Las mejores firmas madridistas del planeta

Courtois (4)

No pudo hacer nada en los goles, pero se llevó cuatro. Nos tiene mal acostumbrados. Primer penco que le pone este humilde “profe”. Quizás inmerecido.

Carvajal (5)

El mejor de la peor línea hoy del Madrid. Salvó dos goles cantados ante Mahrez y Foden.

Alaba (4)

Malherido. Explica su bajo rendimiento de hoy.

Militao (3)

Extraviado desde hace varios partidos. Debe volver a encontrarse.

Mendy (5)

Sorprendentemente blandengue. Su buen centro a Karim, no obstante, vale por un aprobado.

Kroos (4)

Transparente durante muchos tramos del encuentro. Su falta no pitada desconcentró a una zaga ya desconcentrada para el momentáneo 4-2 del City.

Valverde (6)

Oxígeno y brega.

Modric (7)

El faro cuando arreciaba la tormenta.

Benzema (8)

El líder.

Vinicius Jr (7)

Intermitente, pero dejó una memorable galopada para devolver de nuevo al Madrid en el partido.

Rodrygo (5)

Oportunidad perdida.

Nacho (5)

Correcto.

Camavinga (4)

Desconcentrado.

Ceballos (6)

Aporto temple cuando más falta hacia. Poco tiempo.

Asensio (-)

Sin tiempo.

Ancelotti (5)

Tácticamente se mueve menos que una mesa camilla. Kroos no ofició de Casemiro en condiciones y no dio con la tecla para sortear la presión sky blue.

 

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No hay evidencias de que el vuelo procedente de Barajas con destino Mánchester llegara con retraso al aeropuerto de Ringway, pero lo que resultó evidente en esta noche de Champions es que el Real Madrid sí llego tarde al encuentro disputado en el Etihad Stadium.

No sabemos qué comentario campechano y socarrón desembuchó Carletto a Pep que provocó las risas del Santo de Santpedor, pero apenas fue la única chanza que se permitieron aceptar los ingleses en unos primeros instantes de sofocón en la Pérfida Albión.

A los veinte segundos, con Mendy sólo y obtuso en un saque de banda, comprobamos hasta qué punto es eficiente la maquinaria de presión diseñada por Guardiola´s Sky Blue Army, como rezaba amenazadora una pancarta en la grada.

A los diez minutos era evidente el cortocircuito blanco. A los once, los hombres de Pep hacían el segundo tanto del encuentro después de una penetración por la izquierda que no pudo sujetar un sorprendentemente blandengue Militao

Y si 20 fueron los segundos que tardamos en comprobar como la antimateria se cernía sobre Mendy en la banda, incapaz de encontrar un compañero libre de marca al que pasar el balón —con la mano, conviene recordarlo— a los 120 encajamos el primer gol de la eliminatoria, prolongando el regusto a torrija de la recién concluida Semana Santa.

Los citizens recuperaron la posesión, el balón llegó a Mahrez y su envenenado centro interior encontró la testa de De Bruyne entre los centrales. Visto lo visto en esta Copa de Europa, encajar un gol en contra bien pudiera parecer una trampa (it´s a trap!) para los rivales, pero no sucedió así. Al menos por el momento.

A los diez minutos era evidente el cortocircuito blanco. A los once, los hombres de Pep hacían el segundo tanto del encuentro después de una penetración por la izquierda que no pudo sujetar un sorprendentemente blandengue Militao. El balón servido desde dicho lateral no pudo ser atajado primero por Kroos, transparente, y después por Alaba, bisoño. La bola llegó a Gabriel Jesús, el ariete brasileño con nombre de culebrón que nos ha dado ya más de un disgusto, para hacer el segundo y enviar al Madrid a la lona. Como sucediera en la temporada pandémica, no sabemos qué tiene Mánchester, para que jugadores impecables como Varane entonces, o esta noche Militao y/o Alaba, ambos fuera de foco, dejen errores impropios de su categoría. El Etihad, nuestro Shit Stadium.

City Real Madrid

El Real era entonces un boxeador sonado que apenas se agarraba a las cuerdas del cuadrilátero fiado a la temeridad del portero rival, Ederson, bien agobiado por Vini y Karim durante los 90 minutos.

Tamaño era no obstante el soponcio merengue que al primer cuarto de hora toda la defensa permitió que Foden descolgara del cielo un balón con un toque delicatessen y enviara un pase de la muerte que no encontró su destino. Poco después, una cesión de Militao, calamitoso durante todo el encuentro, acabó por provocar taquicardias a su portero.

Serán Sky Blue como dicen los panenkitas, pero los nubarrones de Manchester —esos sí mucho más característicos— se cernían negros sobre una nave blanca a la deriva. Y en mitad de la tormenta, mecidos por la tempestad, con los marineros merengues achicando agua en la cubierta, sólo quedaba una luz de esperanza. El faro balcánico de Luka.

Sin embargo, el Madrid es como el villano de las películas que se agarra con el último dedo al borde de un acantilado, es el malo que recibe siete disparos en puntos no vitales

Bajo la batuta de Modric, el Madrid encontró un respiro. Incluso pudo asustar al City merced a las imprudencias de Ederson bajo los arcos, al parecer, ignorante de las malévolas intenciones de Karim cuando deambula sin balón en el área. Sin embargo, a cada media ocasión madridista los ingleses respondían con oportunidades, casi, para sentenciar las semifinales.

Así, Mahrez se plantó sólo ante Courtois desde la banda derecha. Carvajal, con buen criterio, cerró al zurdo argelino el pase de la muerte que Gabriel Jesús y De Bruyne esperaban con alevosía y no tuvo más remedio que disparar con la derecha. Fuera.

Sin embargo, el Madrid es como el villano de las películas que se agarra con el último dedo al borde de un acantilado, es el malo que recibe siete disparos en puntos no vitales o el malvado que escapa de un edificio en llamas apenas manchado de hollín.

Avisó Alaba al filo de la media hora, tras un córner diseñado en la pizarra de Carlo, que el austriaco envió fuera por apenas un palmo. Fue el preludio de la descarga vital del Madrid.

A los 32´ un corajudo Modric ganó por primera vez una disputa en la medular, buena señal. El balón llegó a los dominios de un alambicado y confuso Mendy que, sin embargo, en esta ocasión sirvió un buen centro que Benzema, quién si no, convirtió en magnífica asistencia. Karim frotó su lámpara mágica y en un toque digno de billar, por debajo de las piernas de Zinchenko, resucitaba al Madrid en la eliminatoria.

Benzema primer gol City

El viejo púgil, sangrante y sin dientes, llegaba muy vivo a pesar de todo a los asaltos decisivos del partido. No regresó Alaba de los vestuarios, al parecer aún malherido, lo que explicaría su discreto rendimiento. Lo hizo en su lugar Nacho. Antes, por el lado de Pep, había caído Stones. Le sustituyó el veterano Fernandinho, gran protagonista de los primeros instantes de la reanudación.

El Madrid cometió el mismo error que al inicio. Tardó en desperezarse. Lo adivinó un hiperactivo Gabriel Jesús que volvió a robar la cartera a Militao para plantarse completely alone ante Courtois y enviar el balón al poste. Un milagroso Carvajal evitaría a la remanguillé el tercero de los ingleses tras recoger el rechace Foden y disparar a puerta (casi) vacía.

En la segunda parte, el Madrid cometió el mismo error que al inicio. Tardó en desperezarse

Como en el primer tiempo, apenas habían transcurrido minutos. Una desatención de Vini y la poca contundencia de un increíblemente hoy poco contundente Mendy permitieron a Fernandinho, fuera de su posición en el lateral que ocupaba Stones, lucir su buen pie. El delicado centro del curtido brasileño encontró la cabeza de Foden que, esta vez sí, inapelable hacía el 3-1 para los de Guardiola.

Es sin embargo este Madrid un Madrid puñetero. Dos minutos después del tanto inglés, Vini, emparejado con Fernandinho, recibió un pase profundo en la banda para realizar una de las suyas. Amagó con recibir el pase, pero lo dejó pasar. Lo hace muchas veces y casi todos pican. El balón pasó entre las piernas de un abrumado Dinho que sólo pudo asistir a la fulgurante carrera del brazuca blanco.

Apenas 10 segundos y 50 metros después, Vini sólo ante Ederson hacia el segundo de los merengues en El Etihad. 3-2, minuto 54 y los ingleses preguntándose cuántas veces tienen que matar a este Real Madrid.

3-2 Vinicius

Ambos contendientes equilibraron las fuerzas, ambos adversarios se habían ganado un respeto mutuo genuino, más auténtico que las siempre envenenadas loas de Guardiola, endemoniado en la banda, sabedor de la oportunidad perdida.

Más allá de la épica, no obstante, la caraja no parecía abandonar del todo a los blancos. A falta de veinte minutos, entró Camavinga por un ausente Rodrygo para ensamblar mejor la medular merengue. Sin embargo, contagiado por la atonía de sus compañero, se quedó impertérrito esperando que el árbitro señalara una flagrante falta de Toni Kroos, desdibujado todo el encuentro, en el balcón del área.

Sólo Bernardo Silva siguió jugando para clavarla por la escuadra del palo corto de Courtois con un disparo magnífico que sorprendió al belga.

4-2 a falta de un cuarto de hora y una defensa madridista digna de un futbolín de Carabanchel Alto. Como Manolito Gafotas. Pudo ser peor si poco después el latigazo de Mahrez tras eléctrico gambeteo no se pierde muy cerca del palo.

Respondió Modric con un disparo tras genial amago desde el balcón del área que también salió rozando el poste. Fue su canto del cisne. Incomprensible su sustitución, no por el sustituto, Ceballos, merecedor de mayores oportunidades, sino por la magia destilada del balcánico.

Benzema 4-3

Andaba ya el madridismo pensando en fragor de la busiana que viene, cuando el central internacional de la Roja, Aymeric Laporte, cometió un penalti inocente, de esos que en el mundial catarí provocarían una úlcera a Manolo el del Bombo, con una mano absurda tras falta botada por Toni Kroos. Tras su doble pifia de Pamplona, Karim avanzó hacia los once metros y con dos nísperos nos dedicó un auténtico Panenka —sin diminituvos— al más puro estilo Sergio Ramos.

4-3 y busiana pero menos.

No hubo tiempo para más. Ya había ocurrido demasiado

Habíamos asistido a un auténtico partidazo bajo el cielo de Manchester entre el veterano campeón y el joven aspirante, un combate que augura un único latido en Sagrados Corazones.

Hala Madrid.

 

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Un día me crucé con Oliver Kahn. Fue a orillas del Mediterráneo, en una de esas tardes en que las olas salpican a los paseantes como si el mar reclamase a la tierra lo que es suyo. Yo caminaba por el lado más próximo al agua, sin escapatoria posible, y él trotaba en sentido contrario. El paisaje invitaba a ignorar a los humanos, pero aquel atleta de mediana edad tenía algo que atraía la mirada. Bajo su chándal con capucha había una corpulencia rocosa y, en mitad de la cara, el inconfundible rictus del ogro. Fue una suerte cruzármelo, porque si lo hubiera encontrado a mis espaldas creo que aún estaría corriendo.

Claro, que en realidad no sé si era él o un tipo exacto, si es que alguien así puede tener un doble. Pero a mí me da igual. Yo estoy convencido de que vi a Oliver Kahn, siendo ya un señor de mediana edad, y su presencia física me acojonó igual que siempre. No quiero imaginar lo que debía sentir un delantero cuando le echaban la bola y lo mandaban a galopar contra él con la misión de joderle el día.

Quienes sólo hemos sido futbolistas en sueños nunca lo sabremos. Quizás recelamos de nuestro valor precisamente porque nunca nos vimos en un trance así, corriendo a enfrentarnos a un monstruo, sino que lo vimos en la distancia, bramando, destruyendo las ilusiones ajenas que a veces coincidían con las nuestras y, en el caso de Kahn, incluso regañando al delantero de turno que trataba de meterle un gol. Por eso, quienes no hemos nacido futbolistas ni valientes pondríamos una vela porque el monstruo militase siempre en nuestra trinchera y no en la de enfrente.

Kahn y Casillas

Existen muchas clases distintas de monstruos, y la penúltima eliminatoria europea del año nos presentó algunas. Vimos, por ejemplo, al formidable Antonio Rüdiger, que a la sonoridad de su nombre suma una apariencia que no pega nada ni con Antonio ni con Rüdiger pero que, de alguna forma misteriosa, le va como anillo al dedo. En el agónico partido de vuelta, el defensa del Chelsea marcó un gol que nos ponía con un pie y medio en la calle, estuvo solidísimo en el corte y abroncó a sus compañeros de defensa con ferocidad después de sisarle una bola a Vinicius in extremis (in extremis debería ser el apellido de Vinicius, le iría muy bien).

El derroche del jugador alemán nos hizo alegrarnos de perderlo de vista y, al mismo tiempo, dejó el convencimiento generalizado de que a alguien así conviene mejor tenerlo cerca, no sea que te lo vuelvas a cruzar.

Pero ya digo que hay muchos tipos de monstruo, y nosotros también tenemos los nuestros. De quien hoy quería hablar no es de un alemán con un apellido que parezca inventado para infundir el pánico a las asustadizas gentes del sur, sino del hombre que acapara todo el espacio y el tiempo entre los tres palos del Real Madrid.

Thibaut Courtois tiene nombre de diputado jacobino y no tiene mucha pinta de futbolista. La paradoja es que cuando su cuerpo se pone a funcionar da la sensación de ser la versión definitiva de la anatomía de alguien que se dedique a su oficio

Los porteros siempre han sido gente rara. Visten distinto a sus compañeros, juegan con otras reglas y su misión es, en principio, la cumbre de la destrucción o de la preservación, según quiera mirarse. Unos tipos que pueden pasarse una hora sin salir en la televisión para convertirse de inmediato en los protagonistas para bien o para mal. Unos ciudadanos que normalmente celebran los goles de su equipo solos, pero a los que las cámaras buscan ávidamente porque funcionan en la pantalla como una proyección del aficionado que salta y sufre como ellos, en la distancia, ajeno al lugar donde en realidad han sucedido las cosas.

Dentro de esa colección extraordinaria de tipos raros hemos conocido un poco de todo. Por no remontarnos más, habrá que decir que venimos de la encarnación casillesca del himno, todo nervio y corazón, pasando por la mística iluminada de Keylor Navas. Y de ahí hemos desembocado en nuestro Tibú, que es tan nuestro que nos da igual que nos cantara lo del canguro, porque aquí somos gente adulta.

Thibaut Courtois tiene nombre de diputado jacobino y no tiene mucha pinta de futbolista. La paradoja es que cuando su cuerpo se pone a funcionar da la sensación de ser la versión definitiva de la anatomía de alguien que se dedique a su oficio. No obstante, ni siquiera así le alcanza para ser considerado uno de los mejores por aquellos que se supone que saben de esto, sin que termine yo de entender por qué.

Courtois Chelsea

Lo que sí conozco es la insolencia con que descuelga los balones que sobrevuelan su espacio aéreo. Debe de ser desmoralizante darte codazos por rascar un córner, poner al tipo con mejor toque de tu equipo a sacarlo, que se tome su tiempo para indicar una jugada que ensayas cada semana, que tus centrales se peguen una excursión hasta el área rival... y que luego venga el gigante, atrape la bola y todo se disuelva en la nada, como si fuese lo más sencillo del mundo.

También nos sabemos su catálogo de recursos frente a los disparos de larga distancia, que incluyen inesperadas articulaciones de sus extremidades en el aire; o la manera en que acecha a un delantero que lo confronta, reduciendo al mínimo el espacio disponible a su alrededor, cuando consigue tener los brazos más largos que las piernas. Hay noches en que parece infranqueable.

Sin embargo, la del Chelsea en el Bernabéu no fue una de esas. Recordemos que a nuestro Tibú le habían tirado cinco veces y él había recibido cuatro goles como cuatro puñaladas, uno de ellos anulado, sin que hubiera conseguido interponer nada de cuanto tiene para evitarlos. Siendo sinceros, cuando el partido entró en su momento crítico aún no le habíamos visto.

Debe de ser desmoralizante darte codazos por rascar un córner, poner al tipo con mejor toque de tu equipo a sacarlo, que se tome su tiempo para indicar una jugada que ensayas cada semana, que tus centrales se peguen una excursión hasta el área rival... y que luego venga el gigante, atrape la bola y todo se disuelva en la nada, como si fuese lo más sencillo del mundo

Y justo entonces vino el momento que todos vamos a recordar.

Con la eliminatoria pendiendo de un hilo, le llega a Courtois un balón cedido y su toque, en la línea de toda su actuación hasta el momento, no es el mejor de su vida. Se le va largo y se le viene encima Havertz, que no es un cualquiera y que además está fabricado con el mismo molde que él. Gasta unos zapatones como los suyos y también da el mismo tipo de zancadas amplísimas.

Entonces se produce el instante cumbre en que ambos dirimen quién de los dos largos la tiene más larga, —la zancada, claro—, y el portero enmienda su error anterior con un gesto torero que nos pone a todos el corazón en un puño. Sufrientes, porque no estamos para estas cosas a esas alturas del juego, pero sobre todo porque hemos olvidado que el puño, el pie y la pierna son los suyos, los de nuestro gigante.

Courtois Havertz

Realmente hay que estar hecho de otra pasta para resolver así una situación comprometida cuando nada te está saliendo especialmente bien. Y como esto sí le sale bien (inmejorable, de hecho), todavía le sobra para hacer una parada salvadora muy al final. Para entonces nuestra defensa incluye varias anomalías y pocos centímetros, lo que predispone a la ruina y, sin embargo, el equipo aguanta esa alineación descabellada sin recibir un gol. Entre otras cosas, porque el gigante tiene una envergadura contagiosa y todos crecen con él. Son, eso sí, unos minutos que parecen durar los años de vida que nos está quitando la Champions de 2022.

Llegamos así al antepenúltimo acto. Guardiola ya ha dado la misma rueda de prensa de siempre, la del chacal con piel de cordero. Nuestros jugadores ya han bajado la escalerilla del avión como si Marsellus Wallace les hubiera encargado ir a Mánchester a leerle versículos del Libro de Ezequiel a algún pelagatos. Y todos hemos pasado la noche anhelantes y temerosos, conscientes de que la historia enloquecida de este año sólo tendrá un final feliz si nuestro Tibú se siente iluminado.

Si consigue ser, como tantas otras veces, nuestro monstruo favorito, al que otros deben temer. Y es nuestro Tibú, claro que sí, pero nosotros también somos suyos, porque hemos puesto el corazón en sus manos enguantadas. Para que el gigante lo cuide o para que lo destroce, con sólo cerrar un puño.

Hoy me alegraré mucho de no tenerlo enfrente.

 

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Buenos días, galernautas. Hoy al despertar y respirar profundamente sentimos ese cosquilleo estomacal que nos retrotrae a las mañanas de excursión en el colegio, o al amanecer del comienzo de las vacaciones, o a los instantes previos a esa cita que tanto anhelábamos con la chica o el chico que nos gusta. En el caso de hoy no es una chica o un chico, ni siquiera chique, sino un chicle, concretamente el de Ancelotti, que ha estirado (Carlo, no el chicle) la singladura del Real Madrid en la Copa de Europa más allá de lo que propios —sobre todo— y extraños auguraban al comienzo de la campaña. Al comienzo, al medio y al final, para ser más exactos. De modo que nos hallamos frente a frente, como cantaba Jeanette, con el City de Guardiola, Abu Dhabi mediante, para jugarnos el pase a la final de Champions. Ahí es nada. Nos gusta el olor a Champions por la mañana

El propio Carlo confirma que nadie creía que el Madrid iba llegar a las semifinales de la Copa de Europa. También lo hace extensivo, con buen criterio, al Villarreal, que ha llegado al penúltimo escalón del torneo tras eliminar a Juventus y Bayern, por lo que no es justo hablar de sorpresa y sí atribuirle el mérito que merece.

Portada Marca

Las palabras de Ancelotti aparecen en la portada de Marca, junto a otras de Pep en las que afirma que al talento del Madrid hay que combatirlo con más talento, y si a uno le preguntan qué imagen le viene a la cabeza cuando escucha la palabra talento es probable que sea el exterior de Luka Modric, a quien Marca se encomienda cual santo, Lukita de Saint Denis (lugar donde se disputa la final de Champions), como escribió hace unas semanas Luis Montero Manglano en La Galerna. Tu pierna me sabe a Champions, Lukita. Porque te quiero a ti, porque te quiero.

El partido de hoy no será fácil, es una obviedad, el City es un equipazo esculpido a imagen y semejanza de Pep con mil millones de libras gracias al flujo ilimitado de dinero que supone disponer de la llave del grifo de los hidrocarburos de medio mundo civilizado. Pese a ello, aún no ha sido capaz de conquistar una Champions.

El duelo de hoy enfrenta dos maneras de vivir el fútbol y la vida. A un lado tenemos al Manchester, ese experto teórico recién graduado en la universidad más cara del planeta, paradigma de la modernidad, con todos los recursos a su disposición y que se siente en posesión de la Verdad. Al otro lado está el Madrid, el maduro con más tiros que la tablilla de un coto que ha de conseguir sus propios recursos y no tienen ningún interés en aparentar ser el más moderno, ni el inventor de nada porque su mejor carta de presentación es la realidad.

Decíamos antes que el City es un gran equipo, para la mayoría de los que saben superior al conjunto blanco, pero el Madrid tiene algo que no poseen los de Manchester: a un señor muy alto en su propia área llamado Courtois, a un señor muy bueno en el área rival que se llama Benzema y en el medio a Luka Modric. Y en una competición como la Champions tener al mejor portero, al mejor delantero y al mejor futbolista es importante. Incluso muchas veces lo es más que las flechas y las pizarras, véanse si no las eliminatorias frente a PSG o Chelsea.

Por parte del Madrid, parece que Casemiro tiene difícil jugar. Sin embargo, Alaba y Mendy tienen más probabilidades de ser de la partida. El rival, el Manchester City, tiene un serio problema con sus laterales. En Champions cualquier detalle es de capital importancia, y las ausencias pueden decidir la eliminatoria, pero no es una excusa a la cual asirse, porque es común y es uno de los obstáculos que requiere superar esta competición para ganarla. Ya hubo ausencias importantes frente a PSG y Chelsea. ¿Recordáis cuando la baja por sanción de Xabi Alonso en la final de la Décima se presentaba como un drama?

Portada As

El Diario As dedica un recuadro de su primera plana para resaltar que hoy a las 20:15 el Madrid de Laso se juega frente al Maccabi el pase a la Final Four. Después de la nefasta racha en baloncesto, el equipo ha resurgido cuando era necesario. Muy propio del Real Madrid.

As ilustra su portada con una imagen de Courtois en un gesto más propio del Kung Fu que del fútbol y titula: “A 180 minutos de París”, como la duración de una cinta VHS de esas en las cuales grabábamos partidos en los años ochenta, por ejemplo aquella final frente al Videoton que supuso la primera UEFA para el Madrid.

Quien no ha podido ganar la UEFA —o la Uropalí, como se llama ahora esta versión devaluada de aquella— es el Barça, en cuyo seno es imprescindible una revolución, al menos eso asegura Sportify en su portada. Nosotros añadimos que también es necesario que llamen al tapicero, los asientos del Camp Nou requieren una reparación urgente. Si no tienen el teléfono, que no se preocupen, cuando estén durmiendo a la hora de la siesta o en la mañana de un sábado, les despertará un megáfono sobre una furgoneta gritando: "El tapicero, señora, el tapicero". Solo han de bajar y pedirle que retapice los asientos del estadio.

Portada Sport

Lo más gracioso de la portada de Sport es la afirmación de que “se activarán todas las palancas económicas necesarias para poder confeccionar un equipo que vuelva a competir por títulos”. Eufemismo de: vamos a provecharnos de que el fútbol español está manejado por personas cuyos intereses convergen en el Barça para nuevamente driblar la norma y poder hacer lo que nos venga mejor. Si no lo leísteis ayer, recomendamos este articulo de nuestro editor Jesús Bengoechea en el cual explica con claridad el tinglado existente.

La revolución exigida por Sport parece no afectar a Xavi Hernández, que como bien indica As no mejora ni siquiera los números de Koeman. Pero como allí lo importante no son los números ni ganar ni ninguna ordinariez parecida, no descartéis que Xavi se mantenga en el cargo por más pinchazos que sufra la Xavineta.

Dijo Ancelotti ayer en Universo Valdano que los momentos antes del partido es cuando peor lo pasa, las pulsaciones le suben a 120, aumenta la sudoración, los nervios… A nosotros nos sucede igual, pero amamos esa sensación de estar al borde del precipicio de la Copa de Europa, jugándonos todo en apenas un par de saltos sin red.

Nos gusta, nos encanta el olor a Champions por la mañana. Porque te quiero a ti, Madrid, porque te quiero.

Pasad un buen día.

Portada Mundo Deportivo

El lunes 18 de abril me llegó la información de que el Real Madrid reactivaba la operación Rüdiger. En los meses anteriores se había analizado la conveniencia de este fichaje, pero no había una decisión tomada sobre la contratación de un central, y las pretensiones económicas del alemán alejaron la idea dentro de la cúpula madridista.

Lo cierto es que, sobre el papel, era (es) un movimiento de manual. Refuerzas el eje de la defensa con un hombre de plenas garantías, inexpugnable en el juego aéreo, veloz y con gran técnica para sacar el balón jugado, a lo que se añade una cuota goleadora que ya sufrimos en la eliminatoria ante el Chelsea. Además, acaba contrato, y cuenta con el plus de permitir múltiples combinaciones atrás. La tendencia natural sería situarlo en el centro junto a Militao, desplazando a Alaba a la posición de lateral izquierdo, donde tan brillantemente rindió en el Bayern. Sin embargo, no es la única variante. Si quieres preservar la titularidad de Mendy, Rüdiger y Alaba pueden formar dúo central mientras Militao pasa a ocupar el lateral derecho, demarcación en la que ya brilló en el Oporto.

Rüdiger parece haber elegido ya, y probablemente haya fumata blanca a final de temporada

Los problemas del Chelsea y la constancia de que nadie ha atendido sus pretensiones económicas han provocado que el jugador haya rebajado sus expectativas. Todo se ha alineado porque lo que no estaba claro en enero sí lo estuvo a principios de abril, momento en el que el Madrid decidió que el fichaje de Antonio Rüdiger volvía a ser un objetivo.

La eliminatoria ante el Chelsea dejó el mejor resultado posible: la clasificación para semifinales, la evidencia de los problemas defensivos ante la baja de Militao y el enorme nivel de Antonio. Si el proceso ya se había iniciado a principios de mes, ese partido dejó un importante impacto en el palco del Bernabéu. Hoy Fabrizio Romano ha informado de que ya hay acuerdo verbal con el jugador para firmar un contrato de cuatro años. Ayer Tuchel ya había confirmado que Rüdiger se va del Chelsea en un proceso calcado al de Alaba, aunque el fichaje del austriaco se cerró bastante antes.

Hoy he podido saber las cifras que se manejan en el contrato que unirá a Rüdiger con el Real Madrid con casi toda probabilidad. Una prima de fichaje que estará en torno a los 15, 20 millones de euros. Un salario que rondará los 9, 10 millones de euros netos y un contrato hasta 2026, aunque quizás se contemple un año opcional. Sobre estas bases negocian el Madrid y Rüdiger, con muy buena predisposición allegar a un acuerdo.

A priori hablamos de una operación que se mueve en unos términos económicos razonables. Sin duda el hecho de llegar libre ha facilitado la operación en todos los términos. Manchester United, PSG y Juventus también estaban atentos, pero Rüdiger parece haber elegido ya, y probablemente haya fumata blanca a final de temporada.

 

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Lo más sorprendente del revuelo causado por los audios de Geri & Rubi es que todo lo que (supuestamente) revelan en realidad ya se sabía. No con ese nivel de detalle y no con el marchamo de realismo de las dos voces, tan reconocibles, pero se sabía, tal y como explica en este magistral artículo galernauta Tomás Rubio.

El conflicto de intereses era nítido pero nadie puso el acento sobre él, por la sencilla razón de que todo lo que tenga que ver con el Barça o con su entorno jamás se mira con suspicacia por parte de los medios. Cualquiera con dos dedos de frente y un punto de escepticismo podía comprender la aberración que supone el que el jefe de los árbitros se lucre en la organización de una competición junto a un jugador de uno de los equipos implicados no solo en la nueva competición (Supercopa en su nuevo formato), sino en la más importante (Liga) que a su vez define los participantes en la Supercopa. En La Galerna hicimos comentarios al respecto, diseminados en diferentes artículos, algo que prácticamente ningún medio hizo, pero como editor entono el mea culpa por no haber hecho todavía más hincapié en el escándalo. No hacían falta audios. Estaba todo ahí, ante nuestros ojos. No hacía falta que ningún hacker cometiera la manifiesta ilegalidad de intervenir en el teléfono de Rubiales, conculcando unos derechos ciudadanos que su condición de fullero (la de Rubiales) no elimina, para darnos cuenta de lo que se cocía.

Rubiales cara de Messi

El magistral artículo de Tomás Rubio lo deja precisamente allí donde a mí me gustaría retomarlo. La nota del autor con que concluye su texto Tomás es altamente sugestiva:

Javier Tebas, otrora enemigo acérrimo de Rubi, mantiene un prudencial silencio sobre este asunto. Que LaLiga también comparta negocios con Geri es lo que tiene. O no. O lo mismo es cierto que no ha tenido tiempo de oír los audios.

Preclaro, Tomás.

Tebas

El silencio de Tebas, como deja caer Tomás, no deja de ser significativo. Siendo como es el enemigo público número uno de Rubi, se está ensañando bien poco, o más bien nada, en lo revelado. Hay quien da por hecho que Tebas está detrás de la puesta en circulación de los audios por parte de El Confidencial, y yo no me atrevo a negar que eso sea cierto, pero incluso si fuera el caso le está dando muy poco bombo. ¿Por qué? Porque, si lo hiciera, el proverbial "pues anda que tú" estaría servido.

Tebas también ha hecho y hace negocios con Kosmos/Piqué. Ambos, apoyados por la propia organización de Portaventura, abrieron el restaurante LaLiga TwentyNine's en PortAventura World (Tarragona). Desde su apertura en 2021, se trata del primer restaurante del mundo temático sobre LaLiga. Como en su momento informaba Guillermo Domínguez en Libertad Digital, en el acto de inaguración del restaurante ya se habló de un proyecto mucho más ambicioso, a saber, la creación de un parque temático exclusivo sobre LaLiga, proyecto que sería lanzado a tres bandas por PortAventura, Kosmos y la propia Liga. "Este sports bar es el principio de una alianza con dos compañías que son lo mejor. Si en LaLiga tenemos los mejores jugadores y equipos, nos tenemos que aliar con compañeros que nos den lo mejor. Este proyecto terminará si todo va bien, y seguro, con un parque temático de LaLiga como no habrá ninguno igual en el mundo", anunció Tebas en la presentación del bar. Para el proyecto de ese parque temático sobre LaLiga se estima una inversión de nada menos que 100 millones de euros. Como informaba hace poco Alberto Lardiés en VozPopuli, todo está en el marco de una colaboración muy amplia, con "PorAventura y La Liga (siendo) socios para explotar el fútbol con nuevas fórmulas como restaurantes y videojuegos. Negocio en el que también está Kosmos, la empresa del barcelonista Gerard Piqué".

Montar juntos un parque temático, aunque tenga que ver con el fútbol, no es lo mismo que organizar una competición en la que seas juez y parte, pero la existencia de estos negocios conjuntos de Tebas y Piqué —de gran importe además como indicamos— no deberían ser soslayadas si nos ponemos a buscar conflictos de intereses. ¿No genera inevitables suspicacias el que el capitán de uno de los participantes en la Liga se lucre codo con codo —en un negocio de 100 millones de euros— con el jefe de la organización, que es además quien está a cargo de cosas como marcar el límite salarial de los clubes y marcar los horarios de los partidos? ¿Hace falta que alguien delinca hackeando un móvil para que concluyamos que esto no tiene nada de ejemplar, aunque el escándalo sea tal vez de menor rango que el del Rubigate? ¿Hace falta que escuchemos las conversaciones, fácilmente imaginables, entre Geri y Tebas para que nos llevemos las manos a la cabeza? No hacen falta escuchas, no hacen falta audios. Hay un TebiGeriGate como hay un RubiGeriGate, y lo sabemos sin necesidad de hackear absolutamente nada.

¿No genera inevitables suspicacias el que el capitán de uno de los participantes en la Liga se lucre codo con codo -en un negocio de 100 millones de euros- con el jefe de la organización, que es además quien está a cargo de cosas como marcar el límite salarial de los clubes y los horarios de los partidos?

¿Falta alguien en la ecuación? Por supuesto. Si hablamos de conflictos de intereses, no podemos dejar de lado el nombre de alguien muy importante en el sistema de ecuaciones a través del cual se rige el fútbol español.

Señor Roures, caliente usted que sale.

Roures es, por supuesto, socio de la LaLiga en la explotación de los derechos televisivos de la competición a través de Mediapro, empresa de la que Roures es dueño. Mediapro controla la señal de los partidos, las imágenes del VAR que llegan a la opinión pública, los horarios de los partidos en connivencia con Tebas y gran parte de los resúmenes y tertulias futboleras televisivas. En definitiva, gestiona el relato de la cuestión futbolística que consume la gran mayoría de los aficionados en España, entre ellos los árbitros, que reportan a Rubiales mientras observan aterrorizados como cualquier decisión más o menos trascendente a favor del Madrid (aunque sea un acierto) les supone una tortura de días y días de debates televisivos en su contra. Rubi les manda, Rouri les condiciona a través de la opinión pública. Pues bien: como es sabido, y como ha sido suficientemente denunciado aquí en La Galerna, Rouri es a su vez el avalista de Laporta en la presidencia del Barcelona.

¿Hace falta que haya audios? ¿Hace falta que escuchemos las conversaciones de Rouri con su avalado Laporta para entender lo que se cuece? No. No esperemos a escuchar nada de eso, y menos en medios masivamente controlados por Jaume. Ni falta que nos hace, porque ya conocemos sobradamente el escándalo. El hombre que crea el relato arbitral en España es quien ha hecho posible la elección de Laporta como presidente del Barça. ¿Hace falta que volvamos a explicar el concepto de conflicto de intereses? Hay un RouriJaniGate como hay un TebiGeriGate y como hay un RubiGeriGate.

Conviene mirada de pájaro sobre el bosque más que estudio detenido árbol a árbol. El siguiente cuadro, que ya ha salido antes en La Galerna, ofrece de manera sintética y diáfana el conglomerado de intereses dudosos que conforman el fútbol español, todos ellos en ¿solo potencial? beneficio del Barça y en claro perjuicio a los intereses del Real Madrid, equipo que a pesar de todo, en gesta merecedora de varias estatuas, se va a hacer con 2 de las últimas 3 Ligas. Debieron ser 3, pero la heroicidad tiene un límite.

Gracias al tuitero @animalfarmbaby, que ha elaborado ente gráfico con arreglo a un hilo preclaro de otro tuitero, @Ice_landic. Qué sería de nosotros sin tuiter. Si tuviéramos que esperar a que la prensa tradicional hablara de esto, nos saldría pelo en las pupilas.

 

Rugigate quién es quién

Rubigate conexiones

Y contra todo esto, amigos, lucha el Real Madrid. Los medios llevan días y días centrados en la zona suroeste del mapa, pero dejan de lado pasmosamente el noroeste y el norte. Lo hacen, claro, porque son el propio noroeste (vía publicidad) y el norte (vía propiedad) quienes mantienen a los medios apesebrados. Lo hacen también porque hay guerra entre noroeste-norte y suroeste, y son los primeros quienes manejan el cotarro.

Afortunadamente, hay quien no pierde de vista el panorama completo.

 

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1- Sistema de juego y posible once

El Manchester City continúa demostrando esta temporada que es uno de los conjuntos más potentes del continente. Van líderes en la Premier y desean conquistar una ‘Orejona’ que el año pasado se les resistió en la final ante el Chelsea. Guardiola permanece fijo con su clásico 1-4-3-3 y tiene las dudas de Kyle Walker o John Stones por diferentes problemas físicos. Además, está sancionado el lateral luso Cancelo. En la portería se espera a Ederson, un guardameta bastante regular en su rendimiento. La defensa sería una incógnita en la parte derecha de no llegar los jugadores tocados, lo que no cierra la opción de ver a un juvenil como Egan-Riley, mientras que los centrales parecen fijos con Ruben Días y Laporte y en el lateral izquierdo se disputan el puesto Aké y Zinchenko con más chances para el primero. Como pivote, Rodri es insustituible y a su lado le escoltarían Kevin de Bruyne y Gundogan. Arriba, el catalán cuenta con muchas variantes, pero con el descanso que dio el fin de semana en Premier se puede esperar un tridente con Foden, Bernardo Silva y Mahrez. No obstante, cabe perfectamente la posibilidad de que sean de la partida Sterling o un Gabriel Jesús, quien hizo un póker de goles al Watford.

2- Presión

Una característica fundamental del librillo de Guardiola. El equipo presiona arriba en todas sus líneas, empezando por los delanteros que son los primeros defensas para el técnico catalán. Se muestran intensos y agresivos, y cuando originan pérdidas cerca de la frontal rival son peligrosos por la facilidad de la que disponen para generar oportunidades y lograr goles casi de la nada. Los citizens se hacen un equipo muy corto, juntando líneas, presionando con coordinación y con la orden de ahogar al poseedor del balón. El Real Madrid se puede esperar algo parecido a lo que sufrió en París. Esa es la primera línea a saltar, la segunda la lidera Rodri, que roba más por posicionamiento e inteligencia táctica que por poderío físico. El pie de Alaba y la conexión Modric-Benzema deben ser los resquicios merengues para superar esta presión y coger al City corriendo para atrás que es cuando más sufre y sus problemas se multiplican.

Guardiola sorprendido

3- Salida de balón

Una salida limpia, depurada, ordenada y eficiente es lo que pide siempre Guardiola con balón a sus hombres. Y se le nota a disgusto cuando no logran realizarla y deben quitarse el cuero de encima con un pelotazo. Así se mostró la segunda parte en el Metropolitano. Una de las dudas del choque será si el Real Madrid se atreve a presionar algo o prefiere esperar en bloque medio. Pocos equipos se atreven con el City con una presión, pero conseguirla con éxito abre puertas al triunfo con el Liverpool de Klopp como máximo exponente. También lo hizo genial el Atleti en la vuelta de cuartos pese a no llevarse el triunfo. Guardiola prioriza no rifar el balón, jugar por bajo con constantes apoyos, combinaciones en corto o paredes hasta dar con el espacio para avanzar y hacer girar al rival. Tanto Ruben Días como Laporte tienen un magnífico pie y buena precisión para conectar con Rodri, que es líder de las operaciones en el medio. El español trata de llevar lo mejor posible el cuero para los creadores de juego como son de Bruyne y Bernardo Silva. Amplitud, profundidad, circulación de balón y a mover el esférico de lado a lado hasta encontrar la grieta por la que entrar. Muchas veces lo consiguen porque sus jugadores son de alta precisión y técnica.

4- Estilo de juego

Un equipo con un alto porcentaje de posesión, un ritmo de juego intenso, al que le gusta tener el dominio y el control del encuentro a través del balón y que rasea el cuero con circulaciones largas y combinaciones precisas buscando siempre el hombre libre. A partir de tres cuartos del campo es cuando deciden meter una marcha más para penetrar en el área con paredes, balones filtrados o mediante el desborde de sus jugadores talentosos por banda. También Guardiola da mucha importancia al despliegue de los laterales y acumular una gran presencia ofensiva en el área. Si van por delante en el marcador guardan el cuero, lo mueven y juegan con los rivales hasta encontrar los puntos por los que seguir haciendo daño y ampliando diferencias. Si tienen el día fino, es un equipo que esconde el esférico y se sufre mucho para recuperarlo.

Modric City

5- Apartado ofensivo

Una batería de jugadores de calidad exquisita, desborde, talento, visión de juego y efectividad. Los citizens cuentan con siete piezas ofensivas de una calidad sublime y que casi todos pueden decidir un partido en una individualidad. Véase: de Bruyne, Bernardo Silva, Mahrez, Foden, Grealish, Gabriel Jesús y Sterling. En la Premier son el segundo máximo realizador del campeonato (80 goles) solo por detrás del Liverpool, y este año en Champions ya han realizado varias goleadas como los seis goles anotados ante el RB Leipzig, los cinco frente al Sporting Clube o los nueve en dos encuentros contra el Brujas. Los laterales suman su importancia debido a sus subidas por el carril, aunque la baja de Cancelo les deja cojos en el aspecto de ataque por toda la llegada que aporta el luso. Además, los medios se incorporan hasta casi la frontal del área y ahí se debe tener cuidado con los disparos peligrosos de Rodri y de Bruyne. En el juego aéreo todo se basa en el poderío de Laporte y Días, que son magníficos cabeceadores. La posible baja de Casemiro puede ser muy dañina para el Real Madrid porque en choques así el quite y los robos del brasileño se antojan siempre vitales. Atrás, la línea con Militao y Alaba debe empujar al equipo arriba y tapar todas las vías de agua. En las bandas también se verá unos bonitos emparejamientos con Mendy, que ya sufrió ante Mahrez en 2020, o un Carvajal que puede volver a tener como pareja de baile a Sterling.

6- Aspecto defensivo

Tener el balón el máximo tiempo posible para evitar que el rival pueda hacer daño. Es una de las claves del fútbol de Guardiola. Lo cierto es que este año se están mostrando rocosos y sólidos atrás y es un equipo al que es complicado marcarle y hacerle ocasiones claras. El fichaje de Días es una de las claves para este apartado. El portugués se ha erigido como jefe de la defensa y ya es uno de los mejores futbolistas del mundo en su puesto. En la Premier, con 21 tantos en contra en 33 partidos, son el cuadro menos goleado y ni en octavos ni en cuartos de Champions (Sporting Clube y Atlético de Madrid) han recibido un gol. Guardiola demuestra que no son necesarios jugadores físicos para un trabajo intenso, fuerte y oscuro en la destrucción del juego rival. Basta con futbolistas mentalizados, bien dirigidos, inteligentes tácticamente, solidarios, trabajadores y agresivos en la marca. Ejemplos de ello son Mahrez, Bernardo Silva, Gundogan o Foden. En el partido de ida el Real Madrid debe aprovechar las bandas citizens volcando ahí el juego y que sea la vía para crear peligro. Con la baja de Walker que es su defensa más rápido se abrirían enormes posibilidades por la zona que frecuenta Vinicius. Además, por la derecha, Aké será un central reconvertido a lateral que puede pasarlo mal a campo abierto replegando hacia atrás, o si juega Zinchenko, que es un extremo reconvertido al que le faltan ciertos conceptos defensivos. En las jugadas de estrategia todo puede estar muy parejo si se confirma la baja de Casemiro, con Militao o Benzema como esperanzas blancas en la batalla aérea.

Militao De Bruyne

7- Hombre clave

Kevin de Bruyne. Uno de los tres mejores centrocampistas del mundo y entre los 10 futbolistas de mayor talento en el fútbol actual. Por ahí su apodo de ‘El talento de Gante’. Un jugador superior con el balón en los pies, con visión de juego, habilidad, regate, gran potencia por su zancada y un disparo demoledor. Maneja las dos piernas, crea juego, tiene movilidad y desequilibra a partes iguales. El jugador que canaliza el juego ofensivo del Manchester City. Si de Bruyne está bien, los citizens carburan. Ya fue decisivo en la ida contra el Atlético de Madrid y es un jugador al que no te puedes permitir darle ningún espacio. Con campo para correr, es prácticamente imparable por su elegante y veloz conducción. Es la eliminatoria para que Valverde luzca su poderío y despliegue ya que por posiciones en el terreno de juego se van a encontrar con frecuencia en el verde.

 

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El Rayo, a un grupo sin catalanes ya

 

No va a ser fácil, pero inspirándome en Piqué, oigan: hay que mandar al Rayo a un grupo sin catalanes. ¿Que en Primera, y hasta en Segunda, el grupo es único? Ya. Por eso digo que fácil no va a ser. Pero sí urgente. Hay que trabajarlo. El Rayo es la bicha catalana. Parémoslo.

Ojo a los datos. La última vez que perdió con un equipo catalán fue en la ida del último play off de ascenso: 1-2 en Vallecas con el Girona, junio pasado. Desde entonces, pleno. Remontó en la Inmortal (0-2), subió y los ha ‘pelao’ a todos. Al propio Girona en octavos de la Copa (1-2) y Espanyol y Barça no le han hecho un punto… ni un gol.

Cuatro partidos, cuatro a cero los tíos. Primera vuelta en Vallecas, 1-0 (Falcao) y 1-0 (autogol de Cabrera) a culés y pericos, respectivamente. Segunda vuelta, hace una semana, 0-1 en Cornellá (Guardiola) y anoche, 0-1 en el Camp Nou (Alvarito García) ¿Urge o no urge mandarles a otro grupo? Vamos, en las reuniones sobre el espionaje, lo del Pegasus ese, si yo fuera Rufián lo tendría claro: “Seguid espiando, pero quitadnos de encima al Rayo”. Una cruz.

Gol del Rayo al Barcelona

Otro gag en el Camp Nou, sí. La cosa obliga a arrancar así estas líneas, camino de la Semana Grande del Madrid. Quieres referirte a lo que te parece lo importante, una semifinal de Champions, un alirón a un punto, pero no puedes. Prima la actualidad, aparece el Barça y acapara toda la atención: lo hace para jorobar al Madrid. ¡Quietos, vamos a seguir palmando, les va a costar hablar de vosotros! Es eso. Es un esfuerzo, un cálculo diabólico y merece que le demos bola, claro.

¿Hablamos de De Bruyne, Benzema, si Casemiro, Alaba, Mendy? No me sale. El formidable despelote  se impone. Uno fue en lunes, el pasado, y ayer en un domingo emboscado. Sólo se jugó ese partido en Primera y a las nueve de la noche. Ni te acuerdas de que hay fútbol y ¡zas! emergen Cádiz y Rayo y se disparan los guasaps, las alarmas, la bendita confusión: ¡oh! Lo del Eintracht fue en jueves, además. Total, que el Barça este año ha palmado todos los días de la semana excepto el viernes. ¿Y eso? Quizá tiene que ver que no ha jugado ese día tan pinturero. Yo soy muy de los viernes.

Inspirándome en Piqué, oigan: hay que mandar al Rayo a un grupo sin catalanes. ¿Que en Primera, y hasta en Segunda, el grupo es único? Ya. Por eso digo que fácil no va a ser. Pero sí urgente

Pero bueno, hago un esfuerzo y sí, mañana empezará el baile en Manchéster, como pronuncia Mourinho, y después llegará el sábado y lo dicho:  con empatarle al Espanyol en el Bernabéu, el Madrid ganará la Liga. Otra más. Deberían jugar por teléfono: “¿RDT? Oye, soy Carvajal. ¿Todo bien? ¿Os vale el 1-1? Os ahorráis el viaje, un dinero y nosotros descansamos” Y RDT: “Bueno, mejor 3-3 y yo meto los seis goles”.

Partidos interesantes, mucho, pero preferiría que jugara el Barça y de local. ¡Es tan excitante! Habrá que esperar al domingo, Barça-Mallorca: una eternidad. Me encantaría que lo jugaran mañana, a la misma hora que el Madrid. O el miércoles, con el Liverpool-Villarreal. Yo vería el Barça-Mallorca. Sin dudarlo. Lo de la Champions será fútbol. Bueno, un club estado y tres clubes de fútbol. Pero sólo fútbol. Lo otro es una dimensión distinta. Admítanlo: lo de Eintracht, Cádiz y Rayo les ha excitado tanto o más que las remontadas ante PSG y Chelsea. ¿A que sí? Ha tenido mucho más mérito, no comparen.

Y otra cosa: la Fundación del Madrid, premio Laureus 2022. El primer club que es premiado por una obra benéfica. Felicidades.

Florentino premio Laureus

 

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Buenos días. La xavineta volvió ayer a despeñarse por la montaña. La fulminó un Rayo que la partió, como jocosamente comenta hoy una de las portadas de los cuatro jinetes del Apocalipsis, y este nuevo accidente del equipo que hace de su estilo de juego una norma tan inquebrantable que casi todos los goles los mete Luuk de Jong de cabeza pone el alirón a tiro de un simple punto para los nuestros, amigos.

Un simple punto que, caso de lograrse el próximo sábado ante el Espanyol, supondrá la Liga número 35 para el mejor club de fútbol de España, que por esas cosas de la vida es también el mejor club de fútbol del planeta, y que por esas cosas del corazón es también el club que nos gusta y nos hace felices.

A saber: el Real Madrid C. de F., equipo que está a punto de hacerse con una de las Ligas más brillantes e incontestables de su apabullante palmarés.

Gracias, F. C. Barcelona, por este último tropezón, que pone las cosas a huevo o cigoto, como decíamos en el cole en clase de ciencias los que hicimos la EGB.

Portada Sport

Sport califica de “desastre” lo acontecido ayer en el Spotify (Sportify, podríamos empezar a llamar este rotativo si tuviéramos un poco de malevolencia, de la cual por supuesto carecemos), y engalanan la palabra con signos de exclamación sobre un fondo negro, que es el que suelen otorgar al Madrid cuando palma notoriamente y ellos se regocijan entre poluciones diurnas. Pues no, hoy el fondo lúgubre es por el propio Barça, que ha visto su aparente reacción xaviesca abortada por sus propias limitaciones y las de su dogmático técnico.

Sport califica de “desastre” lo acontecido ayer en el Spotify (Sportify, podríamos empezar a llamar este rotativo si tuviéramos un poco de malevolencia, de la cual por supuesto carecemos)

Arriba, la barra de menú de firmas que suele presentar la portada de Sportify parece el muro de las lamentaciones. Mascaró se pregunta con amargura dónde está el Barça del 0-4 al Madrid. Es curioso el efecto inesperado que ha tenido esa goleada. Parecía propulsar al Barça en pos de una remontada gloriosa al Madrid, pero ha tenido el efecto contrario. Parecía una lanzadera culé, pero lo ha sido hacia el infierno, arrastrando a las huestes blaugranas en una espiral de autocomplacencia destructiva. En alguna parte del subconsciente (o no tan subconsciente) de los jugadores de Xavi —y quizá del propio Xavi— la temporada estaba ya salvada habiendo goleado al Madrid. Es lo que tiene centrar tu vida, obsesivamente, en el eterno rival: una victoria puntual sobre ellos te ciega, te esquilma de toda ambición, te deja prendado a ese árbol seductor sin contemplar el bosque de la temporada.

Para el Madrid, la humillación sufrida en el Bernabéu tuvo un efecto inopinadamente benéfico. Saltaron todas las alarmas. De hecho, de manera pública, jugadores como Courtois expresaron dudas (“No entendimos al míster”) que daban a entender vacilaciones  preocupantes. ¿Habían los jugadores dejado de creer en Ancelotti? Si así sucedió, fue de modo tan breve, y tan espectacular fue el efecto reacción, que los blancos vieron las orejas al lobo (nada que ver con Carrasco, otro dogmático de salón) y se afanaron en dar lo mejor de sí mismos para salir disparados hacia un título que ya tocan con las yemas de los dedos.

Si hay algo que querríamos saber en la redacción de La Galerna, ese algo es qué se habló en el vestuario del Real Madrid después de haber encajado el 0-4. Bueno, inmediatamente después no se habló nada porque los jugadores se fueron con sus selecciones, aunque no todos. ¿Qué hablaron al volver? ¿Qué pasó allí? ¿Cómo se las apañó Ancelotti para recuperar la moral de sus hombres y, sobre todo, su propio crédito en la plantilla, quizás parcialmente extraviado? Es la pregunta que habría que hacer a Carlo en una hipotética entrevista.

Bendito 0-4, aunque suene herético. Pocas veces en la historia del fútbol habrá sido una goleada tan útil para el equipo goleado, y tan contraproducente para el goleador.

Portada Mundo Deportivo

Mundo Deportivo es el que, como adelantábamos, se abona al chiste. “Les parte un rayo”. Nos hace gracia, la verdad, y revela una resignación jocunda ante la derrota, ya habitual, que nos inspira un mínimo atisbo de simpatía. De hecho, el diario del Conde de Godó, grande de España, opta por su propio torneo de tenis, el Godó, como argumento central de portada, un torneo ganado por Alcaraz, la nueva gran esperanza blanca (es muy madridista, como Nadal) de nuestro deporte de la raqueta. Desplaza así de su atención al maltrecho Barça, que ahora ve incluso peligrar la segunda plaza. Parafraseando al gran Juanma Rodríguez, la xavineta no hace más que echar humo.

Y no arranca.

Por supuesto, la Liga no es el único título que nos ocupa. El logro inminente de la misma dejaría la temporada en notable si lo combinamos con el logro de llegar a semifinales de Champions. Añadir a la Liga el máximo entorchado continental nos daría una temporada de matrícula de honor (no olvidemos tampoco la Supercopa).

Portada Marca

Ni los más optimistas habrían apostado por este escenario a finales de abril. Por supuesto, para coronar la campaña con un éxito tan descomunal como la XIV, primero hay que pasar por Manchester, y en el horizonte más próximo se insinúa ya la figura del goleador Gabriel Jesús, que llega a la portada de Marca para dar sus impresiones sobre el choque de mañana en el Etihad. Sugiere que deben imponer su ritmo para ganar a los nuestros, y se declara fan de Vinicius. ¿Quién no es fan de Vinicius? El brasileño, compatriota de Gabriel Jesús, ha resucitado la alegría, la chispa, el regate y la espontaneidad que estaban básicamente desaparecidos en el fútbol de elite actual. Quien no sea fan de Vinicius no puede ser fan ni de los Beatles.

Marca recoge también una noticia importantísima. La concesión a la Fundación Real Madrid del premio Laureus por su labor con los más desfavorecidos en todo el mundo. Como ya nos contó Emilio Butragueño en esta entrevista, la Fundación ha superado el millón de beneficiarios en más de ochenta países de todo el planeta. Esto vale por muchas Champions como las que nos vamos a jugar mañana.

Os dejamos con As, que celebra a Alcaraz como también lo celebramos nosotros.

Pasad un buen día.

Portada As

Si la predilección tradicional del Real Madrid por la Copa de Europa hacía predecible que la afición blanca dejase de prestar atención a una liga bien encarrilada para centrarse en el choque de semifinales contra el Manchester City, la presencia de Guardiola en el banquillo inglés convierte automáticamente dicho pronóstico en una certeza irrevocable. La aparición en el horizonte de la esbelta silueta de Pep espolea a todo el madridismo; aunque cada hincha manifieste su agitación de distinta manera, según su carácter particular, resulta seguro que el duelo no va a dejar indiferente ni al aficionado más flemático e impasible.

Han pasado diez años desde que el técnico abandonase el banquillo culé. En puridad, uno se pregunta si se halla justificada esta desagradable inquietud, la viva cada cual con mayor o menor intensidad. Hay quien busca una coartada que excuse su manía hacia Pep en el desbarro de algunas declaraciones políticas del personaje. Es posible que un sector se identifique con este razonamiento, mas me parece una explicación parcial y bastante pobre. Al fin y al cabo, esta tesis desborda los límites de la afición merengue: igualmente podría usarse para explicar la inquina que le mostraron los atléticos en el Wanda Metropolitano en la eliminatoria anterior. Mucho me temo, en cambio, que la relación Guardiola-Real Madrid posee otras connotaciones bastante más profundas, que incluso sobrepasan la rivalidad habitual entre el Barça y el equipo blanco.

Mucho me temo, en cambio, que la relación Guardiola-Real Madrid posee otras connotaciones bastante más profundas, que incluso sobrepasan la rivalidad habitual entre el Barça y el equipo blanco

Para comprenderlo del todo hay que tener en cuenta el contexto. Desde hace décadas —mi juventud me impide referirme al momento de su fundación, aunque tentado estoy—, al Barcelona no le bastaba con ganar en el campo al Madrid, sino que atribuía una importancia capital al relato de la victoria. Por decirlo unamunianamente, no solo había que vencer: había que convencer. Había que transmitir al mundo exterior la imagen que ellos mismos tenían de los enfrentamientos, poco menos que una suerte de batalla entre el Bien y el Mal en el que los papeles ya estaban repartidos. Sin embargo, hasta el trovador más entusiasta encuentra dificultades a la hora de vender la película, limitado en última instancia por la realidad: resulta imposible vestirse de elegante héroe impoluto cuando cuentas entre tus filas con un Stoichkov que pisa al árbitro, celebras goles en el estadio rival con cortes de manga o, llevado por la euforia, eres incapaz de contenerte a la hora de otorgar insignias tras bochornosos espectáculos como el de las ligas de Tenerife. De modo que existía siempre una pequeña frustración en el entorno culé: incluso a las victorias contra el Madrid, tremendamente gratificantes para consumo interno, la mayoría de las ocasiones les faltaba algo inefable. Un no sé qué, un qué sé yo. Una sutileza difícil de explicar, pero dolorosamente comprobable cuando observaban el respeto que el club merengue, al que tanto odiaban, despertaba en Europa.

Guardiola

Sin embargo, y muy posiblemente de manera inesperada al producirse en una época turbulenta, la llegada de Guardiola colmó de repente todos sus sueños y expectativas. No solo alcanzaron logros extraordinarios en el césped, casi inimaginables, sino que su dominio en el eje discursivo fue aún mayor que en el deportivo. Los triunfos del Barcelona por fin llegaron acompañados de auténticas lecciones de urbanidad, de condescendencia civilizadora, de pedagogía social. Una superioridad estética y moral embadurnaba sus logros, ya de por sí incontestables. Goles, títulos, buen juego, ruedas de prensa impecables, futbolistas de la cantera, apología de la modestia, templanza frente al derroche. Ni un asidero dejaron. Y, además, demostraban una absoluta convicción de que el mañana les pertenecía. El madridista medio se sentía como en la escena de Cabaret, rodeado de guapos alemanes que entonan una canción, emocionante y bellísima, que te sitúa cruelmente al margen de una corriente colectiva de trascendencia. Feo y apestado.

La llegada de Guardiola colmó de repente todos sus sueños y expectativas. No solo alcanzaron logros extraordinarios en el césped, casi inimaginables, sino que su dominio en el eje discursivo fue aún mayor que en el deportivo

Nunca en la historia moderna de la rivalidad entre ambos clubes se consiguió inclinar tanto la balanza del relato hacia el lado azulgrana. Y en el centro, él, Pep Guardiola, midiendo sus palabras, respetuoso, pulcro, intachable; su envidiable imagen convertía en esperpénticos los menosprecios que algunos madridistas trataban de hacerle. El uso del término meacolonia, convenientemente desactivado con ironía, descalificaba más al emisor que al receptor. Por primera vez el reparto de los roles se ajustaba a las ilusiones que el barcelonismo llevaba toda la vida deseando proyectar: el madridismo se mostraba impotente, faltón, un punto llorón, muy por debajo de la corrección estilística culé. La llegada de Mourinho consolidó el arquetipo y confirmó la profecía autocumplida desde el punto de vista teatral. Y, cuando en 2012 comenzó a revertirse la tendencia en la cancha, el avispado Pep marchó como esos jugadores de póker que se levantan de la mesa al oler que la buena racha ha concluido, dejando cortados a los demás. El Madrid, que anhelaba la revancha en el campo —en el relato iba a ser necesario que transcurriese más tiempo—, se vio privado de la oportunidad.

Guardiola Mourinho

Ha habido, desde entonces, algunos fugaces encontronazos. El más feliz, aquel histórico 0-4 en Múnich en el que todo salió a pedir de boca. En aquella ocasión, el papel aplomado lo representó Ancelotti —dicen del italiano que es un entrenador político antes que un genio, y tienen razón; precisamente las virtudes del político no se asocian con las ideas geniales sino con la capacidad de interpretar con temple y carisma las ideas comunes— y quien patinó fue Guardiola, con la máscara de la humildad ligeramente resquebrajada cuando trató de menospreciar a los blancos mediante el envenenado elogio —copyright Simeone— acerca de sus condiciones atléticas. Posteriormente, ya cómodamente instalado en Manchester, le ganó la partida a Zidane en un cruce de octavos atípico, con meses de distancia entre los dos encuentros debido a la pandemia. La victoria le permitió, eso sí, volver a la mesura narrativa en la que se mueve como pez en el agua.

Todo este historial de intensos enfrentamientos explica, en definitiva, la mezcla de efervescencia y tensión que se vive en las horas previas a la semifinal. El Madrid se las ve no solo con uno de los rivales más poderosos del continente, sino con el fantasma que mejor y más inteligentemente supo colocarlo contra las cuerdas ante el resto del planeta. Quizá ese recuerdo suponga un trauma no del todo superado aún. No obstante, no creo que deba obcecar a los jugadores. Se puede tener bastante seguridad de que, con una plantilla liderada por jerarcas tan respetados como Modric o Benzema, así como por la sosegada y entrañable ceja de Carlo, la obsesiva batalla por el relato de héroes y villanos no se halla en absoluto perdida, especialmente teniendo en cuenta la naturaleza del capital que nutre al Manchester City. Y, en cualquier caso, quizá sea la hora de golpear el tablero y dejar de asumir, de una vez por todas, los condicionantes con que el entorno trata de enrarecer el espectáculo y centrarse en el verde. Incluso aunque enfrente esté la figura de Pep Guardiola.

 

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