El Real Madrid femenino derrotó (1-0) al Atlético de Madrid en el primer derbi de la temporada. Un gol de cabeza de Kathellen Sousa en el tramo final del partido dio tres puntos de valía a un equipo blanco negado con el balón en los pies. La victoria aumenta la distancia con uno de los principales rivales llamados a pelear por las plazas de Liga de Campeones.
Durante ochenta y tres largos minutos de fútbol en el estadio Alfredo Di Stéfano, Lola Gallardo, guardameta y capitana del Atlético de Madrid, vivió en su área de trabajo con tranquilidad. Frente a un Real Madrid que ostenta el honor de ser el segundo equipo más goleador de la competición liguera, la sevillana debió pensar que algo raro sucedía. Hasta ese momento, su principal cometido había consistido en atrapar balones sin tensión centrados en dirección a sus dominios. Por momentos, incluso jugar sin guantes podría haber sido una opción, pues los dos únicos disparos recibidos llegaron centrados y dóciles a su cuerpo.
Alberto Toril se decidió por repetir el once dispuesto ante el Chelsea tres días antes, con la excepción de un cambio de piezas en el lateral derecho —Kenti Robles en detrimento de Ivana Andrés—, y consecuentemente la producción de fútbol del equipo blanco fue igual de pobre. Con Caroline Weir partiendo desde el enganche del ’10’, pero ya vigilada por sus rivales como una reclusa en cárcel de máxima seguridad, tanto Claudia Zornoza como Sandie Toletti echaron en falta aliadas con quien enhebrar juego. Y en esas, la necesidad de sumar siempre de tres en tres actúa en esta plantilla madridista como una droga que nubla la vista y el juicio.
Si enfrente se emplea un rival superior, la mera resistencia y la búsqueda del empate termina convirtiéndose en un resultado, al menos, aceptable. Ocurre que, esta vez, el Atlético que visitó Valdebebas era un equipo gris, sin ideas y siempre a medio hacer. Con un plan de partido reducido a buscar a Rasheedat Ajibade al espacio, a la espera de que Marta Cardona y Eva Navarro recuperen el nivel que les dio fama, su sensación de debilidad venía a hurgar en la herida abierta en el Real: el equipo blanco ha perdido creatividad. Por momentos, pareció necesitar una clase para refrescar cómo era aquello de elaborar jugadas de ataque con paciencia.
Un gol de cabeza de Kathellen Sousa en el tramo final del partido dio tres puntos de valía a un equipo blanco negado con el balón en los pies
El partido avanzó en ese quiero y no puedo de los rivales de la capital. La mera combinación de colores entre equipaciones exigía más; a falta de fútbol, a más de un aficionado le habría valido con un aumento del voltaje. Una entrada a destiempo, una palabra malsonante, si quiera un penalti mal pitado. No hubo nada de eso, por lo que el paso de los minutos únicamente aumentaría el interés en el plano mental, allí donde ocurren sucesos a menudo inexplicables e imprevisibles.
Hasta la llegada de los momentos decisivos, cuando se rebasa el 75, de haberlo hecho el choque habría caído del lado rojiblanco. Al Real no le sienta bien la apatía; es el alumno que en clase se aburre sin estímulos. Sólo así puede explicarse que incluso la clarividente Weir —la mejor futbolista sobre el césped— llegara a trabarse con el balón al intentar un regate tras media hora de juego. Habría bastado un error defensivo madridista para desnivelar el marcador, pero Misa Rodríguez desbarató un par de intentonas del Atleti y, para todo lo demás, Rocío Gálvez volvió a demostrar que es una de las jugadoras más en forma de la plantilla. La contundencia de la cordobesa mantuvo al Real en el partido y al Atlético de Madrid acallado.
Tras el descanso, Toril no esperó más y agitó a su equipo dando entrada a Sofie Svava y a Teresa Abelleira. Aunque el cambio arrastró a Naomie Feller a la posición de ‘9’, el cable seguía enredado en el mismo punto: unos metros más atrás. Sólo tras la entrada de Maite Oroz, y quizás aprovechando un pequeño bajón de intensidad de las visitantes, consiguieron las blancas hacer recular al Atlético, que ya sí comenzó a sufrir.
Y bastó ese apriete de tuercas, un jugar con los fantasmas de la historia inexorablemente entrelazada de ambos clubes, para que aquellas vestidas de blanco sintiesen envalentonamiento mientras sus parejas de baile se achicaban. Con ese cambio de decorado llegó el enésimo córner, pero ya no era un córner cualquiera. Corría el minuto 83 –que rima con 93–, el partido había cambiado a la modalidad de niños ‘el que meta, gana’, y lo que vino tras el centro fantástico de Teresa Abelleira no pudo sorprender a nadie. Propulsada por la fuerza de los genios, que es la misma que la de los locos, Kathellen Sousa se deshizo de su marcaje, llegó como un avión a las cercanías del primer palo y conectó un cabezazo directo a la red. Era el primer disparo de peligro de la tarde.
El gol fue una sentencia inapelable, y ya hasta el final cada equipo supo cuál era su destino, su lugar en el mundo. En un partido abocado al empate, quizás el resultado más lógico, el Real Madrid femenino volvió a salirse con la suya. Sin pedir permiso, sin siquiera merecerlo, pero con la convicción del que quiere conquistar cotas más elevadas, las madridistas agarraron los tres puntos y se fueron a casa. La fe mueve montañas.
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Lunes 5 de diciembre feo y lluvioso. Trabajo antes de librar 4 días seguidos.
Caminata matinal desde el desayuno hasta la hora del aperitivo para mantener mi constitución a tono. Nací el mismo año que la carta magna y habrá que homenajearla ejercitando el cuerpo. Debido a las lluvias previas, las zonas habituales están embarradas, por lo que discurre por asfalto. Sobre un puente peatonal me obstruye el paso una pareja que camina lento ocupando todo la pasarela sin intención alguna de dejar pasar. Esta actitud define a una persona, ya sea a pie o en vehículo. Él no tiene cuello, parece un mikolápiz con la punta roma. Cabeza afeitada. Tiene el cuero cabelludo arrugado como si llevase el cerebro por fuera. Ella habla con si tuviera la lengua enfangada en arenas movedizas. Hacen planes para el partido de España.
La selección juega contra Marruecos a las 18:00, pero tengo otros planes. Caray, como diría el Buitre, de repente me entero de que el partido es a las 16, así que me siento a verlo con la misma preocupación que quien contempla una batalla entre dos aficiones rivales.
Partidazo. Cómo compite España. Qué bueno es Ferran Torres. Y el portero, el portero de la selección es el mejor desde aquel Zubizarreta que lo bordó frente a Nigeria en Francia 98. Comento el choque con un amigo por WhatsApp y me dice que “Gavi es la vaquilla del Gran Prix del verano”. Genialidad. Vamos a aprovechar para hacer estas bromas ahora, no vaya a convertirse en un Urdangarin II.
Los tratados internacionales antitortura me impiden presenciar la prórroga. Salgo hacia Madrid para ver un museo curioso y cenar. Me encantaría que esta España perdiese, pero me juego la cabeza a que terminará eliminando a Marruecos.
Me coloco la cabeza sobre los hombros. Sigue funcionando igual que antes, no se aprecian cambios. El motivo es que la he recogido del suelo antes de tres segundos que es cuando comienzan a subirse las bacterias, como cuando se te cae una aceituna al piso de casa.
Miércoles. No tengo claro que este día haya existido.
Me parece haber oído de refilón que han echado a Luis Enrique. Medida tomada con años de retraso, pero bienvenida sea. Ojalá contraten a Mourinho como seleccionador. Seguramente los independentistas catalanes —grupo social que apoya a España con más fervor— pusiesen problemas porque Mou no es español. Razonan de ese modo.
Ajeno a todo salgo a caminar y me encuentro a unos zapatos sin persona. Lo mismo son de Luis Enrique.
No viene Mou. Ni Guti tampoco, otra opción que me apetecía. El nuevo seleccionador es Luis de la Fuente. Oh, qué ilusionante para la afición.
Salgo a caminar por la tarde. Me empapo, pero el paraje es bello.
Por la tarde juega Lukita, y aunque este mundial es basura, en el fondo quiero que gane porque sé que le hace ilusión. Se enfrenta a Brasil, donde militan varios cachorros nuestros y un exjefe. A Vini, Militao, Casemiro y Rodrygo los quiero mucho, pero Lukita es único, es una persona Luka Modric.
Comienzo a ver el partido ya en la segunda parte. ¡¿Qué se ha hecho Rodrygo en el pelo!?
Marca Neymar y los comentaristas lo ensalzan hasta la desmesura, aseguran que el gol ha entrado ya en la historia de los mundiales. Yo, en cambio, en lugar de creer que Neymar merecía una carrera con más éxitos pienso que demasiado ha conseguido teniendo en cuenta sus actitudes. No lo quiero ni regalado.
Ojalá empate Croacia, pido a Van Gaal que saque a Súker. No me hace caso, pero marcan gol. A Brasil se le empieza a poner la cara que se le suele poner en muchos mundiales, pese a ser la número uno histórica.
Penaltis. Casemiro la revienta. Falla Rodrygo. La culpa de la posible eliminación de Brasil será del Madrid. Lukita clava su lanzamiento y lo celebra con rabia. Se dispone a chutar un brasileño que parece Jesús Quintana de El Gran Lebowski. Se marca un Juanfran y eliminados.
En casa se celebra el pase de Lukita. Están presentes mis padres, mis tíos y una máquina de coser Singer que también canta los goles.
Comienza Argentina que se enfrenta a Países Bajos, unos loosers de campeonato desde que los conocíamos como Holanda. Messi da una buena asistencia y ejecuta un libre directo que sale fuera rozando el larguero. Encima marca el segundo de penalti. Que le den el Balón de Oro antes de que acabe el partido.
Una persona mala, Iván Alejo, se mofa de la eliminación de Vini tuiteando emoticonos de mono. Luego dice que no quería, como siempre. Ya le conocemos. Imaginaos ser él. O quienes se lo consienten.
Contra todo pronóstico, empata Van Nistelrooy. Los naranjas sacan una falta al borde del área que recordó a aquel penalti indirecto de Cruyff. Al menos a mí.
Mateu termina el partido jugando de stopper con Argentina.
Penaltis otra vez. Gana Argentina y bastantes futbolistas albicelestes se comportan como lo que son. Un comportamiento moralmente a la altura del mundial de Catar. Aunque Argentina es especialista, ya ganó aquel del 78 perpetrado con Videla asesinando a compatriotas y no puso muchas objeciones.
Cumpleaños de mi padre. Le felicito y no se acordaba de que era su cumpleaños.
Voy a recoger a mi hija para comer y celebrarlo. De camino me piden por favor que pase a recoger unos álbumes por una tienda de fotos. Al llegar me extraño de que haya una cola que sale del establecimiento. Pido la vez y aguardo. Pasan unos minutos en los cuales va avanzando lentamente. Al fin miro al escaparate y compruebo que estoy esperando en la panadería de al lado de la tienda de fotos. Parezco Messi. Paso al local de fotografía y, al enseñarle el resguardo que me habían enviado por WhatsApp, la dependienta, con cierto alipori, me indica que es de la competencia, de la tienda que está a varios cientos de metros. Salgo abochornado. Parezco Morata. Al fin consigo recoger los álbumes.
A la hora de soplar las velas nos damos cuenta de que se nos ha olvidado comprar un seis. Lo sustituimos por un langostino.
Por la tarde, después de trabajar, salgo de paseo. Noto la garganta rara, no me encuentro muy católico, pero Marruecos tampoco y miren dónde ha llegado.
Convocamos el tradicional Certamen La Galerna de Cuentos Madridistas de Navidad. Ya es la tercera edición. Los animo a participar, el ganador obtiene una camiseta del Real Madrid firmada por una leyenda del club.
A mediodía, cuando me disponía a escribir este diario, empeoro. Después de comer llego a la peligrosísima temperatura de 37,5 grados centígrados. Siento que la vida me se va. Comienzo a despedirme de los seres queridos.
Tras varias horas yacido en cama, moribundo, una amiga me insufla ánimos. No sé si será suficiente. Le envío una foto para indicarle lo que veo desde mi lecho de muerte. Apenas todo negro con un puntito brillante. Temo que sea la luz al final del túnel porque descarto que se trate del led del televisor. Ella responde de inmediato que no me preocupe, que esa luz es Júpiter. Lleva razón, siempre que vas con alguien caminando y señalas algo brillante en el cielo te responden: “nada, eso es Júpiter”.
Me duele la espalda tras tantas horas tumbado. Me levanto y compruebo que el hecho de haberme estado clavando la funda del termómetro durante cuatro horas puede que también haya influido.
Me arrastro al ordenador y procedo a escribir estas líneas con la esperanza de concluir antes de que para mi mal venga a buscarme la parc…
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Buenos días, amigos. Hace más de un año publicamos un artículo titulado Catar 2022: corrupción y muerte en el que abordábamos las sospechas de corrupción que se cernían sobre la designación del mundial, con actores implicados de la talla de Sarkozy, Tamin bin Hammad al-Thani (príncipe heredero de Catar), Platini, el entonces propietario del PSG Sebastian Bazin o Blatter. Y también recogíamos los datos oficiales conocidos hasta ese momento de trabajadores muertos en régimen de semiesclavitud en la construcción de las infraestructuras del torneo.
Quince meses después de aquello no solo ningún protagonista de este infame mundial ha movido un dedo, sino que la corrupción y la muerte presuntamente asociadas a Catar siguen campando a sus anchas lubricadas con toneladas de dinero.
Dinero como el encontrado en las maletas que portaba el padre de la vicepresidenta de la Eurocámara, Eva Kaili, cuando fue interceptado por la policía mientras huía. La política griega también ha sido detenida y la policía belga se ha incautado de unos 600.000 euros en el registro de su vivienda y otras de alrededor. Se sospecha que Catar está regando a los dirigentes europeos para obtener prebendas del mismo modo que presuntamente consiguió ser designado sede de este mundial. La vicepresidenta europea llegó a decir recientemente que Catar se encuentra a la vanguardia de los derechos laborales. Juzgad vosotros mismos la frase.
También ha causado revuelvo el fallecimiento de Grant Wahl, periodista que fue expulsado de un partido del mundial por lucir una camiseta arcoíris y que se desplomó y murió mientras cubría el Argentina-Países Bajos. Su hermano asegura en un vídeo que se encontraba sano y que podría haber sido asesinado. No se puede afirmar si existe causalidad o casualidad, pero cuanto menos llama la atención.
A estas alturas hemos perdido la esperanza de que en las portadas de los cuatro principales diarios deportivos españoles se haga mención a algún escándalo que incomode a Catar.
Marca, As y Mundo Deportivo destacan principalmente la hazaña de Marruecos, que venció a Portugal y alcanza por primera vez las semifinales de un campeonato del mundo. Ningún africano había llegado tan lejos desde Publio Cornelio Escipión, si bien es cierto que este nació en Roma.
Sport opta por darle más visibilidad a la victoria de Francia contra Inglaterra, donde Tchouaméni marcó un golazo.
Las cuatro portadas informan de que la FIFA expedienta a Argentina y Países Bajos por los incidentes acaecidos en su reciente choque. Y Marca personaliza en Messi, Dibu y Paredes.
Teniendo en cuenta la manera transparente y siempre legal de proceder tanto de la FIFA como de Catar, de la cual hemos hablado durante este portanálisis, ya os adelantamos lo rigurosa que será la investigación de la FIFA: se culpará al Real Madrid, a Florentino Pérez y al espectador que recibió el pelotazo de Messi en el Bernabéu y se les sancionará con 14 partidos de sanción y un concierto de Bustamante.
Aun careciendo de la importancia de la presunta corrupción y la muerte antes expuestas, el trato recibido por Argentina también causa recelo. Ayer a Portugal le colocaron un árbitro argentino, los posibles penaltis que perjudican a los de Leo no se repiten en televisión mientras los favorables siguen aumentando.
Aunque seguramente todo esto no sean más que fantasmas que nuestra mente enferma ve donde no hay nada. ¿Quién puede sospechar de Catar y de la FIFA?
Pasad buen día.
Antes de contestar a esta pregunta, y teniendo en cuenta que a estos jugadores se les suele llamar (sin pecar de originalidad, tampoco nos vamos a engañar) killers o asesinos del área, permítanme que les hable de Colombo, la mejor serie de televisión de la historia. Colombo, para todos aquellos que afortunadamente todavía no lo conozcan, es un detective inteligente, familiar, que conduce un destartalado Peugeot 403 tan viejo y sucio como su sempiterna gabardina, desaliñado, con el pelo revuelto, voz rasposa y un eterno puro en los dedos, que interpretó, consiguiendo una de las mejores composiciones de un personaje de la historia de la televisión, Peter Falk.
La serie tiene una particularidad que la hace diferente al resto de series de detectives: el asesino (y la forma de cometer el asesinato) se muestra al principio de cada capítulo. El espectador sabe, y disfruta viendo cómo Colombo lo acorrala con su torpeza impostada, quién es el malhechor, las razones para cometer el asesinato y su coartada.
Ahora sí, retomemos la primera pregunta y descubramos al asesino. Exacto, es él, nuestro asesino, el fichaje que tiene que acometer el Real Madrid es Endrick.
Mostremos las pistas, los supuestos culpables, las implicaciones, deseos y coartadas.
23 años, le faltan diez días para cumplir 24. Hizo todo lo posible para ser descubierto. Nadie, excepto Colombo, se dio cuenta del engaño. Su coartada, perfectamente engrasada por el dinero catarí, era carecer de ella. Dejó multitud de pistas para ser desenmascarado, desde mostrar su habitación llena de fotos de Cristiano y Zidane, hasta presumir de un cómic en el que se jactaba de ser madridista de cuna.
Sus armas eran (y siguen siendo) letales:
Es Jack el destripador. La temporada pasada jugó 46 partidos, metió 39 goles y dio 25 asistencias. son números de otra galaxia, exactamente de la misma en la que han habitado Cristiano y Messi durante más de una década. Este año lleva 20 partidos, 19 goles y 5 asistencias. Sus registros te llevan al infinito. En el enfrentamiento de Champions con el Real Madrid casi nos manda a la lona, metió gol en la ida, en la vuelta y le anularon otros dos. Él solo se bastó para llevarnos al límite. Aunque tiene contrato hasta el 2025, no descarto que haya pactado una salida bajo ciertas condiciones.
¿Merece el perdón de sus pecados? ¿Debe el Real Madrid fichar a un jugador que le ha dado calabazas dos veces, que ha jugado con el sentimiento de millones de aficionados?
Yo, entre la razón, que me indica que este jugador puede iniciar un nuevo ciclo de gloria en el Real Madrid, y el orgullo, que me susurra al oído que es un niño malcriado que no merece vestir la camiseta blanca, DUDO. Sé que aquí no hay término medio. Su desplante está tan cercano como la consecución de la Decimocuarta y eso frena la necesidad, o el deseo, de su fichaje. En otra situación, otro gallo, y nunca mejor dicho, cantaría.
Colombo entra al palacio qatarí de Mbappé, al saludar a su madre tropieza con una alfombra persa, rompe un jarrón de la dinastía Ming y se disculpa torpemente.
Mientras admira la grifería de oro del baño se hace varias preguntas: ¿Va a querer Mbappé, una persona con un ego desaforado, acostumbrado a hacer y deshacer, a que le bailen el agua y rieguen su paso con cientos (o miles) de millones, fichar por el Real Madrid? ¿Va a querer unirse al equipo de sus (supuestos) amores después de la humillación mundial que supuso su eliminación de la Champions?
Su cara, sus gestos, esa dolorosa eliminación, los insultos que ha recibido después de su negativa, el menosprecio de la afición madridista… ¿No va a pesar todo eso en su decisión?
El teniente Colombo saca una libreta del bolsillo de la gabardina y esboza un par de dibujos. Vuelve a dejar la libreta en el bolsillo. Sigue caminando por el palacio y en la cocina, debajo de un inmenso fregadero, encuentra en uno de los cubos de basura el cómic y las fotos de Zidane y Cristiano entre restos de verdura y posos de té. Colombo se guarda un trocito del escudo del Real Madrid en la cartera.
22 años. Aquí no hay dudas, es Leatherface, el asesino de “La Matanza de Texas” y de todos los campos que holla. Esta temporada, en el City, en la Premier, ha jugado 18 partidos, ha marcado 23 GOLES y ha repartido 3 asistencias. En sus tres temporadas en el Dortmund jugó 89 partidos, marcó 86 goles y dio 19 asistencias. “El horror… el horror…” es Él. No sé si habrá muchos jugadores en la historia del fútbol que tengan a su edad unos registros parecidos.
Colombo entra en la lujosa villa de Haaland en Marbella, ladea la cabeza, recoge, al no encontrar ningún cenicero, torpemente la ceniza de su puro en la palma de la mano y se rasca la patilla izquierda. Busca la libreta en el bolsillo derecho de la gabardina, no la encuentra, en el izquierdo tampoco, en los bolsillos del pantalón y en los de la camisa. Al final, después de esparcir la ceniza por toda su vestimenta, encuentra un ajado papel, un pequeño lápiz y anota unas enigmáticas palabras.
“Comprar chili con carne”.
Entra a la habitación de Haaland, se acerca a la cama y se mira en el espejo del techo, el que está justo encima, abre los cajones de la mesita y encuentra un contrato. Lo hojea y descubre que hay un anexo, una cláusula de 200 millones de euros para poder cambiar de equipo en el año 2024. Se arrodilla, levanta los faldones del edredón y ve un bulto debajo. Sí, allí está, es enorme, una motosierra escandinava de casi dos metros.
Cuando termina sus pesquisas sale de la villa, se monta en su Peugeot, mete la llave en el contacto, arranca, da un pequeño acelerón y empieza a rodar. Diez metros más adelante, después de unos ruidosos petardeos del tubo de escape que activan todas las alarmas del chalet, el coche se para en seco.
16 años. Todavía en el reformatorio, solo ha protagonizado las escaramuzas propias de su edad. En cinco años marcó 165 goles en 169 partidos en las categorías inferiores del Palmeiras. Es una de las irrupciones más brillantes de las últimas décadas en el ya de por sí luminoso fútbol brasileño. Su potencia de arrancada, compitiendo con futbolistas mucho mayores, recuerda (AY) a Ronaldo, su compatriota.
Y ya, en su Wikipedia, la Biblia del jugador de fútbol, sus estadísticas son estas. No hay más. Haaland va con motosierra y Endrick, de momento, solo tiene un cortaúñas.
A Colombo el puro se le ha vuelto a apagar. Lo enciende una vez más. Reflexiona.
Mbappé es un jugador completo, posiblemente el que más aportaría al equipo, el año pasado entre goles y asistencias intervino en 64 goles. Nadie sabe si tiene alguna cláusula que le libere ni si estaría dispuesto a fichar por el Real Madrid. Tampoco veo a los aficionados muy ilusionados con su contratación. Es posible que Florentino, mucho más pragmático, no opine, afortunadamente, lo mismo.
Haaland es una bestia. Encajaría perfectamente en el Real Madrid. Podría, si la cláusula está vigente, llegar a los 24 años, la edad perfecta para dar lo mejor de una carrera que se presupone estará llena de éxitos. Es posible que a Florentino, y a varios presidentes más, ya les haya llegado, gracias a su representante, el precio de su salida.
Colombo dio otra calada a su puro. El caso se había complicado, pero la solución la tenía delante. El asesino, el fichaje, tiene que ser Endrick, su potencial es enorme. Y tiene una ventaja sobre los otros dos, una pista que marca la diferencia e indica el camino a seguir: no está bajo el enorme yugo de un club estado, no hay, de momento, ningún jeque con el que negociar ni ninguna jaula de oro. ES EL FICHAJE. El Real Madrid necesita un goleador que sustituya a Benzema, no puede permitirse que esta puerta se le cierre como las otras dos. No puede esperar más. Vinicius más Endrick es la apuesta.
Colombo sale de la habitación y cierra la puerta. Pasan unos segundos y vuelve a entrar…
Una preguntita más…
¿Han pensado en fichar a Endrick y Haaland?
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No sé lo que debe de ser sentirse un héroe ante una afición. Ni tampoco conozco la sensación de dejar de serlo. Pero en uno u otro caso, un futbolista pasa de ser admirado e idolatrado a ver cómo otro futbolista —normalmente más joven, más rápido, más fuerte— se lleva los elogios que antes eran para él.
Esto viene a colación del ocaso de Cristiano Ronaldo y Messi, en realidad mucho más parecido del que nos han vendido. Ambos jugadores han dejado de ser la referencia de sus clubes y han perdido las cualidades que les hacían los mejores del mundo. Es normal, el tiempo pasa para todos.
El problema con estos dos monstruos es que han sido los primeros futbolistas en la historia cuyas carreras se han retrasmitido en directo, que han sido capaces de hacerlo de manera consistente durante más de una década. Y por un momento parecieron eternos e invulnerables.
Y es ahora, cuando el tiempo golpea con su mazo inmisericorde, cuando vislumbramos su claro final. Posiblemente casi todos lo hemos visto con claridad en los últimos meses menos los implicados. Es este un rasgo inherente a los grandes jugadores, la dificultad para identificar sus propias limitaciones. Quizá porque ese mismo factor es lo que les hizo grandes en primera instancia, el no ponerse limitaciones, el creerse superiores a cualquiera, el luchar contra viento y marea para ser de los mejores.
La dificultad para identificar sus propias limitaciones es un rasto inherente a los grande futbolistas como Cristiano y Messi
La historia de Messi y Cristiano es la historia del fútbol. Y la hemos vivido innumerables veces. Con el Real Madrid se rompió un poco el corazón de cada madridista cuando Bernabéu le enseñó la puerta a Di Stéfano, en la que debió de ser la primera gran despedida de un jugador histórico de un club. Aquel trauma duró muchos años, y mientras que el jugador lo vivía de manera incomprendida, el resto entendía que había que dejar paso a otros y que el tiempo había emitido su veredicto.
A medida que un futbolista se hace grande e histórico más difícil es la gestión de su retirada. De manera proporcional a su grandeza, ese momento supone una terrible decisión para jugadores y clubes. Y muchas veces ocasiona problemas mayores, cuando el jugador leyenda sigue ocupando un espacio, mientras otros jóvenes tratan de opacarle. En el Real Madrid vivimos algo parecido con un Raúl ya en decadencia, a pesar de que puso su mejor disposición para destacar en la liga alemana.
Porque ese es otro rasgo de estos futbolistas, su voracidad infinita. Su calidad les da para seguir marcando goles y seguir siendo diferenciales en algún momento, como hemos visto a Messi en destellos en el mundial. Pero no de manera constante y no con la expectativa previa.
Raros, rarísimos son los casos de futbolistas que cuelgan las botas voluntariamente muchos partidos antes de que se empiece a notar esa clara decadencia. Me viene a la mente el caso más señalado, el de Zinedine Zidane, que el año de su retirada fue el mejor del mundial, y que seguramente tres años después todavía podría haber aportado mucho a su club. Porque estos jugadores mantienen esa calidad sine die, incluso cuando juegan los partidos de las leyendas con 20 kilos de más y muchos años más.
Rarísimos son los casos de futbolistas que cuelgan las botas voluntariamente muchos partidos antes de que se empiece a notar esa clara decadencia. Me viene a la mente el caso más señalado, el de Zinedine Zidane
Estos futbolistas quieran jugar siempre, quieren ser importantes, como lo han sido toda su carrera. No saben ser suplentes y no entienden su papel en un equipo si no es desde el rol de titulares y referentes. Por eso, sentar a estos futbolistas en el banquillo suele ser mala solución, porque contaminas el vestuario con la frustración de la leyenda, como vemos con Cristiano Ronaldo, y dejas de contar con un jugador más joven que podría aportar desde el banquillo.
Son raros los casos donde esa gestión es pacífica. En el Real Madrid hemos visto recientemente la inaudita aportación de Marcelo desde el banquillo, como capitán en la sombra, como líder de los jóvenes, como leyenda que sostenía el valor del escudo y de la camiseta. Pero esa gestión no fue fácil porque el jugador quería jugar y el entrenador veía que su nivel ya no daba, pero a veces cedía, ante la incomprensión de la afición.
Y luego está el caso de Luka Modric. Probablemente un caso entre millones. Un jugador que tiene edad de sobra para estar jubilado hace años o de plácido retiro en una liga menor. Y, sin embargo, mantiene de sobra el nivel cada partido, sabiendo que ya no tiene la capacidad de antes, pero siendo capaz de dosificar su esfuerzo y seguir aportando innumerables momentos de calidad nivel élite.
El caso del croata es un ejemplo único de cómo gestionar una carrera. Primero parecía su ocaso definitivo, como suplente, a la sombra de un incipiente Valverde. Y luego retomó la titularidad, siendo casi indispensable como el jugador que siempre había sido, pero apoyado por otros jugadores más físicos.
Modric es un ejemplo único de cómo gestionar una carrera
Mirando con el rabillo del ojo cómo el factor tiempo trata cada vez de ganarle la carrera, Modric parece no inmutarse. Lo regatea una y otra vez. Con un amago de los suyos, un movimiento de cadera, una mirada al frente que le confunde. Y así, está logrando jugar en el equipo más exigente del mundo sin que se note tanto que el tiempo le acecha cada día cuando se levanta, esperando un momento de debilidad.
Y cuando lo haga ya definitivamente, porque ha amagado un par de veces, veremos si Modric aplica su infinita inteligencia futbolística y es capaz de echarse a un lado, o sí se obnubila y cree que puede hacer lo que nadie logró jamás: vencer al tiempo.
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Buenos días, amigos galernautas. Hoy acumulamos ya un mes sin ver a nuestro Real Madrid sobre el verde. Nuestra travesía en el desierto suma unas 720 horas, esto es; 43.200 minutos en el secarral catarí, 2.592.000 segundos sobre las dunas de Doha y alrededores.
Y claro, nos ha dado un siroco.
Y más de cien años después, bajo los ecos contemporáneos de un segundo Desastre de Annual, a merced los soldaditos de la Roja de las hordas rifeñas de Abd El Krim, huérfanos del stream del General Luis Padrique, las tarascadas del Gavi I, Infante de España, o las cabriolas de un Pedri en chanclas y temperatura ambiente asombrando al mundo con su carisma, lo de Catar empieza a resultar sofocante. Tanto, que una vez más los peores vicios, las más supinas manías y los más turbios tics persecutorios comienzan a reproducirse sin mesura ninguna en las rotativas de la prensa deportiva a uno y otro lado de la delgada línea roja.
Roja tenía que ser.
Observen sin ir más lejos el aroma a inequívoca mofa que recoge este Marca tan preocupado últimamente por el clickbait más chusco y hortera mediante la dieta y figura de las princesas borbonas y la presunta conquista de futbolistas que no saben atarse los cordones. Queremos pensar que su primera plana del día busca ensalzar a un eterno Luka Modric cuyo requiebro en las postrimerías de la prórroga a su viejo amigo y compañero Casemiro entrará en los anales de la historia de los mundiales, aunque sea este, pisoteado por babuchas manchadas de sangre. Queremos creer que la portada pretende reivindicar la eterna juventud de un veterano que resiste a la irrupción de cracks micológicos por doquier —no es una errata— en tanto que brotan por todos lados como setas, generalmente alucinógenas. Queremos creer. Como los del Atleti, que nunca dejan de hacerlo, aunque aún no sabemos el qué. Pero va a ser que no.
Marca no quiere verte danzar como los zíngaros del desierto, Canarinha.
Ese es el tema.
Este mira quién baila, aparentemente inocente, en estos días de jeques y jequecas moras, con Mateu, descarriado, rompiendo allende nuestras fronteras el escaparate de la Liga, no hace sino posicionar a Marca en el nuevo Madrid vs Barça prefabricado: Brasil (Militao, Casemiro, Rodrygo, Vini): caca; Argentina (Messi): guay.
No había más que oír anoche los suspiros de las Mil y Una Noches de Carlos Martínez. Cual odalisca presa del sultán, solo le falto clamar porque le salvara Aladino.
La mejor prueba de este nuevo tejemaneje de los aviesos plumillas es la combinación del titular de Marca con el de Mundo Deportivo y compañía. Así como en el diario de Godó, grande de España, el que baila directamente es Messi, en el diario As Messi ríe y Neymar llora. Fíjense lo poquito que destaca hoy Sport ascendiendo por enésima vez a D10s al Olimpo.
Se les ve el plumero Verde Amarelo.
Un mundial peligrosamente preparado, que diría el Cholo cuando no tenía pelo.
Que se vayan a bailar a Copacabana estos brasileños de mierXXXXXXXX que mover el esqueleto y practicar zumba atenta contra la dignidad y los DDHH como el mundial de Qatar. Ya está bien, hombre, a bailar a su pXXX casa, o como muy cerca, al Bernabéu. La culpa del Madrid, claro. Apúntenle también lo de Marruecos.
Si es que esto de los bailes dantescos que tanto han hecho piar de indignación a las plumillas finas de la red social del pajarito azul de Elon Musk, no tiene punto de comparación con la edificante, evocadora y educativa actitud que mostraron ayer noche ante el mundo los jugadores de la selección argentina después de apretar el culo hasta sangramiento de esfínter para eliminar a la peleona Países Bajos de Louis Van Gaal.
Siempre negativos, nunca positivos, los albicelestes, con el ejemplo de su menudo y ceñudo capitán Leo al frente, se mofaron de los Orange recién eliminados tras una tanda de penaltis. Pocas veces se ha visto tanta clase desbordando el orbe del planeta futbol.
La guinda del pastel de la Pampa fue Lionel Andrés Messi Cuccitini llamando bobo a no sé quién mientras atendía a la prensa, después de encararse con el propio Van Gaal antes de entrar en el túnel de vestuarios.
Tanto baile, tanto baile, tanto baile… esto sí es señorío y #RespectForTheRivals de tronío.
Si lo llega a hacer Cristiano se lo llevan atado desde Catar los talibanes de Afganistán.
Busquen rastro de algo de esto en las portadas. Busquen. No lo encontrarán. Lo mejor que pueden hallar es un bronco perdido en la primera plana de Marca. Nada más.
Estaban todos más pendientes de marcar el baile.
Como el tonto de Iván Alejo. Sí, el colchonero con cresta oxigenada de Caponata ye-ye que juega en el Cádiz y conocido en su casa a la hora de comer, que clama por atención tuitera burlándose de Vini a través de Brasil. He aquí su torpe, mediocre y nauseabunda “gracia”.
El monito que no falte. Vendría a ser como una redada contra un grupo neonazi, no sé, como por ejemplo el Frente Atlético, y decirle el pelado al Policía que esa esvástica que han encontrado no es suya, sino que la han dejado aquí. No cuela ni de lejos, Alejo.
Sea como fuere esperamos que quien corrija los desmanes de Messi y su Argentina sea precisamente nuestro eterno Luka Modric.
Sus palabras a su hijo Rodrygo, que falló un penalti decisivo, plenas de emoción, son lo mejor de este mundial.
Nos quedamos con eso. Aunque tampoco aparezca en las portadas.
Pasad un buen día.
Considero a los madridistas una especie de familia donde residen personalidades diversas, ideologías opuestas, buenas y malas personas, pero que tienen una característica, aunque solo sea una, en común: el amor y pasión hacia un club de fútbol. “Es muy madridista” es una frase atávica que me une primitivamente a esa persona. Es la frase que está en el número uno de frases que me hacen automáticamente conectar con la persona por delante de frases como “me gusta mucho el cine” o “mi serie favorita es The Wire” y, como no, “soy fan de Radiohead”.
Este bonito hilo que nos une es resistente aunque, en demasiadas ocasiones, me entra la compulsión de cortarlo. La relación no es perfecta, ni mucho menos. Los hermanos por muy hermanos que sean tienen sus más y sus menos. La familia no es perfecta y el madridista peca y peca mucho, lo que me enerva. Estos pecados son inherentes al ser humano y al resto de aficionados de otros equipos, pero vamos, que esto es una revista del Real Madrid y he venido a hablar de mi libro.
Clac, clac... Cáscaras al suelo, silbidos al aire. Famoso fenómeno gastronómico que ocurre en todos los estadios, mayormente españoles y bastante asentado en el Bernabéu. Defendido por los seguidores de esta filosofía como la crítica necesaria que forja al equipo como el mejor de la Historia. En parte llevan razón, razón que desaparece cuando silban a un chaval de dieciocho años por perder la pelota.
Nunca lo he soportado. La hipercrítica debe llegar ante actitudes no tolerables y crisis deportivas e institucionales injustas para el socio o espectador. El resto es psicopatía pasivo-agresiva.
La frase fetiche es: “ Este jugador no vale para el Real Madrid”. Los autores suelen escudarse en que en el Madrid solo caben los mejores entre los mejores jugadores del mundo. Los localizo fácilmente porque son los anti-Lucas Vázquez. Estos sujetos creen que todos los jugadores de la plantilla deben ser TOP 20 mundial y olvidan que, para crear plantillas sanas, cohesionadas y duraderas deben de acoger jugadores de alto nivel pero sin llegar a ser el mejor en su posición.
Esto no quiere decir que cualquier jugador valga para el Real Madrid. El mejor equipo de la Historia debe estar lleno de jugadores élite, pero la élite debe ser complementada por esos jugadores profesionales, de alto nivel, que toleran la suplencia y cumplen cada partido. Dame Lucas, Arbeloas, Nachos y Callejones. Escuderos de los mejores.
Siendo un equipo donde la victoria es más que frecuente y la estabilidad es un don, ¿cómo puede ser que en cada empate se generen crisis existenciales severas? Un empate contra el Osasuna es una catástrofe sin precedentes que a los tres días se convierte en la máxima ilusión por una remontada frente al Shaktar porque tenemos el mejor equipo joven de la Historia de la humanidad. Litio y autoayuda es mi consejo. “Never too high, never too low”.
El madridismo es una pasión bonita y gusta disfrutarla, pero una cosa es eso y otra es parecer argentinos en un Mundial. Se busca la eutimia y en este mundo de redes y de impacto psicológico e hiperreactividad sentimental cada vez es más difícil encontrarla.
Lo nuevo es mejor simplemente por ser nuevo. Kroos es lento, hay que venderle. Carvajal es un viejo, hay que fichar a John Maines, lateral del Weitmister. Benzema no mete goles, Dinojunta, es un pecado no fichar a Werner el Magnífico.
Podría seguir días y días con ejemplos. Que lo viejo aburre no es nada nuevo, es la base psicosocial donde se asienta el ultracapitalismo. La crisis de los cuarenta está fundamentada en el aburrimiento de sí mismo. Es la columna vertebral de los divorcios y la culpable de que el regalo de reyes del año pasado sea destruido por el de este año. El síndrome Woody-Buzz Lightyear.
En el madridismo este síndrome puede llegar a ser más pegajoso inclusive. Cuando tu equipo tiene dinero fresco aparece la compulsión de pedirle a Santa Florentino Klaus cualquier regalito, sea Navidad o verano, para dejar en el baúl a los “Woodys” Kroos y Casemiro. ¡Qué bonito es Jovic en los vídeos de Youtube! ¡Quiero uno!
Dícese de aquel fenómeno en el que siempre el jefe tiene la razón. La defensa a ultranza de la junta directiva, sea cual sea en ese momento. Falacia de autoridad, argumento ad verecundiam.
Lo reconozco, este es uno de mis pecados. Ahora soy más Florentinista que oficialista pero en el pasado fui demasiado defensor de la autoridad madridista. Los oficialistas siempre tendremos una explicación para cualquier decisión de los de arriba. Apelaremos que ellos saben más que vosotros y que cualquier error es normal. Nos escudaremos en los elementos externos para darle explicación a cualquier tropiezo.
El Florentinismo es diferente. Es un oficialismo con muchas razones a su favor. Cuando una Junta Directiva gana tanto y hace las cosas tan bien es difícil discutirle cualquier decisión y la confianza es tan plena que no defenderla genera el fenómeno contrario: piperío, bipolaridad, onanismo… (véase puntos anteriores). Pero sí, no recomiendo entrar en el oficialismo ramplón.
Sadomasoquismo blanco. Cincuenta sombras de Cristiano. Nos gusta que nos azoten, que nos hagan pupa.
Es bonito defender a un jugador que te ha hecho tan feliz y ha dado tanto éxito a tu club. Pero apoyar hasta la extenuación a un señor que su ego decidió reventar la celebración de una Champions y que ha tratado al club como un mero papel higiénico, por ahí ya no paso. El portugués se pasó por la punta del innombrable los valores del Real Madrid y eso no se puede perdonar a la ligera.
Aconsejo a estos Cristianistas patológicos que hagan el esfuerzo de diferenciar a un ególatra materialista de los jugador honestos enamorados de su club. Los valores también cuentan. Si hacéis esto por Cristiano, ¿qué haréis por Benzema, Modric o Kroos?, ¿os tatuaréis su semblante en las córneas como homenaje? Existen miles de kilómetros de distancia entre esos tres señores y el de Funchal. ¿Solo os interesan los goles y los títulos? Hay algo mucho más importante que los números.
Me da a mí que este síndrome por Cristiano es derivado de ansiar el fracaso de Messi o que el portugués termine su historia claramente por encima del argentino. ¡Qué más dará! Ese jugador ya no juega en el Real Madrid y nunca fue madridista.
Me acuerdo cuando el amor por un jugador era el Raulismo, eso si que era una defensa espartana a un madridista, a los valores del club.
Último y sorprendente pecado. ¿Cómo puede ser que haya aficionados del mejor club de la Historia acomplejados?
Este es el pecado que hace que algunos madridistas se transformen en culés, incluso hay veces que se les pega el acento. El complejito de inferioridad. Confieso que me avergüenza la persecución que realizan determinados madridistas a jugadores o entrenadores del Barcelona por el mero hecho de pertenecer al gran enemigo. Esa necesidad de buscar los cuatro errores de Messi en su larga trayectoria, esas teorías forzadas para demostrar que Messi no es de los mejores de la Historia con bastante ridículas.
Está bien debatir sobre jugadores o intentar luchar contra la insidiosa propaganda culé y nacional teñida de blaugrana. Apoyo toda resistencia a la conspiración antimerengue que rezuma por toda la península y parte del mundo. Pero, hacednos un favor, dejad de buscar teorías para minimizar a las grandes figuras culés. Guardiola es un grandísimo entrenador, como persona ya es otra cosa. Messi es uno de los mejores de la Historia. Gavi y Pedri son muy buenos jugadores y si fuesen blancos estaríamos defendiéndolos hasta la muerte.
Somos madridistas, señores con espada, guante blanco. No pasa nada por reconocer los aciertos del rival, sucumbir ante la evidencia. Entrar en ese juego nos convierte directamente en culés o colchoneros.
El autor pecó en el pasado de onanismo de la novedad, bipolar y oficialismo y ha pecado en este artículo de piperío, soberbia, y algo de complejo. Debe rezar tres padres nuestros y cuatro ave marías.
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N. del E.: Nuestro colaborador Juan Escudero ha publicado un libro que os recomendamos encarecidamente. Se titula “Memorias en verde” y es un repaso por la apasionante historia de los Boston Celtics. En la presente pieza, su autor reflexiona sobre las similitudes entre el legendario equipo de Larry Bird y la otra gran leyenda al otro lado del océano: el Real Madrid.
Los Boston Celtics han sido a lo largo de la historia el equipo que más antipatía ha despertado entre el público americano, en lo que al baloncesto se refiere; este hecho resulta complicado de rebatir. Las leyendas que se cuentan acerca de las maniobras antideportivas que se empleaban contra rivales y árbitros han ido creciendo a lo largo del tiempo: duchas de agua caliente en los vestuarios del Boston Garden que no funcionaban en invierno, una rata que se paseaba libre como el viento por debajo de las gradas, el papel del baño y las toallas que desaparecían de forma misteriosa, el parqué de la cancha con sus legendarios puntos muertos donde el balón botaba de manera incontrolable, el aire acondicionado inexistente durante olas de calor. Total, un sinfín de presuntas tropelías y argucias diseñadas por una mente malévola con el único propósito de intentar ganar como fuera, a cualquier precio, utilizando métodos que traspasaban sin complejos la línea de la legalidad. Ni que decir tiene que la mente a la que nos referimos no era otra que la del patriarca Arnold Auerbach, más conocido en este planeta como “Red”.
Lo que es cierto es que Auerbach disfrutaba burlándose de los oponentes, en especial de que los que vestían de oro y púrpura y procedían de Los Ángeles. Todo esto forma parte de un concepto muy manido al que aún se le denomina, la mayoría de las veces de forma peyorativa, mística.
Pat Riley es quizá el entrenador más representativo de la historia de los archi enemigos de L. A. En un libro de su puño y letra llamado Showtime, que vio la luz en 1988, escribió lo siguiente: “La mística de los Boston Celtics no son los leprechauns escondiéndose bajo el suelo, ni la sangre, ni las agallas, más bien se trata de la voluntad de emplear cualquier táctica para desestabilizar a los rivales: subir la temperatura cuando ya hace demasiado calor, desconectar los calentadores en invierno, instigar las faltas violentas, el general manager (no lo nombra, aunque todo el mundo sabía a quién iba dirigida la mención) persiguiendo árbitros de camino al vestuario para intentar mediatizarlos e intimidarlos. Al infierno con la dignidad, al infierno con el juego limpio. Ellos eran los klingons de la NBA”.
El destinatario del mensaje no era un hombre al que le gustara disculparse, más bien al contrario; se mofaba de los Lakers y hacía gala con orgullo de toda esa basura ideológica que le lanzaban desde todos los ángulos de la corrección política. Un columnista del periódico Los Ángeles Times llamado Jim Murray escribió lo siguiente en 1991: “Red era controvertido, combativo, gruñón, despectivo e incluso hiriente. Le encantaban las trifulcas, jamás huía de una pelea. Sus ojos eran intensos e inflexibles. Podía ser tan sarcástico como un sargento de marines. No le hacía ascos a ser el antagonista y la popularidad le aburría. Quería ganarte, no cautivarte, y le importaba una mierda cómo conseguirlo”.
Al principio, los Boston Celtics no se significaron por ser diana para las críticas furibundas y los dardos dialécticos, sino que todo apareció después y creció como la espuma cuando los Celtics comenzaron a ganar
Esta definición algo escatológica de un ganador compulsivo e implacable, así como las citadas leyendas urbanas llenas de fantasmas, fabrican el perfecto retrato robot de una institución amada y odiada casi a partes iguales. Sin embargo, no se lleven a engaño, los Boston Celtics desde que surgió el embrión de la NBA en 1946, y durante los once años siguientes, no se significaron particularmente por ser diana para las críticas furibundas y los dardos dialécticos, sino que todo apareció después y creció como la espuma. ¿A qué se debe tal afirmación?, ¿qué sucedió aquel lejano año de 1957? “Red” Auerbach llevaba ya seis temporadas en la franquicia y el Boston Garden existía desde mucho tiempo atrás, luego no podemos cargarlos con todas las culpas. Si quieren la respuesta más probable, deben rebuscar en la hemeroteca. Les daré una pista: los Celtics comenzaron a ganar.
Aquello ya pertenece a la historia. La mística empezó a morir el día que Larry Bird se retiró, agonizó con el cierre del viejo Boston Garden, y dejó de latir cuando Arnold Auerbach se nos marchó hacia el infierno (o al cielo, vaya usted a saber). Con Kevin Garnett tuvo un conato de resurrección, aunque duró poco tiempo. Hoy en día nadie odia a los Boston Celtics, inmersos como están en el engranaje de una maquinaria moderna y algo difuminada llamada NBA, muy alejada en tiempo y forma de la original. En cierta medida echamos de menos la inquina, la rivalidad y el choque de estilos. Y, por encima de todo, mal que nos pese, echamos de menos el diabólico puro de la victoria.
Existen ciertos paralelismos entre los Boston Celtics y el Real Madrid, eso es innegable. Podemos citar datos que nos sirven para apoyar esta tesis: los títulos, la grandeza, la universalidad, la relación de amor-odio con la afición global, y la comparación evidente entre Auerbach y Pedro Ferrándiz o Raimundo Saporta como personajes clave para entender el desarrollo de sus respectivas instituciones. Uno de los días más felices para fans de ambos clubs se produjo cuando los Celtics viajaron a Madrid para verse las caras contra la primera potencia europea de este deporte. Demasiadas emociones condensadas en unas horas que pasaron a los libros de historia con letras mayúsculas. Uno de sus protagonistas, Johnny Rogers, colabora en el libro rememorando aquella fecha.
Existen ciertos paralelismos entre los Boston Celtics y el Real Madrid. Podemos citar: los títulos, la grandeza, la universalidad, la relación de amor-odio con la afición global, y la comparación entre Auerbach y Pedro Ferrándiz o Raimundo Saporta
“No exagero si digo que cuando supimos que los Boston Celtics vendrían a Madrid a jugar aquello era casi como un sueño hecho realidad. Recuerdo aquel partido como si hubiera sucedido ayer mismo; hay mucha gente que viene a mí y me habla de aquello después de más de treinta años. Parece como si España entera hubiera girado su cabeza hacia el televisor para presenciar aquel espectáculo. Que solo hubiera dos canales influía bastante, por supuesto, si alguien encendía la tele las posibilidades de que pusiera el partido eran muchas, aunque no le interesara demasiado. Las generaciones de aficionados que no tuvieron esa suerte después han disfrutado de repeticiones en Teledeporte con motivo de los vintage games que suelen ofrecer en Navidad, y también existe la opción de YouTube.
Conocía a la perfección a aquellos Celtics a los que nos enfrentamos en 1988; ya me había medido a ellos varias veces cuando yo jugaba en los Cleveland Cavaliers. Salían de la época gloriosa y aún eran un gran equipo, aunque no tanto como el de 1986, sin duda unos de los mejores de la historia. Debo destacar varias cosas con respecto a aquel choque, siendo lo primero de todo la increíble pasión de los fans, llenando el Palacio de los Deportes e incluso esperando fuera solo para ver a lo lejos a los ídolos que venían de Boston, tanto antes como después del partido. En segundo lugar, la calidad y el coraje de mis compañeros, incluidos los jóvenes Pep Cargol y Quique Villalobos. No tenían ningún miedo en medirse a los míticos jugadores de los Celtics.
Johnny Rogers: "Tras el enfrentamiento con los Celtics en 1988 me di cuenta de que había aterrizado en el equipo ideal para mí, el Real Madrid"
El duelo entre quizá el mejor jugador de Europa contra el mejor del mundo se vio como un aliciente adicional. No me sorprendió ver a Drazen Petrovic en igualdad de condiciones contra los guards rivales, mitos como Danny Ainge o Dennis Johnson. Tampoco a jugadores tan contrastados como Chechu Biriukov y el gran Fernando Martín, pero sí un poco ver a Fernando Romay medirse a Robert Parish y en ocasiones superándolo. Creo que Romay era mejor de lo que normalmente se pensaba de él, y además un tipo genial, siempre con una sonrisa en la boca. Creo que en ese momento me di cuenta de que yo había aterrizado en el equipo ideal para mí. De lo poco negativo que recuerdo de aquel evento destaco el que no llegamos en las mejores condiciones físicas. Romay, Drazen, yo mismo, teníamos problemas para jugar. Hasta el último momento no supe si podía saltar a la cancha o no. Creo que en mejores condiciones podríamos haberles dado más problemas incluso. Nos emparejamos bien con ellos, no eran más altos ni más atléticos. Nuestro quinteto inicial tenía la estatura física y competitiva para mantenernos de manera digna. No se trataba de un equipo cualquiera, desde luego, aunque en aquella ocasión no tuvimos mucho que envidiarlos.
Como persona que había nacido en California crecí con la rivalidad Lakers-Celtics, siempre apoyando a los Lakers en sus enfrentamientos. Creo que hasta pasados bastantes años no llegué a apreciar la grandeza de los enemigos naturales, y la de Larry Bird, su jugador más emblemático de la época. Me tocó sufrirlo en la NBA y en aquel partido a ratos. No era muy fuerte defendiendo y te dejaba cierto espacio, por lo que en ese aspecto no se me dio demasiado mal. Lo que era totalmente imposible era defenderlo a él. En resumen, fui afortunado de haber tenido la posibilidad, aunque fuera en equipos rivales, de ser testigo en primera línea de un pedazo de historia”.
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Buenos días. Ya sabéis que en esta vuestra sección predilecta de La Galerna no nos limitamos a comentar portadas, a pesar de que el título de la misma parezca indicarlo así. Tampoco nos limitamos a echar la bronca, aunque para ser sinceros es lo que más hacemos. Bien es cierto que suelen ser broncas amortiguadas por el sentido del humor, a veces cáustico, que tratamos de no perder. “Si quieres decirles la verdad, tendrás que hacerles reír para que no te maten”, proclamó Billy Wilder. Por el momento no hemos recibido ninguna amenaza de muerte. Señal de que lo de hacer reír no se nos da mal del todo.
Hoy, en cambio, nos toca trascender las portadas, pero también echar la bronca sin el menor atisbo de ironía. Hay días en que la ironía no cabe. Qué pereza, por favor. Nada nos da más flojera que la perspectiva de tener que regañar. A veces partimos de la base de que todos somos mayorcitos y sabemos lo que hacemos. Qué desazón comprobar una y otra vez que no, y que no hay más remedio que llamar a la gente la atención por cosas de las que se daría cuenta un niño de doce años.
Y es que la cosa tiene que ver, precisamente, con niños.
Pero vamos a ver, Marca. ¿Por qué? ¿Por qué esta mierda? ¿De verdad tenemos que salir a la palestra para indicaros que esto está mal, sin paliativos? Últimamente os hemos criticado por cosas como entrevistar confortablemente a Al Khelaifi jugando al pádel. Preferimos que entrevistéis a Al Khelaifi jugando al pádel, o a Idi Amin jugando a la petanca, antes que asumir como normal que nos ofrezcáis esta basura.
Pero vamos a ver, Marca. Que son NIÑOS, y que aquí hay en juego cosas más importantes que arañar unos clicks con cosas del corazón ahora que el mundial ha muerto para los fans de la selección y ya no queda nada que rascar. Aquí está en juego la salud mental de una generación con muchas amenazas para la misma, especialmente en su vertiente femenina. Que nos vengáis con los presuntos cuestiones de dieta de una menor de edad para mantenerse en forma y "enamorar a Gavi" tiene en el tufo rancio de ese titular el menor de sus problemas. ¿Necesitamos contaros en qué consiste el devastador desorden de la anorexia, y la importancia de controlar al máximo los mensajes que se transmiten en este sentido, máxime si. como decimos, hablamos de una menor de edad? ¿De verdad tenemos que subrayar la decadencia ética y estética en la que entráis con cosas como estas?
Os dejamos con el resto de portadas del día, querréis verlas. Buena suerte a Luis de la Fuente.
El Real Madrid femenino empató (1-1) con el Chelsea FC en el duelo de la cuarta jornada de la fase de grupos de la Women’s Champions League disputado en el estadio Alfredo Di Stéfano. Aunque Caroline Weir abrió el marcador para las blancas, su tanto fue contrarrestado por las inglesas desde el punto de penalti.
Para llegar a disfrutar de las grandes noches europeas de primavera, en esos días en los que la tarde comienza a no tener fin, hay que picar mucha piedra. Se trata de un escenario sólo desbloqueado por equipos adultos, con callo, que desembarcan en marzo con la ropa hecha jirones, la mirada perdida y el cuerpo magullado. Llegado ese momento, cualquier observador ajeno a la realidad del fútbol describiría su estado como deficiente, no apto para la disputa de partidos de importancia. Y, sin embargo, bien sabe el lector que ese estado en apariencia crítico es el que requiere un equipo llamado a ser campeón: los trofeos son para los supervivientes.
Cuando se vislumbre la fase decisiva de la temporada 2022-2023, la piel del Real Madrid femenino aún no habrá tenido tiempo de endurecerse. Su juventud –buena para tantas cosas– le delatará y los mayores probablemente le cierren la puerta en sus narices. En esas instancias, el respeto se gana enseñando las cicatrices recientes y lejanas, rememorando los golpes encajados que imbuyen de confianza al sujeto en primera persona. No, esta bisoña plantilla blanca no es una veterana de guerra pero, como se vio ante el Chelsea, al menos empieza a acumular sin rechistar un buen número de rasguños en brazos, cara y piernas.
En Valdebebas, aunque Alberto Toril salió de inicio con sus tres centrales titulares, prefirió mantener la línea de cuatro desplazando a Ivana Andrés al lateral. El centro del campo se lo dio a Claudia Zornoza y Sandie Toletti, al tiempo que Caroline Weir fue requerida para enlazar con la dupla Esther González - Naomie Feller, bastante de moda últimamente. En cualquier caso, la idea que el técnico cordobés tuviese en mente para el juego con balón de su equipo duró poco: la imprecisión de las futbolistas del Madrid fue absoluta en cuanto las londinenses encendieron su motor de 4x4, idóneo para la presión.
Una y otra vez, las centrales adolecieron del temple necesario para enlazar pases a ras de césped y optaron por atajos a ninguna parte. Kathellen Sousa mandaba a la guerra por alto a Athenea del Castillo, pero ni la cántabra tiene centímetros para ese desempeño ni la precisión del pie de la brasileña es la de Sergio Ramos. Con el paso de los minutos la frustración fue contagiándose y, si bien el Chelsea siguió rácano en ataque, el entuerto fue tal que incluso los saques de banda se convirtieron en una tortura para el Real Madrid.
Mientras tanto, cerca del área visitante la presión blanca era deslavazada, quedando a menudo en tierra de nadie. Aún así, don fútbol volvió a recordar que lo inesperado es norma en este deporte: de la nada, la portera Ann-Katrin Berger regaló sin presión un balón a Weir y la escocesa, sin marca en la frontal, dijo «thanks, dear» y cantó el 1-0. El Real apenas había creado peligro hasta ese momento, pues por algo este era el primer gol encajado por las inglesas en lo que va de competición.
En el extremo contrario del campo, el Real sobrevivió gracias al desacierto de Sam Kerr –un tiro al travesaño, otro al palo– y a los superpoderes de Misa Rodríguez. La canaria es una portera nacida para jugar de blanco, pues es de las que hace acto de presencia con puntualidad cuando su equipo parece a punto de despeñarse. Es, en resumidas cuentas, el tipo de arquera que hace creer irracionalmente en que atajará un penalti decisivo.
A la vuelta del descanso, cuando parecía que el Madrid podría llevarse los tres puntos, Misa estuvo cerca –demasiado cerca– de obrar el milagro. Esther, que firmó una noche nefasta, había perdido un balón peligrosísimo, Ivana había cometido un penalti de libro yendo al corte pasada de revoluciones, y enfrente se disponía a chutar Guro Reiten. La noruega lanzó un zurdazo seco y colocado al palo, Misa voló como hoy en día ninguna portera vuela en España… y tanto se estiró que el cuero acabó en la red tras rebotar en su espalda.
Misa Rodríguez es una portera nacida para jugar de blanco, pues es de las que hace acto de presencia con puntualidad cuando su equipo parece a punto de despeñarse. Es, en resumidas cuentas, el tipo de arquera que hace creer irracionalmente que atajará un penalti decisivo.
El empate hizo temblar al Real Madrid, pues hasta ese momento disfrutaba de una ventaja quizás exagerada y de repente el partido volvía a la guerra de guerrillas. Lo normal habría sido desertar, terminar de perder la compostura y aceptar la remontada del Chelsea. Pero los cimientos aguantaron. Primero, Olga Carmona y Feller – brillantes las dos– apretaron los dientes y con sus robos adelantados a punto estuvieron de recuperar la ventaja; después, a la hora de la sentencia, Sam Kerr dispuso de un último cara a cara con Misa y la portera volvió a hacerse gigante.
Así se llegó al 90 y sin más terminó el choque. Las madridistas encararon el túnel de vestuarios con un punto en el bolsillo, vital para mantener viva la fe en la clasificación, pero del campo salieron con algo más importante: con las camisetas blancas embarradas y manchadas, con marcas rojas de arañazos aquí y allá, y con la vista nublada fruto del esfuerzo. Ese es el camino que conduce a las noches de primavera.