Las mejores firmas madridistas del planeta

Cuando en 1989 el Real Madrid perdió la Liga en el quinto partido en el Palau a consecuencia de un arbitraje vergonzoso, la indignación cundió en nuestra plantilla y en el club, sin que la labor de los justicieros provocara grandes reacciones en los medios ni, mucho menos, en las instituciones. Años después, con análisis detallados de aficionados madridistas, y hasta con un documental en una plataforma nacional, la dimensión de lo ocurrido ha quedado fijada en su recta medida.

Algo parecido observo hoy en relación a lo ocurrido de nuevo en el Palau. Uno de esos arbitrajes de equidad en los que el vecino reparte estopa a diestro y siniestro y el sufriente acaba acumulando más faltas que el que empuja, agarra, usa las manos de forma ilegal, protesta y finge. Curiosamente, el despiste del tribunal no es aleatorio, sino que se ciñe a fases precisas, señaladas, en las que el incremento de productividad leñera es notabilísimo.

Los que me leen desde hace años saben que apenas he escrito de los árbitros, y mucho menos con esta extensión. Pero los errores de ayer fueron groseros, de bulto, impropios de esta competición.

Uno de esos arbitrajes de equidad en los que el vecino reparte estopa a diestro y siniestro y el sufriente acaba acumulando más faltas que el que empuja, agarra, usa las manos de forma ilegal, protesta y finge

Dicho esto, porque hoy había que decirlo, el Madrid fue ligeramente superior al Barcelona, o quizás más que ello, pues fue aguantando el tirón arbitrario y calculado durante muchos minutos. Al Barcelona cabe elogiar su persistencia, su capacidad para jugar partidos intensos hasta el final.

Por otro lado, la densidad se apoderó con frecuencia del encuentro, quizás por su trascendencia y porque el cansancio se acumula con tantos partidos. Tras una temporada interminable, liquidar la final en un suspiro y exprimiendo a los jugadores, quizás no sea la mejor solución. Lo cierto es que fue un partido de destellos alternados con fallos impropios.

Tavares

Por su parte, el Madrid no estuvo preciso en el lanzamiento en la primera mitad, y se atascó más de lo debido en muchas fases del encuentro. En ocasiones, porque los grandes eran empujados y golpeados con consentimiento. ¿Cuándo pitarán a Tavares como a cualquier otro jugador? Como a Mirotic, sin ir más lejos y por ejemplo.

Aun así, el equipo de Laso y Mateo se mantuvo orgulloso, firme, centrado en su labor hasta el último segundo. La defensa funcionó a rachas, porque el planteamiento de cambios casi constantes tiene riesgos —por ejemplo, que los grandes se queden lejos del rebote defensivo— y porque las ayudas a los defensores de Mirotic llegaron tarde.

Fue una lástima que, en un choque tan directo, de conjuntos concienciados y ardorosos, se inmiscuyeran entendimientos ajenos al desarrollo habitual de una cita crucial. Así lo expresaron al terminar los madridistas lesionados, Williams-Goss y Alocén, y así lo hice con mesura, porque el análisis me lo pidió y porque hubo escenas que así lo reclamaron.

 

Fotografías: @RMBaloncesto

“Una mentira repetida mil veces se convertirá en una verdad.” Esta frase atribuida a Joseph Goebbels, ministro de propaganda del partido nazi, se puede aplicar al comentario “el Real Madrid es un club-estado”, una expresión tan utilizada en las últimas semanas por muchos de aquellos que se alegraron del desenlace del “culebrón Mbappé” o han criticado el precio acordado por el traspaso de Tchouaméni. Pero como todas las mentiras, esta también tiene las patitas muy cortas y en este artículo, el primero que tengo el placer de escribir para La Galerna (gracias, Jesús Bengoechea, por la invitación a contribuir con mi granito de arena a este universo literario del mejor club del siglo XX), vamos a desmitificar esa frase con una buena dosis de realidad. Vamos por partes, como diría Jack “el destripador.”

¿Qué es un club-estado? Aunque no haya una definición oficial, podemos entender como club-estado aquel club cuyo dueño es una empresa, grupo, o fondo de inversión propiedad de un país soberano. Los casos más famosos de club-estado, o los que han irrumpido con mayor fuerza en el fútbol europeo desde hace más de una década, son el Paris Saint-Germain (PSG) y el Manchester City. En el caso del Paris Saint-Germain, el propietario es Qatar Sports Investments, un fondo de inversión subsidiario del Qatar Investment Authority (fondo soberano de inversión de Qatar); y en el caso del Manchester City, el propietario es el Abu Dhabi United Group, fondo soberano de Abu Dhabi cuyo dueño es el Sheikh Mansour bin Zayed Al Nahyan (miembro de la familia real de Abu Dhabi). En otras palabras, las compañías que son dueñas del PSG y Manchester City pertenecen a miembros de las familias reales de Qatar y UAE. Para tener una idea de lo que esto supone, Qatar y UAE no sólo tienen muchos más recursos de financiamiento a su disposición que cualquier otro club (el GDP de Qatar y UAE en 2020 fue de 126.000 y 314.000 millones de euros, respectivamente), sino que las familias reales de estos países controlan de manera bastante libre dónde y cuándo se hacen inversiones de esos recursos casi ilimitados que sus países tienen.

Podemos entender como club-estado aquel club cuyo dueño es una empresa, grupo, o fondo de inversión propiedad de un país soberano. Los casos más famosos de club-estado, o los que han irrumpido con mayor fuerza en el fútbol europeo desde hace más de una década, son el Paris Saint-Germain (PSG) y el Manchester City

Ahora bien, uno se puede preguntar, ¿qué más da quién sea el dueño del club o de donde venga el dinero? Dejando a un lado (que es mucho dejar, por cierto) una valoración ética sobre la proveniencia del dinero de estos clubes-estado, cuyos países están bajo sospecha e investigación por violaciones de los derechos humanos (este tema da para otro artículo), así como la utilización que hacen del fútbol para “lavar su imagen”, en teoría, el dinero con el que se financian los clubes-estado debiera ser igual de válido que el dinero con el que se financian los demás clubes. Pero la realidad es bien distinta, puesto que desde la incursión de los clubes-estado en el panorama europeo siempre han estado bajo sospecha e investigación por saltarse las leyes de “financial fair play” día sí y otro también.

Hay que recordar que las leyes de juego limpio financiero (“Financial Fair Play”, o FFP) fueron acordadas alrededor del 2010 para hacer que los clubes de fútbol operasen como empresas solventes, con sus finanzas saneadas y capaces de sostenerse económicamente. Un principio básico que rige el FFP es que los clubes no pueden gastar más de lo que son capaces de generar por el propio negocio del club, y si tienen pérdidas económicas, no tienen que ser más de 30 millones de euros durante tres años. Estas reglas son las mismas que “forzaron” la marcha de Messi del Barcelona, o las que han influido de una manera u otra a que el Real Madrid se “haya apretado el cinturón” durante la pandemia en lo que se refiere a fichajes de jugadores, recorte de salarios, etc. Pero ¿son estas reglas acatadas igualmente por todos los clubes, incluyendo los clubes-estado? Pues la realidad es que no.

Guardiola jeques

Varias investigaciones que aparecen en Football Leaks muestran cómo desde su incursión en el panorama del fútbol europeo, Qatar y Abu Dhabi han inyectado más de 4.000 millones de euros en el PSG y Manchester City, respectivamente, con la UEFA “haciendo la vista gorda” y ayudando a cubrir sus irregularidades financieras por “razones políticas”. Y muchas de estas irregularidades provienen de la manera cómo se invierte este capital: cuando había que “cuadrar las cuentas” entidades propiedad o afiliadas a estos estados soberanos podían presentar convenios de patrocinio por cifras muy por encima del valor de mercado. Por ejemplo, el PSG presentó un convenio con Qatar Tourism Authority por cinco años por un valor de 215 millones de euros al año. Cuando la UEFA estaba investigando la procedencia de estos patrocinios contrató a unos auditores independientes que valoraron este contrato a 2 millones de euros al año. Es decir, Qatar Tourism Authority estaba pagando 100 veces por encima del valor de mercado. Este es un ejemplo claro de cómo los dueños de estos clubes-estado pueden utilizar y manipular a su antojo cualquier convenio de patrocinio cada vez que necesitan financiamiento para cuadrar su gasto excesivo, simplemente creando convenios de manera artificial y abultada con empresas de su propiedad. Pero no hay problema ninguno en Qatar, puesto que “todo queda en casa''.

Pero si es tan claro el abuso financiero, ¿por qué no se les multa? La UEFA investigó a ambos clubes y los sancionó con una multa económica y consideró apartarlos de las competiciones europeas por estas irregularidades tan flagrantes. Pero la misma UEFA dejó esas multas en unas cantidades pequeñas y fáciles de pagar, y sin ninguna otra repercusión. ¿Aprendieron la lección estos clubes-estado? Pues, visto lo visto, está claro que no. ¿Y cómo influye esto en los clubes que no tienen “carta blanca” de la UEFA para saltarse las reglas del FFP sin ninguna repercusión de peso? Un ejemplo muy claro es “el caso Messi”: el Barcelona no le pudo ofrecer un nuevo contrato debido a que tenía que cuadrar las cuentas (siguiendo el FFP); en cambio, el PSG lo pudo fichar, a pesar de que cerró la temporada 2020/21 con pérdidas de 224 millones de euros.

Pero si es tan claro el abuso financiero, ¿por qué no se les multa? La UEFA investigó a ambos clubes y los sancionó con una multa económica y consideró apartarlos de las competiciones europeas por estas irregularidades tan flagrantes. Pero la misma UEFA dejó esas multas en unas cantidades pequeñas y fáciles de pagar, y sin ninguna otra repercusión

¿Y por qué estos clubes-estado tienen tanta influencia en la UEFA? La respuesta a esta pregunta es digna de otro artículo, pero en el caso del PSG hay una manera muy simple de trazar el hilo conector de este “lavado de imagen” y “doping financiero” al que estamos siendo testigos: ¿quién está detrás del Mundial del 2022, BeIn Sports (cadena de la UEFA Liga de Campeones), y el PSG? Qatar. ¿Dónde se van a celebrar los juegos olímpicos del 2024? Paris. ¿Cuál es la conexión entre París y Qatar? Sigue el dinero. Más claro, blanco y en botella.

Ahora bien, en contra de lo que alguna gente piensa, este problema no sólo afecta a los “clubes grandes” sino que se está convirtiendo en situación insostenible para el negocio del fútbol. Pero aun así, todavía hay gente que dice que al Real Madrid le están pagando con su misma moneda. A ver, seamos claros: el problema no es que al Real Madrid le hayan “quitado” a un jugador de la talla de Mbappé porque pagaban más dinero, no tergiversen la conversación. El problema es que el PSG y el Manchester City se “alimentan financieramente” de una manera ilícita: han sido investigados y se les ha encontrado culpables. Fin de la historia. Pero todavía hay más: para más inri, está probado que la UEFA hizo la vista gorda con el PSG y el Manchester City, lo cual les da aliciente para seguir operando de la misma manera. Para aquellos que confunden “churras con merinas”, si el Madrid utilizara las mismas armas que el PSG o el Manchester City, o tuviera una ventaja ilícita sobre otros clubes grandes de Europa, ¿por qué no ha sido investigado y juzgado por el organismo europeo, especialmente ahora que las relaciones Real Madrid/UEFA están en su momento más delicado? Pues la razón es muy simple: porque lo que el Real Madrid y otros clubes grandes hacen está dentro de las reglas. Una cosa es utilizar el poder de influencia dentro de la legalidad y otra es jugar con otras reglas, como el PSG y el Manchester City.

Nasser y Macron

Para finalizar, una cosa es criticar el poder de influencia (dentro y fuera del campo) que un club de la magnitud del Real Madrid tiene, similar (mucho más de lo que unos creen o venden) a la que tienen otros clubes grandes como el Barcelona, Manchester United, Bayern de Munich, etc. Podemos hablar de la redistribución de los derechos de televisión en La Liga, de las recalificaciones, aunque algunos nos quieran hacer creer que la única y más importante ha sido la del Madrid, las hubo durante el franquismo, que se lo pregunten al Barcelona, y en otras comunidades autónomas, preguntemos por Valencia o Murcia, por ejemplo. O hablemos de los gastos y malgastos en el negocio del fútbol y otros elementos que puedan hacer La Liga más competitiva. Todas esas conversaciones son legítimas y necesarias, pero se deben tener desde el respeto y el interés común a crear una liga más competitiva, no desde las rencillas autonómicas, el resentimiento, o el victimismo provinciano. Pero otra cosa totalmente distinta es decir que el Real Madrid, o cualquier otro club de los mencionados, sea un club-estado. No sólo es faltar a la verdad, sino que es una manera de insultar la inteligencia del hincha de fútbol. Periodistas y “periodistas”, seamos serios, hombre, seamos serios.

 

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Buenos días, amigos. La aparición de Florentino Pérez en El Chiringuito de anoche fue un recorrido por distintos géneros cinematográficos. La cosa comenzó con tintes de película de terror, con el plató a oscuras y la voz siniestra de Pedrerol declamando ese TIC-TAC, TIC-TAC que el periodista ha convertido en marca de la casa a pesar de que no ha hecho sino anteceder sus más garrafales errores predictivos.

Después, la cosa viró hacia lo melodramático en el momento en que se comenzó a hablar de Mbappé, de quien Florentino dijo cosas nunca antes dichas sobre ningún futbolista, revelando una decepción casi propia de amante despechado.

Hacia el final, un presidente sembrado brindó al asunto un tono de comedia a lo David Niven a cuenta del número de trending topic mundial alcanzado por el programa (“¿Ya hemos llegado al uno? Pues vamos a dejarlo aquí, no vayamos a estropearlo”) o la duración del cuestionario de Edu Aguirre (“¿Tres preguntas más? Jodé”). Ese último Florentino es el que más nos gusta, con esas trazas de galán cómico castizo que se gasta en ocasiones.

Pero en el programa hubo un poco de todo.

Portada As

El titular de la noche es el relativo a Mbappé, sobre quien no se privó de ejercer una dureza tan llena de matices como en última instancia implacable. Insistió en los atenuantes (que no eximentes) de las presiones políticas, la oferta económica y su nombramiento oficioso como director deportivo del PSG para explicar la traición de Kylian, pero la frase que quedó para la posteridad fue la que usa As: “Este Mbappé no es mi Mbappé”. La frase no es textual, pero sí refleja el espíritu de lo dicho. “El de los últimos quince días antes de dar marcha atrás ya no era el jugador que queríamos para el Madrid. Si el verdadero Mbappé es el que hemos visto al final, me alegro de que se haya quedado allí”.

Florentino ha podido ser más duro en ocasiones. Pero nunca habrá sido tan devastador.

“El de los últimos quince días antes de dar marcha atrás ya no era el jugador que queríamos para el Madrid. Si el verdadero Mbappé es el que hemos visto al final, me alegro de que se haya quedado allí”

El resto de cosas que trae As a su portada también las dijo el mandatario blanco, junto a otras que quizá convenga aclarar. Puntualizó (y sonó convincente, aunque se echaron de menos aquí buenas repreguntas de Pedrerol) que no habría sido posible hacer firmar a Mbappé ningún contrato o precontrato allá por enero o marzo porque eso habría obligado al Madrid a informar de ello al PSG, lo que habría convertido en invivible la existencia de la joven estrella en París hasta el término de su contrato.

Más dudas dejó al aseverar que el no haber tratado de fichar a Haaland nada tuvo que ver con Mbappé, y sí con no querer contratar a un gran crack como suplente de Benzema. No parece claro que ese fuera el único motivo para no ir a por Haaland, como tampoco que, caso de ser cierto, sea ese un motivo solvente habida cuenta de la edad de Karim. Fue un tema que habría dado para un debate pertinente, pues el propio Florentino reconoció que hay muchos madridistas desencantados con la no-llegada de Mbappé, pero nadie en el plató mencionó que también los hay con la no-llegada de Haaland. Nuevamente, se echó de menos que el conductor de la entrevista no indagara más sobre estos extremos.

Florentino nos llenó de orgullo al hablar de la mejor temporada de nuestras vidas, la que se acaba de cerrar, si bien ni siquiera esta inmensa satisfacción nos hace partícipes del todo de la indisimulada intención de ayudar al Barça para que no termine de hundirse. Estamos seguros de que ve infinitamente más allá de dónde vemos los demás, pero admitiremos que el aceptar que nuestro presidente no comparte nuestras pasiones de forofo —por ejemplo, desear todo el mal deportivo al culerío— supone un desafío conceptual de primer orden. ¿Cuánto hay de genuino en el deporte que nos apasiona cuando el presidente del Real Madrid no solo admite que jamás torpedeará una operación del Barça, sino que incluso parece dispuesto a ayudarles en lo posible para que puedan fichar a Lewandowski? ¿De verdad tenemos que aceptar que esa gente ya no nos puede caer mal, Floren? “Deles un préstamo para fichar al polaco”, soltó jocoso José Damián González, sin que a Florentino la sugerencia pareciera resultarle tan disparada.

Portada Sport

Sport habla precisamente del dinero que Florentino tendrá que prestar al Barça para que puedan fichar a Lewandowski. Casi estamos por decir que, a estas alturas, con tal de que no nos afanen los partidos de baloncesto ya todo lo demás nos parece bien. Si en los despachos hay que financiarles sus fichajes se les financia, pero por favor no nos roben más en el campo.

Lo del Palau anoche, eso que Sport resume eufemísticamente como “El Barça reacciona con un Palau entregado”, fue —y mira que los ha habido sonados— el mayor escándalo de la procelosa historia de los Clásicos de baloncesto en cancha blaugrana.

Fue una masacre ejecutada sin escrúpulos. A partir del tercer cuarto, los colegiados se quitaron la careta, llenaron de faltas muy discutibles a los blancos y dieron gravemente la nota en varias jugadas cruciales muy al final. Un manotazo descarado en el rostro de Causeur se saldó con una técnica a Deck, a Tavares se le escamoteó un tiro adicional por una falta en un enceste y al propio Tavares se le señaló una personal profundamente inexistente que resultó en tiros libres de Higgins que decidieron el encuentro. La serie se va al empate a uno a causa directa de este descalzaperros, y la prensa cataculé te lo cuenta como si fuese un cantar de gesta, oigan.

Portada Mundo Deportivo

Ahí lo tenéis. “Hay Liga”. Hombre, la hay por las razones por las que la hay. Razones que inspiraron a hombres tan habitualmente ponderados como nuestro Joe Llorente o Nigel Williams-Goss a postear tuits incandescentes.

Tuit-José-Luis-Llorente Tuit-Nigel-Williams-Goss

Qué vergüenza, amigos. Qué absoluta y radical vergüenza. Confiemos —a pesar del trío arbitral— que la descomunal raza de los hombres de Laso, capaces de sobreponerse a cien mil infortunios (ánimo, Pablo; ánimo, Anthony), les conduzca a hacer prevalecer su mayor clase en los dos partidos que ahora veremos en Madrid.

Portada Marca

Marca, por su parte, viene con una entrevista con Militao. Les felicitamos por ello, aunque nos habría gustado más que reseñaran como es debido, en primera plana, como merece, el hurto de ayer en el Palau. ¿Cómo que “Un gran Mirotic empata la Final”? La Final la empata quien la empata, aquí, en Sebastopol o en la China Verde.

Pasad un buen día.

Ahora que Bale se ha ido, toca hacer balance de nueve años muy importantes en la historia del Real Madrid. Historia de la que, mal que nos pese a muchos, él forma parte. No en vano, su concurso fue vital en una final de Copa y dos de Champions. Ha marcado goles tan decisivos como espectaculares, mostrando una calidad al alcance de muy pocos. A diferencia de otros deportistas, jamás se le ha conocido affaire nocturno alguno, mostrando en esta faceta un cuidado personal exquisito. Y ha amortizado con creces el coste de su fichaje.

La marcha de Gareth Bale es buena. Para todos. En primer lugar, para él mismo, por cuanto el galés hace ya tiempo que no estaba en el Madrid. Sí en Madrid, ciudad en la que vivía divinamente con sus 30 millones de euros anuales y en la que entrenaba para estar en forma con su selección. También para el club, que libera la ficha más alta de la plantilla, y para un vestuario que no va a echarle precisamente de menos. De hecho, el galés no deja un solo amigo en un equipo que, como ha podido verse, es una piña. Fue significativa su ausencia en las celebraciones de la Liga, así como su apatía —alguien con mando en plaza debió decirle que tenía que estar— en las de la Champions. Buena prueba de ello fue el sentido homenaje que sus compañeros le tributaron a Marcelo, y la cariñosa despedida —homenaje a fin de cuentas, aunque de perfil más bajo— a Isco. A Bale, nada de nada. Normal.

Bale celebración Bernabéu

Los “ultraBale” se quejan de que al pupilo de Barnett la prensa le ha tratado mal. Personalmente, dudo que los palos que han recibido los antes citados Isco y Marcelo hayan sido menores. El propio Benzema ha tenido que sufrir críticas durísimas dentro y fuera del terreno de juego. Y Nacho, y Militao, y Vini, y tantos otros. Pero, lejos de esconderse tras las faldas de sus representantes, han dado la cara y se han acercado a una afición que hoy les adora. Bale, por contra, ha concedido una entrevista en nueve años. Una. Al diario El Mundo. Eso sí, cada vez que iba a su país se explayaba todo lo que callaba aquí —y no será que la prensa deportiva británica es menos corrosiva que la nuestra—. Sólo Jesús Bengoechea le ha oído hablar español. Su profundo desprecio hacia unos aficionados con quien jamás ha tenido el más mínimo gesto de afecto es de todo punto incomprensible. ¿Qué hay periodistas con el colmillo retorcido? Claro. Pero ¿todos? Además, ahí estuvieron las redes sociales, medios británicos o el propio club para decir lo que considerase oportuno.

La marcha de Gareth Bale es buena. Para todos. En primer lugar, para él mismo, por cuanto el galés hace ya tiempo que no estaba en el Madrid

Bale ha preferido ser un jugador de bandera, la famosa de Gales y aquel bochornoso episodio que le retrata como persona. Se ha negado a que los seguidores madridistas le conozcan, le lean o le escuchen porque jamás le han importado lo más mínimo. Si alguien quiere saber sus preferencias, que eche un vistazo a su cuenta de Twitter y cuente las publicaciones de Gales o golf frente a las del Real Madrid. Sí, la bandera lo dejaba muy claro. Tanto como lo que significa borrarse de partidos cruciales o no querer celebrar con sus compañeros la última Liga conseguida sin él. Ni el Atleti lo quiso, pese a haberse ofrecido. Por algo será.

 

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Buenos días, amigos. Qué manera de entrar con el pie derecho. Qué manera de meterse al Bernabéu en el bolsillo desde el minuto cero. Hablamos, obviamente, de Aurélien Tchouaméni, que ayer fue presentado en Valdebebas con todos los honores de lo que es: un fichaje galáctico.

David Oller nos lo contó en esta página al poco de finalizar el acto. Aurélien habló en español (dejando a la gente giratoria), lució el 18 (su número a partir de ahora) en las fotos con Florentino, y contó cómo las remontadas de Champions de esta temporada inolvidable le habían movido a whatsappear a su representante al punto: “Llévame allí”. Si hace dos días asistíamos a la más ejemplar despedida (Marcelo), ayer presenciamos una de las mejores bienvenidas que han visto nuestros ojos. Vamos a disfrutar con Tchou. The tchou must go on. There’s no business like tchou business.

Portada Marca

Marca habla de que Aure (¿podemos llamarle así?) sedujo al madridismo, y nos parece atinado. Es un futbolista tremendo y un tipo modélico. El Madrid está demostrando que presta tanta atención a lo segundo como a lo primero. La calidad humana de gente como Vinicius, Rodrygo, Valverde, Mendy o Camavinga ha quedado tan patente en esta temporada mágica como sus méritos futbolísticos, y la sensación es que Tchouaméni abunda en ese patrón.

Marca se deja llevar por el morbo de la mención a Mbappé, consecuencia a su vez del morbo de los periodistas en la rueda de prensa. Nos parece comprensible, aunque nos gustaría que el madridismo mediático (¿?) y sociológico pasara página sobre el asunto Kylian. Tchou admitió que la estrella del PSG le había llamado para persuadirle de unirse a las filas hidrocarburescas, pero que fue un intento baldío. “Quiero dejar huella en el fútbol, y el mejor lugar para hacerlo es el Real Madrid”. Así es. ¿Qué clase de huella puede uno dejar en el PSG? La huella de uno que entra en el supermercado con los zapatos sucios, esa es la huella que se puede dejar allí.

Marca nos habla también de que Asensio quiere renovar “pero no a cualquier precio”. Ya sabrá Marco qué precio es justo para él, por supuesto, pero haría bien en charlar con Tchouaméni sobre huellas. Parece mentira que un recién llegado tenga que explicar estas cosas a un tipo que lleva años en la plantilla, pero se diría que es así. En La Galerna utilizamos mucho el término chamartinización. Algunos —Tchou parece el caso— entran por la puerta ya chamartinizados, mientras otros no logran en muchas temporadas concluir con éxito ese proceso evolutivo.

Portada As

As no se corta tampoco a la hora de enfocar el asunto Tchouaméni en clave Mbappé. Parece obvio que Kylian es otro que tendría por delante un largo y tortuoso proceso de chamartinización, caso de acabar algún día estampando su firma en un contrato con el Madrid, hasta el punto en que a nosotros ahora mismo no nos parece conveniente que tal cosa ocurra nunca. Kylian es otro a quien Aure podría dar una conferencia sobre huellas, aunque para ser sinceros dudamos si la decisión de la Tortuga fue enteramente libre. El caso es que hay que ficharlos, a ser posible, ya chamartinizados, o al menos dando señales claras de que su proceso de chamartinización será corto y exitoso, como lo ha sido el de Vini, Rodrygo, Courtois, Mendy, Alaba, Militao, Camavinga o Valverde.

Por lo demás, la prensa cataculé sigue existiendo. Es lo mejor que podemos decir sobre ella a día de hoy. A veces nos preguntamos si vale la pena seguir dando cabida cada mañana, en este análisis de portadas, a rotativos afines a un club tan menor a día de hoy como es el FC Barcelona. ¿Qué será lo próximo? ¿Superdeporte?

Pasad un buen día.

Portada Sport Portada Mundo Deportivo

Uno de los momentos más graciosos, a los ojos de Dios, es cuando los hombres dejamos una relación con la promesa sincera de seguir siendo amigos. Promesa que menudo antecede a la guerra de Corea, el derrumbe de las Torres Gemelas y el bombardeo de Pearl Harbor. De buenas intenciones está el infierno lleno. Quizá todo depende del concepto de amistad. A veces nos empeñamos en detener el tiempo artificialmente en un instante de una amistad, cuando si algo caracteriza a las relaciones es el dinamismo. Heráclito, célebre central del Manchester United, observó que nunca te puedes bañar dos veces en el mismo río. Pero lo realmente difícil es abrazar dos veces al mismo amigo, o besar dos veces a la misma mujer; siempre teniendo presente que besar dos veces a dos mujeres diferentes tampoco es coser y cantar, que si lo haces con pocas horas de diferencia es más bien correr y callar.

Es difícil seguir siendo amigos después de una ruptura, porque tal deseo encierra además mentira: pensar que antes del adiós erais amigos. No, erais novios, algo que será maravilloso u horrible, eso ya depende de la calidad del trucho y de la trucha, pero que tiene poco en común con la amistad. No puedes continuar siendo algo que no eres.

Nos pasamos la vida exigiendo al Real Madrid que nos llene el vestuario de talento, de los mejores futbolistas del mundo, como lo fue Marcelo, Pero  qué importante es tener gente buena en el equipo

Los amabilísimos lectores de La Galerna me disculparán esta larga disertación introductoria para terminar hablando de Marcelo, que es a lo que había venido. Tal vez la despedida más emotiva y prolongada que ha vivido el madridismo en muchos años. Retomando lo inicial, de las palabras de adiós de Marcelo se deduce que no tiene la menor intención de seguir siendo amigo del Real Madrid; eso es una vulgaridad. Lo que desea es seguir siendo novio del Madrid. Y es un deseo mutuo.

Marcelo y Butragueño

Marcelo no se va, solo se toma unas vacaciones y ojalá sean tan divertidas y excitantes como merece en la recta final de su carrera. El Real Madrid, desde la afición hasta el presidente, lo sabe. Su historia madridista es de leyenda, y es un espejo en el que siempre podrán mirarse los nuevos. Que no solo ha besado el escudo en los momentos gloria, que también ha mordido el polvo, que también lo hemos criticado en sus momentos de declive, que también hemos sido injustos, aunque siempre con esa forma de injusticia que solo los padres se permiten con sus hijos predilectos. Él, en respuesta, siempre una sonrisa, palabras humildes, una ilusión y un escudo al que amar. Puro madridismo.

Por eso no ha habido muchas lágrimas en la despedida, sino risas y deseos de que nuestro hombre lo pase bien en su nuevo destino; si bien es probable que quienes lo pasen mejor sean sus nuevos compañeros de vestuario, que él representa la voz gamberra que hace reír a todos de puertas adentro, ese clima tan necesario para disolver tensiones. Que no hay nada más horrible que ir al trabajo a ver caras largas, un gesto que jamás se le ha conocido a Marcelo.

De las palabras de adiós de Marcelo se deduce que no tiene la menor intención de seguir siendo amigo del Real Madrid; eso es una vulgaridad. Lo que desea es seguir siendo novio del Madrid. Y es un deseo mutuo

El tono humano que el jugador marcó en ese vestuario, y que ahora echaremos de menos, quedó resumido el lunes en su “nunca lo había dicho, pero…”, que es como comenzó su emotivo agradecimiento a Raúl.

Nos pasamos la vida exigiendo al Real Madrid que nos llene el vestuario de talento, de los mejores futbolistas del mundo, como lo fue Marcelo. Pero en su falsa despedida, por increíble que parezca, no me sale alabar sus conocidísimos talentos deportivos que tanto nos hicieron disfrutar. No. Me sale otra reflexión aparentemente estúpida, o no, en la que no reparamos tan frecuentemente al repasar nuestra plantilla: qué importante es tener gente buena en el equipo.

A menudo sobrevaloramos el poder destructor de tener una oveja negra en el equipo —no sé si el símil de los colores es el más adecuado con la actual plantilla—, pero lo cierto es que una oveja blanca deja mucha más huella. Para entenderlo, basta repasar los mensajes de despedida que los jugadores le han dedicado a Marcelo. Quizá mi preferido es el del siempre elegante Toni Kroos: “Puedo decir que he jugado con el mejor lateral izquierdo de todos los tiempos”.

Al fin, todo lo que podemos decir al jugador que tanto hemos querido es: no tardes, no tardes en volver a casa. Y, entretanto, disfruta el baile.

Adiós Marcelo

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Aurélien Tchouaméni ha aterrizado en Valdebebas enviando un mensaje a Mbappé. Buen inicio. El francés promete. Con tan solo 22 años ha llegado a la Ciudad Real Madrid hecho todo un pincel, traje negro y camisa blanca —sin riesgos el primer día— y paso firme. Allí le ha recibido Florentino Pérez y ha posado por primera vez con la camiseta blanca escoltado, cómo no, por las 14 Copas de Europa. Portará el ‘18’ en la espalda, el dorsal que deja libre Gareth Bale, y todos los madridistas se han conectado en un pensamiento único: “ojalá tenga el mismo acierto certero en las finales que el galés”.

Después de firmar el contrato que mantendrán unidos a club y jugador hasta el año 2028, ha tomado la palabra el presidente para abrir el acto. Florentino, con su habitual tono pausado, ha dado la bienvenida a Aurélien con algún que otro mensaje que bien podría haber ido dirigido a otro jugador francés, joven, que llegó a un acuerdo con el Real Madrid pero que, finalmente, va a permanecer en el PSG. No sé si caen a quién me refiero. “Ya pensamos en la Decimoquinta […] y tenemos que reforzarnos con jugadores de calidad y que creen en este club […] Con 22 años podías elegir y has elegido este escudo”. Juzguen ustedes mismos, igual es que yo soy muy malpensado.

Tchouaméni-y-Florentino

Una vez finalizado el discurso de bienvenida y proyectado un vídeo donde se ha demostrado la altura del futbolista contratado, Tchouaméni —que, en todo momento ha estado acompañado de sus padres— ha tomado la palabra en un sorprendente y fluido castellano para confirmar lo que todo el mundo, en realidad, sabía. “Mbappé tomó una decisión y me llamó para preguntarme por mis opciones de ir al PSG, pero entendió perfectamente mi deseo de llegar al Real Madrid”. Queda claro que Kylian no tiene la misma calidad como delantero que como director deportivo. Ya ha cosechado la negativa de Aurélien, ojalá no sea el último.

Tchouaméni ha dado una auténtica ‘masterclass’ de madridismo en su primera comparecencia pública. Ha sido muy llamativo comprobar cómo un chaval tan joven ha sido capaz de expresar exactamente lo que un evento de tal magnitud requería

Y lo que ha encandilado al madridismo, cómo el francés se enamoró del club y cómo presionó a su representante para que no escuchase más ofertas que la que procedente de Chamartín. “Vi las remontadas en Champions ante el PSG y el City y escribí a mi agente para que me llevara al Real Madrid como fuese”. La magia del Bernabéu cerrando fichajes una vez más. “En cuanto llegó el Real Madrid no lo dudé, quiero dejar huella en el fútbol y para conseguirlo el mejor club es este. Ancelotti me llamó durante las negociaciones, fue muy simpático y me dijo que para llegar a ser uno de los mejores del mundo tenía que estar aquí”.

Lo cierto es que Tchouaméni ha dado una auténtica ‘masterclass’ de madridismo en su primera comparecencia pública. Ha sido muy llamativo comprobar cómo un chaval tan joven ha sido capaz de expresar exactamente lo que un evento de tal magnitud requería.

Tchouaméni-en-Valdebebas

Una vez finalizada la rueda de prensa ha llegado el momento que más ilusión hace a los aficionados. Ver por fin al nuevo fichaje ataviado con la equipación blanca sobre el verde de (de momento) Valdebebas. Allí, el mediocentro galo ha podido dar sus primeros toques al balón como madridista y estar un poquito más cerca de lo que sentirá el día que debute con la elástica madridista.

Así se ha completado el primer día del nuevo jugador del Real Madrid. Un fichaje que se ha cocinado a fuego lento durante el último año, que se ha encontrado con las trabas de los de siempre en su tramo final, pero que ha servido para comprobar que los jugadores con palabra aún existen, aunque otros clubes los tienten con cifras mareantes.

 

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Buenos días, amigos.

Cuando tienes un hijo, sabes que lo más probable es que en unos años se vaya de casa (al menos antes, cuando económicamente era viable hacerlo), sin embargo, actúas como si nunca fueses a dejar de disfrutar de él cada día, como si cada mañana al levantarte fuera a estar ahí, para siempre. No eres consciente de que esa sonrisa pícara que brota de su rostro de dos años solo será así un número limitado de veces y no volverá jamás, que esas primeras carreras a trompicones están limitadas en el tiempo, que las travesuras que te obligan a regañarle con una sonrisa escondida tras la máscara de padre o de madre o de ambas cosas tienen sus días contados, que las alegrías por sus logros personales, esos que te enorgullecen más que nada en el mundo, pronto las llorarás desde la distancia, porque cuando te quieras dar cuenta, se habrá marchado. Marcelo es tu hijo y se marchó ayer de casa.

Qué va a ser de ti lejos de casa, Marcelo, qué va a ser de ti.

Marcelo aterrizó al Madrid cuando aún no existían los iPhones, llegó a la Casa Blanca pensando que solo acudía a una reunión y salió por la puerta como jugador madridista. Pudo jugar con su ídolo, Roberto Carlos, y al igual que él logró su objetivo: tener un millón de amigos. Y además, muchas Champions y otros trofeos. En el caso de Marcelo, tantos, que no solo superó a su ídolo, sino que sobrepasó al ídolo de todos: Paco Gento.

Esos aficionados pragmáticos que entienden la posición de lateral izquierdo como un puesto en el cual solo hay que defender la parcela de terreno de juego correspondiente ya no le dirán más a Marcelo en el Bernabéu que deje de joder con la pelota, que eso no se hace, que eso no se toca.

Y el resto… el resto le echaremos de menos, le echaremos de menos lo mismo que alguna vez de echamos de más, no vamos a mentir. Pero el saldo favorable a Marcelo es apabullante.

Hay jugadores que nos han regalado goles, otros nos han obsequiado con destellos de clase inigualables, otros pases inverosímiles, otros controles que desafiaban a la Física. Marcelo nos ha regalado todo eso y algo más: Felicidad. Felicidad con mayúscula, como concepto. ¿Existe mucha gente que nos haya hecho feliz de manera más o menos constante durante años?

Portada As Portada Marca

Ahí queda eso, como bien dicen As y Marca. Marcelo se va con el mejor palmarés del mejor club del mundo. Y se va por la puerta grande, agradeciendo no solo al club, presidente, compañeros, entrenadores, etc., sino a todos esos empleados que trabajan en la sombra a quienes el brasileño no dudó en reconocerles la importancia que merecen, porque ellos, los futbolistas, dice que lo único que en el fondo hacen es jugar.

Marcelo ha tenido los bemoles de decir que su quinta final de Champions, pese no haberla jugado, es en la cual se sintió más importante, porque charló antes con Rodrygo, con Militao, con Valverde.

Marcelo se va del Real Madrid, por el momento, afirmando: “Hoy es el día más feliz de toda mi etapa en el Real Madrid”.

Marcelo se va del Real Madrid sonriendo mientras los demás lloramos. Cómo te queremos, Marcelo.

Marcelo, gracias por aquel control inexplicable contra el Bayern.

Marcelo, gracias por tu golazo vestido de rosa al Schalke.

Marcelo, gracias por tu inyección de adrenalina en la Décima.

Marcelo, gracias por tu penalti en Milán.

Marcelo, gracias por pase a Marco en Cardiff.

Marcelo, gracias por tu pase a Bale en la Decimotercera.

Marcelo, gracias por ser tú en la Catorce.

Marcelo, gracias por tu jugada de Oliver y Benji en el gol de Cristiano durante aquella prórroga frente al Bayern.

Marcelo, gracias, simplemente gracias.

Portada Mundo Deportivo Portada Sport

Pasad un buen día.

El deporte siempre guarda sorpresas inesperadas y ayer asistimos a una muestra más de impredecibilidad. Un Madrid pletórico de entusiasmo, de empuje y concentración, dominó a un Barcelona deslavazado en muchas fases, a remolque casi siempre, con las soluciones ocultas. Sin energía, en palabras de Jasikevicius, aunque yo añadiría sin tino, sin capacidad resolutiva. La final acaba de empezar y, en estas series, las fuerzas van y vuelven en función de la urgencia, de tantos partidos jugados contra el mismo oponente, de lo que se inventen los entrenadores o de lo que acierten los jugadores. No obstante, que levante la mano al que no le guste empezar ganando.

Las semifinales de la Liga ACB manifestaron la pérdida de efectividad del Barcelona, un equipo en línea descendente desde el pasado marzo. Como si le pesara la presión de su entrenador, más allá de la que el propio escudo genera, revelando cierto desgaste mental y físico, los azulgranas han ido capeando sus compromisos por el potencial de una plantilla amplia y de una calidad incontestable. Si bien, por esa capacidad latente y porque los equipos grandes se rehacen en un suspiro, no seré yo quien descarte a este equipo de mimbres armoniosos y robustos.

La final acaba de empezar y, en estas series, las fuerzas van y vuelven en función de la urgencia, de tantos partidos jugados contra el mismo oponente, de lo que se inventen los entrenadores o de lo que acierten los jugadores. No obstante, que levante la mano al que no le guste empezar ganando

En cambio, el Real Madrid ha vuelto al nivel de los primeros meses de temporada, a pesar de las numerosas bajas a las que hay que añadir ahora a Randolph. Como ayer, los madridistas explotan la fuerza interior, un esqueleto sólido de huesos largos y robustos. El infinito Tavares, intimidador sin réplica, anotador complementario; y el más pequeño, pero más móvil, Poirier, reboteador ofensivo y defensor del contraataque rival.  Además, ambos se prodigaron con éxito en limitar a jugadores exteriores, en los cambios continuos de defendido que preparó con éxito Chus Mateo.

Este planteamiento provocó parejas desiguales en estatura y movilidad, que el Madrid resolvió con ayudas continuas y rápidas y una tendencia a cerrarse sobre la canasta propia que apenas dejó vías fáciles de penetración. Sólo la inspiración puntual de Laprovittola causó desconcierto en el último cuarto, cuando la ofuscación se apoderó de los movimientos blancos.

Tavares Yabusele

Porque los tres primeros cuartos fueron extraordinarios, apoyados en la retaguardia señalada y con un acierto notable en el triple, fruto de ataques sensatos y contras velocísimas.  Por fortuna, el Madrid siempre encontró la mano que necesitaba. Hanga, brillante en el primer tiempo, Deck, en el segundo, Yabusele y Causeur, constantes durante todo el encuentro.

A falta de bases puros, la labor se la reparten entre casi todos los pequeños, aunque hay que resaltar los buenos minutos de Núñez. El joven entiende bien el juego —lo más importante en su posición— y mostró de nuevo habilidad en el pase. Los entrenadores madridistas le dejan equivocarse sin castigar sus errores, una vía segura de regalar confianza. Sólo en el último cuarto se notó la carencia del base, cuando el Barcelona se acercó hasta los diez puntos cuando hacía bien poco estaba a veintitrés. Dudaron unos minutos, aunque pronto se rehicieron, un síntoma claro de la madurez del equipo y de que la máquina palpita con fuerza y precisión.

Lo dicho tuvo su importancia, pero quizás no la tenga tanto mañana cuando se reanude esta final exprés, de partidos en días alternos que llevarán a los jugadores al límite de la extenuación.

 

Imágenes @RMBaloncesto

De todas las fotos de la final contra el Liverpool y de las celebraciones, llevo unos días obsesionado especialmente con una: en el podio que montó la UEFA sobre el césped para darle las medallas a los jugadores, Lucas Vázquez, tras recibir la suya, se dirige a la Copa. La mira, acerca su rostro a ella, cierra los ojos, parece que tiene una conversación íntima con ella. Pone sus manos sobre las asas, es como si se apoyara en el trofeo, cansado tras la batalla como el Marte de Velázquez que está en el Prado. Luego se separa, la palmea y se marcha. Su cara no es de euforia ni de exaltación. Es, como digo, una cara cansada, casi llorosa. De haber llegado, de arribar a una playa por fin de Ítaca. Me llamó mucho la atención la noche de la final y desde entonces no puedo dejar de pensar en ella, pues creo que es una fotografía que dice muchas cosas.

Esa copa muestra, igual que un espejo, el relieve esculpido de las cosas tal y como las veíamos con nuestros ojos de niños distraídos e inocentes, cuando los adultos nos protegían del ruido y de la suciedad que tenía la vida que estaba allá fuera

Lucas Vázquez mira la Copa de Europa. Él es todos nosotros. Miramos la Copa de Europa y lo que ella nos devuelve es el reflejo plateado y deformado del mundo perdido que nos habita. Al otro lado de la frontera de metal en la que el joyero de la UEFA ha vuelto a grabar Real Madrid Club de Fútbol están todos los que fueron antes de que fuésemos nosotros. Nos miran a los ojos. Quizá sonríen al ver lo que hemos sido capaces de hacer con nuestras vidas.

Lucas Vázquez levanta Champions

Esa copa nos devuelve las imágenes sagradas de nuestros mayores, todas esas imágenes que nutrieron nuestra imaginación, con las que nos hicimos una composición de lugar, con las que hemos crecido intentando emular lo que aprendimos. Esa copa muestra, igual que un espejo, el relieve esculpido de las cosas tal y como las veíamos con nuestros ojos de niños distraídos e inocentes, cuando los adultos nos protegían del ruido y de la suciedad que tenía la vida que estaba allá fuera. Más allá del limes que circundaba nuestro hogar: la casa de nuestros padres, la de nuestros abuelos, el colegio, y la televisión, que era el lugar donde sucedía la magia: la ventana abierta al Madrid, al Bernabéu, a la posibilidad de un mundo mejor, a los campos de estrellas donde crecí.

Ahora que somos nosotros los que nos hicimos grandes, los que nos pusimos sin darnos cuenta al frente de las cosas, creemos atrapar, reflejada en esa copa que es todas las copas y por un instante efímero, un poco de la luz que tenían aquellas promesas de inmortalidad que nos hicimos en lo hondo de nuestro ser

Ahora somos nosotros los que contemplamos el ancho y turbio río desde el otro lado, desde la orilla incorrecta de la vida. Ahora somos nosotros quienes nos preguntamos dónde están escondidas todas aquellas cosas con las que soñábamos de pequeños, qué se hizo de todas aquellas imágenes que dilataban nuestra imaginación hasta el infinito. Nos preguntamos ahora dónde está lo que nos ponía la carne de gallina, cuando dejamos de creer que todo era posible. Ahora que somos nosotros los que nos hicimos grandes, los que nos pusimos sin darnos cuenta al frente de las cosas, creemos atrapar, reflejada en esa copa que es todas las copas y por un instante efímero, un poco de la luz que tenían aquellas promesas de inmortalidad que nos hicimos en lo hondo de nuestro ser. Y que luego fuimos olvidando a medida que la vida nos succionaba con sus otras promesas vacías de zafia sensualidad, a medida que nos fuimos encajonando bajo el techo bajo de las obligaciones y de las expectativas, del dinero, de la rutina, de los deberes, de las hipotecas, de los trabajos, de los horarios, de la nada.

Trofeo Copa de Europa

Esa luz que se nos aparece deformada por la superficie cóncava de esa copa que está hecha del material con el que están hechos los sueños, es como la luz que dejaban nuestros padres encendida al final del pasillo todas las noches para que no tuviéramos miedo. Es una caricia del pasado, un beso de esa memoria inasible de nuestra propia infancia que a veces nos sacude en el momento más insospechado, como si nos tirara desde el más allá o desde lo más profundo de nuestra conciencia. Es una luz que conforta y que perdona, una luz indulgente y benévola, una nana de la cebolla, el olor de la casa de los abuelos. La Copa de Europa que agarra Lucas Vázquez, contra la que se estrecha y a la que besa Lucas Vázquez como abrazamos y besamos nosotros a uno de los nuestros que haya estado ausente mucho tiempo, nos devuelve la sonrisa consoladora de quienes nos quieren. De quienes siempre nos van a perdonar no ser las personas que dijimos que íbamos a ser, las que creímos que debíamos ser y prometimos que seríamos. La copa, tan limpia y tan bruñida, en la que se quedan pegadas todas las huellas profanadoras de los ávidos conquistadores que acaban de ganarla, nos enseña el mundo que siempre quisimos construir. El mundo bello y mejor que llevábamos dentro de nuestros corazones nos saluda desde el otro lado, reflejado en el metal, y recordamos cuánto lo quisimos y todo lo que estábamos dispuestos a dar para conseguirlo.

Como canta el poeta, Lucas Vázquez, que es todos nosotros, le cuenta otras muchas cosas al oído de esa copa. Le cuenta el día feliz en el que cogimos un taxi a la salida de un bonito restaurante y nos fuimos besando hasta el hotel mientras el mundo entero bailaba nuestra música. Le cuenta la mañana de domingo radiante, el sábado al mediodía en el que sí que fue todo posible, aunque fuera por un ratito

Lucas Vázquez es todos nosotros abrazando esos recuerdos con los ojos cerrados, es todos nosotros susurrándole a quienes nos contemplan al otro lado del tiempo cuánto nos ha costado sin embargo llegar hasta aquí. Cuánto hemos tenido que remar, cuánto hemos caminado a cuestas con todos nuestros errores: las noches sin dormir, los días frustrados, sin huella; las ilusiones perdidas, los tropiezos, las dudas, las pequeñas derrotas, las pasiones negadas, las interminables horas de espera. Pero también, como canta el poeta, Lucas Vázquez, que es todos nosotros, le cuenta otras muchas cosas al oído de esa copa maravillosa cuya silueta cicládica lleva inscrita en los glóbulos blancos de nuestra sangre desde la guerra de Troya. Le cuenta la jornada en la que sí que vencimos a nuestros enemigos. Le cuenta la tarde esplendorosa que ganamos en el juego. Le cuenta el día feliz en el que cogimos un taxi a la salida de un bonito restaurante y nos fuimos besando hasta el hotel mientras el mundo entero bailaba nuestra música. Le cuenta la mañana de domingo radiante, el sábado al mediodía en el que sí que fue todo posible, aunque fuera por un ratito. Somos todo lo que pudimos ser y todo lo que hemos terminado siendo. Y quienes nos sonríen desde dentro de esa copa que es ánfora griega y cáliz de la sangre derramada con la que el mundo se renueva con embriaguez todas las primaveras, quizá se alegren al escuchar nuestras pequeñas grandes historias.

Lucas Vázquez Copa de Europa

Teníamos un plan para conquistar el mundo. Se nos ocurrió un día de San Isidro, por la tarde. Creímos que de verdad podíamos llevarlo a cabo cuando vimos a Zidane ejecutar esa gimnasia celestial en el televisor, que estaba en el salón de nuestra casa. Pasamos luego por algunas dificultades, cargamos con un buen puñado de culpas, nos ahogamos escondidos debajo del bla, bla, bla. Nos quedamos dormidos bajo los murmullos y el ruido, nos olvidamos del sentimiento, de la emoción y del miedo. Nos quedamos sepultados bajo la inmensa vergüenza de estar en el mundo, hasta que una ráfaga de esos inefables destellos de belleza nos volvieron a sacar a flote. Hubo una primavera en la que fuimos héroes por un día igual que cantaba Bowie, una primavera en la que fuimos reyes, en la que batimos a los monstruos horribles que salían de los confines de nuestros mapas buscándonos para devorarnos. Una primavera en la que le robamos una hora al déspota señor del tiempo y en la que nadamos como delfines, nos besamos bajo las balas y arrojamos la vergüenza hacia el campo de nuestros enemigos. También nosotros nos ganamos un trozo de posteridad esa primavera, nuestro pequeño rincón dentro de esa Copa de Europa a la que susurra Lucas Vázquez: esa copa donde viven todos los gigantes a cuyos hombros caminamos.

 

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