Las mejores firmas madridistas del planeta

A mi hija Almudena, in Times like these.

 

En uno de mis momentos favoritos de Taylor Hawkins, el excepcional batería deja las baquetas (lo hacía con frecuencia) para entonar Rock And Roll con Dave Grohl en su lugar, y nada menos que Jimmy Page y John Paul Jones a las cuerdas. Fue en Wembley en 2008, y es como ver a Modric y Cristiano disputar un amistoso formando un Real Madrid histórico con Di Stéfano y Gento. Digo “entonar” por decir algo, claro. La voz aguardentosa, magníficamente desagradable de Hawkins solo era comparable en potencia a la desquiciada máquina rítmica en que se convertía al tomar el mando de su sección.

Foo Fighters es (ay: era) la única banda de rock de élite que contaba con dos cantantes y dos baterías sin necesidad de tener en nómina a cuatro tíos. Eso de que el de los tambores no se resigne q su papel secundario y se haga eventual frontman, eso de que el frontman pueda agarrar las baquetas con la misma pericia que el batería, es también madridismo. Es Guti de falso 9, Hierro de media punta por obra y gracia de Antic y Courtois rematando un córner para que lo termine embocando Benzema. Casi todo en esta vida que huela a naturalidad y falta de dogmatismo vibra de esencia madridista, cuánto más si esa falta de pretensiones deriva en éxito, en Orejonas o en Grammys, que al fin y al cabo, en el caso que nos ocupa, todo se reduce a la mística mastodóntica del rock de estadio.

Casi todo en esta vida que huela a naturalidad y falta de dogmatismo vibra de esencia madridista, cuánto más si esa falta de pretensiones deriva en éxito

Foo Fighters no solo tocaron con Led Zeppelin. Sus continuas muestras públicas de devoción por otros héroes personales como Queen o los Beatles (o, en una onda más deliberadamente cheesy, el mismísimo Rick Astley) les llevaron a tocar con esos ídolos, y hasta Dave Grohl bordó Hey Bulldog en La Casa Blanca ante Obama y McCartney. La aportación de la banda de Grohl y Hawkins jamás ha perdido su frescura y encantadora singularidad por dejar de confesarse orgullosa seguidora de sus mayores. Dicen que hay una jam session de The Pretender en la que se desliza la estrofa de Veteranos y Noveles del himno de las mocitas. The Pretender, por cierto, es un himno de grandeza e independencia berreado en la mismísima cara de Tebas y Ceferin.

What if I say I’m not like the others?

What if I say I’m not just another one

of your games?

You’re the pretender.

What if I say I will never surrender?

Taylor Hawkins y Dave Grohl

No somos como los otros, y Taylor no lo era. No somos otro juguete más de la industria en que operamos, como no lo era Taylor, y como los Foo Fighters no nos rendiremos jamás. Verle aporrear su kit en ese vídeo, entre caudales a presión de sangre y antidisturbios, es el pavor escénico del Bernabéu hecho banda de rock. Ya adelantó Xabi Alonso que el Madrid es rock’n’roll, que pasen cosas, y si había un lugar donde podían pasar cosas era en un concierto de estas adorables bestias. Obras maestras como Walk, Everlong, Times like these o Learn to fly son noches de remontadas rabiosas comprimidas en escasos minutos, adrenalina de hombres buenos convertida en fe salvífica. Un misil de Roberto Carlos. Un cabezazo a bocajarro de Cristiano. Es como si Taylor tocara la batería con el brazo en cabestrilo, como jugaba Pirri. Brian May se ha mostrado completamente desolado, que es como debió quedar D. Alfredo cuando supo que Juanito le había precedido en el reino de los Cielos que queda encima de Concha Espina. Los mitos que han dejado su legado no están preparados para enterrar a quienes lo recogieron, como los padres no lo están para enterrar a sus hijos.

Taylor a la batería era un zafarrancho de ganas de vivir, un apostolado de la vieja doctrina del rock con nombres y apellidos, un bombardeo de amor extenuante. Que Dios le bendiga y que ilumine a Grohl, que ya conoce para su desgracia de qué modo, en un toque casi imperceptible de plato ride, puede truncarse cualquier historia por hacer.

Y sin embargo hacerla.

Aún humeantes los rescoldos del vergonzoso clásico del pasado domingo, muchos madridistas siguen con la horca y la antorcha, con intención de arrasar con cada rincón del club y rumiando perspectivas apocalípticas. Obviamente, siendo aficionado de un equipo con esa historia y ese nivel de exigencia, nadie está contento con la goleada que se encajó. Pero una cosa es una lógica desazón y otra muy distinta la pulsión neroniana de calcinar hasta la última brizna de hierba del Bernabéu. El Madrid sigue liderando con holgura la liga y está clasificado para cuartos de la Champions League. Se puede fracasar o triunfar en ambas competiciones y las valoraciones y consecuentes medidas tendrán que llegar a posteriori. Parece de cajón pero, visto lo visto, quizás haya que recordar que lo que ocurrió fue una derrota en un partido liguero; dolorosa por el rival y la forma, pero poco dañina para la consecución de los objetivos.

La figura a la que se ha señalado casi de forma unánime como gran culpable del batacazo es la de Carlo Ancelotti. El italiano está cumpliendo por el momento con lo que se le pide a un entrenador del Madrid, que no es otra cosa que ganar. Hoy, a finales de marzo, su equipo opta a llevarse los dos títulos más importantes y ya se ha adjudicado uno menor.

Ancelotti duda

Otro cantar es valorar la gestión de los recursos hasta la fecha. Y aquí su labor sí es cuestionable. Su total ninguneo de la fantástica generación de canteranos (duele mucho ver a Miguel Gutiérrez en Primera RFEF), su querencia por sobreexplotar un esquema, un libreto y un grupo reducidísimo de efectivos y su incapacidad para preparar citas muy importantes en las que el equipo no ha dado la talla son evidentes. Dicho todo esto, lo que parece normal es la querencia que tiene el Real Madrid por triturar a su entrenador, que sea quien sea ejerce el papel de perpetuo parapeto. Tras ser despedido en su primera etapa en el Bernabéu, en el verano de 2015, el italiano pasó por Bayern primero, Nápoles después y Everton antes de que se le volviera a llamar el pasado año desde el Paseo de la Castellana. Solo a un grande de Europa se le ocurrió la idea de contratar a un técnico crepuscular con un método perfectamente conocido, que no sorprende o engaña a nadie. Ancelotti no es amigo de rotar, y quizás por eso sus equipos no hacen grandes segundas vueltas y apenas ha ganado 4 Ligas en 25 años de trayectoria, dirigiendo a algunas de las más potentes escuadras de Europa. Lo que quiero decir es que hay responsables de volver a optar por este perfil, en una política de contratación de entrenadores que parece buscar personalidades cómodas y no a aquellas con exigencias de mando en plaza y obsesión por dotar de sello personal a sus equipos. Es decir, se busca un director que se apañe con el guion y el reparto que ya hay preparado y no a uno que venga a escribir sus líneas y a exigir varios nombres en el casting. Y se vuelve a desprender de esta decisión cierto aroma de desdén y desconfianza hacia la figura del técnico, al que se suele ningunear en los éxitos (que se lo cuenten a Zidane) y usar como escudo en los fracasos. No parece lógico que un club que pretende reunir en su plantilla a los mejores jugadores que existen, que posee la cantera más prolífica del planeta y que está reconstruyendo su estadio para que siga siendo un icono futbolístico en este siglo, degrade una posición ejecutiva tan importante como es la del entrenador. Al fin y al cabo es quien se encarga de explotar la principal materia prima de cualquier equipo, es decir, a sus futbolistas.

Florentino Ancelotti

A la dirección deportiva del Real Madrid (que existe y funciona como cualquier otro departamento del club) hay que reconocerle sus innumerables méritos. Sin ir más lejos, la construcción del equipo que conquistó las 4 de 5 Copas de Europa. Pero también hay que señalar sus inevitables errores, entre ellos el modo en que se ha gestionado la renovación tras esta saga legendaria. Es cierto que se ha impuesto una contención de la inversión en fichajes debido a las consecuencias del Covid, como también lo es que se ha errado más de lo que se venía haciendo. Fruto del ciclo victorioso también se emprendió una política de renovaciones largas que a la postre ha supuesto un importante lastre. El entrenador ha dejado de contar con buena parte de su plantel, pero muchos de esos jugadores están de vuelta, o no tienen nivel suficiente para estar hoy en un equipo donde el listón está siempre altísimo. Que se busque sacar del Madrid a alrededor de un 40% de los futbolistas que tienen este año taquilla con su nombre en el coliseo blanco no es algo atribuible a Ancelotti, desde luego.

Estoy convencido de que el Real Madrid, como institución que sigue los preceptos de Santiago Bernabéu, sigue en una permanente búsqueda de la perfección. Y encontrar un técnico en el que confiar un proyecto largo debería ser una parte esencial en la hoja de ruta. Para lograrlo hay que cambiar ciertos tics internos, y también hacer un proceso de selección que dé con el candidato más brillante al puesto de director técnico, y no con el que sea capaz de manejar sin rechistar las piezas que se le ofrecen. Eso pondría en valor una figura, la del entrenador, que lleva siendo crucial en el fútbol casi desde que se inventó. Y apagaría, al fin, la picadora de carne que parece ser el banquillo del Bernabéu.

 

Fotografías: Getty Images

El análisis de las portadas de los periódicos deportivos de hoy

Buenos días, amigos. Sepan que anoche jugó la Selección Española de fútbol un partido amistoso, dizque de preparación para el Mundial (sí, el de Catar, ya saben). Sepan que dicho partido acabó con el resultado de 2 goles a 1 para La Roja, goles españoles anotados por Ferran Torres y, ya casi en el descuento, por Dani Olmo, este en curvilíneo chut de bella factura. Sepan que el encuentro tuvo lugar en Barcelona, más concretamente en el estadio del Espanyol y que todas las crónicas coinciden en que el ambiente a favor del conjunto nacional fue notable y pleno de jolgorio, denotando una especie de regreso al hogar perdido que tiene más que ver con los siempre poco edificantes asuntos políticos que con el mero fútbol (caso de que el fútbol pudiera ser mero fútbol).

Sepan también que el portero del combinado español fue David Raya, jugador formado en la Unió Esportiva Cornellà que ahora defiende los palos del Brentford F.C. Aclaremos que el guardameta que apuntaba a titular anoche era Robert Sánchez, también jugador de la Premier League, concretamente del Brighton & Hove Albion F.C., pero tuvo que abandonar la concentración del equipo por motivos personales, lo que obligó a Luis Enrique a convocar de urgencia a otro portero y por qué no al guardameta del Barça B, Arnau Tenas, que estaba convocado con la Sub-21.

Sepan, por último, que hemos tenido que tirar de Wikipedia para informarnos de lo dicho en el párrafo anterior, ya sea porque nuestro conocimiento de fútbol es limitado, ya sea porque reconozcamos que Luis Enrique nos lo pone algo difícil, pero en absoluto porque dudemos de que las porterías de los sin duda ilustres Brentford, Brighton y Barça B estén cubiertas con totales garantías de éxito para la Selección Española.

En lo dicho hasta aquí parecen agotarse las portadas deportivas de este domingo de cambio horario, primavera mediante, que es otro modo de decir madridismo. Aquí tienen las pruebas gráficas de este agotamiento.

Portada Marca 27-03-22Portada As 27-03-22Portada Mundo Deportivo 27-03-22

Podría entonces acabarse aquí este portanálisis, de tan poco que dan de sí hoy nuestros sospechosos habituales, pero tal vez haya apenas un matiz por obra y gracia de Sport que merezca ser comentado, aunque sea ligeramente, aunque sea por encima, aunque sea como quien no quiere la cosa, no vaya a ser que este, digamos, laconismo que nos deja este partido de La Roja no quede más o menos justificado, más allá de Albania, más allá del carácter amistoso y, sobre todo, más allá del Brentford, el Brighton y el Barça B.

Portada Sport 27-03-22

La portada de Sport es para Ferran Torres, "el crack blaugrana", se dice en ella. Está "enchufado" Ferran, también se dice, pues "firma un arranque de año espectacular con seis tantos y cinco asistencias". Más arriba de la entregada glosa al delantero culé, aparece a la izquierda la llamada a un artículo de opinión/propaganda que reza así: El ADN del Barça vuelve a la selección.

La cosa se comenta sola una vez más. La cosa es que pareciera que la Selección Española es más Selección (y tal vez menos Española) cuando la vara de medir sus éxitos la pone el barcelonismo, cuando eso del ADN -puro esencialismo interesado y falaz, como todos los esencialismos- se identifica con un combinado que representa (o debiera representar) al conjunto de los aficionados españoles al fútbol, e incluso a los no aficionados. Ocurre entonces que el éxito con la Selección de Ferran (nacido en Foyos, Valencia) es agenciado por la intelligentsia culé como si fuera un éxito de su club amado. Ocurre entonces que el juego de La Roja es calificado como bueno solo cuando responde a los cánones impuestos dogmáticamente desde las catacumbas de La Masía. Y ocurre entonces que no es que gane la propaganda que llaman relato, sino que ganan la estupidez, la miopía y el sectarismo, perdiendo con ello precisamente la Selección por desinterés de parte de su afición, que siente que le usurpan con ADN lo que debiera ser cultura compartida. El Brentford y el Brighton no merecen semejante parcialidad.

Pasen ustedes un buen día.

El análisis de las portadas de los periódicos deportivos de hoy

Buenos días, amigos lectores.

Hoy es uno de esos días grandes para el aficionado al buen fútbol, una de esas jornadas en las que uno se levanta expectante y cuenta las horas restantes hasta que llegue el gran momento deportivo del fin de semana, qué digo del fin de semana, del mes: todo un España-Albania sin nada en juego. Por placer, porque sí, un regalo para el deleite del buen aficionado, ese para el que los goles y la tensión no son nada de valor porque lo que cuenta es analizar matices, observar posiciones sobre el terreno de juego, controles perfectos, presiones en bloque alto y movimientos coordinados de acordeón mientras el balón se mueve de un lado a otro del campo. Quién quiere porterías cuando puede haber centro del campo, quién ansía un resultado en el marcador, ese gran impostor, cuando puede sorber las mieles del fútbol puro en un partido como este.

Portada Marca 26-03-22

El partido es tan atractivo para el espectador, se encuentra tan repleto de esencias futbolísticas de nivel que no nos sentimos capaces de escribir este portanálisis, razón por la cual hemos invitado a que la previa del apasionante España-Albania la haga uno de los mejores y más famosos AIC del mundo editorial. Ya saben, según la definición de Fred Gwynne, Analista Internacional Calvo. Todo suyo.

(El AIC toma el teclado y saca una cuartilla en la que vemos escrita una cuadrícula con varios nombres y frases al lado. Se tapa ligeramente con el brazo para que no veamos el texto).

“Albania es una selección que ha mejorado mucho, no en vano quedó primera de su grupo en la UEFA Nations League”.

(Bueno, en el grupo estaba con Bielorrusia, Lituania y Kazajistán, y hace poco perdió 5-0 con Inglaterra, pero “ha mejorado mucho”).

“Es una selección que tiene varios nombres interesantes en sus filas. Dukajgin es un jugador muy físico, que se suele colocar bien. Suple sus carencias técnicas con entrega, su fuerte son los balones aéreos, aunque pierde más balones de los que debería”.

(Entiendo yo que eso de que “se suele colocar bien” no es una alusión a sustancias psicotrópicas, pero seguiré fascinado con el brillante análisis)

“Resha es otro jugador interesante, es un extremo de la vieja escuela que a veces se viene al centro. Aunque no va mal con la pierna derecha, suele abusar del toque con la izquierda. Tiene habilidad para encontrar espacios y le gusta tirar paredes con frecuencia”.

(Supongo por esta última frase que trabaja en una empresa de demoliciones controladas)

“Kadaré es un centrocampista que técnicamente no es flojo, tiene movimientos interesantes, habilidad para recibir de espaldas, buena visión de juego, pero todo lo que hace bien en medio campo desaparece a partir de tres cuartos”.

(Con “movimientos interesantes” podemos hablar tanto de un futbolista como de un bailarín y eso de “habilidad para recibir de espaldas” nos puede llevar a terrenos pantanosos que no pretendemos explorar)

“Bojaxhiu va bien de cabeza, aunque presenta problemas con los centros laterales. Es agresivo, es intenso, y suele entenderse bien con Carrisi. A veces le hemos visto ejercer de falso nueve, aunque no es su posición favorita. Tiene unos movimientos que me recuerdan a…”.

Para, para, para -le interrumpo-. ¿De verdad te los conoces a todos, de verdad has visto jugar a toda esta colección de albanos?

Claro que sí -responde nuestro AIC.

Aprovecho ese momento para invitarlo a un café, y en el descuido le hago una foto a la cuartilla que había sacado de su chaqueta.

AIC

- Eeeeh, esto no es lo que parece -espeta el AIC-. De verdad que analizo a cada uno de los rivales, examino matices, aromas, utilizo el Big Data para la medición del posicionamiento y factores de jue…

¿Aromas? ¿Matices? Con la mano abierta. Permítannos que hagamos poco caso a la actualidad del partido, porque lo cierto es que de Albania conocemos entre poco y nada, y el interés que despierta en nosotros es aún inferior al del cortijo de Luis Enrique. Por cierto, Dukagjin y Resha son los nombres de los padres de Dua Lipa, albaneses de origen, esa cantante que dedicó unos versos a Gareth Bale:

We could burn and crash
We could take a chance
Holdin' nothin' back
Like it's our last dance

Podríamos quemarnos y colapsar
Podríamos arriesgarnos
Sin nada que tener
Como si fuera nuestro último baile

Y Kadaré es otro invento del AIC, por el poeta albanés Ismail Kadaré, aquel cuyo poema Exorcismo estaba dedicado a la posesión del balón: “Otra vez vagan en busca cada cual de su cabeza, angustiados por no hallarla. ¿Dónde, dónde? ¿Cuál?”

En cuanto a Carrisi, no se trata del apellido de un albanés, sino de un albano, concretamente del cantante Al Bano, el mismo que nos contagiaba aquello perdido de la Felicitá:

“Remontarle al PSG con il cuore, la felicitá,

El abrazo de Luka y Karim, la felicitá,

La silla de Alaba, la felicitá”.

Y sí, lo confesamos, también nos hemos inventado los nombres de los otros jugadores: Bojaxhiu era el apellido de la Madre Teresa de Calcuta y Hoxha el de Adil, aquel espía albanés que se presentó en casa de los Simpson en un capítulo mítico:

- ¿Con el pelo blanco y los ojos rojos?

- No, Homer, albanés, no albino.

Comprenderán quienes hayan leído este Portanálisis hasta aquí que nos tomamos un poco bastante a cachondeo este España-Albania cuando los campeonatos “de verdad” entran en su recta decisiva, pero football is for the fans, aficionados puros que anhelan el partidazo de Cornellá en lugar de un Chelsea-Real Madrid o un Sevilla-Real Madrid, así que más nos valdrá seguir con el resto de las portadas.

Portada As 26-03-22

El partido de la selección parece importar poco también en la redacción de As, que regala su portada al suplente de un suplente del Real Madrid, el belga Eden Hazard, que por desgracia tendrá que pasar de nuevo por el quirófano. Sabemos todos que la carrera del belga se torció el día que su compatriota Meunier le destrozó el tobillo, pero para la prensa estaba gordo, era un mal profesional y su mal estado físico era su culpa, y nunca de los ataques impunes que sufrían sus tobillos. Esperemos que (esta vez sí), Hazard se recupere de manera definitiva, bien para jugar algún día en el Real Madrid, bien para que el club obtenga un traspaso razonable.

Los dos diarios madrileños hacen mención a la explosión en Yeda (Arabia Saudí), cerca del circuito en el que se celebrará el próximo Gran Premio de Fórmula 1. No tiene nada que ver, pero por eso parece algo desafortunada la selección de palabras realizada por el diario Sport para su portada.

Portada Sport 26-03-22

Explosión y Torres mezclan mal en una misma frase, en especial si eres neoyorquino, pero la prensa cataculé quiere destacar la mejoría en el juego del delantero. Por cierto, amplíen la foto de la “cantera” del Barça y descubran a los canteranos de nuevo cuño: Araújo, Jutglá, Ez Abde… Pedri es canterano del Madrid, porque, no sabemos si lo saben ustedes, pasó un día por Valdebebas, pero hacía mucho frío. Les dejamos ya con la última broma del Mundo Deportivo. Van a por LaLiga y llegarán cuatro o cinco fichajes más: Lewandowski, Kessié, Messi, Neymar Jr., Morata, Timo Werner o cualquier otro que determine un AIC de prestigio.

Portada Mundo Deportivo 26-03-22

 

Uno de los factores negativos que acarrea el paso del tiempo, y tiene bastantes, es que cada vez va resultando más complicado contar algo original sobre un determinado tema, y más cuando de dicho tema se han escrito miles de páginas, y se han llenado cientos de horas de radio y televisión. Por consiguiente, no albergo apenas esperanzas de lograrlo del todo. Hoy, 25 de marzo de 2022, Fernando Martín Espina habría cumplido 60 años de no ser por aquel fatídico accidente de coche que le costó la vida un 3 de diciembre de 1989 en la incorporación de la carretera de Barcelona a la M-30 madrileña. A veces hago un ejercicio de imaginación y me pongo a pensar qué sería de Fernando si estuviera vivo; quizá se habría alejado del deporte y estaría perdido en una granja de Texas criando ganado, o se habría quedado en Madrid ejerciendo de agente de jugadores, o acaso formaría parte del equipo de comentaristas de una cadena de televisión. Y siempre llego a la misma conclusión: no tengo ni la más remota idea. El tercer hijo de la familia Martín Espina era un espíritu tan libre que nadie realmente puede estar seguro.

Fernando Martín y Audie Norris

Dicen que la década de los 80 fue una máquina de crear mitos y leyendas del deporte de la canasta, y yo me alineo con los que así piensan, aunque si se analiza un poco más en profundidad llego a la conclusión de que son la infancia y la nostalgia los verdaderos motores de dicha creación. Cada uno tiende a pensar que sus recuerdos prevalecen sobre los del resto y valen mucho más. Mis mejores imágenes en una cancha de baloncesto corresponden con Martín en pleno apogeo, un tipo al que le sobraban el físico, la determinación, el carácter, y también la calidad para ciertos aspectos del juego, mucho antes de que aparecieran la NBA y Audie Norris en el horizonte. Aquel fue el verdadero Fernando Martín, el puro, el genuino. Y fue entonces cuando se dio el paso definitivo, no su marcha a Estados Unidos, que fue una consecuencia, sino la transformación del primer jugador de baloncesto en un símbolo más allá del deporte. ¿La NBA lo convirtió en mediático, o solo lo afianzó? Yo personalmente me decanto por la segunda opción.

Fernando Martín, un tipo al que le sobraban el físico, la determinación, el carácter, y también la calidad para ciertos aspectos del juego, mucho antes de que aparecieran la NBA y Audie Norris en el horizonte

De todas formas, los actuales aficionados a este deporte no pueden imaginar la complejidad de un salto al vacío tan abrupto como el que se atrevió a dar entonces volando a los Blazers de Portland. No es que no existieran jugadores en Europa o en el entorno FIBA con la calidad necesaria, sino que la mentalidad americana los desechaba debido a una mezcla de chovinismo y cerrazón. Si Luka Doncic hubiera nacido en 1959 lo más seguro es que no habría salido del Real Madrid jamás, o de cualquier equipo yugoslavo donde se hubiera criado, por ejemplo. Fernando ayudó sobremanera a destruir aquella barrera metafórica, y lo hizo a sabiendas de que existían muchas posibilidades de que saliera mal, si nos atenemos al estricto aspecto estadístico.

Fernando Martín y Sabonis

Ha transcurrido mucho tiempo, los jugadores van pasando por la institución madridista, y cada vez resulta más complicado defender la postura de que Martín tendría sitio en una lista de los mejores diez de la historia blanca, por palmarés, trayectoria e importancia. Por encima, solo de la época moderna, ya colocaríamos a Felipe Reyes, Sergio Llull y Rudy Fernández, y de los anteriores a Juan Corbalán, Rafa Rullán, Clifford Luyk, Wayne Brabender, y seguramente algunos más. La muerte prematura ayuda a la construcción del mito, esto resulta innegable, pero no lo define como única explicación, deben existir algunos factores adicionales. Me atrevo a señalar algunos: carisma, rebeldía y ausencia total de miedo. Fernando Martín lleva más años muerto de los que duró su vida, y aún permanecemos algunos, muchos, intentando reflotar su figura dentro de nuestra modestia. Todo sea por amor a unos colores, a este deporte y, por supuesto, la devoción a unos recuerdos que no se borran con facilidad.

 

Getty Images.

Buenos días. Allá por mayo del año 2000, Nicholas Anelka era un bulto sospechoso en el vestuario del Real Madrid. No hablaba con nadie, no entrenaba, su indisciplina era mayúscula y se encontraba en régimen de semiapartamiento dentro del vestuario.

Vicente del Bosque (técnico blanco en aquellas fechas) podría haberse aferrado a la dignidad del Real Madrid y cargarse de razones para dejar definitivamente fuera de la dinámica del equipo al jugador francés. Podría haberse pertrechado de argumentos tocantes al amor al escudo y el celo profesional, con arreglo a los cuales muy bien podría haber mandado a esparragar a Anelka. Del Bosque, sin embargo, en lugar de empeñarse en tener razón, prefirió ganar la Copa de Europa, en el entendido de que eso es lo que el aficionado demandaba realmente. Y no se equivocaba.

Decidió abstraerse de cuentas pendientes, de profesionalidad y compromiso, y se reunió con Anelka mirando exclusivamente al futuro. ¿Quieres que empecemos de cero?, le dijo poco más o menos. Y eso hicieron. El resto es historia. En las semifinales ante el Bayern de Múnich, Anelka marcó dos goles decisivos, uno en cada estadio.

Anelka Bayern Bale gol Gales

Hay infinidad de diferencias entre Bale y Anelka, pero ninguna elimina la pertinencia de la comparación que hoy traemos a efectos de ser constructivos. Anelka tenía un largo contrato por delante (aunque terminaría siendo vendido al final de su primera y última temporada en el Madrid) mientras Bale está en los últimos meses del suyo, pero un Carletto ejerciendo de moderno (¿?) Del Bosque bien podría abanderar un pelillos-a-la-mar que se centre en la recta final, en los desafíos postreros. Es verdad también que Anelka no tenía en aquel momento casi nada que blandir en su curriculum madridista, mientras Bale tiene un palmarés que tira de espaldas por más que duela a sus detractores, pero esta diferencia juega a efectos prácticos a favor de nuestro símil: razón de más para que una buena conversación tenga como efecto el logro de un compromiso férreo del galés en lo poco que le queda de singladura. Visto lo visto ayer en Cardiff (tremenda actuación y dos golazos que dejan a los dragones a un paso del Mundial), el Madrid necesita a Gareth Bale, necesita a ESTE Gareth Bale, más de lo que lo ha necesitado nunca. Tanto como Del Bosque necesitaba a Anelka, si no más.

Portada As

Pasaremos por encima del manido y casposísimo juego de palabras con que titula As. A quien ya les Bale es a los del propio As con el bendito juego de palabras. También esquivaremos cualquier tentación de entrar en el debate héroe-villano. Los partidarios de la primera opción esgrimirán la apabullante colección de títulos del de Cardiff vestido de blanco (cuatro Champions y mucho más, siendo decisivo en no menos de tres de ellas), y tendrán razón. Los que defienden la opción “villano” traerán a la luz su manifiesta falta de compromiso reciente —con episodios lacerantes como el de la banderita de marras o su autodescarte para Manchester City y Barça—, y también tendrán razón. No nos interesa más ese debate extenuante.  Nos agota y exaspera. Miremos al futuro. El Bale que se vio ayer en Cardiff, y que dejó a su compañero Alaba sin Mundial, es superior a Asensio, Hazard, Rodrygo, Jovic y Mariano de aquí a Catar. ¿Queremos tener razón o queremos la Liga? ¿Queremos parapetarnos tras el orgullo del escudo o queremos aspirar a la Champions? Por delante hay nueve equipos españoles cuya máxima aspiración es joder el campeonato doméstico al Madrid, con el cuchillo entre los dientes, y un potentísimo equipo inglés como escollo para llegar a semifinales de NUESTRA competición europea. ¿De verdad podemos permitirnos el lujo de prescindir del arma de devastación masiva que detonó ayer dos veces en la capital de Gales?

Portada Sport Portada Mundo Deportivo

La prensa cataculé, por su parte, habla ahora de Lewandowski y Salah “por si falla Haaland”, como dice Mascaró. Ese “por si falla Haaland”’ es casi enternecedor, sí, pero en la demencia colectiva que nos embarga ya nos creemos cualquier cosa. Nos está pasando lo contrario a Pedro en su cuento con el Lobo: la profusión de disparates fichajiles provenientes del entorno del arruinado club azulgrana nos hace comulgar ya con las piedras de molino más descomunales. Hasta con esta que, esta vez, viene de Francia.

Mbappé al Barça L'equipe

¿Nos parece una fantasía absoluta? Sí, pero en la era de la posverdad falta el último giro de tuerca: que la posverdad sea verdad, y que lleguen al Barça Mbappé, Haaland, Lewandowski y Salah disfrazados de Village People, por ejemplo. ¿Y sí a Goldman Sachs le da por dar al Barça todo el dinero del mundo porque Goldman Sachs ya es de facto dueño del Barça y quiere lo mejor para sí mismo? ¿Y si la cuestión accionarial, vía conversión en SAD, está ya más que atada y Goldman Sachs empieza a fichar para sí? Nosotros ya lo ignoramos todo.

Os dejamos con Marca y nuestras felicitaciones para Italia, que se ha quedado fuera del Mundial catarí de la ignominia, de los esclavos que mueren bajo el sol y donde las mujeres son sojuzgadas. Bien hecho, Italia. Qué mejor gesto de protesta.

Pasad un buen día.

Portada Marca

A Richard Dees, por el décimo aniversario de El Radio.

 

El diario Marca no se encuentra entre mis lecturas habituales y es una ausencia que no tengo previsto cubrir a largo plazo. Sí soy, en cambio, seguidor de La Galerna y de sus brillantes Portanálisis. Fue gracias al de ayer que me encontré contemplando una verdad cruel con la que el diario más leído de España —lo que da mucho que pensar— tuvo a bien atragantarme el desayuno.

Dicen que la reina Cristina de Suecia contemplaba una estatua que representaba a la Verdad. Su autor, queriendo adularla, le dijo:

—Es raro encontrar a un monarca que se atreva a contemplar la verdad durante tanto tiempo.

A lo que la reina respondió:

—Es que no todas las verdades son tan hermosas.

“La verdad es belleza”, decía Keats. “Lo bello, es bueno, y lo bueno y bello es verdadero”, sentenciaba Platón; hasta que vino Marca y mandó a hacer puñetas ambos axiomas. Presentó un hecho cierto y lo transformó en algo nauseabundo y malvado.

Portada Marca

La verdad que mostraba Marca en su portada es que Gareth Bale no parece estar sufriendo ningún tipo de grave dolencia física. De esto se podría colegir que tal vez el pasado domingo se “borró” del partido ante el Fútbol Club Barcelona porque, en fin, ya saben, Gareth Bale es la encarnación del Mal y aquel día tuvo el peculiar capricho de reírse del madridismo antes de irse a dormir sobre el colchón de millones que le paga Florentino.

Quien espere de mi parte una defensa de la actitud de Bale en este artículo, mejor que vaya a otro lugar. No es de eso de lo que va esto. Verán ustedes, yo hace mucho tiempo que decidí hundirme con el Galés Volador. Es mi sacrificio y entiendo a quienes no quieran compartirlo. Entiendo, por ejemplo, a mi querido Jesús Bengoechea en su decepción por el último e incomprensible acto de Gareth Bale, y créanme que me duelo por él. Pero no lo acompaño en esa amarga senda de decepción. Yo sigo a lo mío, porque, tal y como conté en mi artículo debut de La Galerna, tengo con Gareth Frank Bale una deuda de honor madridista que pienso pagar hasta las últimas consecuencias. Esa es mi guerra y solo mía.

Tengo con Gareth Frank Bale una deuda de honor madridista que pienso pagar hasta las últimas consecuencias. Esa es mi guerra y solo mía

Podría, desde luego, justificar y matizar de mil maneras este aparente último desplante a la afición del Madrid. Les prometo que soy capaz, pero no lo haré. Ni me apetece ni nadie me lo ha pedido. Edgar Allan Poe dijo una vez “convencido yo, no necesito convencer a nadie más”, que es una máxima, por cierto, que les recomiendo aplicar en su día a día.

De modo que este artículo no va de eso.

Me pregunto hasta qué punto era necesaria y pertinente la portada de ayer de Marca y no encuentro ninguna respuesta satisfactoria. Gareth Bale, aunque a algunos nos pese, es desde hace tiempo un costoso elemento decorativo en el Real Madrid, sin mayor ascendencia en el devenir del equipo que la que puedan tener las bombillas del vestuario. Es una triste figura borrosa que aparece al fondo de la fotografía, como esas fotos de fantasmas que saca Iker Jiménez en Cuarto Milenio. He aquí otra fea verdad.

Bale calentando

Así pues, me cuesta concebir que el hecho de que un señor de Gales entrene con su selección pueda resultar de imprescindible conocimiento público en este país. Ni me cabe en la cabeza que Marca o cualquier otro periódico piensen que el interés general de esa noticia sea de tal magnitud que haya que llevarla a primera plana.

En cierta ocasión Mark Twain se topó con su propia esquela en un periódico, así que mandó un telegrama a su editor: “me temo que la noticia de mi muerte peca de cierta exageración.” Y eso que a él no le sacaron en portada.

He desperdiciado mucho tiempo tratando de responder a la pregunta de qué se supone que pretendía Marca llevando ayer a Gareth Bale a su portada. ¿Qué objeto tiene sobredimensionar una noticia semejante? Bale no juega, es irrelevante en el equipo, vive desde hace demasiado tiempo un ostracismo del que mucho me temo que ya no va a salir, de modo que, ¿qué trascendencia puede tener el hecho de que se ha recuperado de una dolencia de espalda?

¿Qué objeto tiene sobredimensionar una noticia semejante? Bale no juega, es irrelevante en el equipo, vive desde hace demasiado tiempo un ostracismo del que mucho me temo que ya no va a salir

Tal vez lo que Marca buscaba era provocar un estado de ánimo muy concreto hacia el protagonista de la noticia, pero eso me desconcierta todavía más. ¿Tanto rencor siente el diario de la hernia por Gareth Bale? ¿Tanto odio experimenta hacia él que aun en sus horas más bajas —ignorado por su entrenador, despreciado por gran parte de su afición— considera necesario arrojarlo a las fauces del merenguismo voraz? ¿Por qué, Marca? ¿Por qué señalar a quien ya está sobradamente señalado, por qué matar a quien ya está muerto? ¿Qué aporta ese absurdamente exagerado titular aparte de odio?

Pienso y no le encuentro sentido. Y como no le encuentro sentido al mero rencor como justificación, debo buscar razones más espurias. Que a un par de días de una de las más abochornantes actuaciones del Real Madrid sobre un terreno de juego, la noticia de portada sea que a Gareth Bale ya no le duela la espalda, me hace pensar en fuegos artificiales.

El domingo media afición merengue pedía la cabeza del entrenador, del presidente y de todo el que pasaba por allí. Podría haber entendido de Marca que en su portada del miércoles hubiera llevado algún titular impactante señalando los nombres y apellidos que una gran parte de la afición puso en el punto de mira como responsables directos del papelón en el Bernabéu.

Las notas del Real Madrid, 0 - Barcelona, 4

Pero no. La noticia de portada (¡de portada!) es que al único miembro de la BBC no procesado por la justicia ordinaria ya no le duele la espalda.

Marca tiene un curioso criterio a la hora de seleccionar portadas. No nos informó en portada que el Fútbol Club Barcelona está en la ruina más absoluta y que lleva años, décadas quizá, pasándose por el forro el Fair Play financiero; pero sí que a Bale ya no le duele la espalda. No nos informó en portada de ni una sola de las pifias del VAR que tanto encendieron y encienden a la afición madridista (este odio no conviene azuzarlo, ¿verdad, Marca?), pero sí que a Bale ya no le duele la espalda. No tuvo a bien el periódico más leído en España mencionar, ya no en portada sino en un simple breve al final de los anuncios por palabras, el desconcertante saldo arbitral de esta La Mejor Liga del Mundo, pero sí que a Bale ya no le duele la espalda. No le pareció digno de portada al excelso faro de la prensa deportiva patria el peculiar penalty que el martes se comieron nuestras jugadoras en unos cuartos de final de Liga de Campeones.

Porque esa notica, dónde va a parar, palidece en trascendencia con el hecho de que a Bale ya no le duela la espalda.

Marca No nos informó en portada que el Fútbol Club Barcelona está en la ruina más absoluta y que lleva años, décadas quizá, pasándose por el forro el Fair Play financiero; pero sí que a Bale ya no le duele la espalda

Aún ignoro, querido diario Marca, qué objetivo periodístico, qué clase de scoop impactante, tratabas de revelar ayer en tu portada venenosa. ¿Que Bale se rio del Madrid el pasado domingo? También se rio del Madrid un entrenador que planteó una alineación que no te la firmaba ni Paco Jémez atascado de Anís del Mono. También se rio del Madrid un capitán que admitió sin pudor alguno que el equipo había saltado al campo como quien va de visita a Port Aventura. A mí eso, diario Marca, me abochornó bastante como madridista. Pero no he visto a Ancelotti ni al capitán en funciones en tus portadas, diario Marca. Ni tampoco quiero verlos, pero me pregunto cuáles son tus criterios a la hora de seleccionar lo noticiable y llego a la conclusión de que o son muy estúpidos o son muy malvados.

La portada de ayer de Marca tuvo para mí, no obstante, un pequeño efecto positivo. Me recordó por qué sigo y seguiré siempre en equipo de Gareth Bale. Y es porque hay un elemento que trasciende mi deuda emocional con el personaje. Creo que defender a Bale es bueno y es correcto (“bello, bueno y verdadero”, que diría Platón). Negarme a odiarlo, que es lo que pretenden muchos que no desean ningún bien al Real Madrid o que desean controlarlo para sus fines particulares, es mi modesto grito de rebeldía frente a ciertos sectores de la prensa que tienen el empeño de explicarnos a muchos madridistas cómo debemos pensar, a quién debemos querer, a quién debemos despreciar; que nos hacen pedagogía madridista desde el más profundo desprecio, que tratan de hacernos ver que aquí no hay relatos, que no hay tinglados, que la bolita no está bajo el cubilete del centro sino bajo el de la derecha (cuando en realidad la bolita la trincaron hace tiempo). Gareth Bale es mi “no pasarán.” Queréis que lo odie, os habéis empeñado en que lo odie, pero yo no sigo vuestro juego. No trago con vuestras medias verdades ni con vuestras portadas manipuladoras. No trago con vuestros rencores interesados cuyas raíces nadie conoce y de los cuales queréis hacerme cómplice.

Cada cual escoge los símbolos que quiere enarbolar para plantarle cara al adversario. El mío es el de un galés al que ya no le duele la espalda.

Non servam, diario Marca. Non servam.

 

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Alfredo. Maestro, sargento, general, compadre

 

Si uno cesara en su pulsión y dejara de escribir en este instante, con lo dicho y lo que saben ustedes podrían imaginarse una historia de los vínculos entre ambos semidioses madridistas, cuya dimensión exacta sólo ellos conocieron hasta llevársela a su infinito. Bastarán unos retazos aquí para dar más vida al titular, tan expresivo por sí mismo que la contiene en dimensiones suficientes para que se recreen con su memoria: las neuronas siempre guardan los buenos recuerdos —¡cómo no los grandes!—-, si bien cumpliré con mucho gusto mi empeño teogónico para que no me acusen de vivir de las rentas de la simplicidad.

Cuando Paco llegó a Madrid con diecinueve años se debió sentir como Tarzán en Nueva York o Moctezuma ante Cortés, tanta distancia había entonces entre la dura y cerrada vida rural y los ajetreos de la capital, de los que nunca fue muy amigo. La adaptación fue aún más ardua, porque su potencial pasó desapercibido en sus primeros meses tanto para el público como, quizás, para sus compañeros, que no sabían muy bien qué hacer con el célere e insólito recién llegado. Hasta se dice que la directiva pensó en cederlo, lo que quizás hubiera cambiado la crónica blanca para siempre. Con frecuencia, la historia pende de muchos hilos, algunos trascendentales y multitud evanescentes, como el citado, que unidos pesan tanto como aquellos.

Gento joven

Lo que importa a esta narración es que, en aquellos momentos de zozobra personal y profesional relativa, Alfredo Di Stéfano se convirtió en su valedor principal, resaltando su utilidad como chutador de inusual potencia y extremo fatigador de defensas. Asimismo, lo adoptó como pupilo en el césped, pues ya que había avistado un futuro y comprometido su opinión, el joven cántabro habría de aprender lo mucho de lo que carecía para cautivar su confianza plena.

Así pues, el entrenamiento de Alfredo y Paco era uno y dual, convertido el segundo en discípulo del Maestro y el primero en instructor estricto del segundo. Quizás sea superfluo este último adjetivo incorporado al nombre del hispano-argentino, a salvo de que me da pie a indicar que la levedad en su idea del fútbol es impensable. ¿Se imaginan ustedes a Di Stéfano con algún asomo de intrascendencia o ligereza sobre el césped o en su mente? Fue su carácter el que le señaló como el mejor jugador de su momento, para muchos el mejor de siempre. Paco siempre lo dijo, y rescató de su ilimitado repertorio para resaltarlas su ubicuidad y su rapidez, ambos frutos de un físico veloz, fuerte y resistente a la vez, galvanizado por una determinación absoluta.

Como el esfuerzo une más que la diversión, de tanto sufrir y ganar partidos y títulos, la admiración mutua y la confianza recíproca surgió con más fuerza que la de sus piernas

Pronto se convirtió en el general del equipo, adquiridos sus galones con su ejemplo sin reproche. No sólo era un batallador con clase, sino que exigía del resto sin excusa que se esforzasen tanto como él. Alfredo reprendía de voz, de mirada y de gesto, y el respeto ganado reforzaba sus peticiones sin réplica posible. En cierta ocasión, Paco cortó su carrera hacia un balón inalcanzable. Cuando se dio la vuelta, la mirada de Alfredo lo taladró, así que, pronto entendió que debía de correr a por lo posible y lo imposible.

Como el esfuerzo une más que la diversión, de tanto sufrir y ganar partidos y títulos, la admiración mutua y la confianza recíproca surgió con más fuerza que la de sus piernas. La mañana de la final de 1958 contra el Milán, dos madridistas de pro, padre e hijo, paseaban por el hotel de Bruselas donde se alojaba la expedición, que incluía a los escasos seguidores madridistas que en aquellos tiempos seguían al Madrid a muchos viajes y todas las finales. José Paz Maroto se acercó a una mesa del vestíbulo donde algunas jugadores charlaban y tras saludar al nueve le preguntó sobre el destino del partido con un coloquial ¿qué haremos hoy, Alfredo? “Lo que quiera el mudo”, espetó con gracejo tras señalar a Paco al fondo del salón. Ni entonces ni más tarde fue muy hablador, pues como bien señaló Amancio en fechas recientes, Paco era hombre de pocas palabras y nunca se le conoció una mala. Quiso el destino que la frase se convirtiera en profecía, ya que el Real Madrid ganó la final al Milán con un gol de oro y de Gento en la prórroga de un encuentro tenso y agotador. (3-2)

Di Stéfano en Bruselas

Años después, siendo este voluntarioso cronista persona adulta, cada vez que me encontré a Alfredo Di Stéfano en el club, en algún acto deportivo, en un bar o restaurante del barrio de Chamartín, de forma invariable, me saludó y me dio conversación con una familiaridad que me azoraba. Mi privilegio no era haber sido un jugador de baloncesto de la casa, sino el sobrino de Paco, sobre el que me preguntaba con cariño y detalle, y al que siempre mandaba recuerdos por si lo viera antes que él. Siempre respondí con respeto a sus consejos, que también me los ofreció, y nunca dejó de sorprenderme la atención que me dedicaba sin que mediara entre nosotros ninguna otra relación directa, salvo la de Paco como mediador involuntario. Tamañas muestras de afecto y consideración —y la veneración con la que Paco se refería a él— me invitaron a deducir que sobre el compañerismo y la admiración mutua se erigió una amistad indestructible, sobre los cimientos abismales de la verdad y la admiración afirmados en tantos años de viajes y giras, de sinsabores y triunfos. Y en cinco Copas de Europa con las que el Real Madrid comenzó La forja de su gloria*.

*La forja de la gloria es el título de la inconmensurable síntesis de la historia del Real Madrid cavilada por el insustituible Antonio Escohotado, que tuvo como pinche o secretario a nuestro editor, el menos insigne pero adorable, Jesús Bengoechea.

 

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Índice:

  1. El niño que soñaba con un balón de reglamento
  2. El hombre tranquilo
  3. Kopa-Paco, el equilibrio de un equipo que vislumbró la perfección
  4. Cuando la playa de El Sardinero se convirtió en el Bernabéu

Buenos días. Nos hallamos inmersos de nuevo en un parón de selecciones. Un autónomo ha de pagar IVA e IRPF cada tres meses y un aficionado al fútbol ha de sufrir una detención en el normal devenir de los torneos que le interesan también más o menos cada trimestre. Si bien es cierto que al Madrid este parón excepcionalmente le ha venido bien para tomar conciencia, que Ancelotti se centre, los jugadores lo entiendan, etcétera, no es lo habitual. Lo normal es que los parones les entusiasmen a los antimadridistas, a los panenkitas y a Bale, in that order o en otro, como prefiráis.

Lo de Bale no hace falta ni comentarlo.

A los antimadridistas les apasionan los parones porque ellos mismos son la propia selección española de fútbol, que no deja de ser otra cosa que una sucursal en Madrid del Barça, la prueba es que está convocado Carvajal. Algo así como el Atleti, pero panenkizada y con la potestad de enfrentarse a otras selecciones del mundo. Hace años que la selección ha sido apropiada no ya solo por antimadridistas, sino por seres humanos que realmente lo que llevan mal es ser españoles. De este fenómeno pueden dar fe sobre todo los residentes en la región noreste del país, donde multitud de indepes sufren erecciones cada vez que juega la Roja, como denominan ellos a España, porque si la llaman por su nombre sufren un gatillazo.

Los panenkitas también compran chuches y Mirinda de naranja cuando juega España, quedan entre ellos, se colocan en bloque alto en el sofá y llenan el salón de flechitas y palabras inventadas mientras elogian a los de Luis Enrique hagan lo que hagan sobre el terreno de juego. Los panenkitas son al fútbol moderno lo que los buscadores de subvenciones a la política actual. En nuestra sociedad ahora es habitual que un grupo de personas sin afición excesiva por el trabajo se reúnan, busquen una noble causa, creen un problema inexistente, un relato para subsanar tamaña injusticia social y hagan de su encendida defensa su modus vivendi, presupuestos públicos mediante. Por ejemplo, un grupo de amigos se levanta un día y deciden abogar por el derecho inalienable a decidir el color del cascarón del huevo del cual nacen que tienen los pollos, y pollas (perdón, pero hay que hablar con propiedad), en las granjas, y granjos, avícolas de puesta y cría del Alto Ebro. A partir de ahí elaboran un discurso ovocromático para hacernos sentir mal a todos los humanos, humanas (y Humanes de Madrid) por vivir de espaldas a este anhelo fundamental para el ave de granja. Inventan un lenguaje nuevo y consiguen subvenciones, parte de las cuales las emplean en subcontratar precariamente a una empresa para que pinte los huevos de morado y el resto se lo quedan para vivir holgadamente mientras el resto de la sociedad las pasa moradas. Pues los panenkitas hacen algo parecido, pero con el fútbol.

Un panenkita no puede decir que un futbolista es inteligente, sino que posee una agilidad mental de procesador de minado con timing exacto. Un jugador no crea peligro, sino que consiste una amenaza encubierta en aparente intrascendencia. No les interesa comunicar sus ideas de manera clara y concisa para que las entienda la gente, porque entonces el público se daría cuenta de las carencias de su análisis y perderían ese aura de gurús del fútbol. Vamos, que se les acabaría el chollo.

Entendemos que la portada de Marca agradará a panenkitas y a aquellos que erigieron su iglesia sobre carrilero izquierdo de la selección de Kazajistán, porque al fin ven colmado su sueño de ver con la zamarra de España a David Raya, portero del Brentford F. C. de la Premier. ¡Ya era hora, Luis Enrique! ¿Por qué no lo llamaste antes? Imperdonable retraso. Dicho con todo el respeto para David Raya, quien a buen seguro es un excelente profesional y merece esta oportunidad.

Portada Marca

Ojo, porque el pasado de David es muy duro, absténganse de leer la portada aquellos que sean sensibles en extremo: «Se marchó a Inglaterra a los 16 años: “Tener que lavarme la ropa fue un toque de realidad”».  Para, David, que lloramos.

También es destacable en Marca la noticia sita al noreste de su portada, maquetada como si de una advertencia de salud en una cajetilla de tabaco se tratase: “Ver para creer: ¡Rusia pide albergar la Euro de 2028!”. Y están acertados, porque sería aún más nocivo para la salud que fumar. Es una auténtica locura que Rusia solicite algo así, es como si Catar solicitase la celebración de un mundial de fútbol.

Portada Sport

Sport dedica su portada a uno de los mayores suflés del fútbol actual, Eric García, a la sazón ídolo del panenkismo practicante, quien mostró la educación que, al igual que sus dotes futbolísticas, tampoco posee al faltar al respeto a Vinícius en el clásico. Eso sí, hemos de reconocer que Eric García es un síntoma del éxito de nuestra sociedad, capaz de catapultar al Barça y a la selección a cualquier persona, más allá de sus aptitudes. Bravo.

Que paséis un buen día

Portada As Portada Mundo Deportivo

Lo que más me ha preocupado de todo el aftermath del Clásico ha sido lo revelado públicamente por Courtois, y refrendado en círculos de anonimato por otros jugadores. En el descanso, Ancelotti dio a sus jugadores instrucciones que no entendieron. Suena helador sobre el papel, y más terrorífico aún si atendemos al modo en que la salida del equipo en el segundo tiempo refrenda esta hipótesis.  No cabe duda de que algo muy confuso debió de transmitirles el técnico, algo lo suficientemente ininteligible como para causar semejante estupor, traducido en oportunidades (con dos goles) en tromba para el cuadro de Xavi.

Me acordé inmediatamente de Heynckes convertido en bulto sospechoso en vísperas de la Séptima. Ganó la Orejona, pero el recordado Lorenzo Sanz (dos años ya de su fallecimiento) hizo muy bien cesándolo. Un entrenador que ha perdido la comunicación con su plantilla es un entrenador defenestrado, sea ello oficial o no, y si a la erección de ceja responde el vestuario con encogimiento de hombros el resultado no augura nada bueno.

Ancelotti serio

El mantra que parece instalado en el entorno de Valdebebas es el ya mítico “No tomaremos decisiones hasta el final de temporada”. A mí, personalmente, me preocupa más el futuro deportivo a corto plazo que el futuro a largo. Me preocupa más el porvenir de Carletto en las próximas semanas y meses que en los próximos años. Carletto puede ser un buen gestor de estrellas, y no me rechina imaginarlo a cargo de Mbappé o Haaland. Me rechina imaginarlo a cargo de los que ahora mismo tiene a cargo. Voy a decir una boutade: casi abrazaría la idea extravagante de poner ahora a Raúl gestionando la crisis (¿?) para recuperar a Carletto a partir del año próximo. Como eso es imposible, no queda más remedio que cesar a Carlo y dejar a Raúl indefinidamente.

El entrenador que ha perdido el favor de su plantilla está perdido, porque ese camino no tiene retorno. Ni que decir tiene que el que no solo no tiene el favor, sino ni siquiera el entendimiento de los hombres que tiene al mando está más condenado todavía. Probablemente ese vestuario tenga a Ancelotti en la más alta estima personal, pero de nada sirve esto si sus consignas les resultan incomprensibles y se diría que hasta chocantes.

Prueben a Raúl ya. Si verdaderamente, como se dice y parece, la única alternativa al transalpino es el madrileño, la ocasión es absolutamente inmejorable para hacer ahora el tránsito

De manera que Ancelotti está acabado pero no para la temporada que se avecina, sino para esta misma. Prueben a Raúl ya. Si verdaderamente, como se dice y parece, la única alternativa al transalpino es el madrileño, la ocasión es absolutamente inmejorable para hacer ahora el tránsito. Raúl podría ejecutar la terapia de choque tras el trauma del 0-4 con la tranquilidad de la privilegiada posición en la tabla del equipo, clasificado además para Cuartos de Champions. De lo que se haga en Europa no se le exigirán cuentas a Raúl, porque es una temporada de transición y se descuenta que no se ganará la Champions. En cuanto a la Liga, ¿qué puede salir mal? Si Raúl dilapida la renta de 9 puntos y nos quedamos sin el campeonato de la regularidad, ya sabes que Raúl tampoco te sirve para el futuro: has resuelto dos incógnitas (Raúl y el propio Ancelotti) por el precio de una. Si por el contrario la gana, le has brindado un espaldarazo de salida extraordinario a tu entrenador elegido.

El parón de selecciones es negrura, y cesar ahora mismo a Carletto es hacerlo con nocturnidad. Sin embargo, el futuro del Real Madrid es más importante que el bienestar personal de un hombre, incluso de un veterano de espléndida trayectoria y gran amor al Madrid como el italiano.

 

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