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Arbeloa, lateral por derecho

Arbeloa, lateral por derecho

Escrito por: Jesús Bengoechea1 febrero, 2022
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El madridismo ha vivido, a lo largo de la historia, nostalgias enfermizas. Se buscó un nuevo Míchel durante lustros, infructuosamente y hasta que se concluyó que lo que había que buscar era un patrón de juego que permitiera sortear ese anhelo del pasado. Solo la conversión de Ramos en central, propiciada por Mourinho, permitió dejar atrás la nostalgia por Fernando Hierro. De Cristiano qué les voy a contar cuando estamos todavía superando el duelo como buenamente podemos. A Roberto Carlos no hubo tiempo de añorarlo porque enseguida surgió Marcelo, solapándose ambos en el tiempo de manera inconcebiblemente suertuda.

En el puesto de lateral derecho, la nostalgia sociológica del madridismo alcanza extremos patológicos. Para esa posición, echa de menos a un jugador que nunca ha tenido: Cafú

En el puesto de lateral derecho, la nostalgia sociológica del madridismo alcanza extremos patológicos. Para esa posición, echa de menos a un jugador que nunca ha tenido: Cafú. Bastaron un par de portadas noventeras, dando por hecho un fichaje que nunca llegó, para que el madridismo quedara para siempre enganchado a esa ilusión, comparando rabiosamente a todos los que llegaron en lugar de Cafú, desfavorablemente, con Cafú. El sucedáneo que se fichó en vez de Cafú, Vítor, solo aguantó un partido, siendo como era imposible soportar la furia del Bernabéu por no ser quien tenía que haber sido. El madridista que no tiene edad de haber visto a Cafú, ni las portadas que le vestían de blanco, es sin saberlo prisionero de la misma nostalgia por lo que nunca se tuvo, transmitida de generación en generación. La obsesión paralizante ya no tiene el nombre de Cafú, pero da igual. Es Cafú quien está detrás de la hordas tuiteras que crucifican a Lucas Vázquez o Carvajal. Desde su dorado retiro en Brasil, en su tranquila bonhomía solo aparente, Cafú mueve los hilos del odio un océano más allá.

Arbeloa y Messi

Ningún lateral derecho del Madrid ha sido Cafú. Ninguno de los que aparecen en esta serie de artículos sobre los especialistas en el puesto, que hemos pergeñado en La Galerna, se aproxima lo más mínimo a la excelencia técnica de Marcos Evangelista de Moraes. Para mí, de todos ellos, el que encontró una mejor forma de no ser Cafú es Álvaro Arbeloa. Es imposible gestionar más inteligentemente el no ser otro. No hay manera más sabia de no ser otra persona que ser furibundamente, intransferiblemente uno, y de ser Arbeloa Arbeloa sabe un rato.

A Cafú nunca lo tuvimos. A Arbeloa sí, y no sé si somos conscientes de nuestra inmensa fortuna

Como les sucede a todos los demás, a todos los que guardaron la banda derecha, con tiempo y habilidad desigual para surcar también en ataque dicho flanco, Arbeloa no es Cafú. Ni falta que le hace. Arbeloa fue algo más importante que Cafú: fue (entre otras muchas cosas) una pieza esencial en el puzzle de exigencia extrema de Mourinho. Mourinho se marchó y Arbeloa también, pero ambos dejaron prendido al alma blanca un afán competitivo que ya ha quedado para siempre, como la nostalgia de Cafú pero sumando en lugar de restando, y con otra diferencia: a Cafú nunca lo tuvimos. A Arbeloa sí, y no sé si somos conscientes de nuestra inmensa fortuna.

Arbeloa Champions

Arbeloa fue, en el campo y fuera, un paladín. Comandó la resistencia a ser devastados por Messi. Sin el espíritu indesmayable del espartano, aquel Barça habría encadenado una serie de Champions digna del Madrid de los cincuenta, y el propio Madrid no habría sido más que un apunte en el margen de la historia de un paseo militar del guardiolismo. Mourinho se dijo “No mientras de mí dependa”, y reclutó soldados para impedirlo a toda costa. Entre esos soldados, ninguno como Álvaro. Mou estaba de paso, era el mejor mercenario del mundo, pero Álvaro incorporó además el amor innegociable a los colores. Se aliaron, y el Barça quedó petrificado al encontrar fiereza donde esperaban aceptación.

Arbeloa fue, en el campo y fuera, un paladín. Comandó la resistencia a ser devastados por Messi

El club blaugrana ya nunca se repondría de esa sorpresa. Aún hoy, en los vomitorios de ese estadio, se preguntan por qué no reinaron a fondo, por qué la hegemonía que ya daban por hecho en atención a su excelencia se les resbaló entre las manos, dando paso, encima, a una hegemonía del enemigo más acérrimo. En realidad saben perfectamente que la razón para que eso no ocurriera es un alma irreductible, una que viene desde Ciriaco y Quincoces, una que se encarna en Gento y Di Stéfano, en Juanito y Camacho, y así hasta impregnar el alma de un hombre de quien por esos lares se mofaron, un hombre que lleva el Madrid por bandera y que no estaba dispuesto a protagonizar una historia de rendición. Gracias a que Arbeloa (y otros, claro, pero sobre todo él) no estaba dispuesto a poner la alfombra, a entregar las armas, pudimos vivir lo que vivimos. Se revolvió ante toda una España que había fundido en blaugrana la esencia rojigualda, y propugnó el derecho a la disidencia. Jamás claudicó, lo que en parte le costó su propia carrera en el equipo nacional, en la consecución de cuyos éxitos había sido una pieza tan fundamental como el que más. Era tiempos convulsos en los que no abrazar el amaneramiento tiquitaquesco acarreaba pena social de descrédito. Arbeloa se sacudió con un bufido todo ese lodo de encima, empuñó el sable, blandió el escudo y gritó libertad. Las consecuencias las conocéis todos.

Arbeloa se sacudió con un bufido todo ese lodo de encima, empuñó el sable, blandió el escudo y gritó libertad. Las consecuencias las conocéis todos

Pocos meses antes de su marcha del Madrid, tuve ocasión de entrevistarle. Esa entrevista es un pequeño clásico en el que no tengo ningún mérito, porque además de ser el lateral derecho más importante de la historia del Madrid se trata de un gran comunicador. Está repleta de hits. En un momento dado, Álvaro me habló de lo bonito que sería despedirse con una Champions, por ejemplo con la Undécima que caería poco después, en obediencia a su premonición y en tributo a una carrera de denuedo y nadalismo. Pero no os engañéis, no fue solo la Undécima: también ganó todas las siguientes.

No os engañéis: también ganó todas las anteriores.

Arbeloa Capitán

Getty Images.

 

Índice:

Capítulo 1: Chendo

Capítulo 2Gabriel Alonso

Capítulo 3Míchel Salgado

Capítulo 4: Juan José

Capítulo 5: Quique Sánchez Flores

Capítulo 6: Luis Enrique

Capítulo 7: Panucci

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Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea

6 comentarios en: Arbeloa, lateral por derecho

  1. Impresionante artículo. Me he alegrado al leerlo porque soy arbeloista cien por cien. Recuerdo partidos de la selección en los que Xavi (Javi para Carletto) no le pasaba el balón. Supongo que le consideraba indigno de su tikitaka.

  2. Gran artículo y totalmente fiel a la historia,muchos somos espartanos,Arbeloa capitán y portavoz del Real Madrid,y azote de los antis que no le llegan ni a la suela del zapato..por cierto Vitor si pasó para siempre a la historia del Madrid con el gol del aguanis,aunque no como quería

  3. Sin ningún género de duda sobre Álvaro Arbeloa puede afirmarse que forma parte del imaginario colectivo del madridismo. Dentro de los clásicos , de los mejores, más fieles ,leales e insignes defensores del madridismo. Bernabéu, Di Stéfano, Gento, Pirri, Santillana, Raúl, Juanito, Camacho, Puskas,Hierro, Zamora, Quincoces, Cristiano Ronaldo, Benito , Santamaria... entre otros.

  4. Pregunto:
    "y de ser Arbeloa Arbeloa sabe un rato."

    ¿No falta una coma entre ambos Arbeloa?

    Probablemente Arbeloa no haya sido el mejor lateral q hayamos tenido. Pero para mi desde luego ha sido el que mas y mejor ha encarnado al Real Madrid. Orgullo, fuerza, defensa del equipo dentro y fuera fel campo. Ni una palabra mala contra entrenadores, compañeros o directiva. El y Xabi sin duda son mis dos referentes.

  5. Solo en la Galerna se puede leer algo así. Magistral, D. Jesús. "El cono" es un icono de nuestra forma de ser, su personalidad y su clase son un aglomerante invisible del madridismo. Reconocido por los antis, arrodillados ante él, lo mismo que ante "ficticius" cuando aterrizó con 18 años. Las mofas son, en realidad, reconocimientos, unos muy dolorosos para quien todos sabemos.

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