Las mejores firmas madridistas del planeta

El fútbol es meter goles. Lo otro es posesión y es algo que solo se aplaude en el Camp Nou. La leyenda del Real Madrid se ha forjado a base de meter goles. Cada etapa ha tenido su delantero estrella y en esta el indiscutible es Benzema. Desde el año pasado el francés no tiene sustituto, ya sea por asuntos casi extradeportivos, como lo fue Bale, por incomparecencia en el campo, como lo fue Jovic, o porque no lo hay, como ahora.

La calidad del equipo es tan grande que podemos permitirnos el lujo de jugar sin delantero centro en algunos partidos. Rodrigo, Asensio, Vini Jr, incluso Hazard —si no estuviera castigado— pueden en momentos de excepcionalidad ocupar el lugar del 9 y, aun sabiendo que es imposible que emulen el abrumador volumen de juego de Benzema, podrían incluso suplir sus goles si la racha es buena. Pero ningún gran equipo puede apostarlo todo a que Valverde acierte entre los tres palos desde su casa, a que Rodrigo trace otra vez la jugada de su vida en el momento en que lo necesitamos, o a que Modric consiga entrar hasta la cocina y regalar otro gol, sin que nadie ocupe con naturalidad el puesto de delantero centro.

El fútbol es meter goles. Lo otro es posesión y es algo que solo se aplaude en el Camp Nou. La leyenda del Real Madrid se ha forjado a base de meter goles

Las ausencias de Benzema nos han desvelado dos cosas, por si había dudas: que es una referencia insustituible y condiciona todo el juego de ataque del Madrid, y que, si falla la inspiración en el equipo, resulta imprescindible la referencia de un nueve en el campo. No tenerlo es concederles una ventaja extra a los rivales y, aunque estoy bastante a favor de la caridad, tampoco es cosa de derrochar buen rollo.

La lesión del francés en el último suspiro antes del Mundial es injusta y dolorosa para el que es hoy el mejor delantero del mundo. Hace bien el club en arroparlo porque solo estando dentro de su cabeza se puede entender lo que significa renunciar a un mundial en tu mejor momento, en el año del Balón de Oro, y cuando eres el futbolista más esperado del mundo. Pero pasado el duelo de la Copa del Mundo, el Real Madrid sigue teniendo un problema urgente que resolver: no es justo exigirle a Benzema que juegue todos los partidos desde hace años y que no se lesione nunca. Y no es justo exigirnos a los aficionados que sigamos los partidos con el corazón en un puño cada vez que el francés se toca algún músculo o recibe una coz.

Benzema lesión Celtic

El mercado de enero viene con dos problemas. Primero, que los últimos fichajes en la delantera del Real Madrid han sido un fracaso. Algunos fueron incomprensibles, como Mariano. Y otros, inesperadamente infructuosos, como Jovic. Y muchos no han sido baratos. Y segundo, que el club siempre encalla en la misma duda: ¿pero este fichaje mejoraría lo que tenemos? No creo que enero sea el momento de fichar a un galáctico, pero sí es buen momento para un fichaje menor que al menos pueda defender su puesto en el banquillo con dignidad, y tratar de aprovechar con ilusión y talento las ocasiones que se le presenten. A veces el juego del Madrid es tan brillante y fecundo que hasta un poste de telefonía clavado en el punto de penalti podría convertirse en pichichi.

el Real Madrid sigue teniendo un problema urgente que resolver: no es justo exigirle a Benzema que juegue todos los partidos desde hace años y que no se lesione nunca

La otra opción tampoco es mala: volver la vista a la cantera. Dicen los medios que Álvaro Rodríguez está en la órbita de Ancelotti y siempre me hace gracia la expresión. Si Ancelotti está interesado en el chaval, lo justo es decir que el técnico blanco está en la órbita de Rodríguez, pero eso suena aún más extraño. Sea como sea, orbite quien orbite, no parece una mala opción. Y, por otra parte, somos el Real Madrid: quiero decir que podemos fichar y subir canteranos y aún nos sobre pasta para levantar otro estadio.

Ojalá tengamos a Benzema. Pero se le transmite al francés una tensión innecesaria recordándole a cada minuto que, si falta, no hay plan b. Y vuelvo a donde empecé: necesitamos los goles, muchos goles, un huevo y medio de goles, si queremos ganarlo todo; y obviamente, queremos ganarlo todo. Y necesitamos siempre un delantero centro en el campo. El fútbol sin delantero es un deporte que solo divierte a Simeone.

 

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El Madrid concede su primera derrota en Champions

 

El Chelsea FC venció (2-0) al Real Madrid femenino en la tercera jornada de la fase de grupos de la Women’s Champions League. En un partido pobre de ambos equipos, los goles de las locales Sophie Ingle y Erin Cuthbert marcaron la diferencia.

 

A quince kilómetros del centro de Londres, en el coqueto estadio de Kingsmeadow, el Real Madrid femenino comprobó lo cerca, y al mismo tiempo lo lejos, que su proyecto está de los equipos de la élite europea. Allí esperaba el campeón inglés, un conjunto de plantilla estelar al que sin embargo le cuesta producir juego fluido. Eso es exactamente lo que encontró enfrente Alberto Toril y ante lo que sus jugadoras no pudieron aguantar.

El partido no pasará a los anales del fútbol, pues a la igualdad mantenida una hora larga se llegó por defecto, no por virtud. Aunque la superioridad física del Chelsea debería haber sido suficiente para poner tierra de por medio, el equipo de Emma Hayes juega de forma espasmódica, a trompicones, confiando en la clarividencia de sus futbolistas de tres cuartos en adelante. Tras una primera ocasión muy clara de Fran Kirby en los primeros compases, desbaratada por un paradón de Misa Rodríguez, quedó claro que no sería una noche de grandes highlights.

Chelsea Real Madrid femenino

Y es que a la poca inspiración inglesa el Madrid respondió con una sinfonía de imprecisiones en el trato de balón que convierten en tarea imposible competir a este nivel. Toril reunió arriba a Esther González, Caroline Weir, Naomie Feller y Maite Oroz, pero la posesión se perdía por mil y una grietas mucho antes de alcanzar si quiera el centro del campo. En concreto, el desacierto de Kathellen Sousa, Kenti Robles y Freja Olofsson creó un triángulo de las Bermudas del que el equipo tardó más de 45 minutos en escapar.

Por suerte para las blancas, su rival no consiguió aprovechar ni la voracidad de Sam Kerr ni la movilidad de Fran Kirby y Erin Cuthbert, una de las mejores de la contienda. La pólvora estaba mojada en ambas áreas, por lo que los errores con balón de cada equipo fueron amontonándose sin que el marcador reflejase el descalabro que por momentos tuvo lugar sobre el césped. Por parte del Real, Claudia Zornoza fue uno de los pocos focos de luz activos. Su clarividencia y rango de pase de media-larga distancia permitió a las suyas respirar de vez en cuando, pero las jugadas siempre terminaban emborronándose en movimientos posteriores fuera de su control.

Confirmada la dificultad de cada compromiso europeo, el Real Madrid deberá seguir picando piedra y curtiéndose en la competición doméstica

El empate a nada al descanso fue la mejor noticia para el Real Madrid, pues el punto habría sido valiosísimo, y con ese ánimo positivo saltaron de vuelta al verde las madridistas. Entonces se vieron los mejores minutos de juego, ahora sí con circulaciones de balón en la mitad de campo de rival, y quedó patente que un Real entonado no andaría demasiado lejos de este Chelsea. A pesar de que del lado londinense faltaban Pernille Harder y Melanie Leupolz —dos de las mejores jugadoras de Europa—, hablamos de un equipo que lleva varias temporadas consecutivas asegurándose la llegada de talento y ofreciendo algunos de los mejores salarios en el panorama del fútbol femenino. No por casualidad la ex central del Lyon Kadeisha Buchanan jugó el partido vestida de azul, y no de blanco.

Ante eso, a este Real Madrid le queda redoblar su apuesta económica o armarse de paciencia para confiar en la explosión progresiva de parte del talento joven que ya hay reunido en Valdebebas. El problema radica en que, mientras tanto, la competición sigue. En liga el agua no termina de llegar a las cejas, pero en Champions la piscina es demasiado profunda. De ahí que en un partido pobre y llamado al empate el Real volviese al aeropuerto sin nada.

Bastaron seis minutos de infortunio, una brillante pierna derecha y un córner mal defendido para sucumbir. En primer lugar, Erin Cuthbert sirvió un balón desde la esquina al primer palo para que la imponente Millie Bright y su físico de montaña le ganase el duelo por alto a Olofsson. La prolongación de cabeza dejó vendida a Misa y, en el extremo opuesto, Sophie Ingle hizo lo propio adelantándose a Ivana Andrés para poner el 1-0 a bocajarro.

Gol Chelsea Real Madrid femenino

El Madrid llegó a la conclusión de que moriría casi en la orilla, y en los minutos de shock que siguieron terminó de poner el Chelsea la sentencia, también por medio de Cuthbert. Esta vez la genial futbolista escocesa lo hizo sin querer, pues quiso finalizar su internada por banda derecha con un centro al área que, no obstante, se envenenó hasta convertirse en un golazo. Fue el último chispazo de fútbol de la noche; al Real no le quedaba nada.

Confirmada la dificultad de cada compromiso europeo, el Real Madrid deberá seguir picando piedra y curtiéndose en la competición doméstica.

 

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Buenos días. La llamada Roja ganó 7-0 a Costa Rica. No nos oponemos. Nos habríamos opuesto menos todavía si lo hubiera hecho en otro mundial distinto a este. Las portadas del día lo celebran como si la goleada hubiera acontecido en un mundial digno, por un lado, y como si el rival hubiese sido muy potente, por el otro. La primera plana de Sport incluso viene con la flamenca y el toro colocados encima cual televisión catódica del S. XX.

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España debutó en el mundialasco con un equipo que habría firmado el mismísimo Almodóvar. Gavi, Pedri, Simón y otros chicos del montón. Una cosa muy de movida, pero nada madrileña, no fastidiemos. Hay que reconocer a Luis Enrique el mérito de haber alineado a once jugadores sin haberse equivocado al hacer la cuenta, que aunque Helenio Herrera dijera que se juega mejor con diez y que en su casa toda la familia se dedicaba a sus quehaceres completamente desnuda, él siempre alineó a once y se sentó en el banquillo forrado con un chándal Meyba, lo cual era ligeramente menos desagradable para la vista de lo que habría sido verle en pelota picada.

Pero estábamos con los de Luis Enrique Almodóvar y la selección charnega. Salieron los nuestros, es un decir, muy concentrados y dispuestos a llevarse el partido, lo cual es un detalle que les agradecemos. Aunque ya puestos a hacer las cosas bien, podrían haber empezado por presentarse, más que nada para que supiéramos quiénes eran esos jovenzuelos que nos representaban, es otro decir. Porque además de no haber perdido la cuenta hasta once, hay otro mérito que debemos reconocerle a Luis Enrique Almodóvar: haber inventado la selección de incógnito. Una selección de jugadores anónimos. Una selección secreta, que podríamos llamar del servicio de inteligencia si no fuera por lo que es. Y es que uno recita la alineación española y le parece estar pasando la lista de clase de cuarto de Primaria, en lugar de invocar a los elegidos para la gloria.

El caso es que principió el partido, porque todo lo que tiene un final tiene un principio, y lo hizo a la hora prevista. Bueno, a la hora prevista en Catar y a las cinco en punto de la tarde en España, o sea a la hora taurina de cuando Lorca, provincia de Murcia, y a la del té en la pérfida Albión, que aquí no pinta nada. Bien por la organización catarí, mal por la española y peor por la inglesa, por metomentodo. Los chicos de Luis Enrique empezaron a tocar el balón, tuya, mía, tuya, mía, y los goles fueron cayendo. O sea, que más que un tiqui-taca aquello era un tico-tico. Uno de los goles los marcó Asensio, y los otros seis se los repartieron entre un yerno con nombre de yerno y unos imberbes peinados como prepúberes de posguerra y con nombre de merendar bocadillo de chocolate.

Luis Enrique puso caritas, como siempre, con esas pintas entre chulo pera envasado al vacío, arrogante sabelotodo a la violeta,  y streamer influencer que va de coleguilla y de enfant terrible al mismo tiempo. O sea, una cosa patética como… como qué sé yo, como Luis Enrique, para entendernos.

Vamos, que todo en este mundialasco, y muy en primer lugar la selección de Luis Enrique Almodóvar, es en plan la ley del deseo. Este humilde portanalista ya está deseando no ver tampoco el próximo partido.

 

Pasad un buen día.

El mundo está lleno de cristianos. Me refiero a los de ir a misa los domingos y ese tipo cosas. Alguien dijo una vez que nunca hay que subestimar la capacidad de resistencia de un cristiano, porque en la antigua Roma los echaban a los leones y hoy los cristianos son mayoría y los leones se están extinguiendo.

Abundan los cristianos, pero, paradójicamente, Cristiano hay uno solo. El que lleva a la espalda el número 7, que es el número bíblico de lo infinito. “¿Cuántas veces hemos de perdonar? Setenta veces siete”, o sea, una burrada de veces.

Yo a Cristiano Ronaldo estoy dispuesto a perdonarle las veces que haga falta porque subjetivamente me hizo muy feliz cuando jugaba en el Real Madrid, y objetivamente pienso que es uno de los más importantes deportistas de la Historia. Le tengo un enorme respeto a Cristiano Ronaldo. Si bien “respeto” y “cariño” no son lo mismo. Desde un punto de vista futbolístico, es difícil a la par que inútil sentir cariño por Cristiano de igual modo que no tiene sentido encariñarse con una fuerza de la naturaleza. Depositar afectos en un tifón o en una tormenta de verano no produce más que frustración. Uno no ama al relámpago ni al maremoto; se limita a contemplarlos admirado y sobrecogido desde una distancia segura, deseando que descarguen su furia sobre el enemigo.

Los que hemos visto a Cristiano Ronaldo en su plenitud sabemos que hemos asistido a algo extraordinario. Cristiano ha marcado una época porque se ha convertido en un referente para los futbolistas que harán historia en el futuro. El niño que empapelaba su cuarto con fotos del astro portugués, el que imitaba sus poses cuando marcaba un gol en el patio del colegio, se ha convertido en Haaland, en Mbappé, en Vinicius Jr., en Rashford, en Sterling… La lista es inmensa.

Mbappé Cristiano Ronaldo

Cristiano compartirá ese podio con Messi, probablemente. También él se ha convertido en un emblema de la excelencia. Haber sido testigo de la rivalidad entre ambos es una de las experiencias futbolísticas más fascinantes que recuerdo.

En mi cabeza Leo Messi y Cristiano Ronaldo son como dos artistas confrontados. Como Picasso y Modgliani, que se odiaban. Cuando Picasso pintaba en su estudio y escuchaba por la ventana el sonido de un golpe fuerte o el frenazo de un coche solía farfullar: “vaya por Dios, ya han atropellado a Modigliani, pobre Modigliani, no pintaba mal del todo Modigliani… En fin, qué le vamos a hacer…”, y seguía con lo suyo.

También eran rivales Miguel Ángel y Leonardo, y este es uno de los muchos detalles que me hacen pensar que Da Vinci y Buonarroti fueron al arte lo que Messi y Cristiano han sido al fútbol.

Que Messi es un remedo de Leonardo, eso es incontestable. Aunque solo sea por el hecho de que tanto Leonardo da Vinci como Leo Messi acabaron su carrera en Francia cobrando una pasta por no hacer nada. En Chambord, Leonardo contemplaba los ríos y ni agarraba un pincel ni por accidente. En el PSG Messi contempla el césped con aire ausente, pensando en sus cosas, mientras Al Khelaifi le suelta la guita como un pardillo. Al Khelaifi es un poco como Francisco I, que se gastó su dinero contratando a genios que no daban un palo al agua. Luego lo capturaron los españoles en Pavía y escribió una carta a su madre: “todo se ha perdido, señora, menos el honor”, que es lo mismo que le dijo Al Khelaifi al jeque de Qatar cuando el Real Madrid le hizo picadillo en el Bernabéu, aunque en su caso el honor también se lo dejó en el campo.

Aceptamos, por tanto, que Messi es Leonardo. Eso nos lleva a concluir que Cristiano Ronaldo es Miguel Ángel.

es difícil sentir cariño por Cristiano, de igual modo que no tiene sentido encariñarse con una fuerza de la naturaleza. Depositar afectos en un tifón o en una tormenta de verano no produce más que frustración. Uno no ama al relámpago ni al maremoto; se limita a contemplarlos admirado y sobrecogido desde una distancia segura, deseando que descarguen su furia sobre el enemigo

Observo muchos paralelismos entre el genio florentino y el portugués. Cristiano, como Buonarroti, combina el talento con el esfuerzo. Miguel Ángel nunca dejó de trabajar duro en toda su carrera, a diferencia de Leonardo, que solía dejar sin terminar casi todos sus encargos cuando se aburría de ellos. También Miguel Ángel era a menudo víctima de su orgullo desmedido en el que no había asomo de impostura. Ambos, Ronaldo y Buonarroti, son honestos en su vanidad.

El declive de la carrera de Cristiano ha comenzado en el mismo lugar donde arrancó su ascenso meteórico: el Manchester United. Igual que Miguel Ángel recibió de Julio II su primer encargo importante y también el que le amargaría durante sus últimos años de vida: la tumba del pontífice.

La tumba de Julio II fue un trabajo que se empantanó durante décadas provocando la amargura de quienes se involucraron en él. Por el camino quedaron varios diseños cada vez menos grandiosos que habrían de adornarse con estatuas que nunca llegaron a esculpirse salvo alguna notable excepción, como el Moisés de san Pietro in Vincoli o el “Genio de la Victoria.”

Hoy en día toda la fama se la lleva el Moisés, que es una obra muy bella —y una copia apenas disimulada del profeta Isaías que Rafael pintó en la basílica de Sant’Agostino—. Mucho más original, aunque menos conocida, es el Genio de la Victoria.

La escultura representa a un joven en plenitud física que somete a una figura avejentada y decadente. No es fácil dilucidar qué se le pasaba al artista por la cabeza al idearla, aunque podría interpretarse en un sentido neoplatónico: el triunfo de la belleza. Lo bello es bueno y verdadero. El joven atleta del Genio de la Victoria es sobrenaturalmente hermoso y, por lo tanto, también su alma es pura.

A mí el Genio de la Victoria me recuerda a Cristiano Ronaldo. No solo por el cuerpo de gimnasio que se gasta, incluso el rostro me resulta parecido. Algunos expertos defienden que la cara del joven de la escultura es la de Tommaso Cavaliere, un noble muchacho por el que Miguel Ángel sentía una platónica devoción. En definitiva, el artista captó los rasgos del objeto de aquello que amaba. Tiene sentido entonces que el Genio de la Victoria se parezca a Cristiano Ronaldo, que vive en un perpetuo romance consigo mismo.

Igual CR7 nos ha salido neoplatónico, como Miguel Ángel, y lo suyo no es narcisismo sino un amor apasionado por la belleza en la medida en que esta es el reflejo de lo bueno y lo verdadero. En Ronaldo hay algo bueno: el valor que le da al trabajo duro y al esfuerzo, lo cual me parece digno de alabanza; y también hay algo verdadero: nadie ha marcado más goles que él en un deporte que, en esencia, va de eso: de marcar goles. Así pues, conquistada la bondad y la verdad, es comprensible que Ronaldo aspire a conquistar también la belleza. “La gente me odia porque soy guapo”, dijo una vez. Queridos amigos, eso no es vanidad: es una declaración filosófica. Ahora por fin lo veo claro.

Algunos expertos defienden que la cara del joven de la escultura es la de Tommaso Cavaliere, un noble muchacho por el que Miguel Ángel sentía una platónica devoción. En definitiva, el artista captó los rasgos del objeto de aquello que amaba. Tiene sentido entonces que el Genio de la Victoria se parezca a Cristiano Ronaldo, que vive en un perpetuo romance consigo mismo

Cristiano Ronaldo es neoplatónico. Hace algún tiempo ya demostré que Luka Modric era anagógico como Suger de Saint Denis. Si e esto añadimos que Benzemá es escolástico, pues en su fútbol la razón se supedita a la fe de lo intangible, y que Gareth Bale es estoico por razones obvias; el resultado es que el Madrid de las 4 de 5 no era un equipo de fútbol sino un compendio filosófico, la Escuela de Atenas pintada por Rafael, con el Bernabéu en obras al fondo. Allí el único que no era filósofo era Toni Kroos, a pesar de que muchos lo imaginaban criticista kantiano por el hecho de ser alemán, pero de eso nada. Siempre he estado convencido de que Toni Kroos es el último romántico, puro sturm und drag; pero de eso mejor ya hablamos otro día.

Hoy recordemos con agradecimiento y respeto madridistas a Cristiano Ronaldo. El Miguel Ángel del fútbol. El Genio de la Victoria.

Buenos días. Tomamos prestado de Tomás Roncero el título del portanálisis de hoy, pues no en vano quien algunos califican de manera dogmática como el mejor futbolista de todos los tiempos se pegó ayer un nuevo costalazo en ese largo historial de fracasos mundialistas al que cabe añadir un historial, no menos largo y oneroso, de humillaciones europeas con su club (París, Turín, Roma, Liverpool, Lisboa, etcétera). Sí, ya sabemos que habíamos dicho que no hablaríamos del mundial, pero en esta sección comentamos las portadas, y las portadas hablan de ello.

Que sí. Que habíamos dicho que no hablaríamos de este mundial repugnante. El mismísimo Paco Sánchez Palomares estrenó ayer en esta vuestra página un diario antimundial en el que se plantea las mil y una maneras de escapar el visionado de los partidos en el día a día que nos arrastra. Pero es que ayer palmó Lionel Messi ante Arabia Saudí, y no nos queda sino reconocer, en cualquier caso, que si este nauseamundial va a seguir esta línea nos lo van a poder difícil para no prestar alguna atención. Messi no se despeña por enésima vez en una copa del mundo mientras uno lee a Jordan Peterson sin levantar la vista del libro. Eso no lo logró ni Ulises con las sirenas, alguna miradita se le escapó.

Sport, que también ha seguido a pies juntillas la línea parroquial según la cual Messi es por definición el mejor jugador de la historia del planeta y posiblemente del futuro del extranjero también, da cuenta de esta enésima grieta en el dogma, añadiendo el adjetivo “histórico” al sustantivo “batacazo”. Pero se aferra a su Lucho, el streamer, para restañar la herida en la esperanza de que la llamada Roja nos (¿?) dé hoy una alegría ante Costa Rica. “¡Vamos!”, titula el diario de Mascaró con entusiasmo nacional más propio de un miembro de la Benemérita que de un rotativo con manifiestas filiaciones indepes. Pero es que la llamada Roja, amics, está trufada de jugadores culés, entre ellos el yernísimo del propio Lucho, Ferran Torres, de quien ya ha dicho el ínclito asturiano que va a ser su proyección en el campo para que no se enfade su hija (la de Lucho, no la de Ferran, que no tiene, pensamos). Todo esto lo cuenta muy salao Lucho en sus streams, con regodeo jocundo además, lo que ha movido a las pérdidas turbas tuiteras a acuñar el término #nepocachondeo, con su hashtag y todo. Convierte la selección en su cortijo, pero al menos lo hace con luz y taquígrafos y entre grandes risotadas. Se ríe de ti, pero al menos lo hace literalmente, en tu cara. No es que la Roja sea una familia, como reza uno de los últimos mantras, sino que es, más exactamente, la familia de Lucho.

Marca apela al patriotismo de cara al partido de esta tarde. Nos parece legítimo. Cada uno siente la patria como quiere. El que quiera sentirla apoyando sucursales del barcelonismo transidas de intereses de oficinas de representación aupadas por el hype mediático de futbolistas talentosos pero que aún no han empatado con nadie está en su perfecto derecho.

También alude la portada marquista al fin de la relación Cristiano-Manchester United. Nos apena mucho ver a Cristiano acabar su carrera de forma tan turbulenta. La cosa se había puesto imposible desde su entrevista con Piers Morgan, a quien se quejó amargamente por el presunto escaso apoyo de la directiva mancuniana en momentos familiares delicados del astro portugués. A Cristiano le puede el corazón, todo esto nos suena, y reconocemos en esta historia ecos del Cristiano pasional, visceral, que hemos aceptado y hasta querido, como retrospectivamente aceptamos y amamos el espíritu indomable de Di Stéfano. A ver si Cristiano se retira pronto y puede, así, volver a ser eterna y enteramente nuestro. Ya falta un día menos.

Y ya solo queda As, amiguitos, cuya portada, si nosotros hemos visto, vosotros también. Pedri tiene algo de polichinela aciago con nulo carisma para los juegos de corazoncitos. Un buen jugador de Europa League en cuyas dotes balompédicas confía esa España capaz de depositar su suerte, sin pestañear, en un entrenador streamer los intereses de cuyos amigos y familiares reinan sin remilgos en el seno del que debería ser el equipo de todos.

Pasad un buen día y que gane España, si eso.

Hola, no me gusta el mundial de Catar, no me gusta la selección española y no me gusta la FIFA, in that order o en otro. Me gusta el Real Madrid.

Catar es un país repugnante, la selección es un equipo de fútbol que no es el Madrid y además ha sido apropiada por antimadridistas y la FIFA es un organismo corrupto del cual yo no me beneficio. El Madrid es mi reducto de irracionalidad. No sé si esto último lo escribió Jabois, si es así, se lo copio.

Comienza este diario antimundial de Catar. Y antimundial en general.

[Sintonía introductoria.]

Todos los que no han trincado de él no tienen reparos en denunciar la ignominia y el oprobio que supone la celebración de un mundial de fútbol concedido de manera corrupta, celebrado en un país que no respeta los derechos humanos y jugado en unos estadios literalmente erigidos sobre los cadáveres de más de 6500 semiesclavos.

Los que han trincado —directa o indirectamente— se callan o se ponen de perfil, como Luis Enrique, que es streamer y entrenador, pero no político, porque todos sabemos que defender los derechos humanos es un tema político (?).

Infantino Catar

Como yo no trinco —y en una decisión quizá poco inteligente y a buen seguro inútil—, voy a hacer todo lo posible por ir contra el mundial de Catar. Para ello, primero me informo de aquello que no está permitido.

Busco en internet.

“En Catar es un delito beber alcohol o estar ebrio en público”. Me alegro de que Ángel María Villar ya no sea presidente de la Real Federación Española de Fúrbol.

Además de las bebidas alcohólicas, está prohibida la importación de productos que contengan carne de cerdo. Me asaltan dudas. ¿Puede viajar legalmente Roures a Catar? ¿Y los Maffeo, Fali, Alejo, Raíllo, etc.?

No está permitido el uso de máscaras o cualquier otro artículo que oculte la identidad de las personas. Las mujeres pueden llevar burka. Deduzco que para las autoridades cataríes las mujeres no son personas.

“En Catar es un delito beber alcohol o estar ebrio en público”. Me alegro de que Ángel María Villar ya no sea presidente de la Real Federación Española de Fúrbol

No está permitido mostrar ni hombros ni rodillas ni ningún tipo de escote tanto en hombres como en mujeres. Esto veta la entrada en el país de participante alguno masculino, femenino o lo que sea de cualquier reality de Telecinco y de la práctica totalidad de los futbolistas, vistan de calle o de corto. Aquí veo un problema incompatible con la celebración del mundial, tal vez lo haya entendido mal. La parte positiva de esta norma es que por la raja de tu falda no vas a tener un siniestro con tu Seat Panda.

Prohibición total de tomar imágenes de edificios públicos. Colijo que al estar construidos los estadios sobre cadáveres de trabajadores son considerados edificios funerarios y se pueden tomar fotografías y grabar vídeos dentro. Estos cataríes piensan en todo, no me extraña el cariño que siente Xavi Hernández por el régimen.

En Catar no está permitido el uso de máscaras o cualquier otro artículo que oculte la identidad de las personas. Las mujeres pueden llevar burka. Deduzco que para las autoridades cataríes las mujeres no son personas

“Las muestras de afecto en público pueden ser motivo de amonestación y de detención, incluso entre familiares”. Para evitar riesgos, lo mejor es ser vasco o viajar con la suegra. Constato que en Catar sigue siendo difícil hacer el amor en un Simca 1000.

La homosexualidad es ilegal en Catar, “se considera un delito con severas penas de privación de libertad”. Catar no ha querido derogar las leyes que criminalizan las relaciones entre personas del mismo sexo, castigadas con hasta siete años de cárcel, al igual que el sexo fuera del matrimonio. Dentro no está penalizado quizá debido a la escasez del mismo. Si además los condenados son musulmanes, pueden ser flagelados si están solteros o ejecutados si están casados. El paraíso de la libertad donde en pleno desierto la hierba crece siempre verde y cortita, como le gusta a Xavi.

árabes viendo el mundial

Según Khalid Salman, exfutbolista catarí y embajador del mundial, “la homosexualidad es un daño en la mente”. Descarto que estas declaraciones se deban a que el cerebro de este señor estuviese largo tiempo privado de oxígeno o a algún problema de consanguinidad, porque el asunto es general en el país y es imposible que ambas patologías estén tan extendidas.

Afortunadamente, varios jugadores se han propuesto boicotear desde dentro las normas que afectan a los afectos y a la libertad sexual.

Beso y tocamiento de pene De Jong durante mundial de Catar

Algún entrenador también pone su granito de arena, incluso de manera subliminal, simplemente portando su apellido, como es el caso del seleccionador inglés Gareth Southgate.

Como he confesado antes, mi propósito es luchar contra el mundial, cual don Quijote enajenado. Por tal motivo salgo a la calle enmascarado luciendo minifalda y un top con cuello de barco, saludo dos veces al mismo de manera afectuosa y me encamino hacia un bar. Entro. Me miran raro. Recelan. Ingiero tres copas grandes consecutivas, como el Madrid de Zidane. Me embriago. Me envalentono. Agarro a un viejo y lo beso en la boca.

—¡¿Pero qué narices haces, anormal?! —me espeta el viejo mientras comienza a golpearme con la garrota.

—Calle, estoy luchando contra el mundial de Catar.

 

Continuará…

Buenos días, amigos. Hoy es martes 22 de noviembre, lo cual significa que “solo” queda un mes y nueve días para que vuelva el fútbol, para que vuelva a jugar el Real Madrid. En La Galerna intentamos haceros más llevadera esta travesía por el desierto publicando contenidos como una entrevista inédita que Antonio Escohotado concedió a Jesús Bengoechea la última ocasión que estuvieron juntos con motivo del últimos cumpleaños del sabio en Ibiza. Si aún no la habéis leído, ahora es un buen momento para hacerlo.

El cine es otra opción de entretenimiento. Pablo Rivas propone un juego: identificar tres comedias románticas con tres equipos de fútbol, podéis leerlo aquí. Y Athos Dumas directamente tira de clásicos y recuerda a tres grandes actrices —Vera Miles, Angie Dickinson y Constance Towers— protagonistas de obras maestras del celuloide.

Pero desafortunadamente la ignominia está ahí, se está jugando este mundial, y aunque Jesús Bengoechea explica por qué es un asco (y otras cosas no), es inevitable su relevancia informativa, como podemos observar en las portadas del día.

Hola, Marca, que dicen que por qué de la desafección blanca con la selección, que dicen que por qué de la desafección blanca en ocasiones con el propio Marca. Gracias por respondernos con la portada de hoy.

Portada Marca

También queremos "felicitar" a Marca por la portada de ayer, no tuvimos ocasión de hacerlo porque estábamos a otras cosas más importantes, concretamente a la entrevista de Escohotado.

Portada Marca

“Esto es preocupante”. La FIFA se alarma ante la fuga de miles de aficionados locales en el descanso del partido inaugural. Doblete de Enner Valencia”. Bien, ¿por dónde empezamos? ¿Es más importante la fuga de miles de aficionados locales en el descanso del partido inaugural que la muerte de más de 6500 semiesclavos durante la construcción de los estadios donde se produce la fuga de miles de aficionados locales? ¿Es más importante la fuga de miles de aficionados locales en el descanso del partido inaugural que el respeto a los derechos de la comunidad LGTBI? ¿ Es más importante la fuga de miles de aficionados locales en el descanso del partido inaugural que el respeto a los derechos de la mujer? ¿ Es más importante la fuga de miles de aficionados locales en el descanso del partido inaugural que el respeto a los derechos humanos?

Lo que sin duda es preocupante es que a Marca lo que le parezca preocupante sea la fuga de miles de aficionados locales en el descanso del partido inaugural. Lo que sin duda es preocupante es la propia portada de Marca. Explica muchas cosas.

Portada As

As dedica su frontispicio a tres buenos jugadores: dos futbolistas cercanos a la retirada y que el madridismo identifica con el Barça, Lewandoski y Messi; y un futbolista joven, Mbappé, que no destaca precisamente a la hora de tomar decisiones y tampoco levanta ningún entusiasmo entre los aficionados blancos. Pero es un supermartes, o sea, ¡yuhu!

Aunque lo que más nos llama la atención es un titular pequeñito del faldón: “Luis Enrique, en el aire”. ¿Lleva mucho tiempo allí? Que hace frío. A ver si se va a caer. Deseamos por su bien que aterrice como pueda sano y salvo.

Portada Sport

La prensa catalana sigue anclada en el pasado, lugar que solo abandona cuando se centra en un futuro inexistente, como es el caso de las habituales portadas de Sport en las cuales el Barça está a punto de fichar a todos los jugadores humanos del planeta.

Portada Sport

Hoy toca pasado, Sport dedica su primera a plana a Messi, futbolista que hace tiempo que no juega en el Barça, y a Xavi, que se queja de la sanción a Lewandowski, hecho acaecido hace días. No nos sorprende que el amante del régimen catarí defienda a Lewan, pero decir que la sanción es excesiva porque fue un gesto impulsivo sí nos chirría. Oiga, señor Hernández, acusar a un colegiado de consumir cocaína no es un gesto impulsivo por mucho que el césped esté más o menos alto.

Portada Mundo Deportivo

Mundo Deportivo presume de “Barça power” porque casi un tercio del equipo nacional es del Barça.

Y después de esto, nos despedimos preguntándonos por qué tanto madridista siente desafección por la selección. No encontramos explicación.

Pasad un buen día.

Proliferan en las redes sociales, en los últimos días, manifestaciones de personas o de nicks que tratan de desautorizar a quienes, como yo, sostenemos que el mundial de Catar es una ignominia como ninguna otra en la historia del deporte. Curiosamente, la mayor parte de estas manifestaciones basan su argumentación en la idea de que otras cosas también son una ignominia. Un nick, tras el que es conjeturable que se escondía una persona con nombres y apellidos, me adjuntó anteayer una lista de países bombardeados por Estados Unidos a lo largo de los siglos pasado y presente asegurando haber rastreado mi TL, de manera infructuosa, en busca de tuits condenando el Mundial de USA 94. Mal por mi parte, sin duda, aunque no existieran por entonces ni twitter ni muy posiblemente el/la portador/a del nick.

La acusación adjunta a mi falta de atención tuitera durante los dorados 89 y 90 es la de hipocresía. Si no condené aquello entonces, ¿cómo oso condenar esto ahora? Aun suponiendo que fuera yo reo de la hipocresía que se me imputa, no veo de qué modo mi condición de sepulcro blanqueado habría de eximir de culpa a la FIFA y a Catar por la celebración de este oprobioso campeonato del mundo. A menos que algo se me escape, no es necesario presentar una hoja de servicios inmaculada para tener razón en la exposición de una denuncia discreta. No se exigen certificados de virginidad en la comisaría a la hora de comunicar el hurto de una cartera, o no que se sepa.

Aun suponiendo que fuera yo reo de la hipocresía que se me imputa, no veo de qué modo mi condición de sepulcro blanqueado habría de eximir de culpa a la FIFA y a Catar por la celebración de este oprobioso campeonato del mundo. A menos que algo se me escape, no es necesario presentar una hoja de servicios inmaculada para tener razón en la exposición de una denuncia discreta

Junto a la Brigada Antihipócrita, está la Liga de los Bienintencionados. ¿Acaso no soy capaz de comprender que no hay mejor forma de propiciar la apertura de Catar al mundo que otorgarle mundiales? ¿No entiendo que, a fin de lograr que un régimen dictatorial abrace poco a poco los valores occidentales, lo más eficaz es darle la oportunidad de empaparse de ellos a punta de tratos comerciales y eventos varios en común, por oposición a la paralizante idea de quedarse en la otra orilla maldiciendo y señalando con el dedo? Prefiero, en general, los bienintencionados a los antihipócritas, y creo que se merecen una reflexión en voz alta.

Construcción estadio Catar

Soy el primer creyente en la redención de los individuos o las comunidades más abyectas, pero el ponerme el primero en la fila no me obliga a vendar mis ojos o taparme las napias. Todo tiene matices, y la aplicación de los postulados de la buena intención debe conocer límites. A Catar se le concedió la oportunidad de demostrar al planeta que podía, vía campeonato del mundo de fútbol, convertirse en un miembro más o menos homologable de la comunidad internacional. ¿Cuál fue la respuesta de Catar al otorgamiento de ese voto de confianza? Contratar (es un decir) a miríadas de semiesclavos indios y pakistaníes para dejarles morir de sed y calor en medio del desierto, en la construcción de los mismísimos estadios donde se está celebrando el evento. Hay una relación directa entre los crímenes que nos zarandean y el evento cuya moralidad discutimos aquí. Volviendo al ejemplo de USA 94, es como si las víctimas de todos los bombardeos estadounidenses de los 80 y 90 hubieran sido ajusticiados en los mismos campos donde se disputó el torneo. El tema no es la (im)presentabilidad general del régimen catarí (que también, teniendo como tiene un historial manifiestamente mejorable en derechos básicos de la mujer o de la comunidad gay), sino sobre todo lo éticamente inaceptable del proceso de puesta a punto de las infraestructuras del propio mundial. La vergüenza es inmediata, adyacente. No hace falta mirar las leyes o el marco cultural del país, porque las voces de 6500 seres humanos (o más) muertos en las obras nos interpelan desde los propios recintos donde se celebran los partidos. No es la idoneidad ética del país donde se disputa el mundial lo que está en discusión, sino la del mundial mismo.

No hace falta mirar las leyes o el marco cultural del país, porque las voces de 6500 seres humanos (o más) muertos en las obras nos interpelan desde los propios recintos donde se celebran los partidos. No es la idoneidad ética del país donde se disputa el mundial lo que está en discusión, sino la del mundial mismo

Llevo días asistiendo a comparativas que, por lo que aquí comento, considero improcedentes. Soy el primero que afronta con reticencias morales el establecimiento de trato comercial con ciertos regímenes, pero no es eso lo que debatimos, o no sólo, o no primordialmente. Así que no me vengan con la publicidad de Emirates en las camisetas o la Supercopa en Arabia Saudí, porque en todo en esta vida ha de haber grados. Claro que el régimen de los Emiratos dista muchísimo de ser moralmente intachable (aun siendo más avanzado que el de Catar), y no digamos nada de la monarquía pseudomedieval saudí. No me agrada que haya que tratar con ellos en términos de relación económica, intercambio o inversión, pero sí creo en el poder de esa actividad económica como agente de cambio político y social (aunque sea lentísimo) dentro de esos países.

Catar en cambio se ha reído ya, manifiestamente y en nuestra cara, de esa buena fe. Desde el momento en que Amnistía Internacional o la BBC alertaron de la atrocidad que, en términos de pérdida masiva de vidas, se estaba produciendo en las obras del mundial, debió activarse un protocolo de marcha atrás que privara a Catar de lo inicialmente concedido. Debió retirárseles de inmediato el crédito para esta copa del mundo impregnada de sangre. La mancha en la conciencia de occidente no consiste tanto en el otorgamiento del mundial a este petroestado del Golfo como en la mirada hacia otro lado una vez que se supo cómo se estaban haciendo las cosas. Claro que (y aquí soy yo el bienintencionado hasta la ingenuidad) difícilmente va a dar marcha atrás quien al hacerlo debe también devolver el dinero.

 

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El descubrimiento de la decepción

 

Para cuando la Copa del Mundo de Francia, en el verano del glorioso año de 1998, había ocurrido algo extraordinario en mi vida: el Madrid había ganado una Copa de Europa. No una cualquiera, sino la Copa de Europa. Cuatro años después de Estados Unidos 1994 yo ya tenía una idea mucho más clara de lo que eran las cosas, al menos me iba haciendo una composición de lugar: ya distinguía entre el Madrid y España y aunque no supiera medir del todo la trascendencia de aquello que llamaban Copa de Europa o Champions League, sí que sabía que una cosa era el Real y otra, la Selección española.

Sin llegar a los diez años, en efecto, tuve la suerte de vivir algo prodigioso. La última vez que el Madrid tuvo entre sus manos aquel objeto plateado, magnético, que atrapaba toda mi atención y que hacía feliz a todo el mundo a mi alrededor, mi padre todavía no había cumplido cinco años. Él tuvo que esperar treinta y dos para volver a vivirlo, yo sólo nueve. Yo era, a todas luces, un niño afortunado, como lo he seguido siendo toda mi vida. Ya por entonces descifraba el mundo a través del cristal dorado del pensamiento mágico: si el Madrid había ganado un trofeo dificilísimo, al que llevaba aspirando por generaciones, que hacía tanto tiempo que no ganaba y se lo había ganado a un equipazo con absoluta naturalidad, ¿cómo no iba a ganar España el Mundial, si además con España jugaban también Fernando Hierro y Raúl, dos de los mejores jugadores del Madrid? Cuando empezó la decimosexta edición de la Copa del Mundo de selecciones nacionales, yo estaba en pleno subidón: ganar era lo más sencillo del mundo, el Madrid lo acababa de hacer derrotando al monstruo final del juego, aquella Juve invencible en la que jugaba un semidiós francés, Zidane, y que España fuera campeona del mundo ese verano era la continuación lógica de lo empezado en Ámsterdam a finales del mes de mayo. En mi cabeza, era lo que tenía que ser, lo que iba a pasar.

El Madrid había ganado una Copa de Europa. ¿Cómo no iba a ganar España el Mundial, si además con España jugaban también Fernando Hierro y Raúl, dos de los mejores jugadores del Madrid?

El Mundial se jugaba en Francia. Yo nunca, por supuesto, había estado en Francia. Por aquella época un niño de pueblo, en el sur de España, podía tener ideas extrañas sobre Francia. Todavía por entonces los agricultores franceses volcaban la fruta y la hortaliza española que cruzaba la frontera. En mi casa, que es una casa de campesinos, aquellas imágenes, cuando salían por el televisor, en el telediario, causaban espanto y furor. Tantos tesoros de la tierra, con lo que cuesta sacarle algo, lo que sea, a la tierra, tirados, machacados sobre el asfalto de frías y lejanas carreteras pirenaicas, las puertas de los camiones abiertas de par en par, aquella algarabía violenta, todo confluía para que yo tuviera una imagen nefanda de los franceses.

Camiones españoles fruta volcados Francia

Además, se decía que Francia había nacionalizado a aquel tipo tan bueno de la Juve, Zidane, para que jugara por ellos y ganara el Mundial. Naturalmente, todavía no estaba en condiciones de entender muy bien el derecho de ciudadanía, la emigración y la aculturación. Tampoco nadie se había parado a explicármelo. La cosa es que Francia era una especie de súcubo, el compendio de todo lo que estaba mal en el mundo y, estaba claro, el enemigo a batir. En cierto modo, las cosas no han cambiado demasiado: hay una extraña y risible francofobia entre la chavalería, alimentada por el asunto de Mbappé, que entronca con el viejo y soez desprecio a lo francés tan castizo y tan de aquí, que curiosamente funciona un poco como la imagen invertida del afrancesamiento (por no decir venta al por menor) de la clase dirigente.

Era mi Mundial, lo deseaba con toda fruición. Todo estaba listo: el Madrid, campeón, y la Selección, un plantel de tronío. La segunda equipación, tan blanca otra vez, era preciosa. Y aunque seguía entrenándola Javier Clemente, nada podía fallar

Pero me estoy desviando. En 1998 yo era un niño feliz. Ese año, por Reyes, me regalaron la Playstation, es decir, la primera, la original, el objeto de codicia y ensoñaciones de la generación tardomillennial. Con la play, Tomb Raider, el FIFA 98 y el International Soccer Pro, el día y la noche de los juegos de fútbol. En mayo hice la Primera Comunión, tres días antes del 20, así que figúrense. Incluso le escribí una carta a Mijatovic invitándole al convite. Sin embargo, como pensé que estaría concentrado para la final, no quise entrometerme y la dejé sin enviar: en la dirección, a falta de otra cosa, había puesto Concha Espina. El Mundial de Francia iba a ser el colofón. Su canción era un auténtico pelotazo. En la fiesta del final de aquel curso de Cuarto de Primaria hasta bailé como Ricky Martin. Era mi Mundial, lo deseaba con toda fruición. Todo estaba listo: el Madrid, campeón, y la Selección, un plantel de tronío. La segunda equipación, tan blanca otra vez, era preciosa. Y aunque seguía entrenándola Javier Clemente, nada podía fallar. Recuerdo incluso los anuncios. Aquel Mundial vino precedido por una campaña publicitaria maravillosa, en España y en el mundo. No sólo fue el famoso anuncio de Nike con Brasil en el aeropuerto: Caja Madrid (lo recuerdo como si lo viera otra vez en la pequeña tele de la cocina que había sustituido al armatoste del verano del 94) convirtió el Stade de France de Saint-Dennis en una plaza de toros, y la megafonía anunciaba a las estrellas españolas ante el miedo de miles de franceses, que contemplaban la salida de unos miuras tremendos. “Que se vayan preparando”, decía el eslogan.

Por supuesto, nos preparamos. Yo estaba preparado, preparadísimo. El primer día España jugaba de blanco, contra Nigeria, y empezó marcando Hierro, que luego le dio un pase telescópico a Raúl para que metiera el 2 a 1. Yo ya me vi campeón. El césped, aquella tarde de junio en Nantes, brillaba como en el FIFA de la play. Nigeria estaba repleta de jugadores buenos y carismáticos, pero mi confianza en España no era de este mundo. Pertenecía, concretamente, a un mundo mejor: era una confianza madridista. Muy pronto descubrí que la Selección nunca iba a merecerla, ni siquiera en sus mejores días, porque la Selección no era el Madrid y nunca iba a llegar a serlo.

Zubizarreta España Nigeria Francia 98

No obstante, todavía tenía camino por recorrer a lo largo de aquella senda de la decepción. Como todo el mundo sabe, España perdió el control de aquel partido contra los nigerianos y terminó perdiéndolo de manera no sólo absurda, sino cómica. No hay nada que desangele más a un niño que ver hacer el ridículo a quien admira, a aquel de quien espera una proeza, algo inverosímil, propio de superhéroes o de los sueños. A la derrota inicial le siguió un penoso empate a cero ante la Paraguay de Chilavert, a quien yo ya conocía bien a través del Marca. Creo que fue aquel verano cuando tomé la costumbre, que me quité con el tiempo, de comprarme todos los días el Marca. Con el Marca coleccioné una hermosa guía del Mundial, de tapa dura y anillas, en la que cada día introducía una ficha de una selección participante y gracias a la cual conocí a fondo la historia de aquel campeonato del mundo. Aunque España no lo ganara y a mí se me empezara a ir algo por dentro, siempre miraré a Francia 98 con cariño porque con esa guía me empapé de historias prodigiosas como la del Maracanazo, el gol fantasma de Inglaterra y el robo de la copa Jules Rimet, que acabó por encontrarla un perro; las primeras selecciones que jugaron el Mundial de Uruguay, que estaba tan lejos que sólo se podía llegar en barco; la final de México 70 con Beckenbauer y su brazo en cabestrillo, el gol de Zarra a los ingleses en Brasil o el mangazo de los italianos en el año 34, cuando sólo el fascismo y Giuseppe Meazza pudieron frenar a la subcampeona olímpica de Amberes.

Mi confianza en España no era de este mundo. Pertenecía, concretamente, a un mundo mejor: era una confianza madridista. Muy pronto descubrí que la Selección nunca iba a merecerla, ni siquiera en sus mejores días, porque la Selección no era el Madrid y nunca iba a llegar a serlo

Después del 0-0 con Paraguay recuerdo que a mi alrededor la tensión se desinfló como se desinflan los globos después de una fiesta de cumpleaños. La expectación nerviosa de mis padres, de mis amigos de la playa, de mis tíos y abuelos y en general de todos los que yo leía en los periódicos o escuchaba por la radio o por la tele hablando de España y del Mundial se transformó, de golpe, en chanza. El español promedio tiene una curiosa manera de canalizar la frustración, digamos ligera, como la que produce el fútbol o, por ser más exactos, el fútbol de selecciones: de inmediato le pierde el respeto o la distancia reverencial al objeto amado y se cachondea cruelmente de él. Eso apenas lo he visto con el Madrid a lo largo de mi vida, hablo de mi entorno, pero sí con la Selección. España, de favorita temible, había pasado irremediablemente a ser una broma, una comparsa llena de mamarrachos. Nadie confiaba en pasar a octavos y en efecto no se pasó, aunque se goleó a Bulgaria. Que se golease a Bulgaria, precisamente, con una goleada histórica, no hizo más que aumentar la chacota, lo que a mí, honestamente, me desmoralizó por completo: no sólo España no iba a entrar en el salón que albergaba todas esas historias maravillosas que yo leía en la guía del Marca sino que tenía que soportar la burla generalizada a mi alrededor.

Por supuesto, seguí viendo el Mundial. Recuerdo especialmente el Argentina-Holanda y el gol de Bergkamp, que me fascinaba. Era como un torero, un bailarín, su técnica y su capacidad de danzar sobre la pelota y sobre sí mismo, como la muñeca de una cajita musical, sólo la ha heredado luego Benzema. Recuerdo el gol de Owen a los argentinos y la expulsión de Beckham, la tanda de penaltis entre italianos y franceses y los goles de Noruega a Brasil, la favorita suprema, absoluta, el equipo de videojuegos que mostraba síntomas preocupantes de cansancio. Cuando los brasileños eliminaron en penaltis a Holanda en semifinales y se clasificaron, como era casi una obligación, lo que todo el mundo esperaba, para la gran final de París, recuerdo a Taffarel de rodillas siendo abrazado por una piña amarilla. Taffarel me llamaba la atención por el nombre, que me sonaba a italiano, y por su color de piel: era un gigante blanco, blanquísimo, en una selección café con leche.

Roberto Carlos Karembeu Francia 98

En la final yo iba con los brasileños porque siempre me han parecido, al contrario de lo que piensa mucha gente, el Real Madrid de las selecciones. Más allá del Madrid sólo la selección brasileña de fútbol atrapa la imaginación de las generaciones, una detrás de otra, del mismo modo. Brasil es lo que a todo el mundo le gustaría ser alguna vez, aunque la deteste. Brasil es el que más mundiales tiene, el equipo de más glamour, incluso el amarillo canario de su camiseta tiene el poder taumatúrgico de la camiseta blanca del Real, que todo lo agranda o aniquila. En la final yo también iba con Brasil por Roberto Carlos, claro, y por Ronaldo, que se había ido del Barcelona y por lo tanto ya me caía bien. En el fondo esperaba que algún día jugase en el Madrid, aunque eso iba a llegar más tarde, después del siguiente Mundial.

Más allá del Madrid sólo la selección brasileña de fútbol atrapa la imaginación de las generaciones, una detrás de otra, del mismo modo. Brasil es lo que a todo el mundo le gustaría ser alguna vez, aunque la deteste

Es curioso porque de aquella final del 98 apenas recuerdo nada, más allá de los dos golazos de cabeza casi seguidos, del futbolista que más me ha fascinado y creo que me fascinará en toda mi vida. Zidane fue ese día para mí una presencia fantasmagórica, una especie de Dios vengador que apenas sonreía y que jugaba con una furia extraña, especial. A lo mejor jugaba escuchando cómo le batían en la sangre los tambores de toda su estirpe de beduinos que ululaban clamando venganza, una venganza inconfesable que él, aquella noche, se encargó de ejecutar en el lugar, en el barrio (eso lo leí más tarde, de adulto) que su padre ayudó a levantar, como un currito más, argelino en Francia en busca del gran sueño.

Zidane Francia 98

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Índice:

  1. Cuando los Mundiales eran en verano: USA 94

Tres actrices para recordar

 

En estas semanas de mundial bochornoso, indigno y prescindible, nada mejor que volver a revisitar los clásicos cinematográficos.

Nuestro club favorito no va a volver a las canchas hasta el día de San Silvestre, y en estos 40 días hay que estar lo más alejado posible de los partidos de Qatar. Ni La 1 de TVE ni mucho menos para engrosar las cuentas de Roures en su invento de Gol Play.

Así pues, aprovecha este narrador en volver a ver obras maestras de hace 60 años o más, cuando el cine era cine y no una colección de efectos especiales y de personajes absurdos o poco creíbles.

Nuestro club favorito no va a volver a las canchas hasta el día de San Silvestre. Así pues, aprovecha este narrador en volver a ver obras maestras de hace 60 años o más, cuando el cine era cine y no una colección de efectos especiales y de personajes absurdos o poco creíbles

En los últimos días he vuelto a ver —por enésimas veces— 3 largometrajes protagonizados por John Wayne, el héroe más madridista de Hollywood, y, curiosamente, y gracias al cielo, he comprobado con alegría que sus tres compañeras de reparto aún siguen felizmente en vida.

Se trata de Vera Miles, fordiana de pro tras intervenir en dos obras maestras indiscutibles, “Centauros del desierto” y “El hombre que mató a Liberty Valance”, de Angie Dickinson, partenaire en la fabulosa “Río Bravo” de otro genio, Howard Hawks, y Constance Towers, que da la réplica a Duke Wayne en otra gran obra de John Ford, “Misión de audaces”.

Vera Miles en El hombre que mató a Liberty Valance

Vera Miles, ya con 93 años de edad, es una de esas actrices de Hollywood injustamente infravaloradas, pese a que en su CV aparecen, además de dos colaboraciones con Pappy Ford, otras dos protagonistas de films de Hitchcock, “Falso culpable” (con Henry Fonda de pareja) y “Psicosis”.  No hay muchas actrices con semejante historial, se diría que es en cierto modo como nuestro Nacho Fernández, que, a la chita callando, tiene en su haber 5 Copas de Europa, una más, por ejemplo, que céntrales más prestigiosos como Sergio Ramos o Varane.

Su papel en “Liberty Valance”, situada entre dos hombres, el veterano héroe del pasado Wayne/Tom Doniphon, una especie de coloso de la época de blanco y negro, como nuestros héroes de las 5 Copas de Europa consecutivas, y el abogado educado James Stewart/Ranson Stoddard, más propio de un tiempo menos imaginativo y sin duda más eficaz y contemporáneo, es un equilibrio perfecto entre dos mundos, el pasado y el presente, ambos respetables y por quien su personaje no sabe muy bien hacia cuál inclinarse. Miles anda enamorada de ambos, como cualquier madridista de bien tiene que estar enamorado de su club no solo por los éxitos actuales, sino por el peso de su impecable historia desde hace 120 años.

Angie Dickinson en Río Bravo

“Río Bravo”, un western que es sobre todo un canto a la amistad, al compromiso, al trabajo en equipo, “ningún jugador es tan bueno como todos juntos”, decía D. Alfredo, en el que un sheriff cincuentón (Wayne), un anciano tullido (sensacional Walter Brennan), un alcohólico (Dean Martin en su mejor papel de siempre) y un joven imberbe (el cantante Ricky Nelson), hacen frente a un numeroso grupo de forajidos que quieren liberar a uno de sus cabecillas encerrado en la prisión del pequeño pueblo del Oeste.

Las “mocitas” (no solo madrileñas) siempre han tenido mucho que ver en la historia de nuestro Real Madrid. Háganme caso, y traten de ver estas cintas mejor que perder el tiempo con faraónicos estadios cataríes e hinchas de pega

Es a la vez un film de aventuras, con tintes de thriller, con mucha comedia e incluso con un genial romance entre Wayne y Angie Dickinson, que está más bella que nunca y que en cada escena quita dramatismo, con su simpatía y su desparpajo, a la tensa situación que viven los cuatro defensores de la ley. Angie, que ya cuenta con 91 años, fue en “Río Bravo” un poco como David Alaba en la remontada contra el PSG, que en un momento tenso es capaz de arrancarnos una sonrisa a todos al levantar de manera insospechada una silla para relajar los ánimos. Adoro a Angie Dickinson desde “Río Bravo”, la cumbre absoluta de su carrera cinematográfica, como adoro también a Alaba, que se metió en su bolsillo a los madridistas a los dos meses de llegar para sustituir a Ramos.

Es también muy recomendable ver otra gran película de Ford, “Misión de audaces”, con otra lucha de egos entre Wayne (coronel que tiene entre ceja y ceja la noción de cumplir con su deber militar) y William Holden (el médico del destacamento, más racional y preocupado más por la salud de sus hombres que por el objetivo militar). Ambos tienen su parte de razón, obviamente, como tan madridista puede ser un Zidane como un Capello, aunque sus métodos sean diferentes.

Constance Towers en Misión de Audaces

Entre medias se cuela la figura de Constance Towers (actualmente a punto de cumplir 90 primaveras), una dama sudista que quiere ante todo torpedear la misión de los militares federales. Es capaz de sacar a los dos protagonistas de quicio, como un Marco Asensio por ejemplo (capaz de dar el mejor toque a un balón y de exasperar al mismísimo Santo Job cuando aparece su desidia), pero constituye un personaje muy importante en la trama, como creemos que debería ser Asensio el día en que se crea de verdad lo buen jugador que es. No desvelaremos el desenlace de “Misión de audaces”, pero sí destacaremos que John Ford, al año siguiente, volvió a contar con Mrs. Towers para su “Sargento Negro”, dándole una nueva oportunidad para su lucimiento y la posibilidad de seguir sumando buenas películas en su currículo.

Por muchos años más, queridas Vera Miles, Angie Dickinson y Constance Towers, protagonistas de obras maestras y capaces de dar unos deliciosos matices en unas películas donde predominaban personajes masculinos de mucho carácter. Y es que las “mocitas” (no solo madrileñas) siempre han tenido mucho que ver en la historia de nuestro Real Madrid. Háganme caso, y traten de ver estas cintas mejor que perder el tiempo con faraónicos estadios cataríes e hinchas de pega.

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