No voy a culpar al equipo. Ni a jugadores en particular. Tampoco al club. Y, sin embargo, soy madridista. Créanme.
De hecho, esta condición es, sin duda, la más longeva de todas las que haya podido ser o tener en la vida. Mis primeros recuerdos sobre esta naturaleza, así la considero pues jamás hubo elección, se remontan 53 años atrás, por lo que sospecho venía ya conmigo en el momento del parto, pocos años antes. Podría pensarse que lo soy, madridista, porque lo era mi hermano mayor, pero no. Afirmo que ambos vinimos con el madridismo como vinimos con el parecido, sin verme en la necesidad de imitarle.
Presentadas mis credenciales he de decir que, en este momento, mi madridismo está dolorido. Y no lo está por los resultados. Por supuesto que deseaba que hubieran sido mejores, y me lamento de cómo han sido; pero, por suerte, yo aún encuentro consuelo en la sonrisa que me sale rememorando el gol de Carvajal. Todavía me dura. Así que no, no es por eso. Lo que me turba son las consecuencias que pueda provocar la canibalización que demuestra el madridismo picando, diríase con complacencia, en todos los anzuelos que tienden las campañas antimadridistas (quizá La Campaña) que, aprovechando el más mínimo signo de debilidad, se emplea con fruición y urgencia (no vaya a ser que se levante…).
Estamos todos de acuerdo en que durante muchos años el arbitraje viene perjudicando al Real Madrid, ¿con intención y planificación?, ¿con trama? La instrucción del juicio en el que se afirma la existencia de “corrupción sistémica”, las imágenes palmarias y, me atrevo a decir que más aún, las estadísticas, quizá así podrían demostrarlo. Podrían demostrar la finalidad de lo que ya está demostrado: los pagos del Barcelona.
Sin embargo, e inexplicablemente para mí, el madridismo, pese a dar por supuesto el amaño, culpabiliza al equipo o al club, o a los dos, de las consecuencias del mismo: los malos resultados. Lo que ocurrió el año pasado en esas tres famosas jornadas consecutivas, con alta probabilidad, con seguridad diría yo, privó al Real Madrid de ganar la liga. No obstante, se asume por el madridismo en general que fue una mala temporada.
¿Y de esta? ¿Quién puede dudar de que ha sido una mala temporada? Espero me disculpen, pero yo no me atrevería a afirmarlo. Es que no puedo saberlo. Mientras el Real Madrid juegue lastrado no puedo hacer una valoración deportiva. No sé cómo hubiera jugado el equipo si a Vinicius no le hubieran cosido a patadas sin consecuencias para los rivales; ni cómo habría sido la evolución de los partidos si nos hubieran concedido esos penaltis mediada la primera parte que repetidamente se nos niegan. Ni… etc., etc. Es cierto que ni este año ni el pasado el equipo ha mostrado capacidad para sobreponerse a tal circunstancia, como sí consiguió hacerlo en otras temporadas, sin ir más lejos hace dos; ¿pero podemos exigirle eso a nuestro equipo? Sería como exigir a la víctima del delito que se sobreponga al delincuente y, de no lograrlo, culpar a aquélla y no a éste de las consecuencias de su fechoría.
inexplicablemente para mí, el madridismo, pese a dar por supuesto el amaño, culpabiliza al equipo o al club, o a los dos, de las consecuencias del mismo: los malos resultados
Ciertamente hemos visto partidos en lo que con seguridad hemos perdido puntos por nuestros deméritos; es verdad que en ocasiones no hemos visto en nuestro equipo el coraje que a todos nos gusta. Pero que esto no nos lleve a confusión, no nos liemos, por favor. Una liga se gana cuando la proporción de partidos malos, regulares y buenos arroja un montante de puntos superior al de tus rivales. El problema es que al Real Madrid no le dejan margen para hacer partidos ni regulares. Y por cierto, las decisiones arbitrales no sólo quitan puntos: generan nerviosismo por los resultados, merman primero el ánimo y después la motivación. Mientras, al rival le suman puntos, ánimo y estímulo.
Jugando como ha jugado el Real Madrid, con la misma escasez de coraje que hemos visto en ocasiones, con los mismos errores que hemos apreciado, sin cambiar ni uno sólo de los desatinos presenciados, ¿habría el Madrid competido en la liga con decisiones arbitrales justas? La respuesta, indudablemente, es sí. Pues ya está, no hay más que decir, se induce. Lo que aparta al Madrid de la competición no son sus carencias, aun cuando las hubiera.
¿Quién puede dudar de que esta ha sido una mala temporada? Espero me disculpen, pero yo no me atrevería a afirmarlo. Es que no puedo saberlo. Mientras el Real Madrid juegue lastrado, no puedo hacer una valoración deportiva
Parte del madridismo ha convertido en mantra que el Madrid no gana por dos cosas: porque hay corrupción arbitral y, sorprendentemente sobre todo, por sus carencias. Y me atrevo a asegurar que, si se confirmara la existencia de una trama corrupta, este sería mayor éxito: conseguir que incluso la víctima desvíe la atención de la fechoría y ponga el foco en sí mismo. Tronchado de la risa ha de hallarse el enemigo. Y claro, si la propia víctima actúa así, qué le vamos a pedir al ámbito deportivo o social en general. La escasa repercusión mediática de este escándalo, es, en sí misma, otro bochorno escandaloso. Pero qué apuros les va a provocar sus silencios mientras nos ven escupiendo hacia arriba. Si hay una trama corrupta, como las razones expuestas hacen sospechar, lo que nos pasa, la falta de triunfos nacionales, se debería a su existencia, porque precisamente existiría para que ocurriese lo que está ocurriendo. Desde luego no existía para que no pasase nada.
Incluso en RMTV. Recientemente nuestra televisión ha cuantificado en 16 puntos el coste de las decisiones arbitrales intencionadamente adversas. Pongamos que solamente 10 de esos puntos se hubiesen materializado en resultado. El Real Madrid probablemente sería campeón de liga, y en ese caso la temporada no habría sido muy mala. Sin embargo, aun cuando lo que le ha condenado a que lo sea es el sistema arbitral, según la propia RMTV, tras el análisis añaden que “la temporada ha sido mala”.
De igual manera, casi siempre que en RMTV hablan de los arbitrajes, anteponen una especie de acto de contrición reconociendo que “el equipo no ha jugado bien” o que “la temporada está siendo mala”. Hay una cierto complejo o vergüenza a que se nos puede acusar de buscar excusas. ¿Excusas? Es un juicio en cuya instrucción se afirma la existencia de corrupción sistémica, son unas imágenes y son unas estadísticas. Si usted conoce a un matemático pregúntele si los sucesos que reflejan esas estadísticas podrían ser posibles sin introducir un sesgo intencionado, sin cargar el dado. Creo que RMTV debería dar un paso más: abandonar, sin complejos, las valoraciones deportivas en tanto no tengamos la garantía de un arbitraje justo. Y así hay que comunicarlo a la afición, sin apuros: hay que dejar de juzgar a la víctima por las consecuencias del delito, en tanto que se crea en la existencia de este.
Lo contrario supone ponérselo en bandeja a los ideadores de campañas antimadridistas. “Tú haz que pierdan puntos, y ya con eso ellos mismos se acusan, pierden los nervios, se meten en crisis, reniegan de sus talentos y hasta pueden acabar a tortas”
Siendo así, la prensa, que hace muchos años que abandonó su oficio para convertirse en vendedores de clics, lo tiene muy fácil para ejercer de siguiente eslabón. Titulares exagerados, llamativos, acusadores, incitadores al haraquiri, encuentran en la afición (parte de ella) un terreno abonado.
RMTV debería dar un paso más: abandonar, sin complejos, las valoraciones deportivas en tanto no tengamos la garantía de un arbitraje justo. Y así hay que comunicarlo a la afición, sin apuros: hay que dejar de juzgar a la víctima por las consecuencias del delito, en tanto que se crea en la existencia de este
En efecto, hay una parte de la afición, ampliamente representada, de cuyo madridismo tengo muchas dudas. Soy consciente de lo atrevido de juzgar el grado de madridismo de cada cual, pero asumo el atrevimiento y lo mantengo. Hay madridistas que lo son porque el RM es el equipo que gana, les gusta “ser” del RM y presumir de ello porque les hace estar del lado de los ganadores.
Sin embargo, siendo ese el origen de su sentimiento, cuando el Madrid no gana, el sentido de permanencia se tambalea. Son reconocibles porque cuando perdemos no se entristecen, se cabrean. También se les nota porque cuando el equipo gana, hablan en primera persona: “hemos ganado”, “hemos jugado bien”, “somos los reyes de Europa”…; en cambio, cuando el equipo pierde hablan en tercera persona: “han jugado mal”, “no corren”, “no generan ocasiones”… El famoso cántico “cómo no te voy a querer…” es bastante representativo de esto, y por ello, aunque he participado de él (y reconozco que con gozo), nunca ha sido de mi mayor agrado. Tuve que esperar 32 años para ver ganar una copa de Europa, y era entonces tan madridista como lo soy después de ver ganar 9; y, por cierto, en mis 53 años de recuerdos madridistas no creo haberme cabreado jamás con una derrota, sí siempre entristecido, en mayor o menor medida dependiendo de la trascendencia del partido, pero apenado en cualquier caso.
En cuanto al papel cómplice y tentacular de la prensa, alguien debería denunciar aquellos titulares (y consecuentemente al periodista que lo suscribe) exagerados, descontextualizados, tendenciosos o directamente falsos. Tanto por lo que dicen como por lo que callan. La inexistencia de algunos titulares relativos al arbitraje hace de su ausencia una difamación por omisión. Habría que hacerlo, denunciar, aunque fuese en tono “humorístico”, tal y como se hacía en el programa 90 minuti que con tanto acierto, en mi opinión, desempeñaba esta labor.
Cierto es que ni la crítica destructiva proveniente de la afición propia ni la hostilidad periodística son fenómenos de ahora. Diría yo que de siempre. Sin embargo, nunca como ahora, con las redes sociales y su imbricación en los medios, han tenido tanta capacidad de influencia. Los jugadores, jóvenes inmersos permanentemente en las redes, son permeables a lo que de ellos se dice como nunca antes se había hecho, en densidad, intensidad y acritud. Indudablemente eso influye en la persona e influye en el jugador, lesionando un rendimiento anímico que es tan importante como el físico.
En definitiva. Aunque haya aspectos del juego que nos gustaría que fuesen mejores, mientras no consideremos que el sistema arbitral es limpio, debemos abstenernos de cualquier valoración de ese tipo. El deporte, y el espectáculo que ofrece, pierde todo el sentido, y su análisis está fuera de lugar, sin la garantía del respeto hacia las reglas.
Hay que abandonar complejos y vergüenzas de las que los enemigos se sirven y alimentan para hacernos caer en ellas
¡Hala Madrid! ¡Siempre!















A mí me parece que una cosa no quita la otra, por supuesto que la corrupción es palmaria y que ahora mismo (sin ir más lejos a la época Negreira) los árbitros le tienen un odio visceral al Madrid y actúan de forma corporativa para proteger su lucroso chiringuito, a eso únele Tebas, louzan etc.
Pero no solo hay una dimensión en ésta vida y el Madrid lo debió de hacer mejor deportivamente, a la vista está, entonces puestos a exigir lo primero una mayor firmeza y astucia en el plano institucional y una mejor planificación deportiva en la que se fiche con cabeza para tener una plantilla compensada (utilizando la cantera tb) y un entrenador que tenga la confianza del presidente y no sea siempre (o casi) un presunto culpable de que todo vaya mal porque la plantilla es ideal siempre...