Buenos días, amigos. ¿Os habéis preguntado alguna vez cómo será ser Sport? Queremos decir: esa publicación la hace gente. Hay alguien que es Lluís Mascaró, por ejemplo. Una portada de Sport no brota por generación espontánea, lo cual, si se piensa bien, resulta tranquilizador. La perspectiva de un mundo en el que los ejemplares de Sport nacieran incontroladamente en los bancales, como los hombres en la película de Cuerda, es inquietante cuanto menos.
No, no, no funciona así: alguien HACE Sport. Es algo que necesita ser hecho. No solo la portada. No conviene olvidar, aunque en esta sección nos centremos en las primeras planas, que si se les llama primeras es precisamente porque tras esa cubierta vienen más páginas. MUCHAS más páginas, de hecho. ¿Cuántas? Depende de si hay anunciantes y de cuántos hay, lo cual nos conduce al misterio insondable del departamento de marketing de la empresa X que considera que su dinero está bien invertido comprando un faldón en Sport, uno de los de Sexo es Vida, por ejemplo. Y seguro que es dinero magníficamente invertido. Si queréis os lo miramos, pero vamos, que seguro que sí. Magníficamente invertido.
Lo que os acabamos de decir es algo que conviene recalcar, porque a veces se nos olvida, en particular en esta sección: no es solo la portada, sino que hay más dentro. Más páginas, más artículos, más noticias (?). Más cosas. Y ahí detrás hay alguien que las escribe. Paraos a pensarlo un momento. ¿Es o no es fascinante? Generalmente, en este portanálisis vuestro, pasamos por encima de esta realidad, y no está bien. No está bien.
La perspectiva de un mundo en el que los ejemplares de Sport nacieran incontroladamente en los bancales, como los hombres en la película de Cuerda, es inquietante cuanto menos
Os proponemos en esta mañana de febrero tratar de enmendar este error abrumándoos con nosotros en el misterio tremendo y fascinante que hay detrás de Sport, desde sus articulistas pasando por sus anunciantes y lo más asombroso de todo: sus lectores.
Porque esto tampoco conviene dejarlo pasar. Una vez que te abrumas en la visión cósmica de un ejemplar de Sport puesto en un quiosco callejero, debes sumergirte en la idea procelosa de que en algún momento aparecerá alguien dispuesto a hacerse con dicho ejemplar a trueque de un euro y pico. Y de que con ese euro y medio no solo está comprando la portada, sino ¡el resto de páginas también! Es un chollazo, hombre. Páginas con grapas y todo, y más de una y de dos. Y de tres, seguro, dado que por definición no pueden venir en número impar.
Pero es que además esas páginas que compra ese abnegado ciudadano catalán (y atención: ¡a veces no catalán también!) no vienen en blanco. Qué va. Tienen un contenido que, para ser sinceros, y si nos imponemos un nivel justo de autoexigencia, deberíamos leernos cada mañana, antes de analizar cada portada. Y una mierda así de alta, digo, perdón, que sí, que deberíamos. No es justo juzgar una obra por su tapa, lo dice Stallone en alguna película. Cada mañana —sí: esto es una confesión en toda regla— cometemos un acto de injusticia y desconsideración, nos dejamos llevar por el prejuicio de la portada sin realizar un análisis riguroso del producto, página por página.
Es decir: exactamente lo mismo que vamos a hacer hoy. ¿O es que hay algún cura que haya dicho que el dolor de los pecados lleva necesariamente aparejado propósito de la enmienda?
Hoy es Isak. Y chico, ¿por qué no? Lo que hoy tratamos de subrayar es que no es Isak porque sí, sino porque alguien, por ejemplo Lluís Mascaró (¡Lluís Mascaró!) ha decidido que hoy —tras Lautaro y Neymar y Werner y Haaland y Morata y un señor de Motilla del Palancar— sea Isak. Es decir, que ha habido una conversación para llegar a este punto. Hoy, o a lo sumo ayer noche, una persona como tú y como yo (bueno, puede que no tanto) le ha preguntado a otra: ¿a quién ponemos?
—A Isak —ha respondido su interlocutor, ¿acaso con una mínima vacilación, o sin que el menor temblor de rubor vibrase en su garganta? —. Es el único que no hemos puesto aún. Y además mira qué maravilla vamos a añadir. “El Barça irá con todo a por Haaland, pero tantea al delantero de la Real por si el delantero noruego se complica”.
—Me parto. “Por si se complica”. Eres un genio, Lluís.
O algo así. Algo parecido a eso tiene que haber sido. Entiéndasenos: es que eso HA PASADO. Esa escena, o una muy aproximada, HA TENIDO LUGAR.
Y otras tantas conversaciones habrán acontecido también en lo tocante a los artículos del día, que Sport sitúa siempre en una barra superior, como si fuera el menú de tareas. Das un repaso a los títulos y la verdad, aunque deberíamos, no vamos a internarnos en los textos reales que hay detrás de los artículos porque es imposible que los textos sean mejor que los títulos. No es que no queramos, de verdad, pero tal empeño, el de leer los artículos, sólo podría suponer una decepción. Es radicalmente inviable que los textos sean mejores que los títulos que los anteceden.
Hay uno que se titula “El Barça necesita fabricar un nuevo Messi”. Analizadlo. Sintácticamente. Morfológicamente. Semánticamente, sobre todo. El Barça NECESITA fabricar un nuevo Messi. ¿Qué mejor noticia para el madridismo, en el entendido de que Messi solo hay y habrá uno, que el saber que el Barça necesita facturar otro rosarino de las mismas condiciones? No es que le convenga, no. No es que le vendría bien, qué va. Lo NECESITA. Música para nuestros oídos, amigos. El Barça NECESITA algo metafísicamente imposible. ¿Dónde hay que firmar? ¿Qué champán hay que beberse? ¿A qué pibones hay que besar? Ya os decimos: no vamos a leer el texto completo de Lluís Miguel Sanz porque el tras ese título, para nosotros, el recorrido sólo puede ser cuesta abajo.
En el menú de tareas, junto al de Sanz, encontramos un texto de Iván San Antonio de título no menos prometedor: “Xavi les recuerda sus peores pesadillas”. La primera e inevitable pregunta es: ¿a quiénes? ¿A quiénes le recuerda cosas Xavi (concretamente, al parecer, sus peores pesadillas)? ¿A quiénes se acerca Xavi para decirles “Saben aquel que diu que es un vampiro con el que ya soñaste y que vuelve otra vez y te chupa la sangre mientras suena Kevin Roldán en el hilo musical?” No lo sabemos, pero podremos soportar la intriga. La razón por la cual no vamos a leer este artículo de Iván San Antonio no se parece en nada a la razón por la que no vamos a leer el artículo de Lluís Miguel Sanz. Si no leemos el artículo de Iván San Antonio es porque Iván San Antonio nos parece un ser execrable, pura y simplemente. Nos parece un matón de pésima monta que señala el negocio del padre de un árbitro bajo la acusación de madridismo, soliviantando a potenciales antimadridistas contra el local comercial de dicho progenitor a sabiendas de que, encima, su acusación es falsa. El día en que leamos un artículo de Iván San Antonio será porque hemos perdido cualquier atisbo de consideración de nosotros mismos.
El día en que leamos un artículo de Iván San Antonio será porque hemos perdido cualquier atisbo de consideración de nosotros mismos
Sobre la marcha se nos ocurre otra conversación que seguro, poco más o menos, tuvo lugar alguna vez.
—LLUÍS: Oye, macu, qué bien el escrache contra el bar del padre del árbitro en Benidorm.
—IVÁN: Merci. En realidad es mentira que el padre fundara ninguna peña madridista, pero ya ves cómo esto que he hecho ha acojonado a los árbitros y ya no le pitan penaltis al Madrit. Ningún árbitro quiere que al día siguiente un periodista vaya a incomodar físicamente a su padre.
—LLUÍS: Eres un genio maquiavélico y un adorable macarra. Te ofrezco una columna en Sport.
¿Os dais cuenta? Cosas así HAN SUCEDIDO. Conversaciones así HAN TENIDO LUGAR. ¿No es maravilloso? ¿No es como para amar profundísimamente a esta gente, hasta el punto de añadirle a “gente” cualquier otro sufijo?
Os deseamos un feliz día, no sin antes felicitar por su medalla de plata en snowboard a Queralt Castellet.
Creo que fue el filósofo del fútbol Enrique Ballester quien dijo que este deporte era el que más se parece a la vida, puesto que, al igual que en la vida, en los partidos hay muchos ratos en los que aparentemente no sucede nada y, de repente, en un instante ocurre todo. En realidad, esta máxima tan certera no solo puede aplicarse al desarrollo concreto de los encuentros, sino también a la contemplación global de cada curso balompédico. Llega un momento en el transcurso de la temporada en que, tras períodos de calma más o menos tensa, se acumulan varias jornadas decisivas de distintas competiciones en una misma semana. No caben entonces las medias tintas ni las contemporizaciones: o se desploma el castillo de naipes o se sale vivo, con mayores o menores magulladuras.
Llega un momento de la temporada en que, tras períodos de calma más o menos tensa, se acumulan jornadas decisivas de distintas competiciones en una misma semana
Nadie puede negar que el Madrid se trata de un equipo resolutivo en los momentos cruciales. Baste aludir a su extraordinaria estadística a favor en las finales de la Copa de Europa —vencedor en trece de dieciséis, más de cuarenta años desde la última derrota—; en fin, no hace falta un forofismo exaltado para reconocer que su respuesta ante cualquier trance traumático, especialmente si se ha cometido el tremendo error de minusvalorarlo, suele suponer un ejemplo de superación. Sin embargo, aunque la competitividad constituya un rasgo perenne de su carácter, ni siquiera la mejor trayectoria puede asegurar la victoria siempre. De modo que cada generación de madridistas posee, a su pesar, un puñado de recuerdos íntimos y terribles acerca de cómo sus alegres expectativas para ese año se perdieron por el sumidero en una semana trágica puntual. Recientemente, el Madrid de entreguerras que intentaba reconstruir Solari se despeñó en apenas siete días en los que entregó la cuchara en todos los títulos. Y, si se echa un vistazo un poco más atrás, se comprobará que el siglo XXI ha dejado algunos puntos de inflexión en un torneo a partir de los cuales la temporada entera se ha desmembrado. La pesadilla con la que mis coetáneos y yo aún nos estremecemos no incluye la evocación del ceñudo rictus de Oliver Kahn, el desagradable penduleo chicloso de la antipática mandíbula de Ferguson, o a otros poderosos ogros, sin duda temibles. Por el contrario, implica a un tal Galletti, que una anodina noche de marzo destruyó, inesperadamente y por efecto dominó, el sueño de un Madrid que emparentase con el de los años cincuenta.
Los traviesos hados del calendario han querido traer a febrero un nuevo momento crucial, otra semana decisiva cuya superación, sin garantizar la gloria, resulta una condición necesaria para seguir peleando por alcanzarla. El Villarreal de Emery ya se ha encontrado con los blancos en esta clase de citas en el alambre: en las dos últimas ligas el Madrid supo si era o no campeón mientras se jugaba los cuartos contra los amarillos, obteniendo tanto la luminosa cara como la cruel cruz. En esta ocasión quizá alguien, para rebajar los nervios y desdramatizar, me argumentará que a tres meses vista del final de curso puede parecer un exceso atribuir la categoría de definitivo a este futuro inmediato. Se tratará de un vano ejercicio de consuelo, de herida ridículamente vendada antes de tiempo: que marzo, abril o mayo nos enfrenten a otras posibles semanas críticas no invalida la naturaleza capital de esta. Que le pregunten al propio Emery, enfrentado justo el febrero de hace cuatro años a otro envite similar en el que el Madrid le amargó aquel San Valentín y probablemente hasta su carrera en París. Emery, insospechado enlace entre los dos próximos rivales de los madridistas, apenas levantó cabeza en la Ciudad de la Luz tras su derrota en aquella eliminatoria; no le sirvió para su continuidad ni el ganar el resto de trofeos, como si quisiera homenajear la dura sentencia de Fitzgerald acerca de que toda vida es un proceso de demolición.
Villarreal y París. Setenta y dos horas. Un paso en falso puede conllevar el fin y un triunfo solo concede el permiso para seguir peleando
París será, precisamente, la siguiente etapa del via crucis, y hay tantas historias pendientes que hasta Fitzgerald se vería impotente para el encargo de narrarlas todas, ni siquiera reclutando al resto de escritores de la generación perdida desperdigados por la capital francesa durante el período de entreguerras. La inverosímil situación de Mbappé, quién sabe si con el corazón y la mente en lugares distintos y la necesidad de demostrar lo contrario. La alergia al merengue convertida tras el verano en odio acérrimo por parte de Nasser y su amo. La atenta mirada de Ceferin, que refresca cada poco la web del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. La posibilidad de una razón postrera para Messi con la que pueda justificarse ante sí mismo, cada vez que se levanta y mira por la ventana, por qué diablos ya no está en Barcelona. La opción de una venganza para Ramos, a buen seguro anhelada e indeseada varias veces en el mismo minuto. Frente a todas estas líneas argumentales, un Madrid vacilante y achacoso, acaso sin Benzema, que como buen profeta jamás ha tenido suerte en su país, y con la duda del estado de forma de Mendy, ese extraño guarda de seguridad que tiene el paradójico don de transmitir una sensación subjetiva de solidez a través de acciones rotundas y estrafalarias. París bien vale una misa, dicen que dijo Enrique IV; si bien, en las vísperas de la semana decisiva, el ateísmo campa a sus anchas entre el madridismo.
Villarreal y París. Setenta y dos horas. Un paso en falso puede conllevar el fin y un triunfo solo concede el permiso para seguir peleando. Aunque esta consideración no es del todo justa con el valor de la recompensa. Al fin y al cabo, Glenn Gould sostenía que el objetivo del arte no es la descarga momentánea de una secreción de adrenalina, sino la construcción paciente, a lo largo de toda una vida, de un estado de quietud y fascinación. Es decir: en este tipo de fechas, que ocurra todo, para que luego pueda seguir sin suceder nada. Al menos, hasta la próxima.
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Escribo nada más volver del estreno de La Leyenda Blanca (bueno, y de algún vino posterior a dicho estreno) en plena Gran Vía Madrileña. La eterna ovación registrada en la sala al término de la proyección no es más que el preludio del éxito que a buen seguro acompañará a esta docuserie cuando a partir de hoy mismo pueda empezar a ser vista en su integridad por los suscriptores de la plataforma. Hay talento para llenar varios nuevos bernabéus entre todos los que han sacado adelante este proyecto extraordinario (desde el ideólogo y promotor Íñigo de Carlos hasta el director Hugo Stuven, pasando por el guionista Álvaro de Paz y el resto del equipo), pero hay aquí algo todavía más importante que el talento y que el trabajo duro cuando se trata de hablar del Real Madrid, algo paradójicamente escaso en este tipo de proyectos: madridismo. Es un proyecto hecho desacomplejadamente desde el amor al Madrid para ser consumido por gente que ama al Madrid. Intolerable.
Es un proyecto hecho desacomplejadamente desde el amor al Madrid para ser consumido por gente que ama al Madrid. Intolerable
Yo no imagino lo que tiene que ser el ser Íñigo de Carlos ahora mismo. Ponerte de pie al final para darte la vuelta y recabar los vítores del patio de butacas tiene que ser emocionante, pero si dicho patio de butacas está ocupado por jugadores actuales como Marcelo o exjugadores como Butragueño, Hugo Sánchez, Fernando Sanz, Arbeloa, Gallego, Casillas o Martín Vázquez, la sensación debe flotar entre el éxtasis y el surrealismo. Yo vi a Mijatovic —que en este primer episodio confiesa que la Décima de Ramos le hizo más feliz que SU Séptima— elevar los dos pulgares hacia arriba, mirando a Íñigo. Marcelo me dijo cuánto le había gustado. Y (acaso lo más impactante de todo) Martín Vázquez lloraba a lágrima viva, traicionado por las luces ya encendidas. Este señor, Rafa, es más madridista que todos nosotros juntos, y el espíritu malintencionado que quiera sorprenderse que se sorprenda. Espero que no le importe que lo cuente. Viva la madre que lo parió.
La sensación al término de la proyección es de éxito rotundo. Muchos de los lectores de esta crónica apresurada, mientras le lean, ya habrán visto varios o todos los episodios de esta primera temporada, ya disponible en Amazon Prime, y me aventajarán en horas de metraje leyendablanquista. No por mucho tiempo, no se hagan ilusiones. A mi diestra estaba sentado Jorge Bustos, que emitía risas ahogadas al escuchar a Camacho o al contemplar en pantalla grande una vista panorámica del Estádio da Luz. Yo lo comprendo, son cosas tan icónicas e inconfundibles que te ríes con su simple puesta en común. Son demasiado tuyas para ser de tantos y sin embargo. En el vestíbulo, al final, departía Marcelo con Andrés Amorós, y esa imagen sí que me la llevo puesta y sí que es mía y sí que no es de casi nadie más, como mucho de la fantástica Noelia que los presentó. La felicidad es esto. La felicidad es Noelia presentando a Marcelo a Andrés Amorós, que iba con su simpatiquísimo nieto Luis.
Y yo qué sé qué más. Que dejes de leer esto, que abras Amazon Prime y que la maratón agarre al resto del mundo confesado, en el supuesto de que esperara algo de ti.
8 de agosto de 2024. Paquirrín y Scarlett Johansson celebran su primer aniversario de boda en la playa El Mojón de San Pedro del Pinatar. Se han dado prisa en recolectar los frutos del matrimonio y junto a ellos retoza un bebé sobre una toalla mientras escuchan Esta cobardía de Chiquetete.
Y usted, querido lector, se preguntará: ¿cómo diantres han terminado siendo cónyuges Paquirrín y Scarlett Johansson? Riqui Puig y un cerdo juegan un papel decisivo. Se lo explico.
Retrocedamos hasta enero de 2022:
[Musiquita de flashback]
Kiko Rivera acaba de tocar con el violín al revés Introducción y Rondo capriccioso para violín y orquesta de Camille Saint-Saëns y ahora está tumbado en el sofá viendo Telecinco. Decide prepararse un bocadillo de mortadela. Se lo come. La mortadela le pone golosón. Entra en Instagram para tontear con alguna, nunca se sabe.
Casi todas las cuentas que sigue en esa red social son de flamenkitas, canis o chicas que ha conocido en aparcamientos de discotecas. Está aburrido de ver siempre lo mismo y decide adentrarse en otros mundos. Se acuerda de una actriz que aparecía en una película de esas de moñecos o de tebeos. ¿Cómo se llamaba…? ¡Lo recuerda! Toca la lupa de IG y busca: “escarle yojanson”.
Ve su foto y la sonrisa retorna a su boquita de piñón. “Se me enamora el alma, se me enamora…”, canturrea Paquirrín para sí. Se propone conocerla como sea. Otra cosa no, pero la noche le ha proporcionado muchos contactos, ha compartido aficiones y fiestas sin fin con personas muy influyentes. Tira de agenda y envía un WhatsApp a un afamado productor: “Illo kiero conoce a la escarle yohanson esa de las peli tuvera como lo hace pero si no la veo pronto cuento lo que tu sabe salu2”.
A la media hora suena el balido de una cabra. Paquirrín sonríe, es el sonido de sus notificaciones de WhatsApp. “Scarlett Johansson mañana viene a España, tiene una prueba de vestuario para su próxima película de Marvel. Te he conseguido un pase como miembro permanente de la Diputación. Hora: 17:00. Dirección: Palacio de Congresos de Albacete”.
Paquirrín se pone unos cascos inalámbricos del tamaño de dos pizzas familiares, coge el móvil, la cartera y sale pitando de su casa.
—Señora, ¿usté sabe por ónde cae Albacete? —espeta a una mujer de orden con el pelo violáceo con la cual se topa nada más salir de casa.
Tras el inevitable respingo, la señora agarra con fuerza su bolso, se santigua y acelera el paso.
Kiko Rivera recuerda en ese momento que puede buscarlo en el móvil. “¡Pos si está cerca, leches!”, exclama. Compra un título de transporte para viajar en tren a Albacete y llega esa misma tarde a las 19:30.
En lugar de pasar la noche en una pensión o en un hotel de módico precio, se va de fiesta. Cuando se quiere dar cuenta son las 16:00 del día siguiente, solo queda una hora para ver a Scarlett. Se intenta acicalar en el lavabo del baño del after, pero no hay agua. Se limpia las axilas con toallitas y coge un taxi.
Scarlett llega en vuelo privado al aeropuerto de Albacete a las 16:30. Poca gente lo sabe, pero la Johansson es una apasionada de la copla comercial española y de la vida y milagros de John Benjamin Toshack. Ha pasado el vuelo leyendo una recopilación de las mejores ruedas de prensa del galés mientras sus AirPods emitían canciones de Lola Flores, la Jurado y la Pantoja. Al aterrizar, un Tesla la está esperando para llevarla al Palacio de Congresos de la ciudad. Llega puntual. Paquirrín lleva ya cinco minutos esperándola.
Durante la prueba de vestuario, Kiko Rivera no deja de agasajar a la actriz. Ella, educada, aguanta, pero ya no sabe qué hacer para evitarlo. Paquirrín, a punto de claudicar, exclama: “¡Illa, que soy el hijo de Paquirri y de la Pantoja, ¿cómo me va a hacer tú a mi esto?!”. Scarlett se sobresalta. “¿Pantoha, tú hiho de la Pantoha?”, acierta a decir en un rudimentario castellano.
De ese modo es como acepta la invitación a cenar de Kiko Rivera, que está más feliz que un cerdo en un charco.
Durante la velada, Kiko le cuenta historias de su madre mientras Scarlett las escucha con la boca abierta, pero cuando intenta un acercamiento, la actriz se separa, una cosa es que sea una amante de la voz de su madre y otra muy distinta que sienta atracción por su hijo.
—Es más fácil ver un cerdo volando sobre el Bernabéu que yo salga contigo —le dice Scarlett a Kiko parafraseando a su amado Toshack.
Pero Paquirrín no se rinde.
—Dime que haga lo más raro que se te ocurra y, si lo consigo, te casas conmigo, miarma —echa el resto Kiko.
—Si consigues que a la salida de un entrenamiento del Barça Riqui Puig firme un autógrafo en una camiseta de España portada por un cerdo vivo sostenido por alguien parecido a Mohamed Salah, me caso contigo.
[Musiquita de flashback]
10 de febrero de 2021
El resto es historia.
Imágenes: @DavidValdearen1
Buenos días. Imaginamos que ayer pasasteis el día inquietos, agitados, nerviosos, viendo en bucle la película Remando al viento de Gonzalo Suárez, en un sinvivir por saber qué ocurriría con la transcendental moción de censura presentada por José Agustín Gómez-Raggio a Asunción Lorente, presidenta de la Federación Nacional de Remo. Llegados a este punto, hemos de aclarar para quienes no leyeran ayer la prensa ni el Portanálisis que estamos hablando de remo como el deporte consistente en la propulsión de una embarcación sobre el agua mediante la fuerza muscular ejercida por humanos con remos a modo de palanca, no estamos hablando del Festival de la Canción de San Remo. Pues bien, ya sabemos qué ha ocurrido con la moción de censura que ha tenido en vilo al país hasta tal punto de ser portada de Marca: ha fracasado. La moción, no Marca. Lo confirma el propio diario, esta vez en un recuadrito modesto en el faldón, no a toda página. “Fracasa la moción del radical Gómez-Raggio”. Ya podéis dormir tranquilos, ea.
Marca también tiene hueco para hablar de una efeméride sin cuyo recuerdo tampoco podríamos vivir tranquilos: se cumplen 20 años del escándalo Muehlegg. Sí, ese esquiador alemán al cual nacionalizamos para ganar medallas en los juegos olímpicos, ese a quien llamábamos cariñosamente Juanito mientras él posaba frente a las cámaras contento con las preseas al cuello y salivando siempre en exceso. Ese que luego se demostró que competía con una farmacia corriendo por sus venas. Parece que fue ayer y ya han pasado veinte años. Gracias, Marca, por recordarnos la fugacidad de la vida.
Dejando a un lado sendos y vitales asuntos para la vida española, hay un tema que nos enerva. No ya por su importancia deportiva y más allá de que las sanciones estén aplicadas acordes o no al reglamento: ¿cómo es posible que a Dani Alves le sancionen con dos partidos por una agresión con los tacos que pudo lesionar de gravedad a Carrasco y a Marcelo con tres encuentros por una falta inexistente? Sí, alguien dirá que a Marcelo le castigaron con un partido por la expulsión y dos por decir la verdad, perdón, por decirle al árbitro que era muy malo, pero nos referimos al fondo del asunto: es más grave que el árbitro y el VAR yerren y un futbolista muestre su enfado por el error que otro futbolista le clave los tacos adrede a un compañero de profesión. Es decir, se protege más el ego del estamento arbitral que la integridad física de los futbolistas. ¿Y qué dice Dani Alves?
El brasileño escribió un tuit en el que pedía disculpas a Carrasco por “el accidente”. No comulgamos con ruedas de molino. Como Coco en Barrio Sésamo, vamos a explicar la diferencia entre accidente y no accidente: si uno se halla jugando al béisbol en el Yankee Stadium del Bronx, al batear una bola se interpone en su camino una señora de Villacañas lamiendo un Frigopié y de resultas de ello el helado se desintegra por el impacto del bate, podemos referirnos a la acción como accidente. Si uno entra a una tienda de helados del Bronx y golpea la pierna del heladero con el bate, no podemos llamarlo accidente.
El diario Sport informa de la sanción de dos partidos a Dani Alves en la parte superior de su portada, entre admiraciones, dando a entender que consideran exagerado el castigo. En fin.
La parte principal del frontispicio de Sport, título incluido, parece el cartel cinematográfico de una película de Steven Seagal: “Máxima prioridad”. Se refieren a Haaland, por supuesto, ese claro objeto del deseo culé.
Haaland (pronunciado Jolan) posa cual personal de seguridad nocturno, como un héroe de acción, con el dedo izquierdo en pose juanluisguerriana y el derecho avisando: eh cuidado, que aquí estoy yo. Probablemente el film transcurra en un submarino nuclear secuestrado por pérfidos malhechores del Este y pulule por el mismo una rubia despampanante que nadie sabe qué hace por allí. Y a ambos, al submarino y a la rubia despampanante, termina por salvarlos Haaland Seagal.
Pues si esto les parece una mala película, la historia del anhelo del fichaje de Haaland por el Barça es algo parecido.
Acerca del Madrid, Sport dice que la participación de Benzema en el partido frente al PSG peligra porque sigue lesionado. Nos preocupamos. Mucho. De modo que asimos otra portada para contrastar la noticia. Tomamos el As.
Y en la parte superior derecha del periódico leemos: “Benzema y Mendy se recuperarán a tiempo para el partido de Champions”. Caramba, como diría Butragueño, son informaciones contradictorias.
“De Gala en París” titula As. Como la mujer de Dalí de mismo nombre cuando se casó, precisamente en París, con el propio Dalí allá por 1932. El asunto principal para As —y para la mayoría de medios madrileños— es el duelo de Champions entre el Madrid y el PSG de la próxima semana. Ocurre algo curioso, porque todo el mundo parece desdeñar la importancia del partido frente al Villarreal de este sábado. Como madridistas, sabemos que lo capital es la Champions, pero también que, en este momento, ganar la Liga es más factible y el Madrid no puede permitirse tirarla por la borda. Además, un buen resultado frente al Villarreal insuflaría más ánimos al equipo de cara a su duelo parisino.
Os dejamos con la portada de Mundo Deportivo. Pasad un buen día.
No por ser un invierno especialmente cálido y seco deja de ser invierno, una época en la que es casi inevitable echar de menos las vacaciones, los bañadores, las siestas, las tardes de Tour… No me olvido de esos portentosos pronósticos que cada año repiten doctos analistas futbolísticos antes de que, mediado agosto, comience otra vez la Liga. Suele haber una tónica en las observaciones de estos expertos: el Madrid no se ha reforzado bien y su plantilla está hecha jirones, mientras sus rivales reúnen planteles formidables. Y en el poco probable caso de que la configuración del equipo blanco sea incontestablemente buena, el problema llega en forma de abundancia y, por lo tanto, enfado de los que no juegan en cada partido e inevitables problemas de dinámica interna. Recordemos sin ir más lejos el pasado verano, en el que se llenaron minutos y minutos de tertulias en televisión y radio e incontables líneas glosando las virtudes de la mejor plantilla de la Liga, la del Atlético de Madrid. La corriente de opinión era prácticamente unánime. Y uno, en su madridismo, llegó a pensar que le cegaban los colores al comparar ambas escuadras y pensar que la blanca era, libra a libra, muchísimo mejor que la de su rival de más allá de la M40.
Uno, en su madridismo, llegó a pensar que le cegaban los colores al comparar ambas escuadras y pensar que la blanca era, libra a libra, muchísimo mejor que la del Atleti
Diseccionando con cierta frialdad los equipos de unos y otros se podía ver que en el Atlético había un déficit importantísimo de defensores de nivel, tanto en los laterales, como en el centro de la defensa, donde solían emplear a tres centrales, teniendo solo cuatro en nómina. Si a eso se une la soledad del veterano Luis Suárez como único punta del equipo y la abundancia de segundos delanteros, cuando esta es una posición que Simeone no suele emplear, la sensación era que los rojiblancos tenían un equipo tremendamente descompensado, por más que el año pasado ganaran la Liga con un rendimiento, especialmente en la primera vuelta, insostenible por parte de muchos de sus futbolistas.
Qué decir del Barcelona. A pesar del desmesurado bombo mediático que provocó la llegada de Memphis Depay, ni él ni el resto de los refuerzos mejoraban a un conjunto que llevaba colgado de los goles de Messi demasiados años como para no notar su marcha. Aunque las factorías mediáticas se afanaron en propagar las virtudes del nuevo proyecto azulgrana, lo cierto es que primero tuvieron que tirar de numerosos canteranos para remendar un sayo que se descosía por veinte sitios distintos, y acudir al mercado después para paliar la carencia de calidad que tampoco sus categorías inferiores subsanaron.
El Madrid, en cambio, con una inversión veraniega negativa (se recaudó más de lo que se gastó) y un par de retoques de élite como Alaba y Camavinga, estaba considerado como un proyecto caduco, en plena transición. La temporada aparentaba ser un tortuoso trámite hasta que pudieran llegar nuevamente estrellas de relumbrón que dieran un salto cualitativo a la plantilla. Es evidente que el equipo tiene, como todos, posiciones muy mejorables y varios futbolistas a los que es casi imposible suplir. Y también salta a la vista que el técnico tiene un once muy definido y una serie de suplentes fijos en su rotación, mientras que buena parte de los otros reservas apenas cuentan. Aun a riesgo de que se me considere forofo, también me parece muy claro que la calidad del equipo, línea por línea y posición por posición, es muy superior a la de cualquier rival de la Liga. De hecho, me cuesta encontrar jugadores en otras escuadras que serían titulares en este Real Madrid.
El Madrid tiene el mejor equipo de España de largo (insisto, en mi opinión), y lo ha reunido tras un periodo en el que no ha fichado, o no ha fichado tanto como los grandes de Europa
El Madrid tiene el mejor equipo de España de largo (insisto, en mi opinión), y lo ha reunido tras un periodo en el que no ha fichado, o no ha fichado tanto como los grandes de Europa (empezando por el mismo Barcelona, cuyo saldo entre llegadas y salidas multiplica por 5 al del Madrid en la última década). Que no se me malinterprete. Esto habla bien de lo que se ha hecho en cuanto a política financiera y deportiva, aunque también se puedan señalar fracasos estrepitosos (el de Hazard retumba como un trueno). El Madrid ha mantenido la ortodoxia de no invertir cuando los ingresos se desplomaban y aun así ha seguido compitiendo. Gran noticia, aunque la mejor sería que se consiguiera volver a tener los millones necesarios para comprar de nuevo talento de primerísimo nivel y no apuestas de futuro, que entrañan más riesgo y demandan paciencia. No exijo deuda a toda costa a cambio de cromos, me parece esencial que se siga una lógica económica de no gastar lo que no se tiene. Solo espero que se tenga más y se gaste más. Aunque en España no vislumbre rival que pueda hacer sombra en unos años, en el Madrid todo gira en torno a Europa, y para la conquista del continente es probable que falte más potencia de fuego, de esa que solo se consigue con buen ojo y, por supuesto, con dinero. Como este no crece en los árboles ni se puede pedir eternamente a los bancos, el club ha hecho un esfuerzo histórico para encontrar nuevas maneras de mejorar su tesorería. Todo apunta a que lo conseguirá, y a que esa mejora se verá reflejada más pronto que tarde sobre el césped.
Si esto llega a pasar, huid de los vaticinios de los especialistas que señalen al Madrid como favorito. Recordad lo que decían el pasado verano, y cómo ninguno de ellos reivindica ahora aquellos pronósticos. No hay peor augurio para un proyecto que contar con el favor de expertos, especialistas del ‘dijedieguismo’ que convierten a un centrocampista vulgar con muchos tatuajes como principal seña de identidad en una versión mejorada de Redondo o Lothar Matthäus.
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Se cuenta que en 1301, después de someter al País de Gales, Eduardo I de Inglaterra prometió a los nobles galeses que les nombraría un príncipe “nacido en su tierra y que no hablara ni una palabra de inglés.” El elegido por el rey fue su hijo Eduardo, que había venido al mundo en Caernarfon hacía escasos meses y que, por lo tanto, ni hablaba inglés ni hablaba absolutamente nada.
Los galeses son un pueblo sufridor. Quizá la culpa sea de Eduardo I y de cómo les chuleó el título de Príncipe de Gales con astucia y malas artes. No lo sé. Sea como fuere, hay pocas gentes que sobrelleven el infortunio con la callada elegancia de un galés. También son gente valerosa. Su símbolo nacional es un puerro. Díganme si no es maravilloso, ¿quién si no un galés podría tener los dídimos como para adoptar una verdura de guarnición como metáfora patriótica? Algún día contaremos por qué un puerro. Pero hoy no, Hoy vengo a hablarles de santos.
¿quién si no un galés podría tener los dídimos como para adoptar el puerro, una verdura de guarnición, como metáfora patriótica?
De Gales, hace siglos, salieron unos santos estupendos. Cristianos recios con alma de mártires que dormían sobre sacos llenos de nueces y que, como san Teilo, luchaban contra dragones. Estaban hechos para el sufrimiento. No se quejaban. Solo seguían con lo suyo (“haciendo las pequeñas cosas”, como decía san David), rezaban y comían puerros.
Los santos galeses eran muy viajeros. Recorrían el mundo evangelizando y buscando el martirio; porque, a fin de cuentas, revelación y martirio son dos aspectos íntimamente ligados a la santidad. Y de eso precisamente es de lo que va esta historia.
Los santos galeses eran muy viajeros. Recorrían el mundo evangelizando y buscando el martirio
Yo les confieso que de niño no era muy futbolero. Tampoco de adolescente. Era, eso sí, vagamente madridista, porque no tiene mucho sentido que alguien se niegue ese placer de forma voluntaria. Pero era un mal madridista. No iba al Bernabéu (nunca lo pisé, de hecho, hasta cumplir los treinta y tantos), no me sabía el once que le metió siete roscos al Eintracht el 18 de mayo de 1960 en Glasgow, y cuando jugaba el Madrid me enteraba al día siguiente por el periódico. Hay quien diría que era feliz, porque en aquel entonces conceptos como “pipero” y “saldo arbitral” me eran completamente ajenos, y Manolo Lama me sonaba a nombre de marca de somieres. Pero no, no era feliz. Vivía en la tiniebla, solo que no lo sabía.
Y entonces, Aleluya, vi la luz.
Verán ustedes, yo nunca vi jugar a san Paco Gento Magno, jamás lo vi predicar el madridismo en un templo tapizado de césped. No presencié, tal y como contaba el Balón de Oro Luis Suárez Miramón, cómo la Galerna del Cantábrico “echaba el balón p’alante”, se salía del límite del césped “por donde había tierra” y luego regresaba para coger el balón que él mismo había pateado unos metros antes, chutaba y marcaba un gol.
Digo que no vi jamás hacer a eso a Paco Gento, pero sí vi hacerlo a otro jugador. Y como a Dios le gusta la simetría, ese jugador también llevaba el 11 a la espalda. Lo vi, puedo jurarlo, hacer lo mismo que según Luis Suarez hacía Paco Gento en el Bernabéu. Solo que no fue en el Bernabéu, fue en el Mestalla, en una final de Copa del Rey. Allí vi a san Gareth de Cardiff atravesar el campo como un arcángel, salir empujado fuera el límite del césped, recuperar la posición, alcanzar el balón que él mismo había chutado no sé cuántos metros antes, patearlo y meter el gol más hermoso que yo he visto en mi vida.
No vi jamás hacer a eso a Paco Gento, pero sí vi hacerlo a otro jugador. Y como a Dios le gusta la simetría, ese jugador también llevaba el 11 a la espalda
Allí estaba yo, en un bar de la provincia de Segovia, (lo recuerdo como recordaría san Pablo el día que se quedó ciego camino a Damasco) viendo aquella monstruosidad de gol. De esos que solo se ven en las películas y en los dibujos animados.
Y así fue como san Gareth de Cardiff me hizo futbolero y madridista.
Supongo que todos los madridistas tenemos guardado en la memoria el momento en que nuestro corazón se tiñó de blanco. Y estoy seguro de que muchos vinculan ese instante especial con un jugador en concreto. Conozco gente que se hizo madridista solo por ver jugar a Zidane, y Cristiano Ronaldo tiene en su haber más conversos a la fe de Chamartín que moros mató Santiago en Clavijo. Y hasta alguien habrá que se volvió madridista por una parada de Iker Casillas, porque de todo hay en la viña del Señor.
El apóstol que me transformó a mí en el más recalcitrante de los merengues vino del país de Gales. San Gareth era, de niño, mucho mejor madridista que yo. Aún era un pispajo con orejas de soplillo cuando ya se hacía fotos con la camiseta del Real Madrid y una sonrisa de oreja a oreja. Soñando en llevar algún día esa misma camiseta en el Bernabéu.
Allí estaba yo viendo aquella monstruosidad de gol. De esos que solo se ven en las películas y en los dibujos animados. Y así fue como san Gareth de Cardiff me hizo futbolero y madridista.
No sé si ese niño de orejas de soplillo podía siquiera imaginar lo que haría con esa camiseta. Que la llevaría puesta cuando levantara al cielo cuatro Copas de Europa y que, después de hacerlo, una caterva de aficionados madridistas le gritaría con ojos inyectados en roncerismo que no era digno de llevarla puesta.
Son, en fin, las cosas que supone el martirio. A san Gerardo los húngaros lo tiraron por una colina metido en un barril lleno de clavos, igual que algunos madridistas arrojaron a san Gareth a los pies de Juanma Castaño. Hoy san Gerardo tiene una estatua en el monte más alto de Budapest, de modo que no es descartable que, de aquí a mil años, san Gareth tenga al menos una plaquita en el Nuevo Bernabéu.
En cualquier caso, San Gareth, como buen mártir, nunca se queja, nunca protesta. Hay por ahí ciertos santos franco argelinos que cuando abandonan la parroquia escriben sibilinas epístolas a sus fieles acusando al pontífice que lo hizo cardenal de haberse desviado de la verdadera fe. Pero san Gareth no, san Gareth es galés, y, como tal, sigue el mandato de san David y va a sus pequeñas cosas. Cuando san Gareth llegó al Madrid, ganó una copa del Rey y marcó el gol de la victoria en una final de Champions League. Cuando san Gareth llegó al Madrid, al final de cada partido se despedía de la afición aplaudiendo a la grada. Cuando san Gareth llegó al Madrid, aprendió a hablar español y a jugar al mus. Y para que san Gareth llegara al Madrid, tuvo que amenazar a su anterior obispo, el presidente de Tottenham con dejar para siempre el fútbol profesional si no le dejaba irse al equipo con el que soñaba jugar desde que era niño.
Poco sabía san Gareth que venía a evangelizar en tierras hostiles. “He aquí que yo os envió como ovejas entre los lobos”, dijo Jesús a sus apóstoles. Uno de esos apóstoles fue santo Tomás, quien tuvo que meter los dedos en las yagas de Cristo para reafirmar su fe. Nosotros, al palpar los isquios yagados de San Gareth, encontramos cuatro copas de Europa. Si eso no sostiene la fe de un madridista, entonces ese madridista merece arder en un infierno azul y grana de césped impoluto y pases infinitos.
Uno de esos apóstoles fue santo Tomás, quien tuvo que meter los dedos en las yagas de Cristo para reafirmar su fe. Nosotros, al palpar los isquios yagados de San Gareth, encontramos cuatro copas de Europa
Los lobos acusaron a san Gareth de tener una hernia, luego de no hablar español (¡A un apóstol, insensatos! ¿Es que acaso no se dan cuenta que lo santos poseen el don de la xenglosia, es decir, de hablar varias lenguas, y que san Gareth en concreto habla el lenguaje universal del gol en la portería contraria?). Lo acusaron de marcar goles que estaban mal. Lo llamaron “despojo humano”, “marciano”, “jeta”; lo querían lesionado para que jugaran los santos locales, los del terruño, y, cuando se lesionaba, lo lapidaban porque se lesionaba mucho. Y san Gareth callaba. San Gareth metía penaltis estando cojo y goles de chilena en finales europeas, san Gareth donaba medio millón de euros a los hospitales madrileños y renunciaba caballerosamente a jugar una final europea en Cardiff reconociendo que igual él no estaba para esos trotes en aquel momento.
En el documental de aquella final, en las últimas escenas, se ve a san Gareth hablando con su madre, que es como la versión galesa de santa Mónica, madre de san Agustín. Allí, casi de refilón, se le oye decir “¿Has visto? ¡He jugado!”, con la misma sonrisa y la misma mirada del chaval con orejas de soplillo que se hacía fotos con la camiseta del Real Madrid. Porque para san Gareth no había mayor felicidad que haber jugado solo un puñado de minutos en el descuento para el equipo de sus amores. No necesitaba más. Quien al Madrid tiene nada le falta, solo el Madrid basta, pensaba san Gareth. Y era feliz.
Era feliz entonces porque aún no sabía que parte de su parroquia le odiaba con inquina. Todavía Mijatovic no había dicho que san Gareth solo creía en Gales y en el golf, y que el Madrid, si eso, era para sus ratos libres. Eso dijo del tipo al que un tal Coates del Sporting de Portugal le reventó el tobillo y casi su carrera deportiva cuando defendía los colores del Real Madrid.
La desdichada ocurrencia balcánica se desplegó en forma de bandera que a muchos pareció indignante. Me incluyo. En mi opinión, el “Gales, Golf, Madrid. In That Order” no fue el mensaje adecuado. El mensaje correcto habría sido “Idos a tomar por donde amargan los pepinos, piperos del guano”. Al menos eso habría puesto yo, pero, claro, yo no soy galés, ni santo ni mártir (in than order.)
No necesito más milagros del santo mártir galés
Tal vez, algún día, alguien escribirá un apócrifo en el que se cuente con pelos y señales por qué san Gareth dejó de ser feliz jugando para el Madrid. Puede que allí nos cuenten el relato de cómo el cardenal franco argelino al que san Gareth salvó el capelo en Kiev le dijo ex cathedra que si quería volver a estar presente en el campo durante un partido más le valía transmutarse en aspersor.
Dice mi admirado Jesús Bengoechea, que es experto en galeses, que a san Gareth aún le queda un último milagro antes de ascender al Olimpo madridista (cosa que, no me cabe duda, ocurrirá tarde o temprano). Puede ser, y deseo que esté en lo cierto, pero, sinceramente, a mí ya eso no me importa. No me hace falta. No necesito más milagros del santo mártir galés.
A mí san Gareth de Cardiff, aquella noche mágica en Mestalla, ya me concedió uno de los dones más bonitos que se le pueden dar a nadie en esta vida: mi amor incondicional por el Real Madrid.
Porque eso es lo que hacen los santos: abrirnos las puertas del Paraíso.
Getty Images.
Buenos días. El portadismo del día viene raruno. Es más, nos atrevemos a decir que nada en él es ni medio normal. Temáticas extrañas, fotos extrañas, aproximaciones de WTF. Uno no amanece preparado para una portada como la de Marca, primero porque no es sobre fútbol, y segundo porque versa sobre un deporte tan absolutamente respetable pero tan poco habitual en este sección como el remo.
Nos atrevemos a aventurar que se trata de la primera vez que el remo hace acto de presencia en los más de 2.500 portanálisis que constan en el Registro Nacional de Portanálisis y Pellizcos de Monja. Vaya toda nuestra consideración para el remo como disciplina, así como para el objeto propiamente dicho. Quede claro: no le vemos más que cosas buenas al acto de remar y al apero con que se lleva a cabo. Es solo que la primera plana de Marca nos ha pillado descolocados.
Marca lleva una temporada en que se dedica a defender causas más o menos nobles, casi siempre de forma loable. La de hoy no es que no lo sea, pero nos pilla in albis. Parece ser que hay una moción de censura contra Asunción Lorente.
—¿Quién es Asunción Lorente? —os escuchamos rezongar.
Calma. Hoy sin calma no vamos a ninguna parte. Vamos a ello.
Asunción Lorente es la actual Presidenta de la Federación Nacional de Remo, y Marca la defiende de la moción de censura que contra ella ha presentado quien al parecer es el aspirante a sucederla en el puesto, un tal José Agustín Gómez-Raggio. Marca recalca que doña Asunción es “la única mujer al frente de una federación olímpica”, y ese subrayado nos chirría, la verdad. Si doña Asunción merece defensa —no sabemos si la merece, sinceramente— será porque es una buena Presidenta de la Federación Nacional de Remo, no por ser la única mujer al frente de una federación olímpica. Si doña Asunción merece defensa, de hecho, la merecerá por ser una buena Presidenta de la Federación Nacional de Remo con absoluta independencia de su sexo. Está muy bien defender a la gente, pero hay que defender a la gente por las razones adecuadas.
El candidato es según Marca impropio para el puesto, y en eso estamos plenamente de acuerdo si nos atenemos a las pruebas mostradas, a saber, una batería de tuits insultantes, ciertamente impresentables, de los que se deducen ciertas reticencias de Gómez-Raggio respecto a Pedro Sánchez, Pablo Casado, los chinos (en genérico) y un señor de Ciudad Real con una bufanda verde que pasaba por allí. La misantropía de Gómez-Raggio parece tan indiscriminada como notable es la suciedad de su lengua, y coincidimos con Marca en que un tipo de esta calaña no puede presidir no ya la Federación Nacional de Remo, sino tampoco su comunidad de vecinos o una comisión provincial de homenaje al Yoyas. No puede presidir absolutamente nada.
coincidimos con Marca en que un tipo como Gómez-Raggio no puede presidir no ya la Federación Nacional de Remo, sino tampoco su comunidad de vecinos o una comisión provincial de homenaje al Yoyas
La única (pero poderosa) razón por la que meneamos la cabeza ante este reportaje de investigación es una razón de contraste. Cuantísimo (ay) nos habría gustado que Marca hubiera dedicado una milésima parte de los esfuerzos invertidos en escudriñar el TL de Gómez-Raggio a hacer lo propio con las andanzas de Ángel María Villar al frente de la Federación de cierto deporte al cual Marca, por cierto, suele dedicar más atención que al remo. Y no se puede decir que a Marca le faltara tiempo para ello, por cuanto Villar presidió la RFEF durante treinta añitos de nada. No vimos ningún reportaje de investigación que concluyera con una portada titulada entre exclamaciones. “¡Cómo alguien así puede presidir la Federación de Fútbol!” ¿Os imagináis? Nosotros no, ni siquiera después de la Operación Soule que acabó con Villar temporalmente entre rejas por cuestiones que ni Marca ni (en justicia) ningún otro medio se ocuparon jamás en investigar. Esta metafórica (y justa) lapidación a un señor más o menos anónimo como Raggio produce, en contraste con la connivencia de nuestros medios con cafradas de rango muy superior en el mundo del fútbol, una sensación de pómulo de granito que en esta mañana rara se nos queda pegada al paladar, y que no pasa ni con un sorbo prolongado de café.
As, por su parte, nos sorprende con un primer plano de Lewandowski saliendo de un after (¿quedan afters en la vida afterCovid?) y poniéndose “a tiro”. Ya os advertíamos que la mañana es raruna.
Lewandowski. Así, de pronto. Pues chico, si no tenéis nada mejor que ofrecernos, ¿por qué no? Si esa es la ocurrencia del día, bienvenida sea, aunque el polaco parezca tener las pupilas dilatadas por efecto del consumo de alguna sustancia química y emerja del interior de una carpa circense o de una tarta de frutas, tanto da (¿de dónde coño sale Lewandowski?). Es una mañana rara, sin mucho que contar, y como nos sentimos magnánimos nos vale Lewandowski como nos valdrían Joao Félix, Memphis Depay, Roberto Baggio (no confundir con Gómez-Raggio) o Jessica Chastain. Es una mañana primaveral que ya se insinúa tras la ventana —todos los portanálisis, hora es ya de que lo sepáis, se escriben mirando por la ventana—, y le perdonamos todo a todo el mundo, incluido As.
Sport y Mundo Deportivo, que se las prometían muy felices con el presunto acuerdo del Barça para el patrocinio de Spotify, no tienen hoy más remedio que dar cuenta consternada de la dimisión de Ferran Reverter como CEO de la entidad blaugrana, no sabemos si porque alguien no le ha hecho caso y ha cerrado con Spotify un acuerdo que podría haber sido mucho más provechoso para el Barça. En todo caso, dimisión chunga de toda chunguez. Uyuyuyuy, qué mala pinta tiene esto.
Cuando abandona el barco el (casi) único con cabeza en lo alto de la jerarquía, algo profundamente inquietante ha de estar ocurriendo entre bambalinas. “El club blaugrana esgrime motivos personales para explicar una salida inesperada”, suelta Sport. En el Barça todos dimiten por razones personales, lo mismo los brillantes hombres de negocio que estaban destinados a intentar sacar al club de su marasmo financiero que los hombres de cantera acusados de abusar sexualmente de niños durante décadas, dentro y fuera del Barça.
Pasan cosas muy extrañas ahí dentro, y no todas entran en la esfera de lo personal. Cosas más extrañas aún que Lewandowski a tripis, cosas más extrañas aún que una portada de Marca sobre remo. En el Barça suceden tantas cosas chungas que tal vez lo que proceda es concluir no ya que esas cosas suceden, sino que el Barça ES la chunguez propiamente dicha.
Pasad un buen día.
Algunos afortunados ya hemos tenido acceso al primer episodio. La Leyenda Blanca, la serie de Amazon Prime sobre el Real Madrid, se estrena en todo el mundo este viernes 11 de febrero. El creador de la serie y principal impulsor de la idea es Íñigo de Carlos. Su apellido ya deja claro el linaje. Nieto del presidente Luis de Carlos, Íñigo cumple con el estreno de esta docuserie un anhelo personal y, de paso, nos regala una visión del club que amamos sustentada, precisamente, sobre la emoción que nos depara. Nos encontramos —dónde si no— cerca del Bernabéu. Las obras del templo van a buen ritmo y la de Íñigo está terminada… si bien nadie descarta que haya una segunda y sucesivas temporadas. La historia del Real Madrid, como reza el tópico con toda la razón (los tópicos suelen tenerla), es eterna.
¿Cómo surge el proyecto que fructifica en La Leyenda Blanca?
La idea se me ocurre hace años. Al ser nieto de quien soy, siempre había soñado con poder aportar algo al relato sobre el Real Madrid. Le doy vueltas durante mucho tiempo, escribimos y presentamos una primera versión de la historia al club, pero teníamos que definirlo con más detalle. Dos años después, ante la necesidad de incorporar al proyecto un escritor profesional, se une Álvaro de Paz. Estábamos convencidos de que teníamos una idea original para abordar la realidad del mejor club del mundo, y contactamos al club con la idea, que se fue puliendo a lo largo de sucesivas reuniones con ellos. Cuando hubo una idea en firme, nos asociamos con Onza, que fue la herramienta para dar forma al proyecto y para presentar la idea a Amazon.
Y ¿cómo te sientes ahora mismo, cuando la serie está a punto de ser estrenada en Amazon Prime? (Viernes 11 de febrero)
Siento que he cumplido un sueño. He aportado mi granito de arena para que la historia del club de fútbol más exitoso de todos los tiempos sea aún más conocida, y sobre todo para que lo sea de una manera que haga hincapié en lo humano y que, en el aspecto narrativo, no siga los caminos ya trillados. Se trata de transmitir los valores que han aupado al Real Madrid a ser el club que es, y hacerlo desde la perspectiva de la emoción.
¿De qué manera la emoción es el sentimiento catalizador de la docuserie?
Nos centramos en todo momento en el aspecto más humano. Ya sabemos que en el fútbol moderno la cosa va de ganar títulos y vender camisetas, pero hay un sinfín de anécdotas e intrahistorias, y es ahí donde entramos nosotros. La emoción es la fuerza motriz de la serie, no la cronología. No queríamos seguir la típica estructura lineal que comienza con la fundación del club y va avanzando año a año, sino que se producen saltos en el tiempo en función de paralelismos entre cosas de un pasado muy pretérito y otras más cercanas en el devenir del club.
¿Puedes poner algún ejemplo?
Son paralelismos temáticos, por ejemplo las lesiones que han tenido lugar en situaciones límite, en grandes finales sin ir más lejos. Kopa se lesiona en la final de la Cuarta y tiene que seguir jugando cojo porque por entonces no había cambios, y de ahí saltamos a la lesión de César en Glasgow, en la Novena, que permite la irrupción en el campo de Casillas y aquellas paradas milagrosas al Leverkusen en los últimos suspiros del partido. Otras veces el enganche entre el pasado remoto y el más cercano es puramente geográfico. Por ejemplo, la tercera Copa de Europa se resuelve en la prórroga ante el Milan, con aquel gol de Gento, y eso nos procura la excusa para saltar a la Undécima, porque la final contra el Atleti tiene lugar en Milán. Lo hacemos de un modo en que la historia va de atrás hacia delante y viceversa, fluyendo de una manera natural.
Nos centramos en todo momento en el aspecto más humano. La emoción es la fuerza motriz de la serie, no la cronología
No parece un logro sencillo en términos de guion. Se intuye mucho trabajo detrás.
Mucho. Pero la propia historia del Madrid te ayuda a establecer estos vínculos. Por ejemplo, es fácil jugar con la idea de las dinastías, porque hay dos muy claras en la historia del Madrid. La primera es el Madrid de los 50, con Di Stéfano, Gento, Puskas, Santamaría, etcétera, con cinco Copas de Europa seguidas. Y la segunda, evidentemente, es la que hemos podido vivir de cerca los madridistas más jóvenes, las cuatro Champions en cinco años que también han marcado una época. Y jugamos con eso, porque la Copa de Europa del 55 en París en la primera de la primera dinastía, mientras que la de Lisboa en 2014 es la primera de la segunda. Jugamos con esos vínculos.
Danos algún otro ejemplo de salto en el tiempo, de una época a otra del Madrid, que se vea en la serie.
Los mentores. Es otra constante en ese vestuario. Si llegabas nuevo al equipo, siempre había otro compañero que te tomaba bajo el ala y te enseñaba los valores del club. El caso más obvio, relativamente reciente, es el de Roberto Carlos y Marcelo. Sobre esta influencia de los veteranos sobre los noveles también se habla mucho por parte de los protagonistas de la serie. Es una constante madridista.
Esta no es, por tanto, una historia del Real Madrid al uso…
No lo es. Es un análisis de cómo un club como el Madrid logra reverdecer una y otra vez los laureles que el propio club hizo brotar en el pasado. En los 50 gana el Madrid y en la era moderna podría haber ganado otro club, pero no, se las apaña para seguir ganando en diferentes periodos históricos. ¿Cómo es posible? ¿Cómo se explica esa excelencia en momentos dispares de la historia? Fíjate que podríamos incluso definir una tercera dinastía. La que protagoniza la Séptima, la Octava y la Novena.
Hay bastante disparidad entre los jugadores que las logran, pero tal vez podría hablarse, en efecto, de una tercera minidinastía.
Sí, con algunos jugadores que están en esa minidinastía pero también al comienzo de la dinastía última, como por ejemplo Casillas. Pero son épocas, rachas.
La Sexta es la que está más aislada en el tiempo.
Pero tampoco se puede decir que esté totalmente desgajada de las cinco primeras, no hay tanta distancia temporal con ellas y algunos pocos jugadores permanecen, como por supuesto Gento, también Puskas y Santamaría. De hecho, el equipo pierde dos finales entre la racha triunfal del comienzo y los yeyés, con lo que podía haber sido una epopeya de dimensiones aún mayores. Y en el 81, por supuesto, de manera muy solitaria en la línea temporal, perdemos la final de París contra el Liverpool.
Es un análisis de cómo el Madrid logra reverdecer una y otra vez los laureles que el propio club hizo brotar en el pasado. En los 50 gana el Madrid y en la era moderna se las apaña para seguir ganando
Con tu abuelo en la presidencia.
Así es. Pero él prometió que no se marcharía del cargo sin haber vuelto a hacer al Madrid campeón europeo, y lo logró con la primera de las dos Copas de la UEFA de los ochenta.
Dos seguidas. Otra minidinastía…
Aquellas UEFAs eran muy difíciles de conseguir. Solamente mira los nombres de los equipos que hubo que dejar por el camino en ambas ediciones (85 y 86): Inter, Anderlecht, Borussia Monchengladbach, Colonia… Claro, en aquella época solo jugabas la Copa de Europa si ganabas la Liga (a menos que ganaras la propia Copa de Europa y participaras como campeón de la edición anterior), lo que hacía que existiera en el club una fijación por conquistarla que ahora no se observa en la misma medida, porque siendo cuarto ya juegas la Champions del año siguiente.
Uno de los mayores atractivos de La leyenda Blanca es su primorosa envoltura. Me consta que hay imágenes valiosísimas de aquellas Copas de Europa en blanco y negro que han sido bellamente coloreadas, por ejemplo.
Así es. El aspecto visual es importantísimo y creo que va a dejar a la gente admirada. La Leyenda Blanca ha sido rodada con cámaras de cine. La calidad de la imagen es extraordinaria. Quiero otorgar el mérito que merece a Hugo Stuven, ha sabido transmitir la emoción y la pasión que le trasladamos con la historia que queríamos contar. Ha convertido la idea en una serie emocionante que refleja con acierto qué es la gran familia madridista. Enhorabuena a Hugo y a su equipo.
Elige un episodio de los seis que componen esta primera temporada.
Uf. Es tan difícil… Ha habido algo tremendamente especial, y es juntar a los cinco componentes de la Quinta. Incluso ellos estaban agradecidos porque, de no ser por estas cosas, no se juntan nunca. Están muy jóvenes todos, como para salir a jugar. (Íñigo saca su móvil para mostrarme una foto de la jornada en cuestión, en la que aparece él con los cinco componentes de la mítica Quinta, a la que sigue otra en la que se ve, sentados en un porche en una tarde soleada, a futbolistas de diferentes generaciones de Concha Espina, desde Hugo Sánchez a Mijatovic pasando por Arbeloa y muchos más). Esta foto también nos lleva a otro de los puntos cumbre de la serie: la charla entre los jugadores de distintas eras. Es una charla cuyos fragmentos, respetando la estructura que le hemos dado, también usamos en varios capítulos. Son fragmentos que denotan la idea del Real Madrid como una gran familia, la gran familia blanca capaz de trascender diferencias, lógicas en el trato humano, para remar todos juntos en beneficio de la entidad. Y me gustan mucho los perfiles, que son pequeños bloques, dentro de cada capítulo, destinados a glosar una figura determinada en el devenir del club. Por ahí pasan Gento, Puskas, el propio Bernabéu…
Mi abuelo, Luis de Carlos, prometió que no se marcharía del cargo sin haber vuelto a hacer al Madrid campeón europeo, y lo logró con la primera de las dos Copas de la UEFA de los ochenta
Quizá no convenga hacer spoilers y ya has mencionado algunos nombres, pero ¿a quién vamos a poder ver hablándonos del Madrid?
La nómina de entrevistados es un lujo que está más allá de lo imaginable. Efectivamente, no conviene desvelar demasiado. Es mejor que haya algunas sorpresas. Además de jugadores de muchas generaciones, auténticos héroes del madridismo, hay personajes públicos, de otros deportes o del espectáculo, que están presentes.
Dinos alguno.
No puedo. Pero la gente se va a quedar flipando. Son gente de un perfil altísimo, madridistas enormemente populares, enormemente prestigiosos.
Venga, hombre, cuéntanos.
No, de verdad. Si te dijera que salen Nadal, Alejandro Sanz, Carlos Sainz o José Mercé tendría que matarte a continuación, no puedo hacer eso.
(Risas) ¿Algún periodista, tal vez?
Claro, contamos con los testimonios de comunicadores como Julio César Iglesias, Manuel Jabois, Jesús Álvarez, Andrés Amorós, Raúl Cancio, Jorge Bustos o un tal Jesús Bengoechea. (Risas).
Y dos personas a quienes conoces bien: los hijos de Luis de Carlos, José Manuel y Jaime, ¿no es así?
Pues sí. Eso ha sido muy especial, claro. Mi tío José Manuel es además presidente de la mesa electoral y actualmente socio número 7. Conoce como nadie la historia del Madrid.
Si te dijera que salen Nadal, Alejandro Sanz, Carlos Sainz o José Mercé tendría que matarte a continuación, no puedo hacer eso
Como madridista, ¿hay algo sobre el Madrid que no supieras antes de hacer la serie, y que gracias a haberla hecho ahora sí sepas?
(Piensa un momento). Digamos que tal vez no era plenamente consciente de lo que el Madrid significa para tanta gente en cualquier lugar del globo. Ahora lo veo, gracias a la enorme expectación nacional e internacional que este estreno está despertando. Me llaman de todas partes. Me doy cuenta de que el mundo, en muy diferentes latitudes, está lleno de personas para quienes no pasa un solo día sin pensar varias veces en el Real Madrid.
¿Hay algo que quieras añadir?
Quiero agradecer al club su ayuda, en especial al presidente Florentino Pérez y a José Ángel Sánchez, siempre dispuesto a echar una mano con la eficiencia que le caracteriza. Sin él, este proyecto no habría comenzado a rodar. Quiero destacar de manera muy especial a Emilio Butragueño, en todo momento pendiente de la evolución de la serie, y agradecerle su amabilidad y trato personal conmigo. Fuera del club, no puedo olvidarme de mi socio en Morrigan Films, Íñigo Fernández-Tapias, el cual ha sido pieza muy importante en todo este engranaje. Curiosamente, al ser tocayos, ya nos llaman jocosamente “los Íñigos” (risas). Tampoco de mi compañero de viaje, Álvaro de Paz, un madridista de pro cuya importancia en la serie ha sido vital. Felipe Mellizo, gran persona y fantástico profesional, y Mario Caballero, mayúsculo madridista y un periodista magnífico que cualquiera querría tener en su plantilla, han estado al frente del equipo de contenido, también han sido fundamentales, así como nuestro socio Onza. Vaya mi gratitud también para Amazon por haber creído en este proyecto.
Entrevista: Jesús Bengoechea.
Buenos días, galernautas. Si lo que estáis leyendo en lugar de un Portanálisis fuese un partido de fútbol dirigido según los parámetros del arbitraje moderno, no podríamos asegurar si son buenos días, porque dependería de si se dan los buenos días arrastrando la mano por el suelo dentro del área, o habría que esperar a que pasasen dos horas para ver si realmente son buenos y si no lo son volver para atrás y decir malos días, o habría que revisar el saludo en el VAR y comprobar que la tilde de la i no toca la a, porque si no, es fuera de juego saludil, pero ojo, que todo esto cambiaría cada temporada sin dar tiempo siquiera a asentar conceptos.
¿A santo de qué viene esta digresión? A santo de que ayer salieron a la luz unas imágenes en las cuales Carlo Ancelotti se acercaba (tranquilo y con educación, no como Xavi reclamaba un penalti inexistente el domingo) a Mateu Lahoz al finalizar el encuentro frente al Granada para preguntar al colegiado por qué había señalado falta de Fede Valverde cuando el Pajarito se marchaba solo hacia el arco de Maximiano. Mateu, sonriente, le contestó: “Hazme caso, confía en mí… Es el nuevo fútbol”. Acto seguido, Carletto le dio la mano y se alejó con la misma cara que sale uno de pedir explicaciones de la Agencia Tributaria. Aun así, en la posterior rueda de prensa, el técnico italiano del Madrid dijo que Lahoz es el mejor técnico de España y de Europa (no parecía irónico), aunque seguía sin tener claro si había acertado o no en la jugada.
¿La explicación de Mateu es un sarcasmo por la edad de Ancelotti, se cachondea de él? Podría pensarse, aunque también podría interpretarse como un “esto es lo que hay” de manual. Lo que es indudable es que hoy, dos días después de la famosa jugada, nadie sabe por qué Mateu señaló falta, porque no ocurrió nada. Además, el nuevo fútbol al cual él se refiere permite dejar seguir la jugada y, si esta acaba en gol, comprobar en el VAR si hubo falta previa.
El arbitraje moderno genera lo que en la vida civil se denomina inseguridad jurídica, ya nadie sabe si una mano va a ser o no penalti; una falta, tarjeta o no; un fuera de juego, sí o no, porque depende del momento en el que el del ordenador le dé al pause; y un no hacer nada, falta o no, como en el caso de Valverde. Con el añadido de que cuando se comienza a intuir por dónde van los tiros se modifica de nuevo, se lía más, para mantener siempre al aficionado alejado del conocimiento y poder así manipular a su antojo partidos y competiciones amparándose en la norma, parida poco clara adrede para permitirlo. De ahí el odio eterno al arbitraje moderno.
A quienes les da igual el galimatías normativo es al Barça, que vive la vida como un paciente sobremedicado al que todo le parece bien porque siempre está de subidón.
“Subidón” precisamente es el titular de Sport. La foto es de cuatro futbolistas del Barça que se acercan risueños a la banda. Tal vez se acercaran a por agua y el utillero le respondió a alguno de ellos: “Su bidón, gracias”, al modo que responden las máquinas de tabaco cuando se adquiere una cajetilla.
Tal es el grado de ceguera y de cerrazón en sí mismos, que dicen: “Ahora no nos para nadie”. Sport también asegura que el Barça quiere cerrar el mes de febrero con opciones a los títulos que tiene en juego. Bueno, por poner un poco en contexto las cosas, Xavi llegó al Barça con una diferencia de 10 puntos con el Madrid y ahora la distancia es de 15. Pero para ellos todo es maravilloso. Los mundos de Yupi, peace and love. En fin, If your are going to San Francisco / Be sure to wear some flowers in your hair. Están en modo hippie.
En modo hippie, pero con mala baba, podemos apreciarlo en la parte superior derecha: “Benzema inquieto por la negociación con Haaland”. Sí, seguro, Benzema —que convivió con Cristiano Ronaldo toda una vida— está acongojado por la posible llegada de Haaland. No insulten a la inteligencia de sus lectores, por favor. Aunque, bien pensado, es lo que suelen hacer, y también hay lectores que no poseen nada insultable.
Mundo Deportivo opta para ilustrar su portada con una foto de Adama con cara de acabarse de dar cuenta de que se ha dejado el gas abierto al salir de casa. Pero para ellos lo importante es que el extremo fortachón vive en el hogar de sus padres en L’Hospitalet. Surrealista es poco.
En un recuadrito, también arriba a la derecha, destacan el acuerdo con Spotify. Ahí hay mucha tela que cortar, lo dejamos para otro momento. Ahora nos vamos con la música a otra parte.
La prensa deportiva de Madrid, que no madridista, se centra en el choque de octavos de final de la Champions entre Real Madrid y PSG. Cada uno lo aborda desde una óptica diferente. As prefiere centrarse en Mbappé y asegura que Kylian quiere evitar cualquier coqueteo con el Madrid antes de la eliminatoria para tener la fiesta en paz con su actual afición. Es lo más sensato, sin duda.
Marca se centra en el Madrid, del cual dice que ya mira a París y se centra en recuperar a Benzema, Mendy y la mejor versión de Vinícius. Llama la atención de la portada que Mendy parece sostener la palabra Madrid entre la mano izquierda y un apéndice de su cuerpo que se utiliza en ocasiones para encargar niños a París, precisamente. La cara de suficiencia del francés indica que puede ser factible esta teoría.
Pasad un buen día.