Mbappé” en un “este es mi Mbappé”
“Ahora no sueño con ver a Mbappé vestido de blanco, porque este Mbappé no es mi Mbappé. Uno puede cambiar en la vida, ya que esta da mil vueltas. Pero este Mbappé, que se niega a hacer un acto publicitario, de patrocinio, con su selección... Yo eso no lo quiero. Yo lo que creo es que le han confundido, de verdad. Y él es muy joven. Yo me creía lo del sueño. Y eso era verdad. Pero, a veces, los sueños no se pueden convertir en realidad por causas externas”.
Seguimos citando al Presidente. "Su sueño de niño era venir al Real Madrid, sin ninguna duda. Ningún jugador, a lo largo de la historia de nuestro club, ha estado por encima de los demás. Puedes ser mejor, puedes ser peor, pero esto es un juego colectivo, y es todos para uno y uno para todos. No vamos a hacer ninguna excepción que ponga en riesgo la gestión del colectivo”.
No hace falta recordar cuándo y dónde hizo ese discurso el presidente del Real Madrid. Casi dos años más tarde, la historia ha cambiado —y mira que era complicado tras lo ocurrido. Aunque el camino a la gloria eterna parecía cerrado tras su sonrisa ante el público perturbado del Parque de los Príncipes, había un factor determinante que podía cambiarlo todo: la grandeza de Florentino.
En el otoño de 2022, Florentino Pérez recibió una llamada… Era el objeto de su deseo. Quería ser él, esta vez, quien diera el primer paso tras lo ocurrido. Esa conversación, secreta, lo cambió todo
Esa grandeza le permitió siempre ser una persona sensata, cauta, mesurada y razonable. El enojo podía existir pero, aun así, Florentino Pérez sabía cuáles eran las circunstancias que habían hecho cambiar de voluntad a Kylian Mbappé. Es por eso que siempre existió la llave de la inteligencia. Escondida por el ‘presi’, permitiría algún día al jugador, que había escogido el camino hacia la deshonra, abrir de nuevo la senda a la gloria eterna.
Fuentes cercanas al club cuentan que Kylian Mbappé encontró esa llave en el otoño de 2022. Según esas fuentes un día, por sorpresa, Florentino Pérez recibió una llamada… Era el objeto de su deseo. Quería ser él, esta vez, quien diera el primer paso tras lo ocurrido. Esa conversación, secreta, lo cambió todo. Y el presidente, más sensato, cauto, mesurado y razonable que nunca, apreció la llamada y tomó nota. Inteligencia, otro sinónimo de Florentino Pérez.
Ahí, el enojo se disipó. El presidente del Real Madrid recordó a “su” Mbappé. Aquel del sueño que le contaba, por privado, hasta finales de 2021, cuántas ganas tenía de vestir algún día la camiseta del Real Madrid. Y en ese momento el camino a la gloria eterna volvió a abrirse, aunque faltaban muchas condiciones para poder llegar a ella.
Mbappé ha tenido que esperar al final de su contrato para poder hacer de su sueño una realidad, ya que el Real Madrid consideró que 2023 no era un buen momento para ficharle. El club blanco esperaba una declaración pública, considerando que la famosa carta del jugador diciendo que no iba a activar la opción hasta 2025 no era suficiente. El jugador se fue al desván, siguió afirmando que quería seguir en el PSG hasta 2024 —aunque, off the record, la historia era otra—, y tuvo que pactar una vez más con el diablo para poder jugar bajo las órdenes de Luis Enrique.
Ahora bien. Su decisión, firme en junio de 2023, de no ampliar con el PSG, no ha cambiado. Y, tras lo ocurrido la semana pasada, con el jugador diciendo a su presidente y al vestuario que su decisión era irse del PSG a final de temporada, Florentino puede afirmarlo de nuevo: “Este Mbappé sí que se parece a mi Mbappé”. Además, el francés habría dado orden a su madre, Fayza Lamari, de encontrar un acuerdo con el Real Madrid, el equipo en el que siempre ha soñado con jugar, sí o sí. Esa es la orden dada. Ya no hay vuelta atrás. La historia es distinta a 2022. Están condenados a entenderse. Kylian Mbappé se ha posicionado a favor del Real Madrid, y, todo eso, siempre gracias a la grandeza de Florentino Pérez, que ha conseguido poner al club blanco en posición de fuerza.
Kylian Mbappé se ha posicionado a favor del Real Madrid gracias a la grandeza de Florentino Pérez, que ha conseguido poner al club blanco en posición de fuerza
Ahora, parece que ganar dinero no es lo más importante para Kylian. Adiós al pesetero que conocimos en 2022. Ha vuelto el Kylian Mbappé del sueño. Un sueño en el que sigue pensando desde su partido con el Cadete B en la temporada 2012-2013. Todo apunta a que la peonza, ese tótem que le dejó Florentino Pérez cuando era adolescente, dejará de girar en junio de 2024, cuando llegará la hora de distinguir la realidad del sueño. Con humildad.
“Grandeza” es saber pasar de “este no es mi Mbappé” a “este es mi Mbappé”. También es saber fichar al mejor jugador del mundo gratis, quedarse el juguete favorito de los jeques, y decir a Ceferin que su producto está todavía más obsoleto con Kylian Mbappé en el Real Madrid. Cómo debe molestar no entender la grandeza Del Real Madrid.
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Buenos días. El FC Barcelona empató (1-1) en Nápoles, y lo mejor de todo es que se cree que jugó bien. El resultado no es malo, por cuanto parece improbable que el actual Nápoles, que ayer fue incapaz de hilvanar una sola jugada digna de llamarse tal excepto la cosa trompicada de su gol, tenga fútbol suficiente para ganar en Montjuic. A pesar de la empalagosa autoindulgencia de Xavi, sin embargo, el Barça tiene poco, poquísimo de lo que presumir.
"Poco premio", se lamenta Mundo Deportivo, en la línea plañidera del entrenador de la institución por la que bebe los vientos. Xavi declaró al final del partido que habían jugado divinamente, como siempre, pero que "el marcador no estaba de acuerdo". Hay una larga historia de acritud entre Xavi y el marcador, una que no vamos a descubrir ahora. De todos modos, ¿para qué quiere Xavi que el marcador le dé la razón? A los hombres que se visten por los pies les basta con la satisfacción interior de saberse en lo cierto. No necesitan el refrendo veleidoso de los acontecimientos. Mal, muy mal el marcador no dando la razón a Xavi, pero no es esta la variable que debe incumbirnos. Tanto el Big Data como el Equipo de Opinión Deportiva Sincronizada consideran que el Barça brilló. Pues de eso se trata, hombre, de eso se trata. Poco importa si has mostrado la robustez de un hilillo de moco de alergia a las gramíneas y te ha reventado Osimhen en una ocasión que no era ni ocasión. Cualquiera, absolutamente cualquiera puede hacer daño a un equipo tan radicalmente desprovisto de alma como este Barça. Aunque, en nuestra modestísima opinión, este concepto también entra dentro de lo que se tiene (o debería tenerse) por jugar bien o mal, habrá que asumir qué poquísimo importa nuestra modestísima opinión. ¿Cómo va a importar, si hasta la mismísima Central Lechera (jajajaja) se rinde ante el majestuoso empate culé frente a un equipo que, tal y como jugó ayer, a duras penas se mantendría en la Primera División española?
¿Veis? Dice Marca (¡Marca!) que el Barça fue "muy superior" a los italianos, y que le faltó "colmillo". Si bien en efecto no les vendría mal una visita el cementerio de elefantes de Rupert Sheldrake, para arramblar con lo que pillaran, les falta muchísimo más.
¿Queremos con esto decir que el Barça jugara mal? No exactamente. No hizo mal a nadie, como no lo hace el muzak que suena en el hilo del ascensor de unos grandes almacenes cuando vas a la planta de menaje. No por no tener espíritu ni entidad alguna vas a denunciar a según quién al Tribunal de la Haya. Hace falta más enjundia, más peso específico del que tiene este Barça para jugar mal, para jugar feo. La maldad comporta unas ciertas dosis de importancia, como la fealdad. No hay sustancia suficiente en el Barça para que pueda jugar feo, para que pueda jugar mal.
De manera que los pupilos de Xavi no jugaron exactamente mal porque no existen lo suficiente como para hacerlo, no son ni están en grado suficiente como para siquiera meter el pie en el vano de la puerta de los que juegan mal. Hace falta ser alguien para jugar mal. Este Barça no "es", en el sentido riguroso del término, de igual manera que no llega a ser la versión chill de un clásico del rock que te han puesto en el lobby del hotel. ¿Te molesta? No, porque para molestar hace falta alguna esencia, alguna talla. Alguna magnitud. Eso, o la falta de todo eso, fue el Barça de anoche.
Sport habla de "paso adelante", y pone como ejemplo de lo bien que estuvo el Barça el hecho de que el disparo certero de Osimhen fuese "el único tiro a puerta". ¿No comprenden que precisamente es este hecho el que mejor ejemplifica lo inanemente mal que jugó el Barça? Hablamos de esa manera de jugar mal tan fútil y ligera que no llega casi, como explicamos, ni a poder llamarse jugar mal, pero que en todo caso no sirve absolutamente para nada. El Barça es, sobre el terreno de juego, manierismo vacuo, María Antonieta deslizándose sin afán por los pasillos de palacio sin saber que la revolución ha puesto precio a su cabeza, o hasta puede que ya se la haya seccionado y lo que pulula sin propósito ni sentido por Versalles es el ánima de la lagartija, decapitada en orgullo, en prestigio, en relevancia. El Barça no es nada.
Y ¿cómo va a ser algo, cuando se compró el sistema durante un mínimo de dos décadas y el sistema ni siquiera le castiga? Eso sí que es no existir, y quien no existe institucionalmente, por mor de la laxitud que se le aplica a sus crímenes, ¿cómo va a existir sobre el campo? El Barça no volverá a existir sobre la cancha hasta que no haya pagado por sus delitos, y todo lo demás, hasta ese momento, es farfolla, hojarasca, hache sin aspirar. El sistema y el Barça se han creído que en el no pagar por sus culpas está su salvación, cuando el no hacerlo no hace sino sumirles más y más en la falta de entidad. Sobre la cabeza de los jugadores del Barça —de estos y de todos los que vendrán— pende una maldición moral. Sus jugadores saben que deberían estar en Segunda B, y aunque hacen como si esto no les influyera arrastran el mal karma de un pecado original que jamás será redimido.
Así, no juegan ni bien ni mal, sino que languidecen en su propia iniquidad no castigada. Así lo harán hasta el fin de los tiempos.
Os dejamos con As y Mbappé.
Pasad un buen día.
Con frecuencia escucho —y hasta leo— listas de los mejores jugadores de fútbol de toda la historia. Es lógico: a todos nos suelen gustar las listas, con el inevitable componente sentimental que suponen.
En el fútbol, esto sucede de modo muy especial, porque esos recuerdos van muy unidos a nuestra biografía; a nuestra infancia y adolescencia; a cuándo y cómo los vimos jugar; a quién nos acompañaba, esa tarde; a nuestros álbumes de cromos; a las retransmisiones de la radio…
Quede claro que respeto absolutamente todas esas listas pero me permito plantear un reparo, en su formulación. Por mucho fútbol que creamos haber visto, me parece demasiado tajante hablar de los mejores jugadores “de la historia”. Sobre todo, porque el riesgo de error es muy grande.
Me sigue sorprendiendo, por ejemplo, la seguridad con que, ahora mismo, algunos presuntos expertos proclaman que Messi es indiscutiblemente el mejor jugador de toda la historia del fútbol o que Sergio Ramos es, sin duda, el mejor defensa que ha tenido nunca el Real Madrid. En los dos casos, acuden a mi recuerdo otros nombres: ¿los habrá visto jugar el que así pontifica?
Mi propuesta es más humilde. Deberíamos hablar, creo, de los mejores jugadores QUE UNO HA VISTO, sin que eso suponga, por nuestra parte, mérito alguno: depende de la edad y de otras muchas circunstancias.
Deberíamos hablar, creo, de los mejores jugadores QUE UNO HA VISTO, sin que eso suponga, por nuestra parte, mérito alguno: depende de la edad y de otras muchas circunstancias
Con esa modestia, me atrevo a mencionar algunos nombres que para mí son inolvidables, aunque algunos de ellos puedan resultar sorprendentes, para el que no los vio jugar.
En la portería, el sobrio madridista Juanito Alonso; el inglés Gordon Banks (el de “la parada del siglo”, en Guadalajara), junto a los italianos Buffon y Zoff. (No vi al “divino” Ricardo Zamora).
Como defensas centrales, sacando el balón jugado, mandando desde atrás, el “kaiser” Beckenbauer y su claro precursor, nuestro Santamaría.
Otros defensas: el italiano Maldini; Gordillo, galopando por la banda con las medias caídas; los brasileños Sócrates y Roberto Carlos, el de los temibles disparos.
Los partidos se ganan en el centro del campo, decía don Pedro Escartín. Por eso, han sido decisivos jugadores como, el uruguayo Obdulio Varela, que arrebató el Mundial a los brasileños en Maracaná; los ingleses Bobby Charlton y Bobby Moore; Bozsik, el jefe del Honved y de la selección húngara; el italiano Pirlo, con sus pases magistrales; nuestro querido Modric.
Como extremos, no tengo la menor duda: los más geniales han sido, Garrincha, a la derecha, y Gento, a la izquierda (seguido por el desconcertante Czibor).
Por su elegancia al conducir la pelota, debo mencionar a Luis Suárez (el nuestro, el español), a Paolo Rossi y a Zidane, que nos dejó a todos con la boca abierta, con su inolvidable volea.
Por su inteligencia, recuerdo a Héctor Rial (el “culpable”, en buena medida, de la explosión de Gento) junto a los holandeses Johann Cruyff, de gran talento, —a pesar de lo que le gustaba epatar con sus teorías—; Ruud Gullitt, el director de orquesta de aquel Milan, y la exquisita técnica de Van Basten.
Por su facilidad para el regate, nadie puede discutir a Maradona y Messi.
Como artista espectacular, todos recuerdan a Pelé. No deben olvidar a “la Perla Negra”, Larbi Ben Barek, ni a Luis Molowny, “el Mangas”.
Como rematadores de cabeza, Zarra, el del mítico gol a “la pérfida Albión”, y Santillana, con sus espectaculares saltos.
Goleadores difíciles de superar han sido Puskas (“Cañoncito pum”), Romario, Ronaldo Nazario y Cristiano Ronaldo .
El final es lo más fácil: el jugador más completo que yo he conocido ha sido, sin duda alguna, don Alfredo Di Stéfano. No digo “el mejor”, eso es más subjetivo. Un dato indiscutible: ninguno que yo haya visto podía jugar admirablemente, como él, en cualquier puesto. (¿Se imaginan, por ejemplo, a Maradona o a Messi como defensas centrales?).
El jugador más completo que yo he conocido ha sido, sin duda alguna, don Alfredo Di Stéfano. No digo “el mejor”, eso es más subjetivo
Ninguno como don Alfredo hacía jugar a todo el equipo: por su dominio de todas las facetas del juego y por su personalidad, su carácter. (Por esa línea apunta ahora Bellingham: el tiempo nos dirá hasta dónde llega).
Como tantas veces se ha dicho, Di Stéfano no era un solista sino la orquesta entera. No he visto yo a ningún otro jugador que pueda comparársele. Por eso se identifica con el arte del fútbol: igual que Bach, con la música; Velázquez, con la pintura; Cervantes, con la novela; Shakespeare, con el teatro.
Di Stéfano no era un solista sino la orquesta entera
He hecho esta pequeña lista sin consultar datos ni opiniones, fiándome sólo de mis recuerdos. Estoy seguro de que los sabios lectores de La Galerna discutirán mis valoraciones y me señalarán lamentables omisiones. Pido perdón por todas ella: uno no manda en sus recuerdos. Les doy las gracias a todos estos jugadores —y a muchos más— por todo lo que me han hecho disfrutar y emocionarme.
Y me permito repetir mi modesto consejo: no hablemos de toda la historia del fútbol, sino solamente de lo que cada uno de nosotros hemos tenido la fortuna de ver con nuestros propios ojos.
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Luka Modric no ha dicho su última palabra. Todo lo contrario. El croata, una de las grandes leyendas de la historia del fútbol contemporáneo, velas armas en silencio, observando desde el banquillo cuando le toca o manejando los hilos de un Real Madrid que está firmando una gran temporada cuando Ancelotti decide tirar de sabios y veteranía. El de Zadar aúna en su persona ambos conceptos.
El 10 del Real Madrid no está jugando este año tanto como seguramente esperaba a principios de temporada. Eso es una evidencia incontestable, como también es una evidencia que tiene aún mucho fútbol en sus botas, conoce perfectamente la idiosincrasia del Club y hasta el latido de la afición que se agolpa en los graderíos del remozado Santiago Bernabéu, que sabe reconocer a uno de los suyos simplemente con verle caminar por la banda. A Modric se le espera.
Este ejercicio lleva jugados 28 partidos, con un gol, 5 asistencias y 1458 minutos en sus piernas. Son datos que invitan a una lectura ‘diferente’: llega descansado al tramo final de la temporada, a los partidos en los que, de verdad, se juegan los títulos y se deciden las temporadas.
Modric está fresco, y eso unido a que la calidad no se pierde nunca y que todos los grandes futbolistas de los clubes punteros de Europa acumulan minutos y partidos, hace pensar que Luka puede ser el ‘arma secreta’ de Ancelotti para el último tramo final de Liga y Copa de Europa. Puede ser un jugador diferencial, el gran fichaje del mes de marzo y abril, el futbolista que, en un momento dado, dé un giro de tuerca al fútbol del equipo, cuando el cansancio se empieza a acumular y manda la cabeza, la calidad y las piernas frescas. Luka lo tiene absolutamente todo en este momento.
Modric está fresco, y eso unido a que la calidad no se pierde nunca y que todos los grandes futbolistas de los clubes punteros de Europa acumulan minutos y partidos, hace pensar que Luka puede ser el ‘arma secreta’ de Ancelotti para el último tramo final de Liga y Copa de Europa
La trayectoria de Luka invita además a incidir en esa idea. Es un campeón con mentalidad de ganador embutido en un cuerpo fibroso. En el Madrid suma 24 títulos desde el año 2012, prácticamente a dos por temporada. Una cifra estratosférica. En este tiempo ha jugado 463 partidos, 328 de ellos de titular y, solamente en Liga, está a punto de superar los 25.000 minutos de competición.
Estamos, por tanto, ante un crack cuyo legado habrá que valorar en su globalidad cuando decida colgar las botas, algo para lo que aún queda porque cuando la calidad y el saber estar son la norma y no la excepción, las historias con final feliz se prolongan.
A Modric seguramente lo que le motive sea volver a ganar este año todo lo posible. Liga y Champions si se pone a tiro, y no cabe duda alguna de que, si el Madrid compite por todo hasta el final, el 10 de Zadar será completamente determinante. No hace falta ser adivino para saberlo.
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Buenos días, amigos. ¿Quién habla en las portadas? Lo preguntamos con lo que intenta ser una lucidez casi onírica, como la ocurrencia de un loco. Es para lo que hemos quedado, mentalmente perturbados tras años de seguir de cerca una prensa deportiva española que no movió un dedo para investigar el caso Soule ni el negreirato. Se te exacerba un sentido raro de las cosas.
Por ejemplo, está lo de Marca. "¡Esto se remonta!", titulan. No queremos ser aguafiestas, pero ¿quién lo dice? Las exclamaciones, tan enfáticas, son de Marca, pero las comillas son nuestras, o sea, Marca no está citando la frase de nadie, o de nadie que conozcamos al menos.
"¡Esto se remonta!", sí. Por "esto" se refieren a la eliminatoria contra el Inter, que de momento está desnivelada en favor del equipo italiano tras ganar anoche 1-0 a los del Cholo, que pueden dar gracias a Dios por la exiguo del marcador si atendemos a su juego, tan cicatero como acostumbran.
Sin embargo, Marca se viene arriba y titula "¡Esto se remonta!", sin que quede claro quién afirma semejante cosa. ¿Lo ha dicho el Cholo al término del encuentro? No. ¿La ha aseverado, ávido de levantar los ánimos, el propio Juancho Gallardo a Gil Marín por WhatsApp, en cuanto el árbitro pitó el final? Tampoco, o a lo mejor también, pero no es una autocita del director de la publicación.
Le das a Freud vela en ese entierro y sale del mismo enrolado en el Frente Atlético, cantando consignas racistas
"¡Esto se remonta!" Es una voz impersonal, carente de dueño específico pero plena de eso que los angloparlantes llaman wishful thinking, o sea, la expresión de un deseo disfrazado de análisis racional. No lo dice nadie en concreto, y a la vez lo decimos todos (?). Es una voz que viene del futuro para infundir calma. Calma, algo que habría venido bien a Reinildo y De Paul en la jugada del único gol. En este sentido, hay portadas que deberían poder disfrutarse en medio de los partidos, en ediciones adelantadas. Si Reinildo y De Paul hubieran sabido en el minuto 81 que "¡Esto se remonta!", lo diga quien lo diga, no habrían ejecutado el minuet más gracioso que se recuerda desde la creación de dicho baile, en el siglo XVII, en la región francesa de Poitou, y que desembocó en el tanto de Arnautovic. Hay, parafraseando a Florentino, futbolistas que han nacido para jugar en el Atleti. De Paul y Reinildo, Reinildo y De Paul. De Paul McCartney la que nos gusta es Yesterday, aunque lo que la primera plana de Marca viene a decir es más bien "We can work it out". We can work it out lo de yesterday, afirma nadie en concreto, pero Marca le da pábulo.
No diremos que no, o sea, no diremos que no se remonte la eliminatoria, pero no deja de ser un arrebato de voluntarismo ejercido por nadie, por todos, por ti y por mí (?). "¡Esto se remonta!" Es el Fuenteovejuna de los titulares deportivos. Sirve hasta para De Paul y Reinildo, lo que no quiere decir que De Paul y Reinildo sirvan para algo en esa ambición, o en cualquier otra, ya que estamos.
"Madrid será otra cosa", suelta As, sin que se sepa tampoco quién exactamente ha dicho esto, que por lo demás es aún más desconcertante que lo de Marca. "Madrid será otra cosa". Nos encogemos literalmente de hombros y buceamos en el enigma.
Parece un eslogan ochentero, ideal para figurar en las postales junto al oso y el madroño y el edificio de Telefónica, aunque produciría menos perplejidad en presente. "Madrid es otra cosa". Ya lo creemos que lo es, pero no entendemos de qué manera puede esta consideración geoturística tener un peso futbolero como el que pretende transmitirnos As. Además, nuevamente, ¿quién lo dice? ¿Quién habla en esta portada? ¿Quién exactamente emite esta profecía marciana, entre el costumbrismo y la ligereza?
Y lo más importante: ¿qué "otra cosa" es Madrid? ¿"Otra" en relación a qué, es decir, si Madrid es "otra" cosa, qué diantre es, por contraposición, "una" cosa? ¿Es la ciudad de Milán "una cosa" y la ciudad de Madrid "otra"? Pero es que incluso si así fuera, ¿qué coño tiene esto que ver con el resultado final de la eliminatoria? ¿Es Neptuno más bello que Il Duomo? ¿Debe el Atleti recorrer la villa y corte en uno de esos buses descapotables para superar al Inter? El Real Madrid suele usar los buses descapotables para celebrar, pero no todo el mundo usa las mismas cosas en pos de los mismos objetivos. A lo mejor lo que tiene que hacer el Atleti en Madrid, que será otra cosa (¿?), es lo que le recomienda Kiko Narváez desde las páginas del propio As, es decir, que el Atleti "se ponga el traje" de jugar contra el Madrid.
A ver si entendemos bien esto. Para poder activarse, de cara a dar lo mejor de sí y pasar de ronda en la mismísima Champions League, el Atleti tiene que vestir al Inter del Real Madrid, casi como James Stewart vestía trémulamente, lúbricamente, a Kim Novak de la mujer muerta a la que un día amó, sólo que aquí el amor es odio, claro. Es una existencia compleja y procelosa, desde un punto de vista psicoanalítico, la de aquel que —incluso jugando el máximo torneo europeo que existe— tiene que travestir al rival de turno de su rival más aborrecido, pues de otro modo no se motiva. Es un fetichismo de odio absolutamente sobrecogedor. Le das a Freud vela en ese entierro y sale del mismo enrolado en el Frente Atlético, cantando consignas racistas.
Tampoco sabemos quién habla en las portadas cataculés, de las que también brotan voces átonas, indefinidas, procedentes de gargantas virtuales. "No valen excusas", suelta Sport. Tampoco sabemos quién lo dice, aunque puestos a elucubrar podemos al menos descartar algunos candidatos a haberlo dicho. Por ejemplo, casi seguro que no ha sido Xavi Hernández.
"El Inter golpea primero ante un Atleti muy defensivo", es la lectura de Sport del partido de ayer. Tampoco sabemos quién lo dice, pero sí que le falta añadir "valga la redundancia".
"Forza Barça", exclama Mundo Deportivo ante la inminencia del decisivo partido de esta noche frente al Nápoles. ¿Quién dice "Forza Barça"? También lo ignoramos. A nosotros que nos registren.
En un apartado menor, el diario del Conde de Godó, grande de España, asegura que "la operación Mbappé asciende a casi 500 millones" para el Madrid. Seguimos sin tener la menor idea de quién dice eso, aunque nos atrevemos a aventurar que se trata de alguien a quien en este instante no le llega la camisa al cuello.
Pasad un buen día.
El fútbol siempre nos recuerda que no podemos cantar victoria. Una liga encaminada a la sala de trofeos no está ganada hasta que matemáticamente puede darse por hecha. Aunque virtualmente el Real Madrid tenga este campeonato nacional bajo su pulgar, no es prudente confiarse en exceso. El empate el pasado domingo en Vallecas es un contratiempo asumible. Si bien es cierto que podemos considerar como un pinchazo empatar contra un Rayo Vallecano que lleva una trayectoria algo errante desde enero, creo que desespera más la forma de perder una victoria que parecía muy próxima a los tres minutos. El Madrid realizó uno de esos contraataques marca de la casa que nos encandila. Es de admirar cómo Federico Valverde es capaz de cabalgar como un potro desbocado y tener suficiente precisión para poner un pase de gol perfecto que deja a Joselu solo ante el portero con la única misión de poner el pie y anotar el primer tanto.
¿Qué pasó luego? Faltita a faltita, que dirían los propios jugadores del Rayo, el Madrid se fue diluyendo y un partido que parecía más que controlado durante toda la primera mitad acabó en empate. Como aficionado, aborrezco estos partidos sosos que acaban siendo un verdadero pestiño cuando un equipo decide parar el juego continuamente con faltas y un árbitro más que permisivo se las tolera. No es un espectáculo a la altura del fútbol de élite que esperamos que sea nuestra liga.
Aborrezco estos partidos sosos que acaban siendo un verdadero pestiño cuando un equipo decide parar el juego continuamente con faltas y un árbitro más que permisivo se las tolera
Acabamos el encuentro con minutos repartidos entre no habituales y buenas sensaciones para jugadores que necesitan rodaje como Arda Güler. Por ello, destaco como algo positivo del pasado domingo las rotaciones introducidas por Carlo Ancelotti. Creo que son necesarias aunque esta semana el equipo haya podido descansar bien para afrontar la visita del Sevilla Fútbol Club al Santiago Bernabéu. De todos modos, el Madrid debe solventar con facilidad este partido pues el equipo andaluz anda dando tumbos desde la primera jornada liguera. Aunque por otro lado, siempre un arbitraje surrealista con decisiones peculiares puede poner de su parte y acabar en tablas un encuentro sencillo. Algo así sucedió en la primera vuelta con un delirante arbitraje en Nervión que anuló un gol legal por una falta inexistente y un fuera de juego etéreo. Vamos, nuestro pan de cada día con el estamento arbitral.
Y entre una cosa y otra, el culebrón de nunca acabar volvió al candelero del que nunca se fue. El pasado jueves 15 medio mundo se hizo eco de la no continuación del señor Kylian Mbappé en el Paris Saint-Germain. Esta noticia no oficial se presentó como tal pues al parecer el entorno mediático del PSG quiso deslizarla. El anuncio se produjo justo un día después del Miércoles de Ceniza. Y no es de extrañar pues, en mi opinión, Kylian Mbappé debe sumirse en una profunda penitencia antes de anunciar públicamente su decisión. Toda penitencia conlleva una reflexión honesta para alcanzar una posterior iluminación. Pido un acto de contrición por parte del internacional francés. ¿Qué menos después de tanto circo?
Si les soy sincero, bromas aparte, a mí todo el tema Mbappé me aburre y desespera. Entiendo la alegría y el alborozo con que se ha recibido la noticia por gran parte del madridismo. Ni que decir tiene que es un grandísimo jugador, posiblemente el mejor jugador del planeta en la actualidad. Lo que pasa es que todo el circo que tiene montado a su alrededor me produce un rechazo tal que soy incapaz de separarme de ese hartazgo para valorar con regocijo su posible llegada al Real Madrid.
Querido Kylian, ¿esta vez vas en serio o es otra de tus estratagemas? Mientras te decides, nosotros seguiremos a lo nuestro que es ganar la Liga y la Champions como hicimos en el 2022, la última vez que estuviste deshojando margaritas
Con Kylian Mbappé nos pasa a bastantes como esas viejas y aburridas parejas de muchos años que discuten todo el rato, rompen cada sábado y se dan segundas oportunidades los domingos antes de medianoche. ¿Hasta cuándo? ¿Cuántas peleas más hay que atravesar? ¿Vale la pena aguantar tanto? Porque ya lo de Mbappé no es un amor imposible, es más bien esa pareja con la que rompes cada tanto y vuelves no sabes ya muy bien por qué.
Sé que es un sentimiento personal, pero muchos madridistas nos preguntamos si aceptar una vez más a Mbappé es juicioso o va contra todas las reglas. Sí, ya sé que Mbappé es un fenómeno pero el Real Madrid es esa chica rubia espectacular por la que todos los quarterbacks suspiran en las películas americanas y darían la vida entera por ir con ella al baile de fin de curso. Querido Kylian, ¿esta vez vas en serio o es otra de tus estratagemas? Mientras te decides, nosotros seguiremos a lo nuestro que es ganar la Liga y la Champions como hicimos en el 2022, la última vez que estuviste deshojando margaritas.
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Como todos sabéis, los Galácticos es el sobrenombre con el que se conoce el equipo que armó Florentino en su primera etapa al frente del Real Madrid.
Os animamos a que pongáis a prueba vuestros conocimientos de aquella época con el cuestionario que ha preparado fcQuiz.
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“¡La nueva era! ¡La nueva era!” –exclamaban desmesuradamente eufóricos algunos de los jugadores del FC Barcelona, con un júbilo más propio de aquellos que acaban de proclamarse campeones de Europa que no de la supercopa de España que acababan de conseguir en Arabia el año pasado frente al Real Madrid. Dice el sabio refranero patrio que quién escupe hacia arriba alberga bastantes posibilidades de que el gargajo le caiga justo encima, de pleno y sin miramientos, que es exactamente lo que sucedió en este caso cuando tras el 0-4 en la vuelta de Copa del Rey en el Camp Nou, algunos de los jugadores blancos devolvieron a los azulgranas las palabras que estos habían proferido inicialmente.
Con todo el respeto que puedo sentir hacia el club que ha mantenido podrida la competición liguera que he seguido desde que tengo uso de razón (ninguno), tengo que reconocer que me hallo hartamente confundido ante ese lema que promulgaron orgullosos los jugadores culés (y que me han vuelto a recordar los anuncios del documental del Barcelona en ESPN) y elijo atribuirle el único significado que no desembocaría en una posterior carcajada mía más llena de condescendía y vergüenza ajena que de humor.
Entiendo que se referían a una nueva era DENTRO del Barcelona, representada por los jóvenes como Pedri, Gavi, Araujo o Balde como máximos estandartes de la misma; y no a que esta plantilla culé pudiera ser capaz de instaurar una nueva era de dominio del fútbol europeo estableciendo una dinastía similar a la de equipos históricos como los Chicago Bulls de Jordan en la NBA o, por qué irnos tan lejos, el Real Madrid de las 4 Champions en 5 años. El tiempo ha acabado siendo el soberano juez que ha impuesto la cordura en este asunto y si ha establecido que existe una plantilla actual con la juventud y, sobre todo, con la calidad necesaria para establecer una era de reinado glorioso en Europa, esa es la del Real Madrid en la que me gusta denominar la “tercera era de Florentino Pérez”.
Florentino Pérez ha presidido el Real Madrid durante 20 años separados en dos etapas (no confundir estas etapas con las etapas asador y caudillo del ciclo kármico de Pepe Kollins). La primera, iniciada en el año 2000 tras batir a Lorenzo Sanz en unas ajustadísimas elecciones que el empresario madrileño desniveló gracias a la promesa electoral del fichaje de Luis Figo, por entonces capitán del equipo corruptor. Esta primera etapa coincide con el mandato completo de Florentino hasta su dimisión en 2006 y fue mundialmente conocida como la “Era de los Galácticos”.
Nuestro majestuoso presidente y su equipo de trabajo trazaron una brillante estrategia que tenía como objetivo devolver al club blanco la grandeza que siempre le ha correspondido y colocar al Real Madrid en el centro de los focos mundiales realizando las contrataciones de jugadores legendarios, auténticas superestrellas de las que ya no quedan, de las que llenaban estadios con su mera presencia y las arcas del club mediante sus contratos publicitarios y derechos de imagen.
Florentino arrimó la galaxia a nuestro planeta, bajó a las mismísimas estrellas del cielo y las plantó en el césped del Santiago Bernabéu
Florentino Pérez consiguió lo que hasta entonces parecía una gesta imposible, propia de un club acostumbrado a hazañas de este tipo, por otra parte. Florentino arrimó la galaxia a nuestro planeta, bajó a las mismísimas estrellas del cielo y las plantó en el césped del Santiago Bernabéu para que toda persona de bien (los madridistas) pudieran gozar de ellas con la admiración que despertaban su talento y grandeza. En definitiva, lo que hizo el “Ser superior”, en su infinita magnanimidad, fue bajar el cielo a la tierra y permitirnos al resto de indignos humanos que lo tocáramos con nuestras propias manos. Desde que Prometeo ofreciera el fuego de los dioses a los hombres no se apreciaba en este planeta una gesta similar.
El madridismo se mordía las uñas con la llegada del período estival mientras sentía un mariposeo recorrerle no ya el estómago sino el cuerpo entero, pues sabía lo que se avecinaba en cada verano. Primero fue Figo, al año siguiente le siguió Zidane. En 2002, tras el Mundial de Corea con el Negreira egipcio de turno, los ojos del rey se posaron en Ronaldo Nazario y aquel fichaje se celebró como un título más, no sólo por la emoción que despertaba el brasileño y las ganas de verle desenvolverse en el campo con los Figo, Zizou, Roberto Carlos y Raúl, sino también por la manera en la que se produjo aquella contratación: épica, in extremis, casi con el tiempo de juego ya cumplido y marcando el gol de la victoria con más suspense que en las eliminatorias de la última Champions que conquistamos. Aquel día fueron Florentino, Valdano… ¡y Sandro Rosel! los que se vistieron de corto para hacer las delicias del público blanco con aquella mítica fotografía lejana de los tres en plena acción desde las entrañas de la T4.
El último galáctico en llegar, un año más tarde, fue David Beckham, que supuso la guinda perfecta de aquel proyecto a nivel económico, elevando al Real Madrid a los altares financieros tan sólo 6 años después de que el club se viera obligado a desprenderse de jugadores como Clarence Seedorf para poder pagar las fichas (a nadie se le ocurrió por entonces vender el 49% de los derechos de “Madridvisióndefuturo” por 200 millones a una empresa de dudosa capacidad financiera, lastimosamente).
No tuvo el mismo éxito en lo deportivo, pues aunque se consiguió la novena Copa de Europa en 2002 (de una manera vergonzante, todo ha de ser dicho), la sensación general de la afición vikinga siempre fue que ese equipo que seguramente haya sido el más virtuoso y técnico que jamás se haya visto sobre un campo de fútbol nos dejó a deber al menos una Champions con todos o la mayoría de los galácticos sobre el campo.
Mirandolo con la perspectiva aquel "los he malcriado" de Florentino, todavía no sé con certeza si se refería únicamente a los jugadores o nos incluía a nosotros, los aficionados, en esa cesta
Especialmente dolorosas fueron las derrotas en las eliminatorias frente al Mónaco o la Juventus (aquel penalti errado por Figo y que debió tirar Zidane, ¿por qué diantres no lo tiró Zidane?). Aquel equipo que triunfó como ningún otro en lo publicitario, nunca terminó de ser lo suficientemente sólido en el campo debido a evidentes fallas estructurales como la marcha de Makelele y la ausencia de un sustituto de corte y nivel similar, la calidad física del equipo, la dificultad para encajar a todos los galácticos en un sistema de juego sin que estuvieran incómodos en el campo y la edad y mala elección de los centrales del equipo.
Finalmente, los resultados y (según se dice) las tensiones del vestuario derivaron en la dimisión del presidente, que cerró la puerta con una última y demoledora frase que todavía retumba como un eco lejano en nuestros oídos: “los he malcriado”. Mirándolo con la perspectiva que sólo el tiempo proporciona, hoy, en 2024, todavía no sé con certeza si se refería únicamente a los jugadores o nos incluía a nosotros, los aficionados, en esa cesta.
Afortunadamente, Florentino volvió a su cargo escasos años más tarde con la lección bien aprendida y en su segunda etapa, desde 2009 hasta la marcha del principal estandarte de esta gloriosa época de las 4 Champions en 5 años (Cristiano Ronaldo), supo confeccionar una plantilla también repleta de jugadores históricos, pero esta vez con una estructura óptima, dotada de un mayor sentido deportivo.
En esta segunda era —para cuya denominación podríamos acudir a esa que se susurra en determinadas áreas de las profundidades de las redes sociales: la “era de los jerarcas”— Florentino Pérez comenzó su segundo mandato trayendo de una tacada a estrellas de renombre como Cristiano Ronaldo, Kaká o Benzema, pero también a otros jugadores como Xabi Alonso, imprescindible en el comienzo de esta etapa y futbolistas de rol como Arbeloa, que acabarían teniendo tan buen desempeño en el campo como en su labor de grupo dentro del vestuario.
Y como para demostrarse a sí mismo que no iba a malcriar(n)los de nuevo, trajo para comandarlos a un sargento al que concedió, por primera vez en cualquiera de sus mandatos, plenos poderes: el entrenador portugués José Mourinho. Un entrenador tan defensivo que cogió a esta plantilla y no se le ocurrió mejor cosa que pulverizar el récord de puntos y goles (que, por supuesto aún sigue vigente, a pesar de haber pasado por la liga no pocos entrenadores de corte ofensivo y fútbol más vistoso).
Sólo la suerte y pequeños detalles impidieron que el equipo que acabó con la hegemonía blaugrana de Negreira, Guardiola y Messi (in that order) alcanzara la gloria en Europa, tan esquiva y caprichosa como solo puede serlo la de una competición tan indómita y salvaje como la Champions League. Sin embargo, el equipo había recuperado la grandeza y la competitividad, y apenas sí restaban detalles para recuperar el amor perdido de nuestra eterna amante.
Florentino volvió a su cargo con la lección bien aprendida y en su segunda etapa, desde 2009 hasta la marcha del principal estandarte de esta gloriosa época de las 4 Champions en 5 años (Cristiano Ronaldo), supo confeccionar una plantilla también repleta de jugadores históricos, pero esta vez con una estructura óptima, dotada de un mayor sentido deportivo
Lejos de aquellos veranos en los que se realizaban 7 u 8 ventas y otras tantas compras, se mantuvo la cabeza fría y la estructura del equipo, a la que tan sólo le faltaban algunos retoques y fichajes para mantenerse en lo alto y dar ese último paso adelante en su camino de vuelta al trono. Así llegó el fichaje de Bale, que junto a los fichajes de Modric (petición de Mourinho), Kroos y Casemiro definieron a la perfección la estrategia de fichajes de la nueva dirección deportiva de Florentino: un galáctico o fichaje de gran inversión como máximo por temporada, aproximarse a los grandes jugadores que finalizan su período de contrato para convencerles de no renovar y abaratar su fichaje y la firma de jóvenes prometedores a los que hacer crecer dentro del equipo o cesión mediante. El resultado fue inmejorable y las 4 Champions en 5 años sirven como aval de la estrategia seguida por el nuevo Florentino, que, lejos de dormirse en los laureles o regodearse en la autocomplacencia ya estaba oteando en el horizonte el nuevo reto que se aproximaba: los clubes-estado.
Su tercera era es más meritoria si cabe, pues si bien en la “era de los jerarcas” el Real Madrid estaba en una posición económica privilegiada gracias precisamente a su gestión económica realizada en la primera, ahora el Real Madrid se ha encontrado en territorio desconocido: ha dejado de ser capaz de ofrecer las mayores cantidades en materia de traspasos y salarios a equipos y jugadores debido a la inflación de mercado derivada de la aparición de grupos de inversión con aparentemente dinero infinito procedente de los países petroleros de oriente que dotan a sus equipos (PSG, Manchester City, ahora también el Newcastle) de fondos que les permiten pagar auténticas barbaridades fuera de mercado.
Que Florentino Pérez haya sabido reinventarse para ser capaz no sólo de plantar cara a estos equipos de inagotables recursos sino incluso de ganarles en su propio terreno arrebatándoles Copas de Europa o fichajes es seguramente la más titánica de las obras de nuestro presidente. Por las obras precisamente comenzó su nueva estrategia: las que han convertido nuestro anciano templo en un nuevo mausoleo de arquitectura vanguardista que ha colocado al estadio en la cima del mundo, esa a la que desean subir los artistas y deportistas a exhibir sus talentos. El nuevo Bernabéu, amén de los conciertos y eventos deportivos ya anunciados, ha demostrado que será una fuente de ingresos extra que permitirá al Real Madrid mantener una potente posición económica incluso frente a los clubes gobernados en la sombra por los jeques.
Que Florentino Pérez haya sabido reinventarse para ser capaz no sólo de plantar cara a los clubes-estado de inagotables recursos sino incluso de ganarles en su propio terreno arrebatándoles Copas de Europa o fichajes es seguramente la más titánica de las obras de nuestro presidente
En cuanto a la estrategia deportiva y de fichajes, el diseño de la misma se ha ido adaptando a los tiempos y circunstancias actuales para ceñirse a lo que siempre ha deseado el Madrid de Florentino: tener a los mejores jugadores. El mejor es Mbappé, el gran anhelo del empresario madrileño desde 2017 y que parece que por fin, esta vez sí, recalará en el club blanco el próximo verano, pero mientras el francés daba calabazas al Real Madrid en favor del dinero catarí, Florentino seguía a lo suyo, construyendo su tercera y más loable obra.
Fiel a su estrategia de realizar una gran inversión en un sólo jugador por año, estudiar a los cracks cuyo contrato estaba cerca de expirar y fichar no a jóvenes promesas sino más bien a futuros “galácticos” a los que moldear en madridismo desde benjamines, Florentino, JAS y Juni Calafat han conseguido, casi sin que el aficionado se diera cuenta, ir llenando la plantilla con las estrellas de esta década que nos abarca: Vinicius, Rodrygo, Camavinga, Valverde, Militao, Tchouaméni y Bellingham. Todos ellos jugadores jóvenes que ya a día de hoy son estrellas mundiales tremendamente competitivas en la máxima competición continental de los cuales varios son estrellas mediáticas con contratos publicitarios de importantes marcas que les convierten en íconos.
Si ya las cifras por las que se obtuvieron a la mayoría de estos jugadores son ridículamente bajas en comparación a lo que le costaría al Real Madrid la inversión de ficharlos en este preciso momento, no digamos el verdadero gran mérito de esta nueva gestión de Florentino: sus salarios. Florentino ha preservado en esta época, así como en la anterior, su famosa “escala salarial”, esa que le valió no pocas burlas y chistes y que ha resultado ser en la actualidad el gran valor estructural del club vikingo. Prácticamente la gran mayoría de la plantilla podría obtener un mejor contrato si marcharan a la Premier League o a un club-estado, pero entra en juego otro factor que el presidente madrileño ha puesto en valor durante sus mandatos y que Valdano esculpió en una frase que suena (o debe sonar) en las cabezas de los jugadores con voz de ultratumba: “el Madrid paga en gloria”.
Sí, los jugadores podrían ganar más dinero en otros equipos en los que también ganarían títulos, pero el Real Madrid es otro mundo. El mundo donde las remontadas imposibles son algo casi rutinario. El mundo en el que la grandeza del fútbol alcanza su máximo exponente. La última Champions del Madrid no sólo demostró al mundo del fútbol que la estrategia de Florentino era la adecuada. También hizo que la próxima generación de estrellas se muera por jugar en el club que desafío a los clubes-estado y las leyes de la lógica para imponerse en la Copa de Europa más épica de todos los tiempos mostrando al fútbol que la gloria de este club es más grande que la vida misma.
La escala salarial es una genialidad que hace que a día de hoy el Madrid pueda permitirse tener a dos de los cinco mejores jugadores del mundo cobrando menos que el portero del equipo vecino
La escala salarial es la fórmula que descubrió Florentino para controlar los egos del vestuario y conseguir que el respeto y el estatus de los jugadores sea algo que se vaya adquiriendo de manera natural a lo largo de las temporadas conforme los méritos deportivos de cada uno lo vayan estipulando. Una genialidad que hace que a día de hoy el Madrid pueda permitirse tener a dos de los cinco mejores jugadores del mundo cobrando menos que el portero del equipo vecino. Y una genialidad que, por supuesto, le ha permitido a Florentino acceder al fichaje de su eterno deseo en esta penúltima etapa, Mbappé, al que parecer haber conseguido rebajar sus pretensiones económicas en favor de la preservación de la escala salarial y del ambiente en el vestuario.
Sé que muchos guardarán resentimiento contra el jugador francés y serán contrarios a su fichaje, mas deben entender dos aspectos: uno, es el deseo de Florentino, y ¿quiénes somos nosotros para interponernos en el anhelo de la persona que más ha hecho por este club y, sobre todo, la persona que mayor visión ha demostrado tener en este país y en este siglo?; y dos, no hay más que oír en el eco que arrastra el viento el deje de pánico con el que el antimadridismo está recibiendo la noticia del posible fichaje del francés para saber que estamos haciendo lo correcto.
No sé cómo denominar esta tercera era, lo de los nombres se lo dejo a gente con más arte que este servidor en dicha materia, ni cuánto durará. Tampoco sé si la retirada de Florentino bastaría para dejar de atribuirle títulos y méritos, pues los cimientos que ha dejado en esta penúltima etapa (nuevo estadio, plantilla, organigrama del club, ingresos…) son tan sólidos que van a dar para mucho.
De igual manera que Nico Almagro dijo que Nadal iba a tener 50 años e iba a seguir ganando Roland Garros, Florentino se irá del Madrid y seguirá ganando títulos, pues muchos de los que se ganen en su ausencia seguirán siendo achacables a su inconmensurable labor. Lo único que sé es que esta nueva era ya ha comenzado, las semillas fueron plantadas hace tiempo, se acerca la primavera y, con ella, la recogida del fruto. Disfrutemos de esta penúltima gran era de Florentino. Larga vida al mejor presidente que hemos tenido jamás. Y hala Madrid.
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Buenos días, amigos. Que el mundo actual va más rápido que la prensa tradicional escrita ya lo sabíamos, cualquier noticia se consume ipso facto vía internet varias horas o un día antes de que se plasme en los periódicos. Cada medio tiene su nicho y su función, no pasa nada, es como comerse un yogur caducado del día anterior. Pero hoy la prensa no sufre la demora habitual, sino un retardo mayor.
«Ya está firmado», titula Marca sobre el pómulo izquierdo de Mbappé del cual desciende una lágrima, esperemos que de felicidad, con forma de escudo madridista. El rostro de Kylian se asoma por un roto hecho en el panel de portadas marquistas dedicadas al culebrón.
Lo cierto es que Ramón Álvarez de Mon dio la primicia de que estaba firmado el pasado jueves. La noticia caducó hace cinco días.
As utiliza otro participio, en lugar de firmado, «atado», y afirman que la fuente es Al Khelaïfi, quien curiosamente tiene más querencia a aparecer en Marca, ya sabéis que la afición por el pádel une mucho, no son pocos los cuñados que no se aguantan ni entre sí ni a sus parejas y el vicio de la pala los emparenta cada fin de semana y cada fiesta de guardar. As, por tanto, también obvia que la fuente original fue Ramón.
Que esté firmado Mbappé es un paso indispensable para que juegue en el Real Madrid, aunque ya sabéis que en esta historia cualquier giro de guion es posible. Sin embargo, incluso más que la obligatoria firma, el hecho que incrementa las posibilidades es el sarpullido generado por la noticia en el antimadridismo.
Ya sabéis que de repente Mbappé es más dañino que comerse un pollo después de una semana fuera de la nevera en el Sáhara, que su llegada se debe a una confabulación judeo-masónica y el Madrid le pagará la ficha con el dinero que robará a los pobres y al convento de las Carmelitas Descalzas de San José (Malagón), y Fabrizio Romano incluirá en el monto de la contratación hasta el impuesto de basuras y la suscripción a Netflix del futuro jardinero de Kylian.
¿Y la prensa cataculé?
Sport también da la noticia caducada del acuerdo cerrado entre Mbappé y el Madrid, sin embargo, Mundo Deportivo afirma que dicho acuerdo aún no está firmado.
Las cuatro portadas dedican un espacio al partido de anoche a las 21 horas. Muchos estaban rayados por el empate en Vallecas y resulta que ha servido para afianzar el liderato del Real Madrid merced a la derrota anoche del Girona por 3-2 frente al Athletic, club que eliminó al Barça de la Copa y además es el único junto al Madrid que se mantiene firme en su lucha contra el tongo de CVC defendido por Tebas.
A principios de febrero, los aficionados y medios de comunicación del Girona entonaban el «así gana el Madrid» tras empatar a cero frente a la Real, aunque en realidad ya sabíamos y dijimos todos (salvo los cegados por la lacra del antimadridismo) que el peligro cierto para ellos era el Barça, recién eliminado de la Copa y fuera de los puestos que dan acceso a la Supercopa de España, lo que supondría que gente con poder perdiese dinero, precisamente lo último que tolera esta clase de personas.
El tiempo está confirmando tal deducción. Los del entrenador dimitido en diferido se encuentran a un soplido de los de Míchel, tan solo los separan dos puntos. Un par de penaltis más para el Barça y arreglado.
Nos despedimos lamentando la prematura muerte a los 63 años de Andreas Brehme, mítico lateral izquierdo alemán campeón del mundo en Italia 90 y exjugador, entre otros equipos, del Real Zaragoza. Descanse en paz.
Pasad un buen día.