Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días. Anoche se produjo la alineación astral del panenkismo, la cúspide del oficio de AIC (Analista Internacional Calvo, en feliz hallazgo de Fred Gwynne) con el partido entre el Manchester City y el Atlético de Madrid. Ambas escuadras son dos favoritas de los medios, pues no en vano están dirigidas respectivamente por Pep Guardiola y el Cholo Simeone, entrenadores ambos que según la prensa patria y los analistas más sesudos no cometen un error hasta que Ancelotti da la vuelta completa al contador de errores y empieza de cero. Ni uno ni otro se equivocan jamás, es bien sabido.

Fue eso que los entendidos llaman un partido de pizarra. En el chat de whatsapp de La Galerna, en cambio, alguien llegó tarde al choque y pidió resumen de lo acontecido hasta el momento, cuando llevaban ya una hora de juego. “Nada, que Lillo tiene el pelo blanco”, sintetizó uno de los más eximios participantes, y para mí que utilizó un número excesivo de caracteres en su crónica.

Pero ya sabéis. Era la hora de las flechitas y las basculaciones pizarriles a cholón. El City (no lo hemos dicho aún) ganó porque marcó un gol en una de sus dos jugadas de peligro, y el Atleti perdió porque no convirtió ninguna de las ocasiones claras de las que careció por completo. Es lo de menos. Lo que importa, como tuiteó un relevante representante del panenkismo, es que el City creó graves problemas en el Atleti “con cada ruptura medida como una cuchillada y con cada pase cifrado”.

—¿Qué cojones es un pase cifrado?— se atrevió a preguntar alguien del chat de La Galerna.

—¿Y esas rupturas medidas como cuchilladas?— se admiró otro.

—Hombre. ¿Quién no ha sacado el metro después de acuchillar a alguien?

—De Bruyne, corre que te mando un pase cifrado. X3YG&#T.

—Habría que crear el rincón del panenkita en La Galerna, o tal vez hacer una crónica “cara B” de los partidos del Madrid en clave panenkita. “El Real Madrid planteó en la segunda parte un ataque de combinación equilibrada con ayudas a la transición y despliegue centrífugo con descargas laterales, que descompensó el bloque bajo-barítono dispuesto por el Chelsea, permitiéndole crear de un solo trazo asociaciones de tres jugadores permutados de dos en dos elementos, lo que contribuyó a desconejar el dibujo defensivo de doble basculación asimétrica del equipo londinense, y a seccionar el corredor de intendencia delineado por la diagonal Werner-Havertz, lo que fue clave en la victoria madridista.”

El hecho es que ganó el City porque Guardiola siempre lo hace todo bien, y perdió el Atleti a pesar de que el Cholo nunca hace nada mal. Si acaso, por poner un minino pero, se le puede pedir por favor a Diego Pablo que ataque un poquitito, pero que muy poquititito más. Ya se lo dijo en As Matallanas, con la acostumbrada e inalcanzable dureza con que el perioatletismo suele espetar cosas al Cholo.

As Matallanas Cholo

Esto va así. Objetivamente hablando, el partido que se marcó el Atleti no fue mucho mejor que el facturado por el Madrid en la ida ante el PSG, pero mientras que por este último casi tiene que dimitir Ancelotti para el Cholo es casi una hazaña.

Portada Marca

Por ejemplo, la portada de Marca reseña que el Atleti “no tiró a puerta” en pequeñito y con enorme distanciamiento. No sabemos si este extremo le parece a Marca bien o mal. Si el Madrid acaba un partido europeo sin haber tirado a puerta, tras practicar un desacomplejado 1-5-5 durante noventa minutos, Ancelotti tiene que exiliarse en la Isla de Pascua y Florentino instalarse en un convento cisterciense para los restos. Pero es el Atleti, así que todo bien.

Portada As

As, por su parte, titula “Ahora le toca al Metropolitano”, descubrimiento sin parangón que ya se conocía desde el día mismo del sorteo, el cual estableció la ida en Manchester y la vuelta en Madrid. Nos enternece que la prensa capitalina atlética (valga la redundancia) ya se abstenga de llamar Wanda al Wanda. Un pez llamado Wanda y un estadio que también, mientras no se arreglen los formalismos que permitan descatalogar de una vez la denominación. El Atleti trata aún de sacar de su capital a los chinos pero por el momento eso sigue siendo Indochina, en feliz denominación de Manuel Matamoros.

La vuelta, pues, en el Wanda, donde todo se decidirá en esta eliminatoria panenkista que es un WinWin claro para el madridismo, como ya explicamos ayer. O cae Pep-Son-Atletas-Guardiola o lo hace Cholo-Liga-Peligrosamente-Preparada-Simeone. Habrá en cualquier caso alegría tras los noventa minutos del Wanda, aunque lo que de verdad nos importa se dilucidará en el Bernabéu.

Y llegamos precisamente, aunque ocupe poco espacio, a lo que más nos concierne hoy: el Madrid. As y Marca le escatiman honores de portada, como veis, primando al cholismo. En nuestro corazón, sin embargo, ya solo queda espacio para la taquicardia de Champions que a nosotros nos importa. Nuestro Madrid ya está en Londres, de momento sin Ancelotti, a quien se hará una última prueba para ver si ha eliminado los últimos restos de Covid y puede unirse a la expedición. Ojalá. Se especula con cambios en el once, lo que sería un poco como cuando el sol salió por el oeste al final de Amanece que no es poco. Lo que no está en discusión es el espíritu de gesta europea que vuelve a invadirnos a todos, aunque habrá que jugar mucho mejor que últimamente para sacar de Stamford Bridge un resultado positivo.

Os dejamos con el cataculerío, que tras acertar con 748 portadas dedicadas a los inminentes fichajes de Neymar y Lautaro se apresta ahora a hacer lo propio con Lewandoswki.

Hala Madrid, hermanos.

Pasad un buen día.

Portada Sport Portada Mundo Deportivo

Springsteen está ya en los bises, tras las acostumbradas más de tres horas de brutal descarga musical. Nadie espera lo que viene. De pronto, el Boss empuña el micrófono y anuncia la presencia sobre el escenario de Sir Paul McCartney. No bromea. El exBeatle salta a escena con una guitarra y, cuando el estruendo de las más de cien mil almas aún no ha cesado por la euforia ante la sorpresa, ambos genios se lanzan con el one-two-three-four con que arranca I saw her standing there. Sucede que han pasado las once de la noche, y que hay una ordenanza que impide superar un determinado nivel de decibelios en el borough donde se encuentra Hyde Park. Así pues (¿así pues?), un funcionario del gobierno de la ciudad de Londres desenchufa el sonido del concierto. Los músicos no se dan cuentan y continúan, adentrándose incluso en Twist and shout a continuación, pero sólo los muy cercanos al escenario pueden escucharles. Es un momento único en la historia de la música arruinado por un hombrecillo gris, probablemente con gafas y lector del Sun. Velázquez y Goya salen de la tumba para pintar por primera y última vez un cuadro a cuatro manos, pero han transgredido los reglamentos del cementerio abandonando sus sepulcros a deshoras y deben cesar.

Paul McCartney y Springsteen en Hyde Park

El pasado 2 de abril se cumplieron 30 años del fallecimiento de Juanito. El Málaga pensó que lucir un brazalete con la leyenda “Juanito 7” en su partido frente al Girona sería un homenaje sencillo y bonito. Lamentablemente no pudo llevarlo a cabo porque la normativa no se lo permitió.

Tuit Málaga brazalete Juanito

La norma estipula que lo que puede llevar la equipación de un equipo de fútbol es el nombre del jugador, el número, eslóganes de alguna iniciativa, logotipos que promuevan el fútbol, el respeto, publicidad autorizada y los datos de un partido, como fecha, ciudad, estadio, equipo, torneo, etc. Estas imágenes pueden ir en el frontal de la camiseta o en el brazalete. Pero los eslóganes no pueden referirse a partidos, gobiernos o cargos políticos, a organizaciones de carácter discriminatorio, a ninguna agrupación cuyos objetivos o acciones puedan ofender a un número considerable de gente, ni tampoco —lo importante en este caso— a personas vivas o ya fallecidas, a no ser que formen parte del nombre de la competición.

Norma

Legalmente, no hay nada que objetar al hecho de que el Málaga no pudiese portar el brazalete en homenaje a Juanito. Tampoco se le puede reprochar al funcionario londinense, con las restricciones acústicas del borough en la mano, que se cargara para la posteridad el momento más rigurosamente único que ha brindado el rock, la conjunción de estrellas más apabullante. Pero sí podemos criticar lo adecuado de la norma. Impedir homenajear a un futbolista desaparecido no parece un asunto problemático que merezca ser prohibido. Es entendible y deseable que exista una regulación para evitar abusos y lograr una homogeneidad. Efectivamente, no es sensato que alguien utilice la indumentaria de su club para visibilizar causas innobles, pero la normativa en vigor quizá es demasiado estricta: recordar a un futbolista fallecido debe ser una facultad de los clubes.

Me van a permitir, con todo, que vaya un poco más allá, y que me permita no solo condenar la estúpida norma de la Liga y de Hyde Park, sino adornar también este artículo con un mohín de tenue desconsideración hacia esa raza de chupatintas, intercambiables en diferentes latitudes del planeta, de quienes la historia sólo demandaba, en un momento dado, único, irrepetible, que por una bendita vez dejaran de cumplir con su deber (¿deber?) en aras de un evidente bien mayor. Son el reverso anónimo y triste de la historia de los poetas más grandes: burócratas amargados, pajilleros de la mediocridad escrita, que se niegan a hacer una excepción obligatoria para poder contar a sus nietos, fish and chips en el regazo, que ellos impidieron un homenaje a Juanito porque era ilegal.

Ilegal. Al carajo, hombre.

 

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1- Sistema de juego y posible once

El equipo de autor de Thomas Tuchel continúa con el sistema que tantos réditos le dio la pasada temporada en la que acabaron levantando la Orejona. Un estilo con tres centrales, dos carrileros, dos centrocampistas y tres puntas. Un 1-3-4-3 o 1-2-4-2-1 en ataque y un 1-5-4-1 cuando han de replegar en fase defensiva. Cuando se salen de ese sistema sufren y el principal ejemplo lo tenemos el pasado fin de semana. El alemán salió ante el Brentford con un poco habitual 1-4-3-3 y cuando quiso volver a su táctica genuina ya era tarde y el partido se les había escapado. Además, la presencia de algunas rotaciones acentuó la mala tarde blue. Contra el Real Madrid volverá a los orígenes en cuanto a propuesta y jugadores luciendo su XI de gala. En la portería estará Mendy, el guardameta senegalés que mandó al banco a Kepa y lleva un año extraordinario codeándose con los mejores del planeta. Uno de sus lunares es el juego de pies, donde comete errores cada cierto tiempo. En la defensa de tres, Christensen estaría por la parte derecha, Thiago Silva en el medio y Rudiger en el perfil izquierdo. Los carrileros se espera que sean los españoles Azpilicueta por la derecha y Marcos Alonso por la izquierda. El doble pivote del mediocampo con un Jorginho que ha perdido el sitio estaría integrado por Kanté y Kovacic, que aseguran velocidad, trabajo y eficacia. En la zona del ataque, Pulisic —recuperado de un golpe en un partido con su selección la semana pasada—, Ziyech y Havertz son los baluartes ofensivos este curso en el Chelsea. En el banquillo esperan hombres como Lukaku, cuyo fichaje veraniego se esperaba espectacular, pero está siendo todo lo contrario, Werner que sigue peleado con el gol desde que viste la camiseta blue, Jorginho cuya temporada previa fue magnífica en el equipo londinense e Italia, el carrilero internacional inglés James o un Saúl que apenas cuenta para Tuchel.

 

2- Presión

Una seña de identidad de Tuchel que esta temporada no está haciendo con tanta precisión y eficacia como en la temporada 2021-2022. El equipo presiona arriba en todas sus líneas, empezando por los delanteros, que son los primeros defensas para Tuchel. Se muestran intensos y agresivos y cuando originan pérdidas cerca de la frontal rival son terriblemente peligrosos por la facilidad de la que disponen para generar oportunidades y lograr goles. Los blue se hacen un equipo más corto, juntando líneas, presionando con coordinación y con la orden estricta del técnico alemán de perseguir a su par para no dejarlos girar. El Real Madrid sufrió mucho en París de este modo y si Tuchel vio el encuentro planeará algo similar. Esa es la primera línea a saltar, la segunda, como si fuera la Maginot, es únicamente Kanté, el mejor jugador de la eliminatoria del año pasado y un muro por su poderío físico, resistencia y habilidad para el robo. Las bandas y la conexión Modric-Benzema deben ser las variantes a las que debe acogerse Ancelotti para sacar el balón y comenzar la transición defensa-ataque.

Tuchel

3- Salida de balón

Uno de los grandes cambios a la llegada de Tuchel fue en el apartado de la salida de balón. Es una parte clave de la táctica del alemán que consiguen de forma exitosa tanto si reciben presión muy alta como si el rival espera más en bloque medio. Se prioriza arriesgar aún en zonas peligrosas, no rifar el balón, jugar por bajo con constantes apoyos, combinaciones corto o paredes hasta dar con el espacio para avanzar y hacer girar al rival. Thiago Silva es el encargado desde el carril central de comenzar con una salida limpia del cuero y también colabora de sobremanera Rudiger, pero en su caso con conducciones potentes hasta más allá del mediocampo. Luego, el jugador que tiene más el balón si no está Jorginho es Kovacic, con mucha utilización del pase corto o arrancadas con su agilidad para pasar líneas con el balón en carrera. En algún caso, si los defensas están amenazados no tienen problema en mandar un balón largo a la espalda de los laterales con Pulisic o Havertz cayendo a los costados, pero la prioridad siempre es el pase por abajo. Veremos la opción por la que opta Ancelotti, si una presión alta que ha dado sus frutos muy pocas veces esta campaña o por esperar en bloque medio-bajo.

4- Estilo de juego

Un equipo pragmático, granítico y muy difícil de meter mano es el que ha construido Tuchel en el Chelsea desde su llegada hace poco más de un año. Puede dominar el partido sin tener la posesión ni el control del balón. La solidez y el poderío físico que lucen con enorme superioridad son su base principal y el origen de su éxito. Si hace falta ritmo de juego, el equipo se estira, mete una marcha más y ataca por la parte de tres cuartos con Ziyech lanzando las operaciones o Pulisic y Havertz buscando el espacio en un pase rápido para que el equipo se estire y suban los carrileros. Si por el contrario quieren un partido espeso y lento, hacen a la perfección que el tiempo pase sin que ocurra nada reseñable. Reciben pocas ocasiones y el rival se desespera porque no encuentra vías para penetrar por sus líneas y hacer daño. El Chelsea no es un cuadro vistoso para el espectador, pero es muy efectivo. La esperanza para el Real Madrid es que no tiene la excelencia de la 2021-2022 y ha bajado un peldaño en cuanto a eficiencia.

Casemiro y Thiago Silva

5- Apartado ofensivo

El Chelsea basa sus opciones de hacer daño en la búsqueda de espacios, las transiciones rápidas y un juego directo, vertical y vertiginoso. El objetivo del fichaje de Lukaku fue aumentar el gol de la plantilla ya que el año pasado se vio cómo generaban bastantes ocasiones pero les costaba materializarlas. El belga no ha solucionado ese déficit y los londinenses están en el mismo punto de la 2020-2021. Sus tres atacantes son flechas, jugadores veloces, de buen pie, capacidad de combinación y habilidad. Luego, habitualmente, se suma alguno de los carrileros y pese a atacar con pocos hombres se muestran muy peligrosos y escurridizos. En caso de ponerse por delante en el marcador se posicionan en un bloque compacto y a vivir de contragolpes para aumentar la distancia en el tanteador. La aportación de Casemiro en el quite y la velocidad de Militao, Alaba y Mendy se antoja básica para que el Real Madrid sujete a los atacantes blues. El lado débil de Carvajal con Marcos Alonso o Pulisic será una de las rendijas que intente explotar Tuchel. En las jugadas a balón parado sus dos baluartes son Thiago Silva y Rudiger, ambos excelentes cabeceadores, y que deben ser estrechamente vigilados en un apartado en el que el Real Madrid ha perdido fuerza con las bajas del pasado verano.

6- Aspecto defensivo

La roca. La principal cualidad de los de Tuchel es un sistema muy efectivo y difícil de quebrar. Sigue siendo una visita al dentista jugar ante ellos, pero dejan ciertos resquicios que el pasado curso no existían. Antes de la derrota del Brentford sumaban 14 partidos sin perder y tal vez les entren un poco las dudas para encarar la eliminatoria europea. En la Premier son el tercer equipo menos goleado (23 tantos) por detrás de Manchester City y Liverpool y en Champions en siete encuentros solo ha recibido tantos en tres partidos (en fase de grupos uno ante la Juventus, tres contra el Zenit con un equipo B y frente al Lille en la vuelta de octavos). Una línea de cinco defensas y por delante un jugador como Kanté, que es una barredora en el mediocampo, hace que la acumulación de hombres impida encontrar grietas. Tuchel ha construido un conjunto práctico, solidario, sobrio, agresivo y trabajador de gran nivel. La tela de araña de los blues es muy complicada de sobrepasar y si hay algún punto flaco puede ser la banda izquierda. Los centrales son intensos en la marca y no les importa perseguir a los delanteros incluso hasta el mediocampo para que no se den la vuelta. Mientras que en la banda derecha Azpilicueta no tiene problemas en frenar a su par con faltas continuas sean o no necesarias. Vinícius tendrá que mostrar paciencia y calma porque el navarro es correoso y complicado de regatear. Por último, también son fuertes y el Real Madrid no se está mostrando efectivo con pocos goles esta temporada a balón parad.

Havertz

7- Hombre clave

El alemán Havertz aterrizó en verano de 2020 como una de las grandes promesas del fútbol europeo y así se vio en el desembolso que hicieron los blue al Bayer Leverkusen de unos 80 millones de € por su fichaje. Es cierto que tardó unos meses en acoplarse, ganarse la titularidad y empezar a brillar, pero luego ha mantenido una línea regular y resultó clave en la eliminatoria contra el Real Madrid y en la final de la Champions ante el Manchester City, anotando el gol del triunfo. No es un delantero al uso, pero sí un futbolista determinante por su zancada, su calidad técnica, su exquisita zurda, su visión de juego y su estilo vertical y directo. Un jugador hábil, con buen regate, disparo y capacidad para poner excelentes balones. Es ideal para jugar rápido, a la contra con pocos toques, picando al espacio y ser la fuente principal de combinaciones o paredes en espacios reducidos. En la selección alemana es indiscutible para Flick y tiene un margen importante de mejora a sus 22 años. Un futbolista top la próxima década.

 

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Buenos días. En 1967, Lennon cantaba en su psicodélica I am the walrus que estaba sitting in an english garden waiting for the sun; hoy, 5 de abril de 2022, el Madrid también está sitting in an english garden, pero waiting for the match, esperando el partido, el del Chelsea, por supuesto, donde se juega la mitad de su pase a semifinales de Champions. Pero para llegar al esperado encuentro tenemos que atravesar el vía crucis de soportar un enfrentamiento entre Guardiola y Simeone, que es como asistir en directo a una cena de Nochevieja entre tu cuñado y tu suegra sin que te permitan beber para superar el trago del momento. Aunque no podemos negar que futbolísticamente hablando es un choque interesante y, como tal, los periódicos madrileños le dedican sus portadas. Imaginamos a los panenkitas impacientes, sacando punta a sus lapiceros para llenar las pantallas de sus iPad de flechitas de colores y sus TL de palabras indescifrables, mezcladas con exacerbadas loas a los esquemas cytiatléticos.

Portada Marca Portada As

Marca abre con una fotografía de Joao Félix con el cuerpo paralelo al suelo y la pierna derecha perpendicular, en posición de remate de tijera, como preparado para cortar con ella el tupido discurso de Guardiola, tejido con lana farisea de la mayor calidad.

Hoy Antonio Valderrama escribe en su previa del Chelsea-Real Madrid que a los blancos les tocó “primero el PSG, ahora el Chelsea, y de pasar, el Manchester City”, dando por hecho que el Atleti caerá frente la péptida doblez de los de Manchester. Es lo más probable. Y en el hipotético caso de que el Madrid eliminase, además del ya vencido PSG, al Chelsea y al City, alcanzaría quizá el mayor clímax posible, y si hay alguien a quien le gustan los retos difíciles es al club de Concha Espina.

Por otro lado, no podemos dejar de pensar en ese Atleti que, según la teoría de Fred Gynne, nos hace el trabajo sucio en Champions eliminando rivales peligrosos. En la Décima liquidó al Barça antes perder la final con el Madrid. En la Undécima, además de al equipo culé, apeó de la competición al Bayern antes de sucumbir ante los merengues de nuevo. Y en la Duodécima prestó el Calderón para la sesión de fotos más bella de la historia, aquella protagonizada por Benzema bailando al filo de la línea de fondo vestido con traje de noche oscuro. El estadio se vino abajo. Literalmente.

Por tanto, los madridistas nos preguntamos: ¿con quién vamos en el City-Atleti? O si lo preferís: ¿a quién queremos menos, a Guardiola o a Simeone?

A pesar de que a priori la pregunta parece complicada, en realidad no es así, el dilema no es tal, no existe disyuntiva porque es un win-win de manual: ambos producen el mismo rechazo y el fútbol no es una ciencia predecible. Si el Madrid eliminara al Chelsea, el Atleti es claramente inferior al City, pero también lo era el Benfica que nos birlaron y terminamos eliminando al PSG. Los caminos del fútbol son inescrutables, por lo tanto, disfrutemos con la derrota bien de Guardiola, bien de Simeone, y centrémonos en el Chelsea en lugar de en el cuento de la lechera. Partido el de los blue donde parece difícil que Ancelotti esté, aún no recuperado del coronavirus. En caso de tenga que ser Davide, su hijo, quien dirija al Madrid en Londres, no estaría de más que leyese la columna de ayer de Tomás Guasch en La Galerna.

Decíamos antes que estábamos esperando el partido, aunque no podemos negar que también estamos esperando a Mbappé, motivo por el cual aparece hoy en el Portanálisis la primera plana de L’equipe.

Portada L'equipe Benzema Mbappé

Karim Benzema: “Con Mbappé marcaremos el doble goles”. Declaración aliñada con una sonrisa pícara del tercer mayor goleador histórico del Real Madrid. La verdad es que no podemos evitar que se nos dibuje una parecida al verla. También es cierto que el propio Kylian dijo que aún no tenía la decisión tomada, pero hasta que haya un anuncio oficial, esta va a ser la tónica general.

Portada Sport Portada Mundo Deportivo

Aprovechando que libran en Champions por estar eliminados prematuramente, como suele ser habitual en los últimos años, los diarios catalanes se centran en cosas suyas, asuntos de cumbres, pero no borrascosas, sino marroquíes. ¿Se refieren a la cordillera del Atlas? No, se refieren a una cumbre entre Mateu Alemany y Moussa Sissoko —a la sazón representante de Ousmane— en el país africano para tratar la renovación de Dembélé. Lo dicho, sus cosas.

Pasad un buen día.

El camino del Madrid en esta Copa de Europa parece una santa cruzada. Si cada año el Madrid juega este torneo con el ánimo de un templario camino a Jerusalén, esta temporada la cosa se ha elevado exponencialmente. Primero el PSG, ahora el Chelsea, y de pasar, el Manchester City. Es una cruzada contra el eje del mal, contra lo peor del fútbol contemporáneo, los tres clubes que capitalizan esa contrarrevolución del dinero sucio y sangriento que ha puesto del revés las condiciones del mercado de fichajes en lo que llevamos de siglo XXI y que adultera de facto la competición introduciendo en los ecosistemas nacionales e internacionales a organizaciones hipervitaminadas, dopadas financieramente, que lo han convertido todo en un Far West.

De todos los plastic club, el Chelsea fue el primero

De todos los plastic club, el Chelsea fue el primero. Cuando Abramovich se lo compró, en 2003, se inauguraba un tiempo nuevo que ha terminado en el vergonzoso Mundial que se jugará en Qatar. Abramovich transformó al equipo pijo de Londres a base de billetes, entrando a saco en las plantillas de los mejores equipos del mundo y llevándose lo que se le fuera antojando. De una Real Sociedad inglesa hizo un primer espada europeo, candidato anual a la Copa de Europa y dominador de la Premier de tú a tú con el Manchester United de Ferguson, el gran club británico de los últimos treinta años.

Makelele Chelsea 2003

Todo a golpe de talonario, invirtiendo las reglas: ni una orgullosa comunidad de socios asentada en una tradición democrática orgánica, semiasamblearia y semipatriarcal, ni una propiedad vertical amparada en el clásico magnate estadounidense. El fútbol comenzó a derivar en otra cosa distinta, gente sin arraigo cultural ni moral en la civilización mediterránea que se salta todos los códigos imponiendo la fuerza del dinero. Abramovich llevó el galacticismo de Florentino Pérez a un nivel grotesco, deformado. El Madrid, claro, es siempre el modelo, siempre el referente o a copiar o a batir. Casi siempre, de las dos cosas, porque aquí aplica el axioma freudiano de matar al padre: el Madrid, desde 1956, es el padre del fútbol europeo, que es lo mismo que decir del fútbol mundial. Berlusconi aspiró con su gran Milan a ser el nuevo Madrid y el primer golpe de mano del Chelsea de Abramovich fue pescar a Makelele, desequilibrando el frágil centro del campo del Madrid galáctico. Pero Florentino cambió el panorama en el cambio de siglo con una visión muy clara, con una política de crecimiento exponencial a través de la inversión en futbolistas únicos que hicieran al mundo mirar otra vez hacia Chamartín. No era más que bernabeuísmo adaptado al tiempo del merchandising universal, al nacimiento de Internet, a la globalización. Hizo saltar la banca utilizando para sus clausulazos los recursos propios del Madrid, monetizando su escudo, su nombre, su tradición, su prestigio, su aura y su historia.

El fútbol comenzó a derivar en otra cosa distinta, gente sin arraigo cultural ni moral en la civilización mediterránea que se salta todos los códigos imponiendo la fuerza del dinero. Abramovich llevó el galacticismo de Florentino Pérez a un nivel grotesco, deformado

Abramovich, en cambio, recurrió exclusivamente a su patrimonio personal, que es infinito. En cierto modo su antecedente más directo fueron el mismo Silvio Berlusconi y Massimo Moratti, aunque el Milan y el Inter no pueden compararse con el Chelsea: ambas son instituciones venerables ungidas por una historia, organizaciones asoleadas. Pero sobre todo Berlusconi sí que puede ser considerado el modelo, el precedente, si hiciéramos una genealogía de la deriva plutocrática del fútbol: un oligarca que acumula una fortuna y que la pone al servicio de un club de fútbol que a su vez le sirve de autopromoción o de blanqueo, de dinero o de lo otro. A diferencia de Berlusconi, no obstante, Abramovich no tiene intenciones políticas, no quiere ser el primer ministro de Gran Bretaña, digamos que le interesa un perfil más discreto, pues tampoco se puede pasar por alto el hecho de que su fortuna tiene un origen muy político: la merienda de negros que siguió a la caída de la Rusia soviética.

Roman Arkadiévich Abramovich es un huérfano del Volga criado por unos tíos en Komi, una región de la Siberia europea entre los Urales y el Océano Glacial Ártico, riquísima en petróleo. Fue un mal estudiante pero aprendió pronto a buscarse la vida: ya en la mili ganaba dinero trapicheando con repuestos de automóviles y gasolina de los tanques. Se sacó, para entendernos, una efepé en Mecánica, en Moscú, y con el dinero ahorrado con su espíritu emprendedor mientras servía en el Ejército Rojo empezó a manejarse con soltura en los ambientes del mercado negro tardosoviético: importaba juguetes de plástico que vendía en su propio apartamento en Moscú, vendía coches, enteros o por partes, y comerció con gasolina en Omsk, la capital del sur de Siberia donde estuvo preso Dostoyevski. Sorteando los problemas con las autoridades, surfeó con pericia la turbia marejada que siguió a la perestroika de Gorbachov y sus mercaderías petroleras lo pusieron en contacto con el hombre fuerte del Kremlin de Boris Yeltskin y la Rusia postsoviética: Boris Berezovski.

Berlusconi que puede ser considerado el modelo, el precedente, si hiciéramos una genealogía de la deriva plutocrática del fútbol: un oligarca que acumula una fortuna y que la pone al servicio de un club de fútbol que a su vez le sirve de autopromoción o de blanqueo, de dinero o de lo otro

Abramovich tenía el talento y el olfato necesario para triunfar en el bazar ruso postcomunista. Con Berezovski, el patrón de los oligarcas que se hicieron de oro en la anarquía que siguió a la caída del Muro de Berlín, compró la petrolera Sibneft, desamortizada por Boris Yeltsin entre 1995 y 1997. Sibneft es ahora propiedad de Gazprom, para entendernos. Berezovski y Abramovich la compraron por cien millones de dólares después de que el primero urdiera en torno a Yeltsin la reorganización en ella de todos los bienes petrolíferos estatales de la recién creada Federación Rusa. Abramovich vendió su parte, catorce años después, por cerca de dos billones de dólares. Su sociedad con Berezovski, que fue el arquitecto de la privatización a mansalva efectuada en Rusia en los noventa, le fue extremadamente rentable: Abramovich invirtió en aluminio, industria automovilística y en Aeroflot, la mítica compañía aérea de la URSS. A principios de los 2000 ya es billonario y diputado en la Duma por Chukotka, distrito de la Siberia asiática en el mar de Bering. De Chukotka era gobernador cuando compró, por 200 millones de libras, el Chelsea, en 2002, que estaba en bancarrota. A esas alturas Putin ya era el nuevo jefe en Rusia y entre ceja y ceja tenía a Berezovski, de quien muy pronto Abramovich se cuidó de alejarse: el gran oligarca había caído en desgracia, abandonado Rusia y erigido de repente en la estrella de la oposición política a Putin. Abramovich, sin embargo, siguió arrimado al árbol del Kremlin, desarrollando un perfil público de benefactor (ha donado ingentes cantidades de dinero a la región de Chukotka para construir colegios y hospitales, y ha obtenido la ciudadanía israelí al colaborar económicamente en la lucha contra el antisemitismo) y de simpático connoisseur, coleccionista de arte y chairman del Chelsea.

Abramovich en Jerusalem

Abramovich lleva operando discretamente entre Moscú, Suiza y Londres desde entonces. Es hijo y señor de la oligarquía rusa, ese ecosistema híbrido y sinuoso en el que los intereses del Estado y de las grandes fortunas rusas conforman una inextricable simbiosis. Según Bloomberg su fortuna ronda los 15 billones de dólares. Es el dueño de Evraz, la segunda fabricante de acero de Rusia, y accionista de Nornickel, el mayor productor de níckel refinado del mundo y el mayor productor de oro de Rusia. Toda esta mina de dinero de color marrón es la que sustenta el poderío actual del Chelsea, vigente campeón de Europa. El Chelsea tenía dos Recopas de Europa antes del ruso: la primera se la ganó al Madrid en Atenas. También tenía una Supercopa europea que, es curioso, se la ganó de nuevo al Madrid, en el 98. Es un club cuya particularidad más idiosincrática no tiene nada que ver con el dinero de la Rusia postsoviética: el Madrid, que es el asesino de las finales por antonomasia, ha perdido las dos que ha jugado contra el Chelsea, al que nunca ha derrotado en partido oficial. En las semifinales de hace un año se plasmó toda esa impotencia histórica desde un punto de vista incluso físico, la superioridad era demasiado evidente.

El Chelsea de Abramovich no es sólo el padre espiritual del PSG de Nasser, sino que sin Abramovich y sin la conexión rusa los qataríes jamás se habrían llevado el Mundial al Golfo

La invasión rusa de Ucrania parece estar poniéndole el punto y final a la “Era Abramovich” en el Chelsea, pero lo cierto es que el equipo es el mismo que vapuleó al Madrid de Zidane el pasado mes de mayo, el actual campeón de Europa como digo. El Madrid tiene ante sí al príncipe de la degradación cultural del fútbol moderno. El vínculo Chelsea-Qatar va más allá de lo simbólico. El Chelsea de Abramovich no es sólo el padre espiritual del PSG de Nasser, sino que sin Abramovich y sin la conexión rusa los qataríes jamás se habrían llevado el Mundial al Golfo. Abramovich fue la primera gran fortuna extraña a Europa occidental que demostró cómo se podía utilizar un gran club de fútbol como agencia de publicidad a nivel mundial. Si el Madrid, derrotando al Peseyé, le cortó una oreja a la claudicación moral de Occidente en los últimos veinte años ante el oro negro arábigo, ahora debe cortarle la segunda en el miura ruso de Londres. El rabo, qué bonito sería, estaría esperando en Manchester.

 

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Ruge El Pozo

 

Estábamos la mar de distraídos con lo de Balaídos y se les ocurre montar la final de Copa de fútbol sala. El Barça se la ganó a El Pozo en la tanda… de penaltis. Los murcianos habían ganado y festejaban, los muy ilusos. Pero el arbitraje, que ahí son varios, decidió que se repitiera el lanzamiento que les daba el triunfo.

Por concretar, acabó ganando el que había perdido: el Barcelona. Diego Giustozzi, el entrenador perdedor, manifestó: “Ha sido el mayor escándalo del mundo”. Y Darío, uno de sus jugadores: “Nos han robado de cabo a rabo”. Celebro que el Madrid no tenga equipo de fútbol sala. Está en esa final, y no el Barcelona, y Murcia ha tomado ya la Castellana. Y Manhattan. Murcia aliada con Cartagena. En fin…

Diego Giustozzi

El Madrid mediante, los penaltis son cosa mala. Mucho. Encabronan y eso no es saludable. Propongo apartarlos del Madrid. Habría que ensayarlo, claro. Sería un cambio gordo. Pero sí, lo más razonable es que al Madrid no le piten penaltis a favor. ¡Toma prueba! Al Barça no le han pitado uno en contra en lo que va de Liga y no pasa nada, se asume. No pitar penalti a favor del Madrid sería muy relajante. El Madrid, entre otras cosas, existe para mejorar el fútbol y se brinda a cualquier experiencia de interés general.

Por concretar, acabó ganando el que había perdido: el Barcelona. Diego Giustozzi, el entrenador perdedor, manifestó: “Ha sido el mayor escándalo del mundo”

Volvamos a Vigo, ejemplos prácticos. Va Militao a chutar, interviene Nolito por detrás —fue lo más feo— y el brasileño cae: se pita donde acabe la pelota. Fuera de puerta si el último en tocar fue el madridista o córner, si Nolito. O sigan-sigan de acabar en manos del portero. Lo peor es que le llegue a un merengue y marque, pero el riesgo cero no existe. No nos pongamos en lo peor.

Va Rodrygo e intenta driblar a un tío, lo cual es muy poco solidario pues si lo consigue el tío queda como la chata, y cae. Puede que por cruzarse en su camino una de las piernas del tío cuyo noble interés fue despejar. Aquí la decisión es más sencilla: como la pelota no sale, sigan-sigan. Esa decisión se aplicaría más tarde, cuando Mendy: sigan, coño. Me parece muy interesante.

Rodrygo Vigo

También deberían arreglar otra cosa: no puede ser fuera de juego si un delantero está adelantado, más cerca del recogepelotas que de otro ser vivo por allí situado, e impide casi sobre la línea de gol que un defensa despeje: haberlo intentado antes. Mala colocación de Alaba, lo primero. O que el portero, en vez de rechazar la pelota, la hubiera blocado. Eso fue clave. En el gol anulado es evidente que la culpa fue de Courtois por eso, por no blocar. Mereció la amarilla.

Propongo apartar los penaltis del Madrid. Habría que ensayarlo, claro. Sería un cambio gordo. Con el tiempo, una vez consolidada la cosa, podría estudiarse si el Madrid puede tirar a puerta

Yo probaría, sí. No creo que el Madrid perdiera una Liga si no le pitan penaltis a favor y mucha gente vería sus partidos con serenidad y sosiego empezando por los suyos. O dejaría de verlos con la seguridad que de penalti no ganaba. Con el tiempo, una vez consolidada la cosa, podría estudiarse si el Madrid puede marcar de falta, directa o indirecta, a la salida de un córner, de un rebote, mediante chutazo, al contragolpe, tras 20 toques. Si el Madrid puede tirar a puerta. ¡Qué paz saber que tendría prohibido meter gol!

‘A mientras’ el Chelsea asoma la nariz, será pasado mañana. Carletto sigue sin dar negativo, cosa que lamento y espero que esta misma tarde supere el contratiempo. Pero por si, avancemos. Si no aparece por Stamford Bridge que su hijo Davide se líe la manta a la cabeza y ponga a Valverde y ya puestos, a Camavinga. La excusa sería perfecta: papá, se me fue la cobertura. Ave María. Purísima.

 

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Buenos días. El título del portanálisis de hoy pretende ser un homenaje a Nick Hornby y su How to be good, pero al final (lo intuimos) se va a quedar en un berrinche reprimido, un ejercicio incompleto e insatisfactorio de desahogo. Debería ir entre signos de interrogación, ahora que lo pensamos, casi como una petición de ayuda a vosotros, nuestros lectores. Ayudadnos a ser buenos. Ayudadnos a no insultar. Guiadnos hasta donde se encuentren las reservas más secretas de templanza para que no caigamos en la provocación y respondamos con serenidad. Pero cómo responder con serenidad a lo que vais a ver. La única serenidad posible sería cerrar por hoy La Galerna y volver mañana con la ira reventada en casa, yaciendo en el suelo exánime como un globo explotado. Y hablar del sol y de las flores y de Marion Cotillard, por ejemplo.

Puede que estéis preparados y puedo que no. Pero sois compañeros nuestros en esta singladura sobre este encrespado mar de orines, así que vosotros lo habéis querido y además, como os decimos, tomadlo como una confesión: ya no podemos contra esto solos. Casi cabría mostrarlo aquí en toda su crudeza, en toda su indecencia, y no decir nada más, que os las apañéis como podáis, nosotros ya hemos hecho suficiente contra esto. Aún (aún) no hemos insultado, cuidado. Decir que algo es indecente no es llamar indecente a quien lo emite, y aquí, en esta frontera, es precisamente donde precisamos de vuestra colaboración. Siempre nos hemos regido por un código en el que hay líneas rojas. Podemos ser sarcásticos, podemos ser cáusticos, podemos ser duros, pero nunca debemos caer en el insulto ni la descalificación personal. Ayudadnos. Siempre. Pero hoy más que nunca.

Hay que impedirlo.

Captura Sport penaltis Balaídos

"Así de claro". Ahora decidnos qué hacemos con esto. Ahora decidnos si esta gente se cree o no lo que escribe. En el consejo de redacción de La Galerna hay ahora mismo una enconada batalla al respecto. Está la corriente de opinión que habla de fanatismo incurable y la que se decanta por que esta gente no cree lo que dice. Esto que acabáis de leer ¿es un delirio febril, o la expresión fría y calculada de una propaganda inverosímil con la que no comulga ni quien la suscribe? Eso último ya aniquilaría cualquier posibilidad de debate, claro, más aún que la ceguera ideológica. Lo menos que puede pedírsele a un propagandista es que abrace de verdad la propaganda. Es muy posible que esta gente no crea lo que dice o escribe, pero lo difunda igualmente.

¿Con qué santísimos cojones se puede escribir algo así?, os estáis preguntando. No tenemos la respuesta. No os podemos auxiliar. Es como cuando nuestros hijos preguntan por la muerte o por el divorcio. No lo sé, hijo, no tengo las respuestas y con el tiempo entenderás cada vez más que ni papá ni mamá son pozos inagotables de sabiduría. ¿Escriben eso (que por los árbitros no van a poder ganar la Liga) cuando están doce puntos (DOCE) por debajo del Madrid? Sí, hijo, sí: lo hacen. ¿Escriben eso cuando al Barcelona no le han pitado un solo penalti en contra en todo lo que llevamos de Liga? Sí, hijo, sí: lo hacen. ¿Escriben eso después de haber arrancado la xavineta a punta de robo tras robo, en la discreción de quien en ese momento solo aspiraba a meterse cuarto para poder ir a Champions? Sí, hijo, sí: lo hacen. Y lo hacen después de que el Madrid haya ganado muchos de sus partidos de esta temporada en medio de actuaciones arbitrales escandalosas en su contra, de carnicerías contra los tobillos y las rodillas blancas consentidas por los colegiados, la Liga de "Albiol-te-la-has-jugado-mucho", la de "Que te expulso" a Vinicius por solicitar amablemente que no le revienten la tibia y que no piten saque de banda si eso sucede.

Decir que el gol de Pedri ayer fue una mierda, una chamba, un gol de chiripa, sería el equivalente intelectual a decir que el Barça no va a ganar la Liga porque no le dejan los árbitros.

Eso (y más) en lo relativo a los arbitrajes sufridos por el Madrid, que no fue beneficiado ni mucho menos ante el Celta como ya explicamos punto por punto en el portanálisis de ayer (¿Escándalo? ¿Qué escándalo?) ¿Qué decir de los arbitrajes disfrutados por el Barça desde que Xavi agarró el timón? ¿Qué decir de la mano de Piqué ante el Villarreal? ¿Qué decir del penalti inventado con el que Memphis esquilmó al Espanyol? ¿Qué decir de la victoria en Elche por una mano en el área que en realidad era en dirección contraria? ¿Las agresiones de Busquets y Alves al propio Vini en el primer Clásico? ¿La roja perdonada a Aubameyang en el segundo?

Mano Piqué Villarreal Codazo Alves Vinícius Agresión Busquets Vinícius Mano Memphis Elche

Lo dicho amigos, o lo preguntado: ¿lo creen? ¿Enfermedad o cinismo? La hipótesis más favorable es la de la enfermedad, pero como llamarles enfermos sería insultar (a los enfermos), nos quedamos con el cinismo. Ahora es cuando realmente os necesitamos. ¿Cómo decirle a un jeta que es un jeta sin llamarle jeta, que quizá también computa como insulto en el registro de insultos? ¿Cómo (así, en general) mantener las formas? Hacemos un periódico, amigos, esto no es fácil. Vemos clara la línea roja y tenemos un ejército de elefantes empujando para que la crucemos. ¿Cómo resistimos?

Portada Sport Portada Mundo Deportivo

 

Está claro que estamos en bandos opuestos en esta historia. Ellos son del Barça. Nosotros somos madridistas. ¿Hay alguna forma de que el sectarismo no nos ciegue? No estamos convencidos de que a nosotros no nos haya cegado nunca, no somos perfectos, pero ¿alguna vez hemos caído o caeremos en los abismos de negación de la realidad de esta gente, en su afición por el metaverso puro y duro, su Narnia particular? Por ejemplo, en una equivalencia a lo que hoy hacen ellos, nosotros podríamos adoptar hoy a postura editorial de que el gol de Pedri, que ellos glosan en sus portadas, es una birria de gol. Decir que el gol de Pedri ayer fue una mierda, una chamba, un gol de chiripa, sería el equivalente intelectual a decir que el Barça no va a ganar la Liga porque no le dejan los árbitros. ¿Caeremos algún día en eso? No lo quiera Dios.

Por lo demás, habrá que convivir con ellos. Hablar con ellos fingiendo que creemos que ellos creen lo que dicen o, caso de creer que realmente lo creen, haciendo como si estuviéramos tratando con gente normal, y no insultarles ni nada.

Gracias por vuestra ayuda. Os dejamos con las portadas de As y Marca, que se rinden con toda justicia a Carlos Alcaraz, campeón del Masters de Miami y gran promesa del tenis del futuro que ya está aquí. Una alegría (la de, además, un gran madridista) en estos tiempos aciagos.

Pasad un buen día, o algo.

Portada As Portada Marca

 

 

Como todos los años por el día de su cumpleaños, Sergey se levantaba esperando ver el paquete que su abuela le había enviado desde Madrid. La abuela Lessia, como buena ucraniana, era una mujer dura que un día, harta de los excesos alcohólicos de su marido, decidió poner tierra de por medio. En su ciudad natal de Kiev dejaba dos hijas que, debido al panorama doméstico, habían decidido abandonar el nido pronto y formar su propia familia. Fruto de una de aquellas hijas había nacido Sergey hacía justo dieciocho años. La distancia no consiguió que Lessia olvidara su Ucrania natal. Las llamadas habituales, los envíos de regalos en fechas señaladas y por qué no decirlo, algún sorbito de vodka, ayudaron a superar las dificultades emocionales de vivir a más de tres mil kilómetros de distancia de su familia.

Aquel año, como todos los anteriores desde hacía ocho, el regalo de cumpleaños de su nieto mayor tenía la misma temática. Y es que hace ocho años, Lessia, ante el desconocimiento de las cosas que les gustaban a los niños de diez años, decidió preguntarle a la señora Vicenta, abuela de cuatro nietos varones y a la que cuidaba desde que llegó a Madrid, qué cosa podría regalarle a su añorado nieto mayor. La señora no lo dudó. —Lessia, no le des más vueltas, algo del Real Madrid—. Y desde entonces, como tradición, quince días antes del cumpleaños de su nieto hacía peregrinación hacia la tienda oficial del Real Madrid de la Gran Vía madrileña para comprar el mejor de los regalos para su nieto.

Y así, hace ocho años, Sergey recibió uno de los mejores regalos de cumpleaños que recuerda. Habituado a los libros infantiles en español que le ayudarían a aprender algunas palabras en castellano y a los juguetes educativos que la abuela Lessia siempre trataba de enviarle, aquel año le sorprendió con una camiseta verde con el escudo del Real Madrid.  Con el número “1” a la espalda y el nombre de Casillas. Aquel regalo fue algo más que una camiseta. Fue el inicio de un amor a un deporte y a un club. El tablero de su escritorio se llenó de fotos de jugadores del Real Madrid. Cristiano Rinaldo, Modric, Bale, Di María, Keylor Navas... y coronándolos a todos, un lema madridista, convertido en principio vital y traducido al ucraniano: "Hasta el final, vamos Real". De hecho, uno de los momentos más felices de su vida fue el día que su padre le acompañó a recibir al autobús del Real Madrid cuando vino a Kiev para jugar la final de la Champions de 2018. Recuerda nítidamente como muchos de los jugadores le saludaron, o al menos eso sigue pensando, incluso percibió un guiño de complicidad Gareth Bale. Que interpretó como una premonición de lo decisivo que iba a ser aquel día.

Camiseta verde Iker Casillas

Aquella afición al fútbol incluso le hizo replantearse su vocación de ingeniero energético a favor de la de guardameta. Finalmente, con los años, fue consciente de que su talento sólo le daba para jugar en el equipo de su barrio, pero eso sí, se ganó a pulso el apodo de Iker por parte de sus amigos. Debido en gran medida a sus felinas actuaciones bajo palos y por llevar a todas horas su camiseta verde. Así pues, su sueño siguió siendo ser ingeniero energético, para algún día ayudar a resolver todos los problemas que la energía y particularmente los combustibles causaban a su país desde hace años, en forma de inestabilidad y amenazas constantes por parte del país vecino.

Así es, sería un gran ingeniero que trabajaría para una gran compañía. Viajaría mucho a través de toda Europa y aprovecharía la ocasión para ver a su Real Madrid en los más míticos estadios del continente donde coincidieran. Además, siendo un tipo importante, tal vez algún día llegaría a tener el valor suficiente para hablar por fin con aquella chica morena de ojos azules que veía desde la ventana de su habitación y con la que solía coincidir en el autobús camino del colegio, para la que, hasta entonces, había resultado transparente.

Aquel año la abuela había sido especialmente generosa, y le había regalado un abrigo de los que usan los jugadores cuando están en el banquillo. Un abrigo que por desgracia había visto llevar en más ocasiones de lo que le gustaría a su nuevo ídolo. El portero Lunin, con el que compartía nacionalidad y sueños infantiles de jugar en el mejor club del mundo, con la diferencia de que este último lo había logrado, aunque con menos oportunidades de las que seguro merecía.

Hacía frío aquel 28 de febrero en Ucrania. La ocasión era inmejorable para estrenar el regalo. Le encantaría poder llevarlo al colegio y presumir de él con sus amigos. Pero hacia días que el ambiente no era normal en su casa. Tampoco en la de sus vecinos. A pesar de que su madre, con un típico instinto de protección, tal vez sobreprotección, había tratado de evitar que sus hijos vieran la televisión. Sergey desde el móvil había visto algo que por momentos le cortó la respiración mientras desayunaba. Buscando información sobre su admirado Lunin había leído que aquella jornada no estaría convocado porque, dada la situación de guerra que había en Ucrania, se veía incapacitado para jugar y las horas que debería dedicarle a estar concentrado con el equipo, las utilizaría para a recolectar ropa, comida y material sanitario para enviarlas a Ucrania, que estaba sufriendo la invasión rusa. La palabra guerra retumbaba en su cabeza, notó por primera vez la sensación de falta de aire y justo en el momento en el que iba a preguntar a sus padres sobre lo que estaba leyendo, su padre entró en la cocina, con los ojos vidriosos, diciendo: "No podemos aguantar más, debemos irnos. ¡Ya!".

Lunin

Las órdenes de sus padres fueron claras, tenía una hora para llenar una pequeña bolsa de deporte con ropa y los objetos de primera necesidad que él considerase. El objetivo era salir de Ucrania y poner rumbo a Madrid. La abuela Lessia había movido sus hilos para que el hogar de la señora Vicenta fuera el suyo durante los meses que durara la guerra. Una vez más, sus padres intentaron quitarle hierro al asunto. Hablaban del traslado a Madrid como unas pequeñas vacaciones, donde además podría visitar el Bernabéu, más que como una huida para evitar poner en riesgo sus vidas.

La salida fue a la hora prevista. En menos de treinta minutos Sergey estaba listo. Esperó a que sus padres hicieran lo mismo y ayudó a su hermana pequeña a hacer su equipaje. Las maletas debían ser pequeñas porque tenían que dejar hueco para dos grandes garrafas de gasolina que el padre cogió del taller en el que trabajaba.

No había marcha atrás. Era el momento de partir. El viaje sería largo y peligroso. Pero era inevitable. Antes del mediodía salieron de Kiev rumbo a Leópolis, a pocos kilómetros de la frontera con Polonia. El trayecto se hizo largo. Las cabinas y los puntos de control militar eran más de los que desearían. A pesar de llevar la calefacción puesta, los cristales se empañaban con una densa capa de vaho que terminaba condensándose en gotas. Síntoma de que el pulso y la respiración de los pasajeros iban más acelerados que de costumbre.

Fueron quince horas de viaje para hacer los más de quinientos kilómetros que les separaba de un lugar seguro. Durante el trayecto, a pesar de que la madre puso desde su móvil las habituales canciones infantiles de su hermana, el panorama era cada vez más desolador. La realidad de la guerra le golpeó de lleno. No sólo por el rastro de destrucción que dejaban las bombas y los proyectiles de los tanques en los edificios, convertidos algunos en simples esqueletos de hormigón o moles negras por efecto de las llamas. Desgraciadamente vio cómo el fuego de mortero del enemigo ruso llegaba también a la gente. Eso le aterraba. Su mirada se clavó en unas sábanas y mantas que tapaban cadáveres de lo que aparentaba ser una familia de una madre con sus hijos. Tirados en el suelo, inertes. Aunque quizá lo que más le impactó no fue aquella visión de los cuerpos. Lo más llamativo para él fueron aquellas maletas tiradas al lado. Unas maletas que habían sido sostenidas por sus dueños hasta el momento de su muerte. Maletas nuevas, modernas, compradas seguramente para hacer un viaje anhelado por todos. Quizá un premio a su hijo por haber terminado los estudios o tal vez un simple fin de semana en la costa del Mar Negro. Pero la realidad es que finalmente habían servido para meter las pocas pertenencias más imprescindibles después de toda una vida y terminar huyendo de su propia casa. Sin ni siquiera llegar a su destino. Empezó a preguntarse sobre qué llevarían. Tal vez un libro para descansar de todo esto una vez alcanzado el destino. Quizá alguna foto de tiempos mejores no tan lejanos. A lo mejor —él lo había hecho— llevarían alguna camiseta de su equipo favorito a modo de amuleto, quién sabe. Todo aquello le hacía sentir tristeza y tenía ganas de llorar. Pero no lo hizo, se negaba a que su hermana pensara que estaba asustado.

Ucrania

El viaje continuó sin dejar de sentir explosiones constantes que le provocaban ligeros temblores que le subían desde el estómago hasta la garganta. Finalmente llegaron a la frontera en Leopolis. Era un reguero constante de gente que circulaba en una misma dirección. Hacía frío, pero al menos en ese momento no nevaba. La familia se dirigió a uno de los controles en los que hombres y mujeres vestidos de militar hacían un registro de las salidas. El siguiente paso era una especie de estación de servicio en suelo polaco en la que uno ya podía sentirse a salvo definitivamente. Su madre buscó a un contacto que su prima Yuliya le había facilitado. Estuvo hablando unos minutos con él y, tras la conversación y la entrega de una botella del vodka que guardaban en casa para las grandes ocasiones, finalmente asintió. Su madre se apresuró a hacerles el gesto con la mano para que se acercaran. Sergey se aproximó acompañado de su padre. Llevaba de la mano a su hermana al mismo tiempo que leía un cartel en el que el Ministerio de Defensa prohibía la salida a todos los ucranianos varones mayores de 18 años.

Al llegar a la altura de su madre, ésta le explicó que, aunque él los acaba de cumplir, había hecho las gestiones para que pudiera abandonar el país. Entonces llegó el momento, tan esperado como trágico, de pasar el control fronterizo y dejar a su padre en suelo ucraniano. La madre presentó los pasaportes. Mientras ella indicaba al hombre que lo sellaba que su intención era llegar a España, en ese momento notó que Sergey soltaba la mano de su hermana y daba un paso atrás. Empezó a negar con la cabeza. Se dio cuenta en ese momento de que él no quería huir. Él no era un cobarde. Tal vez por la educación que había recibido de sus padres o porque lo había visto tantas veces a su querido Real Madrid. Él no quería rendirse. Debía luchar por lo que amaba, nunca darse por vencido. Se negaba a aceptar que su hermana viviera el resto de su vida de prestado en un país que no era el suyo. Se negaba a ser una familia de refugiados. Quería ser ingeniero energético licenciado por una universidad ucraniana. Quería trabajar en su país para hacerlo grande. Y quería poder decirle algún día a aquella chica morena de ojos azules que le apetecía acompañarla en su trayecto al autobús y, por qué no, salir un día a tomar algo. Y para ello lucharía. Todo lo que hiciera falta. Acto seguido, siguió retrocediendo hasta agarrar el brazo de su padre, apenas un par de metros más atrás. La madre se dio cuenta de las intenciones y no pudo controlar un súbito ataque de pánico. Pidió al padre que le convenciera. Él lo intentó, pero fue imposible, aunque no pudo evitar notar en su interior un contradictorio sentimiento de orgullo paterno.

En ese momento el funcionario que sellaba los pasaportes le dijo que si decidía quedarse lo tendría que hacer “hasta el final”. El asintió. Mientras tanto, su madre se derrumbaba en un llanto silencioso. Sergey miraba a su hermana, ajena a todo y ocupada en una caja llena de juguetes que ofrecían a los niños que salían del país. Ahora él también podía llorar, pero para darse fuerzas, se repetía interiormente una y otra vez, inspirado por la frase de aquel hombre y que coronaba su escritorio: ¡hasta el final... vamos Real!

Empezaba en ese momento su "partido". Jugaban en inferioridad clara, pero una cosa era segura, lucharía hasta dejar en Ucrania su último aliento. Así es como él había aprendido que se ganaban las finales. Ojalá aquella acabara pronto...

 

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Nos encontramos con Borja Sémper (Irun, 1976) en Biriukov Bistro, el local del mítico Chechu, donde al término de lo que estáis a punto de leer correrá —es un decir, o no— el inevitable vodka. Hay algo especial en el madridismo vasco (el de Chechu y el de Borja), una pátina de nobleza y sobriedad que armoniza extrañamente con la esencia de la institución. Hubo un época en que hacía falta coraje para ser madridista en Euskadi, pero coraje no le falta a nuestro protagonista, un hombre que con 19 años ya estaba amenazado por ETA y compartiendo su vida con escoltas. Esta y muchas otras cosas las cuenta en su libro al alimón con Eduardo Madina, “Todos los futuros perdidos” (Plaza Janés), en cuya primera página de la copia de uno de nosotros escribirá, a mano, una dedicatoria sobre la necesidad de evitar que se impongan la mentira y el olvido. En la actualidad, tras dejar la política (fue presidente del PP en Gipuzkoa), Borja colabora en Onda Cero, escribe en distintos medios y es el Butragueño (Director de Relaciones Institucionales) de EY.

 

 

Vivimos días de zozobra tras la goleada encajada ante el Barça. ¿Qué reflexiones haces?

Es difícil de entender el que podamos pasar, en pocos días, de la grandeza de la remontada ante el PSG a lo que vimos frente al eterno rival. El propio Ancelotti reconoció que su planteamiento no había sido bueno. Veíamos a los jugadores bloqueados en el campo. Nos podían haber caído siete, esa es la verdad. Hay una paradoja con Ancelotti. Por una parte, es el hombre ideal para representar al Real Madrid, coincide con los valores del club por su elegancia y saber estar, pero no tengo tan claro que sus ideas futbolísticas sean las que necesitamos. Su palmarés está ahí, incluso con el Madrid. Podemos aceptar que se equivoque, pero la desorientación que mostraban los jugadores en el campo, en ese encuentro en concreto, es otra cosa.

¿Seguirías confiando en él?

Le dejaría finalizar la temporada, sin duda. Más adelante, no descartaría un giro de timón con alguien de la casa.

¿Tipo Raúl?

Por qué no. En cuanto a esta Liga, y pesar del grave tropezón (es mejor perder 0-4 con el Levante que con el Barcelona), debería estar bastante encarrilada.

Borja Semper

¿Y la Champions? Tenemos en el camino al actual campeón y equipo que nos eliminó el año pasado, el Chelsea.

Nos eliminó y además nos eliminó bien. Como madridista me sucede una cosa, y es que con frecuencia se me olvida que los rivales también juegan y que también tienen ganas de ganar. El Madrid tiene no obstante argumentos, sobre todo la épica y el pundonor.

Que es lo que hubo a raudales ante PSG. 

Se ganó con la épica. Fui al campo con dos amigos, uno del Barça y otro del Atleti. Es una labor social que uno hace. Podía enseñarles muchas cosas de la vida, por ejemplo la fe verdadera, pero asumía el riesgo de que me saliera mal. Si palmábamos, iba a ser insoportable. El primer tiempo no trajo buenos presagios, pero en esa última media hora se obró el milagro que solo puede llevar a cabo el Bernabéu. Incluso mis amigos, de adscripción tan lejana a la nuestra, lo reconocían. He estado en estadios con gradas combativas, pero lo que se vivió esa noche en Concha Espina es absolutamente único. No soy muy místico, pero en este caso sí tengo que decir que se produjo una conexión especial entre la grada y los jugadores. Una de las mejores experiencias futbolísticas que he tenido en mi vida.

“Pertenecemos a la última generación para la cual el fútbol era algo acotado a un espacio geográfico, y por tanto la última sobre la cual el fútbol pesa con una serie de apriorismos políticos. Bueno, queda un resquicio: el Barça, que es el último reducto de utilización política de un club”

Dinos algo de tu madridismo que vaya a sorprender al lector de La Galerna.

Quizás les sorprenda saber que soy isquista. Aún creo en él, a pesar de los pesares. Es un gran jugador. También soy muy fan de Asensio, a pesar de esas desapariciones que tiene tan misteriosas, y que no tienen nada que ver con tácticas, porque le ha sucedido bajo diferentes esquemas y con distintos técnicos. Pero la clase que tiene Asensio es extraordinaria, esa pierna izquierda es de crack. Fíjate que yo no soy nada nacionalista, y sin embargo me gustaría ver a más jugadores nacionales en el Madrid, por una cosa romántica si quieres. Claro, y me dirás ¿pero a quién quitas de los extranjeros? Y te digo, sinceramente: pues no lo sé.

Una pregunta más directa sería: de la actual selección española, ¿a quién traerías para quitar el puesto a un extranjero del Madrid?

A ninguno. Pero fíjate que yo admiro al Athletic por jugar siempre con once españoles. (Risas). La frase no es mía, aclaro. Es la única plantilla compuesta íntegramente por españoles, vascos concretamente, aunque con una interpretación amplia, flexible, de lo que es ser vasco. Echan la caña en Navarra, por ejemplo, o el País Vasco francés. Lo interesante de ese modelo del Athletic era que se sustentaba sobre la cantera. Cuando tu cantera pasa a ser también San Sebastián o Pamplona, a lo mejor está tergiversando el encanto inicial. Ya no es “tan Lezama”.

Borja Semper

Tú, además de madridista, te declaras también realista.

Sí, tengo muchos amigos allí, algunos han sido jugadores profesionales del club, también tengo amistad con Aperribay… Mi madridismo en cambio viene de mi abuela, que encajaba perfectamente con el prototipo de las mocitas madrileñas del himno. Era vallecana, emigró al País Vasco con marido y seis hijos, como tantos otros españoles, Mi abuela hizo a mi madre, también, madridista a muerte, y el primer regalo de mi vida fue una camiseta blanca de las de entonces. Era un matriarcado madridista, porque mi padre no es futbolero.

Madridista viene de madre…

(Risas). Pues sí.

“Hay que contar a la gente que ser del Madrid no es fácil en según qué sitios”

Y tú seguiste a tu madre, claro. Tu madre no te va a engañar…

Eso es. Yo iba al colegio en Irún con una camiseta del Madrid, que me parecía lo mas normal del mundo y una vez, en la EGB, me apedrearon los niños mayores.

¿Por llevar una camiseta del Madrid?

Sí.

¿Qué edad tendrías?

Seis o siete. Mi madre fue al colegio a quejarse. La directora del colegio le dijo: “Hombre, apedrear está fatal, pero también es que, claro, ir con una camiseta del Madrid… es provocar…” Y mi madre: “¿Cómo dice? Sepa usted que mañana mi hijo viene con la camiseta del Madrid, e igual que mañana todos los días que quiera”. Y así fue. Al día siguiente volví con la camiseta. Claro que sí. Creo que me hice del Madrid por joder. Os he dado un buen titular, ¿no?

Cierto pero, aparte de eso, ¿hasta qué punto estos incidentes relacionados con el fútbol te fueron curtiendo de cara a las grandes amenazas, mucho más graves, que te esperaban en el futuro por tu oposición frontal a ETA y su entorno?

Pues está bien visto porque, salvando las distancias, ser del Madrid en el País vasco fue una escuela de resistencia. De pequeño no eres consciente de las connotaciones políticas que tiene el fútbol, yo no sabía que el Madrid era percibido con una mancha política por los que me rodeaban, pero dentro de esa ingenuidad se fue forjando mi carácter. Fue una escuela de resiliencia, como dirían ahora los cursis. Pasé del ¿por qué no puedo yo ser del Madrid? de mi infancia al ¿por qué no podré yo ser del PP? en mi juventud. En ese sentido, la firmeza de mi madre fue muy importante. Porque era como decir “Hijo mío, no te sometas, porque hoy es el Madrid pero mañana será otra cosa”.

Y vaya si el día de mañana te reservaba cosas… ¿Ha cambiado mucho en Euskadi ese sesgo político que se asociaba al Madrid en tu infancia?

Sí, afortunadamente. Hoy hay una peña madridista en Irún, en mi tierra, la gente ha ido saliendo del armario. La globalización del fútbol ha ayudado mucho. Si un chaval de Singapur puede ser del Madrid, ¿cómo no va a serlo un chico de Irún? Hoy es normal ver a muchos niños en institutos de Euskadi llevando camisetas del Madrid, o de cualquier otro equipo no vasco, y esto antes era impensable. Pertenecemos a la última generación para la cual el fútbol era algo acotado a un espacio geográfico, y por tanto la última sobre la cual el fútbol pesa con una serie de apriorismos políticos. Bueno, queda un resquicio: el Barça, que es el último reducto de utilización política de un club.

Pones como ejemplo la peña madridista de Irún. En las peñas madridistas del País vasco, ¿hasta qué punto hay una transversalidad política?

Total. Hay gentes de todas las tendencias. No suelo preguntar a la gente a quién vota, pero lo percibes. Ya es más fácil que alguien que se considera nacionalista vasco pueda ser del Madrid. Antes no era nada habitual, porque el Madrid se vinculaba al centralismo y todo eso. Hoy se siguen oyendo cosas así en las tabernas, pero son comentarios que forman parte del folclore, nadie lo dice seriamente.

Una pregunta terrible. ¿Habrá habido etarras del Madrid?

Probablemente. Desde luego batasunos del Madrid sí. Yo he conocido merengues de la izquierda abertzale. Es la excepción más que la regla. Etarras en concreto no sé. Si hay algún etarra madridista, será lo único bueno que tenga.

“El himno de las mocitas hoy no sería políticamente correcto, aunque en realidad es una joya, porque no sé si hay otros himnos en el fútbol español que hablen de mujeres”

Hablabas del Barça como único club donde impera la política. ¿Ya no es así en los clubes vascos? ¿Lo era antes?

A mí me consta, por ejemplo, que el vestuario de la Real Sociedad ha recibido muchas presiones para manifestarse a favor de la reagrupación de los presos etarras. En todo caso, si algo se puede achacar a los clubes vascos es el silencio más que la proacción. Jamás se ha guardado un minuto de silencio por una víctima etarra en los estadios. Por supuesto, eso nunca me ha gustado. El deporte debería servir para propagar una serie de valores y principios, por ejemplo que nadie merece morir por pensar distinto a otros. Esa solidaridad no tenía lugar en los estadios. De igual modo que ahora no nos extrañaría un minuto de silencio por el asesinato de una mujer, o por un ataque xenófobo contra la vida de alguien, por aquel entonces atentados objetivos contra la vida de las personas, actos manifiestamente injustos, no tenían esa respuesta solidaria. Eso era muy doloroso, y no es que faltaran oportunidades para estos minutos de silencio, porque había temporadas en que los atentados se sucedían semana tras semana. El fútbol era en ese sentido un reflejo de la sociedad.

Y en esa sociedad, por ejemplo, ¿no podías celebrar un gol del Madrid si estabas viendo un partido en un bar?

Bueno, yo lo hacía porque me gustaba disfrutar ese ejercicio de libertad, pero vamos, que a lo mejor era el único en el bar que cantaba el gol blanco. No era como ver un Albacete-Madrid en un bar de Albacete, donde a lo mejor los feligreses estaban divididos. En Euskadi estabas solo. Ahora todo eso ha cambiado, afortunadamente. Las victorias de España en el Mundial y los europeos, por ejemplo, fueron un punto de inflexión. Cuando España ganó el Mundial, la gente tomó las calles de Donosti con banderas rojigualdas. Esas victorias de España liberaron a la gente, que aprovechó la oportunidad para salir a la calle a sentirse libre. No fue algo anecdótico. Puede parecer pueril, pero esa victoria tuvo un efecto sociológico enorme. Muchos niños, ajenos a la política, vieron que ahí había un equipo que jugaba muy bien y metía goles, y empezaron a pedir a sus padres del PNV camisetas de la Selección. No fue un tema menor.

¿Y en cuanto al Madrid? ¿Hay también menos antimadridismo en Euskadi?

Sin duda. Hay otro ingrediente más, y es el propio equipo. Decía Rafa Cabeleira, barcelonista confeso, que ahora mismo le cuesta encontrar a un jugador del Madrid al que odiar. ¿A quién vas a odiar? ¿A Modric? Si odias a Modric es que odias a todo el género humano.

Hay quien le está cogiendo manía a Vinícius. Por piscinero, dicen.

¿Cómo vas a odiar a un chico de apenas veinte años que lleva tres luchando a muerte por triunfar, a despecho de las patadas y de todos los memes que se han hecho para reírse de él? Un tío que ha conseguido eclosionar a puro huevo. Cada vez que sale, te das cuenta de que ese tío quiere jugar al fútbol, divertirse y divertirnos. ¿Cómo le vas a odiar? Me da la sensación, de hecho, de que los actuales jugadores del club tienen más haters entre los propios aficionados blancos que en las hinchadas rivales.

Borja Semper

Tradicionalmente, ¿se odiaba más al Madrid en San Mamés que en Anoeta (antes Atocha)?

En Atocha más, yo creo. El nacionalismo vasco guipuzcoano tenía un componente de mayor dureza. Recuerdo la primera vez que fui al viejo Atocha. Tendría quince años, iba con un amigo, ahí, de pie, con la entrada más barata que podía comprar un chaval de mi edad. En ese fondo se ponía la Peña Mujika. El contraste entre llegar ahí con la ilusión de ver fútbol y encontrarte con ese despliegue de violencia verbal no es cualquier cosa. Pero es lo que decíamos antes, esto me fortaleció. Hay que contar a la gente que ser del Madrid no es fácil en según qué sitios.

Hablabas del haterismo de los madridistas a sus propios jugadores. ¿Tú tienes hates en la plantilla blanca?

No, hates no, aunque sí situaciones que se me hacen difíciles de entender. Bale es un gran jugador. No sé qué sucede con él, se dice que ha perdido la ilusión por el fútbol. Si es así, me parece respetable, pero entonces tendrá que hacer un ejercicio de honestidad y dejarlo. Le seguimos esperando, pero si es verdad que ya no quiere seguir porque no se siente futbolista, o porque ya lo ha ganado todo, que lo asuma y cuelgue las botas. De otro modo, está ocupando una ficha y cobrando un sueldo. Es una pena porque es un jugador extraordinario y estamos deseando quererle.

Y de lo de Benzema ¿qué opinas?

Siempre creí en él. A ver, yo es que siempre me apunto a las causas perdidas, y luego a veces suena la flauta y resulta que acierto. (Risas). La gente decía que estaba apático y yo decía “¡Es francés, joder!” Es increíble el nivel que está dando ahora.

Se dice que necesitaba que se marchara Cristiano para tener esta explosión. ¿Estás de acuerdo?

Sí, eso parece. Por cierto, yo es que me manejo con el corazón, y por eso me parece que en las últimas (digamos) dos temporadas de Cristiano él intentaba ponerse al mismo nivel que el club, y a mí eso me creó una desafección muy grande. Es uno de los mejores jugadores en la historia del fútbol, pero ganar la Champions y ahí mismo, sobre el mismo terreno de juego, con la Orejona recién ganada, empezar a quejarte no es de recibo. El club está por encima de todos, y el fútbol es un deporte de equipo.

“Guti es la esencia de un Madrid con un punto canalla que me gusta”

¿Te gusta la plantilla que tenemos?

Los nueve puntos de ventaja que tenemos me parecen consecuencia directa de la superioridad del Madrid sobre el resto. La diferencia es grande, a pesar del 0-4, y no la veo sujeta a individualidades o rachas, sino que es una diferencia como club. Hay muchos factores positivos, para empezar la estabilidad institucional, que se reflejan sobre el terreno de juego. Veo futuro, veo buen rollo. Si a eso le sumamos los fichajes que todos tenemos en cuenta, ya ni te cuento el futuro. El Madrid vive un momento de serenidad.

¿Eres florentinista?

Sí. Convencido. Entiendo que puede haber críticas, pero es el Bernabéu del siglo XXI, el gran renovador en este momento histórico, tanto del Madrid como del fútbol moderno. Veo además que ha aprendido de errores del pasado. Yo me siento muy tranquilo con un presidente como Florentino. Es fácil ser florentinista. La política de fichajes de los últimos años me ha parecido muy inteligente, incluso aunque Hazard no haya funcionado por el momento. Era un jugadorazo, todos lo hubiéramos fichado.

¿Qué opinas de Pedri, por mirar un poco a los rivales también?

Pues que nadie le niega su calidad, pero todavía no se ha visto tanto como dicen. Para que se entienda que no lo digo por parcialidad, te apunto lo mismo sobre Rodrygo. Apunta altísimo, pero lo tiene que confirmar. Tengo mucha esperanza en su progresión. Tiene habilidad, tiene desparpajo. Pero todavía no es un crack. Con Pedri sucede exactamente lo mismo.

Pero Rodrygo no tiene la prensa que sí tiene Pedri…

Yo eso lo explico por la necesidad desesperada de grandes estrellas que acucia al Barça. El Barça vive con un retrovisor, mirando a lo que fue. Ya no es aquel equipo extraordinario de hace poco. Busca en el retrovisor esa nueva figura que tuvo y ya no tiene. El Madrid ya no necesita eso, afortunadamente. Porque tiene grandes figuras, son una realidad. Es más plantilla, más equipo.

¿Qué jugadores han marcado y reforzado tu madridismo?

En casa siempre hubo devoción por Santillana. Juanito era una gran referencia vikinga también. También recuerdo ver jugar a Stielike.

“Es sencillo ser florentinista”

Ten cuidado porque haber visto jugar a Stielike está considerado como la prueba del algodón del viejunismo.

Lo acepto, pero conste que fue muy de crío. También Hugo Sánchez, aunque en otros ámbitos me gustara menos, era un gran goleador. Me recuerdo muy de pequeño viendo uno de los primeros partidos de la Quinta de los Machos, Hugo, Maceda y Gordillo. La Quinta del Buitre al completo, con especial mención a la elegancia de Martín Vázquez. Más tarde Raúl, por supuesto. Pero si me tengo que quedar con una esencia más gamberra, pero repleta de clase, me quedaría con Guti.

¿Eres gutista?

Mucho. No siendo el mejor jugador que ha pasado por el Madrid, es muy icónico. Clase, fútbol a raudales y un punto canalla que a mí me gusta también. Irreverente pero merengue de los pies a la cabeza. Un tipo que nunca habría imaginado jugar con otra camiseta. Aceptó un rol acorde a su modo de plantearse la vida. Con otro carácter y prioridades, habría sido titular indiscutible. Y muy madrileño.

Eso es interesante. ¿Representa el Madrid el madrileñismo, esa cosa castiza, o es universalidad? ¿Tú cómo lo ves desde fuera?

El punto castizo me gusta. Fíjate en el himno de las mocitas, que decíamos antes. Es estupendamente castizo, aunque hoy sería intolerable eso de las mocitas, sería políticamente incorrecto, aunque en realidad es un tesoro, porque yo no sé si hay muchos himnos en el fútbol español que hablen de mujeres. Ese reconocimiento a las mujeres que van al fútbol “porque juega su Madrid”.

A Escohotado, del himno de las mocitas, lo que le llamaba la atención era lo de “vencer en buena lid”. Más vale no ganar que ganar por “chamba”, creo que decía. Esa estrofa del himno le parecía muy especial, opinaba que probablemente única.

Claro, y lo de “cuando pierde da la mano”. Todos los himnos apelan a la épica de la victoria pero no preconizan cómo debe ser la victoria, o la derrota, para ser honorable. Eso seguramente no tiene parangón en otros himnos.

 

Entrevista: Jorgeneo, Jesús Bengoechea, Joe Llorente

Buenos días. El Madrid venció ayer por 1-2 al Celta de Vigo en un partido vital para alzarse con el título de Liga, aquí podéis leer la crónica de Ramón Álvarez de Mon. Y tras la victoria hemos entrado oficialmente en periodo de odio, llantos y lamentos del antimadridismo. Fase que durará hasta que al Madrid le vuelvan a robar con luz y taquígrafos con la anuencia de estamentos futbolísticos, arbitrales y medios de comunicación, día en el cual ya no habrá motivo alguno para el escándalo y la vida discurrirá con total normalidad de nuevo.

¿Que el Madrid jugó ayer un partido atroz, espeluznante y tétrico contra el Celta y no es precisamente el primero de esta índole de la temporada? Sí.

¿Que el gol anulado a Thiago es fuera de juego porque Iago Aspas interfiere en la juega evitando que Alaba pueda despejar un balón que de no haber intervenido el jugador del Celta habría salvado sin dificultad? Sí.

Fuera juego Aspas 1Fuera juego Aspas 2

¿Que Nolito golpea con tanta claridad como inocencia y poca habilidad defensiva a Militao en el primer penalti señalado? Sí.

Penalti Nolito Militao

¿Que Murillo derriba sin ningún género de dudas a Rodrygo en el segundo penalti pitado al Madrid? Sí.

Penalti Rodrygo

¿Que Kevin pisa y clava los tacos a Mendy, pero alguien puede interpretar o no que el defensa blanco ya se estaba dejando caer? Pues también.

Penalti Mendy Celta

Después de esto tan cierto (hay imágenes, estáticas y en movimiento) como que la inflación nos ha empobrecido un 10 %, ¿dónde está el maldito escándalo que proclama el antimadridismo?

Tras reflexionar sobre esta cuestión, creemos sinceramente que lo único escandaloso del Celta-Real Madrid es que no se repitiera el penalti que falló Benzema después de que dos futbolistas del club vigués hubiesen invadido el área antes del lanzamiento del francés. También hay imágenes, por cierto. ¿Qué argumento puede caber para rebatir que en la era del VAR no se repita una pena máxima tras un incumplimiento tan flagrante del reglamento?

penalti Benzema Celta fallado

Recapitulando, ¿qué tienen de escandaloso los tres penaltis señados al Madrid y el gol anulado al Celta? El fuera de juego de Aspas es de manual, quien albergue dudas que acuda a la fuente de la norma. Por tanto, ¿es compatible que alguien con nociones remotas de fútbol no entienda que es órsay claro? Difícil, pero puede darse, del mismo modo que alguien que quiere independizarse de un país puede defender la camiseta de la selección del estado supuestamente opresor. Es raro, pero puede ocurrir. El primer y segundo penalti señalados al Madrid son complicados de poner en duda por ningún adulto funcional. La única acción que admite debate es el penalti sobre Mendy, y en la misma sucede un pisotón al futbolista merengue, de modo que el hecho de que González Fuertes decretara penalti no es ningún disparate. No estamos hablando de que un futbolista le dé una patada al suelo y se arroje después sobre el césped, como el mítico penalba, no.

El Madrid es el detonante y la excusa para que afloren los traumas, las inseguridades y la ignorancia futbolística de aficionados al fútbol, no aficionados y panenkitas. En España la gente se escandaliza más porque al Madrid le piten penaltis que son que porque Albert Benaiges, excoordinador del fútbol base del Barça, presuntamente haya abusado durante décadas de incontables menores y la causa fuera archivada por el juzgado número 12 de Barcelona al haber prescrito todas las denuncias. Manda narices.

El Madrid, además, saca a la luz todos los problemas psiquiátricos de los antis sin coste, colaborando así con la sanidad de manera desinteresada sin esperar agradecimiento alguno.

El Madrid ha soportado este año multitud de arbitrajes ignominiosos, le arrebataron la pasada Liga anulándole goles como el de Mariano en Getafe, cambiándole un penalti a favor por uno en contra en Sevilla, dejando de señalar penaltis como el de Felipe o sufriendo jornadas como aquella de Valencia en la cual le pitaron tres penaltis (que no eran) en contra. ¿Recordáis que se hablase de escándalo en aquella ocasión?

Portadas 9-11-2020

Y esta de Superdeporte.

Portada Superdeporte

Ah, aquel día hubo que repetir un penalti que detuvo Courtois porque Lucas Vázquez tenía el pie dentro del área en el momento del lanzamiento. La misma jugada ocurrió ayer, pero no se mandó repetir el penalti detenido por Dituro.

De todos modos, tampoco podemos extrañarnos de que sucedan estas cosas en un mundo en el cual Thibaut Courtois no está considerado entre los diez mejores porteros del mundo.

Vamos con las portadas de hoy, a ver si se parecen a las de aquel 9 de noviembre de 2020 después de que al Madrid le pitaran tres penaltis en contra.

Portada Portada As Portada Mundo Deportivo Portada Sport

Vaya, se atisban diferencias. Caramba. Cáspita.

Marca, de entrada y en grande, titula: “Once metros más cerca de la Liga”. Después, en letra minúscula: “Decisivo triunfo blanco con doblete de Benzema al transformar dos de las tres penas máximas bien señaladas”. Como si quisieran contentar a todos. Pero resaltan lo que resaltan.

De analfabetos geopolíticos como Sport no vamos a comentar nada. Y de Mundo Deportivo sí hablaremos, pero no de su portada.

Tuit Jesús Spotify

El Barça piensa: no podemos decirlo en público, por tanto lo filtramos. Despiertan ternura las criaturas, pero por lo ridículos que son.

Os dejamos que tendréis cosas que hacer, como pensar en el partido de Champions del miércoles frente al Chelsea, porque a pesar de que Lopetegui ve como favorito al Barça para este torneo, el que compite en él es el Madrid.

Pasad un buen día.

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