Las mejores firmas madridistas del planeta

Todo llega demasiado tarde

 

Este mundial sanguinario, sucio y podrido que se está jugando en la antigua costa de los piratas del Golfo Pérsico está llegando a su fin. Por fin. Ahora que han vuelto a eliminar a España de mala manera, como antes, a mí me toca llegar, en mi paseo nostálgico por este extraño bulevar de los melancólicos (no por casualidad viví un año muy cerca del que hay cerca del Manzanares) al que debió ser sin duda el punto culminante de mi afición por la selección de fútbol de mi país. Al clímax del patriotismo balompédico nacional, al momento que todo el mundo estuvo esperando toda la vida: al día en que España se proclamó campeona del mundo.

España campeona del mundo

Pasa con muchas cosas en la vida, sin embargo, que uno las espera durante tanto tiempo que convierte la expectación en una solución habitacional que aniquila por completo el deseo. Y sin deseo no se puede vivir. Con el Madrid no pasa porque con el Madrid convive uno, es un amor de largo aliento que te acompaña cada semana, todos los días. Aunque haya rachas en que uno se implique más y otras, en cambio (como con todo), en que uno se aleje, al menos queda la cita semanal, como mínimo. El partido, que como la santa misa, te congrega en torno al altar del televisor (los que no podemos ir al estadio), de la radio, del ordenador, de la tablet, hasta del móvil, de lo que sea que sirva para seguir la liturgia del querer, del recordar y del proyectar, que es el combate del fútbol.

Con la Selección la cosa se enfría demasiado rápido y como España es una nación tan vieja, el fervorcillo sanguíneo, patriótico, que tienen países jóvenes como el de los italianos, el de los croatas, incluso el de los franceses, el de los brasileños, argentinos o marroquíes, ahora de moda, no existe. O si existe, es muy reducido, casi marginal. Eso es una ventaja (estamos, por lo general, muy lejos de los peligros del patrioterismo efervescente que envuelve voluntades nefandas) pero por otro lado produce situaciones extrañas, estrambóticas. Desnaturaliza la comunidad nacional hasta el límite de hacerla absurdamente frágil y expuesta a la centrifugación, como estamos viendo. Empero, al final lleva a un equilibrio (del que goza España, por ser tan vieja, y pocas naciones más) social en el que la debilidad, curiosamente, impide la ruptura, quizá por dilatación.

Pasa con muchas cosas en la vida, que uno las espera durante tanto tiempo que convierte la expectación en una solución habitacional que aniquila por completo el deseo. Y sin deseo no se puede vivir

Pero hablaba de la selección nacional. Uno se hace mayor y pierde el contacto. A medida que crece, la Selección, en lugar de aparecer fulgurantemente en los meses de junio para traer sana alegría y jubilosa esperanza, es decir, en lugar de emerger de la bruma triste del final de la temporada de clubes y al final del colegio y del principio del verano (esa larga travesía dorada por el mar de los Sargazos, en la que los días pierden su contorno, se diluyen las fronteras del espacio-tiempo, no llevábamos reloj y el calendario era una vaga referencia colgada de la puerta de la nevera); en lugar de todo eso, digo, la Selección, con la edad, se va convirtiendo en algo pesado, en una carga. Empieza a interrumpir el flujo ordinario de la vida, a interponerse. Empieza a no ser ya del patrimonio inefable de la memoria y de la infancia, de la hacienda de las emociones, tan íntima a pesar de ser tan fácilmente maleable. Empieza a ser patrimonio exclusivo de la casta opinadora, de los periodistas deportivos, que con su zafiedad todo lo llenan de lamparones. En una palabra: la Selección, a una edad, empieza a estorbar.

Vicente del Bosque Sudáfrica 2010

En 2010 yo cursaba segundo de periodismo, hacía tres años que vivía la holganza atrabiliaria del universitario. Era un vitelloni, como Alberto Sordi en la fantástica película de Fellini. Un inútil que se creía que iba a ser importante, pecado no obstante común a casi todos los estudiantes de periodismo. También era un fanático, pertenecía a lo que Relaño bautizó como la Yihad. Mourinhista, naturalmente. Ese verano, justo antes del Mundial, el Madrid lo había fichado. Yo vivía como un apóstol viendo entrar a Jesús a lomos de una burra en Jerusalén. Pero no quería paz, quería venganza.

La Selección, a una edad, empieza a estorbar

La temporada que acababa de finalizar un poco antes de que la mejor selección española de fútbol de la historia se montara en un avión con destino al viejo cabo de las Tormentas de los portugueses, al culo de África, me dejó un sabor amargo. Viví con mucha intensidad el regreso de Florentino, su advenimiento como un rey mago, con tres camellos y Kaká, CR7 y Benzema en cada alforja. La realidad y Pellegrini me devolvieron al duro suelo con el que se tiene que estrellar de vez en cuando el madridista de provincias que vive rodeado de adversarios que se mofan, que disfrutan con la caída del gigante. En aquel momento de éxtasis guardiolista, el Madrid era, en realidad, una caricatura de la España a batir por todos sus enemigos. Lo habían convertido en un recipiente de todas las maldades, en el capitán general de todos los ejércitos de la leyenda negra. Y tenía que pagar. Estaba pagando. España quería su demolición. Sólo un hombre podía evitarla.

Florentino Cristiano presentación Di Stéfano Eusebio

El recuerdo tan cercano de la Eurocopa de 2008 se agrió poco a poco, sin que me diera cuenta. Jamás disfruté tanto de una selección española como de aquel equipo flamígero, orgulloso y pionero de Luis Aragonés. En dos años, y aunque ahora el entrenador era un mito viviente del madridismo (el hombre detrás del Madrid de Zidane de mi última infancia, el señor grave con bigote que siempre estará en la habitación de París y de Glasgow del palacio con telarañas de mi memoria), algo había cambiado. El éxito nacional del “equipo de todos” servía ya, viento en popa, a una causa excluyente. Pasó lo que pasa siempre en España, que lo prístino, lo genuinamente puro y bueno, se transforma rápidamente en un vehículo, en una herramienta del odio. Por primera vez en la historia del fútbol español, el Madrid no era el mascarón de proa del orgullo patriótico, aquello que como dijo Valdano una vez (todo antes lo ha dicho ya, y mejor, Valdano) era lo único que hinchaba el pecho del españolito de infantería. Por primera vez, España, la otra España, la triste antiespaña de los antimadridistas, podía emanciparse del Real, que quedaba definitivamente apartado de la raíz nacional: que la Selección ganase permitía señalar todo lo que de extranjero tenía el espíritu cosmopolita y universal de todos los que habían engrandecido al Madrid a lo largo de cien años. Y también, por supuesto, permitía convertirla en el símbolo de los parias que durante esos cien años tuvieron casi siempre que agachar la cabeza para no quedar ciegos por el fulgor de su corona.

Ahora creía que era posible, más que nada porque España tenía el mejor equipo de todos, con los mejores jugadores, con el mejor sistema de juego. No sólo eso, tenía el momentum, tenía la alegría, tenía el destino a su favor

De esto he hablado ya muchas veces aquí, así que no voy a extenderme. Por aquel entonces yo todavía tifaba con pasión por España. Era capaz de hacer un ejercicio de abstracción, de no ver a Xavi como un instrumento luciferino cuyo afán era prender fuego al edificio madridista y borrarlo de la faz de la historia. Era demasiado joven y quería, de verdad, ver realizado aquello que tantas veces, durante mi infancia, escuché que no podía ser. “España no va a ganar un Mundial nunca, jamás en la vida”. Ahora creía que era posible, más que nada porque España tenía el mejor equipo de todos, con los mejores jugadores, con el mejor sistema de juego. No sólo eso, tenía el momentum, tenía la alegría, tenía el destino a su favor.

Xabi Alonso Puyol Villa España Sudáfrica 2010

Sin embargo, no era igual. El furor veinteañero no era la pureza mística del adolescente, y desde luego yo me veía embebido de una lucha superior, trascendental, con el Madrid, por la propia supervivencia de su genio divino, me creía dentro de una batalla apostólica entre el Bien y el Mal, que no podía querer a dos mujeres a la vez, como canta El Cigala. Aquel equipazo que dirigía Del Bosque y al que con sabiduría había añadido a los mejores canteranos del Barcelona de Guardiola al equipo campeón en Viena dos años antes me llegó demasiado tarde.

Aquel equipazo que dirigía Del Bosque y al que con sabiduría había añadido a los mejores canteranos del Barcelona de Guardiola al equipo campeón en Viena dos años antes me llegó demasiado tarde

Todo el mundo recuerda la final. Qué estaba haciendo. Dónde la vio. Con quién. Yo la vi en mi casa, tumbado en el sofá. No podía moverme. No exagero. Desde la noche antes, algo no funcionaba bien dentro de mí. Al principio creí que podría ser un cólico, una gastroenteritis. Era otra cosa, algo diferente, que no he vuelto a sentir en la vida. No eran exactamente nervios. No podía caminar, pero ni vomitaba ni veía doble. Sencillamente, mi cuerpo se negaba a responderme. No sentí hambre, tampoco frío, ni calor, ni sed. No bebí absolutamente nada. Por la mañana, el día del partido, logré arrastrarme hasta la cocina. Mi padre había comprado el periódico, el ABC. Venía con una camisa maravillosa, rojigualda. No había nada escrito en ella, sólo la bandera. Sentí cómo se me iba la cabeza. Lamento no haber guardado aquel periódico. Tuve que acostarme. Pasé la tarde, hasta la hora de la verdad, en una siniestra duermevela.

Todo el mundo recuerda la final, con quién la festejó, a quien besó o abrazó, a quién llamó por teléfono. Yo sentí algo muy extraño que sólo hoy, ahora, más de una década después, al pensar en ello, logro identificar: algo se estaba muriendo dentro de mí. Cuando marcó Iniesta, al final de la prórroga, logré incorporarme. Es extraño porque en todos los partidos anteriores no me había pasado nada. Algunos los vi en Sevilla, con mis amigos de la facultad, sobre todo la primera fase, pues estábamos de exámenes. Otros, las eliminatorias, los vi en Chipiona, en el pueblo, con los amigos de allá, algunos, como el de Alemania, un partido verdaderamente soberbio, el mejor de todo el torneo, digno de aparecer en todos los manuales de historia de los mundiales, en los manuales de historia del fútbol. El de Paraguay lo vi en familia, un auténtico petardazo en el que todos fallaron menos Casillas, que entonces sí, sólo por aquel año, fue el mejor portero del mundo, jugó elevado por unos querubines de retablo barroco, sostenido en el aire, señalado por una potencia dorada que venía directamente de arriba, del cielo infinito.

Casillas Sudáfrica 2010

Tras el de Alemania me emborraché, como toda España. Pero tras la final, no. Ahora creo que entraba, con el pitido inicial, en una fase de duelo. Allí se terminó para siempre mi españolidad balompédica, aunque siguiera la siguiente Eurocopa, y me alegrara de la victoria. Mi alma ya no pertenecía a aquel templo del que se habían apropiado los mercaderes. Hoy recuerdo el mejor momento de aquel campeonato para mí. Fue el Chile-España que la Selección ganó sufriendo, al límite. El principio no lo pude seguir, estaba en un examen. Acabé en un suspiro y me monté en el C2, la línea de autobuses que conecta La Cartuja con el centro de Sevilla. Había quedado en un bar, en una zona de mucha movida. Iba solo, escuchando la radio. Chile apretaba, España era un boxeador en el rincón. Entonces marcó Villa. Agité el puño y un señor, al otro lado del pasillo, me miró, sonrió y me alargó el brazo. Era un señor mayor, de la edad de mi abuelo. Llevaba su transistor en el bolsillo de la camisa de manga corta. Me apretó la mano. Aquel Mundial colmó un deseo que ya estaba flácido, paradójicamente fue la victoria de los que detestan España y quieren hacer de ella otra cosa distinta, otra cosa ruin e irreconocible en la que sólo cabe la fealdad y la indecencia. Pero nadie podrá quitarme imágenes como esa.

 

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Modric, Lucas, Achraf y sus cosas

 

Los croatillas juegan mañana la primera semifinal del Mundial. Su segunda en cuatro años: envidia cochina. Un país de cuatro millones de habitantes. Descuenten el sexo femenino, señores mayores, niños, bebés, árboles, buzones… ¿Cuánto paisano puede ser reclutado para su selección absoluta masculina de fútbol? Sólo un puñao. Pues ya ven.

En España tenemos más personal seleccionable, pero ningún Modric. Bueno, no sé si de haber nacido en Torrelavega le hubiésemos convocado. ¿Sería Luka soldado de Luis Enrique? Chi lo sa, diría Carletto. Nacer con talento y acabar siendo genio no es frecuente. Y talento, genio y soldado a un tiempo, ¡uff!

¿Sería Luka Modric soldado de Luis Enrique? Chi lo sa, diría Carletto

Yo voy con él, con Croacia, pero es verdad que los semifinalistas de este Mundial ful tienen su gracia y cualquier desenlace es posible. Y a quien Dios se la de... Ver a Marruecos campeón sería la locura. ¡Tíos que sólo defienden! ¡Jaaaaaaaja! Nunca les podremos agradecer haber sacado de quicio a tanto listo.

Si campeón lo es Francia, Mbappé, y otros, sumarían dos títulos y quedarían a uno de O Rei Pelé. Nadie repitió desde Brasil 1958-1962. Ha llovido. Tchouaméni me recuerda a Zidane. Este necesitó cuatro meses dirigiendo al Madrid para ser campeón de Europa y aquel un mes para ser supercampeón continental y con tres más lo sería del mundo. Cosas.

Tchouaméni Francia Inglaterra

Me paro en Francia: escucho que a su Deschamps le fue bien perder a Benzema. Y lo justifican contando que el hombre es más feliz con un 9 clásico, Giroud, que con el Balón de Oro. Es una suposición, pero como el fútbol es un porro… quizá es verdad.

Es decir: en la Copa Davis, a España le iría mejor sin Nadal. En las finales de la NBA, el equipo de Curry sería mejor sin él. En un Eurobasket, Eslovenia resultaría imparable sin Doncic. Y puesto que en ese país estamos, mejor ir a un Mundial de ciclismo sin Pogacar. Y si tampoco está Roglic, fiesta mayor. En los Juegos de París, nuestro bádminton que no llame a Carolina Marín. Y en taekwondo, Adriana Cerezo que se quede en casa. ¿Es eso, no?

Escucho que a Francia le fue bien perder a Benzema. en la Copa Davis, a España le iría mejor sin Nadal. En las finales de la NBA, el equipo de Curry sería mejor sin él. En un Eurobasket, Eslovenia resultaría imparable sin Doncic. ¿Es eso, no?

También está Argentina, en el último vals de Messi. Verle campeón por primera vez con 35 años tendría su punto. Argentina sin él es Jamaica y lleva un campeonato en permanente estado de nervios con episodios lamentables. Cuando terminen, descansarán. Y el mundo. Messi ha llegado finito al desafío, vamos a ver.

Pena lo de Portugal, o sea Cristiano. El otro tío que ha marcado esta última época. Modric no queda lejos. Por cierto, que pese a haber estado lejos de Qatar, Kroos fue elegido mejor alemán del torneo.

Y luego está Lucas Vázquez. Se me apareció cuando se cocía el fiasco ante Marruecos, sección penaltis. Fue inmediato. Vi la cara de miedo de nuestros lanzadores y cía y se me apareció Lucas. No fui el único pues consumado el desastre no tardaron en aparecer imágenes suyas en San Siro cuando la final con el Atleti. La 11, la 13, la 8, no recuerdo el número. Una de esas finales, vamos.

Lucas Vázquez icono

Lucas abriendo la tanda, caminando como si fuera a comprar el pan, haciendo equilibrios con la pelota en las manos. El primer superpenalti de su vida era vital. ¿Qué trasmitía su  cara? La de un futbolista del Madrid. Voy a marcar porque me acompaña la historia. Porque he jugado montones de partidos a vida o muerte. Porque no se puede fallar y no voy a fallar.

Fue. Plantó la bola. La puso a un lado. El magnífico portero Oblak no se movió. 1-0. Después tiraron Marcelo, Bale cojo, Ramos y remató Cristiano.

Ver a Marruecos campeón sería la locura. ¡Tíos que sólo defienden! ¡Jaaaaaaaja! Nunca les podremos agradecer haber sacado de quicio a tanto listo

Luego lanzaron los marroquíes; el otro día, digo. Sospecho que habiendo alcanzado su primer propósito, llegar vivos a ese momento y visto lo que tenían delante, sabían que ganaban. Cuando el palo repelió el tiro se Sarabia —el primer disparo, el de Lucas aquella otra noche— todos lo tuvimos claro: la suerte estaba echada, era cuestión de tiempo, poco. Un par de minutos.

El lanzamiento definitivo fue de Achraf Hakimi, amamantado en Valdebebas. Tiró en plan Panenka. Llevaba cara de lo que fue: un jugador del Madrid. Marcó y ganó. Claro.

Acraf Hakimi penalti España

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Buenos días, galernautas. Va quedando menos. El infame mundial va tocando a su fin. Queda lo más emocionante, suponiendo que a alguien puede emocionarle lo edificado sobre tanta corrupción y violencia. Ayer mismo os dábamos más detalles sobre esto último.

En algo más de 48 horas, sabremos si es Messi o Modric el que se postula, con su presencia en la final, como el mejor jugador de todos los tiempos (si Modric añade a su increíble palmarés un mundial liderando a una selección más o menos de segunda fila como Croacia, ¿por qué no sostener algo semejante?). También sabremos si el otro finalista es la Francia de un pletórico Tchouaméni (y de Mbappé, claro) o ese Marruecos que tiene a todo el mundo encandilado a fuerza de ganar sin encandilar a nadie pero legítimamente, claro.

Portada Marca

Teniendo todo esto una importancia relativa, lo que de verdad importa es que esto se acaba ya, amigos. Quedan pocas portadas como la que hoy trae Marca (vaya racha llevan, por unas causas o por otras), en la que se anuncia oficialmente el retorno de Griezmann a la mesa (entendemos) de Cristiano y Messi. Difícilmente puede el bueno de Antoine volver a una mesa en la que nunca se sentó, aunque él dijera hacerlo.

—Dígame.

—Hola, ¿hablo con el maître?

—Sí, señor.

—Soy Antoine Griezmann. Querría para las 14:30 una reserva en la mesa de siempre.

—¿Perdón?

—Sí, Jean Pierre. No te hagas a estas alturas el tonto, hombre. Soy Antoine.

—(…).

—Antoine, el del Atleti.

—Me temo que no caigo, señor.

—Pero hombre, si como allí un par de veces por semana. Si me conoces perfectamente.

—(…).

—Jajajaja, qué gracioso eres, Jean Pierre, siempre tan ocurrente. La mesa de siempre, por favor. Mi mesa. Acudiré con Lionel y Cristiano, como es habitual.

—Disculpe que no le siga, señor. ¿Nos conocemos?

No contento con informarnos de que el mundial ha devuelto al francés a la “primera línea mundial” (esperamos que haya una fila cero, como en los espectáculos benéficos, para los buenos-buenos), Marca nos habla también del conflicto sevillista entre Isco y Monchi. Esperamos, siendo como es Isco un hombre felizmente (?) casado, que no se trate de nada relacionado con su prima (con la de Monchi, no con la de Isco, aunque bueno, mejor tampoco), y que las aguas vuelvan a su cauce entre el chichilindri y el primo de la prima de Monchi. Aprovechamos la ocasión para retaros a que vayáis de nuevo a Wikipedia a comprobar que el gentilicio de Arroyo de la Miel, localidad natal de Isco, es efectivamente chichilindri, por inconcebible que tal cosa os resulte.

Portada Sport

Sport, por su parte, cita cual casamentera a Mbappé y Messi en la final del mundial este, sin reparar en lo veleidoso que es el destino y en que dicha cita no te la garantiza ni Meetic, que por cierto no es ningún interior izquierdo croata pero que, si lo fuera, haría todo cuanto estuviera en su mano para hacer que el ínclito rotativo catalán tuviera que hacer un canutillo con esta portada (otro canutillo más) para a continuación introducirlo siguiendo exactamente la misma ruta anatómica descrita por tantas y tantas portadas de la misma procedencia. Sport profetizando una final Francia-Argentina es lo más parecido a una garantía absoluta de un encuentro Marruecos-Croacia.

Portada As

As nos da un respiro con esto del mundial y se centra en Endrick, la más rutilante promesa del fútbol brasileño, que nos cuentan lo tiene casi hecho (pero pongamos unas mayúsculas al CASI para que luego no se diga) por el Madrid.

Endrick no tiene ni diecisiete años, por supuesto que es una apuesta que puede torcerse, pero la pinta que tiene el jugador es espléndida. En sus bajos nos comenta el diario madrileño que el derbi femenino del mismo lugar se lo han llevado las de Toril (podéis en La Galerna leer la crónica de Fernando Alcalá-Zamora), que Deschamps podría seguir al frente de la selección francesa (lo que dejaría a Zidane ante el reto de cerrar el círculo entrenando a La Roda), que Cristiano —ay, Cris— está sin selección ni equipo y que João Félix quiere comer en cualquier restaurante menos en el que actualmente come Griezmann. Veleidades culinarias que resultan del ejercicio del cholismo.

Portada Mundo Deportivo

En cuanto a Mundo Deportivo, qué deciros. Que ya estaba tardando en salir el nombre de algún jugador de Marruecos como futurible para el Barça, y que lo raro es que no salgan también tres o cuatro de Croacia. Son inconfundibles, predecibles. Adorables. Aunque lo verdaderamente maravilloso de la primera plana de nuestro segundo diario cataculé preferido (el lugar que en nuestro corazón ocupa Sport es irreemplazable) es la crítica hacia el mundial que preside el frontispicio. Ante el dato de que “las cuatro selecciones que llegaron a semis tuvieron menos el balón que las cuatro eliminadas en cuartos”, el diario de Godó concluye que “el mundial penaliza la posesión”.

Pero amics: ¿no será la posesión la que se penaliza a sí misma?

Pasad un buen día.

El Madrid se lleva el derbi por la mínima

 

El Real Madrid femenino derrotó (1-0) al Atlético de Madrid en el primer derbi de la temporada. Un gol de cabeza de Kathellen Sousa en el tramo final del partido dio tres puntos de valía a un equipo blanco negado con el balón en los pies. La victoria aumenta la distancia con uno de los principales rivales llamados a pelear por las plazas de Liga de Campeones.

Real Madrid femenino Atleti

Durante ochenta y tres largos minutos de fútbol en el estadio Alfredo Di Stéfano, Lola Gallardo, guardameta y capitana del Atlético de Madrid, vivió en su área de trabajo con tranquilidad. Frente a un Real Madrid que ostenta el honor de ser el segundo equipo más goleador de la competición liguera, la sevillana debió pensar que algo raro sucedía. Hasta ese momento, su principal cometido había consistido en atrapar balones sin tensión centrados en dirección a sus dominios. Por momentos, incluso jugar sin guantes podría haber sido una opción, pues los dos únicos disparos recibidos llegaron centrados y dóciles a su cuerpo.

Alberto Toril se decidió por repetir el once dispuesto ante el Chelsea tres días antes, con la excepción de un cambio de piezas en el lateral derecho —Kenti Robles en detrimento de Ivana Andrés—, y consecuentemente la producción de fútbol del equipo blanco fue igual de pobre. Con Caroline Weir partiendo desde el enganche del ’10’, pero ya vigilada por sus rivales como una reclusa en cárcel de máxima seguridad, tanto Claudia Zornoza como Sandie Toletti echaron en falta aliadas con quien enhebrar juego. Y en esas, la necesidad de sumar siempre de tres en tres actúa en esta plantilla madridista como una droga que nubla la vista y el juicio.

Olga Carmona

Si enfrente se emplea un rival superior, la mera resistencia y la búsqueda del empate termina convirtiéndose en un resultado, al menos, aceptable. Ocurre que, esta vez, el Atlético que visitó Valdebebas era un equipo gris, sin ideas y siempre a medio hacer. Con un plan de partido reducido a buscar a Rasheedat Ajibade al espacio, a la espera de que Marta Cardona y Eva Navarro recuperen el nivel que les dio fama, su sensación de debilidad venía a hurgar en la herida abierta en el Real: el equipo blanco ha perdido creatividad. Por momentos, pareció necesitar una clase para refrescar cómo era aquello de elaborar jugadas de ataque con paciencia.

Un gol de cabeza de Kathellen Sousa en el tramo final del partido dio tres puntos de valía a un equipo blanco negado con el balón en los pies

El partido avanzó en ese quiero y no puedo de los rivales de la capital. La mera combinación de colores entre equipaciones exigía más; a falta de fútbol, a más de un aficionado le habría valido con un aumento del voltaje. Una entrada a destiempo, una palabra malsonante, si quiera un penalti mal pitado. No hubo nada de eso, por lo que el paso de los minutos únicamente aumentaría el interés en el plano mental, allí donde ocurren sucesos a menudo inexplicables e imprevisibles.

Hasta la llegada de los momentos decisivos, cuando se rebasa el 75, de haberlo hecho el choque habría caído del lado rojiblanco. Al Real no le sienta bien la apatía; es el alumno que en clase se aburre sin estímulos. Sólo así puede explicarse que incluso la clarividente Weir —la mejor futbolista sobre el césped— llegara a trabarse con el balón al intentar un regate tras media hora de juego. Habría bastado un error defensivo madridista para desnivelar el marcador, pero Misa Rodríguez desbarató un par de intentonas del Atleti y, para todo lo demás, Rocío Gálvez volvió a demostrar que es una de las jugadoras más en forma de la plantilla. La contundencia de la cordobesa mantuvo al Real en el partido y al Atlético de Madrid acallado.

Teresa Abelleira

Tras el descanso, Toril no esperó más y agitó a su equipo dando entrada a Sofie Svava y a Teresa Abelleira. Aunque el cambio arrastró a Naomie Feller a la posición de ‘9’, el cable seguía enredado en el mismo punto: unos metros más atrás. Sólo tras la entrada de Maite Oroz, y quizás aprovechando un pequeño bajón de intensidad de las visitantes, consiguieron las blancas hacer recular al Atlético, que ya sí comenzó a sufrir.

Y bastó ese apriete de tuercas, un jugar con los fantasmas de la historia inexorablemente entrelazada de ambos clubes, para que aquellas vestidas de blanco sintiesen envalentonamiento mientras sus parejas de baile se achicaban. Con ese cambio de decorado llegó el enésimo córner, pero ya no era un córner cualquiera. Corría el minuto 83 –que rima con 93–, el partido había cambiado a la modalidad de niños ‘el que meta, gana’, y lo que vino tras el centro fantástico de Teresa Abelleira no pudo sorprender a nadie. Propulsada por la fuerza de los genios, que es la misma que la de los locos, Kathellen Sousa se deshizo de su marcaje, llegó como un avión a las cercanías del primer palo y conectó un cabezazo directo a la red. Era el primer disparo de peligro de la tarde.

Sousa gol Atleti

El gol fue una sentencia inapelable, y ya hasta el final cada equipo supo cuál era su destino, su lugar en el mundo. En un partido abocado al empate, quizás el resultado más lógico, el Real Madrid femenino volvió a salirse con la suya. Sin pedir permiso, sin siquiera merecerlo, pero con la convicción del que quiere conquistar cotas más elevadas, las madridistas agarraron los tres puntos y se fueron a casa. La fe mueve montañas.

 

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Día 15

 

Lunes 5 de diciembre feo y lluvioso. Trabajo antes de librar 4 días seguidos.

 

Día 16

 

Caminata matinal desde el desayuno hasta la hora del aperitivo para mantener mi constitución a tono. Nací el mismo año que la carta magna y habrá que homenajearla ejercitando el cuerpo. Debido a las lluvias previas, las zonas habituales están embarradas, por lo que discurre por asfalto. Sobre un puente peatonal me obstruye el paso una pareja que camina lento ocupando todo la pasarela sin intención alguna de dejar pasar. Esta actitud define a una persona, ya sea a pie o en vehículo. Él no tiene cuello, parece un mikolápiz con la punta roma. Cabeza afeitada. Tiene el cuero cabelludo arrugado como si llevase el cerebro por fuera. Ella habla con si tuviera la lengua enfangada en arenas movedizas. Hacen planes para el partido de España.

La selección juega contra Marruecos a las 18:00, pero tengo otros planes. Caray, como diría el Buitre, de repente me entero de que el partido es a las 16, así que me siento a verlo con la misma preocupación que quien contempla una batalla entre dos aficiones rivales.

Partidazo. Cómo compite España. Qué bueno es Ferran Torres. Y el portero, el portero de la selección es el mejor desde aquel Zubizarreta que lo bordó frente a Nigeria en Francia 98. Comento el choque con un amigo por WhatsApp y me dice que “Gavi es la vaquilla del Gran Prix del verano”. Genialidad. Vamos a aprovechar para hacer estas bromas ahora, no vaya a convertirse en un Urdangarin II.

Los tratados internacionales antitortura me impiden presenciar la prórroga. Salgo hacia Madrid para ver un museo curioso y cenar. Me encantaría que esta España perdiese, pero me juego la cabeza a que terminará eliminando a Marruecos.

Cabeza Paco

Me coloco la cabeza sobre los hombros. Sigue funcionando igual que antes, no se aprecian cambios. El motivo es que la he recogido del suelo antes de tres segundos que es cuando comienzan a subirse las bacterias, como cuando se te cae una aceituna al piso de casa.

 

Día 17

 

Miércoles. No tengo claro que este día haya existido.

 

Día 18

 

Me parece haber oído de refilón que han echado a Luis Enrique. Medida tomada con años de retraso, pero bienvenida sea. Ojalá contraten a Mourinho como seleccionador. Seguramente los independentistas catalanes —grupo social que apoya a España con más fervor— pusiesen problemas porque Mou no es español. Razonan de ese modo.

Ajeno a todo salgo a caminar y me encuentro a unos zapatos sin persona. Lo mismo son de Luis Enrique.

Zapatos

Día 19

 

No viene Mou. Ni Guti tampoco, otra opción que me apetecía. El nuevo seleccionador es Luis de la Fuente. Oh, qué ilusionante para la afición.

Salgo a caminar por la tarde. Me empapo, pero el paraje es bello.

Lagos Getafe hojas

Por la tarde juega Lukita, y aunque este mundial es basura, en el fondo quiero que gane porque sé que le hace ilusión. Se enfrenta a Brasil, donde militan varios cachorros nuestros y un exjefe. A Vini, Militao, Casemiro y Rodrygo los quiero mucho, pero Lukita es único, es una persona Luka Modric.

Comienzo a ver el partido ya en la segunda parte. ¡¿Qué se ha hecho Rodrygo en el pelo!?

Marca Neymar y los comentaristas lo ensalzan hasta la desmesura, aseguran que el gol ha entrado ya en la historia de los mundiales. Yo, en cambio, en lugar de creer que Neymar merecía una carrera con más éxitos pienso que demasiado ha conseguido teniendo en cuenta sus actitudes. No lo quiero ni regalado.

Ojalá empate Croacia, pido a Van Gaal que saque a Súker. No me hace caso, pero marcan gol. A Brasil se le empieza a poner la cara que se le suele poner en muchos mundiales, pese a ser la número uno histórica.

Penaltis. Casemiro la revienta. Falla Rodrygo. La culpa de la posible eliminación de Brasil será del Madrid. Lukita clava su lanzamiento y lo celebra con rabia. Se dispone a chutar un brasileño que parece Jesús Quintana de El Gran Lebowski. Se marca un Juanfran y eliminados.

Modric penalti Brasil

En casa se celebra el pase de Lukita. Están presentes mis padres, mis tíos y una máquina de coser Singer que también canta los goles.

Comienza Argentina que se enfrenta a Países Bajos, unos loosers de campeonato desde que los conocíamos como Holanda. Messi da una buena asistencia y ejecuta un libre directo que sale fuera rozando el larguero. Encima marca el segundo de penalti. Que le den el Balón de Oro antes de que acabe el partido.

Una persona mala, Iván Alejo, se mofa de la eliminación de Vini tuiteando emoticonos de mono. Luego dice que no quería, como siempre. Ya le conocemos. Imaginaos ser él. O quienes se lo consienten.

Contra todo pronóstico, empata Van Nistelrooy. Los naranjas sacan una falta al borde del área que recordó a aquel penalti indirecto de Cruyff. Al menos a mí.

Mateu termina el partido jugando de stopper con Argentina.

Penaltis otra vez. Gana Argentina y bastantes futbolistas albicelestes se comportan como lo que son. Un comportamiento moralmente a la altura del mundial de Catar. Aunque Argentina es especialista, ya ganó aquel del 78 perpetrado con Videla asesinando a compatriotas y no puso muchas objeciones.

 

Día 20

 

Cumpleaños de mi padre. Le felicito y no se acordaba de que era su cumpleaños.

Voy a recoger a mi hija para comer y celebrarlo. De camino me piden por favor que pase a recoger unos álbumes por una tienda de fotos. Al llegar me extraño de que haya una cola que sale del establecimiento. Pido la vez y aguardo. Pasan unos minutos en los cuales va avanzando lentamente. Al fin miro al escaparate y compruebo que estoy esperando en la panadería de al lado de la tienda de fotos. Parezco Messi. Paso al local de fotografía y, al enseñarle el resguardo que me habían enviado por WhatsApp, la dependienta, con cierto alipori, me indica que es de la competencia, de la tienda que está a varios cientos de metros. Salgo abochornado. Parezco Morata. Al fin consigo recoger los álbumes.

A la hora de soplar las velas nos damos cuenta de que se nos ha olvidado comprar un seis. Lo sustituimos por un langostino.

Langostino vela 6

Por la tarde, después de trabajar, salgo de paseo. Noto la garganta rara, no me encuentro muy católico, pero Marruecos tampoco y miren dónde ha llegado.

Día 21

 

Convocamos el tradicional Certamen La Galerna de Cuentos Madridistas de Navidad. Ya es la tercera edición. Los animo a participar, el ganador obtiene una camiseta del Real Madrid firmada por una leyenda del club.

A mediodía, cuando me disponía a escribir este diario, empeoro. Después de comer llego a la peligrosísima temperatura de 37,5 grados centígrados. Siento que la vida me se va. Comienzo a despedirme de los seres queridos.

Tras varias horas yacido en cama, moribundo, una amiga me insufla ánimos. No sé si será suficiente. Le envío una foto para indicarle lo que veo desde mi lecho de muerte. Apenas todo negro con un puntito brillante. Temo que sea la luz al final del túnel porque descarto que se trate del led del televisor. Ella responde de inmediato que no me preocupe, que esa luz es Júpiter. Lleva razón, siempre que vas con alguien caminando y señalas algo brillante en el cielo te responden: “nada, eso es Júpiter”.

Me duele la espalda tras tantas horas tumbado. Me levanto y compruebo que el hecho de haberme estado clavando la funda del termómetro durante cuatro horas puede que también haya influido.

Me arrastro al ordenador y procedo a escribir estas líneas con la esperanza de concluir antes de que para mi mal venga a buscarme la parc

 

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Día 1

Días 2 y 3

Días 4 y 5

Días 6 y 7

Días 8, 9, 10 y 11

Días 12, 13 y 14

Buenos días, amigos. Hace más de un año publicamos un artículo titulado Catar 2022: corrupción y muerte en el que abordábamos las sospechas de corrupción que se cernían sobre la designación del mundial, con actores implicados de la talla de Sarkozy, Tamin bin Hammad al-Thani (príncipe heredero de Catar), Platini, el entonces propietario del PSG Sebastian Bazin o Blatter. Y también recogíamos los datos oficiales conocidos hasta ese momento de trabajadores muertos en régimen de semiesclavitud en la construcción de las infraestructuras del torneo.

Quince meses después de aquello no solo ningún protagonista de este infame mundial ha movido un dedo, sino que la corrupción y la muerte presuntamente asociadas a Catar siguen campando a sus anchas lubricadas con toneladas de dinero.

Dinero como el encontrado en las maletas que portaba el padre de la vicepresidenta de la Eurocámara, Eva Kaili, cuando fue interceptado por la policía mientras huía. La política griega también ha sido detenida y la policía belga se ha incautado de unos 600.000 euros en el registro de su vivienda y otras de alrededor. Se sospecha que Catar está regando a los dirigentes europeos para obtener prebendas del mismo modo que presuntamente consiguió ser designado sede de este mundial. La vicepresidenta europea llegó a decir recientemente que Catar se encuentra a la vanguardia de los derechos laborales. Juzgad vosotros mismos la frase.

También ha causado revuelvo el fallecimiento de Grant Wahl, periodista que fue expulsado de un partido del mundial por lucir una camiseta arcoíris y que se desplomó y murió mientras cubría el Argentina-Países Bajos. Su hermano asegura en un vídeo que se encontraba sano y que podría haber sido asesinado. No se puede afirmar si existe causalidad o casualidad, pero cuanto menos llama la atención.

A estas alturas hemos perdido la esperanza de que en las portadas de los cuatro principales diarios deportivos españoles se haga mención a algún escándalo que incomode a Catar.

Portada Marca Portada As Portada Mundo Deportivo

Marca, As y Mundo Deportivo destacan principalmente la hazaña de Marruecos, que venció a Portugal y alcanza por primera vez las semifinales de un campeonato del mundo. Ningún africano había llegado tan lejos desde Publio Cornelio Escipión, si bien es cierto que este nació en Roma.

Portada Sport

Sport opta por darle más visibilidad a la victoria de Francia contra Inglaterra, donde Tchouaméni marcó un golazo.

Las cuatro portadas informan de que la FIFA expedienta a Argentina y Países Bajos por los incidentes acaecidos en su reciente choque. Y Marca personaliza en Messi, Dibu y Paredes.

Teniendo en cuenta la manera transparente y siempre legal de proceder tanto de la FIFA como de Catar, de la cual hemos hablado durante este portanálisis, ya os adelantamos lo rigurosa que será la investigación de la FIFA: se culpará al Real Madrid, a Florentino Pérez y al espectador que recibió el pelotazo de Messi en el Bernabéu y se les sancionará con 14 partidos de sanción y un concierto de Bustamante.

Aun careciendo de la importancia de la presunta corrupción y la muerte antes expuestas, el trato recibido por Argentina también causa recelo. Ayer a Portugal le colocaron un árbitro argentino, los posibles penaltis que perjudican a los de Leo no se repiten en televisión mientras los favorables siguen aumentando.

Aunque seguramente todo esto no sean más que fantasmas que nuestra mente enferma ve donde no hay nada. ¿Quién puede sospechar de Catar y de la FIFA?

Máximo organizador Catar 2022 Messi Infantino Messi

Pasad buen día.

¿A cuál de ellos debería fichar el Real Madrid?

 

Antes de contestar a esta pregunta, y teniendo en cuenta que a estos jugadores se les suele llamar (sin pecar de originalidad, tampoco nos vamos a engañar) killers o asesinos del área, permítanme que les hable de Colombo, la mejor serie de televisión de la historia. Colombo, para todos aquellos que afortunadamente todavía no lo conozcan, es un detective inteligente, familiar, que conduce un destartalado Peugeot 403 tan viejo y sucio como su sempiterna gabardina, desaliñado, con el pelo revuelto, voz rasposa y un eterno puro en los dedos, que interpretó, consiguiendo una de las mejores composiciones de un personaje de la historia de la televisión, Peter Falk.

La serie tiene una particularidad que la hace diferente al resto de series de detectives: el asesino (y la forma de cometer el asesinato) se muestra al principio de cada capítulo. El espectador sabe, y disfruta viendo cómo Colombo lo acorrala con su torpeza impostada, quién es el malhechor, las razones para cometer el asesinato y su coartada.

Ahora sí, retomemos la primera pregunta y descubramos al asesino. Exacto, es él, nuestro asesino, el fichaje que tiene que acometer el Real Madrid es Endrick.

Mostremos las pistas, los supuestos culpables, las implicaciones, deseos y coartadas.

Colombo

Mbappé

 

23 años, le faltan diez días para cumplir 24. Hizo todo lo posible para ser descubierto. Nadie, excepto Colombo, se dio cuenta del engaño. Su coartada, perfectamente engrasada por el dinero catarí, era carecer de ella. Dejó multitud de pistas para ser desenmascarado, desde mostrar su habitación llena de fotos de Cristiano y Zidane, hasta presumir de un cómic en el que se jactaba de ser madridista de cuna.

Sus armas eran (y siguen siendo) letales:

Estadísticas Mbappé

Es Jack el destripador. La temporada pasada jugó 46 partidos, metió 39 goles y dio 25 asistencias. son números de otra galaxia, exactamente de la misma en la que han habitado Cristiano y Messi durante más de una década. Este año lleva 20 partidos, 19 goles y 5 asistencias. Sus registros te llevan al infinito. En el enfrentamiento de Champions con el Real Madrid casi nos manda a la lona, metió gol en la ida, en la vuelta y le anularon otros dos. Él solo se bastó para llevarnos al límite. Aunque tiene contrato hasta el 2025, no descarto que haya pactado una salida bajo ciertas condiciones.

¿Merece el perdón de sus pecados? ¿Debe el Real Madrid fichar a un jugador que le ha dado calabazas dos veces, que ha jugado con el sentimiento de millones de aficionados?

Yo, entre la razón, que me indica que este jugador puede iniciar un nuevo ciclo de gloria en el Real Madrid, y el orgullo,  que me susurra al oído que es un niño malcriado que no merece vestir la camiseta blanca, DUDO. Sé que aquí no hay término medio. Su desplante está tan cercano como la consecución de la Decimocuarta y eso frena la necesidad, o el deseo, de su fichaje. En otra situación, otro gallo, y nunca mejor dicho, cantaría.

Colombo entra al palacio qatarí de Mbappé, al saludar a su madre tropieza con una alfombra persa, rompe un jarrón de la dinastía Ming y se disculpa torpemente. 

Mientras admira la grifería de oro del baño se hace varias preguntas: ¿Va a querer Mbappé, una persona con un ego desaforado, acostumbrado a hacer y deshacer, a que le bailen el agua y rieguen su paso con cientos (o miles) de millones, fichar por el Real Madrid? ¿Va a querer unirse al equipo de sus (supuestos) amores después de la humillación mundial que supuso su eliminación de la Champions?

Su cara, sus gestos, esa dolorosa eliminación, los insultos que ha recibido después de su negativa, el menosprecio de la afición madridista… ¿No va a pesar todo eso en su decisión?

El teniente Colombo saca una libreta del bolsillo de la gabardina y esboza un par de dibujos. Vuelve a dejar la libreta en el bolsillo. Sigue caminando por el palacio y en la cocina, debajo de un inmenso fregadero, encuentra en uno de los cubos de basura el cómic y las fotos de Zidane y Cristiano entre restos de verdura y posos de té. Colombo se guarda un trocito del escudo del Real Madrid en la cartera.

Haaland

22 años. Aquí no hay dudas, es Leatherface, el asesino de “La Matanza de Texas” y de todos los campos que holla. Esta temporada, en el City, en la Premier, ha jugado 18 partidos, ha marcado 23 GOLES y ha repartido 3 asistencias. En sus tres temporadas en el Dortmund jugó 89 partidos, marcó 86 goles y dio 19 asistencias. “El horror… el horror…” es Él. No sé si habrá muchos jugadores en la historia del fútbol que tengan a su edad unos registros parecidos.

Estadísticas Haaland

Colombo entra en la lujosa villa de Haaland en Marbella, ladea la cabeza, recoge, al no encontrar ningún cenicero, torpemente la ceniza de su puro en la palma de la mano y se rasca la patilla izquierda. Busca la libreta en el bolsillo derecho de la gabardina, no la encuentra, en el izquierdo tampoco, en los bolsillos del pantalón y en los de la camisa. Al final, después de esparcir la ceniza por toda su vestimenta, encuentra un ajado papel, un pequeño lápiz y anota unas enigmáticas palabras.

“Comprar chili con carne”.

Entra a la habitación de Haaland, se acerca a la cama y se mira en el espejo del techo, el que está justo encima, abre los cajones de la mesita y encuentra un contrato. Lo hojea y descubre que hay un anexo, una cláusula de 200 millones de euros para poder cambiar de equipo en el año 2024. Se arrodilla, levanta los faldones del edredón y ve un bulto debajo. Sí, allí está, es enorme, una motosierra escandinava de casi dos metros.

La ecuación Haaland

Cuando termina sus pesquisas sale de la villa, se monta en su Peugeot, mete la llave en el contacto, arranca, da un pequeño acelerón y empieza a rodar. Diez metros más adelante, después de unos ruidosos petardeos del tubo de escape que activan todas las alarmas del chalet, el coche se para en seco.

Endrick

16 años. Todavía en el reformatorio, solo ha protagonizado las escaramuzas propias de su edad. En cinco años marcó 165 goles en 169 partidos en las categorías inferiores del Palmeiras. Es una de las irrupciones más brillantes de las últimas décadas en el ya de por sí luminoso fútbol brasileño. Su potencia de arrancada, compitiendo con futbolistas mucho mayores, recuerda (AY) a Ronaldo, su compatriota.

Estadísticas Endrick

Y ya, en su Wikipedia, la Biblia del jugador de fútbol, sus estadísticas son estas. No hay más. Haaland va con motosierra y Endrick, de momento, solo tiene un cortaúñas.

A Colombo el puro se le ha vuelto a apagar. Lo enciende una vez más. Reflexiona.

Mbappé es un jugador completo, posiblemente el que más aportaría al equipo, el año pasado entre goles y asistencias intervino en 64 goles. Nadie sabe si tiene alguna cláusula que le libere ni si estaría dispuesto a fichar por el Real Madrid. Tampoco veo a los aficionados muy ilusionados con su contratación. Es posible que Florentino, mucho más pragmático, no opine, afortunadamente, lo mismo.

Haaland es una bestia. Encajaría perfectamente en el Real Madrid. Podría, si la cláusula está vigente, llegar a los 24 años, la edad perfecta para dar lo mejor de una carrera que se presupone estará llena de éxitos. Es posible que a Florentino, y a varios presidentes más, ya les haya llegado, gracias a su representante, el precio de su salida.

Endrick

Colombo dio otra calada a su puro. El caso se había complicado, pero la solución la tenía delante. El asesino, el fichaje, tiene que ser Endrick,  su potencial es enorme. Y tiene una ventaja sobre los otros dos, una pista que marca la diferencia e indica el camino a seguir: no está bajo el enorme yugo de un club estado, no hay, de momento, ningún jeque con el que negociar ni ninguna jaula de oro. ES EL FICHAJE. El Real Madrid necesita un goleador que sustituya a Benzema, no puede permitirse que esta puerta se le cierre como las otras dos. No puede esperar más. Vinicius más Endrick es la apuesta.

Colombo sale de la habitación y cierra la puerta. Pasan unos segundos y vuelve a entrar…

Una preguntita más…

¿Han pensado en fichar a Endrick y Haaland?

 

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No sé lo que debe de ser sentirse un héroe ante una afición. Ni tampoco conozco la sensación de dejar de serlo. Pero en uno u otro caso, un futbolista pasa de ser admirado e idolatrado a ver cómo otro futbolista —normalmente más joven, más rápido, más fuerte— se lleva los elogios que antes eran para él.

Esto viene a colación del ocaso de Cristiano Ronaldo y Messi, en realidad mucho más parecido del que nos han vendido. Ambos jugadores han dejado de ser la referencia de sus clubes y han perdido las cualidades que les hacían los mejores del mundo. Es normal, el tiempo pasa para todos.

El problema con estos dos monstruos es que han sido los primeros futbolistas en la historia cuyas carreras se han retrasmitido en directo, que han sido capaces de hacerlo de manera consistente durante más de una década. Y por un momento parecieron eternos e invulnerables.

Cristiano y Messi

Y es ahora, cuando el tiempo golpea con su mazo inmisericorde, cuando vislumbramos su claro final. Posiblemente casi todos lo hemos visto con claridad en los últimos meses menos los implicados. Es este un rasgo inherente a los grandes jugadores, la dificultad para identificar sus propias limitaciones. Quizá porque ese mismo factor es lo que les hizo grandes en primera instancia, el no ponerse limitaciones, el creerse superiores a cualquiera, el luchar contra viento y marea para ser de los mejores.

La dificultad para identificar sus propias limitaciones es un rasto inherente a los grande futbolistas como Cristiano y Messi

La historia de Messi y Cristiano es la historia del fútbol. Y la hemos vivido innumerables veces. Con el Real Madrid se rompió un poco el corazón de cada madridista cuando Bernabéu le enseñó la puerta a Di Stéfano, en la que debió de ser la primera gran despedida de un jugador histórico de un club. Aquel trauma duró muchos años, y mientras que el jugador lo vivía de manera incomprendida, el resto entendía que había que dejar paso a otros y que el tiempo había emitido su veredicto.

A medida que un futbolista se hace grande e histórico más difícil es la gestión de su retirada. De manera proporcional a su grandeza, ese momento supone una terrible decisión para jugadores y clubes. Y muchas veces ocasiona problemas mayores, cuando el jugador leyenda sigue ocupando un espacio, mientras otros jóvenes tratan de opacarle. En el Real Madrid vivimos algo parecido con un Raúl ya en decadencia, a pesar de que puso su mejor disposición para destacar en la liga alemana.

Raúl y Cristiano

Porque ese es otro rasgo de estos futbolistas, su voracidad infinita. Su calidad les da para seguir marcando goles y seguir siendo diferenciales en algún momento, como hemos visto a Messi en destellos en el mundial. Pero no de manera constante y no con la expectativa previa.

Raros, rarísimos son los casos de futbolistas que cuelgan las botas voluntariamente muchos partidos antes de que se empiece a notar esa clara decadencia. Me viene a la mente el caso más señalado, el de Zinedine Zidane, que el año de su retirada fue el mejor del mundial, y que seguramente tres años después todavía podría haber aportado mucho a su club. Porque estos jugadores mantienen esa calidad sine die, incluso cuando juegan los partidos de las leyendas con 20 kilos de más y muchos años más.

Rarísimos son los casos de futbolistas que cuelgan las botas voluntariamente muchos partidos antes de que se empiece a notar esa clara decadencia. Me viene a la mente el caso más señalado, el de Zinedine Zidane

Estos futbolistas quieran jugar siempre, quieren ser importantes, como lo han sido toda su carrera. No saben ser suplentes y no entienden su papel en un equipo si no es desde el rol de titulares y referentes. Por eso, sentar a estos futbolistas en el banquillo suele ser mala solución, porque contaminas el vestuario con la frustración de la leyenda, como vemos con Cristiano Ronaldo, y dejas de contar con un jugador más joven que podría aportar desde el banquillo.

Son raros los casos donde esa gestión es pacífica. En el Real Madrid hemos visto recientemente la inaudita aportación de Marcelo desde el banquillo, como capitán en la sombra, como líder de los jóvenes, como leyenda que sostenía el valor del escudo y de la camiseta. Pero esa gestión no fue fácil porque el jugador quería jugar y el entrenador veía que su nivel ya no daba, pero a veces cedía, ante la incomprensión de la afición.

Modric Bernabéu Barcelona

Y luego está el caso de Luka Modric. Probablemente un caso entre millones. Un jugador que tiene edad de sobra para estar jubilado hace años o de plácido retiro en una liga menor. Y, sin embargo, mantiene de sobra el nivel cada partido, sabiendo que ya no tiene la capacidad de antes, pero siendo capaz de dosificar su esfuerzo y seguir aportando innumerables momentos de calidad nivel élite.

El caso del croata es un ejemplo único de cómo gestionar una carrera. Primero parecía su ocaso definitivo, como suplente, a la sombra de un incipiente Valverde. Y luego retomó la titularidad, siendo casi indispensable como el jugador que siempre había sido, pero apoyado por otros jugadores más físicos.

Modric es un ejemplo único de cómo gestionar una carrera

Mirando con el rabillo del ojo cómo el factor tiempo trata cada vez de ganarle la carrera, Modric parece no inmutarse. Lo regatea una y otra vez. Con un amago de los suyos, un movimiento de cadera, una mirada al frente que le confunde. Y así, está logrando jugar en el equipo más exigente del mundo sin que se note tanto que el tiempo le acecha cada día cuando se levanta, esperando un momento de debilidad.

Y cuando lo haga ya definitivamente, porque ha amagado un par de veces, veremos si Modric aplica su infinita inteligencia futbolística y es capaz de echarse a un lado, o sí se obnubila y cree que puede hacer lo que nadie logró jamás: vencer al tiempo.

 

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Buenos días, amigos galernautas. Hoy acumulamos ya un mes sin ver a nuestro Real Madrid sobre el verde. Nuestra travesía en el desierto suma unas 720 horas, esto es; 43.200 minutos en el secarral catarí, 2.592.000 segundos sobre las dunas de Doha y alrededores.

Y claro, nos ha dado un siroco.

Y más de cien años después, bajo los ecos contemporáneos de un segundo Desastre de Annual, a merced los soldaditos de la Roja de las hordas rifeñas de Abd El Krim, huérfanos del stream del General Luis Padrique, las tarascadas del Gavi I, Infante de España, o las cabriolas de un Pedri en chanclas y temperatura ambiente asombrando al mundo con su carisma, lo de Catar empieza a resultar sofocante. Tanto, que una vez más los peores vicios, las más supinas manías y los más turbios tics persecutorios comienzan a reproducirse sin mesura ninguna en las rotativas de la prensa deportiva a uno y otro lado de la delgada línea roja.

Roja tenía que ser.

Portada Marca

Observen sin ir más lejos el aroma a inequívoca mofa que recoge este Marca tan preocupado últimamente por el clickbait más chusco y hortera mediante la dieta y figura de las princesas borbonas y la presunta conquista de futbolistas que no saben atarse los cordones. Queremos pensar que su primera plana del día busca ensalzar a un eterno Luka Modric cuyo requiebro en las postrimerías de la prórroga a su viejo amigo y compañero Casemiro entrará en los anales de la historia de los mundiales, aunque sea este, pisoteado por babuchas manchadas de sangre. Queremos creer que la portada pretende reivindicar la eterna juventud de un veterano que resiste a la irrupción de cracks micológicos por doquier —no es una errata— en tanto que brotan por todos lados como setas, generalmente alucinógenas. Queremos creer. Como los del Atleti, que nunca dejan de hacerlo, aunque aún no sabemos el qué. Pero va a ser que no.

Marca no quiere verte danzar como los zíngaros del desierto, Canarinha.

Ese es el tema.

Este mira quién baila, aparentemente inocente, en estos días de jeques y jequecas moras, con Mateu, descarriado, rompiendo allende nuestras fronteras el escaparate de la Liga, no hace sino posicionar a Marca en el nuevo Madrid vs Barça prefabricado: Brasil (Militao, Casemiro, Rodrygo, Vini): caca; Argentina (Messi): guay.

No había más que oír anoche los suspiros de las Mil y Una Noches de Carlos Martínez. Cual odalisca presa del sultán, solo le falto clamar porque le salvara Aladino.

Portada Mundo Deportivo Portada As Portada Sport

La mejor prueba de este nuevo tejemaneje de los aviesos plumillas es la combinación del titular de Marca con el de Mundo Deportivo y compañía. Así como en el diario de Godó, grande de España, el que baila directamente es Messi, en el diario As Messi ríe y Neymar llora. Fíjense lo poquito que destaca hoy Sport ascendiendo por enésima vez a D10s al Olimpo.

Se les ve el plumero Verde Amarelo.

Un mundial peligrosamente preparado, que diría el Cholo cuando no tenía pelo.

Que se vayan a bailar a Copacabana estos brasileños de mierXXXXXXXX que mover el esqueleto y practicar zumba atenta contra la dignidad y los DDHH como el mundial de Qatar. Ya está bien, hombre, a bailar a su pXXX casa, o como muy cerca, al Bernabéu. La culpa del Madrid, claro. Apúntenle también lo de Marruecos.

Si es que esto de los bailes dantescos que tanto han hecho piar de indignación a las plumillas finas de la red social del pajarito azul de Elon Musk, no tiene punto de comparación con la edificante, evocadora y educativa actitud que mostraron ayer noche ante el mundo los jugadores de la selección argentina después de apretar el culo hasta sangramiento de esfínter para eliminar a la peleona Países Bajos de Louis Van Gaal.

Argentina riéndose de Holanda

Siempre negativos, nunca positivos, los albicelestes, con el ejemplo de su menudo y ceñudo capitán Leo al frente, se mofaron de los Orange recién eliminados tras una tanda de penaltis. Pocas veces se ha visto tanta clase desbordando el orbe del planeta futbol.

La guinda del pastel de la Pampa fue Lionel Andrés Messi Cuccitini llamando bobo a no sé quién mientras atendía a la prensa, después de encararse con el propio Van Gaal antes de entrar en el túnel de vestuarios.

Tanto baile, tanto baile, tanto baile… esto sí es señorío y #RespectForTheRivals de tronío.

Si lo llega a hacer Cristiano se lo llevan atado desde Catar los talibanes de Afganistán.

Busquen rastro de algo de esto en las portadas. Busquen. No lo encontrarán. Lo mejor que pueden hallar es un bronco perdido en la primera plana de Marca. Nada más.

Estaban todos más pendientes de marcar el baile.

Como el tonto de Iván Alejo. Sí, el colchonero con cresta oxigenada de Caponata ye-ye que juega en el Cádiz y conocido en su casa a la hora de comer, que clama por atención tuitera burlándose de Vini a través de Brasil. He aquí su torpe, mediocre y nauseabunda “gracia”.

Tuit Iván Alejo racismo Vinícius

El monito que no falte. Vendría a ser como una redada contra un grupo neonazi, no sé, como por ejemplo el Frente Atlético, y decirle el pelado al Policía que esa esvástica que han encontrado no es suya, sino que la han dejado aquí. No cuela ni de lejos, Alejo.

Tuit Iván Alejo Racismo Vinícius

Sea como fuere esperamos que quien corrija los desmanes de Messi y su Argentina sea precisamente nuestro eterno Luka Modric.

Sus palabras a su hijo Rodrygo, que falló un penalti decisivo, plenas de emoción, son lo mejor de este mundial.

Nos quedamos con eso. Aunque tampoco aparezca en las portadas.

Pasad un buen día.

Considero a los madridistas una especie de familia donde residen personalidades diversas, ideologías opuestas, buenas y malas personas, pero que tienen una característica, aunque solo sea una, en común: el amor y pasión hacia un club de fútbol.  “Es muy madridista” es una frase atávica que me une primitivamente a esa persona. Es la frase que está en el número uno de frases que me hacen automáticamente conectar con la persona por delante de frases como “me gusta mucho el cine” o “mi serie favorita es The Wire” y, como no, “soy fan de Radiohead”.

Este bonito hilo que nos une es resistente aunque, en demasiadas ocasiones, me entra la compulsión de cortarlo. La relación no es perfecta, ni mucho menos. Los hermanos por muy hermanos que sean tienen sus más y sus menos. La familia no es perfecta y el madridista peca y peca mucho, lo que me enerva. Estos pecados son inherentes al ser humano y al resto de aficionados de otros equipos, pero vamos, que esto es una revista del Real Madrid y he venido a hablar de mi libro.

 

Pecado nº 1. El piperío

 

Clac, clac... Cáscaras al suelo, silbidos al aire. Famoso fenómeno gastronómico que ocurre en todos los estadios, mayormente españoles y bastante asentado en el Bernabéu. Defendido por los seguidores de esta filosofía como la crítica necesaria que forja  al equipo como el mejor de la Historia. En parte llevan razón, razón que desaparece cuando silban a un chaval de dieciocho años por perder la pelota.

Nunca lo he soportado. La hipercrítica debe llegar ante actitudes no tolerables y crisis deportivas e institucionales injustas para el socio o espectador. El resto es psicopatía pasivo-agresiva.

Piperos

Pecado nº 2. La soberbia

 

La frase fetiche es: “ Este jugador no vale para el Real Madrid”.  Los autores suelen escudarse en que en el Madrid solo caben los mejores entre los mejores jugadores del mundo. Los localizo fácilmente porque son los anti-Lucas Vázquez. Estos sujetos creen que todos los jugadores de la plantilla deben ser TOP 20 mundial y olvidan que, para crear plantillas sanas, cohesionadas y duraderas deben de acoger jugadores de alto nivel pero sin llegar a ser el mejor en su posición.

Esto no quiere decir que cualquier jugador valga para el Real Madrid. El mejor equipo de la Historia debe estar lleno de jugadores élite, pero la élite debe ser complementada por esos jugadores profesionales, de alto nivel, que toleran la suplencia y cumplen cada partido. Dame Lucas, Arbeloas, Nachos y Callejones. Escuderos de los mejores.

 

Pecado nº 3. Bipolaridad blanca

 

Siendo un equipo donde la victoria es más que frecuente y la estabilidad es un don, ¿cómo puede ser que en cada empate se generen crisis existenciales severas? Un empate contra el Osasuna es una catástrofe sin precedentes que a los tres días se convierte en la máxima ilusión por una remontada frente al Shaktar porque tenemos el mejor equipo joven de la Historia de la humanidad. Litio y autoayuda es mi consejo. “Never too high, never too low”.

El madridismo es una pasión bonita y gusta disfrutarla, pero una cosa es eso y otra es parecer argentinos en un Mundial.  Se busca la eutimia y en este mundo de redes y de impacto psicológico e hiperreactividad sentimental cada vez es más difícil encontrarla.

Hinchas Real Madrid

Pecado nº 4. Onanismo de la novedad

 

Lo nuevo es mejor simplemente por ser nuevo. Kroos es lento, hay que venderle. Carvajal es un viejo, hay que fichar a John Maines, lateral del Weitmister. Benzema no mete goles, Dinojunta, es un pecado no fichar a Werner el Magnífico.

Podría seguir días y días con ejemplos. Que lo viejo aburre no es nada nuevo, es la base psicosocial donde se asienta el ultracapitalismo. La crisis de los cuarenta está fundamentada en el aburrimiento de sí mismo. Es la columna vertebral de los divorcios y la culpable de que el regalo de reyes del año pasado sea destruido por el de este año. El síndrome Woody-Buzz Lightyear.

En el madridismo este síndrome puede llegar a ser más pegajoso inclusive. Cuando tu equipo tiene dinero fresco aparece la compulsión de pedirle a Santa Florentino Klaus cualquier regalito, sea Navidad o verano, para dejar en el baúl a los “Woodys” Kroos y Casemiro. ¡Qué bonito es Jovic en los vídeos de Youtube! ¡Quiero uno!

 

Pecado nº 5. Oficialismo

 

Dícese de aquel fenómeno en el que siempre el jefe tiene la razón. La defensa a ultranza de la junta directiva, sea cual sea en ese momento. Falacia de autoridad, argumento ad verecundiam.

Lo reconozco, este es uno de mis pecados. Ahora soy más Florentinista que oficialista pero en el pasado fui demasiado defensor de la autoridad madridista. Los oficialistas siempre tendremos una explicación para cualquier decisión de los de arriba. Apelaremos que ellos saben más que vosotros y que cualquier error es normal. Nos escudaremos en los elementos externos para darle explicación a cualquier tropiezo.

El Florentinismo es diferente. Es un oficialismo con muchas razones a su favor. Cuando una Junta Directiva gana tanto y hace las cosas tan bien es difícil discutirle cualquier decisión y la confianza es tan plena que no defenderla genera el fenómeno contrario: piperío, bipolaridad, onanismo… (véase puntos anteriores). Pero sí, no recomiendo entrar en el oficialismo ramplón.

Oficialistas

Pecado nº 6. Cristianismo patológico

 

Sadomasoquismo blanco. Cincuenta sombras de Cristiano. Nos gusta que nos azoten, que nos hagan pupa.

Es bonito defender a un jugador que te ha hecho tan feliz y ha dado tanto éxito a tu club. Pero apoyar hasta la extenuación a un señor que su ego decidió reventar la celebración de una Champions y que ha tratado al club como un mero papel higiénico, por ahí ya no paso. El portugués se pasó por la punta del innombrable los valores del Real Madrid y eso no se puede perdonar a la ligera.

Aconsejo a estos Cristianistas patológicos que hagan el esfuerzo de diferenciar a un ególatra materialista de los jugador honestos enamorados de su club. Los valores también cuentan. Si hacéis esto por Cristiano, ¿qué haréis por Benzema, Modric o Kroos?, ¿os tatuaréis su semblante en las córneas como homenaje? Existen miles de kilómetros de distancia entre esos tres señores y el de Funchal. ¿Solo os interesan los goles y los títulos? Hay algo mucho más importante que los números.

Me da a mí que este síndrome por Cristiano es derivado de ansiar el fracaso de Messi o que el portugués termine su historia claramente por encima del argentino. ¡Qué más dará! Ese jugador ya no juega en el Real Madrid y nunca fue madridista.

Me acuerdo cuando el amor por un jugador era el Raulismo, eso si que era una defensa espartana a un madridista, a los valores del club.

 

Pecado nº 7. Complejo

 

Último y sorprendente pecado. ¿Cómo puede ser que haya aficionados del mejor club de la Historia acomplejados?

Este es el pecado que hace que algunos madridistas se transformen en culés, incluso hay veces que se les pega el acento. El complejito de inferioridad. Confieso que me avergüenza la persecución que realizan determinados madridistas a jugadores o entrenadores del Barcelona por el mero hecho de pertenecer al gran enemigo. Esa necesidad de buscar los cuatro errores de Messi en su larga trayectoria, esas teorías forzadas para demostrar que Messi no es de los mejores de la Historia con bastante ridículas.

Está bien debatir sobre jugadores o intentar luchar contra la insidiosa propaganda culé y nacional teñida de blaugrana. Apoyo toda resistencia a la conspiración antimerengue que rezuma por toda la península y parte del mundo. Pero, hacednos un favor, dejad de buscar teorías para minimizar a las grandes figuras culés. Guardiola es un grandísimo entrenador, como persona ya es otra cosa. Messi es uno de los mejores de la Historia. Gavi y Pedri son muy buenos jugadores y si fuesen blancos estaríamos defendiéndolos hasta la muerte.

Somos madridistas, señores con espada, guante blanco. No pasa nada por reconocer los aciertos del rival, sucumbir ante la evidencia. Entrar en ese juego nos convierte directamente en culés o colchoneros.

 

Anexo: Pecados del autor

 

El autor pecó en el pasado de onanismo de la novedad, bipolar y oficialismo y ha pecado en este artículo de piperío, soberbia, y algo de complejo. Debe rezar tres padres nuestros y cuatro ave marías.

 

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